Día dos:

Al despertar, todo mi cuerpo se invadió de una pereza difícil de describir. No había nada en este mundo que me motivara a levantarme de la cama y caminar de vuelta a ese aborrecible lugar llamado "escuela".

-¡Thomas! Cariño, tu desayuno está listo, date prisa o llegarás tarde

-Mamá, francamente nadie, excepto yo, se toma en serio esto de la puntualidad

-Thomas, no voy a discutirlo. Las personas exitosas son las que llegan a tiempo a sus deberes. Anda, baja ya a desayunar.

-mmh…

Con paso lento y sin siquiera arreglarme el cabello bajé perezosamente hasta el comedor. Me tomó menos de medio segundo recordar porqué ayer había sido tan mal día.

-buenos días...- Dijo Jerry apenas mirándome.

Creo que dijo algo más, pero yo no escuché, pues en cuanto lo miré volví a subir las escaleras camino a mi habitación.

-Avísame cuando él se haya ido. No voy a bajar hasta que ese niño cara de rata desaparezca de mi vista.

-Oye! A quién llamas rata?!- Gritó enojado. Mi madre entonces me dijo algo, pero yo ya había cerrado la puerta.

Procedí entonces a vestirme, lavarme y cepillarme para hacer tiempo en lo que ese molesto individuo hubiera salido de mi casa, lo cual sucedió

unos diez minutos después.

Mi madre entonces subió las escaleras hasta mi habitación.

-Thomas, baja ya por favor. El pobre de Jeremy se acaba de ir... Deberías avergonzarte de tratar así a una visita.

Y tú deberías preguntarle a tu hijo si está de acuerdo con la idea de tener personas indeseables en su casa y forzarle a convivir con ellas.

Ella no dijo nada. La escuché bajar las escaleras y entonces volví a sentirme como un idiota. Ella no era la culpable de que la inmensa mayoría de las personas me parecieran indeseables, estúpidas y molestas. Sobre todo esta personita en particular.

Bajé las escaleras, tomé mi desayuno en silencio mientras ella leía el periódico sentada a mi lado. Terminé, y luego la besé en la mejilla como siempre solía hacer cada vez que metía la pata. Entonces salí de la casa y me encaminé con paso apresurado

hacia la parada.

Allí, esperando el autobús había varios muchachos, y la mata castaña de Jerry resaltaba a pesar de ser algo más bajo que ellos. Procuré ubicarme entonces varios centímetros de distancia, sin embargo no me fue posible evitar que él también me viera.

-oye...-

-¿Me estás hablando a mí?- Respondí secamente cuando él ya se las había arreglado para quedar justo a mi lado.

-Si, verás, sé que no te agrado... Y tú tampoco me agradas, pero en verdad creo que...-

-Escucha, sea lo que sea, honestamente no me importa lo que tengas que decir. De hecho, no me importa nada que tenga que ver contigo. Si ya te has dado cuenta de que no me agradas bien por ti, porque es lo único que vas a saber acerca de mí y de mis asuntos.

Sólo mantente alejado y no habrá motivo para que salgas perjudicado.-

-Wow, ¿Tanta hostilidad por una tonta broma?

No pude responder a la pregunta pues justo un instante después llegó el camión.

La broma de la dinamita poco tenía que ver con mi repulsión hacia aquel sujeto. Era simplemente que algo en él me era insoportablemente irritable, y no era capaz de saber qué era. Es casi como si la naturaleza me obligara a odiarlo.

Algo en él me incomodaba casi hasta el punto de la locura, y el hecho de tenerlo en casa empeoraba la situación. Por suerte, ese maldito estaba por pedir su cambio y no tendría porqué aguantar su presencia por más tiempo y yo podría volver a estar tranquilo. Al menos en la

medida que la secundaria lo permitiera.

El autobús comenzó su marcha y no pasó mucho tiempo cuando la molesta voz del repulsivo Spike resonó en su interior.

-¡Hey tú, el de la chamarra café!-

-¿Quién, yo?- Preguntó Jerry. Al parecer el enano ahora iba a tener una pequeña probada de la miseria que yo me tengo que tragar día con día, pensé.

-¡Si, tú! ¡El pigmeo! Dime, ¿quién es enano, inútil y nuevo?

-¿Tu pene?- Respondió el chico con una pícara sonrisa en los labios, mirando sin miedo alguno al grandulón que tenía enfrente.

El bullicio en el autobús desapareció, dejando en su lugar un profundo silencio y miradas espantadas sobre Jerry. Todos sabíamos lo que pasaría a continuación.

"Bueno, esta es la parte donde lo golpea" pensé. Una sonrisa inconsciente destelló en mi rostro, pensando que al fin la suerte había terminado para el pequeño diablillo. Pero luego, algo que nadie esperaba sucedió.

-HAHAHAHA!-

El gordo Spike reventó en una escandalosa carcajada que tomó a todos por sorpresa. Jerry a su vez respondió con su risita aguda y yo estaba con la boca tan abierta que casi pude jurar que mi mandíbula tocó el suelo.

-¡Este chico es de los míos! Hahaha, excelente, ¡dijo pene! Hahaha... Amigo, ¿cómo te llamas?

-Puedes decirme Jerry. Jerry Brown.

-Pues bien Jerry, júntate con nosotros en el almuerzo y repite ese chiste. Oh, mis amigos se van a orinar de risa.

-¡claro! Será divertido. Amm... ¿Y tú eres...

-Me llaman el gran Spike. Pero tú puedes decirme Spike.- Dijo dándole su inmensa manopla.

Todos allí nos quedamos perplejos. Spike tenía amigos, si. Pero Jerry definitivamente no encajaba en los estándares de los gordos y enormes patrones que definían a estos camaradas.

"Tal vez necesita a alguien para sentirse menos estúpido" Me dije, mientras me mordía el labio inferior con profunda frustración.

¿Qué carajo tiene el universos en mi contra?

Finalmente llegamos a la escuela. Yo me disponía a sacar unos cuantos libros de mi casillero cuando vi que a unos diez metros de distancia estaba ella, la bellísima Blanca, inclinándose deliciosamente tratando de recuperar uno de sus libros que había

resbalado de sus manos. Yo me apresuré a ayudarle, pero apenas había logrado llegar hasta ella cuando…

-Yo te lo levanto linda, no te aflijas.-

-Oh, muchas gracias lindura. Jerry verdad? –

-A tu servicio – Respondió el insufrible enano mientras saludaba a Blanca a la francesa besando su mano.

Yo estaba allí, a unos pocos centímetros de distancia y no podía pensar en otra cosa que no fuera aplastarlo con un mazo... Ojalá hubiera tenido uno. Era claro que todo aquello lo hacía con la única finalidad de molestarme. De pronto algo llamó

mi atención…

Los tirantes que colgaban de la mochila del chico estaban descansando dentro de la superficie del casillero 34. Un leve empujón y la puerta se cerraría, dejándolo atrapado allí, pues obviamente ningún estudiante que se respete se atrevería a entrar a clases sin su mochila. La oportunidad de venganza era demasiado tentadora como para dejarla ir.

Jerry continuaba charlando animadamente con Blanca, y estaba tan inmerso en sus encantos que no notó cuando yo pasé a su lado y dando un leve empuje a la puerta metálica la cerré dejando los tirantes de su mochila atrapados. Me invadía la curiosidad por ver su reacción al verse allí, atado al sucio casillero, pero desgraciadamente la alarma ya había sonado.

Las clases comenzarían en breve, así que lo que sea que fuera a ocurrir debí de dejarlo a mi imaginación. Algo era seguro; el engreído mocoso no iba a llegar a tiempo a la siguiente clase.

Y tenía razón.

El examen sorpresa que encontré sobre cada uno de los pupitres era algo que ya me esperaba, pero claramente mis bobos compañeros no. Los reclamos no se hicieron esperar.

-Pero señor Yogui, ¡éste tema no lo hemos visto!-

-Butch, este tema lo vimos ayer, incluso dijiste que era ridículo que existiera el boliche en la Edad de Piedra porque no había zapatos para eso.

- Pff... Esto es tan injusto... Oye Thomas! Hey!

Estaba más que acostumbrado a ayudar a Butch en todo lo que tuviera que ver con la parte académica de la escuela, pero ese día no andaba de humor.

-Butch, no voy a pasarte nada

- ¿cuál es la cinco?- susurró

-¿Qué no me oíste?-

- La c.i.n.c.o

- Si te escuché. No sé

-No la once, la CINCO

-AGH, YA CÁLLATE!

-Señor Thomas! Si vuelve a hablar, retiraré su examen y anularé su calificación

-Disculpe Sr. Yogui, es que...

PAZ!

En ese momento la puerta se abrió de golpe.

El pequeño Jerry entró con media mochila arrastrando, con los tirantes hechos trizas, algunos libros sobre su espalda, y dos libreta en sus dientes. Apenas y podía mantener el equilibrio.

-Señor Jeremy Brown, llega usted 15 minutos tarde. ¿Cómo justifica usted este tremendo acto de informalidad?

Jerry, a pesar de las dos libretas en su boca, se las arregló para tratar de "justificarse".

-esfque me quefé afobabo e e cafibero, y bo bofía fafib...-

-Señor Jeremy, por favor tome asiento, quítese eso de la boca y luego hable.-

-fi feñor...

Jerry estaba pasando justo a mi lado para tomar su lugar, y honestamente aún no entiendo porqué hice lo que hice…

Con gran esfuerzo y sorprendente equilibrio, debo decirlo, el enano se encaminaba con mucho cuidado hasta su lugar. Estaba tan concentrado que jamás notó el momento en que le metí el pie. La caída resultó ser la más estrepitosa que vi en mi vida.

Todos los libros, libretas y lápices volaron, e incluso los alumnos que estaban alrededor tuvieron que cubrir sus cabezas para evitar ser descalabrados por alguno de ellos. El señor Yogui no tuvo tanta suerte, pues uno de los libros más voluminosos cayó

sobre su adorado almuerzo haciéndolo papilla, y si hay algo que jamás debes hacer es meterte con el almuerzo del señor yogui.

Jerry se levantó deprisa, mirando temeroso alrededor,como evaluando la gravedad del desastre... Él volteó a verme. La expresión en su rostro era tan patética que simplemente no me fue posible contener una maliciosa sonrisa de satisfacción. Rayos, jamás

pensé que joder a alguien se sintiera así de bien.

¿Debería sentirme mal o culpable?

Honestamente no lo sé, pero lo cierto es que en ese momento no pensé en ello.

El señor Yogui aún seguía mirando su canastilla con el almuerzo como si se tratara de un difunto amado. Imagino que el desgraciado de Jerry no sabia ni cómo empezar a disculparse.

-amm... Maestro, yo lo lamento... ¡Tom fue el que...!

-¡ESTÁS REPROBADO Y EXPULSADO DE MI CLASE POR EL RESTO DEL SEMESTRE!

-pero señor, no fue mi...

-¡A LA OFICINA DEL DIRECTOOOOOR!- Gritó el rechoncho maestro.

Jerry cogió sus cosas (las que encontró) y salió disparado, no sin antes dirigirme una mirada de profundo rencor.

Debo decirlo, el sabor de la venganza es insuperablemente dulce.

El resto del día pasó sin mayores contratiempos. Para mí buena suerte, los martes sólo comparto clases con Jerry una sola vez, por lo que no lo volví a ver hasta la hora de salida.

El día de ayer el Señor Barbera me había pedido ir a verlo a la cafetería, así que me dirigí hacia allí, cuando de pronto lo vi. Allí estaba el enano bastardo, parado, viéndome.

Yo le respondí la mirada durante algunos segundos, esperando. Entonces él se acercó.

- Se que fuiste tú.-

- Ajam, ¿y? De todos modos te veías muy preocupado por llegar a tiempo, viendo lo contento que estabas con Bianca.

El chico cambió entonces su expresión. Estaba claramente muy confundido, el pobre tonto.

- Entonces... ¿Tú cerraste ese casillero?

- Wow, haz pensado en ir con el médico? Creo que tienes alguna especie de retraso

- Por tu culpa reprobé mi primer examen! No sólo estropeaste mi mochila, también me hiciste quedar mal con el maestro y ahora tengo una sanción!

- Lo hubieras pensado mejor antes de ponerme en ridículo ayer con tu estúpida dinamita.- Le respondí cruzando los brazos.

- Porqué simplemente no lo superas? De todas formas no es como si tuvieras miles de amigos o una reputación que cuidar.

Cerré los puños, y apenas estaba aproximándome a él decidido a machacarlo cuando escuché la gruesa voz del señor Barbera.

-Vaya, vaya, las dos estrellas de la secundaria. No me sorprende que sean amigos.-

-señor Barbera! Estaba a punto de ir en este momento con us... Amigos?.-

-Relájese Thomas. Después de todo la prisa no es mía, ya que usted no abandonará la escuela hasta que haya terminado con su servicio comunitario, que le informo, será el aseo de la cocina.

- ¡El no es mi amigo!-

- Y a decir verdad, el único motivo por el que no le aplique una sanción más drástica es porque valoro su desempeño académico

- De hecho, ni siquiera lo considero mi compañero. Si le soy honesto, lo detesto.

-Pues tú tampoco eres precisamente mi persona favorita.- intervino Jerry.

- la verdad es, señor Thomas, que pude haber sido mucho más severo. Pude haberlo suspendido.-

- ¿Usted simplemente no escucha nada de lo que digo verdad?-

- Y una suspensión se traduce en una mancha en su expediente...-

- Su corbata no combina con sus zapatos, los cuales por cierto son horribles. Ya nadie usa botines azules con plataforma... De hecho creo que nunca nadie los ha usado.

- Espero grandes cosas de usted Thomas. Trate de no echarlo a la borda. Y usted señor Jeremy, espero que esta sea la última vez que tenemos charlas de ese tipo en mi oficina.

- Si señor, gracias.- Respondió Jerry.

-, que tengan buen día. Ahora por favor, vayan con Mammy Two-Shoes, ella les asignará sus tareas.-

-SUS tareas? Hey, espere, espere... Él también va a estar haciendo el servicio en la cocina?!-

Sin decir palabra, el señor Barbera sólo siguió caminando y

PAM!

La puerta se cerró.

No fue hasta ese momento cuando me di cuenta de que el Señor Barbera ciertamente no prestaba ningún interés ni atención a sus alumnos. Eso, o era sordo...

Me quedé allí, sólo observando el pasillo, pensando en cómo podía evitar tener que compartir mi (injustamente adquirido) castigo con ese odioso payaso. Y como si hubiera leído mis pensamientos, dijo:

-Vamos de una buena vez. Tal vez si los dos se lo pedimos, nos pongan servicios diferentes.-

-Si, ya había pensando en eso, no soy estúpido.- Respondí.

Y con esto, ambos nos encaminamos hacia la cocina, donde nos encontraríamos con la encargada, la señora Mammy Two-Shoes. Una señora morena, grande y redonda, famosa por sus exquisitos guisos y su carácter poco dulce. A decir vedad, una de las

personas más duras de toda la escuela. "Quizá ella pueda poner a éste indeseable en su lugar" pensé.

Imagino que no les sorprenderá saber que, para variar, me equivoqué...

Continuará.