Editado 15/12/2017


Death Note no me pertenece.


"No me importa que me uses, y trataré de que te enamores de mí"

- Misa Amane.


Capítulo 9:

Desafortunadamente, el viernes no había comenzado como un buen día para Misa Amane.

Primero y principal, su alarma no sonó. Al ser el día del baile, Misa había planeado ir a la escuela, así poder terminar de organizar las últimas cosas para el mismo. Pero se ve que su reloj despertador le había jugado una mala pasada, y causó que la rubia se quedara dormida.

Al despertarse a las diez de la mañana, era imposible que Misa asistiera a clases a tiempo. Con un gran gruñido, se cubrió la cara con las manos, pero aun así siguió de un muy buen humor. Después de todo, hoy era su noche.

Su amado Light era su acompañante, y al mismo tiempo podía vengarse de Takada y Mikami.

Todo era perfecto.

Así que se levantó. Pero su mala suerte no aún no había terminado.

Su cara estaba asquerosa, su pelo también. Se maldijo cuando su apariencia le recordó a la de Ryuga, y poco le faltó para romper el espejo de un golpe y gritar. Era, en serio, una gran ironía que justamente el día del baile le viniera a pasar todo eso…

Cálmate Misa. Recuerda: maquillaje y secador lo arreglan todo. No debes preocuparte tanto...-se dijo a sí misma, mientras respiraba hondo y se metía en la ducha caliente.

Peinó su cabello, y trató de arreglarlo lo mejor posible. Luego se haría algún peinado para personificar a Hera, pero ahora tampoco podía dejar que nadie la viese así. Ni siquiera Natsuki.

Salió del baño, decidiéndose por preparar su atuendo para la noche en ese mismo momento.

Sin embargo, cuando se fijó en el armario, y no encontró su vestido, Misa estuvo entre reír, llorar o vomitar. O tal vez todo a la vez.

Tuvo un momento de calma, en el que trató de pensar con claridad, y que la razón sea su mejor amiga. Pero no duró mucho. Su instinto tomó lo mejor de ella y en menos de cinco minutos ya había sacado toda la ropa de su armario para desparramarla en su habitación. Seguía sin encontrar el vestido.

En ese momento, Natsuki estaba limpiando una de las habitaciones. Y cuando escuchó a su pequeña gritar con frustración, se dirigió lo más rápido que pudo a donde ella estaba. Se relajó un poco, sin embargo, cuando solo se encontró con Misa revolviendo toda la ropa que estaba tirada en el piso.

:- ¿Pasa algo, cariño?- preguntó la mujer, con tono burlón; su pequeña se veía desesperada.- ¿Qué buscas?

Misa suspiró pesadamente. En menos de tres horas el universo había logrado arruinarle casi todo el día, era increíble.- ¡No encuentro mi vestido, nana! Y en este poco tiempo parece que mi día va de mal en peor. Poco falta para que me llame el director diciendo que se canceló el baile o algo así.- exclamó la rubia con resignación. Ya no sabía si era karma o solo mucha mala suerte junta.

:- Oh, Misa.- Natsuki río.- Como el vestido era nuevo pero te lo habías probado, estaba un poco sucio, así que decidí mandarlo a la lavandería. Estará aquí en menos de dos horas, amor. Necesitas relajarte un poco.

Misa se levantó del suelo y se tiró en la cama. Su nana tenía razón, tenía que relajarse. Pero que todo estuviera en su contra no ayudaba mucho.

:- Tienes razón…- comentó la chica, pero seguía en la misma posición de antes.

Natsuki pensó un momento, y luego se le ocurrió de algo que podría animarla y distraerla un poco para sacarse el estrés pre baile.

:- Misa.- la rubia la miró.- ¿Te acuerdas que me habías comentado algo de una revista, y tú trabajando como modelo…?- la adolescente asintió, algo confundida por la pregunta de Natsuki.- Bueno, creo que deberías revisar tu email, corazón.- Luego cerró la puerta y dejó a Misa sola. Ahora, con una gigantesca duda.

Rápido, tomó la computadora de su escritorio, y abrió su correo electrónico. Se llevó una gran y grata sorpresa al darse cuenta de quién le había mandado un nuevo mensaje. Tampoco pudo evitar pensar como Natsuki supo eso, pero le agradeció igualmente. Esto sí era algo que valía la pena ver.

Srta. Amane:

Nos gustaría informarle que hoy, viernes, estaremos llevando a cabo una sesión de fotos en nuestra cede principal.

Una de nuestras modelos tuvo que cancelar a último momento por problemas personales, por lo que estaríamos más que agradecidos si usted pudiese venir en su reemplazo.

Seguramente, si todo sale bien, podremos hablar de un contrato a largo plazo.

Saludos, y la esperamos.

Revista PopTeen.

Misa no podía creerlo; tuvo que leerlo al menos unas tres veces para estar segura de que aquello era real.

Hoy era viernes: lo que significaba que la necesitaban ese mismo día.

Perfecto.- pensó, mientras se cambiaba y se despedía de Natsuki, dándole infinitas gracias. Era, realmente, la distracción perfecta.

Tomó un taxi y se dirigió a la cede de la revista. Ella era un gran fan, así que no le costó nada encontrarla; era un edificio gigante.

El lobby era bastante grande también, y estaba lleno de personas yendo y viniendo, de acá para allá. Le recordó a una película que había visto, "El diablo viste a la moda". Solo esperaba que la jefa no sea igual al personaje de Meryl Streep. Sería una lástima si así lo fuera.

Un chico la atendió, y una vez que dejó en claro lo que venía a hacer, una chica vestida de una forma bastante peculiar, la llevó hasta la oficina de un tal Namikawa.

La chica era castaña, no parecía mayor de treinta años, y vestía de una forma que a Misa le provocaba risa e incomodidad al mismo tiempo. No por como era su atuendo, sino porque hacía que la joven rubia quisiera vestirse igual que ella. Se sentía como si no estuviese para nada preparada para esa situación. En absoluto.

Llevaba un mono negro, con lunares, y una bufanda de plumas fucsia. Unas botas que le llegaban hasta las rodillas, de un color gris oscuro, y un sombrero que combinaba con aquella pintoresca bufanda. Era un tanto extraño, pero a la vez peculiar, y completamente extraordinario.

Cuando llegaron a la oficina, le indicó que pasara, y que el hombre iba a explicarle que hacer para la sesión fotográfica, la cual era en media hora. Al terminar de hablar abandonó a Misa, quien la miraba caminando de nuevo hacia el lobby.

Llamó a la puerta, y escuchó un leve "Adelante"; así que entró. Por suerte, esta era oficina normal, casi nada extravagante. Le hacía acordar a la del director de su escuela; sumamente simple.

El que suponía ser Namikawa estaba sentado detrás de un escritorio; tenía pelo negro, traje, y un aspecto bastante profesional. Parecía saber bien su lugar en el mundo de los negocios.

De más está decir que Misa se encontraba completamente nerviosa.

La miró, y luego a su computadora.- ¿Tú eres Misa Amane, verdad?- la chica asintió.- ¿Qué pasa que no hablas?, ¿te comieron la lengua los ratones?- luego rompió a reír. Misa, además de nerviosa, ahora también estaba incómoda.

Todo aspecto de negociador que había tenido anteriormente había desaparecido en esos cinco segundos en los que había abierto la boca.

:- No le hagas caso.- comentó una voz que entró detrás de Misa y que, al parecer, había escuchado el comentario del morocho.- Reiji suele hacer esa clase de bromas con las nuevas, tú tranquila. Solo ignóralo.- Misa lo observó de pies a cabeza, y, al principio, sintió que se trataba de Light, pero no era así. Este chico, hombre, era mayor; pero su apariencia era muy parecida a la de su amado: cabello castaño perfectamente peinado, y lentes.

Le sonrió mientras dejaba unas carpetas en el escritorio de Namikawa.

El aludido en cuestión bufó, y luego volvió a su computadora, mientras el castaño se presentaba.- Soy Shingo Mido. Jefe, al igual que Namikawa, del departamento de modelaje de la revista.

:- Solo nos encargamos de contratar a las modelos, no de la moda y toda esa basura.- comentó el pelinegro, mientras bebía un sorbo de café.- Ahora iremos a hablar con la de vestuario, y luego de que firmes unos papeles creo que podremos empezar.

:- Tengo que irme a resolver otros asuntos.- comentó Mido, y Misa se apenó al instante. Parecía bueno, y un poco más fácil de tratar que Namikawa.- Nos veremos más tarde, Misa Amane.- le sonrió y luego salió por la puerta, dejando a Misa con el pelinegro, que aún seguía tecleando en su ordenador.

:- ¿Estás lista?- le preguntó, y Misa volvió a asentir. El negó con la cabeza.- Es la primera modelo que me traen que es callada, increíble.- comentó para sí mismo, pero Misa lo oyó y no pudo evitar sonreír.

Si, definitivamente esto valió la pena.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cuando terminaron de sacar las fotografías, Misa estaba un tanto cansada.

Todo el proceso había llevado bastante tiempo. Entre una de las mujeres probándole la ropa, otra maquillándola, y Namikawa haciendo la entrevista, le habían drenado bastante energía a la rubia.

Sin embargo, para ella fue una muy buena experiencia. Y según una de las chicas, Misa tenía un gran futuro en la industria.

No podía estar más emocionada.

Antes de llamar a otro taxi para ir a casa, divisó a Mido entre la multitud, y lo saludó con la mano. Él la vio también y le devolvió el saludo, mientras hacía equilibrio con algunas cajas que llevaba agrupadas.

Es bastante simpático.-pensó Misa, sonriendo, mientras entraba al taxi y se dirigían a su casa. Había sido divertido, pero ya era tiempo para preparase para el baile.

Al llegar, sin embargo, el clima estaba un tanto… extraño. Problemático, digamos.

Natsuki se encontraba en la habitación de Misa, sentada en la cama, con una mirada de culpa y tristeza. Algo andaba mal.

:- ¿Nana, estás bien?- preguntó Misa, extrañada de verla así.

Se levantó y miró a Misa con pena. La rubia estaba completamente perdida.

:- Misa, lo siento mucho, bebe.- ahora sí, no entendía de qué demonios la mujer estaba hablando.- Fui a buscar el vestido a la lavandería, pero al lavarlo con otra ropa… se tiño de otros colores, Misa. De verdad lo siento cariño, en serio no era mi intención.

Misa se había quedado callada todo el tiempo. Parecía que la mala suerte se había apoderado de ella, y faltaban no más de dos horas para que el baile comenzara. Sus ojos se humedecieron, pero trató de aguantarse; no iba a llorar. Tenía que haber una solución para todo eso.

:- Nana, está bien.- dijo Misa, y en serio lo sentía. Ella solo había querido ayudarla, no fue su intención.- Ya veré que hago, yo…

La interrumpió su propio celular, que hizo ruido desde la cama. Misa lo alcanzó, y vio que tenía al menos tres llamadas perdidas de Light. No había llevado el teléfono a la entrevista, y ahora que iba a contestar, le asustaba lo que su amor podía llegar a decirle:

:- ¿Light?

:-¡Misa! ¡Al fin respondes! He tratado de localizarte varias veces, tengo que decirte algo importante.

:- Light yo…- Misa fue interrumpida, sin embargo. Su Light sonaba agitado, como si hubiese estado corriendo.- Misa escucha, en serio, en serio lo lamento, pero no voy a poder asistir al baile. Mi padre está en el hospital y necesita de mi apoyo. De verdad lo lamento Misa, pero ya hablé con el director y me dijo que tú, Ryuga y los adultos se van a encargar de todo. Lo lamento mucho.

Misa no comentó nada, estaba como petrificada, de nuevo.

:- Vamos presidenta, confió en ti. Nos vemos luego.- sin decir una palabra más, cortó. Y sin pensarlo dos veces, Misa arrojó el teléfono contra la pared. Era el estúpido teléfono que le había dado ese idiota de L, así que no significaba nada para ella.

Además, estaba demasiado enojada y triste como para pensar con claridad.

Se tiró en la cama, y esta vez no frenó las lágrimas. Todo lo malo que podía pasarle hoy, ocurrió. ¡Hasta Light terminó cancelándole! Ya no tenía ningún sentido que ella siquiera fuese al baile. No podría estar con su amado y tampoco podría vengarse de Takada o Mikami. ¡Ni siquiera tenía el maldito vestido, por amor de dios!

:- Misa…- Natsuki se arrodilló al lado de su pequeña, le daba mucha pena verla así. No sabía bien de que se había tratado aquella llamada, pero no había que ser muy inteligentes para darse cuenta que fue la gota que rebalsó el vaso de paciencia de la pobre Misa.- Pequeña, yo creo que…

:- ¡No voy a ir!- dijo Misa, tratando de ahogar un sollozo.- Nana, no tengo vestido, mi cabello es un desastre, ¡y mi cita me canceló! Ya no tiene ningún sentido que…

:- Misa.- Natsuki se levantó y miró a su pequeña. Ya era momento de intervenir.- La Misa Amane que yo conozco no se deja vencer por nada, ni por nadie, ¿o me equivoco?

Misa la miró con algunas lágrimas en los ojos, y asintió.- Misa, yo te conozco. Sé que eres una joven perseverante, que no paras hasta conseguir lo que quieres. Así que te prohíbo que bajes las manos por algo así. Tú irás a ese baile, ¿soy clara?

Misa se secó las lágrimas con su brazo y rio ante las palabras de su nana. En serio era una de las mejores personas que Misa había conocido en toda su vida. Se acomodó en la cama y la abrazó, dejándose llevar por el momento, casi como si fueran madre e hija. Luego se sentó derecha, pero una mueca de tristeza inundó su rostro, cuando la chocó la realidad.

:- Pero… ¡no tengo vestido! Y no creo que podamos conseguir uno en menos de dos horas…- Misa volvió a acostarse en la cama, rendida. Era imposible conseguir otro vestido. Era un hecho, no iba a ir. El universo le puso trabas todo el día: no quería que ella asistiera, y logró su cometido.

Natsuki se quedó pensando un momento, y luego pareció como si una lamparita se hubiese encendido encima de su cabeza.

:- Misa.- la aludida la miró.- Creo que yo puedo ayudarte con eso. Tengo unos vestidos, que, con poco de arreglo, te quedarán perfectos.

Luego de modificar varias cosas, cortar, coser y probar, Misa se terminó sintiéndose como la Cenicienta. Natsuki era su hada madrina.

Se miró en el espejo y sonrió. Habían hecho una obra de arte.

El vestido era color crema, como el anterior. Pero luego de modificarlo, había cambiado mucho. Era largo, y habían cocido una de las mangas para que fuera larga en un brazo, y luego tuviese el escote que terminaba a unos centímetros debajo de cuello. Toda esa parte, estaba decorada con dorado, y luego también había un cinturón finamente colocado en su cintura, además de tener en la parte más baja del vestido ese mismo detalle en dorado. Con los zapatos que se había comprado anteriormente, Misa lucía como toda una princesa.

Una diosa, para ser exactos.

Habían tardado por lo menos una hora, así que, con un poco de ayuda de su nana, Misa se terminó de peinar, y maquillar; y en cuarenta y cinco minutos quedó lista. Con quince de sobra.

Sin embargo, no podía deshacerse completamente de ese sentimiento de tristeza por el cancelamiento de Light. Entendía que fue por algo importante, pero no podía evitar sentirse un tanto decepcionada.

Cuando faltaban unos diez minutos para que comience, su nana se ofreció a llevarla, y Misa aceptó. Era mucho mejor que tener que ir en un taxi o en transporte público.

Al llegar, examinó el lugar por al menos cinco minutos. El gimnasio estaba hermoso. Odiaba reconocerlo, pero Takada había hecho un gran trabajo con la decoración. Lucia enserio como el Monte Olimpo que había visto en varios dibujos en internet.

De lejos divisó a la morocha, que también se encontraba muy bien vestida. No se podía esperar otra cosa de ella, después de todo. Se encontraba hablando con la profesora de Literatura, y Misa deseó escaparse de allí lo antes posible. Sin Light a su lado, no sabía si iba a poder controlarse para no insultar a esa mujer, o a Takada siquiera.

Se dio media vuelta, tratando de localizar el baño, y volvió a chocarse con alguien. Eso ya se había vuelto un hábito para ella.

:- Así que no compraste el vestido que te habías probado, Amane.- la voz de Ryuga obligó a Misa a tener que mirarlo. Vestía igual que siempre, solo que lucía una corona de hojas sobre su cabeza. En serio no mentía cuando dijo que no iba a usar mallas.- Te ves mejor, por cierto. Ahora si podrías calificar como Hera.

Las mejillas de Misa se encendieron, y miró para otro lado. En serio se sentía incómoda cuando hablaba con él a solas; necesitaba a Light.

:- ¡Veo que ya están aquí!- comentó el director, una vez que vio a ambos.- Misa, te ves esplendida. Y Ryusaki tú… bueno…

:- Había aclarado que no iba a usar una toga.- comentó el pelinegro, haciendo que Misa rodara los ojos, y el director riera.

:- Bueno, eso no importa. Como Light no se presentó, confió todo a ustedes, chicos. Los alumnos no tardan en llegar, así que vamos, vayan a divertirse.- Luego de eso, dio media vuelta se fue.

Pero no se había equivocado. De a poco comenzaron a llegar todos los alumnos de último año, y varios de otros años también. Misa por dentro pedía que Matt y Mello se presentaran; pero sabía que era imposible. O por lo menos, muy poco probable.

Se pasó la primera parte de la noche hablando con las porristas. Era con las únicas chicas con las que se llevaba bastante bien, además de que eran sus compañeras. No bailó, ni con ellas ni con todos los otros chicos que le pidieron. Ella era solo de Light, así que iba a esperarlo. Aunque él ni siquiera fuese a venir.

Alrededor de las diez, ya estaba frita. Tenía demasiado sueño y cansancio encima.

Divisó los asientos encima de una de las gradas, que eran como tronos, para Zeus y Hera.

Tal vez Zeus no esté aquí, pero Hera va a reclamar su trono.

Así que Misa cogió un vaso de ponche, y tomó asiento, teniendo el ángulo perfecto para ver todo el gimnasio desde allí.- Al menos todos la están pasando bien.- se consoló, mientras bebía otro vaso, y el poco alcohol que estaba dentro de este, disfrazado solo como ponche de frutas, comenzaba a hacerle efecto. Ya podía sentir las burbujas en su organismo, además del constante mareamiento.

No aguantó mucho, sin embargo, allí sentada. Misa no era una de esas personas que disfrutan estar solas. Necesitaba hablar con alguien.

Hasta puede ser que lo haga con el estúpido de Ryuga.- pensó, mientras lo buscaba con la mirada, pero no lo encontraba por ningún lado.- Ni siquiera para esto me sirve, ¿qué clase de vicepresidente es?

Bajó con cuidado, pensando seriamente en abandonar el baile, y se dirigió a la mesa de poche. Quizás rellenar su vaso lograba alegrarla un poco…

Sin embargo, se encontró allí un espectáculo que no quería presenciar en absoluto. Mikami se encontraba hablando con la bruja de pelo negro, ambos vestidos como dioses, y riéndose como dos viejos e íntimos amigos. Le provocaba infinitas nauseas.

Giró sobre sus talones, pero el pelinegro de lentes ya la había visto; y no se le iba pasar el momento para burlarse de Amane. La puta lo tenía merecido.

:- ¡Oye Amane!- gritó Mikami, y le hizo señas a Takada para que siguiera con su juego; ella asintió.- Parece que tu príncipe azul te abandonó esta noche. ¿Por qué será?

Ambos se rieron tontamente, y Misa intentó mantener su autocontrol. Esta era una de las razones por las que no quería venir. Sabía que esos idiotas iban a burlarse de ella, más en ese momento de debilidad. Levantó la cabeza e hizo como si no lo hubiese oído; siguió caminando.

:- Oh, Teru, creo que la ofendimos.- dijo Takada con falsamente, y ambos volvieron a reír.- Seguramente Light trató de hacer lo posible para tener que evitar venir con una idiota como ella. Mira, ni siquiera ese trapo que llama vestido le sienta bien.

:- ¡Cállate!- le gritó Misa. Estaba muy triste y cansada como para pelear. Solo quería irse de allí. No le importaba una mierda ser presidenta. Quería llegar a casa y dormir; no tener que lidiar con esos idiotas.- Ve a vivir tu patética vida, Takada, y a charlar con el lame botas de Light a otra parte. Ambos me dan asco.

Ahora el sentimiento de burla se había esfumado, y poco faltó para que Takada saltara sobre Misa y se produjera una pelea de verdad. En vez de hacer eso, sonrió, como una víbora, y tomo un vaso de ponche. De a poco se fue acercando más a la modelo.

:- eres la repugnante, Amane. Una tonta que solo utiliza sus pocas neuronas para comprarse ropa y maquillaje. -sonrió de nuevo, deleitada.- No eres nada y Light ya se dio cuenta de eso, o ¿Por qué demonios te crees que no vino hoy, estúpida?- estaba por irse, cuando, en un ataque de furia, colocó el vaso de ponche encima de la cabeza de la rubia, y la sostuvo del brazo para que no escapara.- Además, creo que ese trapo necesita una redecoración, ¿no te parece?- y sin previo aviso, dejo caer todo el líquido encima de Misa. Ella gritó, pero la música estaba fuerte, casi nadie la había escuchado. Takada la miró con satisfacción escrito en todo su rostro.- No me des las gracias cariño, acabo de hacerte un gran favor.- luego partió, y con Mikami se dirigieron fuera del gimnasio.

Misa tendría que haberlos corrido, insultado, o hasta haberle informado a un adulto de la situación. Sin embargo, la rubia, ahora con lágrimas en los ojos, salió corriendo y se metió en el primer baño que localizó.

Lloró. Y, una vez que estuvo un poco más calmada, se miró en el espejo. Era un desastre. El peinado se le había arruinado, y ahora tenía todo el pelo mojado y con un leve olor a alcohol. El maquillaje se le había corrido, y su vestido estaba completamente arruinado.

Felicidades Takada.- pensó con amargura.- Ganaste.

Se secó la nariz con un pañuelo y salió al patio. Por suerte, los dos pelinegros se habían ido para el otro lado, así que Misa no tenía nada por qué preocuparse. Bueno, en cuanto a esos dos.

Se sentó en uno de los escalones de la entrada y le mandó un mensaje a su nana. No le dijo mucho, solo que quería que la buscara. Sabía que Natsuki iba a comprender, y no iba a hacer preguntas que Misa no respondería. Por lo menos no en ese momento.

:- ¿Acaso hubo una guerra de ponche y no me enteré?- Misa sintió un escalofrío y tuvo que reprimir un grito. Él no, justo ahora él no, por favor. ¿Por qué me haces esto? Al parecer, la pregunta del pelinegro no había llamado la atención de Misa, porque esta no respondió. El movió la cabeza, y trató un poco más, intentando hacerla enojar. Era muy divertido cuando se ponía así.- ¿Amane…? No me digas que te comieron la lengua los ratones, ¿o acaso eres tan tonta que ni siquiera puedes responder a una simple pregunta como esa?

Ryusaki estaba preparado para varias reacciones de la rubia, las caracterizas en ella: un grito, golpe, o el inicio de una discusión que él siempre terminaba ganando. Estaba acostumbrado a eso cuando se trataba de Misa Amane.

Lo que no se esperó, sin embargo, fue que la chica no haga ninguna de las cosas anteriormente mencionadas, y que, en vez de eso, comenzara a agitarse, y luego a sollozar.

Por primera vez en mucho tiempo, el futuro detective no estaba seguro de qué hacer. No estaba acostumbrado a tratar con las personas, y menos con las que lloraban. Y… era la primera vez que veía así a Amane. No tenía la menor idea de cómo reaccionar.

Solo sabía una cosa:

Necesitaba que parara.

:- Amane.- pero Misa siguió, ignorándolo completamente, y cada vez haciendo más evidente que estaba llorando.- Amane… ¡Misa, detente!

Esos ruidos lo estaban poniendo incómodo. Tenía que lograr que ella parara. Tenía que distraerla, tenía que…

Respiró hondo. Por primera vez en su vida no estaba cien por ciento seguro de que lo que fuera a hacer estuviese correcto. Pero, aun así, era la única cosa que se le ocurrió para poder callarla.

:- Misa…- susurró. De a poco se acercó a ella, y le quitó las manos que cubrían su rostro. Levantó su mentón y la miró a los ojos. Estaban hinchados de llorar, y tenía todo el maquillaje corrido, dándole un aspecto extraño, aunque mucho más natural.- Para, ¿de acuerdo? No es divertido si lloras.

Ella, sin embargo, estaba tratando de zafarse de su agarre. Volvía a sentir esa sensación de incomodidad, mientras el rojo se hacía presente en sus mejillas. Aun así, la situación no dejaba de asombrarla. Este era Hideki Ryuga. El chico que actuaba como una máquina, se encontraba aquí, consolándola. El chico que ella había jurado hacer su vida imposible desde que lo conoció. Él cual siempre la llamaba o la hacía quedar como una tonta. Y también sentirse como una.

Él se encontraba aquí, haciendo algo que jamás había pensado que fuese a hacer. La sostenía de los costados de la cara, y de a poco, la incomodidad se fue disipando, remplazada por algo más. Algo que Misa no tenía la menor idea de lo que era, y tampoco tenía mucha intención de conocerlo.

L, una vez que notó que Amane se había calmado, se fue apartando de ella, pero un tirón en su brazo lo detuvo. Misa lo miraba a los ojos con gran intensidad. Ryusaki tragó saliva.

Todo era demasiado extraño, todo…

No sabía si fue por el mal día que tuvo, porque Light la abandonó, por la maldita de Takada, por el alcohol, o solo por venganza; pero en menos de un segundo, Misa se había levantado de donde estaba sentada para quedar a la altura del pelinegro, y había hecho lo que nunca pensó que haría desde que lo vio aquel día sentado como simio.

Lo besó.