Editado 24/12/2017
Advertencia contenido adulto. Decidí apegarme más al canon y cambié un poco esta escena. Si quieren, para los que leyeron la historia antes de que la actualice, pueden volver a leerla.
Death Note no me pertenece.
"A menos que alguien haga el primer movimiento, nada va a suceder"
- Misa Amane.
Capítulo 15:
Misa Amane podría considerarse como una persona un tanto irracional; su lado impulsivo era el que ganaba la mayoría de las veces. Por suerte, eso tampoco le había traído demasiados problemas, ya que siempre sabía cuándo detenerse.
Bueno, hasta ahora.
Cuando Ryusaki la empujó contra el escritorio, y comenzó a besarla con desesperación y furia, Misa sabía, muy en el fondo, que esta vez no iba a poder ponerle un freno a la situación.
Y que, seguramente, había cometido un gran error al besarlo primero. Pero cuando las manos del chico comenzaron a recorrerla, y su boca pasó de la suya a su cuello, ya no le importó0 absolutamente nada más.
Él había tratado de detenerse, ella lo había notado. Pero bastó con que Misa soltara un gemido para que Ryusaki también perdiese el control.
Y como le gustaba perderlo.
Besó el cuello de la chica, recorriéndolo hasta llegar al hombro. En donde corrió lentamente la camisa de su uniforme escolar. Estaba mucho más nervioso de lo que parecía, en verdad. Pero la respiración entrecortada de la rubia hacía la tarea mucho más fácil.
Misa cruzó las piernas mientras sentía como su necesidad iba en aumento, y en otro acto impulsivo (había cometido varios hoy), se separó del pelinegro y se quitó la camisa de un tirón. El chico miró la prenda en el piso y luego a la rubia, quien lo observaba con un brillo desafiante en los ojos. Como si toda aquella escena fuera otra batalla entre ellos, la cual Misa estaba preparada para ganar.
Ryusaki supo al segundo, que no iba a ser necesario que vaya despacio. No si quería ganar también.
Muy bien, si quieres guerra Amane, guerra tendrás.
Vio que la rubia iba a decir algo, pero usó la estrategia que ella había empleado anteriormente, y la besó antes de que pudiese articular palabra alguna. Volvió a ponerla contra el escritorio, y, agarrándola de las piernas, la ayudó a sentarse encima de este. Aunque Misa sabía que tenía que pelear un poco más, todo su cuerpo parecía actuar por sí mismo, cediendo al más mínimo contacto que le proporcionaba Ryusaki. Fue abriéndose de piernas lentamente para que el pelinegro pudiese colocarse entremedio de ellas, mientras soltaba un largo y doloroso suspiro.
El chico siguió besándole el cuello, y, ahora que ella misma se había desecho de la camisa que estorbaba, el siguió recorriéndole el cuerpo con sus manos, para luego darle ese lujo a su boca, y a su lengua.
Misa gimió al sentir como Ryusaki arrancaba la prenda de ropa que la cubría, además de lo que le restaba del uniforme. Y antes de que ella pudiese protestar para que el pelinegro también se quite algo, este comenzó a besar y luego a morder sus pechos con delicadeza, haciendo que una horda de satisfacción la invadiera, y que tuviese que controlarse para no gritar.
Sus manos, y todo su cuerpo en general, temblaban. De nervios, y de expectación. Aun temblando, colocó sus manos en el cabello del chico, que, aunque pareciera bastante descontrolado y sin peinar, era bastante sedoso, y se sentía muy bien entre sus dedos.
No podía esperar para arrancárselo todo de la cabeza.
Si bien los tirones de pelo tendrían que haberlo molestado, tuvieron el efecto contrario sobre el futuro detective. No sabía porque, pero cada tirón lo hacía excitarse cada vez más.
Entonces también le gusta jugar rudo en esta clase de batallas…- pensó él, con una sonrisa burlona, mientras bajaba por el estómago de la modelo, y dejaba besos por toda la piel con la que entraba en contacto. Siguió así hasta que llegó a sus piernas, y muy cerca de su zona íntima, le proporciono algunas mordidas, lo que a la rubia pareció encantarle mucho más.- Me subestimas demasiado, Amane.
Ahora cada gemido de la chica era doloroso; lo quería y lo necesitaba dentro de ella lo antes posible. Pero era muy orgullosa para decirlo, así que el pelinegro siguió torturándola un poco más. Jugando con sus pezones, mordiendo cada parte de su piel sensible, tocando alrededor de su ropa interior...
Haciendo todo lo posible para hacer que la chica se volviera loca.
Pero tampoco podía decir que él estaba cuerdo del todo. Cada gemido, cada grito, y cada sonido o suspiro que la chica soltaba, era una completa tortura. Él también la necesitaba, mucho, demasiado; Pero no podía dejar pasar la oportunidad de tenerla a su merced.
Después de todo, él también quería ganar la batalla.
Si el idiota no hace algo juro que lo voy a asesinar.- pensó la rubia con la poca cordura que le quedaba. Mientras él seguía tentándola, ella estaba segura de que había logrado arrancarle varios mechones de pelo, pero aun así no era suficiente. Quería más. Necesitaba más.
En un intento por hacer que él se rindiera, enredó sus piernas en su cintura, y lo trajo lo más cerca que pudo, sintiendo como su miembro la necesitaba al igual que ella a él. Misa soltó un gemido y Ryusaki gruñó, mientras trataba de aguantar un poco más. Necesitaba atormentarla un poco más.
:- Estoy lista.- le dijo ella al oído cuando había logrado calmarse un poco. Pero luego, un miedo inevitable tomó de rehén todos sus pensamientos.- A- aguarda.- tartamudeó, y al instante el chico se detuvo; mirándola con suma curiosidad.
Tal vez para ella él era un pervertido, pero no de esa clase. No iba a ser algo que Misa no quisiera. La observó tan detenidamente, que la rubia no pudo evitar sonrojarse.
:- Em.. bueno, es que yo… yo, eh…
:- ¿Eres virgen, no es así?
La rubia le golpeó el hombro, y evitó mirarlo; su cara estaba en llamas.- Oye- no, ¡no tenías por qué decirlo tan… tan así!
Si no hubiese estado semi agitado, y si no fuera algo tan anormal en él, se habría reído.- No tienes porque avergonzarte, Amane. Después de todo, no eres la única…
Al escucharlo Misa volvió a mirarlo a los ojos. No había burla, ni aburrimiento; jamás lo había visto de ese modo. Parecía casi…
Humano.
Se acercó de nuevo, y comenzó a besarle el cuello con menor intensidad. De un momento a otro, Misa pudo sentir su respiración en su oído.- ¿Quieres esto, Amane?
Ryusaki no tuvo que escuchar una respuesta, los gemidos de Misa eran prueba suficiente.
De un tirón, le arrancó la ropa interior, y le tapó la boca antes de que la rubia gritara. Luego, remplazó la mano con sus labios, y la otra con sus dedos. Ella gimió en su boca, causando que él comenzara a rosar su miembro con el de la chica, y que sus dedos fueran remplazados por la punta del mismo; tentándola y torturándola todavía más. Hasta que ninguno de los dos pudo aguantar otro segundo.
Quería hablar, quería decirle algo, pero no se le ocurría nada. Entonces prefirió callar, y deleitarse con los sonidos que Misa emitía cada vez que é se movía. Primero lo hizo lentamente, (no pudo evitar tensarse al sentir un grito de dolor), pero a medida que la rubia se fue acostumbrando comenzó a hacerlo más rápido. El escritorio mismo parecía venirse abajo.
No supo cuánto había durado, pero cada momento, cada instante… había sido algo maravilloso. Cada vez era más rápido, más fuerte. Misa pensaba que iba a deshacerse; que todo a su alrededor iba…
Y, luego, terminó.
Con la respiración entrecortada, Ryusaki se acomodó, apoyando las palmas en el escritorio, intentando tranquilizarse y volver a la normalidad.
Fue entonces, cuando sus músculos se tensaron, e hizo contacto visual con Misa Amane, que se dio cuenta que la situación había sobrepasado cualquier límite existente.
Y un momento después, la rubia llegó a la misma conclusión. Solo que ella no lo tomó tan calmadamente como lo había hecho él.
Con un gritó de terror, que causó que Ryusaki perdiera la estabilidad por un momento y casi cayera al piso, Misa se levantó lo más rápido que pudo del escritorio, y buscó por todos lados su ropa. Sus mejillas se encendían a medida que iba encontrando cada pieza del uniforme que había sido rasgado a manos del pelinegro.
Oh. Por. Dios.
¡¿QUÉ DEMONIOS ACABABA DE HACER?!
Dio otro grito, mientras Ryusaki se ponía los pantalones y debatía si decirle que se calle o si ignorarla por completo. Él tampoco podía entender que había sucedido, y necesitaba tiempo para pensar; a solas. Definitivamente sin la explosiva compañía de Misa Amane.
Misa estaba a punto de tener un ataque. Su cuerpo temblaba y tenía unas infinitas ganas de llorar. Las escenas se reproducían en su mente una y otra vez, pero no podía entenderlo. Parecía lejano, como si en realidad todo esto fuera un sueño, o una película; no como algo que acababa de vivir hacia menos de diez minutos.
Lástima que el dolor de piernas y de otros lugares que no quería mencionar no decían lo mismo.
Estaba a punto de dar otro grito, cuando vio la puerta abrirse, y al conserje entrar completamente avergonzado.
:- Escuche un gritó, y tuve que venir a revisar. Pensé que no había nadie. De verdad lo lamento. ¿Cuánto tiempo llevan aquí?
Lamentablemente, Misa no estaba lista para responder a ninguna pregunta.
Solo tenía un deseo, en donde su cuerpo y su mente por primera vez estuvieron de acuerdo:
Salir de allí en ese preciso instante.
Apenas la puerta estuvo lo suficientemente abierta, Misa salió disparada, ahora vestida, fuera del salón; para no volver nunca, nunca, jamás.
(Por ese mismo día, obviamente)
Solo corría. Corría, corría y corría. No sabía hacia dónde; la verdad, tampoco le importaba. Lo único que buscaba era alejarse de allí, del salón.
Alejarse de Ryusaki.
Al nombrarlo, las imágenes volvieron; no se las podía sacar de la cabeza.
No, no, no, no, NO. Aquello había ido demasiado lejos ¿Cómo no pudo controlarse?, ¿cómo demonio no le puso un freno? Era con el idiota de Ryuga, ¡por amor de dios!
No podía creerlo, no podía. Esto era más que un simple beso. Esto… ella… ella había… ¡ella se había acostado con él!
Claro, si le daba otro significado a la palabra "acostar". Ya que en realidad fue sobre un maldito escritorio.
Dobló en una esquina, y gracias al cielo, encontró la puerta de salida de emergencia.
Salió de la escuela, y se apoyó contra la pared. Fue bajando lentamente hasta quedar sentada en el piso, respirando con dificultad. Su cabeza latía, y sentía cómo cada órgano del cuerpo le ardía. Sin embargo, ahora que las imágenes volvían a su cabeza, el dolor físico no tenía comparación con lo que era el post-trauma psicológico de haber…
De haber hecho eso…
Con RYUSAKI.
Se sentía completamente diferente.
O por lo menos, así fue como se había sentido durante todo ese momento. Como si en realidad, esa chica que había estado en el salón de clases no hubiese sido Misa Amane. Como si hubiese estado poseída, u obligada por algún sistema de control mental.
No se le ocurría otra excusa para sus acciones; y se negaba a creer la realidad.
Pero tenía que… tenía que enfrentar las consecuencias.
Había tenido sexo con Ryusaki, con el idiota más horrible y odioso del universo.
Y aunque le duela hasta la médula admitirlo, si no lo hacía, iba a ser mucho peor.
Aunque sonara loco, y al hacerlo la humillara completamente, tenía que admitir que… no había estado tan mal.
Muy dentro suyo, hasta le había gustado.
.-.-.-.-
Cuando llegó a casa, tuvo la suerte de que su nana estaba de compras. Por lo cual no hizo falta que pusiera alguna excusa sobre porque estaba toda despeinada y con el uniforme desastroso.
Subió a su habitación, entró al baño y cerró con llave. Luego apoyó la cabeza en la puerta. Necesitaba pensar.
Pero primero, necesitaba un baño.
Quería sacarse esa sensación horrible… que le recordaba toda aquella experiencia… aún no contaba con las palabras para describirla. Pero el sudor y el olor que emanaba de su cuerpo solo le causaba náuseas y asco.
Quería sacarse cualquier recuerdo de Ryusaki de su cuerpo.
Al meterse en la ducha y sentir el agua caliente, fregó con fuerza cada centímetro de su piel, tratando de hacer que aquellas insoportables sensaciones se fueran.
Suspiró con cansancio, mientras se daba a sí misma una bofetada ¿Cómo pudo ser tan tonta?
No había sido igual que las otras veces. No podía meter una simple excusa, o fingir que ella no había estado consiente; porque lo estuvo.
Ello lo empezó, por amor de dios.
Y lo peor era que el pelinegro seguía sin interesarle en lo más mínimo. Al contrario, después de eso… ahora lo odiaba todavía más.
Él había vuelto a ganarle.
Un asco profundo la invadió al volver a recordar la escena completa. Ella había… había sido su primera vez.
Gracias al cielo que uso la píldora.- se dijo a si misma mientras se miraba con repugnancia al espejo.- Imbécil.
Se enredó con toalla y salió del baño, ahora un tanto más renovada y despierta. Pero por sobre todo limpia.
Por lo menos por fuera.
Su conciencia seguía sucia. Jamás se perdonaría esto, había caído demasiado bajo. Había dejado que la humillara completamente.
Oh, pero me las vas a pagar; lo juro. No descansare hasta ver que te retuerzas.- pensó la chica, con odio, mientras se ponía ropa sana y contemplaba su uniforme destrozado.
Iba a hacerlo pagar, aunque sea lo último que haga.
Se acostó en la cama, y dejó que su mente se tranquilizara por unos segundos. Seguía siendo Misa Amane, y seguía teniendo la vida normal que tenía la estudiante Misa Amane. Mañana tendría que volver a la escuela, y, aunque le guste o no, iba a tener que enfrentarlo.
Aunque parte de ella aún dudaba que aquella experiencia haya pasado de verdad. Una parte de su mente seguía sin poder creerlo. Era algo tan absurdo que ni siquiera Matt se lo creería. Y pensar que él tenía bastante experiencia en cosas absurdas…
Ping.
El solo recuerdo de Matt hizo que Misa abriera los ojos de golpe, y que se levantara de la cama de un salto.
No podía ser.
Todo este tiempo… todo este tiempo lo había tenido frente a sus narices. No lo había recordado antes, y con todo lo que había pasado en el salón no le prestó la más mínima atención.
Pero ahora lo sabía.
Ahora lo entendía.
Ryuga… Ryusaki, era L.
Era tan claro, tan predecible, que Misa solo se rio ante su propia estupidez.
Todo este tiempo, lo había tenido justo en frente; además de que era absolutamente obvio. El parecido con Near, la forma de hablar, y todo el "secretito" acerca de su propia vida…
Dios, que alguien la golpeé.
Y ahora con más razón, con mucha más razón, iba a intensificar su venganza. La vez que ella se lo había contado, él había seguido como si nada. Hasta la había "ayudado" a encontrar a Near.
Por favor, que hipócrita.
No terminaba de entender porque ella había sido el objeto de sus burlas y su diversión, pero eso estaba por terminar. Ya había jugado demasiado tiempo.
Ahora era el turno de Misa.
Si antes lo detestaba, ahora lo odiaba con todo su corazón. El solo pensamiento sobre volver a verlo al día siguiente después de todo aquello… hacía que se le revolviese el estómago. Pero debía hacerlo. Tenía que hacerlo pagar.
No podía echarse atrás ahora, ya era demasiado tarde.
Antes habían sido solo algunas batallas, ahora, había comenzado la guerra.
Y Misa ya lo tenía en mente; iba a ser una masacre.
.-.-.-.-.-.-
Lo que causó que la rubia se despertara a las cinco y media de la mañana, no fue su alarma, y mucho menos los gritos de Natsuki.
Se trataba de un ruidito proveniente de su celular. Un mensaje.
Con los ojos adormilados, y mientras ahogaba un bostezo, tomó el teléfono para ver quién demonios se había atrevido a molestarla a esa tan temprana hora.
Por suerte para la persona que le había mandado el mensaje, todo pensamiento de asesinato que tenía Misa en la cabeza fue erradicado al ver el número del que la había contactado.
Se trataba de Shingo Mido. Uno de los jefes con los que había hablado en la entrevista para la revista PopTeen, en la cual ahora trabajaba.
Con una sonrisa en los labios, leyó el mensaje, y dio las gracias de haberse despertado en vez de ignorarlo y seguir durmiendo.
Shingo le explicaba que una de las modelos no iba a poder presentarse el siguiente fin de semana, y que Misa sería el reemplazo perfecto. Le preguntaba acerca si le parecía bien, además de dejarle la dirección y la hora en que la esperarían.
Debajo de todo también yacía una disculpa por la hora en que la había contactado.
Ese hombre es muy dulce.- pensó la rubia, mientras contestaba el mensaje. Su réplica había sido calmada, pero se encontraba bastante emocionada y activa. No creía que fuese a poder volver a dormir.
Iba a modelar, para nada más y nada menos que su revista favorita en todo el mundo. Era como un sueño hecho realidad.
Por un momento se había olvidado de todo el asunto con Ryusaki, de su venganza, de Takada, y de hasta Light. Lo único que tenía en la mente en ese momento era la revista. Pasó la próxima hora imaginándose todo. Desde que vestidos iba a usar, hasta donde sería el lugar en donde le tomarían las fotografías. Además de toda la gente que conocería, y de las fiestas a las que seguramente asistirían. Hasta podría, en algún momento, volverse una supermodelo. Una chica famosa en su país, o hasta en todo el mundo…
Si, decir que Misa estaba emocionada era algo muy pobre.
Estaba eufórica.
.-.-.-.-.-
:- ¿Acaso está bien?- le preguntó el hombre, al ver que la rubia había salido corriendo de la habitación más rápido de lo que canta un gallo.- ¿Paso algo de lo que necesite estar enterado?
:- Esta bien. Y no, nada de su interés.- le respondió el pelinegro, ganándose una mirada sucia del conserje. Este negó con la cabeza, comentando por lo bajo algo como, "estos chicos de hoy, absolutamente nada de respeto", pero Ryusaki no le prestó la más mínima atención.- Iré tras ella.- mencionó, pero el hombre solo se encogió de hombros mientras comenzaba a repasar uno de los estantes.
El chico recogió sus cosas, y agradeció haber tenido el tiempo suficiente para subirse y abrocharse los pantalones. La escena se hubiese tornado mucho más incómoda si él lo hubiese encontrado sin los pantalones puestos. Eso, sumado a que los gritos de Amane, habría creado un escenario innecesario y humillante.
Salió del salón y se encaminó hacia la salida. Le había mentido al hombre de pelo café: no iría a buscar a Misa Amane. No le veía un propósito. Ella estaba más que alterada, y si él iba a buscarla, lo más probable era que iba a empeorarlo todo.
Y, definitivamente, él no quería estar cerca cuando la rubia estallara. Además, necesitaba tiempo para pensar.
Mucho tiempo.
No había estado en sus planes llegar a esto. Jamás hubiese pensado que, por un castigo, terminaría teniendo relaciones sexuales con nadie más que Misa Amane.
Era algo bastante difícil de creer.
Pero, si se ponía a pensarlo, tampoco era algo tan improbable. Era más que obvio, que, por las veces en las que se besaron, y por como terminó su último encuentro, solo faltaba que alguno de los dos no pusiera más límites para que las cosas se les terminaran yendo de las manos.
Lo que había sucedido, exactamente, hacia veintitrés minutos.
Había algo que le molestaba, sin embargo. No había planeado el encuentro con Amane, y este sucedió de todos modos. Si ella no se detenía era su problema, pero para él era algo completamente diferente. No podía dejar de pensar, no podía apagar sus funciones neurológicas así sin más. Tendría que haber frenado, tendría que haberse puesto un límite.
Pero no lo hizo, y eso lo desconcertaba todavía más.
Mientras esperaba a que Watari viniese a recogerlo, comenzó analizar la situación, y a tratar de llegar a una conclusión. No entendía porque no se había detenido.
Pero bueno… si ponía las cartas sobre la mesa…
Era un adolescente. Quiera o no, las hormonas existían; y allí estaban.
Jamás había estado con otra persona, lo que hacia que el punto anterior tuviese más validez.
Bueno… era algo obvio:
Porque, simplemente, no quería.
Él no quería que ella se detuviera.
Amane no le "gustaba". No sentía afecto por ella, no confiaba en ella, ni se preocupaba como lo hacia por Watari o los chicos.
Lo que quedaba, entonces, era pura atracción sexual.
Lo que implicaba, que seguramente, en el futuro, si se volvía a ver en una situación como esa, era muy probable que no volviese a detenerse.
Después de todo, no quería detenerse.
Pero sabía que estaba jugando con fuego. Era una persona egoísta, y si seguía así… no iba a terminar bien.
Al menos no para Misa Amane.
Luego de meditarlo, llegó a la conclusión de que tenía dos opciones:
O dejar de ver a Amane, y olvidarse completamente de todo lo sucedido en aquel año…
O seguir con el juego y ver hasta donde podían llegar…
Y, lamentablemente, Ryusaki era una persona demasiado curiosa como para desechar la segunda idea.
Seguiría con su vida, por supuesto, sería el mejor detective del mundo, tal como había planeado. Pero lo otro…
Digamos que lo tendría en cuenta.
Negó con la cabeza mientras subía a la camioneta y un pensamiento cruzó por su mente.- Amane había ganado la batalla después de todo…
Pero en una guerra, nunca se puede predecir cuantas batallas van a llevarse a cabo exactamente; y Ryusaki iba a esperar con ansias la siguiente.
Después de todo, él era infantil y odiaba perder.
Estate lista Misa Amane, voy a obtener mi revancha.
