Editado 3/12/2017
Hola a todos, aquí les traigo el capítulo 5. A partir de aquí las cosas comienzan a ponerse más interesantes, la tensión que tanto amo, comienza a hacerse presente en nuestros personajes principales. (Guiño guiño) Aunque saben que hacerlos cambiar de odio a amor, (o en el caso de L hacerlo sentir algo) va a tomar tiempo.
Espero que estén dispuestos a vivir este viaje conmigo.
Death Note no me pertenece, solo esta idea.
"Las personas no pueden ser perfectas, todos crean sus propias mentiras"
Elle Lawliet.
Capítulo 5:
Decidió no decirle a Natsuki sobre el teléfono roto.
La pobre ya tenía que hacer muchas cosas en la casa además de trabajar varias horas, como para preocuparse sobre comprarle un nuevo teléfono a Misa.
Además, si comenzaba algo con PopTeen, iba a poder conseguir su propio dinero, y comprase lo que ella quisiera. Sin necesitar que su nana la mantuviese todo el tiempo.
Te estas comportando como una adulta Misa, muy bien.- se felicitó a sí misma, mientras dejaba la mochila y se ponía su ropa de todos los días. Lo hizo lo más rápido posible, ya que necesitaba ver lo antes posible la respuesta de la revista.
Mientras se ponía la camiseta, tomó la laptop y trató, como pudo, de entrar a su mail. Al terminar de vestirse, se acostó en la cama y entró a su cuenta. Estaba empezando a hacer frío, y Misa deseaba poder quedarse en su cama calentita por siempre.
Abrió el correo que no había podido abrir en la mañana, y leyó muy concentrada:
Estamos muy felices de que haya aceptado nuestra oferta, señorita Amane. Por el momento, no necesitamos de sus servicios, pero apenas nos falte una modelo, anotaremos una cita para entrevistarla. Y si todo sale bien, el trabajo es suyo.
Saludos, revista PopTeen.
Misa no podía estar más feliz. Tenía ganas de salir de la cama y saltar por todo el cuarto. Pero se controló.
Escribió una réplica rápido y dejo la computadora a un lado. Tal vez no necesitaban su ayuda ahora, pero dentro de no muy poco tiempo seguro la llamarían. Y Misa sería capaz de trabajar en lo que siempre soñó. Conociendo famosos, y probándose la mejor ropa del mundo, o por lo menos, de Japón.
Eso le dio una idea.
Seguramente se probaría millones de vestidos, los más hermosos del mundo. A los que la bruja de Takada jamás tendría acceso. Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.
Tal vez no necesitaba llevar la venganza a un nivel violento. Si Misa conseguía la hermosa ropa, y la usaba para ese futuro baile, seguro le preguntaría a Light y él sería su cita. Causándole gran envidia a la bruja de pelo negro.
Es perfecto.- pensó Misa. Con esa sola idea, iba a poder matar dos pájaros de un solo tiro. Light saldría con ella, próximamente sería su novio, y, en el proceso, se vengaría de Takada.- Necesito que el baile sea pronto, y que la revista necesite modelos.
Luego de eso se acordó de la otra persona con la cual aún tenía cuentas pendientes:
Mikami.
Bueno, él no es problema.- volvió a plantearse Misa, mientras recordaba lo que este le había dicho: prefería a Takada antes que a ella. Si Takada se hundía, él también estaría a bordo de esa nave. Además de que ella sospechaba que no era solo amistad lo que el pelinegro sentía por su Light.- ¿Qué amigo es así de controlador y celoso?
Soltó una risita. Esto también iba a poder usarlo en su contra si se atrevía a humillarla de nuevo.
Oh si, Misa Amane no es ninguna ilusa. No señor.
Iba a volver a agarrar la laptop, cuando un ruido la puso en estado de alerta. Se repitió varias veces.
Luego de al menos diez segundos Misa se dio cuenta que era el teléfono. El teléfono de la casa, por supuesto.
:- ¡Maldición!- gritó, mientras corría para alcanzar a atender antes de que corten. Su nana no estaba en casa, y el teléfono se encontraba en el piso de abajo. Misa se pegó la corrida de su vida.
Volvió a sonar, y, en el apuro, la rubia se olvidó de esquivar la mesa que estaba al lado de la escalera; dándose, en el proceso, el pie contra ella. Ahogando un grito de dolor, contestó el teléfono.
Más vale que sea algo importante, sino esa persona me las va a...
:- ¡¿Qué?!- gritó Misa al auricular, chequeando su moribundo pie, que estaba comenzando a ponerse rojo.
:- ¿Acaso nunca te enseñaron a contestar una llamada? Una conversación comienza con un "hola", o al menos con un "diga".- a Misa se le paralizó el corazón, y su pie dejó de doler por un segundo. Reconocería esa voz monótona en cualquier lugar.
:- ¿Ryuga…?- preguntó, incrédula.
:- Así es. Ahora, podrías ser tan cordial de saludar como corresponde. ¿O voy a tener que repetírtelo de nuevo?
Bufó, cuando un pensamiento enfermizo invadió su mente.
¡¿Cómo demonios consiguió su número de teléfono?!
Seguro me estuvo espiando. Maldito Pervertido.
:- ¿Cómo conseguiste mí…?- exclamó ella, un tanto alterada. Pero no llegó a terminar la oración: él la había interrumpido. De nuevo.
:- Eso no es importante.- un silencio, lo oyó suspirar.- Y por si lo llegaste a considerarlo, no Amane, no tengo cámaras en tu habitación ni nada por el estilo.
Debe tener alguna clase de poder mental.- pensó Misa, pero rápidamente respondió, no iba a dejar que sus juegos mentales le afectaran.
:- ¿Qué quieres?
:- ¿Acaso no es obvio? Llamo por el trabajo. Ya lo terminé, así que quería estar seguro de que estás de acuerdo con que lo entregue mañana.
Esto tenía que ser una broma. Habían salido de la escuela hace menos de dos horas, ¿y él ya lo había terminado? Peor aún, ni siquiera la tuvo en cuenta para hacer algún punto. (Aunque ella prefería no hacer nada, no iba a dejárselo saber)
:- No.- dijo ella, en su tono más calmado y serio.- Te dije que teníamos que hacerlo los dos, así que, o lo hacemos juntos, o lo hago yo sola.
:- Quiero entregarlo mañana, Amane, y estoy bastante seguro que no vas a llegar a hacerlo tú sola en tan poco tiempo.- Misa estaba a punto de replicar, pero él la interrumpió.- ¿Dónde vives?
Pervertido.- pensó Misa con disgusto. Estaba a punto de mandarlo a freír espárragos, cuando Ryuga volvió a hablar:
:- Escucha, yo quiero entregarlo mañana, y tú no aceptas que entregue el mío sin verlo por lo menos primero, ¿estoy en lo cierto?- Misa asintió y luego recordó que era una llamada telefónica.
:- Si.-dijo la rubia. ¿A dónde espera llegar con esto…?
:- ¿Te parece que te lo lleve a tu casa? Así podrás leerlo, y hablaremos de cambiarle algo si no te parece.- antes de que Misa dijera algo, habló de nuevo.- Te recuerdo que no hay otra opción que funcione para los dos. Si no aceptas tendré que entregar el mío mañana.
Misa rodó los ojos, pero consideró lo que le planteaba Ryuga. Además, solo iba a ser un momento de incomodidad y estaría libre. No quería que él entregara su trabajo, no quería dejarlo ganar.
:- De acuerdo.- dijo de mala gana. Luego le pasó su dirección y Ryuga finalmente cortó.
Se miró el pie hinchado, y decidió que primero tenía que atender ese delicado tema. Hurgó en el refrigerador y sacó un hielo, al momento en que este tocó su pie sintió un gran ardor, y el dolor la invadió. El moretón se estaba haciendo visible. Le costaba moverlo, le dolía al caminar.
Estaba a punto de intentar subir la escalera para buscar el libro de texto, cuando unos golpes contra su puerta la hicieron frenar en seco.
¿Acaso es Flash o qué?- pensó, mientras rengueaba a donde se encontraba la puerta.- ¿Cómo demonios llegó tan rápido?
:- ¿Cómo hiciste para llegar tan rápido?- le preguntó, una vez que abrió la puerta. Por suerte estaba en lo cierto, y Ryuga se encontraba parado en frente de ella, manos en los bolsillos. Llevaba la misma ropa que usó el primer día de clases.
:- Creo que ya que he dicho como se debe saludar a una persona, ¿no es así?- preguntó sarcásticamente, y Misa le dedicó una mirada de odio.- ¿Puedo pasar?
:- No.- dijo Misa, cruzándose de brazos. Él la miró expectante mientras mordisqueaba su dedo pulgar. Misa lo quería lejos, rápido.- Solo dame el trabajo. Lo chequearé y te lo daré mañana.
:- Ese no era el trato, Amane. Y no confió en ti con mi trabajo. Vas a revisarlo en mi presencia, y si algo te molesta lo discutirás conmigo. Así lo haremos más rápido y podré irme más rápido también. Ahora, ¿me dejas entras?
Misa suspiró, rendida. No tenía más energías para pelear contra él. Y su pie le dolía mucho. Parecía que disfrutaba volver loca a Misa con sus juegos enfermizos, y ella no estaba lo suficientemente bien como para tener que soportar todo eso en ese momento.
Abrió la puerta y lo dejó entrar. Caminaba en su forma encorvada de siempre.
:- Iré a buscar mi libro y computadora que están arriba, tú siéntate ahí. Cuanto más rápido terminemos esto, mejor.-pensó, pero no agregó. Se mantuvo en silencio mientras contemplaba la mejor manera de subir la escalera sin causarle mayor dolor a su herido pie.
:- ¿Acaso esperas que alguien te escolte escaleras arriba?- preguntó Ryuga, con un toque de sarcasmo, mientras observaba a la rubia mirar con preocupación los escalones. Luego sus ojos se posaron en uno de sus pies. Estaba rojo e hinchado.- ¿Necesitas ayuda, Amane?
:-¡No!- exclamó ella, lo más rápido que su voz le permitió. No iba a dejar que ese troglodita se acercara a menos de un metro de ella. Ni que se le ocurra tocarla. En sus sueños.- Yo, eh, estoy bien. Si, perfectamente, solo debo…
Subió el pie sano, pero cuando apoyó el otro sintió una oleada de dolor en todo su tobillo. Se mordió el labio para no gritar. Ryuga miraba la escena entretenido, y decidió probar un poco más a Amane, hasta cuanto podía negar que necesitaba su ayuda.
:- ¿Estás segura?- escuchó decir al pelinegro mientras se levantaba de su posición usual en la silla. Se acercó a Misa, pero no la tocó. Solo miraba con curiosidad y un brillo de diversión a la rubia que se agarraba de la baranda para no caer.- Yo creo que una mano no te vendría nada mal.
:- No…- dijo Misa, mientras sentía el dolor intensificarse.- Yo estoy…- trató de pisar pero su pie no aguantó, y, en consecuencia, perdió el agarre que tenía en la baranda, cayendo al suelo.
Ryuga miraba con un aire divertido lo que acababa de suceder. Hasta ahí llegó Amane. Inspeccionó la casa, y cuando pudo divisar el baño, se dirigió hacia él. Dejando a Misa en el suelo.
Esta se incorporó lo mejor que pudo. Y se sentó en una de las sillas. Su pie ahora más hinchado por el esfuerzo que había hecho. Pensó en Ryuga y en como el bastardo ni siquiera pudo darle una mano. Ya sé que dije que no quería que me tocara, pero aun así, ¡ni siquiera tuvo intención de ayudarme!
Cuando lo vio saliendo del baño estaba a punto de gritarle unas cuantas groserías, pero ver que traía un kit de primero auxilios se detuvo. Al ver la cara de confusión de la rubia, Hideki le dijo, con su tono de calma usual:
:- Por lo que puedo notar, además de golpearlo también te lo doblaste. Por eso no puedes caminar. Si hubieses aceptado mi ayuda antes, ahora no te dolería tanto.
Misa rodó los ojos, siempre tenía algún comentario que lo convertía en un patán, bajo la manga.
De repente, lo vio adoptar su posición característica, y agarrar el pie de Misa con sus manos. Esta lo hubiese corrido, pero le dolía demasiado como para moverlo. Así que se quedó quieta mientras el pelinegro le vendaba el pie.
Trató de luchar contra el rojo que se hizo presente en sus mejillas. No le gustaba que la tocara, la hacía sentir incómoda. Si fuera Light sería diferente, pero este chico le traía repulsión. Lo quería bien lejos.
No duró mucho, por suerte. Luego de vendarla, se levantó y dejó las cosas en el baño. Sin que Misa le dijera nada, subió a buscar la portátil y el libro de texto. Se los dejó a Misa sobre la mesa y se sentó en una de las sillas en su pose habitual.
Misa lo miraba sorprendida. Era la primera vez que había hecho… algo, por ella. Y la rubia tuvo que doblarse el pie para lograr que fuese un poco amable.
Al notarlo callado imaginó que quería que leyera el ensayo. Él quería irse tanto como ella quería que se vaya. Así que rápido tomó su trabajo y comenzó a inspeccionarlo.
Al cabo de unos cinco minutos, lo escuchó preguntar.
:- ¿Tienes algo dulce?- Misa lo miró, frunciendo el ceño.- Pastel, chocolate, hasta te acepto terrones de azúcar.
Misa recordó que nana tenía que hacer las compras de la casa hoy, por lo que no tenía nada de comida. Menos esas cosas dulces. Ya que Misa los odiaba, Natsuki no las compraba.
:- No lo creo.- sin embargo, él no cambió su expresión, sino que siguió mirando a la nada mientras jugaba con un mechón de su cabello negro azabache.
Misa trató de seguir leyendo, pero sentir la mirada del pelinegro sobre ella causó que le entraran unos tremendos nervios. Perdió por completo la concentración.
¡Deja de mirarme!
Luego de leer tres veces la misma página, se hartó. Levantó la vista y lo miró con odio. Quería saber porque demonios la estaba mirando tanto. Era insoportable.
Sus impulsos actuaron de nuevo, y decidió ponerle un freno a esta situación antes de que resultara más incómoda de lo que ya era.
:- Terminé. Creo que está bien, así que ya puedes irte.
Era mentira, pero no iba a poder aguantarlo ni un segundo más. Esos ojos sin vida mirándola, le daban escalofríos.
:- Fue bastante rápido.- dijo Ryuga, mientras tomaba el trabajo y se dirigía hacia la puerta.- Si vuelves a tratar de subir la escalera ten un teléfono en mano. Y si te caes, recuerda el número de emergencias.
Luego se había ido. Y Misa no sabía si su último comentario iba en serio, o fue solo su humor sarcástico característico.
Un sentimiento de enojo recorrió todo el cuerpo de la joven. Él había ganado. Había logrado entregar su trabajo sin que Misa le hiciera nada. Con solo mirarla él había logrado intimidarla.
Se dejó caer en el sofá, y posó sus manos sobre su cabeza. El pie le seguía doliendo, pero ahora ya podía caminar un poco. Todo gracias a su ayuda.
Reprimió un grito. No tenía ni idea de cómo tomar al estúpido de Ryuga. Primero la toma como tonta y la burla, luego la ayuda, y después se va, consiguiendo ganarle a Misa sin ni siquiera mover un dedo.
¿Quién demonios es este tipo?
Su venganza tenía que ser más grande que con Mikami y Takada, de eso estaba segura. Este chico era un libro cerrado, e igual de difícil de leer que los jeroglíficos. Iba a costarle mucho trabajo a Misa saber qué puntos débiles tenía, para poder usarlos en su contra.
Pero como todos saben, Misa Amane no es una persona que se da por vencida tan fácilmente.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no se inmutó cuando se abrió la puerta. Solo se dio cuenta cuando su nana le pregunto qué le había pasado.
Misa le contó la historia, omitiendo a Ryuga, por supuesto. Ya que quería dejar a su nana fuera de todo lo que tenía que ver con ese idiota, y Natsuki la ayudó a subir la escalera para ir a su habitación.
Ahí, se acostó en la cama y trató de conciliar el sueño. Pero una duda seguía molestándola.
¿Hideki la estaba manipulando o la ayudó porque en realidad no era un robot sin sentimientos, como Misa pensaba?
Tanto le costó encontrar una respuesta, que a los cinco minutos ya estaba profundamente dormida.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Se levantó con un fuerte dolor de cabeza, aunque su pie ya estaba un poco mejor.
Podía caminar, por lo menos.
Se cambió y maquilló. Hoy tenía que poner en práctica el plan que había pensado ayer, necesitaba preguntarle a Light sobre ser su cita en el baile.
Recordó que una de las chicas les había dicho que hoy tenían que hablar con el director sobre ese tema, y se regocijó. Era la oportunidad perfecta.
Desayunó y, tan rápido como su pie le permitió moverse, se dirigió a la escuela.
Cuando llegó, partió hacia clase, como hacía todos los días. Estaba por entrar, cuando algo le llamó la atención. Divisó a Matt, el chico que había roto su celular, pero que aun así era muy agradable, hablando con un chico rubio bastante alterado. Tenía un corte de cabello bastante particular, que le causó a Misa mucha gracia. Y verlo enojado lo hacía todavía más tierno. Estaba tentada de ir a preguntarle a Matt quien era, pero sintió que ese no era su lugar. Se lo diría más tarde.
Entró a clase, aunque nadie se encontraba presente. Ni siquiera Ryuga. Misa sintió un escalofrío al pensar en él. Todo lo que había pasado ayer le vino a la mente como un remolino, y aún seguía teniendo esa duda existencial.
¿La había estado manipulando?
No sería muy difícil de creer. El chico era raro. Quién sabe si no era un asesino fingiendo ser un estudiante. Tal vez lo habían enviado para espiar a Misa, y cuando sea el momento perfecto, atacar. O tal vez su objetivo era ingresar al consejo, y de ahí manipular a Light para que pusiera una bomba en el baile… o tal vez…
No, para. Ahora estas imaginándote cualquier cosa.- se dijo así misma mientras tomaba asiento. Aunque Ryuga era un chico raro e insoportable, Misa no podía creerlo capaz de ser un asesino… aún.
Recordó cuando le había vendado el pie, y sintió a sus mejillas tomar ese color bordo detestable. No tenía que dejarle saber que la afectaba, por el mal sentido, obviamente. No podía dejarlo ganar otra vez.
Rezó en forma silenciosa para que hoy no viniera. Estaba segura que no iba a poder controlarse y terminaría golpeándolo a mitad de la clase.
Fueron entrando los alumnos, y también Light, quien tomo asiento junto a ella. Sin embargo Misa no estaba tranquila, necesitaba a Hideki lejos. Por lo menos hasta que ella recupere el control, y hasta que planee alguna estrategia para hacerlo perder.
Cuando por fin entró el profesor y cerró la puerta, Misa estaba aliviada. Ahora iba a poder hablar con Light tranquilamente, sin tener que estar pendiente de unos ojos negros mirándola todo el tiempo.
Cuando la puerta se abrió, y su figura encorvada apareció en el salón, la frase del niño peliblanco apareció en la mente de Misa.
Eso podría servir como una especie de karma.
Y qué clase de karma era ese.
Maldito Ryuga, y maldito niño igual a él.
Bueno, lectores, espero que les haya gustado. Puede ser que la parte en la casa de Misa me haya quedado un poco OOC, pero hice lo posible para apegarme a los personajes, quiero que lo sepan.
Gracias a todos por los comentarios, y quiero que sepan que los aprecio muchísimo.
Nos vemos la próxima, mis amores.
Vigigraz.
