Editado 19/12/2017
Death Note no me pertenece.
"No puedes ganar si siempre estas a la defensiva. Para ganar, ¡hay que atacar!"
Light Yagami.
Capítulo 13:
Misa estaba preparada.
O al menos, eso era lo que creía.
Había hablado con Sora al menos unas cinco veces, para saber bien el lugar y la hora en la que iban a encontrarse para ir aquel bar/club.
Se probó distintos conjuntos, y ninguno le terminaba de convencer. Se había probado un vestido, que recordó iba a ser para alguna cita que tuviese con Light, y cuando lo hizo lo arrojó a la esquina de la habitación.
Desordenó todo el armario, hasta que encontró algo, que, en sus diecisiete años de edad, aún no había usado.
Era un vestido negro, apretado, que venía con unas medias de igual color por la rodilla, y varios collares. No era lo que la rubia acostumbraba a usar…
Pero qué demonios.- pensó Misa, mientras se lo ponía, y lo combinaba con unas botas negras. Se peinó, puso un poco de maquillaje, y bajó para esperar que vinieran a recogerla.
Luego del cuarto mensaje a Sora, la pelirroja se había ofrecido a pasar a recogerla, y Misa no se negó. Por suerte, Natsuki no se encontraba en casa, así que no iba a cuestionar a Misa por su… peculiar atuendo.
Escuchó una bocina, y supo que ya era hora. No iba a llevarse el celular (uno viejo que le había prestado Natsuki), no necesitaba que nadie la molestara. Así que le dejó una nota a su nana, explicando que no la espere despierta.
:- ¡Misa, te ves muy bien!- fue el primer comentario de Sora al verla. El auto estaba lleno de más chicos, que Misa no había visto jamás en toda su vida. Todos le silbaron y saludaron. Ella les devolvió el saludo, y se acomodó en el poco lugar que quedaba, mientras Sora encendía el auto y se dirigían para el club.
Muy bien. Es hora, Misa Amane. Vas a divertirte como nunca.
Al diablo con todos.
.-.-.-.-.-
Cuando llegaron, Misa estaba perpleja; en serio era un club grande.
Aunque había tantas personas que no podías distinguir ni siquiera los muebles que adornaban todo el lugar.
Eran un grupo de unas ocho personas, y como uno de los chicos, Ikishima, conocía al dueño, los dejaron pasar antes que los demás que se encontraban haciendo cola. Sin embargo, al entrar, Misa dudó que dejen pasar a mucha más gente. Ya casi no había lugar.
El lugar estaba tan lleno que apenas podías ver el suelo por donde pisabas; no es que haya mucha luz y pudieses de todos modos, por supuesto. El lugar que era bar estaba todo ocupado, y las barras estaban llenas de gente que pedía alcohol a gritos. Los sillones también estaban ocupados, salvo uno o dos. Todos los demás se encontraban bailando.
Sora trajo a todos al centro de la pista, mientras uno de los chicos les daba bebidas que había conseguido en la barra. Misa estuvo un poco insegura al principio, pero luego se soltó, y comenzó a bailar, acompañada de todo el grupo.
La primera vez que le invitaron una cerveza se negó, pero a la tercera se dejó de preocupar de lo que podía pasar y aceptó. Tomar una no le haría ningún daño.
Bueno, luego de terminar el quinto vaso, comenzó a sentirse un poco mareada. Bailó más agitada, sin importarle nada en absoluto. En un momento perdió a los demás chicos, pero rápido se hizo otros amigos, y siguió disfrutando de la noche como si nada.
Iba a divertirse sin importar qué.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero luego de terminar de beber un líquido que le habían compartido, había perdido la cuenta. Y seguía sin ver a Sora o a ninguno de los otros chicos.
:- La rubia sabe tragar.- comentó uno de los chicos que Misa había encontrado, y con el que había bailado hasta que sus pies ya no resistieron más.
:- No lo sé amigo, pero no ha parado de tomar desde que la encontramos.- dijo otro, mientras miraba a Misa bailar con una sonrisa en el rostro.
:- Hoy me la llevo a casa, eso dalo por hecho.- le dijo el primero, y ambos chocaron los cinco.
Misa rio, sin comprender ni una palabra de lo que habían dicho, y, ahora descalza, siguió bailando y recorriendo todo el lugar, hasta que encontró a Sora. La pelirroja tenía un gesto de preocupación, y apenas vio a Misa salió corriendo a buscarla.
Sin embargo, uno con los que estaba la paró, diciéndole que ya era hora de irse. Todo el grupo estaba junto, pero Misa no estaba presente. Y cuando Sora volvió a mirar para donde la había visto, ella ya no estaba.
:- ¡Oye, tengo que buscar a Misa, tiene que venir con nosotros!
:- Vamos Sora, ella sabe cuidarse sola, es una chica grande. Tenemos que irnos.- todos comenzaron a salir y el chico la agarró del brazo.- Si no vienes con nosotros tendrás que buscarte alguien más que te lleve a casa.
Ella dudó, pero al final siguió al rubio. Él tenía razón, Misa era una chica grande, y ya podía cuidarse sola. Y Sora necesitaba llegar a casa antes de las tres la mañana, si no sus padres la matarían. No podía perder mucho tiempo buscando a la rubia por todo el lugar, tenía que irse de ahí ya.
De a poco, la gente se fue yendo del lugar, y los muebles y la pista se hicieron visibles. Misa Amane seguía bailando, totalmente feliz, con dos de las chicas que había encontrado antes. La noche no acababa para ella todavía.
Había perdido la cuenta de cuanto había bebido, pero ya no le importaba. La estaba pasando de maravilla, y no necesitó de Light para hacerlo.
Tenía que empezar a salir más seguido.
Mientras tanto, un rubio y un pelirrojo, entraron al inaugurado bar/club por la parte de atrás. Que aún no tengan la edad para entrar, no significaba que se iban a quedar afuera.
Para Mello, la música estaba demasiado fuerte; no podía oír ni sus propios pensamientos. Miró a Matt con odio. Todo esto era su culpa. Él ni siquiera quería venir.
:- Vamos Mells, sabes que aquí hay millones de chicas lindas, no podíamos perdernos esto.- dijo Matt, al ver la expresión de su amigo.- Además, L no tiene por qué enterarse…
:- No me llames así.- gruñó Mello, mientras examinaba el lugar. Era la clase de espacio en la que él nunca querría verse involucrado. Adolescentes, de su edad y mayores, bebiendo y fumando, arruinándose las pocas neuronas que poseían.- Y más vale que L no va a saber de esto. Oye, ¿crees que venderán chocolate por aquí?
Matt rodó los ojos, pero sonrió. Sabía que Mello no quería venir, y la verdad, fue un milagro que haya logrado arrastrarlo con él. Su objetivo era simple: chicas. Aquí había millones. Sin embargo, el rubio no era igual que él en ese sentido, así que tuvo que cavar más profundo para convérselo en acompañarlo.
Pero luego de especificar que Near seguramente diría que sí, porque era mucho más valiente, y de ganarse varios gritos y puñetazos de Mello, este aceptó. Hablar de Near siempre era la clave para hacer que Mello cambiara de opinión.
Más si lo que decía atentaba contra el orgullo del rubio.
Así que, luego de escaparse sin que Watari o L los viera, ambos tomaron un taxi, y llegaron al nuevo bar/club.
Sin embargo, Matt no esperaba ver lo que acababa de presenciar. El cigarrillo se le cayó de la boca, la cual quedó abierta como la de un pez fuera del agua.
En una de las mesas pudo ver a Misa Amane parada, con un atuendo completamente… asombroso, bailando y cantando. Mientras dos hombres la miraban como si fueran a devorarla, y otras dos chicas se unían a su canto.
Un rojo tiñó sus mejillas al ver a la rubia así vestida, pero al darse cuenta de las intenciones de los otros dos, un sentimiento de protección lo invadió. Iba a sacar a Misa de ahí lo antes posible.
:- Oye Matt, ¡te estoy hablando, idiota! ¿Qué estas…?- Mello miró para donde Matt se había quedado embobado, y también tuvo la misma reacción que el pelirrojo. No era idiota, sabía lo que los hombres pensaban, más con una chica como Misa.- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
El pelirrojo asintió, pero antes de avanzar se detuvo a pensar, y también detuvo a Mello. Los otros dos hombres eran mayores, y más musculosos; podrían deshacerse de ellos más rápido de lo que canta un gallo, y si eso pasaba no podrían ayudar a Misa. Necesitaban un plan.
Sonrió, cuando una idea se le apareció en la cabeza, y se la comunicó al rubio. Este asintió, y sonrió con malicia. Rápido se dirigió a donde estaban todos sentados, incluyendo a Misa, y pusieron en práctica el plan.
:- ¡Oigan ustedes!- les gritó a los dos hombres que se dieron vuelta y fulminaron a Mello con la mirada.- Tranquilos, solo quería decirles que como es el día de la inauguración están dando bebidas gratis, no creo que quieran perderse eso, ¿o sí?
Los dos sonrieron, y se levantaron de donde estaban para dirigirse a la barra, empujando a Mello en el proceso. El rubio se contuvo, no iba a empezar una pelea en este lugar. Y justo a tiempo, vio como Misa lo miraba extrañada y luego comenzaba a gritar su nombre… o a intentar gritar su nombre.
:- Ma- ¡Mallow!- exclamó la rubia, y por suerte, las otras dos no le prestaron atención. Mello rodó los ojos. Matt se hizo presente, y Misa pareció todavía más contenta.- ¡Mally-chan! Vengan, vamos a dirver-hip.- un hipo se le hizo presente. Los chicos se miraron, y decidieron que era tiempo, antes de que los otros dos regresaran.
Tomaron a Misa, quien tambaleaba al caminar, y la ayudaron a moverse hacia la puerta. La rubia protestó varias veces, pero Matt le explico que era hora de irse, y luego de eso ella se quedó callada.
Cuando salieron del club, eran casi las cuatro de la mañana, y Mello y Matt se vieron en un dilema. No tenían la menor idea de qué hacer con Misa. No tenían ni idea de donde vivía, y cuando intentaron preguntarle, fue en vano. Estaba demasiado borracha como para formar una oración coherente, menos para decirles la dirección de su casa. Ni pensar en algún número de teléfono.
Con cuidado, Matt la revisó para ver si traía el teléfono encima, un rubor haciéndose presente en sus mejillas al tener a la rubia tan cerca; pero aunque revisó no lo logró encontrar nada.
Sin celular, y mentalmente inestable. Además de que tampoco puede caminar por sí sola, y podría vomitar en cualquier momento.
Perfecto.- pensó Mello, mientras los dos jóvenes debatían qué demonios hacer con la rubia. Algo que no infringiera meterlos en problemas, por supuesto.
Luego de unos diez minutos, y de que Misa se cayera varias veces, ambos se rindieron. Y Matt tuvo que ir por el último recurso.
Iba a llamar a su casa.
Había un telefoneo público, así que podría llamar desde ahí. Si se quedaban solos por mucho tiempo más no sabría que podría llegar a pasar, y tampoco era muy oportuno llegar con Misa a su casa, si querían no meterse en problemas.
Si contestaba Watari, al menos podrían confiar en el viejo. Y en el mejor de los casos sería Near, quien al fin y al cabo si los ayudaría. Mello no estuvo de acuerdo, por supuesto que no quería meter a la rata blanca en esto, pero al sentir como Misa se apoyaba contra él, como si fuera a desmayarse en cualquier momento, le indicó a Matt que vaya, y que solucionara el asunto lo más pronto posible.
Matt pagó con monedas, y luego marcó el número, rezando internamente para que L no sea el que conteste la llamada.
:- ¿Hola?- preguntó una voz, y Matt dio un suspiro de alivio.
:- ¡Watari! Soy yo, Matt.
:- Joven Matt, ¿se puede saber en dónde se encuentra a estas horas? Cuando tendría que estar en la cama…
:- Lo sé, lo lamento. Luego responderé todas tus preguntas. Pero ahora necesito un favor.
Y así, Matt le explicó el problema en el cual estaban metidos, y le pasó la dirección del lugar. Watari le prometió que los iría a recoger ya mismo.
Ahora, un poco más tranquilo, salió de la cabina telefónica, pero se encontró con un escenario no muy bueno fuera de esta.
Misa estaba apoyada contra la pared, adormilada, mientras Mello discutía con los hombres que habían engañado en el bar.
Cuando Matt se había ido, el rubio se quedó con Misa, pero luego vio salir a los dos pervertidos, que ya los habían localizado.
Se acercaron, y comenzaron a discutir, pero Mello no se quedó atas. No era conocido por su autocontrol, después de todo. Cuando Matt vio el escenario, se acercó y rápido trato de calmar las cosas. Sin embargo, uno de los hombres agarro a los chicos, y los empujo fuera del camino, mientras le decía a su amigo que agarrara Misa.
Los chicos no iban a quedarse sin hacer nada, por supuesto. Mello comenzó a distraer a los dos, ganándose algunos moretones, mientras Matt trataba de sacar a Misa de ahí.
Sin embargo, cuando la cosa había comenzado a ponerse fea, un bocinazo hizo que todos frenaran en seco.
La camioneta que los chicos conocían muy bien estacionó en donde todos se encontraban. Los hombres se miraron, y uno agarró más fuerte del brazo a Misa, para poder salir de allí con ella lo más rápido posible. Iba a llevársela a casa, eso seguro.
Mello y Matt estaban a punto de volver a agarrar a Misa y correr hacia al auto, cuando la puerta se abrió, y ambos quedaron congelados.
Mierda.- pensaron, al ver salir del auto a nada más y nada menos que a L. Tenía una expresión seria, como siempre, pero ellos podían sentir que estaba enojado. La forma que arrastraba los pies al caminar y como apretaba los puños no era normal en él. Ellos estaban en problemas.
:- Aléjense.- le dijo a los hombres, una vez que estuvo cerca de ellos.- A menos que quieran que llame a la policía en este preciso momento por intento de secuestro, lárguense de aquí. Ahora.
Los dos hombres se miraron, y mientras uno iba a saltar a discutirle al rarito que apareció sobre no decir estupideces y meterse con sus conquistas, el otro lo detuvo. Ya habían tenido problemas con la policía, y no necesitaban más de donde había venido eso. Soltó a Misa, y con odio, le dio al pelinegro una última mirada, antes de darse la vuelta y salir corriendo con su compañero.
Misa se tambaleó un poco, antes de chocar con lo que parecía un cuerpo, envuelto en una sábana blanca… no, era una camiseta, una camiseta blanca. Levantó un poco la vista, y se topó con un par de ojos que conocía muy bien, pero que ahora estaban más endurecidos que de costumbre.
Estaba a punto de decir algo, pero un revoltijo en el estómago la hizo parar. Rápido se aparató del pelinegro y movió la cabeza para un costado. Sintió algo en la garganta, y antes de que pudiera si quiera pensar, estaba vomitando parte de la gran suma de alcohol que se había tomado durante toda la noche.
Mientras tanto, Mello y Matt habían quedado completamente sorprendidos. Nunca habían escuchado a L hablar así, salvo cuando tuvo que hablar con algún que otro asesino o criminal. Les había puesto la piel de gallina.
Para evitar problemas, rápido se fueron moviendo para subir al auto, cuando Ryusaki les advirtió.- No crean que van a zafarse de esta.- frenaron en seco.- Suban, lo hablaremos más tarde.
Tragaron saliva mientras entraban a la camioneta, y Mello le daba un puñetazo a Matt en el brazo. El pelirrojo se quejó, pero luego de ver la cara de su amigo, decidió callar. Tenía un ojo morado y varios rasguños. En cambio, Matt había salido ileso.
:- El joven L quiso venir, y no pude detenerlo.- comentó Watari, y una mueca de dolor apareció en su rostro al ver el estado de Mello.- Cuando lleguemos a casa vamos a tratar esas heridas.
El rubio asintió, mientras Matt agradecía a Watari por la ayuda. Al final, no había sido la noche que había planeado. Y aunque Mello estaba bastante herido, ninguno de los dos podía negar que había sido una gran aventura.
:- ¿Amane?- preguntó Ryusaki, una vez que Misa terminó de vomitar y se apoyó contra la pared para soportar su peso. Aún estaba un poco mareada.- Apúrate, debemos irnos.
Misa se tambaleó un poco, y se agarró del pelinegro para llegar al auto, ya que no podía caminar por si sola. Él estaba un poco incómodo al repentino contacto, pero no dijo nada. Igualmente, ahora estaba más calmado; el enojo se le había ido evaporando de a poco, y ya casi había vuelto a la normalidad.
Misa entró en la camioneta, y no paraba de quejarse sobre el olor que tenía a vómito, y el dolor de cabeza que había comenzado a sentir. Lamentablemente para todos, eso era lo único que se escuchó en todo el viaje, porque nadie dijo nada más.
Al menos evitaron el silencio incómodo…
Al llegar, los dos chicos salieron, mientras L hacía la vista gorda; mañana les daría su castigo. Watari los siguió, y buscó en el botiquín para poder sanar las heridas de Mello, mientras L trataba de sacar a Amane de la camioneta. Estaba adormilada; había parado de quejarse hace más de diez minutos.
:- Amane, despierta.- no iba a tener que preocuparse de que supiera su identidad ni en donde se encontraba. Estaba un cien por ciento seguro que por lo mal que estaba, en la mañana no podría recordar nada.
Misa abrió los ojos, y comenzó a reprocharle sobre el dolor de cabeza. Como pudo, L la ayudó a salir, y la condujo hasta una habitación de huéspedes. Watari se encargaría del resto; él tenía trabajo que hacer.
Sabía que recibir una llamada a esa hora no era algo normal, y al ver la expresión de Watari, supo que algo malo había sucedido. Por lo que no dudó en acompañarlo a resolver aquel asunto, aunque nunca pensó a Amane vaya a estar así de mal.
Por su condición, tenía que haber ingerido al menos dos litros de alcohol, y eso era sumamente riesgoso para su salud.
Sumado a que estaban a punto de llevársela a hacer cosas que Ryusaki sabía eran ilegales. Por eso es que no saltó en ese momento contra Mello y Matt. Además de que el rubio había resultado herido, ambos la habían ayudado bastante.
El castigo por haberse escapado e ir a un lugar que no era para su edad, vendría en la mañana.
Mientras volvía al trabajo y el reloj marcaba las cinco de la mañana, cayó en la cuenta de que Misa Amane estaba en su hogar, descansando en la habitación de huéspedes.
La situación era demasiado absurda para ser real.
:- Ella se encuentra bien.- comentó Watari, al entrar en donde el pelinegro se encontraba devorando una dona de chocolate.- Aunque ha estado preguntando por ti desde que le di los medicamentos. Vomitó algunas veces, y aún sigue mareada, pero está mejor.
:- ¿Y los chicos?- preguntó L, intentando ignorar lo que le había dicho Watari.- Ellos están bien. Le indique a Mello que se pusiera hielo, y los dos se fueron a dormir, supongo que el castigo vendrá mañana, ¿no es así?
:- Por supuesto.- comentó L, y al no volver a hablar, Watari suspiró.- Joven L, la señorita Amane en serio estaba llamándolo, creo que lo mejor sería que usted vaya.
:- Watari, ella tiene un alto nivel de alcohol en la sangre, solo está delirando.- dijo Ryusaki en el tono monótono usual. Ya había vuelto a la normalidad. Y era demasiado que esté ayudando a Amane ofreciéndole su casa, no iba a hacer nada más.- Mañana cuando recupere la conciencia la llevarás a su casa, y todo volverá a ser como antes. Y otra cosa, si te ve a ti, a mí no me verá. No puede saber que estamos emparentados, Watari. Ya conoce a Matt a Mello y a Near, no voy a violar el código de seguridad que nos impuse cuando vinimos aquí por ella.
:- Muy bien.- dijo Watari, dando un último suspiro, y sabiendo que su hijo no iba a cambiar de parecer.- Iré a verla por última vez y luego a dormir… solo piénsalo, L.
El futuro detective no se inmutó en lo que dijo el hombre mayor, y siguió con su trabajo como si nada. Sin embargo, a los veinte minutos, y al terminar el último caso del día, se fijó en las cámaras de seguridad de la casa, y en la que se encontraba en el cuarto donde se hospedaba Misa Amane.
Parecía alterada, y cuando prendió los micrófonos, entendió que Watari no había estado mintiendo; en serio lo había estado llamando.
Debe estar delirando, no hay ninguna otra explicación lógica para esto.
Siguió observando, y la chica no paraba en ningún momento. Luego de un largo rato, y de estar cansado de escucharla, prendió su micrófono y le dijo que guardara silencio. Lamentablemente, escuchar su voz había hecho que se despierte más; ya que ahora pronunciaba su nombre mejor, y más fuerte.
Intentaba llamar su atención.
Al no parar, apagó los micrófonos y se dedicó a seguir otro caso que Watari le había dejado a mano. Sin embargo, las imágenes y la voz de Misa seguían persiguiéndolo, y no le dejaban concentrar al cien por ciento.
Tenía que terminar con esto de una buena vez.
Se levantó de donde estaba, y se encaminó a la habitación en donde se encontraba la rubia. Al entrar, se dio cuenta que había estado en lo cierto. Ella seguía en la cama, pero ahora en una posición sentada, el pelo suelto y desordenado, y con la voz casi ronca; seguía pronunciando su nombre.
Pudo ver también que no llevaba el traje que había tenido cuando la había encontrado a la salida del club. Tenía una de sus camisetas. Watari debía de habérsela dado para que durmiera más cómoda.
Entró y cerró la puerta, lo que causo que la rubia lo mirara y se tratara de levantar de la cama. Sin embargo, una puntada en su cabeza hizo que se detuviera, y que ya no pudiera avanzar más.
L suspiró y se encaminó hacia donde ella estaba. Agarró el vaso con agua que estaba en la mesa de luz, y cuando Misa abrió la boca para decir algo, lo introdujo en esta, haciendo que la rubia tomara todo el líquido.
:- Tu voz está seca. Necesitas beber algo más que alcohol, Amane.- le dijo él, una vez que ella había terminado de beber el agua. Apoyó el vaso de nuevo en su lugar mientras Misa lo miraba un poco perdida. Seguía estando borracha, y necesitaba descansar.- Tienes que descansar, yo debo…
:- ¡Espera!- exclamó ella, mientras lo agarraba del brazo. Su voz había vuelto a la normalidad, y ahora que lo tenía ahí no iba a dejar que se fuera, no tan pronto.- Yo… Misa-misa te da las gracias por salvarla de esos hombres… malos, malos.
Había una ternura en sus palabras… Ryusaki en un momento dudó si estaba hablando con Misa Amane o con una niña de cinco años. En cualquier caso, asintió con la cabeza, pero ella aun no lo dejaba libre.- Esta bien Amane, ahora solo duérmete, tengo trabajo que hacer.
:- Ryu-Ryusaki…- había algo en la voz de la chica que lo hizo voltear a verla. Ella seguía teniendo los ojos vidriosos y la cara un tanto dormida, pero aun así, Ryusaki pudo obvservar, seguía igual de hermosa.- Misa- misa quiere darte algo a cambio de lo que hiciste…
No está bien, no tiene juicio sobre sus acciones.- pensó L, mientras veía como la mano de la chica comenzaba a recorrer todo su brazo izquierdo, hasta llegar a su hombro, y luego posar delicadamente detrás de su cuello, trayéndolo más cerca.- Tengo que frenar esto. Está alcoholizada. No es correcto, para nada.
:- Amane.- dijo él en un tono de advertencia, mientras Misa se acercaba cada vez más.- No tienes idea de lo que haces, luego te lamentarás. Para.
Misa rio un poco, y lo miró a los ojos, divertida.- Misa quiere esto.- estaba a punto de hacerlo, pero Ryusaki fue más rápido, y se apartó antes de que la rubia pudiese besarlo.
Ella lo vio, ahora parado en la esquina, y sintió ganas de llorar. Él la había salvado, merecía una recompensa. Pero se había negado, no había dejado que ella lo besara.
:- ¿Por qué?- preguntó, mientras el detective caminaba hacia la puerta, y lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.- ¿Por qué nadie quiere a Misa? Misa es buena, Misa no ha hecho daño a nadie, sin embargo, la gente es mala con Misa…- comenzó a sollozar, y se tapó la cabeza con las manos.
L salió de la habitación, pero al escuchar lo último que ella dijo, el algo que había ocultado desde hace tiempo volvió a aparecer. Esté borracha, o no, ella estaba sufriendo; no podía actuar tan bien en un estado como ese.
Ella está sufriendo por mi culpa.
Antes de que su cerebro pudiese decirle que paré, y antes de que pudiese medir las consecuencias de sus actos, se dio la vuelta, abrió la puerta, y entró lo más rápido que pudo a la habitación.
Misa, al verlo, siguió llorando, pero esta vez sin taparse los ojos. El futuro detective avanzó hacia donde ella se encontraba, y más rápido de lo que canta un gallo, acomodó sus manos en la cara mojada de la chica, limpió algunas de sus lágrimas mientras una sensación de deja vu comenzó a invadirlo, y la miró a los ojos por unos segundos.
Te dije que no vuelvas a llorar en frente mío, Amane.
Y luego, la besó.
Misa se quedó estática, pero luego, como pudo, le correspondió. Sabía a dulces y agua salada, por sus lágrimas seguramente, pero aun así, era una de las sensaciones más lindas que vivió en sus cortos diecisiete años de edad.
Profundizó el beso, mientras Ryusaki se acomodaba en la cama, y puso sus manos en el cuello del chico. Él las movió de la cara a los hombros, y comenzó a recorrer toda esa parte, causándole a Misa un escalofrío.
Comenzaron a batallar con sus leguas, y Misa soltó un gran suspiro, haciendo que el pelinegro comenzara a acomodarse encima de ella. Necesitaban parar, ya era un terreno peligroso; pero Ryusaki no quería, no podía. Misa movió sus manos, y empezó a recorrer el cuerpo del joven, mientras daba por terminado el beso, y movía su boca al cuello del futuro detective. Haciendo que este apreté las piernas de la rubia con sus manos, cuando ella mordió con delicadeza la blanca piel del joven.
Podía sentir como él la necesitaba, y eso hacía que ella comenzara a besarlo con más necesidad también. Misa tiró del cabello del detective, y esta vez fue él quien separo su boca de la de la rubia, y comenzó a dejar besos por todo su cuello y clavícula. Ganándose varios suspiros y tirones de Misa.
Estaba a punto de comenzar a quitarle de poco la camiseta, cuando un movimiento de Misa lo trajo a la realidad. Había comenzado a ponerse sobre él, cuando movió uno de sus pies, y logró tirar el vaso que descansaba en la mesa de luz; haciendo que se estrellara contra el piso, y el que detective se dé cuenta de lo que estaban haciendo.
Era el momento para terminar antes de que sea demasiado tarde.
De a poco se separó de Misa, y tuvo que hacer un gran esfuerzo cuando ella volvió a agarrarlo. Pero ahora su cerebro había vuelto a funcionar con normalidad, no dejaría la cosa ir más lejos. No podía.
La rubia hizo un puchero al verlo levantarse, pero había obtenido lo que quería. Ryusaki, al verla, recordó que ella estaba mal, borracha, y que esto fue algo que hizo en desesperación. La Misa Amane que conocía jamás habría hecho algo así con él.
No pudo evitar sentirse un tanto culpable.
:- ¿Te vas?- volvió a preguntar en el tono dulce, mientras L juntaba los pedazos de vidrio roto con cuidado y los metía en el cesto de basura. No vaya a ser que la descuidada se corte…
¿Y desde cuando le importaba?
:- Ve a dormir, Amane.- le dijo, mientras caminaba hacia la puerta; esta vez sabiendo que no iba a volver. Misa rio y mientras se acostaba y acomodaba en la cama, le dijo.- Promete que vas a volver a hacer eso con Misa-misa, si no ella no se dormirá…
Ryusaki suspiró. Él sabía mentir, y en este estado Amane no recordaría nada de todos modos, pero no quería hacerlo. Sabía que, si por alguna razón había una próxima vez, él no iba a poder controlarse, y las cosas no iban a terminar bien.
No podía tener ese tipo de distracciones.
:- Adiós, Misa.- y antes de que la rubia pudiese protestar, apagó la luz y cerró la puerta. Era muy probable que ella no recordará nada de esto en la mañana, y así es como debía ser.
Él era L, futuro detective. Y el cual dedicaría su vida a eso, su trabajo; nada más.
No podía perder el tiempo; menos con alguien como Amane.
Algo andaba mal con su cerebro, él…
Él necesitaba un pastel. Ahora mismo.
