Editado 3/01/2018
Death Note no me pertenece.
"No es como un hombre muere, es como un hombre decide vivir su vida"
- Mihael Kheel.
Capítulo 17:
Misa se quedó en la misma posición, como en un trance, por al menos cinco minutos. Se despertó cuando sintió la voz del castaño llamarla.
El chico, al ver a Misa sola, frunció el ceño.- Em, Misa… ¿Dónde está Ryusaki?
La rubia parpadeó un par de veces, y luego se encogió de hombros.- Se fue. Te dije que era un idiota, Light.- miró con odio el lugar por donde se había marchado el chico, mientras el castaño suspiraba, exhausto. En realidad, sabía que había sido una mala idea poner a esos dos juntos; el que se haya marchado seguramente debía ser su culpa.
:- ¿Terminaste con las cajas?- la rubia negó con la cabeza.- Aun me quedan algunas.- el chico miró su reloj y le dijo, mientras volvía al gimnasio.- Muy bien, aún queda tiempo, termina y nos iremos.
Misa respiró hondo y se levantó de donde estaba apoyada. Aún tenía trabajo que hacer, y no iba a dejar que lo ocurrido anteriormente evitara que se concentrara. Ryuga solo era un idiota, y no tenía por qué afectarla.
Entró al gimnasio, y terminó de ordenar las cajas que faltaban. Takada y Mikami ya se habían ido, así que se despidió de Light, y caminó hasta su casa.
Ya eran como las ocho y se estaba muriendo de hambre.
Saludó a Natsuki, quien ya estaba preparando la cena, y subió a su habitación. Había tenido un día bastante largo, y lo único que necesitaba, además de comer, era dormir. Así que, después de devorar todo el arroz que había en su plato, Misa se acostó, y no se levantó hasta las diez de la mañana del día siguiente.
:- Misa, hija, sé que es domingo, pero no puedes dormir todo el día.- le dijo Natsuki, entrando a su cuarto y abriendo las cortinas; provocando que un gruñido saliera de la boca de Misa, que esta se tapara la cabeza con la almohada.- Vamos, el desayuno ya está listo hace media hora. ¡Arriba!
Para ser una persona mayor, en serio tiene buenos pulmones.- pensó la rubia, al escuchar el grito de su nana antes de que esta se retire de la habitación. Se quitó la almohada de la cara, y de a poco abrió los ojos, acostumbrándose a la luz del sol.
Una canción a todo volumen casi causó que se caiga de la cama. Agarró rápido su celular de la mesa de luz, y atendió, con voz somnolienta:
:- ¿Hola?
:- Hola, Misa. Lamento molestarte, soy Mido.
Misa sonrió, mientras ponía el teléfono en altavoz, y se levantaba de la cama. Aprovecharía para ir cambiándose mientras escuchaba su voz.
:- ¡Hola!, ¿Pasó algo?
:- Nada de suma importancia.- sentenció el castaño, mientras la rubia se cambiaba el piyama.- Solo quería felicitarte y agradecerte por ser la suplente de Kashka, nos hiciste un gran favor.- la rubia sonrió, e iba a decir que para ella fue un placer, cuando él la interrumpió.- Ah, y quería decirte también que el número para el cual modelaste saldrá a la venta en unos días. Solo para que lo sepas, por si quieres tenerlo de recuerdo, o algo así.
La rubia ya estaba poniéndose los zapatos.- ¡Gracias! En serio, fue muy bueno trabajar con ustedes.
:- No hay de que.- se hizo un silencio tranquilo, mientras terminaba de vestirse y comenzaba a aplicarse maquillaje. A los cinco minutos, cuando ya la rubia se había olvidado de que él chico seguía ahí, este comentó.- Y… bueno, hay otra cosa también. Yo… yo me estaba preguntando, si, algún día, no hace falta que sea ahora por supuesto… te gustaría, querrías salir a comer algo conmigo. Solo como compañeros de trabajo, por supuesto.
La rubia dejó de ponerse el rímel, para mirar en la dirección del teléfono, confundida. ¿Acaso la estaba invitando a salir?
Eso era, bueno…
Raro.
Tampoco desagradable, pero raro. Además, no le parecía correcto aceptar. Es decir, ella seguía enamorada de Light, no sería correcto tener una cita con otra persona.
Además de que esa persona era alguien bastante mayor.
Se ve que tardo en contestar, porque Shingo comentó, un poco incómodo.- Misa, si no quieres está bien. Yo… lo lamento, no quise parecer impertinente ni nada por…
:- Descuida.- dijo Misa, fingiendo que sabía el significado de esa palabra.- En este momento no creo que sea posible… pero en el futuro, bueno, nadie sabe…
Misa pudo sentir la sonrisa de Mido del otro lado del teléfono.- Esta bien. Nos vemos, Misa.- antes de terminar la llamada, agregó.- Apenas tengamos alguna otra oferta para ti te llamaré, ¿de acuerdo?
:- Perfecto.- murmuró la rubia, antes de quedarse en silencio, sola.
Bueno, eso sí fue… sorpresivo.- pensó mientras bajaba a desayunar. Nunca había pensado que Mido iba a tener esa clase de intención, bueno, con ella.
Era un hombre apuesto, exitoso, y estaba rodeado de modelos mucho más atractivas y seguramente más maduras que Misa. No podía negar que aquella oferta la había dejado perpleja.
No le había disgustado, ni nada por el estilo. Solo que… bueno, en aquel momento no estaba disponible. No iba a traicionar a su Light. Tenía que recuperarlo.
E iba a hacer todo lo posible para cumplir ese objetivo.
Después de todo, ya había sido su novia una vez, ¿o no?
.-.-.-.-.-.-.-
El lunes por la mañana, Misa se llevó otra gran sorpresa al entrar a la escuela.
Apenas puso un pie en el edificio, una de las animadoras, Fray Anderson, la interceptó. Tomó a Misa del brazo, y le dijo, muy rápidamente.- ¡Misa! Qué bueno que llegaste temprano, el director quiere reunirse con los del consejo. Light ya está allí, ¿tienes alguna idea de donde está Ryuga?
Lo dijo todo tan rápido que pasaron al menos veinte segundos para que Misa asimilara lo que le había preguntado.- No, no lo he visto.- puso una cara de horror.- No tendré que ir a buscarlo, ¿verdad?
Fray negó con la cabeza y Misa suspiró aliviada. De verdad no tenía ganas de ver a Ryuga, menos de hablar con él. Seguía con el plan de evitarlo a toda costa, por supuesto.
Cuando llegó a la oficina del director esperaba encontrar a su Light, pero no en un estado como en el que estaba.
Se había llevado el premio a la mejor sorpresa de la semana.
El castaño estaba sentado en el escritorio del director. Este estaba lleno de papeles, libros, y notas, no había ningún espacio en donde podría verse la madera del mismo. Misa miró a Light, pero este estaba demasiado inmerso en trabajo, con el ceño fruncido y haciendo una mueca de frustración; lo cual sorprendió muchísimo a la chica.
:- Ejem.- carraspeó ella, para que el castaño se enterara de su presencia. Este, al verla, dejó de escribir y Misa pudo notar que tenía unas leves ojeras debajo de sus ojos castaño. Eso era completamente anormal.
:- Misa, yo… puedo explicar este desastre.- dijo, con una pequeña risa, ahogando un bostezo.- Sabes que los exámenes de mitad año ya están cerca, y tengo millones de cosas que preparar… bueno, todos tienen muchas cosas que preparar, pero si quiero tener las primeras notas, como siempre, necesito esforzarme. Yo…- para ese momento, ya parecía estar hablándose a sí mismo en vez de a la rubia. No la miraba, si no que fijaba su vista en los muchos papeles sobre el escritorio.
Y fue entonces cuando Misa comprendió algo muy importante.
Ella sabía que los exámenes estaban cerca, como todos los alumnos en la escuela. Pero, aun así, ninguno se preocupaba tanto como Light Yagami. Nunca había terminado de entender porque el chico se preocupaba tanto por sus notas, o porque se pasaba todo el día estudiando, si en los exámenes le iba perfectamente bien. Bueno, ahora lo entendía.
Existen dos clases de personas inteligentes. Las que saben, y las que estudian para saber. Light pertenecía a la segunda clase, sin duda. El chico se mataba estudiando todo el tiempo, a toda hora, para tener las notas perfectas en clase; para probar, por alguna razón, su inteligencia.
Ryusaki era al revés.
Y Misa estaba muy segura, de que el chico estaba estudiando todavía más, solo para volver a recuperar el puesto que le había robado el pelinegro.
Light odia perder; lo detesta.
Pues ahora entendía una de las razones por las cuales el castaño había terminado con ella. Estudiar no había sido una excusa, en verdad.
Para nada.
:- Light.- Misa lo interrumpió; aún seguía hablando, como si quisiera convencerse a sí mismo. La rubia se acercó despacio a donde él estaba, y, sin parecer muy atrevida, lo tomó de la mano.- Esta bien.- el castaño la miró con sorpresa, pero no apartó la mano.- Comprendo perfectamente. No tienes por qué darme explicaciones.
El chico pareció haberse quedado mudo. Miró a Misa por un largo rato, mientras sus mejillas se fueron tiñendo de un rojo brillante. Carraspeó.- El director me había permitido adelantar algunas cosas, pero ya va a llegar.- la rubia asintió, y había comenzado a alejarse, cuando el castaño la tomó la mano con más fuerza. Ni él mismo sabía que estaba haciendo ya.
Misa lo miró sorprendida, mientras Light pensaba que demonios estaba haciendo. Lo único que se le ocurría, era que lo que le había dicho Misa había sido muy reconfortante, y que, tal vez, había sido un error terminar con ella tan rápido.
Después de todo, todo el mundo merece una segunda oportunidad… ¿no?
:- Light…- dijo Misa, al ver que el castaño no la soltaba, pero que tampoco decía nada. Este, al escucharla, salió del trance, y dijo, por fin.- Misa, escucha, creo que, bueno, tal vez fue una equivocación. Nosotros, o por lo menos de mi parte yo, bueno, yo quería…
:- Lamento interrumpir Yagami-kun, pero el director está por llegar.- una voz conocida hizo que Light frenara en seco, y que a Misa se le revolvieran las entrañas.
Ambos giraron y, rápidamente, Light soltó a la rubia, un poco avergonzado, mientras que esta fulminaba a Ryusaki con la mirada. Él la examinó de arriba abajo, con aburrimiento reflejado en sus facciones; pero no podía engañar a Misa tan fácil. Tal vez había sido un efecto de la luz, o se lo había imaginado, pero juró verlo fruncir el ceño antes de volver a su pose característica.
Así que le había molestado…
Light tosió, algo incómodo, mientras ordenaba los papeles sueltos en el escritorio del director.- Luego hablamos, Misa- dijo este, y la rubia asintió, acomodándose en una de las sillas que había en la sala. Ryusaki hizo lo mismo, y ella trató de estar lo más lejos de él posible.
Siempre tiene que arruinar todo.- pensó, con odio, al caer en la cuenta de que Light seguramente iba a decirle algo muy importante hacia solo minutos, y que el morocho lo había interrumpido.- Lo odio.
Cuando llegó el director, los cuatro se vieron inmersos en una charla sobre la feria y sobre los próximos trabajos en donde estaría involucrado el consejo. El hombre los felicitó por todo lo que habían logrado, y, cuando terminaron, Misa estaba preparada para esperar a Light. Necesitaba oír lo que este había querido decirle.
Sin embargo, el querido director tenía otros planes. Le pidió al castaño si podía quedarse unos minutos más, ya que necesitaba terminar de discutir otras cosas con él. Dejando a Misa sin la segura confesión del chico.
Y no solo eso; sino que también la dejó con el estúpido más grande del universo.
El pelinegro comenzó a caminar, y la rubia no tuvo más opción que seguirlo. Iban al mismo lugar, después de todo.
:- Esta es la segunda vez que los encuentro en una situación indebida, Amane.-el pelinegro hizo una pausa.- Al menos tengan la decencia de hacerlo en un lugar privado, no en la oficina del director.
Misa frunció el ceño y dejó de caminar. Sus peleas eran rutinarias, pero Ryuga siempre tenía un buen argumento; la rubia lo sabía. Sin embargo, lo que había dicho era bastante… flojo.
Hasta tonto, en realidad.
:- ¿Es todo lo que tienes?- preguntó la chica, y Ryusaki la ignoró.- Em... ¿hola?- seguía sin respuesta.- ¿Acaso vas a ignorarme, pervertido?
Ya había comenzado a hartarlo, más porque no podía entenderlo. Ese "algo" había vuelto en el momento en que abrió la puerta y los encontró a ambos. Y aunque no haya sido como la vez anterior… no podía explicarlo, solo se sentía molesto, incómodo, y hasta un tanto humillado.
No quería tener que tratar con Amane en ese momento.
:- ¡Te estoy hablando Ryusaki!- la chica se había puesto roja del enojo, venía ignorándola por al menos cinco minutos. Y nadie, pero nadie, ignora a Misa Amane. Por supuesto que no.
El pelinegro frenó, pero no se dio la vuelta.- Tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo hablando con una persona como tú, Amane. Ya que conversar contigo es igual a hacerlo con una pared. Inútil y aburrido. Ahora, si me disculpas.- y luego de eso, caminó más rápido, pero Misa no se molestó en seguirlo.
Estaba demasiado sorprendida por sus palabras, y por el efecto que estas habían tenido sobre ella.
Es decir, bueno, estaba acostumbrada a que ambos digan comentarios malintencionados. Pero el de él… había sido diferente. Por lo menos, esta vez, se sintió diferente.
No le gustaba reconocerlo, pero, al sentir como sus ojos comenzaban a humedecerse, tuvo que hacerse cargo.
Le había afectado.
Con un gritó de frustración a la nada, dio media vuelta y se dirigió al único lugar donde sabía que no habría nadie, y en donde podía comer un poco de helado en paz. Sin culpa.
Ya no iba a reusarse; la dieta podía esperar. Y ella lo necesitaba.
Como lo había previsto, la cafetería estaba vacía. A esta hora, las cocineras iban a buscar los alimentos al almacén de reservas. Y Misa sabía que tardarían un buen rato; tenía que aprovechar.
Antes de entrar al lugar de los postres, un par de risas la hicieron frenar en seco. Estaba a punto de dar media vuelta e irse, cuando pudo reconocer a las personas que se encontraban allí.
:- Sabes que es como la cuarta vez que hacemos esto Mello, alguno de estos días te descubrirán…
:- ¡¿A mí?! Que no se te olvide que tú eres mi cómplice. Si caigo, tú caes conmigo, idiota.
:- Se, claro.- dijo el pelirrojo, con un toque de sarcasmo.- Además, yo te acompaño a estas cosas siempre. ¡Y tú jamás! Ni siquiera un regalo de cumpleaños, amigo desagradecido…
:- Deja de exagerar, reina del drama.- dijo Mello, rodando los ojos, mientras bajaba las barras de chocolate que se encontraban arriba del estante.- Te acompañé al estúpido club, y por tu culpa, L terminó regañándonos. Así que eso vale como quinientos regalos.
Al escuchar nombrar a esa letra que Misa había empezado a odiar hacia poco tiempo, decidió que podría divertirse con los chicos un rato.
O, por lo menos, hacer que le bajaran el helado del congelador.
:- Ejem….- tosió la chica al entrar, haciendo que los dos chicos se congelaran al instante.- Lamentó interrumpir, pero están arruinando mi tiempo a solas con el refrigerador.- comentó, ahora con un poco de tristeza, al recordar porque había ido allí en primer lugar. Luego, recordó al estúpido de Ryusaki, y ese sentimiento fue remplazado por enfado.- Dios, lo detesto.
Se sentó en el piso, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, mientras los dos chicos se miraban, sin entender nada de lo que la rubia estaba hablando.- Me hace querer romper mi dieta… ¡Misa no come helado! Y por culpa de ese… ese… ¡ese patán!, ahora estaba a punto de venir a robarlo… ¡de la cafetería nada más! ¿Qué está mal conmigo?- terminó la chica, mirando al techo con incredulidad, como si le estuviese hablando a alguna clase de amigo invisible o a Dios.
Ahora, Matt comprendía un poco más el balbuceo de la rubia, aunque Mello la seguía mirando como si estuviese loca. El pelirrojo dejó de sostener la silla en la que el rubio estaba subido, para sentarse al lado de la futura modelo.
:- ¿Y por qué demonios tiene que tener una letra como sobrenombre? ¡¿Huh?!- ahora miraba a Matt, mientras extendía los brazos en un gesto dramático.- ¿Acaso siente que lo hace especial? Pues déjame decirte algo Matt, él no es especial. No, en absoluto.
:- ¿Está hablando de L?- preguntó Mello, y Matt asintió, mientras Misa seguía con su monólogo.- Creo que está pasando por una crisis nerviosa, o algo así…
:- ¡NO ESTOY TENIENDO POR UNA CRISIS NERVIOSA!- gritó la rubia, enfurecida, y apoyó la cabeza contra la pared.- Solo estoy enojada. Muy enojada.
:- ¿Con L?- preguntó Mello, de nuevo, ahora incrédulo ¿Qué clase de persona se enojaba con L? ¡Era L!- ¿Qué te pasa?, ¿Por qué te enojarias con él?, ¿acaso no sabes que es el mejor del…? ¡AY!
Fue interrumpido por un golpe en el brazo de parte de su amigo, mientras Misa lo miraba con los ojos llorosos.
Iba a insultar a Matt, pero frenó al ver como Misa comenzaba a llorar. El pelirrojo le dedicó una mirada fulminante, para luego acariciar el brazo de la rubia, tratando de calmarla.- Misa… ¿Qué sucedió?
La rubia se secó las lágrimas con la manga de la camiseta, mientras se enderezaba. No había planeado nada de esto, pero se ve que ya no daba para más.
Al final, todo este tema con Ryusaki, si la afectaba.
Aunque no le gustaba reconocerlo en absoluto.
:- ¿Por qué lo protegen tanto?- les preguntó a los chicos, y ellos se miraron, dubitativos.- Es decir, cada vez que les pregunto sobre él, lo esconden; lo defienden. ¿Acaso los está amenazando?, saben que puedo ayudarlos si es así. Podemos llamar a la policía, o hasta al FBI si hace falta, yo…
La rubia se vio interrumpida por la risa de ambos chicos. Varias veces les gritó que no era gracioso, pero no le hicieron caso. Matt tuvo que apoyarse en la pared para no caer, lágrimas se habían formado en sus ojos. Mello se encontraba en una situación similar.
:- ¿Terminaron?- preguntó la rubia, molesta. Los chicos se fueron calmando de a poco, pero aún tenían grandes sonrisas en sus rostros, como si fuesen a tentarse en cualquier momento.
:- Misa… L no nos amenaza, para nada.- dijo Matt, entre risitas.- Al contrario, nosotros quisimos venir con él a Japón.- luego de soltar eso, el pelirrojo se dio cuenta que había dicho más de la cuenta. Como si fuera algo nuevo. Por suerte, Misa no se había dado cuenta. Antes de que pudiese llegar a pensarlo mejor, Mello siguió.- Él es nuestro mentor. Al igual que con la rata blanca.
:- ¿Rata blanca?- preguntó Misa, confundida.
:- Near.- contestó Matt.- Sé que no lo parece… pero L es una buena persona, Misa. ¿Acaso pasó algo que te encuentras así?, ¿Se pelearon?
La chica se cruzó de brazos mientras recordaba el incidente de hacia veinte minutos.- Lo odio.
:- No eres la primera que lo dice.- comentó Matt, y Mello rodó los ojos. Aun no podía entender como había gente que pensaba eso de L. Él era un genio, y su modelo a seguir. Su ídolo. ¿Quién podría odiar a alguien como L?
Bueno, salvo los delincuentes que metía tras las rejas. Por supuesto.
:- En serio, aun no comprendo cómo pueden vivir con alguien como él.- dijo la rubia, aun sentada en el piso.- Es insoportable.- sonrió con tristeza.- Es el típico niño al que seguro de pequeño, todo ignoraban. Seguro ni siquiera celebraban su cumpleaños…
Mello estaba a punto de responderle a la rubia que, al igual que ellos tres, L era huérfano. Pero un golpe de parte de Matt lo detuvo. Ya habían revelado bastante, no tenían por qué decir más.
:- Bueno… nosotros tampoco celebramos nuestro cumpleaños.- dijo Matt, más para sí mismo, pero al escucharlo Misa lo miró con suma sorpresa.- ¡¿Nunca has festejado tu cumpleaños?!- el pelirrojo negó con la cabeza.- ¡Esto es inaudito!- la rubia lo pensó un momento.- ¿Cuándo cumples años, Matt?
El chico miró al rubio y este se encogió de hombros.- Primero de febrero.- ella volvió a quedarse pensativa. Había pasado bastante tiempo desde febrero, ya estaban casi en julio, pero aun así, no podía creer que el chico no había festejado su cumpleaños.
Seguro que el estúpido de Ryuga le había prohibido hacerlo. Idiota.
:- Tengo un plan.- dijo, ahora con el humor totalmente cambiado.- ¿Por qué no festejamos tu cumpleaños? Digo, yo soy muy buena organizando fiestas, y podría traer mucha gente. ¡Sería el cumpleaños del siglo!
Y molestaría completamente a Ryuga.
El pelirrojo pareció pensarlo, y Mello lo miró con el ceño fruncido.- Matt, ¿hola?, estamos castigados. Y, además, L va a estar en casa, y sabes que no permite esta clase de cosas. No hagas estupideces.- pero Matt hizo caso omiso, y le dijo a Misa.- Me parece una buena idea.- La rubia soltó un gritito de alegría. Ahora el pelirrojo se dirigía a ambos.- Además, sabelotodo, no sé si lo recuerdas, pero L va a estar de viaje; junto con Watari. ¡Tenemos el fin de semana, y la casa, para nosotros!
Luego de eso, ambos chocaron los cinco, mientras Mello los miraba con los brazos cruzados.- Te olvidas de algo, ¿qué se supone que hagamos con la rata blanca?
Ahora… eso es un problema.- pensó Matt. Lamentablemente, deshacerse de Near no iba a ser tan fácil.
:- Algo se nos ocurrirá.- dijo el pelirrojo, y luego miró a Mello.- Nada de golpizas hasta dejarlo inconsciente, o en el hospital.- el rubio bufó y rodó los ojos.- Entonces Misa… ¿fiesta de cumpleaños?
:- ¡Por supuesto que sí!- gritó la rubia dando un saltó de alegría. Esta oportunidad era perfecta. No solo iba a poder organizar un fiesta y pasarlo genial, si no que, a la vez, iba a poder usar eso para vengarse de Ryusaki.- Ahora… tengo que ver a que chicos de trece años que conozco…
:- ¡TENEMOS QUINCE!- gritaron ambos, causando que Misa los mirara incrédula.- Bueno, yo tengo casi quince, pero es lo mismo.- dijo Mello, ofendido de que lo hayan pensado con tal poca edad.
:- De acuerdo, de acuerdo.- dijo la rubia y sonrió. Esto era perfecto.
Ese idiota me las va a pagar.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
:- ¿Tenemos todo listo?- preguntó la rubia, mientras colgaba la mochila en uno de los ganchos que había en su habitación. Se ayudó de su hombro para que el celular no se estrellara contra el suelo.- ¡¿Matt?! ¿Estás ahí?
Luego de unos segundos de silencio, el pelirrojo respondió.- No pidas detalles, pero ya nos hicimos cargo de todo. Solo ven un rato antes que los invitados, para terminar de arreglar unas cosas, ¿ya les dijiste a todos?
:- Por supuesto, casi toda la escuela sabe.- dijo Misa con una sonrisa, al pensar en la cara que pondría Ryuga una vez que se enterara de la fiesta. Y una vez que sepa que Misa fue la causante de todo aquello.- Conseguí que Natsuki cocinara un pastel, así que también tenemos eso tachado de la lista.
:- Perfecto.- dijo Matt, y un ruido de fondo hizo que Misa se sobresaltara. Era como si se hubiese roto algún objeto de cristal; o un vidrio.- ¿Matt?, ¿Está todo bien?
El chico demoró en responder; de nuevo.- Si, si, solo que… bueno… creo que Watari en serio nos matará cuando vuelva.- Misa rio un poco.- Pero, ¿no se iban por tres días?- preguntó la rubia, recordando lo que había explicado el pelirrojo. Por razones que no le contaron a Misa (si, la rubia se había ofendido pero no había servido de nada), Ryusaki y Watari iban a viajar a Europa, más o menos por tres días. Y como se habían ido ayer, los chicos y ella podían hacer la fiesta tranquilos, sin preocuparse por ninguno de los dos.
Aun así, Misa quería que el pelinegro se enterara. Si llegaba a su casa y la encontraba hecha un desorden, seguramente enloquecería. Y ella lo disfrutaría muchísimo.
Sería la venganza perfecta.
:- Si, sí, pero tenemos mucho que ordenar luego de esta noche…- la rubia puso el teléfono en altavoz mientras se acostaba en la cama.- Entonces, ¿a las cinco en la puerta?
:- Dalo por hecho.- dijo Misa, con una gran sonrisa en el rostro. Luego de eso, Matt puso fin a la llamada, y la rubia comenzó la gran búsqueda de un atuendo perfecto.
Eso le recordaba a cuando había planeado elegir uno para alguna cita con Light.
Y eso, la hizo poner un poco más pensativa, y se dio cuenta que en lo que quedó de la semana no consiguió que Light le dijera lo que le había intentado decir en la oficina del director.
Había estado tan ocupada planeando la fiesta con Mello y Matt que se había olvidado de su Light.
Bueno, pues eso no iba a volver a suceder.
No estaba muy segura de que el castaño fuera a asistir a la fiesta, ya que él no era la clase de chico que salía seguido, pero si lo hacía, Misa iba a estar preparada.
Hurgó en su armario por lo que pareció una eternidad, hasta que encontró el atuendo perfecto. Un mono de tela con un estampado que combinaba con su color de ojos, unos zapatos de tacón negro, y un collar.
Lucia hermosa, como siempre.
Cuando se hizo la hora, se despidió de Natsuki, y tomó un taxi hasta la casa que había visitado una vez; solo que ahora estaba sobria (pequeños detalles)
Un silbido llamó su atención, y al ver al pelirrojo riendo rodó los ojos.- Déjate de tonterías y dime que es lo que queda por hacer ¡Vamos, que en poco tiempo llegarán todos!
Y así, los tres se pusieron a trabajar. Acomodando los muebles, la comida, y arreglando el equipo de música, y las luces cerca de la piscina. En un momento, Misa se preguntó dónde estaba el chico de pelo blanco que Mello detestaba tanto. Sabía que ambos lo habían convencido de que no dijera nada, pero no tenía la menor idea de cómo lo había hecho.
Y tenía un poco de miedo de que el rubio se hubiese aprovechado de esa situación, y que ahora Near se encontrara encerrado en un baño público.
Con Mello, todo era posible.
De a poco, comenzaron a llegar las personas. Al principio Misa los reconoció, pero luego, notó que había gente que no había visto nunca en su vida. Y eran muchos. Muchos.
La casa estuvo llena en un dos por tres, y en poco tiempo, también estuvieron llenos los vasos de plástico. Y no con las bebidas que los chicos habían comprado.
Cuando le ofrecieron, Misa recordó lo mal que se había sentido la primera vez que se había embriagado, así que se negó. Pero, al no ver a Light, la quinta vez que quisieron darle un poco, la rubia se encogió de hombros y lo aceptó.
No tardó mucho en hacerle efecto, como era de esperarse. Era una persona bastante vulnerable a los efectos del alcohol.
:- Oye, ¡oye!, es la modelo esa, ¡la de la revista!- Misa escuchó gritar a una de las tantas personas que no conocía. Se giró y vio como el chico venía a abrazarla; ella le siguió la corriente, un poco mareada.- ¡Misa!, ¿eres Misa-Misa, no?
La rubia asintió, y gritó con alegría cuando las otras personas la levantaron en sus hombros.- ¡Si, esa es Misa!, ¡Misa es famosa!- gritó de nuevo, mientras reía descontroladamente, ya perdiendo la noción del tiempo y del lugar en donde se encontraba.
Que no termine nunca, ¡por favor!- pensó la chica, mientras la bajaban, y todos corrían hacia la piscina. Ya no había rastro de Mello o Matt, pero no iba a preocuparse por eso ahora. La estaba pasando de maravilla.- Al diablo Light, y el idiota de Ryusaki. ¡Misa quiere fiesta!
Y fiesta era lo que Misa iba a tener.
.-.-.-.-.-.-.-.-.
:- Joven Ryusaki, ¿está seguro que regresar hoy es lo mejor? Aún tenemos un día más…
:- El caso está resuelto, Watari.- dijo el chico de cabello color azabache, mientras se ponía una camiseta blanca.- Si quieres quedarte, está bien, pero yo tengo que volver.
Todavía tengo varios crímenes que resolver en Japón, y como vamos a volver aquí para las fiestas…
Claro L, esa es la única razón…- pensó el viejo, pero prefirió no decir nada. Ya vendría el momento para burlarse de su hijo.- Como quieras, Ryusaki. Ve al aeropuerto y yo iré apenas termine mis asuntos con Roger.
L asintió, mientras salía para tomar un taxi. Había sido bastante sencillo, por lo que no comprendía porque el señor Fledsen pensó que necesitaría más de dos días para resolverlo.
Su estómago rugió mientras emprendían viaje al aeropuerto. Lo único que deseaba el detective en ese momento, era llegar, y comer al menos tres pasteles de chocolate, y uno de fresa. Sonaba una exageración, pero se estaba muriendo de hambre.
Por supuesto que comería algo en el avión. Pero, aun así, necesitaba un pastel.
.
Lo que no necesitaba, por supuesto, era que, luego de doce horas y media de viaje, al llegar, se encontrara su casa echa un desastre.
Watari (quien había terminado viajando con él) lucía igual de sorprendido que el pelinegro. Así que supo en ese instante que su viejo amigo no había tenido absolutamente nada que ver en esto.
:- Watari…- dijo L, mientras bajaba del auto y veía todo el césped cubierto de vasos, comida, y basura.- Entraremos por la parte de atrás. Ahora mismo, no lidiaré con todo este desastre.
El hombre asintió, y acompañó al joven a la parte de atrás de la casa, que era la puerta hacia el lugar en donde el chico resolvía todos sus casos. Gracias a dios nadie de los que estaba dentro de su casa podía entrar, ya que la puerta solo se abría con las huellas digitales del futuro detective.
Watari se sorprendió, sin embargo no L, al ver a Near sentado en el piso de la sala, con una pista de autos de carreras. El peliblanco levantó la vista y observó a su mentor con la expresión neutral de siempre.- Lamento no haberlo dicho, pero la pista y las amenazas de Mello sirvieron para callarme por hoy. Acepto mi castigo y, oh… Amane fue la que organizó todo con ellos.
El hombre mayor tuvo una tercera sorpresa al escuchar esa última parte, mientras que Ryusaki suspiró y rodó los ojos. Era algo completamente predecible que Amane hubiese planeado aquello desde el principio, con el objetivo de molestarlo. No supo cómo no se había dado cuenta antes.
:- Watari, busca a Mello y Matt. Yo iré a sacar a todos de mi casa.- dijo L, y el viejo asintió. Luego, el pelinegro miró a Near.- Cuando termine con esto hablaré con los tres.- volvió a suspirar.- Y con Amane.
Después de eso, ambos subieron, y en un momento de arrepentimiento, desearon no haberlo hecho. La casa estaba hecha un completo desastre. Desde ventanas y adornos rotos, hasta el piso y las paredes sucias, y sumado a eso, había más de doscientos adolescentes hormonales bailando por todo el lugar. Era una catástrofe.
L le indicó a Watari que vaya a buscar, por donde pueda, a los chicos, mientras él intenta ver cómo demonios iba a sacar a toda esa gente de ahí.
Podía llamar a la policía, pero la verdad, prefería encargarse él mismo.
Fue a uno de los armarios en el comedor, donde sabía que Watari había guardado el megáfono que Matt había comprado para que este no lo encuentre ni lo use, y lo prendió. Luego de eso, se dirigió a donde vio que había más gente, y se paró en una de las mesas. Esto no le gustaba; en absoluto. Pero necesitaba ponerle fin de una buena vez.
:- ¡Oigan!- nadie le prestaba atención.- ¡OIGAN!- gritó, ahora con más fuerza, y recibió varios abucheos e insultos, pero no le importó. Iba a sacar a todos de ahí cueste lo que cueste. De un tirón, desenchufó los cables del equipo de música, ganándose más reproches. Pero antes de que la cosa se pusiera peor, exclamó.- ¡Escúchenme bien todos ustedes! Están en mí casa, mi propiedad, y la mayoría son menores. Así que, si no quieren que llame a la policía, y por lo tanto, a sus padres, será mejor que se larguen de aquí en este instante. La fiesta terminó.
Tuvo muchos más abucheos de respuesta, pero, de a poco, la gente se empezó a retirar. Su plan había funcionado. Como era de esperarse.
Entre la multitud que caminaba hacia la puerta, pudo ver a su viejo amigo llevando a los dos chicos hacia el cuarto donde se encontraba Near. Esos dos iban a estar en problemas.
Y no nos olvidemos de alguien más…- pensó el chico, mientras salía al patio, para verificar si su teoría era correcta; y, por supuesto, lo era.
La única que quedó en la piscina era una rubia, que flotaba y nadaba, aun con la ropa puesta.
:- Amane.- le dijo el pelinegro, mientras, lentamente, se acerca al borde la piscina. Misa, al verlo, dio un gritito de alegría, que sorprendió un poco al futuro detective.
Por favor, no me digas que está…
:- ¡Ryusaki-kun!- un gritito interrumpió sus pensamientos.- ¡Ven!, ¡ven a nadar con Misa! Vamos, ven, la fiesta no ha terminado aún…
El chico suprimió una sonrisa. Siempre era divertido ver a Amane en un estado como aquel. Era mucho más amigable con él que de costumbre.
Recordó el humor de Misa en la última pelea que tuvieron. Era bueno ver que esta Amane ya no estaba tan molesta.
:- Amane, sal de ahí, la fiesta si ha terminado.- Misa negó con la cabeza y lo salpicó un poco.- ¡No! El dueño de la casa dijo que sí, pero él es un tonto. ¡La fiesta sigue!
El chico se rio entre dientes, al darse cuenta que Misa tal vez estaba peor que la última vez que había bebido. La rubia amenazó con tirarlo, y él empezó a impacientarse. Necesitaba la ayuda de Watari; no iba a meterse a la boca del lobo él solo.
:- ¡Ryusaki! Por favor, méteme con Misa. ¡Vamos! Misa es famosa ahora, ¿sabías?- el detective la miró desconfiado y la chica asintió varias veces con la cabeza.- ¡SI!, Misa es una modelo famosa ahora ¡Lo juro!
Ryusaki meditó sus opciones. Podía ir a buscar a Watari, pero el hombre seguramente estaba ocupado con los otros dos, viendo cómo iba a deshacerse de todo ese desorden. Y la otra opción era que podía quedarse allí, y esperar a que el hombre volviera. No era la favorita, pero para ese momento, era la indicada.
Un momento de distracción sirvió para la rubia se aprovechara, diera un saltó y agarrara al pelinegro del brazo. Ryusaki quiso zafarse, pero para cuando se dio cuenta, ya estaba dentro del agua.
Gracias al cielo sabía nadar. Misa se apegó a él y soltó una risita.- ¡Te dije que si no venias te iba a meter!- el chico se agarró del borde, como para salir, pero Misa lo sujetó de la camiseta blanca, y lo abrazó por detrás.- No, no Ryusaki-kun, tú no te vas.- el chico agradeció que su cara daba a la pared de la piscina, ya que podía sentirse un poco ruborizado. La posición en la que Misa estaba no era una de las más cómodas para él. Y, mientras más se movía, más la chica se apretujaba su cuerpo de modelo contra el suyo.
En un momento, sintió su respiración en el oído, y tuvo que controlarse muchísimo para no girarse y besarla de una buena vez.
Hormonas.- pensó, intentando tranquilizarse.- Solo se debe a…
Ella rio, y lo abrazó aún más fuerte.- Amane… no voy a hacer nada contigo en este estado. Y vamos a salir de aquí, quieras o no.- ya había empezado a tratarla como a un infante, y Misa reaccionaba igual que uno.- ¡No! Ryusaki-kun, no. Misa no quiere salir, por favor quédate con Misa. Misa quiere estar bien con Ryusaki, no quiere que él se enoje con ella como antes.- el detective se quedó estático.- Por favor, no te enojes con Misa, Ryusaki-kun. Misa hizo esto para molestarte, pero no te enojes, Misa no quiere volver a discutir como antes. A Misa eso le dolió… le dolió mucho…- como la sintió callada, el detective se dio vuelta, y vio que a la rubia le habían caído un par de lágrimas, y evitaba mirarlo a los ojos.
El también evitó mirarla, un tanto incómodo. No sabía consolar a las personas (por favor, ni siquiera sabía muy bien cómo tratar con ellas), pero… ver a la chica en ese estado le hacía sentir una pequeña molestia.
Más sabiendo que era por algo que él había causado en primer lugar.
Despacio, y torpemente, colocó su mano en la mejilla de la chica, e hizo que esta lo mirara; tenía los ojos llorosos. Con el pulgar, le limpió las lágrimas que seguían cayendo, mientras pensaba qué podía decirle. Lamentablemente, no salió nada.
Si decía algo, con el poco tacto que tenía, sabía que empeoraría las cosas. Así que, por primera vez en su vida, prefirió callar.
Misa se lamió los labios, el pelinegro evitó mirarla de nuevo. Ella estaba a punto de hablar, cuando la voz de un viejo amigo la interrumpió:
:- Joven Ryusaki, señorita Misa, creo que es un poco tarde para nadar. Pueden hacerlo mañana.- dijo el hombre, con el fantasma de una sonrisa en los labios. El chico carraspeó y rápido, antes de que Misa pudiese volver a tocarlo, salió de la piscina. La rubia lo siguió, y aceptó la toalla que le ofrecía Watari.- No sabía que también habías decidido darte un chapuzón. Si no, hubiese traído otra de esas…- dijo el hombre mayor, suprimiendo una risa.
:- Si puedes buscar una ahora, te lo agradecería mucho.- dijo L, y el hombre asintió.
El chico esperó a que Misa lo siguiera adentro de la casa, pero no lo hizo. Que bien, más tormento.- pensó, mientras la rubia se secaba, y no pudo evitar mirarla de reojo. De arriba abajo, de pies a cabeza.
Apenas volvió a sentir el color en sus mejillas, miró para otro lado.
:- Ryusaki-san no tiene por qué avergonzarse…- dijo Misa, con una sonrisa en el rostro, mientras se acercaba a donde estaba el detective, con la ropa toda mojada.- Misa- Misa quiere decir… gracias.- luego, lo miró a los ojos, y sin previo aviso, le dio un pequeño beso en la mejilla.- Gracias por quedarte con Misa, ¿no… no odias a Misa, verdad?- preguntó, con un tono tan dulce que Ryusaki no pudo evitar negar con la cabeza involuntariamente. Suspiró.- No, no te odio Amane. Y… lamentó la última discusión que tuvimos. Yo…- pero la risa de la rubia no lo dejo terminar.
:- Esta bien, tontito. Además, creo que la fiesta ya fue suficiente venganza… ¿no crees?- luego volvió a reír, y el pelinegro la miró sorprendido. Misa Amane podía ser mala cuando quería, quien lo hubiera dicho.- Ryusaki-kun… quiero cambiarme, tengo frío.- luego, dejó la toalla en el piso y empezó a sacarse lo que tenía puesto. El detective entró en un pequeño estado de pánico, pero gracias a dios, Watari llegó justo a tiempo. Le dio una toalla a L, y llevó a Misa al baño, donde le daría ropa nueva.
:- ¡Espera!- dijo la rubia, y antes de irse, corrió hacia donde estaba el chico. Al llegar, lo abrazó.- Gracias por la fiesta, y… creo que Misa merece una recompensa por haberse portado bien…
:- ¿Bien? Amane, acaso tienes alguna idea lo que bien…- pero tampoco lo dejó terminar. Esta vez, le dio un beso en los labios, y volvió a dejar al detective paralizado.- ¡Nos vemos, Hideki Ryuga!- rio la chica, y volvió hacia donde Watari la estaba esperando.
El hombre mayor, para desgracia de L, había visto toda la escena. Miró a su hijo y este solo negó con la cabeza. No tenía nada que explicar. Amane estaba borracha. Ya mañana, cuando volviera a ser la de siempre, todo volviera a la normalidad.
Aunque tenía que admitir que el momento en la piscina había causado una gran molestia en sus pantalones.
Volvió a negar con la cabeza y tomó la toalla que estaba en el piso. Esta situación se estaba volviendo cada vez más confusa para él. Y, mientras más trataba de hacerle la guerra a Amane, más quedaba él comprometido.
Más le afectaba.
Sabía que lo mejor era alejarse, dejarla de una vez por todas, y volver a lo que siempre hacía. Pero, si a fin de año el volvería a Europa, ¿Qué tenía de malo un poco de diversión?
Los casos no eran un desafío, el consejo tampoco. Tenía tanto tiempo libre que solo, él solo…
Estaba aburrido.
Y aquel aburrimiento lo llevaba a hacer cosas demasiado extrañas.
Y allí es donde entraba Misa Amane.
Tal vez… había elegido a la persona equivocada. Creyó conocer a Amane desde el principio, pero ahora se daba cuenta, que tal vez, tal vez, había estado equivocado. No era tan tonta como parecía a simple vista.
Pero mientras se secaba el pelo, y recordaba los sucesos del día, no pudo evitar sonreír un poco. La rubia, con sus pros y sus contras, era una buena distracción.
Su estómago gruñó de repente, y suspiró al darse cuenta que no pudo comer nada desde que llegó. La piscina le había dado hambre.
Un pastel no vendría nada mal.- pensó el chico, mientras terminaba de secarse.- Más vale que nadie se haya robado nada del refrigerador.
Si no, Ryusaki haría todo lo posible para que esa persona no vuelva a ver la luz del día.
Ni esa, ni Mello, ni Matt.
Y, oh dios, no hablemos de Misa Amane.
Debo decir, que no recordaba que este capítulo fuese tan largo. Me sorprendí mucho apenas lo vi.
Y creo que es uno de mis favoritos.
No le dije antes, pero gracias a todos los que leen y comentan. Son muy especiales para mi.
- Vigigraz
