Editado 13/01/2018


Puede contener OoC.

Death Note no me pertenece.


"Es una regla, que un humano seguido por un Shinigami, no trae más que mala suerte"

- Ryuk.


Capítulo 18:

Al ver las cortinas blancas, y la misma camiseta puesta, tuvo otro caso de deja vu. Ya había vivido esa situación, no hacia tanto tiempo atrás.

El dolor de cabeza era insoportable, aunque no tanto como la última vez, obligándola a quedarse con los ojos cerrados. La luz del sol entraba sin importar que las cortinas estuviesen cerradas, y le daba justamente en la cara, haciéndole a la rubia todavía más difícil poder abrir los ojos.

Intentó darse vuelta y volver a dormir, tratando de ignorar todos los problemas en los que se había metido, pero unos golpes a la puerta la hicieron despertarse completamente.

:- Pase…- murmuró, y al segundo se arrepintió de haberlo hecho. Sentía como si su cabeza estuviese siendo apuñalada por doscientos cuchillos. Apretó los ojos y se tapó con las sabanas, mientras Watari entraba al cuarto con una bandeja en mano.

Sip, definitivamente un deja vu.

:- Señorita Amane.- dijo el hombre, y eso obligó a Misa tratar de levantarse, o, por lo menos, a sentarse en la cama.- Tenga.- le tendió unas pastillas (la rubia tenia el presentimiento de que ya las había visto antes) y ella las tomó con mucho gusto.

Tuvo la leve esperanza de que Watari decidiera retirarse después de eso, pero, como casi todo el tiempo, aquellos deseos fueron aplastados por la cruda realidad.

:- Si me permite preguntar… ¿Qué fue exactamente lo que la llevó a hacer esta "fiesta", señorita Misa?

La rubia suspiró, y apoyó la cabeza en la almohada mientras trataba de recordar todo lo sucedido la noche anterior. Lamentablemente, lo único que había permanecido intacto en su memoria había sido el comienzo de la fiesta. Lo demás, solo era un borrón; un manchón gris.

Aunque sabía el motivo por el cual había planeado todo aquello. Y había sido solamente para festejar el cumpleaños de su amigo Matt…

:- Bueno, yo…- carraspeó.- En realidad… bueno, que- quería vengarme de Ryusaki.- esperó el regaño proveniente del hombre mayor, pero este solo se limitó a asentir con la cabeza. Misa volvió a suspirar.- Pero creo que metí la pata… ¿verdad?

Watari sonrió levemente, mientras ponía el vaso de agua que le había dado a Misa de vuelta en la bandeja.- Si tengo que decirle la verdad, joven Misa, Ryusaki está bastante molesto.- la miró con aire divertido.- Pero… eso era lo que buscaba, así que supongo que no hay ningún problema… todo salió tal cual usted quería.

La chica se quedó pensando un momento en las palabras de Watari. En realidad, sí, todo había salido tal como ella había querido. Según el hombre, Ryusaki se había enojado, y estaba segura de que, para ese momento, él ya sabía que ella había sido la que originó todo aquel desastre. Entonces… ¿Por qué no estaba saltando de alegría al saber que había completado su venganza?

Tal vez es solo el dolor de cabeza.- se dijo así misma, mientras se tocaba la frente.- Tiene que ser eso lo que me impide disfrutarlo. Además de… bueno… de que seguramente Mello y Matt debían de estar metidos en un gran lío…

:- ¿Y los chicos?

:- Castigados, Misa.- ordenó la ropa de la joven.- Me gustaría que se cambie cuando se sienta un poco mejor. El joven L y yo la esperaremos abajo para desayunar y terminar de discutir algunos detalles…

La chica tragó saliva y preguntó.- Él… en verdad está furioso, ¿no es así?

:- Bueno, Misa…- siguió Watari, tras soltar un suspiro cansado.- La casa quedó hecha un desastre. Muchos objetos de valor fueron destrozados…

La rubia volvió a apoyar la cabeza en la almohada, rendida. Definitivamente, aquella no había sido una de las mejores ideas que se le había podido ocurrir, en comparación con todas las demás…

Daba por sentado que ella misma tendría que reemplazar todas las cosas rotas. Y ni todo su dinero ahorrado, ni el de Natsuki, serían suficiente para pagar todos esos artículos de lujo…

Dios, cuando Natsuki se entere de esto ella va a…

:- Debe encontrarse un tanto preocupada por su tutora. Le informo, señorita Amane, que hable con ella ayer y le comenté lo ocurrido.- Misa lo miró, sorprendida y horrorizada.- Usted asistió a una fiesta y se quedó dormida. Como no quería despertarla, me tomé la liberta de hablar con la mujer y aclararle las cosas. Espero que eso no le moleste.

¿Acaso él había…?

:- ¿Mentiste por mí?- preguntó ella, asombrada. El viejo sonrió.- Creo que es mejor que solucione sus problemas con Ryusaki antes de tener que lidiar con otros mucho peores.

:- Como si eso pudiese suceder…- dijo ella por lo bajo, pero el hombre la oyó perfectamente.- ¿L sabe que no le dijiste a mi nana la verdad?

:- No lo sé he contado, no.- comentó Watari, y Misa dio las gracias mentalmente.- ¿Puedo hacerle una pregunta, señorita Amane? Luego la dejaré tranquila para se cambie, será solo un minuto.

:- Por supuesto.- le debía mucho a ese hombre

:- ¿Usted… acaso odia a Ryusaki?

Por segunda vez en el día Misa se vio obligada a pensar mucho antes de contestar. Es decir, ella sabía que lo odiaba, pero, aun así, decírselo a otra persona que no fuese el mismo Ryuga… era raro. Lo hacía más creíble, más real.

Además, le daba un poco de vergüenza confesárselo a una persona que era mas o menos como un padre para él. Y más cuando ella se encontraba como huésped no deseada en su hogar…

Imágenes un tanto comprometedores de ella y L le vinieron a la mente repentinamente, y la hicieron ponerse de un color rosa intenso.

Tosió.- Bueno, yo…

:- Déjeme modificar la pregunta… ¿Usted conoce a Ryusaki lo suficiente como para odiarlo?

De nuevo, volvió a quedarse en blanco. La verdad, era que no tenía la menor idea de que decir. Porque, en realidad, ella no sabía casi nada sobre él, y se conocían hacía ya más de cinco meses.

Habían tenido sexo ¡por dios!

Imágenes aún más comprometedoras decoraron su cerebro, causando que se le revolviera el estómago. Miró a Watari avergonzada, y dijo.- Pues no, la verdad es que no lo conozco.

:- ¿Está segura?- preguntó el viejo, con el fantasma de una sonrisa, y Misa lo miró confundida. ¿De qué está hablando?.- Misa, déjeme decirle una cosa. Por lo poco que he llegado a enterarme, usted y mi hijo no se llevan muy bien que digamos. Pero, aunque crea que no conoce absolutamente nada sobre él, déjeme decirle que está muy equivocada. Y no solo eso… también puedo afirmarle que son bastante parecidos…

:- ¡Tienes que estar jugando!- exclamó, y luego rio con ironía. Lo que decía Watari no tenía sentido alguno.- Somos completamente diferentes, Watari. Agua y aceite. Cualquiera puede verlo.

:- Puede ser.- dijo él, sonriendo.- Pero las apariencias engañan, joven Misa. Ambos son testarudos, sin ánimo de ofenderla.- la rubia hizo todo lo posible para no saltar a defenderse.- Ambos detestan perder… y, espero no se sienta incómoda con la pregunta, pero, Natsuki no es su madre biológica, ¿verdad?

Misa negó con la cabeza.- Bueno, pues, Ryusaki es huérfano.- Misa se quedó muda. Se lo había imaginado, pero tener una confirmación, bueno… No podía dejar de pensar que ambos compartían esa terrible sensación. Que él…

Que él, en ese sentido, era como ella…

:- Misa…- le dijo el hombre, mientras se dirigía a la puerta con la bandeja de plata en la mano.- Solo voy a decirle una cosa. Dentro de las pocas personas que L conoce, usted es una de las que más se ha acercado a conocerlo de verdad. Es una de las pocas a las que ha dejado entrar; y me parece justo que lo sepa.

El desayuno estará en quince minutos. Nos vemos luego.- y con eso, el viejo cerró la puerta, dejando a Misa completamente shockeada.

¿Ella era una de las personas que Ryusaki había dejado entrar?, ¿De qué demonios estaba hablando?

Lo único que habían hecho desde que se conocieron era pelear. Bueno, salvo por esos momentos en que se dejaban llevar por otras cosas, y Misa todavía no podía explicar por qué seguían haciéndolo, sinceramente. Y estaba segura de que, si le pregunta al pelinegro sobre aquello, él tampoco tendría la menor idea.

La confesión de Watari había sido bastante inusual, e inesperada. La rubia, en verdad, no tenía la menor idea de cómo tomar lo que le había dicho el hombre. No sabía exactamente qué hacer con esa clase de información.

Un rugido de su estómago interrumpió sus pensamientos; se estaba muriendo de hambre. Así que, ahora sin tanto dolor de cabeza, se levantó de la cama y se puso la ropa que había usado ayer, la cual Watari había dejado preparada en una de las sillas de la habitación.

Bajó las escaleras un tanto desconfiada, sabiendo que el próximo encuentro con Watari no iba a hacer igual de amigable que el de hacía unos minutos. No si estaba L, o Ryusaki, o como se llame, de por medio. Pudo ver por las ventanas del jardín, que el viejo no se había equivocado al decir que la casa había quedado hecha un desastre. En realidad, parecía que hubiesen entrado a…

:- Aun no llegaron a limpiar.- comentó una cabeza albina que Misa casi se choca al terminar de bajar las escaleras. Near se encontraba sentado, armando una torre gigantesca con naipes.- Aunque, si vamos a ser justos, tú deberías estar recogiendo todas las cosas tiradas en el patio. Nadie más.

:- No puedo discutir con eso…- comentó Misa, mientras terminaba de bajar las escaleras.- A propósito… ¿cómo te convencieron Mello y Matt de no delatarnos? Si es que no lo hiciste…

:- No, no lo hice.- dijo el chico, con el mismo tono seco de siempre.- Mantengo mi palabra.- luego, señaló un tren de juguete que Misa había pasado desapercibido.- Me dieron el remplazo de un tren que alguien destrozó el primer día de clases.

Misa recordó ese incidente y gritó.- ¡Ya dije que lo sentía!- luego se cruzó de brazos.- Además… ¿Quién anda jugando con trenes en una escuela?

Near evitó colocar el último naipe para mirar a la rubia con mala cara. Lo cual, para Misa, mostraba un gran avance; ya que nunca la había mirado de otra manera que no sea con su usual cara de aburrimiento. El peliblanco estaba a punto de decir algo, cuando alguien, a quien Misa todavía no estaba preparada para ver, los interrumpió:

:- Antes de que sigas Near, voy a pedirte que llames a Matt y a Mello para que vengan a desayunar. Y, que quede claro, solamente a desayunar.- el chico asintió, Ryusaki miró a Misa de arriba abajo.- Luego podrán seguir discutiendo.- se giró, y sabiendo que la rubia no lo seguiría, agregó.- Venimos esperando hace más de quince minutos, Amane. Por favor, si pudieses ser tan amable y acompañarnos…

La rubia estaba a punto de contestarle algo feo, como siempre, pero al darse cuenta de la situación en la que se encontraba, prefirió callar. En el peor de los casos, Ryusaki podía llegar a demandarla. Y, oh demonios que Misa no necesitaba algo como eso en ese momento.

Siguió al pelinegro con la mirada enfocada en el piso hasta el comedor. Una vez dentro de la habitación, sin embargo, tuvo que frenarse de golpe. Allí había más dulces que en todas las fiestas de cumpleaños de Misa, juntas. Watari se encontraba parado, sirviendo lo que parecía café en la taza del futuro detective. Al ver a Misa, le preguntó.- ¿Té o café?

:- Té, si es posible.- dijo Misa, con un poco de vergüenza, aún un tanto asombrada por la cantidad de comida, mientras tomaba asiento en la silla más alejada de Ryuga posible. El silencio incómodo no duró más de cinco minutos, gracias a dios, ya que al poco tiempo los chicos aparecieron. Mello y Matt tomaron asiento; el pelirrojo al lado de ella, Mello al lado de él, mientras Near estaba más cerca de L. Watari se mantuvo de pie.

:- Creo que no hace falta decir que solo se les permite salir para las comidas y la escuela.- dijo L, mientras se metía un pedazo de pastel en la boca.- ¿Por cuánto tiempo, Watari?

:- Por lo que recuerdo habíamos dicho dos meses.- contestó el hombre mayor, y al segundo los dos chicos comenzaron a quejarse. Luego, al mirar a Ryusaki, cerraron la boca.

Misa volvió a asombrarse al ver la autoridad que Ryusaki, Ryuga, poseía sobre esos chicos. Los comentarios de Watari se le hicieron presente en su cabeza. De la nada, perdió el apetito.

Cuando Mello terminó su barra de chocolate, Matt el cereal, y Near su jugo de naranja, los tres se retiraron de la mesa, dejando a Misa sola para el momento que estuvo temiendo desde que se levantó en la mañana y supo en donde se encontraba.

:- Srta. Misa, no ha tocado nada, ¿está usted bien?- preguntó Watari, al darse cuenta que la rubia no había tocado ni un bocado, o el té.- Si, si, solo… no tengo hambre.

:- Más pastel para mí.- dijo Ryusaki, mientras terminaba de devorar, según los cálculos de Misa, la quinta porción de un pastel de fresas.

¿Cómo demonios puede comer tanto y ser tan delgado?- pensó ella, mientras dejaba la comida a un lado.

En un intento por zafar, se levantó de donde estaba, y dijo.- Si no les importa, me gustaría irme a casa, me siento mal y quisiera hablar con…- L la interrumpió.- Aún tenemos asuntos que discutir, Amane.- jugó con los cubos de azúcar, como si nada.- Así que, por favor, toma asiento y no te vuelvas a levantar hasta que terminemos.

Misa no se iba a dar por vencida.- Tengo cosas más importantes que hacer, Ryuga. Y creo que estás siendo un tanto…- volvió a interrumpirla.- ¿Y te parece que yo no? Tengo cosas mucho más importantes que las tuyas, y, sin embargo, aquí estoy.- lo dijo en un tono tan calmo, tan indiferente, que de repente, Misa se sintió sumamente ofendida.- Así que, si vuelves a abrir la boca, te agradecería que fuera para algo útil.

Iba a gritarle, pero la última frase la dejó congelada. Era como el momento luego de reunirse con el director, salvo que ahora ya no podía huir a ninguna parte. Se fijó en Watari y vio que este tenía una mirada desaprobación en el rostro. Al menos Misa no estaba imaginando cosas, Ryuga se estaba comportando mucho más idiota que de costumbre.

Llegó al nivel de ser un idiota hiriente.

:- Joven L…- comenzó Watari, pero Misa lo interrumpió. Ya habían luchado demasiadas batallas por ella.

Se acomodó en el asiento, y con toda la calma del mundo, sentenció.- Está bien, Watari. No tienes que decir nada.- luego, se giró hacia Ryusaki con una expresión asesina en los ojos, pero disfrazándola como una mirada fría.- Empecemos, entonces.

El chico la miró, analizándola. Se mordió el dedo pulgar.

:- Lo que hiciste fue algo muy grave.- comenzó, y Misa asintió, mientras pensaba que, lamentablemente, se encontraba en serios problemas.- Watari, me gustaría estar a solas con ella, si puede ser posible. No tardaremos mucho, así que no te preocupes.- el hombre asintió, mientras Misa sufría un ataque de pánico por dentro. Ahora, ni siquiera podía contar con el hombre mayor como testigo. Respiró hondo, mientras Ryusaki se servía otra rebanada de pastel.

:- Hay algo que aún me cuesta un poco de trabajo comprender, ya que no me encuentro dentro de tu mente.- comentó, al terminar de masticar. Levantó la cabeza, y miró a la rubia a los ojos; Misa pudo jurar que había un aire divertido en ellos.- ¿Acaso hiciste todo ese circo para molestarme?

La rubia se tomó su tiempo para responder. No quería admitir que esa había sido la razón, pero tampoco quería mentir.

Oh, que demonios.

:- Si, en gran parte.- observó al pelinegro.- También quería festejar el cumpleaños de Matt. Sé que ellos no lo hacen, así que quería…

:- Nadie suele festejar su cumpleaños.- comentó él, interrumpiéndola.- De dónde venimos… pues, no lo hacemos.- volvió a morder.- Menos esa clase de desorden al que llamas "fiesta".

:- En mi defensa.- continuó Misa; no iba a dejarlo ganar.- Nunca creí que fuese a venir tanta gente. No estaban en la lista, no tantos.

:- Pero aun así aparecieron, Amane.- dijo Ryusaki, como si fuese lo más obvio del mundo. Misa rodó los ojos.- Y, por si no te diste cuenta, causaron un enorme desastre.

Misa suspiró, ya sabiendo que estaba derrotada, y dijo, mirando uno de los cupcakes que aún seguía sobre la mesa.- ¿Cuánto va a ser?

Ahora era L quien la miraba con genuina sorpresa. Fingiendo no entender, preguntó.- ¿A qué te refieres?

:- Que cuanto me vas a cobrar por todos los daños. Pagaré lo que sea, solo… solo no metas a nadie más que a mí en esto.- lo último lo dijo en tono de súplica, por lo que se abofeteó mentalmente al darse cuenta que él podría usarlo en su contra.

:- No voy a cobrarle nada a nadie, Amane. El dinero no me hace falta.- dijo, y Misa lo miró con los ojos bien abiertos. ¿No iba a cobrarle?- ¿No lo harás?, ¿entonces para qué es todo esto?

Ryusaki se aguantó las ganas de sonreír, mientras devoraba una cereza.- Solo quería terminar de tener en claro la razón por la cual habías hecho todo esto. Ya que, ayer no pude sacar más que incoherencias de ti.

Mierda. La rubia no recordaba absolutamente nada de la noche anterior. Y si ella estuvo con Ryusaki, entonces…

Oh dios no. Misa lo miró horrorizada.- ¡Nosotros no hicimos nada! ¡¿verdad?!- el detective la miró aburrido.- No un pervertido, Amane. Por supuesto que no.- mientras se mordía el pulgar para evitar sonreír, continuó.- Aunque no puedo negar que si lo fuera, sin dudas algo hubiera sucedido. Debió ser el alcohol, pero estabas bastante insistente…

La joven lo fulminó con la mirada.- Estaba borracha, no tenía uso de razón.

:- Por lo que mi punto tiene más sentido. Si fuese un pervertido, te estaría mintiendo al decir que no intenté nada.- se levantó de donde estaba, pero antes de irse, agregó.- Igualmente, las demás veces no recuerdo que estuvieras ebria, ¿o sí?

Mentir o no mentir, mentir o no mentir.- pensó la rubia, mientras el chico la miraba, divertido. Todas las cosas que le había dicho Watari seguían persiguiéndola, atormentándola.

:- Supongo que no.- miró al pelinegro.- Justo como tú, ¿no es cierto?

A Misa jamás se le cruzó por la cabeza que le respondería, pero era Ryuga de quien estaba hablando. El futuro detective la observó, ahora sin el brillo de diversión en sus órbitas negras.

:- No podría negarlo tampoco, Amane.

Sintió algo en el estómago, y estaba segura de que no eran las náuseas que había tenido antes. No, era otra cosa.

:- Así que…- comentó Misa, tratado de alivianar la tensión que había aparecido de repente en la habitación.- ¿No voy a tener que pagar nada?

El chico suspiró.- Como dije antes, no necesito el dinero. Pero si llegas a repetir este improvisto, bueno, debo decirte que no voy a volver a ser tan compasivo.

Estaba por salir, cuando Misa lo interrumpió, aún confusa.- No entiendo, ¿no quieres nada? Y no hablo de dinero; una ayuda, o chantajearme, o usarlo en mi contra. Ambos sabemos que ninguno tiene buenas intenciones con el otro.

Ryusaki volvió a mirarla, aburrido.- Tu nunca entiendes nada, Amane.- Misa abrió y cerró la boca de una manera cómica. Antes de que pudiese defenderse, el chico continuó.- Y no, la verdad es que no pienso usarlo para nada, no veo que tenga un fin concreto. Solo quiero que te mantengas alejada de mi propiedad, a menos que yo te invite a venir, lo cual dudo mucho. ¿Entendido?

Iba a decir que sí; tendría que haberlo dicho. Si lo hacía, ahí terminaba todo. Misa se iría, y tal vez, solo tal vez, el chico dejaría de molestarla. Pudo sentir en su mirada, que no solo se refería a no volver a su mansión.

Él se refería a dar por concretado todo lo que tenían. Aunque Misa aún no estaba segura qué era exactamente.

Si decía que sí, no tendría que volver a preocuparse por Ryusaki el pervertido nunca más. Sin embargo, algo dentro de ella no la dejó soltar aquella palabra mágica. Aunque sea insoportable, y se la pasen peleando cada dos por tres, Misa no quería que, lo que sea que tenían, terminara.

Se había convertido en una especie de droga, y ya no era tan fácil dejarla. Ya era demasiado tarde.

La curiosidad era demasiada. Todo lo que le contó Watari había quedado flotando, pero estaba ahí. Misa quería descubrirlo ella misma, sacarlo a la luz.

Saber quién demonios era L.

Y si, en ese momento, le decía que sí, y lo sacaba de su vida, sabía que aquello iba a ser mucho más difícil, por no decir imposible.

Así que, mientras el pelinegro caminaba hacia la puerta, tomando el silencio como una respuesta válida, la rubia respiró hondo, y dijo.- Creo que para este momento ya deberías saber que no soy una persona que acepta esa clase de propuestas. Menos si provienen de ti.

Misa no pudo verlo, pero lo sintió sonreír, mientras giraba el picaporte.- Entonces, supongo que tendré que invitarte más seguido. Así al menos veré que no causes ningún caos. Me gusta la tranquilidad, ya deberías saberlo.

Misa sonrió mientras se cruzaba de brazos.- Oh, créeme, lo sé. Pero la tranquilidad no es una palabra que se encuentre en mi vocabulario. Y, como sabes, me encanta molestarte.

:- Eres buena en ello.- y con eso, el detective estaba fuera, dejando a Misa con toda la comida sobrante, pero con una sonrisa en los labios.

Aún no había acabado, y Misa, por alguna razón que no podía explicar, estaba muy feliz por ello.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Le agradeció el viaje a casa, aunque su cabeza seguía repleta de dudas.

¿Por qué Ryuga no le había cobrado absolutamente nada?, ¿Por qué Watari le contó todas esas cosas sobre el pasado del pelinegro?, ¿Acaso buscaba que Misa tuviese compasión por él?, ¿Acaso él buscaba ser más bueno con Misa? Bueno, esa no era tan difícil de responder. Pero, aun así, eran demasiadas. Y la rubia no tenía la menor idea por donde empezar para encontrar una respuesta para todas ellas.

La cosa no mejoró en absoluto una vez que entró a su casa. Ya que, al hacerlo, encontró a Natsuki sentada en el mismo lugar, con la misma expresión que cuando Misa había aparecido y no le había avisado.

:- Gracias al cielo que ese hombre decidió llamarme, señorita ¿Qué parte de "no vuelvas a hacer algo así sin avisarme", no quedó clara?

Misa suspiró, y sentó en una de las sillas; el dolor de cabeza volvía a hacerse presente.- Lo lamente nana, en serio. No fue mi intención.

:- Sin peros, jovencita.- dijo Natsuki, mientras se levantaba y se dirigía a su habitación.- Un mes castigada. Sin salidas, ni fiestas, ¿soy clara?

Misa no pudo evitar sonreír mientras asentía con la cabeza. Al final, tuvo el castigo que se merecía, aunque no se lo haya dado L.

L. Cada vez era más normal para ella llamarlo de ese modo, pero aun así era extraño. Muy extraño. Al principio, L no era más que solo alguien que le había dado un celular nuevo, y ahora, resultó que ese mismo era el idiota de Ryuga, uno de sus enemigos.

Aunque, ahora que lo pensaba… ¿era en realidad uno de sus enemigos?

Después de todo, jamás haría las cosas que hizo con L, con Mikami o con Takada. Nunca en la vida.

Y eso ayudaba a que la situación fuera aún más confusa. Lo odiaba, o por lo menos, antes lo había hecho. Pero había cosas, pequeñas cosas, que le hacían dudar sobre él, sobre si realmente lo conocía como Watari decía que lo hacía.

Dentro de las pocas personas que L conoce, tú eres una de las que más se ha acercado a conocerlo de verdad. Eres una de las pocas a las que ha dejado entrar.

¿Qué demonios significaba todo eso?

Con un gritito de frustración, Misa se levantó y se dirigió a su habitación. Se quitó la ropa sucia, y lo más rápido que pudo se metió a la ducha; necesitaba pensar.

No, en realidad, no necesitaba pensar, necesitaba descansar. No tenía ganas de resolver el Ryuga/Ryusaki/L misterio ahora mismo. Tenía dolor de cabeza y su cerebro no iba a dar todo su potencial en ese momento.

El sonido de su celular le hizo abrir los ojos y salir de la ducha lo más rápido posible. Normalmente, si el teléfono sonaba mientras ella estaba ocupada, no respondía. Pero bueno, por lo visto, aquel era el día en que Misa hacía las cosas al revés.

O al menos, eso era lo que parecía.

:- ¿Hola?

:- Misa, soy yo, Mido.- la rubia se acomodó la toalla alrededor de su cuerpo mientras buscaba ropa que ponerse.- Lamento molestarte, pero necesito que me hagas un gran favor.

El cerebro de Misa gritaba a los cuatro vientos que le dijera que no, y que cortara. Realmente no estaba con el humor para lidiar con nada excepto su cama. Pero Shingo no le había hecho ningún mal, y simplemente no podía desquitarse con él.

Así que, en vez de mandarlo a la mierda, dijo:

:- ¿Qué necesitas?

:- Estamos cubriendo la sección de vestidos de fiesta, y una de nuestras modelos no puede estar presente. ¿Te gustaría venir a remplazarla?

La rubia lo pensó.- ¿Cuándo?

:- Bueno… ahora mismo.

Misa parpadeó un par de veces seguidas y lo meditó un momento. Estaba bastante cansada, pero modelar y hacer lo que amaba serviría para distraerla un buen rato.

:- Cuenta conmigo.- dijo, con una sonrisa.

:- Nos vemos, Misa. Y ¡gracias!

Al cortar, no pudo evitar recordar que Mido le había pedido, en una forma "sutil", salir con ella. Sus mejillas se tornaron coloradas mientras comenzaba a vestirse. Tenía que dejar ese tema de lado por ahora. Solo iba a trabajar, no había segundas intenciones.

Se puso algo sencillo, y cuando estaba por bajar las escaleras, recordó la advertencia de Natsuki. Ella estaba castigada.

No podía perderse esta oportunidad, y, además, Misa estaba un poco fuera de sí misma ese día. Escaparse una vez en su vida no sería la muerte de nadie…

O al menos eso esperaba.

Bajó lentamente las escaleras, y se juró que no tardaría mucho. Si su nana preguntaba le diría que había ido a hacer algún trabajo escolar, o las compras. Algo se le iba a ocurrir.

Algo se le tenía que ocurrir.

Tomó un taxi, y en menos de quince minutos estuvo parada frente al edificio que ahora se sentía bastante familiar. Tenía que admitirlo, había extrañado volver a trabajar allí.

Habló con Namikawa, y la misma chica de la otra vez la llevó a prepararse. Conversó con las modelos, y pudo decir que había comenzó a ser amiga de varias de ellas. Luego, se probó los varios vestidos, la maquillaron, y salió, junto con las otras chicas, al patio ambientado como un gran salón de baile.

Allí se tomaron varias fotografías, y por primera vez, Misa hizo su aparición sola. Estuvo muy emocionada y muy feliz cuando ya todo había terminado. Se despidió con alegría de todos, y no pudo evitar notar que las modelos, asistentes, y el mismo Namikawa, habían comenzado a llamarla por su primer nombre.

Se estaba volviendo parte de ellos. Estaba encantada.

Miró el reloj, y, por suerte, no había pasado demasiado tiempo. Le quedaba llamar a alguna de sus compañeras para pedirle que la cubriera con el tema del trabajo práctico, y todo estaría arreglado. Natsuki no tendría que enterarse de absolutamente nada.

Estaba saliendo del edificio cuando se topó con Mido. No lo había visto en toda la sesión y, la verdad, estaba muy feliz de poder saludarlo antes de irse. Él se vio algo incómodo, y Misa no pudo evitar recordar la supuesta "cita" que le había propuesto, y el "rechazo" de la rubia.

Aun así, se saludaron, y antes de irse, el castaño le comentó sobre un baile que haría la compañía, donde todas las modelos deberían asistir.

:- Sé que no eres una modelo oficial aún.- comentó este, mientras se acomodaba la corbata.- Pero aun así, me gustaría que lo tuvieras en cuenta. ¿De acuerdo, Misa?

:- De acuerdo.- dijo la rubia y sonrió. Estaba a punto de abrir la puerta para salir a la calle, pero un comentario de Mido la hizo detenerse.

:- Y… sobre lo de la otra vez, de verdad espero que no te sientas incómoda, o algo por el estilo. Lo que hice fue tonto y no profesional en absoluto, así que te pido disculpas. Seremos compañeros de trabajo, nada más que eso ¿está bien?

:- Más que bien.- dijo la rubia, y acto seguido le dio un beso en la mejilla. No era algo que ella normalmente haría, pero hoy parecía ser el día del revés. Por lo menos para ella.- ¡Nos vemos, Mido!- se despidió, antes de salir por la puerta principal, dejando al castaño con una sonrisa un tanto boba. Al darse cuenta de aquello, sacudió la cabeza y se encaminó hacia el ascensor. Estaba perdiendo la cordura.

Mientras tanto, Misa ya estaba en camino a su casa. Antes de subirse al taxi, sin embargo, llamó a Kata para asegurarse de que el plan "Natsuki no sabrá nada", seguía en pie. Estuvo bastante nerviosa todo el viaje, y cuando llegó a casa, casi le agarra un paro al ver a su nana regando las plantas afuera.

Por suerte, la mujer mayor no la vio, así que rápido Misa le pagó al taxista, y salió del coche antes de que su nana se diera cuenta de donde había salido.

Pero, lamentablemente, no tuvo la misma suerte al tratar de entrar a su casa. Natsuki la vio, y le preguntó porque rayos no estaba en su habitación. Misa le explicó la mentira que había preparado, y luego de que la mujer llamara a su compañera, decidió creerle.

Al entrar, Misa suspiró aliviada. Había zafado esta vez.

Esperaba no tener que hacerlo de nuevo.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-

:- ¡Aguarden!- gritó la rubia, al ver a los dos chicos caminando rápido por el pasillo de la escuela.- ¡Necesito hablar con ustedes!

Ambos se miraron, y luego miraron hacia los costados, procurando que no anduviese nadie conocido por allí. No querían volver a tener problemas con L, y para eso, tenían que evitarlo a él, y a Near.

:- ¿Los metí en serios problemas, verdad?- preguntó Misa, avergonzada. Mello la fulminó con la mirada y se cruzó de brazos mientras Matt negaba con la cabeza.- Esta bien Misa, todos participamos de esto. Además, ¡valió la pena! ¡Nuestra fiesta fue legendaria*!

:- Sí, claro.- dijo el rubio, con sarcasmo, mientras evitaba mirara a cualquiera de los dos. Misa y Matt siguieron hablando, pero luego, Mello jaló de la camiseta del pelirrojo muy fuerte.

:- ¡Oye! ¿Qué te…?- el chico miró para la dirección de su amigo, y se dio cuenta de lo que sucedía. Suspiró, mientras le decía a Misa.- Debemos irnos. L nos prohíbo tener algún contacto contigo por el tiempo que llevemos castigados. Supuestamente es por "seguridad".- hizo hincapié en las comillas.

Misa los miró sorprendida y rodó los ojos. Ese era un comportamiento normal en Ryuga. Luego de pensar eso, puso una cara de horror, al recordar las palabras de Watari:

Dentro de las pocas personas que L conoce, tú eres una de las que más se ha acercado a conocerlo de verdad.

Negó con la cabeza al verlos alejarse, cuando unos ojos negros hicieron contacto con los suyos; poniéndola sumamente nerviosa.

Ryuga se encontraba de espaldas a su casillero, con un libro en la mano, pero con la mirada estaba clavada en Misa. No planeaba bajar la vista, como tampoco lo hacía la rubia. No podía rendirse tan fácil. Mientras más continuaba, más sentía como el calor le subía la cara, pero no se dejó ganar.

El ruido de la campana hizo que se le evaporara la concentración. Miró hacia donde esta se encontraba, y, cuando quiso volver a hacer contacto visual con el pelinegro, este ya se había esfumado.

Oh, por favor. ¿Quién eres, James Bond?

Luego recordó su estúpido atuendo de jeans y camiseta y rio para sus adentros. Si Ryusaki era James Bond, Misa entonces tendría que llamarse así misma la reina Victoria.

Aunque…

.-.-.-.-.-.-.-.

El día había transcurrido bastante tranquilo. Los exámenes tenían exhaustos a varios de los estudiantes, entre ellos a Light, pero Misa se encontraba bastante bien. Era una alumna promedio, así que podía darse el lujo de relajarse y no estresarse demasiado.

Al terminar la última clase, Misa vio al chico de sus sueños caminando bastante rápido hacia la oficina del director. Y fue en ese entonces que pensó dos cosas:

La primera, que no aun no lograba hablar con Light a solas. Desde la semana pasada no había logrado hacer que el castaño le dijera lo que sea que había querido decirle en la oficina del director, antes de ser interrumpido por el insoportable de Ryusaki.

La segunda, era que había caído en la cuenta de que ya no le importaba. Por lo menos, no estaba desesperada por saber lo que el castaño tenía que decirle. Le seguía gustando, por supuesto, había estado enamorada de él desde casi jardín de niños.

Pero ahora, al mirarlo, ya no sentía esa clase de emoción y adoración como lo había sentido antes, o como lo expresaban varias de las chicas de su año. Incluidas la bruja de Takada.

Había sido una de las últimas en salir. No lo había planeado, por supuesto que no, pero hasta que terminó de guardar todas sus cosas y que conversó con el profesor acerca de sus notas, se había pasado por lo menos veinte minutos de la hora de salida normal.

Por lo tanto, la rubia era la última en salir del edificio.

O eso había creído.

Mientras caminaba hacia la salida, un brazo la tomó de la muñeca y la incrustó contra la pared. Estaba a punto de patear, y gritar para pedir ayuda. Cuando una voz conocida le dio una gran sensación de deja vu, y la obligó a guardar silencio.

Sin embargo, no pudo parar el comentario que salió involuntariamente de su boca.- Eres un idiota…- el pelinegro se acercó tanto que la rubia estaba segura que iba a besarla. Pero para su pesar, se detuvo a menos de tres centímetros de sus labios. Lo siguiente, lo dijo en un susurro tan bajo, que Misa no estaba segura si había oído bien o no:

:- ¿Quieres esto, Amane?

Se había quedado sin palabras. Es decir, las cosas que habían hecho siempre habían sido consensuadas. Pero él jamás le preguntó a ella si en verdad quería que algo sucediera…

No dijo nada por varios minutos, por lo que el chico suspiró, irritado. La rubia no pudo evitar sonreír.- ¿Y qué pasa si digo que no, L?

Él se apartó un poco para poder mirarla a los ojos, tenía la misma expresión de siempre, pero con un brillo particular en los ojos.- La situación se volverá completamente incómoda para mí; y, por saber mi secreto, me vería obligado a matarte. O a borrarte la memoria.

El detective tuvo que reprimir una sonrisa al ver la cara de sorpresa y horror que puso Misa al oír esas palabras. Tendría que probar asustarla más seguido.- ¿…cuál es tu respuesta, Amane?

Al darse cuenta que estaba bromeando, ella lo fulminó con la mirada.- Repito, eres un…. -no la dejó terminar.- Tomaré eso como un sí.

Y antes que la rubia pudiese decir otra cosa, presionó sus labios contra los de ella, y Misa tuvo que reprimir un gemido. No quería admitirlo, pero lo había extrañado muchísimo.

No a él. Sino a eso.

Ryusaki profundizó el beso, y la rubia le rodeó el cuello con sus brazos.

El chico estaba a punto de traerla más cerca, cuando unos pasos que venían hacia allí hicieron que ambos se congelaran. Misa actuó rápido, y agarró al pelinegro de la mano para llevarlo al salón más cercano.

Para alimentar el cliché, justamente, se trataba del armario del conserje. Pero en contra del cliché normal, era demasiado pequeño.

Hicieron lo imposible para entrar, sin embargo, ya que ninguno necesitaba meterse en problemas.

Se mantuvieron en silencio, hasta que sintieron como los zapatos de tacón se alejaban de aquel pasillo. Luego de eso, Misa comenzó a reírse. Primero muy sutilmente, hasta que trató de abrir la puerta y casi termina en el piso. Fue ahí cuando su risa se intensificó, y comenzaron a brotarle lágrimas de los ojos.

La situación era demasiado absurda como para ser real.

Ryusaki, al notar como la rubia estallaba a carcajadas, frunció el ceño.- Amane, esto no es divertido, estuvimos a punto de ser…- sin embargo, Misa reía tan fuerte que el mismo no pudo evitar sonreír un poco.

Si. Definitivamente luce más hermosa cuando sonríe.

La rubia se acomodó lentamente, y esta vez, se agarró del detective antes de intentar abrir la puerta de nuevo. Este la presiono contra la pared, intentando mantener el equilibrio para que ninguno cayera al suelo.

Misa seguía un tanto tentada, pero al ver al chico, su expresión cambió completamente. Un rubor comenzó a hacerse presente en sus mejillas. Ryusaki dejó de sonreír al instante, fijando su mirando en los cabellos despeinados de la rubia.

Sin pensarlo, acomodó un mechón detrás de su oreja. El rubor de Misa se intensificó, su cara parecía un tomate. L apartó su mano al segundo, como si le quemara.

Ella carraspeó.- La próxima vez habrá que ser un poco más cuidadosos...- miró para todos lados, y al darse cuenta que las cosas no iban a volverse menos incómodas, abrió la puerta.

Se acomodó el uniforme, y luego de un saludo bastante incomodo, se retiró.

Mientras los dos tomaban caminos diferentes, no pudieron evitar hacerse la misma pregunta…

¿Qué demonios acaba de pasar?


*sacado de la película "Proyecto X"

Gracias por leer.

-Vigigraz.