Naruto
Su vida era tranquila y aburrida. Estudiaba a más no poder, como nunca lo hizo en su vida. Las clases eran impartidas en ingles por lo que le costaba trabajo entender todas las materias. Por suerte se había hecho muy amigo de Gaara, quien entendía el idioma al derecho y al revés.
Los dos compartían cuarto, por lo que no era difícil juntarse y estudiar juntos. Habían comprado una pequeña mesa de centro que les servía para ese propósito.
-Naruto, escucha esto es sencillo. Solo debes poner este número acá y te va a dar el resultado- El pelirrojo tenía una paciencia sobre humana, ya que por más veces que el rubio preguntase la materia, el con una sonrisa le respondía las veces que fueran necesarias.
-Odio las matemáticas-ttebayo-Posó su cabeza en su cuaderno. Le frustraba tener que aprender matemáticas y más aún cuando las clases eran en un idioma extranjero. Como quisiera que Sasuke estuviera a su lado. De seguro que le enseñaría todo mejor que sus profesores.
Gaara vio como la semblante del ojiazul cambió. Sus ojos se ennegrecieron y se llenaron de lágrimas. ¿Estaría pensando en Sasuke? Odiaba verlo así, sin vida y lleno de tristeza.
Se puso de pie y se fue a sentar al lado de Naruto. Lo rodeó con sus brazos y se quedó ahí, abrazándolo en silencio.
-¿Gaara?-
-Tranquilo, todo estará bien- Sus defensas cayeron y se permitió ese momento de debilidad, en los brazos de Gaara. Lo rodeó también y se quedó allí, con la cabeza hundida en el pecho ajeno. Como añoraba sentirse amado, querido y deseado.
Al terminar el abrazo los dos se vieron a los ojos. El pelirrojo posó una mano en la mejilla canela del chico. La acarició con sus dedos, suavemente. Naruto tomó con su mano la mano ajena y la acercó a sus labios, posando un tierno beso en ellas. Fue un gesto leve pero Gaara sintió como una corriente eléctrica le recorría la espalda. Lo deseaba y veía como el rubio le correspondía.
Naruto se acercó al rostro albino y lo beso en la boca. Fue un beso demandante, cargado de pasión y lujuria. Sin chistarlo el ojiturquesa le correspondió con la misma intensidad. Pronto la ropa empezó a estorbar. Volaron camisetas, pantalones y bóxer. Se tocaban con urgencia y desesperación. Naruto dejó a la vista su tierno trasero y Gaara supo que hacer.
Las embestidas fueron bestiales, llenas de gemidos y suspiros. El pelirrojo estaba tan inmerso en el placer que le recorría, que no supo cuando el cuerpo debajo suyo empezó a gimotear y a tener pequeños espasmos. Abrió los ojos y lo que observó le dejó helado.
Naruto, su Naruto estaba llorando. Pero no era cualquier llanto, era un llanto de dolor y de amargura. Detuvo al instante su acción y le pregunto que si estaba bien, que si había hecho algo malo, pero la respuesta fue un puñal que le atravesó el corazón.
-¿Qué hice?-decía entre llanto y más llanto. Su rubio se arrepentía. Había encontrado ese acto horrendo e impuro. Gaara se vistió rápidamente y se fue al baño del campus. Abrió el grifo y se puso debajo de él, debía limpiar la suciedad que poseía y que había mancillado a su rubio.
Para él pelirrojo, lo que hicieron, era el reflejo de todos los sentimientos ocultos que había mantenido durante años por Naruto y del cuidado que le profesaba. Para el ojiazul había sido el peor error de su vida y la prueba viviente de que ya no iba a ser solo de Sasuke, que alguien más había profanado su cuerpo.
Era tonto pensar así y Naruto lo sabía. Por una parte quería volver a sentirse amado y deseado, le hacía falta hacer el amor con alguien pero ese alguien debía ser Sasuke o si no, no funcionaba.
Ya nada volvió a ser lo mismo entre ellos. Se alejaron otra vez y no volvieron a tocar el tema, otra vez. Gaara estaba desgarrado, no podía mirarlo a los ojos sin sentirse mal por lo que hizo. Pidió cambio de cuarto. Naruto volvía a la soledad absoluta, esa que sintió cuando sus padres murieron.
¿Llegaría Sasuke a salvarle como lo había hecho? Sabía la respuesta de esa pregunta, pero no le gustaba. Tampoco le gustaba su situación actual, odiaba estar solo y sentirse así. Decidió conocer más gente, salir a fiestas y divertirse.
Lo bueno de lo que pasó con Gaara, es que ya no le importaba meterse con otros. Ya estaba manchado, por lo que no empeoraría su situación. Intentó buscar en otros brazos el calor que le daba Sasuke, esos besos fogosos, esas manos traviesas, grandes y exploradoras. Ese aroma a hombre que tanto lo excitaba. Pero nadie era así, aunque por unas horas se sentía deseado.
Sentía que era el centro del mundo de esa persona, hasta que la magia terminaba. Venía el orgasmo, ponerse la ropa y salir del cuarto de hotel que estuviera. Pero por algún periodo de tiempo se sentía importante.
En el campus empezó a circular rumores de que él era "una Geisha" que por un modesto precio podías pasar la noche con un hombre oriental, guapo y misterioso. No te decía el nombre real, tampoco te dedicaba palabras, simplemente tenías sexo y ya.
-Algunos dicen que en Japón trabajaba como prostituto-
-Yo escuché que vino aquí arrancando de un amor prohibido-
-¿También lo hará con mujeres?-
-Dicen que lo hace rico-
-Que la chupa como nadie-
-Un amigo mío estuvo con él, pero dice que al final lo encontró llorando en el baño-
-Sí, un amigo mío también dijo algo así. Unas gotas le cayeron en su rostro cuando la Geisha lo estaba cabalgando-
Gaara se sentía tan indignado por todas las habladurías que decían sobre su rubio que no le quedó más remedio que averiguar que pasaba. Le dieron los datos de la "Geisha"
-Debes ir a la habitación 150 del hotel Victoria, en la calle Baker Street- le dijo un chico y él fue allá. Nervioso tocó la puerta y lo recibió el ojiazul. ¿Era su Naruto? ¿Es el mismo chico que conoció en primaria?
-Era verdad-murmuró. Vio a su hermoso rubio envuelto en un kimono esperando a su próximo cliente. ¿Pero que le había pasado? Salió corriendo de allí y del campus. No soportaba la verdad, tampoco el hecho de que todo había empezado por el- si tan solo…no lo hubiéramos hecho- se echó de rodillas en un parque y lloró. Por él y el rubio.
-0000000-
Terminó su carrera y por ende también la beca que lo había mantenido en ese país. Regresaría a Japón después de 5 largos años. Pero ya nada era igual, no quería seguir lo que había estudiado ganaba mucho dinero haciendo de "Geisha" Sus clientes le rogaban que se quedara pero no podía, no tenía la Visa que le permitía estar en Inglaterra.
-Les prometo volver-les decía, pero no tenía idea de qué hacer con su vida. Sin pensarlo mucho subió a un avión y se embarcó a su país natal. Pero una cosa tenía claro, ya nada le importaba en su vida. Desde hace 5 años todo había perdido color.
Sasuke
La terapia fue dura y cruel. Tuvo que aceptar sentimientos que tenía guardados en su corazón desde hace años, perdonar y olvidar. Fue un proceso tedioso pero agradecía haberlo pasado con su hermano.
Entendió que Naruto ya no podía estar en su vida, que su relación fue mala para el rubio. Lo había forzado a hacer cosas que no eran apropiadas para su edad. Lo hizo madurar antes de tiempo y lo había expuesto a situaciones peligrosas.
-Nuestra relación fue mala- se repetía y su corazón se calmaba.
Se cambió de departamento, ya que por recomendación de su terapeuta tuvo que deshacerse de todo lo que le recordaba el pecado cometido. En esas cuatro paredes había amado, odiado, tocado, besado y admirado aquel niño con los ojos color zafiro. Consiguió un piso cerca de donde estaba su hermano. Allí podrían verse más seguido y apoyarse aún más.
Otro cambio que agregó a su vida fue delegar su trabajo por completo. Si bien el seguiría siendo el CEO de la empresa, ya no tendría que ir presencial. Tendría a una persona a cargo, el solo supervisaría cada decisión que se quisiera tomar, de lejos.
Intentó tener un hobbie. El trote le parecía una buena manera de mantener su mente ocupada, pero descubrió que odiaba ir a los parques. Lo otro fue tocar guitarra, pero sus dedos eran torpes y sin gracia. Pintar parecía lo ideal hasta que supo que odiaba mancharse y marchar su ropa en el proceso. Pasaba más rabia que alegría.
- Lo que necesitas es salir y conocer gente no un hobbie- le dio como consejo su hermano y este le hizo caso. Su hermano era la voz de la razón y no podía equivocarse en nada ¿no?
-Nuestra relación fue mala- se repetía y su corazón se calmaba.
No sabía por dónde empezar, pero no fue necesario empezar. Al ir a un bar cualquiera, conoció a una chica agradable. Su cabello rojo destacaba en ese lúgubre lugar. Sus ojos del mismo color que un rubí lo observaban con benevolencia y sin prejuicio. Su esbelta figura resaltaba con ese hermoso vestido color negro ajustado.
-Mi nombre es Karin ¿y tú?- como se dijo no fue necesario empezar a conocer gente. Simplemente Karin llego a su vida y este se conformó. Era linda y agradable ¿Había algo más que pedir?
-Nuestra relación fue mala-se repetía y su corazón se calmaba.
Tener sexo con la pelirroja fue una experiencia vacía. Su piel suave no la sentía igual que el tacto de cierta piel canela. Su cabello era sedoso pero no olía a limón como cierta cabellera rubia. Sus gemidos eran altos y claros, no llenos de vergüenza y sutiles como cierto chico. Tenía caderas prominentes, figura redonda y delicada. No era como la de cierto adolecente, tosca y masculina.
-Nuestra relación fue mala- se repetía y su corazón se calmaba.
Solo sentía paz en su corazón. Ya no sentía esa gran culpa que le apresaba el corazón, ni el gran miedo que lo paralizaba, ni si quiera el gran temor del "qué dirán" Su vida avanzaba, día tras día como un río avanza por la selva o el prado. Lento, tranquilo y aburrido.
Fue hasta al mercado central en busca de sus preciados tomates. Estaba en su puesto habitual eligiéndolos, cuando a la lejanía, en la multitud vio una cabellera rubia. Quiso ignorarla con todas sus fuerzas pero sus pies se movieron solos. Esquivó la gente que se arremolinaba en los puestos, llego tan cerca que pudo verlo bien…no podía ser.
-Nuestra relación fue mala, nuestra relación fue mala-
El chico se dio vuelta y vio esos dos ojos color océano, esa piel bronceada y esas inconfundibles marcas en su mejilla. Se quedó estático viendo aquel espejismo, ese sueño. Debía ser. Naruto estaba en Inglaterra estudiando ¿no?
-Nuestra relación fue mala-pero esta vez esa frase, no calmó su corazón.
Deidara e Itachi.
Deidara fue un niño con una infancia normal, nada fuera de lo común. Tan normal que llegaba ser aburrida. Ir al colegio, hacer los deberes, juntarse con sus amigos e ir a su casa, todo aburrido. ¿Qué le faltaba en su vida? Pues arte, eso le faltaba.
Vio como un chico pelinegro, alto y con ojos profundos sacaba una foto ¿A qué? Pues a nada importante. Eran aves volando por un parque. La luz del sol era cálida, luminosa y lleva de vida. Los árboles danzaban alrededor ¿Qué podía tener aquello de especial?
-¿Puedo verla?- se acercó y vio esa fotografía. Sus ojos se agrandaron y brillaron. La escena era simple pero logró, a través de su cámara captar la belleza de la simplicidad.
-Es…-
-¿Hermosa?- el rubio bufó. Algo malo debía tener aquel adonis. Una actitud de mierda, eso era.
-Cretino- el pelinegro se rió. "Tan honesto" pensó. Parecía del tipo de persona que decía lo que pensaba sin tapujo alguno.
-Puedes venir al estudio si quieres-le entregó una tarjeta. Era un pequeño estudio de arte, donde te enseñaban distintas disciplinas. No pensaba asistir pero la verdad es que quería ver una vez más a ese chico.
Pero encontró más que eso, encontró su pasión. La escultura.
Podía decir que Itachi lo era todo para él. Fue la persona que lo sacó del aburrimiento y la monotonía de su vida, quien lo apoyó al momento de decirles a sus padres que iba a ser escultor y lo echaron de la casa por su decisión. Fue el Uchiha quien quiso compartir un piso para aminorar gastos. Fue el quien le hizo sentir un calor en el estómago y un deje de alegría en su amargado corazón.
-Es amor-le dijo riendo el Uchiha. Pronto se hicieron novios, nadie los aceptaba, solo se tenían entre ellos. Itachi lo entendía como nadie en el mundo. Bastaba una mirada para saber qué era lo que el rubio quería (y aunque no lo demostraba abiertamente, eso lo hacía inmensamente feliz)
¿Entonces porque se estaba comportando así últimamente? ¿Tan distinto, tan distante?
-¿Pero que me estás diciendo?-
-Nada solo estaba pensando ¿Habrá sido correcto lo que hicimos?-
-¿Me estas cuestionando? Itachi, es mi primo-
-Lo sé-
-Es menor-
-Lo sé-
-¿Entonces?-
-Solo digo que si fue lo correcto o no- Jamás, en los años que llevaban juntos había cuestionado su forma de actuar, porque sabía que Itachi lo comprendía como nadie ¿Entonces por qué ahora? Pero no se detuvo ahí, fue de mal en peor. Ya casi ni lo veía por esas estúpidas terapias y ni si quiera le contaba cómo le iba. ¿Había obrado mal? ¿Había tomado una mala decisión en separarlos? Pero su primo era un menor de edad… ¿Pero era razón suficiente por romper una relación?
-¿Fue una mala decisión, Itachi?-
-No lo sé-contestaba el pelinegro- espero que no-por primera vez en meses se abrazaron otra vez. Deidara lo había extrañado. Lloró en su pecho, lloró por la situación que estaba viviendo, lloró por Naruto y lo mal que lo debe estar pasando en un país extranjero. Lloró por Sasuke y su corazón roto. Lloró por las malas decisiones, los males de amores y por la indiferencia.
-Si lo fue-dijo el rubio al terminar de desahogarse.
-Sí, si lo fue-segundo el pelinegro. Pero no hicieron nada, se quedaron mirando hacia las estrellas.
