Editado 1/01/2018


Death Note no me pertenece.


"Nadie puede decidir que está bien y que está mal en este mundo. Incluso si hay un dios y yo hubiese aprendido de él, tendría que pensar y decidir si está bien o mal por mí mismo"

- Nate River.


Capítulo 16:

Como había predicho, Misa Amane no pudo volver a dormir luego de leer y contestar aquel mensaje.

Se había quedado las dos horas siguientes pensando, y divagando, hasta que la alarma y los gritos de Natsuki lograron despabilarla por completo.

Con un bostezo por las pocas horas de sueño que logró conciliar, se rascó los ojos y se levantó de la cama. Mientras se lavaba la cara y cepillaba los dientes, su humor sufrió otro cambio; ya no era el mismo que hacia un par de horas.

No. Ahora que recordaba a las varias personas que iba a tener que ver ese mismo día, cualquier rastro de buen humor se le había evaporado por completo.

Saludó a su nana con la mejor sonrisa falsa, y, antes de que esta le hiciera alguna pregunta, salió lo más rápido que pudo de su casa y se dirigió a la escuela.

O al infierno, propiamente dicho.

Por suerte, al salir temprano de su casa, consiguió también llegar temprano al instituto. Por lo tanto, no vio a ninguna de las personas que había querido evitar.

Aunque eso no evitó que una oleada de pánico la invadiera cada vez que se encontraba con una cabellera negra en los pasillos.

Podía ser que se encontrara un poquito paranoica…

Solo un poco.

Mientras intentaba matar un poco el tiempo, ya que quedaban diez minutos para que las clases comenzaran, divisó entre los alumnos dos personitas que ya conocía bastante bien.

:- Aguarden ahí un segundo, ustedes dos.- les dijo Misa, mientras se cruzaba de brazos. Ambos se alarmaron al escuchar a la rubia, pero ya era demasiado tarde para huir. Antes de que pudiesen omitir si quiera un sonido, ella los golpeó a ambos en la cabeza, como lo había hecho en la mansión.

:- ¡Ouch!

:- ¡¿Qué demo…?!.- exclamó Mello, mientras este y el pelirrojo se rascaban donde ella los había golpeado. No querían admitirlo, pero había dolido bastante.- ¡¿Qué está mal contigo?!

La rubia solo sonrió al ver las expresiones de los chicos.- Eso, fue por ocultarme la identidad de "L" durante todo este tiempo.

Ambos se miraron, y luego a Misa.- Así que… supongo que lo sabes, ¿verdad?- ella asintió.- Bueno, no puedes culparnos.- dijo Matt.- Era información clasificada, después de…- calló de repente al darse cuenta de su error.

Mello lo miró alarmado, pero ya era muy tarde. Ahora Misa los miraba expectantes. Sabían que esto no iba a terminar bien.

:- ¿Información clasificada?- los miró, incrédula.- Pues lo lamento, pero no se irán de aquí hasta decirme exactamente todo, y me refiero a todolo que sepan, que tenga que ver conmigo. No voy a tolerar más secretos.- siguió diciendo la rubia, mientras Mello le proporcionaba una mirada fulminante al pelirrojo, y este trataba de calmar a Misa.

¿Por qué siempre tenía que abrir la bocota?

Por suerte para ellos, antes de que hicieran algo que iban a lamentar más tarde, la campana sonó, sirviéndoles como excusa perfecta para dejar a la chica hablando sola en el pasillo.

Cruzándose de brazos y fulminando con la mirada al vacío donde antes se habían encontrado los dos jóvenes, Misa seguía sin poder creer lo que le habían dicho; o más bien, lo que habían intentado ocultarle.

¿Acaso eran una familia de espías o qué?

¿Por qué guardaban tanto secreto, sino era así? Ya era demasiado que el estúpido de Ryuga vaya con el seudónimo de una letra, ¿qué otras cosas podrían estar ocultando?

Oh sí, algún día su curiosidad sería su fin. Pero no le importaba, no en lo más mínimo.

Dio media vuelta y se encaminó al salón de clases, donde esperaba, más bien rogaba, no encontrarse con el bastardo que había sido protagonista en varias de sus pesadillas.

:- Señorita Amane, las clases comenzaron hace cinco minutos.- comentó el profesor de Biología al ver a Misa entrar por la puerta. La cual, por lo visto, había llegado tarde.- Podría ser tan amable de ir a buscarme un paquete de tizas, digo, ya que llega a la hora que usted quiere, podría hacerme ese favor.

Misa observó que, en verdad, el hombre estaba en lo cierto. Miró el reloj en la pared y luego a todos los alumnos sentados y tuvo que admitir que sí, había llegado tarde.

Lo que era completamente irónico ya que había llegado al colegio temprano apropósito. Pero bueno, esas cosas solo podían sucederle a ella; en su vida aquello ya era algo normal.

Asintió y la puerta se cerró detrás de ella mientras se encaminaba al armario en donde guardaban todos los productos que usaban los profesores para trabajar en el salón de clases.

Recordó los alumnos que se encontraban presentes, y suspiró con alivio al darse cuenta de que Ryuga no era uno de ellos.

Lo que causó que el humor de la rubia subiera inmediatamente.

Lamentablemente, no estaba preparada para que, al abrir la puerta del armario, se encontrara cara a cara con la persona que había tratado de evitar toda la mañana. Pareciera que el mundo le estaba jugando una broma.

Una cruel y terrible broma.

Él era más alto que ella, por lo que tuvo que bajar la cabeza para poder verla a los ojos. Misa no podía creerlo. Se había congelado, de nuevo.

:- Amane, ¿qué…?

La bofetada resonó por todo el pasillo, y Misa agradeció al cielo el que no haya nadie más que ellos en el corredor. No podría soportar otro castigo.

:- Tú…- pronunció Ryusaki, mientras se tocaba la mejilla, ahora roja, con la mano, y miraba a Misa con cierta sorpresa. Había sido tan rápido que no había tenido tiempo para reaccionar. Aun así, jamás pensó que la rubia fuese a golpearlo.

Estaba loca, eso sin dudarlo.

Al escucharlo de nuevo, Misa salió del trance y se cruzó de brazos para luego fulminarlo con la mirada. Olvidándose completamente de las tizas que le había pedido el profesor, dio media vuelta, preparada para escapar, cuando otra voz conocida la hizo frenar en seco:

:- ¡Ahí están! El director nos está buscando, quiere una reunión con el consejo. Debemos…- el rostro de Light reflejó la misma cara de sorpresa que había puesto el pelinegro, al ver la marca roja en su cara.- Em, Ryusaki… ¿estás…?

:- Bien.- respondió el aludido, cortante. Miró a Misa de reojo; la rubia lo ignoró.- Estoy bien Light, ahora vamos.- luego de eso emprendió camino hacia la oficina del director, mientras Light le daba una mirada a Misa y esta se encogía de hombros.

Entonces los tres caminaron, a paso lento, envueltos en un silencio severamente incómodo. Light pensó en decir algo para calmar las aguas, pero terminó desechando la idea. El ambiente no era muy bueno, y en verdad, tenía miedo de que terminaran los echándose contra él por tan solo querer ayudar.

Cuando entraron, el hombre los recibió con una sonrisa, y les comentó acerca del nuevo proyecto en que iba a tener que trabajar el consejo de estudiantes.

Light observó con atención la reacción de ambos a cada propuesta que mencionaba el director. Bastaba que cualquiera de los dos dijera algo, para que el otro se lo discutiera a muerte.

Y eso no era normal, el castaño concluyó.

Para nada normal.

Al terminar con la reunión más incómoda de sus vidas, Light les pidió a ambos que lo aguardaran un segundo.

:- Ryusaki…- el pelinegro lo miró, mordiéndose el pulgar.- Ya lo pregunté antes, pero… ¿exactamente que te pasó en la cara?

Lo miró con aburrimiento, y un segundo después se dio vuelta para volver al salón de clases, pero no sin antes replicar.- Pregúntale a Amane, seguramente ella te dará una respuesta más concisa.

Light miró a Misa detenidamente, y se ahorró las molestias de preguntarle a ella sobre la situación, sabía que no serviría de nada. En cambio, cuando la rubia estaba por despedirse, este le pidió otro minuto.

:- Misa… escucha, en verdad lamento lo que pasó ayer.- la rubia lo miró sorprendida.- El comportamiento de Takada estuvo muy mal, pero no menos que el mío. La verdad es que merecía todo lo que me dijiste… y seguramente más. Así que lo lamento, y espero que puedas aceptar mis disculpas.

Con una sonrisa que el castaño no veía hacía mucho tiempo, la rubia asintió. Se despidió de él y se encaminó, ahora feliz, a su siguiente clase.

Como aritmética no era una clase que Misa disfrutara, mucho menos que entendiera, se dedicó ese tiempo a pensar en otra cosa mucho más importante:

Light Yagami.

No podía creer, que, en menos de cinco meses, había avanzado y retrocedido casi la misma cantidad de escalones. Había besado y al castaño y hasta había sido su novia. Pero también se había peleado con él, y habían terminado.

Triste final del capítulo, pero no el de la historia.

La rubia aún tenía esperanzas. Sabía que, con lo perseverante que ella era, no sería muy difícil volver a conquistar al castaño. Las disculpas que le había dado hoy lograron solo volver a derretir su corazón, y querer, con mucha más necesidad, que este vuelva a ser su novio.

Porque, Misa Amane seguía enamorada de él.

Mientras la profesora llamaba a su amado al pizarrón, la rubia se encontró admirándolo un poco más. Como su cabello, perfectamente peinado, y su uniforme arreglado, lo hacía lucir como un hombre de negocios, alguien sumamente exitoso. Sus ojos marrón chocolate lograban que Misa, y que todas las chicas del instituto cayeran rendidas a sus pies. Y no hablemos de su inteligencia…

:- Hideki Ryuga, por favor, pase a hacer el número cinco.- mientras el amor de su vida volvía a sentarse, cualquier pensamiento lindo fue erradicado de la cabeza de Misa, al ver como una de las personas que más detestaba tomaba el lugar de su querido Light.

La ironía de la situación la estaba matando.

Como, siendo completamente diferente a Light (salvo por su inteligencia) y siendo una de las personas que Misa tenía en su lista negra, él había logrado hacer con ella, lo que la rubia solo había reservado para el castaño.

Como, siendo la persona más detestable y extraña del planeta, había logrado llegar hasta Misa, y corromperla completamente.

Pero eso no iba a terminar así, por supuesto que no.

Lo único que la chica deseaba en ese momento, era que la semana terminara rápido.

Si tenía que ver al pelinegro un segundo más, estaba segura de que iba a gritar.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Si existía un dios en algún lado, Misa estaba segura de que había escuchado sus plegarias.

La semana se le había pasado sumamente rápido.

Sin sufrir ningún otro incidente que involucre a Ryusaki, salvo por alguna que otra mirada de odio por parte de la rubia, logró salir viva de aquellos tres días restantes.

Y ahora era sábado, el día que estuvo esperando toda la maldita semana.

Y eso se debía a una sola cosa: era el día en donde iba hacer su primera sesión fotográfica como modelo para la revista PopTeen.

Aun no podía creerlo.

Se presentó ante Namikawa, con quien ya había hablado una vez, y este la mando directamente con la directora de maquillaje y vestuario. No era una persona paciente, Misa pudo deducir, al ver cómo le gritaba a uno de los asistentes para que se apurara, ya que el café lo había pedido hacia más de cinco minutos.

Conoció a varias modelos con las que tendría que sacarse las fotos, y estuvo muy feliz al darse cuenta de que, en realidad eran buenas personas, y no como los medios las hacían ver. Eran agradables, y hasta consiguió hacerse amiga de dos de ellas.

Con ayuda de la asistente de la modelo faltante, Misa quedó como una muñeca, vestida de blanco y con un maquillaje natural, ya que la sección de la revista era para los nuevos vestidos de novia de la colección de verano.

Decir que pasó un buen rato era muy pobre, ¡había sido uno de los mejores días de toda su vida!

:- ¡Misa!- oyó un grito mientras salía del edificio, y tuvo una sensación de deja vu. Dio media vuelta y se dio cuenta que había estado en lo cierto.- Lamento molestarte ahora que terminaste, pero no pude hablarte en todo el día, y en realidad quería felicitarte. Lo hiciste muy bien, para ser tu primera vez.- Misa sonrió al castaño que le había enviado el mensaje: Shingo Mido.

:- Gracias… en verdad, es como un sueño hecho realidad. Me encantaría volver a hacerlo, ¡fue sensacional!- él sonrió, y luego de hablar un poco más con la rubia, esta se despidió.

:- ¡Apenas tengamos un lugar bacante no dudes que te llamaremos! Hasta luego, Misa Amane.

Al subir al auto que iba a llevarla a casa, la rubia no pudo dejar de sonreír. El hombre cada vez comenzaba a caerle mejor. Era, se atrevía a decir, igual de caballeroso que su Light.

Y lograr eso era bastante difícil.

Eran eso de las cinco cuando Misa llegó a su casa. Se había pasado casi todo el día trabajando en la revista.

Y le parecía perfecto.

:- Misa, pequeña.- la llamó su nana antes que la rubia subiera a su habitación.- Uno de tus amigos se comunicó conmigo cuando no estabas, y me dijo que apenas llegaras le hables. Que era algo urgente.

Misa asintió, aunque no tenía la menor idea de quién podía ser. No se había llevado el celular, por lo que estaba segura de que, si habían llegado a llamarla al teléfono fijo, su móvil debía estar lleno de mensajes.

Y no estaba equivocada.

La mayoría eran de Light, y luego había varias llamadas de un número desconocido. Pero en los cinco que había recibido, el mensaje era claro:

Escuela. Reunión con el consejo. 17:30.

Así que la rubia no iba a poder descansar, después de todo.

Con un suspiro tomó su celular y agarró uno de sus bolsos. No iba a volver a cambiarse, así que en menos de cinco minutos estuvo lista.

Saber que iba a tener que volver a ver a Ryuga, luego de haberlo golpeado, no era muy alentador. Pero ella era la presidenta, y debía cumplir con su deber.

Además… iba a poder ver a Light, y eso no tenía precio.

Solo, no lo golpees esta vez.- se dijo así misma mientras entraba al edificio y se dirigía al gimnasio, donde ellos iban a estar.- Ignóralo; solo ignóralo.

Tuvo que frenar al reconocer a las otras dos personas presentes.

No, definitivamente no estaba preparada para esto.

Takada y Mikami la fulminaron con la mirada por un largo rato, mientras L, o Ryuga, o quien sea, ni siquiera se percataba de su existencia.

El único que hizo algo fue Light, quien la saludó apenas la vio entrar.

:- Lamento no haber respondido antes, no tenía el celular conmigo.- Misa estaba segura de que la bruja de pelo negro iba a decir algo, pero Light le indicó que guardara silencio. Misa no pudo evitar la sonrisa que apareció en sus labios.- No pasa nada Misa. Estás aquí, eso es lo que importa.

Si. Si estaba su amado, definitivamente no había sido un error venir.

:- Bueno, ahora que ya estamos todos, voy a explicar bien porque los llamé hoy aquí.- todos lo escucharon atentamente, salvo Ryuga, que parecía estar inmerso en su propio mundo, mordiéndose el dedo pulgar.- El director habló conmigo ayer después de clases, y me pidió por favor si podíamos organizar una feria para recaudar fondos. Y se supone que va a levarse a cabo el miércoles, por lo que, tendríamos que terminar de organizar todo el día de hoy.

Y, como recompensa, podremos quedarnos con el diez por ciento de lo que vayamos a recaudar en la feria… si es que lo hacemos bien, por supuesto.

Takada y Mikami asintieron, mientras Misa sonreía. En realidad, era una gran idea. Y así podría pasar más tiempo con su Light ¿Qué más podía pedir?

:- Deberíamos ponernos a trabajar ya.- comentó Ryuga, quien no había dicho una palabra, y Light asintió.- Tienes razón, bueno, manos a la obra.- dijo el castaño mientras les indicaba que tareas tendría que hacer cada uno.

A los pocos minutos, sin embargo, se dieron cuenta que el sistema de Light no había resultado ser muy eficaz.

Misa y Takada tenían que hacer las cosas en el mismo lugar, por lo que terminaron gritándose, mientras Mikami argumentaba que no podía concentrarse por el griterío, y le pedía a Ryuga que pusiera orden. Pero el pelinegro solo se había encogido de hombros, lo que causó que Mikami se terminara uniendo también a la pelea. Y gritando, todavía más fuerte.

:- Yagami-kun.- le dijo Ryusaki al castaño, que miraba con la boca abierta la escena entre los otros tres.- Hay un ochenta por ciento de probabilidad de que no terminemos hoy. Y si seguimos así, tampoco lo haremos para el miércoles.

Light odiaba tener que hacer esa clase de cosas, ya que era muy orgulloso; pero no podía fallarle al director, y ya eran como las seis y media. Así que, tragó saliva y le preguntó al pelinegro.- ¿Qué sugieres?

Este volvió a encogerse de hombros mientras veía como la cosa parecía ponerse peor a cada segundo.- Separarlos.

El castaño rio.- Buena idea.- se dirigió a donde estaban, y con un chiflido, logró callarlos.- Escuchen, si seguimos así, no vamos a terminar nunca.- se quedó pensando por un momento, y luego se le ocurrió una idea.- Como sé que la mayoría no se cae bien, o mejor dicho, no se soporta, vamos a hacer grupos.- pensó por un momento.- Mikami, tú con Takada. Tienen que decorar y planificar en qué lugar iría cada puesto.

Ambos asintieron con una sonrisa cómplice. Al menos se habían librado de tener que soportar a Amane durante todo ese tiempo.

:- Ahora…- Light debatió un momento si hacer o no lo que estaba pensando. Sabía que ambos no podían ni verse; pero, por otro lado… también sabía que algo extraño estaba ocurriendo; y, si poniéndolos juntos lograba descubrirlo, entonces no veía por qué no.

Después de todo, para él, el fin justificaba los medios.

:- Ryusaki y Misa, ustedes irán juntos.- les señalo, y la rubia lo miró con horror. Ryuga, por el contrario, seguía con la misma expresión de siempre. Aunque Light sabía que, en su mente, el pelinegro lo debía estar insultado en al menos cinco idiomas diferentes.

Porque solo conocía cinco, por lo que el castaño recordaba.

:- Light, no, te lo ruego.- le pidió Misa con tono de súplica. No podía ser que la emparejara justo con él. Parecía alguna clase de broma de mal gusto.- Si quieres me quedo hasta más tarde, pero por favor no con él.- completó señalando al pelinegro que la miraba sin ofenderse en absoluto por su comentario.

Tenía que admitir que, por un momento, lo había considerado, pero no podía cambiar de opinión ahora. Ya había tomado una decisión. Estaba hecho.

:- Lo siento Misa, pero ambos tienen que trabajar afuera, y necesito que terminen lo más rápido posible.- la rubia se encogió, rendida, mientras el pelinegro se mordía el dedo pulgar.- Em… nos vemos después, entonces… ¡suerte!- fue lo último que dijo el castaño antes de desaparecer, y de dejar a Misa sola con esa… abominación.

Sintió la necesidad de gritar, hasta de hacer berrinche. No podía ser que después del fabuloso día que había tenido, tenía que aguantarse a Ryuga toda la tarde. Luego de haberlo golpeado. No lo haría, no. Por supuesto que no. Se iba a escabullir y escapar. Ella tenía que…

:- Amane.- el pelinegro interrumpió sus pensamientos.- Sal de tu pequeño mundo de una vez, tenemos trabajo que hacer.- luego comenzó a mover unas cajas y anotar lo había dentro. Como vio que Misa no se había movido de su lugar, comentó, para llamar su atención.- No creía que además de violenta fueses una holgazana, Amane.

Oh, eres un…

:- ¡¿A quién llamas violenta?!- gritó la rubia, llamando brevemente la atención de Mikami. Pero este, al ver como Misa fulminaba al raro con la mirada, se encogió de hombros y siguió su camino.- Que conste, que a la única persona que golpeé en mi vida fue a ti; por ser un maldito pervertido.

No dijo nada, pero una sensación de satisfacción lo invadió, al verla comenzar a mover las cajas. Su plan había dado resultado.

Misa esperó por una respuesta, un contraataque, por parte del pelinegro, pero no llegó nada. Lo cual le parecía completamente raro, ya que él nunca se quedaba callado cuando se trataba de una pelea.

Y la rubia estaba demasiado enojada con él como para terminar la discusión así. Necesitaba seguirla un poco más.

Así que, con total tranquilidad, mientras armaba una mesa, comentó:

:- Me sorprendí un poco, en realidad, al darme cuenta que eras aún más pervertido de lo que yo pensaba…

:- ¿Y cómo es eso?- preguntó él, desinteresado. Pero le había respondido; el plan de Misa estaba dando resultado.- Amane… déjate de tonterías y ponte a trabajar.- ahora la chica estaba decepcionada, el maldito parecía haberle leído la mente. Estaba evitando pelear con ella.

Mientras pensaba en desistir, sin embargo, Ryusaki volvió a hablar:

:- Sabes, creo que deberías buscar la palabra "pervertido" en el diccionario. La usas demasiado, y dudo que hasta estés al tanto de su significado.

La rubia estaba a punto de hablar, ofendida, pero él volvió a ganarle.- Y, por si te refieres a nuestro último encuentro, yo diría que la "pervertida" fuiste tú.

Ahora roja, la chica se alejó de donde él estaba lo más rápido que pudo. Se lo había buscado, pero tampoco pensó que usaría ese incidente como arma. Una mención sobre eso lograba que se le revolviera el estómago.

Se mantuvo callada, pero su mente seguía trabajando. Aún no estaba satisfecha; para nada. Necesitaba demostrarle que ella era tan buena como él, aunque sabía que no era cierto. Por lo menos no tenía tanto secretos como…

Le dio las gracias a su memoria mientras soltaba otro comentario, ahora más enfadada:

:- Y no solo un depravado…- siguió ella.- Si no que eres todavía más despreciable de lo que creía, ¿sabes?- ni si quiera se dignó a mirarla, aunque estaba por refutar, cuando Misa lo interrumpió.- En serio, me mentiste en mi propia cara, ¡eres un desgraciado!- eso había atraído la atención de los otros dos pelinegros, que miraban divertidos la escena.

:- Amane, cierra la…

:- ¡Todo el tiempo! Cuando te pregunté sobre eso, me estuviste mintiendo. ¿Para qué?, ¡¿tan aburrida es tu vida que tienes que divertirte a costa mía?!

Había comenzado a gritar más alto, y el detective no iba a tolerarlo; había más cajas que acomodar en el patio. Sin mirar a Amane una segunda vez, la dejó hablando sola dentro del gimnasio.

Misa miró su espalda con odio. Aún no había terminado, por supuesto que no.

:- ¡No he terminado todavía!- gritó la rubia, una vez que estaban los dos solos afuera. L trató de ignorarla, en serio lo hizo, pero estaba comenzando a cansarlo.- ¿Tan importante es para ti que yo no supiera que eras L?, ¿o tan solo era un estúpido juego para ver cuánto tardaba Misa en darse cuenta, huh?

Eso activó un signo de peligro en el cerebro del pelinegro. Era un tema delicado; definitivamente no para que Amane lo estuviera gritando por todos lados.

Era un detective, y buscaba la justicia, pero estaba seguro de que, si la rubia no se callaba, iba a terminar asesinándola.

:- Amane, guarda…- volvió a interrumpirlo.- ¡Por supuesto que no me voy a callar! Hasta cuando te conté sobre eso… me mentiste. ¡Eres despreciable! ¿Sabes qué? Ahora no voy a parar hasta saber cada uno de tus secretitos, Ryuga.

No soy un herramienta que puedes usar para pasar el rato, eso te lo aseguro.- hizo una pausa, sonrió.- A lo sumo, podría contarles a algunas personas que te haces llamar L… eso sería bastante divertido…

Oh por amor de…

:- Amane.- tenía que admitir que ese comportamiento de parte de la chica lo había sorprendido un poco, pero aun así.- Si eres tan estúpida como para no darte cuenta de algo que es sumamente obvio, no es mi problema. Ahora deja de decir idioteces y vuelve a…

Esta vez, el vio venir la mano de Misa, y pudo frenarla justo a tiempo. La rubia lo miró con odio, pero él no se iba a dejar golpear, no de nuevo. Rápidamente, antes de que ella pudiese zafarse de su agarre, la empujó contra la pared, aun teniendo agarrada su muñeca.

:- Amane.- Misa, reconoció el tono de advertencia en su voz.- Como te mencioné anteriormente, soy más fuerte de lo que parezco.

Misa lo ignoró, y siguió forcejeando para poder salirse de su agarre, pero no dio resultado.- ¿Puedes soltarme de una vez?- lo fulminó con la mirada.- Sigo sin poder creer que es lo que me pasaba por la cabeza para estar con una persona tan estúpida, horrible, y por sobre todo tan degenerada como..

Las palabras de Misa fueron silenciadas por la boca Ryusaki.

La rubia reprimió un gemido al sentir como la lengua del pelinegro entraba a su boca. Con la mano que tenía libre, Ryusaki tomó a Misa por la cintura, trayéndola más cerca. La chica lo besaba con desesperación; no podía evitarlo.

Era como las drogas. Una vez que las pruebas no quieres, y no puedes, parar.

Lo besó violentamente, cuando, de la nada, él chico se separó de ella. Ahora miraba a una Amane ruborizada y con las pupilas un tanto dilatas, con una sonrisa en los labios.

:- ¿Qué estabas diciendo, Amane?- ahora Misa comprendía todo. Iba a volver a gritarle cuando él la interrumpió.- Termina de llevar las cajas, yo ya hice mi parte.

Al darse la vuelta, sin embargo, soltó algo más.- Ah, y buen trabajo con los sinónimos. Solo espero que sepas lo que en verdad significan todas esas palabras.

Mientras caminaba, Ryusaki no pudo evitar sonreír. Aquella mujer era algo increíble: lograba ser predecible, y una caja llena de sorpresas, a la misma vez.

Luego, recordó algo.- Creo que tendré que tener una charla con Matt y con Mello…O, haré que cierren la boca con ayuda de cinta adhesiva. Si, esa es una buena idea.

Por otro lado, Misa se encontraba sentada en el piso, reflexionando; tratando de pensar qué demonios le había pasado por la cabeza para volver a besar al chico. De nuevo.

No tenía sentido alguno.

Era como si, en realidad, su cerebro se desconectara. Lo único que funcionaba, cada vez que se encontraba en esa situación con él, era su cuerpo; sus instintos.

Y, eso le aterraba completamente.

Sabía que en realidad no le molestaba que se repitiera. En realidad, le gustaría mucho que así sucediera.

Bufó, irritada.

¡Estúpido Ryuga!