Editado 21/03/2018


Death Note no me pertenece.


"Estar solo es mejor que estar con la persona equivocada"

Elle Lawliet.


Capítulo 10:

No tenía idea de cuánto tiempo había pasado.

Por lo que sabía podrían haber sido tres horas, como cinco minutos. Pero de lo que Misa Amane estaba segura, era que no quería que terminara.

Luego de abalanzarse encima del pelinegro, este se había quedado congelado; en estado de shock. Sintió los labios de la rubia sobre los suyos, pero siguió sin moverse. No fue hasta después, cuando Misa envolvió sus brazos en su cuello, que se relajó. Aunque se mantuvo a una distancia prudente, inseguro.

Cuando Amane mordió su labio, sin embargo, sus sentidos comenzaron a tomar partido. La trajo más cerca de su cuerpo, y comenzó a hacer lo que este le estaba pidiendo. Por primera vez en su vida se estaba dejando guiar por algo más que su lado racional.

Lentamente, el beso comenzó a profundizarse más, y más, causando que la joven respirara de manera agitada. Ryusaki movió sus manos y las posó en la cintura de la joven.

Quería sentirla más cerca. La necesitaba más cerca.

Él estaba a punto de mover la lengua hacia su cuello, cuando el ruido de su celular hizo que ambos frenaran en seco. Como si hubiesen despertado de un sueño, aquel sonido los trajo de vuelta a la cruda realidad.

Se separaron, y Ryusaki volvió a su característica pose. Agarró el celular en su extraña manera, y luego de mirar el número, se retiró, dejando a una Misa completamente avergonzada.

Cuando el pelinegro ya no se encontraba donde ella podía verlo, Misa se apoyó sobre la columna, perdida y mareada. Aun sin poder creer lo que acababa de hacer.

Ella…

Lo había besado.

Ella lo había besado a él.

Esas palabras no podían coexistir en una misma oración.

No, esto no puede ser. Es un sueño, una terrible pesadilla de la que todavía no despierto. No es real. Es imposible que yo haya hecho algo como eso.

No, definidamente no. ¡Es completamente….!

Misa se tocó los labios con la punta de los dedos, mientras deliberaba qué demonios le había pasado por la cabeza para cometer semejante… atrocidad.

La bocina proveniente del auto de su nana la trajo de vuelta a la realidad.

Más roja que un tomate Misa entró al auto. Respiró hondo e intentó relajarse, tenía que actuar con naturalidad.- Que este aquí no significa que nos haya visto.- pensó, antes de planear su siguiente estrategia. Jamás le contaría a su nana lo que acababa de suceder.

Nunca. En la vida.

Actuaría con naturalidad, y sería como si nada de esto hubiese pasado en primer lugar. Tendría que evitar las preguntas innecesarias por parte Natsuki.

La mujer la miró extrañada, pero se mantuvo en silencio todo el viaje. Conocía a Misa, y sabía que cuando la rubia no hablaba hasta por los codos, era porque se sentía mal, o estaba triste. Así que lo mejor que podía hacer era darle su espacio y esperar a que ella decidiera abrirse.

Al estacionar, posó una mano sobre la frente de la joven. Su cara estaba roja. Algo no andaba bien.- ¿Cómo te sientes, pequeña?

:- ¡Bien!- la respuesta de Misa fue demasiado mecánica, Natsuki pudo darse cuenta. Se desabrochó el cinturón y bajó del auto. Una vez que entraron a la casa, la modelo se dirigió casi corriendo a las escaleras.- Voy a irme a duchar y después a dormir, ¡nos vemos mañana!

Había sido el peor plan del universo, pero no podía enfrentar a su nana, a nadie en realidad, en el estado en que se encontraba. Seguía sucia, con el maquillaje corrido y el vestido húmedo del ponche. Hasta podía sentirse un leve olor a alcohol en su cabello.

Mientras se desvestía para darse una ducha, la imagen de Takada riéndose con Mikami apareció en su mente, causando que sus puños se cerraran con ira. Imaginó sus rostros y como le gustaría darles a ambos unas cuantas bofetadas.

Pero esa bruja y ese idiota me las van a pagar. Nadie humilla a Misa Amane, nadie.

Se metió bajo el agua caliente y por primera vez en la noche se sintió cómoda.- Si tan solo Light hubiese estado allí…- pensó, con tristeza, y volvió a recordar todo por lo que había pasado en tan solo una noche.

Seguramente si su caballero hubiese ido al baile con ella, nada malo le hubiese sucedido. No habría estado aburrida la mitad de la noche, Takada no se hubiese atrevido a hacerle esa artimaña, y, definitivamente, no habría hecho lo que hizo con… Ryusaki.

Sus mejillas comenzaron a enrojecerse con tan solo pensar en ese beso. Había sido raro al principio, pero después, Misa no sabía cómo describirlo. Solo… se había sentido muy bien.

Y eso estaba mal.

Además de que le aterraba completamente.

Ese beso tendría que habérselo llevado su Light, luego de dejarla en su casa después de la fiesta. No el estúpido de Ryuga, en el patio de la escuela.

Y ella hecha un mísero desastre.

En aquel momento… si lo pensaba objetivamente… hasta podría darle un poco de gracia.

Claro, si no fuese porque seguía traumada por la escena que se repetía una y otra vez cuando cerraba los ojos.

Ella había besado a Ryusaki.

No él a ella. Ella a él.

No tenía sentido.

Salió de la ducha, y se puso la ropa de dormir, mientras pensaba qué demonios iba a hacer a partir de ese momento.

Por lo que recordaba, había sido fuera de la escuela, y no había nadie presente. Así que por suerte no iba a tener que preocuparse por testigos ni nada de eso.

Ahora, si siquiera hacia algo parecido a pedirle a Ryuga que no dijese una sola palabra… bueno, sabía que solamente hablaría para fastidiarla. Y eso no podía suceder. Nada, ni en un millón de años, debía enterarse que eso había pasado.

Sintió un vació en el pecho al pensar en la reacción que tendría su amado si se enteraba de lo que había hecho.

No, nadie puede saberlo. Pero… ¿cómo hago para que el bastardo no habrá la boca?

Misa se recostó y miró el reloj encima de su cómoda. Eran las doce y cinco. Ya sábado. Eso significaba que aún tenía todo un fin de semana para pensar, e idear un buen plan (por una vez uno bueno)

Pero eso no la dejaba tranquila. Quería solucionar ese asunto ya. Si lo posponía por más tiempo, ¿quién sabría lo que podía pasar? Tal vez Ryusaki aproveche para subir su nivel de popularidad (que era inexistente) a costa suya, y entonces Takada aprovecharía y le robaría a su Light, quien seguramente ya no querría nada más que ver con ella, y…

Cerró los ojos con fuerza. No, nada de eso iba a suceder.

Despejó su mente, y pensó. Pero cada cosa que se le ocurría terminaba siendo descartada. Ryuga era demasiado inteligente. Seguro encontraría una manera para terminar haciéndola quedar como una tonta.

Y así estuvo, vaya a saber uno cuanto tiempo, hasta que se cansó. Observó el reloj: doce y media.

Ya está.- pensó, mientras daba vueltas en la cama.- No pienso dedicarle ni un minuto más a ese idiota.

Iba a hacer lo que había hecho con su nana (aunque mejor)

Iba a ignorarlo, y hacer como si nada hubiese pasado.

Iba a evitarlo como a la fiebre amarilla.

Bostezó mientras se acomodaba en la cama. Se encontraba demasiado agotada como para continuar.

Sin embargo, aunque lo quiso con toda su alma, no podía sacarse a cierto pelinegro de la cabeza.

Estúpido Ryusaki…

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El fin de semana pasó más rápido de lo que Misa hubiese querido. Quería posponer su vuelta a la escuela y todos los problemas que iba a tener una vez que estuviese allí el mayor tiempo posible.

No quería enfrentar a Light, ni a Mikami, mucho menos a Takada.

Pero, por lo que más quería, no podía enfrentar a Ryuga. No todavía, por lo menos.

El lunes en la mañana trató de hacerse la dormida, para que Natsuki la dejase faltar a clase; pero su nana no era ninguna tonta. Y al no ver a la rubia levantada en el horario habitual, subió a su habitación y la obligó a levantarse a los gritos.

Hasta allí va mi plan…- pensó Misa con disgusto y preocupación mientras se vestía para ir a la escuela. Entre lo que había demorado en cambiarse más lo que tardó en despertarse, ya llevaba diez minutos de retraso.- Pero no voy a llegar tarde, ¡por supuesto que no!

Caminó lo más rápido que pudo, tratando de evitar las miradas que le daba la gente cuando veían a una adolescente casi corriendo por las calles a las ocho de la mañana un día de trabajo, y en menos tiempo del que tardaba todos los días llegó al instituto.

Antes de entrar, se enderezó y calmó. Debía lucir con el aspecto de chica popular de siempre. No iba a correr a clases, no señor.

No era tan tarde, por suerte, y el profesor no había llegado aún. Antes de entrar al aula, sin embargo, dio un rápido vistazo a todo el salón para ver si cierto pelinegro se encontraba allí. Solo por si acaso, por supuesto.

Si él tenía un cambio en su actitud fría de siempre, y decidía gritar en medio de la clase lo que había pasado, Misa tenía que estar preparada.

Nada pasó, recuerda, nada pasó.- se dijo mientras trataba de hacer que su pulso volviera a la normalidad. Por suerte, Ryuga no se encontraba por ningún lugar.- Tampoco Light…- observó Misa, mientras tomaba asiento y apoyaba la mochila en el lugar vació del castaño.

Cuando entró el profesor, sin embargo, decidió mover esos pensamientos a lo más profundo de su cabeza, y, por una vez en su vida, concentrarse en la lección del día.

Su concentración no tardó mucho en ser interrumpida, sin embargo.

Una de las chicas del consejo irrumpió en la clase y pidió que Misa Amane se presentara en la oficina del director. El profesor, a regañadientes, aceptó, y la rubia se dirigió a donde la llamaron.

Sin embargo, la secretaria del director la terminó echando de allí, y obligándola a esperar en el salón del consejo estudiantil. Ella rodó los ojos y decidió hacerle caso a esa vieja malhumorada. Mejor no tener problemas con ella…

Se llevó una gran sorpresa cuando vio que dentro del salón se encontraba nada más y nada menos que su amado. Perfectamente arreglado, como siempre, observaba un punto en la pared blanca, concentrado.

Cuando sus miradas se cruzaron, sin embargo, Misa notó que la miraba con… ¿pena?, ¿culpa? No estaba seguro.

Ella se sentó, y los dos estuvieron en silencio por un largo tiempo. Misa no tenía la menor idea de qué decir, así que se decidió por no decir nada. Estaba por agarrar unas carpetas para ponerse a documentar unas cosas, cuando la voz de Light la frenó en seco:

:- Misa…- la rubia se dio vuelta para poder mirarlo.- En verdad siento mucho lo del viernes. Sé que querías ir conmigo y en verdad lamento no haber cumplido con mi promesa. Lo siento mucho.

Jamás había visto a Light tan apenado (en cuanto a algo que tuviese que ver con ella) y no pudo evitar sentirse un tanto feliz por dentro. Es decir, aquello significaba que Light se preocupaba por ella, al menos un poco.

El castaño, por otro lado, se encontraba teniendo una batalla mental. Aquella disculpa… sabía que no era suficiente. Y por la reacción de Misa (el hecho de que no las aceptara) iba a tener que idearse algo, y rápido.

Suspiró.- Escucha, Misa. Si hay algo que pueda hacer para compensártelo…

La rubia lo deliberó por un momento. Las palabras de Light habían sido como música para sus oídos, y había hecho que una idea descabellada apareciese en su cabeza. Estaba segura de que era una locura, y que el castaño no iba a aceptarla, pero, seamos sinceros, ya no tenía mucho que perder.

A la mierda.

:- De hecho, sí hay algo, Light.- él la miró un tanto sorprendido. Nunca esperó que Misa se lo tomara en serio.- Yo… bueno… quie-quiero que seas mi novio. Sí, eso estaría bien. Sé mi novio.

El silencio perduró por al menos cinco minutos. Light, al escuchar las palabras de la rubia, estuvo tentando a estallar en carcajadas. Es decir, solo una persona como Misa podría tomar lo que él había dicho por compromiso en serio, y además preguntarle eso. No tenía el menor sentido.

Estuvo a punto de hacerlo, y de decirle que todo fue una confusión, pero algo en la mirada de la rubia lo hizo reconsiderar. Mostraba determinación, pero también había algo de miedo, y podía notar el color rojo en sus mejillas blancas.

Ella lo decía en serio.

Tragó saliva mientras pensaba en lo que le había propuesto la rubia. Ser "su novio" en realidad tampoco sonaba tan mal. Es decir, ella era popular y linda. No era tan inteligente como Light hubiese deseado, pero tampoco se podía pedir todo. Además, seguramente sería hasta que él se sienta mejor consigo mismo y su conciencia quede limpia. Luego podría botarla sin culpa alguna.

Una novia definitivamente no estaba en sus planes, pero… una promesa era una promesa.

Volvió a suspirar.- Si la rechazo solo voy a lograr que se sienta mal, y eso va a ser peor para mí…

:- De acuerdo.- lo dijo antes de que pudiese cambiar de idea.- Seré tu novio, Misa Amane.

Ella estaba preparada para el rechazo. Totalmente. Ya se había imaginado la escena completa. Seguramente Light le diría que no estaba preparado, o que había muchos exámenes por delante, y entonces le diría que eso no podría ser. Misa, igualmente, sabía que no iba a darse por vencida. E iba a seguir intentando hasta que Light la aceptara de una vez por todas.

Lo que, definitivamente nunca esperó, fue que Light le dijera que sí.

Parpadeó una, dos, tres veces. No lo creía. Parecía que estaba en el planeta de los sueños. Y se encontraba en esa parte perfecta, hermosa, de la que nunca hubiese querido despertar.

Si aquello se tratara de un sueño… claro…

Antes de que Light chequeara si siquiera respiraba, Misa se dio cuenta de que se encontraba en la vida real. Aquello era real.

Light era su novio.

Con la sonrisa más grande de toda su vida, saltó de alegría, y se abalanzó encima del castaño, mientras le daba, con todas sus fuerzas y entusiasmo, un beso en los labios.

Light estaba perplejo. No supo cómo y cuándo demonios Misa se había movido tan rápido, pero de un momento a otro la tenía encima de él. No solo eso, la estaba besando.

:- Lamento interrumpirlos en un momento tan íntimo, pero la presencia de ambos es necesaria en la oficina del director.

Se quedaron estáticos. Lo más rápido que pudo, Light se separó de Misa y se acomodó la camisa y corbata, haciendo obvio el rojo que adornó su rostro. Por el otro lado, Misa seguía en la misma posición, salvó que ahora estaba fulminando con la mirada a cierto pelinegro que se encontraba en la puerta, y quién había interrumpido su maravilloso beso con Light.

Luego se dio cuenta de que acababa de pasar.

Oh por dios. Había besado a Light.

No solo eso, era su maldita novia.

:- Lo lamento Ryusaki, nosotros, eh…- por primera vez en su vida, Light estaba sin palabras. No sabía cómo aclarar la situación. Se sentía sumamente avergonzado.

:- No tienes nada que explicarme, Light-kun.- dijo Ryusaki en su tono monótono de siempre, mientras miraba a Light, pero luego sus ojos sin vida se posaron en Misa, causándole a la rubia un escalofrío por todo el cuerpo.- Aunque deberían tener más cuidado la próxima vez, cualquier otra persona podría verlos. ¿No es cierto, Amane?

¡Maldito pervertido!- pensó la rubia mientras se mordía el labio con furia para evitar insultarlo. Ryusaki se fue, dejando a un curioso Light mirando a una furiosa Misa. Pero ella sabía que lo que dijo el pelinegro no fue solo un comentario al azar. Se refería lo que había pasado fuera de la escuela.- Oh me las vas a pagar, Ryusaki.

Miró a Light, y recordó que ahora miraba a su novio. Dios, Takada se iba a morir cuando escuchara eso. Lo había conseguido. Misa Amane había logrado su objetivo del año.

Increíble.

Le plantó rápido un beso en la mejilla al castaño, y salió dando saltitos de alegría hasta la oficina del director. Ahora sí. Ya no había nada, ni nadie que pudiese interponerse en su camino.

Ni siquiera el idiota de Ryusaki.

Y de vuelta al primer punto, ¿Por qué demonios le seguía diciendo Ryusaki?

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Por suerte, el director solo los había llamado para felicitarlos.

Al parecer, aunque Light no había ido, Misa se había retirado temprano, y Ryusaki casi ni había aparecido, el baile había resultado ser un éxito.

Así que luego de un momento incómodo en donde los tres chicos estuvieron solos, el director entró y comenzó a alardear acerca de la escuela y del gran comité que tenían. Además de hablar sobre otros proyectos para lo que restaba del año escolar.

Luego de eso, Light se excusó y el hombre lo dejó partir (¿Qué no haría por el estudiante que estaba en el cuadro de honor?), pero entretuvo a Misa y a Ryusaki por unos cuantos minutos. Más tarde, el mismo director se disculpó y les pidió que volvieran a sus respectivas clases.

Para mala suerte de Misa, como siempre, compartía la misma clase que Ryusaki.

Así que ambos tuvieron que ir caminado juntos, inmersos en un silencio incómodo, hasta que llegaron al salón.

Misa se resistió, y rezó porque el pelinegro no sacara a la luz el asunto del beso. Estaba demasiado feliz con la noticia de Light como para que él le amargara el resto del día.

No hablaron durante el corto recorrido, pero antes de que Misa entrara al aula, la voz del pelinegro hizo que frenara en seco, y maldijera por lo bajo.

:- Amane, luego de clases necesito hablar contigo.

Y con eso, el chico se fue. Pero Misa estuvo al borde de sufrir una crisis nerviosa.

¿Hablar conmigo? ¿Para qué? ¿Querrá chantajearme? Seguramente, el maldito debe querer algo a cambio. Va a ser todo lo posible para fastidiarme. O quizás… ¿acaso estará enamorado de mí? Quizás verme con Light activó su nivel de psicopatía y ahora decidió que solamente me quiere para él… ¡Oh no! ¡QUIZAS ME OBLIGUE A NO VER A LIGHT DE NUEVO! No puede hacerme eso, ¡no voy a permitírselo!

Y así estuvo.

Todo. El. Maldito. Día.

A cada clase que iba, cuando trataba de concretarse, volvía a pensar en eso, y en qué demonios iba a decirle o a pedirle, Ryusaki, y no podía prestar la más mínima atención.

No es que ella se esfuerce mucho diariamente en eso, por supuesto.

Hasta en clase de gimnasia, cuando las animadoras hicieron la pirámide, la rubia por poco no cayó de lleno al suelo.

La risa de Takada al verla fue inconfundible. Misa la fulminó con la mirada.

Oh sí, ríete mientras puedas, bruja. Pero recuerda, el que ríe a lo último, ríe mejor.- pensó, y una sonrisa diabólica se le hizo presente en los labios.- Cuando se entere las buenas nuevas, no va a estar tan contenta que digamos…

La venganza contra Takada iba a ser más fácil de lo que pensó.

Gracias a dios, educación física era la última clase que tenían en el día. Bueno, por un lado era bueno, pero por otro… que sea la última clase significaba que iba a tener que enfrentarse a lo que sea que planeaba decirle Ryusaki.

Maldición.- pensó, mientras esperaba en la entrada. No quedaba ningún alumno fuera o dentro del edificio, o eso esperaba.- Si Ryusaki decide contárselo a alguien, juro que me muero. Yo…

Se auto cacheteó. ¿Por qué demonios seguía llamándolo Ryusaki? Si se lo decía a la cara sabría que el idiota habría ganado. Había logrado que ella lo llamara por ese estúpido apodo, y él todavía seguía diciéndole Amane.

Misa se sentó en los escalones (que le traían recuerdos muy traumantes), y esperó a que el pelinegro apareciera, por al quince minutos.

¿Dónde demonios está?

Estaba a punto de levantarse e irse a su casa, ya resignada, cuando una cara y una voz familiar la hicieron detenerse:

:- ¿Misa?- preguntó un atolondrado Matt, quien parecía haber estado corriendo. Unas gotas de sudor adornaban su rostro.- ¿Qué estás haciendo aquí?

:- ¡Matt!- exclamó Misa con alegría, y tuvo que resistirse a abrazarlo. Hacía bastante tiempo que no hablaba con el pelirrojo, y podría decirse que había llegado a extrañarlo.- Podría hacerte la misma pregunta, chiquillo…

Él estaba a punto de decir algo, cuando un grito los interrumpió a ambos. Este iba seguido de una cabeza rubia y de varios insultos. Misa tuvo que resistirse de soltar una risita cuando Mello apareció detrás de Matt, con la cara llena de harina, y una expresión completamente asesina.

:- ¿Qué parte de "espérame" no entendiste? ¡Idiota!- Mello parecía a punto de matar a su amigo, y Matt lucia bastante alarmado. Sabía que el rubia no poseía mucho autocontrol, si se enojaba lo mejor era estar lejos de él.

:- ¡Mello, la cocinera estaba a punto de entrar!- gritó el pelirrojo.- Si nos quedábamos iba a vernos. Además, es tu culpa que se te cayera el saco de harina encima, no mía.

Mello gruñó. Al parecer, las palabras de Matt solo habían logrado enfurecerlo.- ¡¿Entonces decides que es a mí al que tienen que encontrar allí?! Te juro Matt, si L se llega a enterar de esto, tú te hundes conmigo.

Misa, quien había perdido interés en la conversación, se giró rápidamente hacia los chicos cuando escucho esa palabra salir de los labios del rubio.

¡L! Por dios, tanto tiempo había pasado concentrándome en el baile que no seguí la pista sobre él. Esta tal vez es mi oportunidad. Al diablo con lo que el idiota de Ryuga tenga que decirme.

Sin embargo, los chicos se habían dado cuenta también del error de Mello. Rápido, Matt trató de taparlo, pero no dio resultado. Misa ya había empezado a hacer millones de preguntas, y ambos se vieron completamente acorralados.

Estaban ideando un plan de escape, cuando una voz conocida los interrumpió a los tres:

:- Amane, creí que te dije que tenías que ser puntual.- Misa se giró para encontrarse cara a cara con Ryusaki, pulgar en la boca, mirándola un tanto divertido. Antes de que Misa se diera cuenta, observó a los dos chicos y les dio un claro mensaje silencioso: Largo de aquí.

Ellos se miraron con preocupación, pero no tardaron en seguir las órdenes de su mentor. Puede ser que solo le lleven tres años, pero L podía ser completamente aterrador cuando quería, y ninguno de los buscaba conocer esa faceta del futuro detective. Rápido, giraron sobre sus talones y se dirigieron al estacionamiento, donde seguramente estaría Watari esperándolos.

Misa, al darse cuenta de que los dos chiquillos se estaban escapando, comenzó a gritarles que volvieran. Y, al darse cuenta que eso no estaba dando resultado, ignoró completamente al pelinegro, tomó su mochila y se preparó para salir tras ellos, cuando la voz del idiota volvió a hacerla congelar:

:- ¿Qué ganas persiguiendo a unos niños, Amane? Por lo que veo, ya no están interesados en gozar de tu compañía.- mordió su pulgar, y con un tono burlón, comentó.- Bueno, pensándolo bien, no estoy seguro de quien gozaría de ella…

Misa apretó los puños y lo miró con odio. Pero no iba a caer en su trampa para hacerla enojar. Siempre era lo mismo, y ella salía perdiendo. Se acomodó la mochila en el hombro y lo miró impaciente.- ¿Qué demonios quieres?

:- Lenguaje.- corrigió él, mientras se metía las manos en los bolsillos.- ¿O necesitas también una lección de buenos modales?

La rubia rodó los ojos.- Me dijiste hoy que necesitabas de hablar conmigo. Así que vamos, di lo que tengas que decir sobre lo que pasó, no tengo todo el día.

Ryusaki la miró confundido mientras abría su mochila y sacaba un libro. Misa lo examinó atentamente, y se dio cuenta que se trataba de su cuaderno.

:- No sé a qué te refieres, Amane.- le entregó el cuaderno.- Lo dejaste en la oficina del director, y, como persona educada, lo menos que podía hacer era devolvértelo.

Misa se sintió como una completa idiota, aunque aquello no era algo nuevo. Cada vez que hablaba con el chico terminaba sintiéndose así. Pero esta vez en serio su mente le había jugado una mala pasada.

Si solo quería devolverme el estúpido cuaderno… entonces… ¿de verdad no le importó lo del beso?

Misa se lo quedó mirando un rato luego de guardar el libro en la mochila, así que cuando sus negras órbitas hicieron contacto con sus ojos azules, no pudo evitar el leve rubor que apareció en sus mejillas. Odiaba completamente ese efecto que tenía sobre ella. La hacía sentirse como una tonta, siempre.

Él se colocó su mochila, y antes de avanzar hasta la esquina, habló:

:- Amane…- le dijo, aun de espaldas a la rubia. Ella no se atrevía a darse vuelta para mirarlo.- Si sabes cómo lograr que no te descubran, es decir, no hacerlo en el salón del consejo de estudiantes.- la rubia estuvo a punto de refutar pero la interrumpió.- Entonces no me molestaría repetirlo. Eso es lo que tengo que decir acerca de lo que pasó.

Luego de eso, siguió su camino. Para cuando Misa giró ya no se encontraba por ningún lugar.

¿Qué había sido eso exactamente?

En serio, este chico iba a ser que tuviese un dolor de cabeza crónico.

Primero hace como si el beso nunca sucedió, ¿y ahora sale con que no le molestaría repetirlo?, ¿Qué rayos está mal con él?

Seguro está tratando de jugar conmigo. No tengo que prestarle atención.- pensó Misa, mientras tomaba el camino más corto hacia su hogar.

Las estupideces de Ryuga podían esperar. Ahora Misa tenía a Light como novio, y, definitivamente no iba a desechar una oportunidad como esa. Iba a aprovecharla al máximo.

Púdrete Ryusaki.

Ya verás cuando consiga mi venganza, y lo lamentarás.


Lo lamento para los que no habían encontrado el capítulo. Hubo unos problemas técnicos, pero aquí está.

- Vigigraz