Editado 17/01/2018


Puede incluir OoC.

Death Note no me pertenece.


"El que hace el primer movimiento siempre gana"

- Elle Lawliet.


Capítulo 19:

Luego de aquel incidente, Misa Amane se encontró pensando mucho más en cierto pelinegro al que, la mayoría de las veces llamaba idiota.

Pasaron los días y las semanas. Cada encuentro que la rubia tenía con Ryusaki terminaba dejándola con una sensación un tanto extraña, como fuera de lugar.

Era un sentimiento que le costaba mucho describir; si tuviese que hacerlo, por supuesto.

Y, gracias a eso, Misa se encontraba en la primera hora de clase, mirando fijamente la cabellera negra del chico que se sentaba como un mono, y que poseía la joroba de un anciano.

Divagando, como siempre, no pudo evitar pensar en las "reuniones" a las que ambos asistieron; habían sido bastantes. Después de todo, habían pasado cinco semanas desde el último incidente en el pequeño cuarto del conserje.

Aunque le costara creerlo, hubo otros que la dejaron todavía más sorprendida.

Sin su consentimiento, su inconsciente dio la orden de recordar. Y no pudo evitar que una sonrisa se hiciera presente en sus labios al hacerlo:

:- Creo que había quedado claro que no podías venir aquí sin mi permiso, Amane.- comentó el pelinegro apoyado contra el marco de la puerta, cerrándole a Misa el paso.

La rubia rodo los ojos, como siempre lo hacía cuando hablaba con Ryusaki, y trató de entrar, pero este se mantuvo firme en su posición.-Vine a ver a Matt y a Mello, no a ti. Ahora, ¡apártate!

:- Esta es mi casa, Amane. Yo decido quien entra y quién no. Y, como creo que sabes, tú estás en las lista de los últimos.- Misa volvió a querer entrar, pero el chico volvió a meterse en su camino. La rubia dio un pequeño grito de frustración. Habían pasado por lo menos diez minutos, y la cosa no avanzaba. Si ella no hacía nada, no iban a llegar a ningún lado.- Además, siguen castigados, por lo que no tienen permiso de ver a nadie. Así que, ahórranos las molestias a todos y solo…

Esta vez, fue Misa la que cortó al pelinegro a media oración. Antes de que pudiese terminar, lo agarró del cuello de su camiseta blanca y lo besó bruscamente, tomándolo por sorpresa.

Antes de que este pudiese corresponder al beso, ella se apartó.- ¿Vas a dejarme entrar?

Él la miró, confundido. ¿Acaso estaba tratando de comprarlo?- Amane, si tu intención es sobornarme, te aviso que no va a dar resultado.- dijo, y Misa lo fulminó con la mirada. Al darse cuenta de que su plan no había funcionado, la rubia dio media vuelta, mientras pensaba en cómo podía hacer para entrar a la casa y hablar con los chicos, cuando la mano del pelinegro en su muñeca la detuvo.

Sintió la respiración del chico en su cuello, y un pequeño escalofrió le recorrió todo el cuerpo.- ¿Acaso escuchaste alguna vez la frase "si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo"?- la expresión en el rostro de la rubia lo hizo sonreír.- Bueno, digamos que no eres la excepción, Amane.

Y, antes de que la rubia pudiese reaccionar, el chico comenzó a besarla con mucha más pasión que como lo había hecho Misa.

De más está decir que ella se vio el doble de sorprendida que él cuando esta se le había abalanzado encima.

Luego de unos segundos, el chico se apartó, y Misa volvió a sorprenderse cuando lo vio entrar a la casa; y más al escucharlo decir.- Que sea rápido, aún siguen castigados.

La sonrisa que se mantuvo en sus labios toda la tarde fue simplemente genuina. Pero, lo que más le sorprendía, era que el causante de eso fue nada más y nada menos que el mismismo Hideki Ryuga…

Y eso no era nada…

:- ¿Así que… eres huérfano?- preguntó Misa, con la respiración entrecortada. Al oír aquello, Ryusaki dejó de besarle el cuello, y se apartó por completo.

La rubia, al caer en la cuenta de lo que había dicho, se mordió el labio con nerviosismo.

Un silencio incómodo bañó el ambiente hasta que el chico decidió volver a dirigirle la palabra.

:- Imagino que Watari fue el que te lo dijo…

Este terminó de apartarse, mientras Misa juraba mentalmente. Realmente, no tenía ni idea porque se le había escapado esa pregunta en un momento como aquel. ¡¿Acaso era idiota, o qué?!

:- ¿Por qué la urgencia de saberlo, Amane?

Misa lo miró, sentada en el escritorio, y repentinamente se sintió como la tonta más grande del mundo. Ella no tenía por qué indagar tanto en la vida personal de Ryuga. Es decir, él jamás se había demostrado interesado en su vida personal, y la rubia tampoco en la de él, ¿no?

¿No?

:- Sinceramente, no tengo idea.- la rubia se sorprendió al ver al pelinegro intentando reprimir una sonrisa.- ¿Qué es tan gracioso?- preguntó, ahora ofendida.

:- Sinceramente.- dijo él, imitándola.- Me divierte ponerte incómoda, Amane. Confieso que disfruto mucho haciéndolo.

La rubia rodó los ojos, y ambos quedaron en silencio. El chico metió las manos en sus pantalones, y luego de soltar un suspiró, volvió a hablar:

:- Para responder a tu pregunta: sí, soy huérfano. No recuerdo mucho de mis padres biológicos, ya que era pequeño cuando fallecieron, pero desde que lo conocí, Watari se convirtió en mi verdadera familia. Y con eso me basta.

Su repentina confesión dejó a Misa boquiabierta. Miró al chico, pero este trataba de evitarla.

La rubia sonrió, e hizo algo que jamás pensó que haría con el detective. Se levantó de donde estaba, y le dio un abrazo. El chico se quedó tieso, congelado bajo su toque, y la rubia aprovechó para susurrarle al oído.- Gracias por no ser un idiota todo el tiempo, Ryusaki.- y luego de darle un beso en la mejilla, salió de la habitación.

Analizándolo ahora, Misa Amane no sabía si estaba más sorprendida por el comportamiento del chico, o por el suyo.

Al sonar la campana, la rubia tardó un poco en reaccionar, ya que se había quedado recordando y pensando toda la hora.

Y no había sido precisamente en los integrales o las derivadas…

Tomó su mochila y salió del salón de clases, pero no se sentía como todos los días. Mientras veía a los demás alumnos pasar, Misa se sentía rara, como invisible, vacía.

No sabía cómo explicarlo, pero una sensación rara le oprimía el pecho y no la dejaba tranquila. Pensó que quizás estaba enferma, pero negó con la cabeza al darse cuenta de que la sensación se hizo presente repentinamente cuando había empezado a recordar esos momentos con Ryusaki…

¿Acaso tenía algo que ver?

:- ¡Cuidado!- gritó alguien al que Misa no conocía, mientras sentía como su cuerpo perdía balance y caía de lleno al suelo. Sin embargo, una mano la tomo del brazo y la acomodó, evitando que se golpeara. La rubia abrió los ojos (los tenía cerrados como reflejo al casi impacto), y se vio sorprendida nuevamente al ver al pelinegro que ella conocía muy bien ayudándola a acomodarse.

:- La próxima trata de ver por donde caminas, Amane.- comentó Ryusaki, mientras Misa levantaba la mochila, que no había tenido tanta suerte como ella, y había caído al suelo.- O por lo menos, intenta tener un poco más de equilibrio.

:- ¿Acaso me estás siguiendo?- preguntó, y el detective la miró con la misma cara de siempre, como si la respuesta fuese obvia pero Misa fuese demasiado estúpida para darse cuenta.

Ella guardó silencio, y suspiró mientras se apoyaba en el casillero de algún alumno x. Miró a Ryusaki, quien estaba abriendo el suyo y sacando algunos libros, y pudo sentir cómo la sensación rara se incrementaba y cómo el corazón le latía descontroladamente.

Esto…no. No puede ser.

:- Ten cuidado, Amane.- el chico la miró a los ojos y Misa se abofeteó mentalmente al sentir como el calor le subía a las mejillas.- Quien sabe si la próxima vez no terminas esguinzada o quebrada… sé por cuenta propia que te lastimas con facilidad.

:- ¡No es cierto!- intentó decir, para disimular como se sentía, causando que Ryuga pusiese los ojos en blanco.- Recuerda que modelo. No cualquiera camina en tacos cuatro horas seguidas, Ryusaki…

Él terminó de guardar los libros, y al escuchar la última frase de Misa, se la quedó mirando más tiempo del necesario. Era una de las primeras veces que decía su nombre, bueno, no su verdadero nombre, pero… no lo había insultado al hacerlo. Y tampoco lo había dicho de mala manera. Al contrario, fue…

Le recordó un poco a cuando de su boca salía el nombre de Light…

La rubia se puso aún más roja al ver como el chico la miraba, cuestionándola, y rápidamente se despidió, y salió caminando (corriendo) lo más rápido que pudo por el pasillo.

No se calmó hasta que quedó fuera del campo visual del pelinegro.

Mientras caminaba hacia el patio y pensaba en todo lo ocurrido, se asustó cada vez más, al darse cuenta de lo que estaba pasando…

No, no podía pasar. No esto. No con él.

Repasó mentalmente los últimos meses. Todo desde que lo conoció:

Le había caído mal el primer día de clases. La había humillado y tratado de estúpida, y desde ahí Misa había jurado hacerle la vida imposible. Llegó a odiarlo; a detestarlo muchísimo. Luego de eso comenzó el extraño juego que tenían, la atracción que había entre los dos ya era innegable, y adictiva. Pero eso era todo. Habían estado teniendo una relación de ese tipo, a la par de su odio mutuo. Nada más.

¿Entonces, por qué Misa sentía las malditas mariposas cuando la tocada, o apenas estaba cerca?

Lo conoces mucho más de lo que tú crees, Misa…

Y si se ponía a pensarlo, Watari no había estado tan equivocado como ella había creído. Ellos eran completamente diferentes, pero había cosas, muy pequeñas cosas, en las que eran similares.

Y aunque le doliera admitirlo, le costaría mucho seguir adelante si al chico le pasaba algo, aunque se tratase de algo tan simple como la gripe. Semanas atrás se había dado cuenta de eso…

:- Señorita Misa, ¿Qué está haciendo aquí?- le preguntó Watari. La lluvia había logrado mojarla casi completa (salvo por la hoja que había escondido en su abrigo), por lo que estaba desesperada por pasar.- Si viene a buscar a los chicos, ellos no se encuentran en casa. Lo lamento.

El viejo estaba por cerrarle la puerta en la cara, pero Misa lo detuvo.- En realidad, vengo a buscar a Ryusaki. Tenemos un trabajo que hacer y no voy a dejar que él lo haga todo de nuevo sin consultarme.

Watari le sonrió cordialmente.- El joven Ryusaki se encuentra enfermo, señorita Misa. Por lo que pidió no ver a nadie. Creo que lo mejor será que vuelva en otro momento…

Así que por eso ha estado faltando a clase…- llegó a la conclusión Misa. Y, desobedeciendo a Watari, entró a la casa.

:- ¡Solo le pasaré las consignas, Watari! ¡Será un segundo, lo prometo!

El hombre mayor negó con la cabeza, pero decidió no entrometerse. Ryusaki no estaba en sus mejores cabales como para discutir con él, después de todo.

Misa subió las escaleras y fue mirando habitación por habitación, hasta que, en una, escuchó lo que parecían ser lamentos, o quejidos.

:- Watari…

Aunque un tanto menos monótona, la rubia reconoció aquella voz a la perfección.

Sin ser invitada, Misa entró en la habitación. Lo que vio la dejó un tanto más que sorprendida.

El pelinegro yacía recostado en la cama, tapado hasta la cabeza, con los ojos cerrados y sudor por toda la frente. A su lado había una caja de pañuelos, algunos usados (¡DIU!) y un plato con una porción de pastel a medio comer.

La hoja que llevaba en la mano ahora se sentía demasiado pesada. Como un bloque de hierro, o una bola de boliche.

:- Watari… azúcar… no, necesito…- abrió los ojos lentamente. Parpadeó varias veces al darse cuenta de quien se encontraba allí.- Amane… acaso… ¿acaso estoy alucinando?

Ella sonrió, un tanto avergonzada, ocultando la hoja detrás de su cuerpo.- No, Ryusaki. A ver… déjame ayudarte.- se acercó a la cama, y tomó el recipiente con agua y un paño frío que estaba al costado de la misma. No había logrado verlos antes.- Quédate quieto…

:- Que…- él se removió, alejándose de tu agarre.- No quiero. Vete.

Misa rodó los ojos y se cruzó de brazos.- Si no dejas que te ayude no vas a mejorar, y no voy a tener a nadie a quien molestar en clase…- gracias a dios, Ryusaki no se dio cuenta (o fingió no hacerlo), en absoluto de su comentario. Por lo que Misa pudo disimular bastante bien sus mejillas rojas. Puso el paño frio en su frente; estaba hirviendo.- Quédatelo puesto hasta que vuelva a calentarse.- la rubia se alejó, y empezó a caminar hacia la puerta.- Iré a avisarle a Watari que lo buscas.

:- A- Misa…

La rubia se congeló a mitad del recorrido. Era la primera vez que el pelinegro la llamaba por su nombre.

Solo necesitó estar bajo cuarenta grados de fiebre, vaya idiota…

:- …gracias.- terminó de decir, para luego cerrar los ojos.

Ella lo miró con una sonrisa de cariño en el rostro.- De nada, Ryusaki. Espero que te mejores.

Antes de encontrarse al hombre mayor en el corredor, guardó de nuevo aquella hoja en su abrigo.

No dañaría a nadie hacer el trabajo ella sola una vez.

En ese momento, ver al chico en aquel estado de vulnerabilidad… le había costado mucho no volver a su habitación y abrazarlo. O cuidarlo hasta la mañana siguiente.

Ella… ella no lo odiaba tanto como pensaba. Era un idiota, y lograba sacarla de quicio la mayoría de las veces, pero… pero Misa no lo odiaba.

Al contrario, ella, ella lo quería.

Nervios, mariposas, atracción, preocupación, cariño…

No, no solo lo quería.

Misa Amane estaba enamorada de Ryusaki.

O por lo menos, estaba empezando a enamorarse de él.

Tuvo que sentarse en la fuente que se encontraba en el patio para calmarse y respirar. Por suerte, la mayoría de los alumnos se encontraban dentro del edificio (el clima no era lo suficientemente caluroso como para estar afuera), así que Misa pudo pasar por su casi- breakdown sin que nadie la viera así de alterada.

No podía creerlo. En serio, le costaba muchísimo reconocerlo. Ella…

Ella estaba empezando a enamorarse de Ryusaki.

Enamorarse y Ryusaki no iban juntos en una misma oración. Menos si Misa formaba parte de la misma. Era absurdo.

¿Pero cuando Misa Amane no hizo cosas absurdas?

:- Oh Amane, ¿acaso quieres arruinarme una de las pocas cosas lindas de esta escuela? Quita tu trasero de esa fuente ahora mismo, por favor.

La rubia escuchó lo que dijo el pelinegro, pero no le prestó atención. Estaba demasiado absorbida en su mundo, y en la confesión que acababa de hacerse a sí misma, que las palabras del chico no significaban absolutamente nada para ella.

:- Amane, ¡te estoy hablando!

:- Mikami, ya…- dijo una voz que Misa reconoció al instante, y no pudo evitar girar para verlo. Si, él era como un dios.

Cabello castaño perfectamente peinado, ojos del mismo color que causaban que a la mayoría de las chicas se les derritiera el corazón; una mente inteligente, además de un gran corazón. Misa había estado enamorada de Light Yagami toda su vida, pero ahora, mientras lo veía acercarse y hacia que Mikami la dejara tranquila, no sentía nada.

Ya no… ya no sentía lo que había sentido a principio de curso.

:- Hola Misa.- dijo el castaño, mientras tomaba asiento al lado de la rubia en la fuente.- ¿Cómo te encuentras? Sabes, creo que nunca terminé de decirte lo que había empezado a contarte en la oficina del director, ¿lo recuerdas?

¿Cómo podría olvidarlo? Misa asintió con la cabeza mientras el chico se acomodaba y empezaba a hablar, pero la rubia seguía sin prestarle atención. Pensar que hacia pocas semanas Misa se moría por saber lo que iba a decirle el chico, y antes de eso, se moría por el simple hecho de que le dirigiera la palabra…

Era imposible que ya no sintiera nada por él.

Trató de concentrarse en lo que Light decía, pero Misa ya era un caso perdido. En lugar de eso, se quedó mirando los labios del castaño, esperando a que alguna sensación vieja le revuelva el estómago. Pero en lo único que podía pensar era en Ryuga. En todas las veces que lo había besado, en todos los momentos que habían compartido juntos, en todos los…

:- ¿Misa?- una sacudida del chico la trajo de vuelta a la realidad.- ¿Me estás escuchando?

:- Sí, lo siento.- dijo la rubia, mientras se frotaba los ojos.- Solo estoy un poco cansada…

Él sonrió, y Misa en serio no podía entender como esa hermosa sonrisa no le daba las malditas mariposas en el estómago (mientras que las estúpidas muecas de Ryuga sí lo hacían).- Es normal, los exámenes más complicados acaban de terminar, por suerte. Yo también estoy bastante agotado.

Misa asintió, y el chico continuó. Posó su mano sobre el hombre de la rubia.- Y a eso iba mi punto… Misa, de verdad lamento como termínanos la primera vez, y parte de esa ruptura fue por los exámenes y por la presión que me imponía yo mismo. En serio lamento no habértelo dicho antes, pero ahora que han terminado, la verdad, estaba pensado en si podrías darme otra oportunidad.- Misa lo miró, mientras el chico sonreía vergonzosamente.- Si no quieres, lo entiendo, de verdad, es solo que yo…

:- ¡SI!- exclamó la rubia y Light sonrió.- Digo… si, me parece perfecto.

:- Muy bien.- dijo el chico, y le dio un beso en la mejilla antes de levantarse.- Nos vemos en clase entonces, Misa Amane.

La rubia sabía que lo que estaba haciendo estaba mal; absolutamente mal. No solo estaba escondiendo sus sentimientos, sino que también jugaba con los de Light. Pero fue lo primero que se le ocurrió. Tenía que deshacerse de ese tonto enamoramiento por Ryusaki, y si para eso iba a usar a Light, que dios la perdone.


Decidí cambiar el último flashback porque el anterior me había parecido muy poco realista. Espero no les moleste (a mí me gustó mucho más cómo quedo este, je)

Gracias por leer, ¡y no se olviden de comentar!

Los adoro.

- Vigigraz.