Editado 19/12/17
Death Note no me pertenece.
"Quiero ser el mejor, no importa lo que se necesite. Seré el número uno"
- Mihael Keehl.
Capítulo 11:
Él sabía que estaba en problemas.
Bueno, conociendo a Mello, la mayoría del tiempo se encontraba en problemas, así que esto no era ninguna sorpresa para él.
Pero la mayoría del tiempo, también, lograba solo tener un castigo de Watari, o cuando estaba en la Wammy's House, de Roger. Ahora, lamentablemente, L había presenciado su acto de "vandalismo", como solía llamarlo el hombre mayor, y Mello estaba muy seguro de que el futuro detective no iba a pasar por alto ese pequeño incidente.
Se subió a la camioneta, seguido por Matt y se concentró en mirar por la ventana, hasta que su ídolo llegara y le diese su castigo.
No iba a poder zafarse de esta.
:- Joven Mello, si me permite preguntar, ¿por qué tiene toda la cara cubierta de lo que parece ser… harina?
Matt aguantó la risa mientras Mello rodaba los ojos ante la actitud de su amigo, y le daba un puñetazo en el hombro.
:- Ouch, ¡eso dolió!- el rubio volvió a rodar los ojos y miró por la ventana.- Si no me hubieses abandonado, esto no habría pasado. Es tú culpa, y por lo tanto, no tienes derecho a reírte de mí; acepta las consecuencias.
Matt bufó, y como Mello decidió no volver a hablar, le contó a Watari sobre lo ocurrido. El hombre mayor sonrió mientras miraba al chico rubio por el espejo retrovisor. Desde pequeño se vivía metiendo en problemas, y no parecía querer cambiar. Por lo menos no por ahora.
Mello, sin embargo, no hizo ningún comentario mientras Matt explicaba. Siguió inmerso en sus pensamientos.
No había sido una tarea complicada, y no podía entender por qué, entonces, había salido tan mal.
Solo eran tres malditos pasos. Entrar, tomar todo el chocolate en barra, y salir.
Bueno, por supuesto no contó con que el chocolate se encontrara en la repisa más alta, haciendo que Mello tuviese que trepar para alcanzarlo, y, en consecuencia, que se haya volcado todo un envase de harina encima.
Y tampoco había contado con que el idiota de su compañero iba a abandonarlo. Si Matt hubiese seguido con él, seguro habrían salido más rápido y L no los hubiese cachado.
Si no fuera porque se encontró con Amane, nosotros seguro…
El recordatorio de Misa Amane hizo que una lamparita se encendiese en lo más profundo de la cabeza del rubio.
Es cierto, si Misa no hubiese estado allí, ellos habrían escapado más rápido, y L no los habría atrapado in fraganti. Pero había otra cosa que a Mello le preocupaba, además de eso…
El hecho de que se le haya escapado la simple mención de L era una de las cosas que le preocupaba; bastante. Se había salvado porque, irónicamente, el mismo pelinegro sobre el que Amane preguntaba había logrado que los chicos tuviesen el tiempo suficiente para escapar. Pero tenía que ser más cuidadoso, no podía dejar que eso se le escape otra vez. Misa era tonta, pero si no se cuidaba, en algún momento ella iba a terminar dándose cuenta de la verdad.
Y, el otro punto, eran las intenciones del futuro detective para con la chica.
Había quedado claro que ella era como su juguete personal, su experimento, eso no se cuestionaba. Pero muy profundo, Mello temía que Misa Amane terminara siendo más que eso para L. El rubio no podía permitirlo. Él nunca le había dedicado el tiempo que le dedica molestando a la rubia a cualquier otra cosa, salvo sus casos; era demasiado inusual en él.
¡Hasta la rata blanca estaba de acuerdo con lo que él decía! Era una situación demasiado extraña y comprometedora…
:- ¿Mello?- el rubio giró para ver a su amigo, inmerso completamente en su videojuego, pero aun así haciéndole una pregunta.- ¿Acaso estás pensando lo mismo que yo?
:- ¿Qué, Matt?- odiaba que el pelirrojo hable en esa clase de trabalenguas. Que vaya al maldito punto y ya…
Matt puso su juego en pausa, y miró al rubio con una sonrisa.- Creo que no soy el único que piensa que la situación de L y nuestra querida Misa no es solo un juego, ¿verdad?
Imposible. Parecía que acababa de leer su maldita mente. Pero incluso así, Mello no iba a darle la razón. Admiraba demasiado a L como para hacerlo quedar mal. Menos en frente del idiota de Matt.
:- Por supuesto que no, Matt. L es un genio, y sabes que él no tiene tiempo para esas cosas estúpidas y triviales...- dijo Mello, mientras se cruzaba de brazos, restándole importancia al asunto.
Matt negó con la cabeza pero la sonrisa seguía presente en sus labios.- Lo que digas, Mello… pero recuerda amigo, nadie se escapa del amor.- el rubio bufó.- Si no me crees, te propongo un trato…
Esto llamó la atención del rubio. Mihael Keehl no rechazaba un trato si podía salir beneficiado. Nunca.
:- Si para fin de este año, Misa y L están juntos, vas a comprarme el nuevo videojuego de Mario Flash.
:- Pero si no lo hacen, tú me comprarás la caja que viene con cien barras de chocolate importadas de Suiza.
: Trato.- terminó el pelirrojo, y ambos se dieron la mano. Cada uno riendo internamente y con una sonrisa pícara en el rostro.
Mello sabía que Matt iba a perder. Misa y L era solo imposible.
Ya podía saborear esas barras de chocolate en su boca…
Matt, por el otro lado, estaba aguantándose la risa. De verdad Mello no tenía ni idea, pero esta apuesta la iba a ganar él.
El juego de Mario ya estaba a menos de un año de distancia.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
L se sentía extraño.
Se había subido a la camioneta sin inmutarse para nada en los dos chiquillos que esperaban impacientemente sus castigos.
En cambio, el pelinegro se dedicó a mirar por la ventana, hundido en sus pensamientos, mientras Watari conducía hasta su hogar.
Pero extraño no era suficiente para describir su estado actual. Y lo peor es, que también se sentía frustrado al intentar buscar otras palabras para poder diagnosticarse, y no encontrar ninguna.
No dijo una sola palabra en todo el viaje, y Mello y Matt habían empezado a preocuparse. No entendían si los estaba ignorando para luego castigarlos, o cual era su estrategia en ese momento. No saberlo los desconcertaba. Más a Mello, quien en realidad estaba un poco aterrado acerca del veredicto de su mentor.
L, mientras tanto, seguía tratando de debatir qué demonios le había pasado por la cabeza para hacer lo que había hecho unos instantes atrás.
No tenía sentido.
Le había dado el cuaderno, y estaba a punto de doblar en la esquina, cuando algo le dijo que debía frenar. Algo lo llevó a acercarse de nuevo a Amane y decirle esas cosas impulsivas. Y eso lo estaba volviendo completamente loco.
Porque aún no tenía la menor idea de qué se trataba ese algo.
Él era racional: pensaba antes de actuar; todo el tiempo. Sin embargo, esta vez había sido diferente. Y no podía reconocer el porqué de eso, exactamente.
Y lo estaba irritando bastante.
Cuando llegaron, Watari bajó de la camioneta, dejando a los otros dos chicos con el pelinegro, quien aún no se había movido de donde encontraba sentado.
Matt y Mello se miraron preocupados, ¿acaso L se había olvidado de lo que habían hecho?
:- Yo que ustedes no me movería de aquí, tenemos bastante de que hablar.- comentó un distraído Ryusaki, mientras bajaba de la camioneta y se fijaba en los otros dos, que habían planeado retirarse en silencio, pero no les había dado resultado.
Demasiado bueno para ser verdad…- pensaron ambos, mientras se preparaban mentalmente para el castigo que les iba a asignar el pelinegro.
:- ¿Podrías explicarme, Mello, por qué tu cara está llena de lo que parece ser harina?- preguntó L mientras se acercaba al rubio, y con un dedo, sacaba un poco de la sustancia que aún quedaba en la cara del rubio.
:- Bueno, yo…- Mello no quería tener que explicarlo de nuevo. Le dirigió una mirada a Matt para que lo ayudara, pero el pelirrojo se encogió de hombros. Así que vas a dejarme solo de nuevo, ¿eh? Maldito perro, y te haces llamar mi amigo…
L negó con la cabeza mientras se limpiaba el dedo sucio en su camiseta. Aunque estaba con los chicos, su mente seguía vagando por otros lugares, pensando en porque había actuado de esa manera con Amane. ¿Acaso había sido instinto? Tal vez la tentación de burlarla había sido demasiado alta y entonces no pudo resistirse.
No se le ocurría otra cosa.
Solo debo estar aburrido.- pensó este, mientras se mordía el dedo pulgar.- Eso es. Me gusta burlar a Amane de esa manera, y sumado a que no he tenido un caso en varias semanas, estoy más aburrido de lo normal…
Por lo tanto, su mente, indirectamente había hecho que él regresara y provocara a Amane de esa manera que la volvía confusa y molesta. Para Ryusaki eso era muy placentero. Y, en este momento, ella era su objeto de diversión. No había ninguna otra explicación que lo convenza de lo contrario.
Con una pequeña sonrisa en los labios al saber que había resuelto su propio acertijo, miró a los otros dos chicos, quienes parecían estar teniendo una pequeña pelea en voz baja, y decidió que ya era tiempo de intervenir.
Agarró a ambos de los hombros, causando que ellos guardaron silencio. Ryusaki pensó un momento, y luego de unos cinco segundos, ya tenía su veredicto:
:- Tendrán que limpiar toda la casa por una semana.- ambos estaban a punto de protestar, pero él los interrumpió.- Es lo menos que pueden hacer por esa clase de actos criminales. Claro, a menos que quieran volver a Inglaterra. Saben que puedo conseguirles un vuelo a ambos para mañana temprano…
Una oleada de satisfacción lo invadió cuando vio las caras de miedo de ambos al mencionar Inglaterra. Luego de eso, Matt más calmado y Mello con cara de berrinche, se retiraron dentro de la casa, mientras Ryusaki sufría gran urgencia por comer un pastel de fresas.
A él mucho no le gustaba tener que tratar con los chicos cuando hacían de sus maldades. Siendo sinceros, no le gustaba tratar con ellos y punto. No es que fueran personas con las que no soportaba estar, como varios en esa escuela a la que iba, si no que prefería la soledad, y no se sentía cómodo tratando con las personas, en general.
Salvo con Watari; él era una excepción.
Entró a la casa, y luego de pedirle a la cocinera una porción de pastel, se dirigió a su oficina, en la que tenía todos los casos provenientes de Japón.
Si quería dejar que su mente sea controlada por ese algo que le hizo ir a provocar a Amane, necesitaba un buen caso para distraerse. Así su mente estaría en otro lado, y ya no tendría nada más de que preocuparse.
:- Joven L, ya es la hora del té.- comentó su fiel amigo y cuasi padre, entrando a la oficina del adolescente, mientras cargaba una bandeja con té y la porción de pastel que este había pedido. Luego de oler la harina en la cara de Mello, su estómago no había tardado nada en comenzar a rugir.
Su adicción a lo dulce tenía que ser controlada en la escuela. Pero en su casa era algo completamente diferente. Podía comerse cuatro pasteles enteros, y nadie le diría nada. Todos conocían sus extraños hábitos alimenticios, y ninguno se quejaba; nunca. Era lo que lo mantenía con vida, después de todo. Completamente indispensable.
:- ¿Tienes algo nuevo para mí, Watari? Ya resolví la mayoría y me estoy aburriendo…
:- ¿Acaso el consejo no le sirvió de nada?- preguntó el mayor, curioso. El primer mes de clases Ryusaki se había unido al consejo estudiantil, esperando que eso también sirva como una distracción. Por lo visto no había dado el resultado que el joven esperaba.
El futuro detective lo meditó un momento. El consejo era una actividad extra, pero no necesitaba de todo su intelecto para resolver los problemas en los que se involucraba. Aunque este allí, quedaba con muchísimo tiempo libre. El cual tenía que aprovechar de alguna manera.
Negó con la cabeza, y Watari comenzó a revisar algunos archivos que tenía de hace dos semanas, a ver si podía encontrar algo nuevo para el joven pelinegro.
:- Tengo algo registrado aquí, en la región.- comentó el viejo, mientras L se deleitaba con la porción de pastel, y comenzaba a jugar con los cubos de azúcar, apilándolos en una torre al lado del té.- Se han encontrado tres víctimas, mujeres, que han muerto por la misma causa. Se sabe que los tres casos fueron homicidios, pero aún no han podido encontrar al responsable.
:- ¿Desde hace cuánto tiempo comenzó a matar?- preguntó Ryusaki, mientras comía uno de los cubos.
:- Unas dos semanas. La primera víctima fue encontrada en la azotea de un edificio, el cinco de mayo.
:- Muy bien Watari, déjame los documentos y yo me encargaré desde allí. Muchas gracias.- el hombre mayor asintió mientras juntaba las cosas para retirarse. Había un tema que había querido tocar, pero que no se había atrevido a hacerlo:
Misa Amane.
Había escuchado la pequeña apuesta entre Matt y Mello, y eso solo había causado que se incrementen sus sospechas. Pero aún no podía decir nada. No quería molestar a su hijo con algo así en ese momento.
Tendría que esperar a que terminara de resolver el caso.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Solo le había tomado unas tres horas encontrar al culpable.
Era bastante predecible. El asesino resultó ser uno de los ex novios de la tercera víctima. Las otras dos habían sido solo un experimento, para ver cuál manera era la mejor para torturar al verdadero objetivo antes de su muerte.
La clase de asesino que uno ve todos los días…
Luego de sacar el nombre del culpable, L se lo comunicó a la policía japonesa. Ya habían hablado con el anteriormente, debido a los casos que había resuelto anteriormente. Por lo que, luego de ver los antecedentes del sospechoso, no dudaron en arrestarlo. Felicitando y agradeciendo la colaboración de L, nuevamente.
Había hablado con el jefe de la policía japonesa, una persona que le pareció bastante familiar, más por su apellido. Había estado en el hospital hace poco, pero ahora estaba mejor y había vuelto a trabajar.
El señor Soichiro Yagami.
La curiosidad había tomado lo mejor de él, y en una rápida búsqueda, pudo verificar que había estado en lo cierto. El jefe era sin duda el padre de Light.
Hasta tenía un montón de fotografías de él junto a su hijo. Y luego de Light sin su padre, con información sobre él incluida.
Al ver esas fotografías, no pudo evitar que ese algo volviese a molestarlo. El aburrimiento ya lo estaba consumiendo, y ver fotos de Light no ayudaba para nada. Le recordaba a cierto incidente que había visto hoy, el cual involucraba, también, a una rubia insoportable llamada Misa Amane.
También se había sentido extraño en ese momento. Sus instintos habían reclamado que Ryusaki hiciera algo al verlos besarse, ya que sentía que lo que había visto no estaba bien. Como si quisiera que Misa no estuviese haciendo eso con Light, luego de que él mismo la había besado. Era algo egoísta y sin sentido. Y Ryusaki se sentía molesto consigo mismo al si quiera considerar algo como eso. Era un hipócrita.
Pero, como siempre, había actuado calmadamente, y logró domar esas… emociones… o lo que sea haya sido eso.
Aunque tardó demasiado en hacerlo en el momento en el que besó a Amane por primera vez.
En realidad, cuando ella lo había besado por primera vez a él.
Tal vez eso era lo que hacía que la rubia le llamase la atención. No tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar, y Ryusaki estaba muy acostumbrado a poder leer a la gente, así le era mucho más fácil manipularla.
Sabía cómo era Misa. Simple, tonta. Sin embargo, solía actuar de tal manera que le hacía cuestionar si en verdad la había leído bien, o solo era un método para hacerlo pensar eso, y en realidad era ella la que estaba jugando con él. Y l llevaba la mano delantera.
Lo del beso fue algo que no había planeado. Y se cuestionaba si Misa lo había pensado previamente, o si fue un impulso, como los que él estaba teniendo recurrentemente, que ella tampoco había podido controlar.
Lo cual era poco ortodoxo, considerando que según ella, me odia.-pensó el pelinegro, mientras se devoraba la cuarta porción de pastel.
Llegó a la conclusión, luego de estar bastante tiempo debatiendo consigo mismo, que Amane era una persona bastante peculiar. Y que él estaba interesado en estudiarla, y de molestarla, en el proceso.
Y el beso solo había intensificado ese deseo. Deseo de aprender, de conocerla, de hacerla enojar más, y de ver sus reacciones en todo momento.
La manera en la que él no había logrado controlarse le daba varios puntos a Misa. Había logrado tener algo de poder sobre el detective. Y también estaba haciendo que sintiera ese algo, que no le gustaba en absoluto.
Bien hecho Amane, pero que ganes una batalla no te garantiza la victoria en la guerra.- pensó con una pequeña sonrisa, mientras llamaba a Watari.
Él no era una persona que mentía a menudo. Solo cuando era necesario. Y reconocía que cada palabra que le había dicho a Misa antes de subir a la camioneta había sido nada más que la verdad.
No deseaba volver a verla llorar, pero no le molestaría para nada volver a besarla.
Si me odias y terminamos así, quien sabe qué pasará cuando ya no te sientas de esa manera, Amane-san…
Tal vez Misa Amane no era un oponente tan débil como el pelinegro había pensado.
Iba a ser un año bastante divertido, en su no tan humilde opinión.
.-.-.-.-.-.-.-.-.
:- Lo lamento, para ya hemos contratado una modelo. No vamos a necesitar de sus servicios, muchas gracias.
:- ¿Cómo sabes que ya la contratamos? Aún no hemos firmado nada…
:- Solo es un presentimiento.- comentó Shingo Mido, mientras terminaba la llamada, y tomaba asiento en uno de los sofás que había en la oficina de su amigo y compañero de trabajo, Reiji Namikawa.
:- Lo que digas…- comentó el pelinegro, y Mido rodó los ojos. Siempre encontraba alguna forma de burlarse de él, no importara cual fuese.- Seamos sinceros, Mido, ¿qué te hace pensar que Misa Amane es la indicada para ser la nueva integrante de PopTeen?
:- ¿Acaso no tuvieron la entrevista ya, Reiji?- el hombre sonrió.- Y oí que en la sesión de fotos le fue muy bien. Con esos dos factores ya resueltos, es más que obvio que va a formar parte de nuestro equipo.
Namikawa sonrió con burla hacia su compañero mientras tecleaba unas cosas en su computadora.- ¿Nuestro equipo? ¿Desde cuándo ella trabajará con nosotros? ¿O contigo, básicamente?
:- Cállate.- dijo el castaño, mientras su compañero estallaba en risas. – Ella es muy buena, y lo sabes.
Reiji se encogió de hombros.- Hay mejores. Pero se ve que a ti si te ha gustado, ¿verdad?
Mido trató de ignorarlo, pero su compañero lo miró insistente. Podía ser insoportable cuando se proponía a algo.- Ve a trabajar y déjate de tonterías.
:- Solo porque no quieres admitir que te gusta no significa que tengas que descargarte conmigo, compadre.- comentó el pelinegro, arreglándose el cabello.
Mido se levantó de donde estaba sentado, y resistió el impulso de pegarle a su amigo. Después de tanto años… a veces le entraban dudas de porque lo consideraba casi como familia, en verdad.
:- Es menor, Namikawa.- dijo, con un tono sombrío. Odiaba que se metiera en su vida privada, más cuando comenzaba a hablar idioteces sin sentido.
:- ¿Y? Dudo que le falte tanto para llegar a una edad razonable. Mientras tanto…- Shingo se rindió; ya no iba a poder discutir con él. La mayoría de las veces lo dejaba hablando solo, o le daba la razón solo para no tener que escucharlo. Pero ahora se estaba pasando de la raya.
Es decir, si, Misa Amane era una chica bonita. Y por lo poco habló con ella también parecía simpática. Pero era solo una adolescente, y a todo eso, seguía siendo menor. Mido nunca se arriesgaría así, por más que le guste demasiado.
Aunque ese no era su caso, por supuesto.
Además, una chica tan linda como ella seguro tendría novio, más a esa edad…- comenzó a pensar, mientras Namikawa seguía hablando sobre que las edades eran solo un número, y que eso no importaba en una relación… cosas sin sentido que el castaño no necesitaba, ni quería escuchar.
:- Oye, creo que esto puede llegar a interesante.- comentó Reiji y Mido lo escuchó, aun desconfiado. Por lo que sabía podía tratarse de una broma, como siempre.- Recibí un correo de la supervisora en imagen. Tu querida Amane fue aceptada. Ya es una de las modelos.
Mido sonrió, pero no podía decir que no lo había visto venir. Era más que obvio que Misa iba a quedar como modelo, podía decirlo como directivo profesional. La chica tenía talento.
:- ¿Quieres ser el que le de las buenas nuevas?- le dijo su compañero, y él lo miró extrañado.- Me pasaron su número de teléfono. Si no lo haces tú lo haré yo, así que apresúrate.
El castaño rodó los ojos y marcó el número que le dictaba el otro hombre. No quería admitirlo, pero estaba un poco nervioso. Tampoco iba a decir que los estúpidos comentarios de Namikawa no le habían afectado en nada; porque sería una completa mentira.
:- ¿Hola?- preguntó una voz inocente, del otro lado de la línea. Y Mido no pudo evitar sonreír.
:- ¿Misa Amane? Soy Shingo Mido, de la revista PopTeen, le tengo muy buenas noticias…
Tal vez en algunos años, quien sabe. Namikawa tampoco suele equivocarse en sus predicciones, aunque me cueste admitirlo.
Estoy bastante segura que en un capítulo coloqué una nota al pie y al final no logré aclararlo. Si no es así, no lean esto, y disculpen el comentario:
*aquella escena de Ryusaki rechazando un abrazo la saqué de un comic que estoy bastante segura es cannon.
Gracias por leer,
-Vigigraz.
