Perdonen la INMENSA tardanza. Trabajo tiempo completo y rara vez consigo tiempo para escribir, afortunadamente estoy de vacaciones y probablemente suba más de un episodio este mes :D

Éste capítulo en particular está inspirado en el episodio "puss gets the boot" que es el primer episodio de Tom y Jerry estrenado en el año de 1940. En caso de que no lo hayan visto les dejo el enlace: watch?v=qfOcLCRDKtw

¡Muchas gracias por su paciencia! :'D


Día dos (parte dos)

12 de Agosto 3:00pm

Jerry y yo nos encaminábamos hacia la cocina, tratando en la medida de los posible guardar distancia el uno del otro. Yo entonces me puse mis audífonos, pues hasta el sonido de sus pasitos me irritaba. Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando el mocoso comenzó a mover los labios. Yo preferí seguir ignorándolo y seguir mirando hacia enfrente fingiendo no haberme percatado de nada. El pequeño idiota comenzó a mover sus brazos de un lado a otro, y hasta me pareció escucharlo gritar.

"Que lastimera forma de querer llamar la atención" Pensé.

De pronto, sentí como un abismo se abría en el piso.

PAZ, PAM PAGH!

Comencé a caer por las escaleras de forma aparatosa hasta el piso. Mis audífonos salieron volando de mis tímpanos y mi reproductor quedó hecho pedazos. Excelente, nuevos moretones por todo el cuerpo y ya ni siquiera podré escuchar música! ES EN SERIO?!

-Te lo advertí!- Gritó Jerry desde arriba.

-CÁLLATE!- Grité furioso mientras hacía lo posible por ponerme de pie. -Agh! tú me hiciste caer!-

-¿Que yo qué? Traté de advertirte, ¡loco malagradecido! te estaba diciendo que enfrente de ti estaban las escaleras, que fueras con cuidado¡

-¿A quien llamas loco?! -

-Además, yo no soy del tipo que hace que los demás caigan sólo porque me gusta verlos humillarse. Eso lo hacen las personas patéticas y lastimeras, como….- Y se detuvo.

Me le quedé observando durante un rato, retándolo con la mirada de terminar lo que estaba empezando. Jerry quedó en silencio. Claro que la inútil rata cobarde no iba a ser quien daría el primer paso.

-¿Sabes qué? me voy a adelantar.- Dijo al final.

-¡Eso es, lárgate! huye como la rata que eres- Grité, mientras luchaba por movilizar mi torcida pierna.

Pocos segundos después, Jerry volvió a asomar su cabeza por un costado de las escaleras.

-¡Al menos yo no soy un patético y lastimero animal histérico!-

Y eso fue todo lo que hacía falta.

En un abrir y cerrar de ojos, todo el dolor que me produjo la caída se esfumó y fue remplazada por una ira ciega y profunda, que recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a los pies, los cuáles se movieron a la velocidad del rayo con dirección hacia donde estaba Jerry. El bastardo, como si se hubiera puesto una inyección de adrenalina, salió disparado fuera de mi alcance.

No lo podía creer.

Nunca había tenido tantas ganas de destrozar a nadie, y menos desperdiciaba energías persiguiéndolo, pero este maldito de Jerry… simplemente quería tenerlo en mis manos, estrangularlo y luego Dios sabe qué. Y estoy seguro de que Jerry algo presentía pues de no ser así no habría salido huyendo de la forma en que lo hizo.

En un segundo, me pareció haberlo perseguido alrededor de toda la escuela al menos unas tres veces. Recorrimos el gimnasio, los salones, me golpeé con una puerta al tratar de entrar al auditorio, (en realidad me estampé con varias cosas en el camino), y finalmente vi mi gran oportunidad cuando Jerry se acorraló él sólo cuando se escabulló entre unas plantas en el

corredor principal.

-¡Prepárate a morir, hijo de puta!—

Yo entonces no perdí un segundo y me abalancé para alcanzarlo, pero…

PAM! TRASH!

Cuando finalmente logré alcanzarlo me di cuenta que no era Jerry, sino un pedestal con una maceta cuyo forraje simulaba muy bien el peinado revoltoso de mi víctima. Al impactarme contra ella la había hecho pedazos, y ahora estaba enterrado en cerámica, hierba y tierra.

-Coff, coff, ¡maldito! Sólo espera a que te…-

-¡¿PERO QUÉ ES ESTO?! - Gritó una potente voz femenina a mis espaldas. Cuando giré nerviosamente la mirada, me di cuenta que era nada más ni nada menos que Mammy Two-Shoes.

La imponente dama encargada del comedor. No me animé a levantar la mirada, por lo que únicamente tenía al nivel de la vista sus anchas y morenas pantorrillas, su faldón amarillo y sus extrañas pantuflas azules que cubrían esas horribles calcetas rojas. Era claro que la señora el asunto de la moda o el respeto visual la tenían sin cuidado.

-Se… señora, déjeme le explico. Esto no es tan grave como parece. Si tomamos en cuenta el contexto de los hechos le aseguro que…-

-¡HECHOS MIS POLAINAS! TE DAS CUENTA DE LO QUE HAS ROTO? TIENES UNA IDEA DE LO QUE NUESTRO AMADO DIRECTOR PAGÓ POR ESE… ESTE…

-¿maceta?-

-¡SILENCIO, MUCHACHO INSOLENTE! ¿CUÁL ES TU NOMBRE?-

-Yo.. mi nombre es Thomas Gris señora.-

-Aaaah, con que tú eres Thomas. Eres el rufián del que el director Barbera me habló. Pues déjame decirte que te espera una LARGA jornada de trabajo en la cocina muchacho.-

-Espere, pero si sólo me dejara explicarle que…-

-¡MUY LARGA!- Gruñó, al tiempo que bruscamente me tomaba del cuello de la camisa y me levantaba del suelo. Esto hizo que al menos algo de la tierra se sacudiera de mi ropa.

-Si rompes UN SOLO plato allí dentro, te sacaré de mi cocina PARA SIEMPRE! ¿Me has entendido, muchacho?.-

Yo no pude pronunciar palabra. En ese momento sólo podía pensar que todo lo malo que me estaba sucediendo últimamente era por causa de Jerry. No entendía porqué éste tipo de cosas me estaban sucediendo a mi, toda mi mala suerte había sido a partir de que ese pedazo de mierda había llegado a la escuela..

-TE ESTOY HABLANDO!- Rugió Furica Mammy Two-Shoes mientras me sacudía en el aire.

-¡Si, si, si, entiendo!- Respondí desesperado.

La gran señora entonces me soltó, y mientras luchaba por salir del shock inicial, me arrastró hacia la cocina.

El espectáculo era asqueroso. Platos sucios apilados en varias torres, cubiertos regados por todas partes, comida pegada al piso y al techo (podía apostar que debido a una pelea de comida) y muchísimas sobras y basura desbordándose en los basureros.

Suspiré profundamente con resignación. Sabia que si no terminaba lo que fuera que me pusiera hacer, me echaría de la cocina, lo cual no seria tan malo si eso no significara que no podría realizar servicio comunitario… es decir, terminaría suspendido y además tendría que hacer de todos modos el servicio comunitario en otra area. En fin, ¿qué tan difícil podía ser? Sólo tenía que lavar unos cuantos platos y no romper nada.

Cuando entre gruñidos y regaños Mammy Two-Shoes terminó de enlistar mis deberes, me aventó un pedazo de esponja vieja a la cara y se fue, no sin antes gritar:

-Y recuerda, si llegas a romper una cosa más te irás para afuera, ¡A-F-U-E-R-A! ¿Está claro?-

Yo asentí nerviosamente mientras retrocedía con precaución, pues no quería darle la oportunidad de volverme a sujetar. La temible señora entonces se marchó hechando humo, y yo por fin pude quedarme sólo.

Dicha satisfacción me duró solamente un par de minutos.

Estaba concentrado en sacar la mugre del fondo de un baso con el pedazo de esponja que me había sido entregado, cuando de pronto sin voltear la mirada escuché como la puerta se abría para dar paso a Jerry y a la gran Mammy Two Shoes. Un escalofrío recorrió mi columna al escucharlos hablar, pues mis peores temores se habían materializado

-Y entonces, cada plato, baso y cubierto que tu compañero lave, tú deberás secarlo y guardarlo.

-Claro que si señora

-Y con mucho cuidado

-Cuente con ello señora

-Oh, tu me agradas, tan obediente, OTROS ALUMNOS deberían aprender de ti.

Yo seguí con mis asuntos, haciendo como que no había reparado en la indirecta. La doña dijo otras cosas a las que francamente ya no puse la menor atención, y me dediqué a seguir trabajando en mis repulsivos platos sucios. Estaba tan dedicado a ello que ni siquiera me enteré en qué momento el engorroso enano se colocó a mi lado, y armándose de un trapo andrajoso, se dispuso a secar cada plato que lavaba. Yo giré los ojos con profundo fastidio.

Pensé que permaneceríamos en silencio durante toda la jornada (lo cuál si me lo preguntan, hubiera sido lo mejor), pero como de costumbre, el insoportable pigmeo habló.

-Sólo voy a decir una cosa…-

-Por favor NO- Respondí apretando los dientes.

Durante unos diez segundos parecía que Jerry había correspondido a mi petición. Parecía que realmente lo estaba intentando, pero claro que su molesta naturaleza no se lo iba a permitir. Cuando terminó de secar una copa para postre que acababa de lavar, me dijo:

-Sólo para que conste, todo esto es por completo culpa tuya

-Enano, de verdad, una palabra más…

-¿Y qué harás?, ¿volver a perseguirme por toda la cocina hasta que vuelvas a hacer algún desastre y nos castiguen por todo el semestre?-

-Valdría la pena si te atrapo y hago que tengas que pasar el resto de la hora buscando tus dientes.- Repliqué ya molesto.

Jerry suspiró. Pude sentir cómo su paciencia se agotaba con esto de tratar de hacerme sentir culpable, o lo que fuera que buscara. Un pequeño sentimiento de éxito brotó de mi interior. Por desgracia la pequeña mierda volvió a hablar.

-Deberías agradecer que no me considero a mí mismo una persona vengativa porque la tentación de soltar ésta copa y estrellarla al piso es grande.- Respondió mientras me mostraba la copa que recién terminó de secar.

-Ja, no me digas. ¿Y exactamente qué conseguirás con eso?.- Pregunté burlonamente.

-Bueno, sólo se que a Mammy Two Shoes no le va a encantar, dado que ya rompiste su adorada maceta.-

Oh mierda, oh mierda… el bastardo había escuchado toda la cantaleta que la morena y regordeta señora me había dicho momentos antes. Traté con grandes esfuerzos de simular que el darme cuenta de esto no me perturbaba en lo absoluto, pero lo cierto es que si hay algo que supera mi miedo a las dinamitas, es la furia de Mammy Two Shoes.. no podía permitir que Jerry se diera cuenta de eso.

-Tírala si quieres, diré que fuiste tú- Respondí con despotismo.

-Mi palabra contra la tuya. Creo que tu fama de "rufián rompe-macetas" no va a ayudarte mucho.- Contestó sosteniendo la copa con la punta de los dedos, mirándome de forma analítica. Yo por supuesto no iba a ceder.

-Ese término ni siquiera existe, ignorante pedazo de porquería -

Entonces, el hijo de puta lo hizo. Como si fuera una servilleta sucia, dejó caer la copa arrojándola detrás de si con total indiferencia. Por más que traté de mantenerme tranquilo, mi escandalosa reacción fue suficiente para delatarme.

Solté un pequeño grito ahogado mientras que con el impulso de una bala me lanzaba al rescate de la fina copa de vidrio. Por un pelo logré atraparla justo a unos milímetros del suelo y al hacerlo dejé salir un suspiro de alivio y entonces, escuché esa irritante risita a mis espaldas. Mierda.

-Vaya Tom, no pensé que la cocinera te asustara tanto-

-Te lo advierto, otra jugarreta de esas y te voy a..-

Apenas estaba por poner mis manos alrededor de su pequeña garganta, cuando Jerry se apresuró a tomar uno de los platos que había acabado de lavar.

-No, yo te lo advierto, ya me harté de que todo el tiempo estés tratando de hacerme daño, hacerme quedar en ridículo y meterme en líos ¡sólo porque no te agrado! Hoy fui a hablar con el director, ¿y adivina qué? No voy a poder irme de tu casa porque resulta que tu mamá fue la única en inscribirse al programa de intercambio, así que por desgracia para los dos, voy a tener que quedarme allí, pero ya no pienso seguir soportando más abusos.-

Jerry entonces sostuvo el frágil plato como si de un frisbi se tratase. Yo retrocedí y traté lo más que pude de lucir intimidante.

-Jerry, no te atrevas-

Se preparó para lanzarlo…

-¡Te juro que si lo lanzas voy a sacarte los intestinos por las orejas!- Grité ya algo desesperado. Jerry sólo me dio una sonrisa maliciosa en respuesta.

-No lo haré si tú te disculpas por haber sido malo conmigo.-

-ES UNA PUTA BROMA?-

-Nop-

Si, ya se lo que van a decir. Debí haberme disculpado, aunque fuera una disculpa fingida, sólo para salir de aquel aprieto. Pude haber respirado profundo, contar hasta diez, y decir "esta bien, lo siento. Volvamos a trabajar", eso hubiera sido lo más razonable. Por desgracia, hoy descubrí que, al contrario de lo que creía, no soy una persona razonable. Es curioso como uno se conoce cada día mas, ¿no? Como el orgullo nos ciega y nos hace querer actuar de cierta manera a fin de dar una impresión, por encima de lo que puede ser verdaderamente sensato.

-Primero muerto, maldito idiota.- Dije apretando los dientes, con la mente en blanco a causa de la ira.

-Bien, tú lo pediste.-

Y entonces lo hizo. Lanzó el plato lo más lejos que pudo, y no se cómo, pero corrí como nunca lo había hecho y logré darle alcance antes de que éste se estrellara contra la pared. Apenas había conseguido recuperar un poco el aliento, cuando de pronto vi a Jerry con una pila enorme de platos sobre sus brazos.

-Vaya, eres más atlético de lo que pensé. ¿Quieres que averigüemos el límite de tus habilidades?

-Ok Jerry, es suficiente, ¿porqué no volvemos a trabajar y sólo nos ignoramos el resto de la hora como suelen hacer todas las personas que se odian?- Jadié tratando en lo posible de parecer simpático.

-No lo creo Tom. Creo que nosotros tenemos una relación más especial.-

Jerry entonces me guiñó un ojo y lanzó un segundo plato y yo, con mi previo rescate aun en la mano, corrí hacia él. Entonces el pequeño bastardo me lanzó otro, y luego otro, y allí estaba yo. Danzando por toda la cocina tratando de darle alcance a una lluvia de trastes que caían sin piedad por todas direcciones. Fue así como en pocos segundos me vi entonces luchando para mantener en equilibrio la torre de trastos más grande que hayas visto. Eran al menos decenas de platos, cacerolas, copas y vasos sostenidas mediante un increíble método de equilibrista impulsado únicamente por el miedo provocado por una temible mujer gorda. No dudé que tuviera en mis brazos toda la vajilla de la escuela. Recuerdo haber mirado hacia arriba y no poder ser capaz de ver el fin de la pila. Esperaba que fuera toda, pues estaba segura que si Jerry me lanzaba una servilleta ya no será capaz de mantener el equilibrio. La montaña de trastos estaba tambaleándose amenazadoramente, y yo ya no sabia que hacer. Sabia que se vendría abajo en cuestión de segundos si no hacia algo pronto, así que rápidamente corrí hacia el muro más próximo y lo utilize para recargar el peso de la torre en él. Una vez allí fui libre de respirar, y por un momento incluso me olvidé de Jerry. Pero entonces brusco flash de una cámara de hizo regresar a la cruel realidad.

-Increíble Tom, has logrado alcanzar cada traste de la cafetería, ¡sólo mírate!-

El maldito entonces me enseñó la foto que había tomado desde su celular. Claro que yo no podía girar la mirada por completo, mi cabeza estaba sirviendo de soporte para la gran pila que estaba soportando.

-Bueno, casi todos los platos. Aún te falta éste- Se burló al tiempo que me mostraba un pequeño platito que servía de base para las tazas de café. Era pequeño, pero sabia que si lo lanzaba sera mi fin. Estaba completamente inmóvil, el pequeño hijo de puta me tenía a su merced.

Sabia que en éste punto mi única salida era la rendición.

-Ok Jerry, ya basta, tú ganas. Haré lo que me pidas-

El chico castaño me miró pensativo y comenzó a abanicarse con el platito.

-Discúlpate conmigo, es todo lo que quiero-

Sentí entonces cómo la frustración me lastimaba las entrañas, y ni siquiera el morderme la lengua pudo apaciguar toda la furia que me estaba ardiendo por dentro. Finalmente lo escupí.

-Está bien, con un carajo, ¡LO SIENTO!-

Jerry entonces sonrió. Caminó hacia mi, y me miró. Su rostro se tornó malicioso y un escalofrío recorrió mi espalda.

-Yo también-

Dicho esto, lanzó el último plato lo más fuerte que pudo directo hacia el techo, haciendo que en cuestión de segundos éste terminara estrellado contra el piso. El estruendo fue mínimo, pero bastó con eso. Escuché entonces cómo Mammy-Two Shoes se dirigía apresuradamente hacia la cafetería echando maldiciones al paso, y como si todo esto no fuera suficiente, lo peor vino después.

Yo aun estaba inclinado sobre la pared sosteniendo la enorme pila de platos temblando, tratando con todas mis fuerzas de no tambalearme tanto y mantenerla en pie. Jerry se acercó hacia mí, aproximándose a mi oído.

-Yo no soy una mala persona Tom, no suelo vengarme. Pero cuando lo hago, lo hago en serio-

El endemoniado chico entonces dio unos largos pasos hacia atrás. No tenía muy claro qué era lo que planeaba hacer, pero estaba claro que no iba a ser nada bueno.

Jerry entonces se inclinó de la forma en que lo hacen los atletas antes de comenzar una carrera, y entonces entré en pánico.

-¡Chico, espera!- Grité desesperado, a pesar de saber que mi situación ya no tenía remedio.

Jerry entonces se abalanzó hacia mí con gran velocidad, yo sólo podía mirar desde mi hombro como la distancia entre ambos se hacia cada vez más y más corta hasta que finalmente, impulsado por un brinco surrealista, me propinó tal patada en el culo que sentí como todo mi cuerpo vibró por el impacto, logrando el resultado inevitable. Un aullido de dolor de mi parte, seguido por una lluvia de porcelana y cristal inundaron la cafetería, y luego para complementar esta tormentosa situación, el aparatoso estruendo de platos y vasos quebrándose sobre la dura superficie del piso resonaron e hicieron eco en las paredes. Una estampida de elefantes en un club de lectura sería un zumbido de mosca a comparación con el escándalo producido por aquel caos, en el que además tanto Jerry como yo tuvimos que proteger nuestras cabezas de la enorme cantidad de trastos que caían sobre nosotros.

Después de aquella tempestad vino una breve calma, donde estaba yo con una mano sobre la cabeza y otra en el trasero, sobando ambas partes. Jerry mirando a los alrededores y Mammy Two-Shoes mirando el piso tapizado de trastos rotos con los ojos abiertos como platos. Primero el piso, luego a mi. Nos quedamos así durante al menos medio minuto, intercambiando miradas de incredulidad.

Durante los siguientes quince minutos no se escuchó otra cosa que no fueran los gritos de Mammy Two-Shoes propinados hacia mi persona.

El resto es historia.

Obviamente fui suspendido. La foto que Jerry me tomó antes del trágico evento fue suficiente prueba para culparme de todo, así que nisiquiera hubo oportunidad de replicar.

Pero no se preocupen, ya tendré mi venganza. Esa rata pagará.

De momento aquí estoy, con dos semanas de suspensión, una deuda enorme, posible demanda por daños a la propiedad y un moretón en la nalga derecha. La buena noticia es que al menos tengo tiempo de diseñar un plan que me asegure la expulsión de esa rata ponzoñosa.

Mientras tanto, quizá mi consuelo venga en forma de un aperitivo de media noche.

Fin del segundo día.