Editado 20/01/2018
Death Note no me pertenece.
"Soy el corredor más joven. El chico bien vestido que murió como perro, Mihael Keehl"
- Mello.
Capítulo 20 (parte 1):
Al día siguiente, Misa estaba decidida. No sabía de donde había sacado el valor para siquiera pensar en ello, pero iba a terminar lo que sea que tenía con Ryusaki de una vez por todas.
Esa noche, luego de haber vuelto con Light, tuvo un gran debate en su cabeza, y llegó a la conclusión de que: si no quería salir lastimada, tenía que terminarlo antes de que sea tarde.
Además, si el chico seguía pensando en ella como una simple idiota, entonces no iba a molestarle en absoluto. Podrían seguir peleando, pero Misa sabía que lo mejor era que mantuvieran las distancias. No podía sacarse de la cabeza que, en realidad, ella estaba utilizando a Light para poder sacarse a L de la suya. Lo cual, si seguía discutiendo con el pelinegro, iba a ser imposible.
Así que, desayunó liviano, y fue lo más rápido que pudo a la escuela. Quería terminar con todo el asunto antes del almuerzo.
Lamentablemente, como era de esperarse, al poner un pie en el edificio, un miedo y pánico interior le recorrieron todo el cuerpo, y la rubia se vio paralizada. Tragó saliva, y ahora, con paso vacilante, caminó por el pasillo buscando al Ryusaki con la mirada.
Por favor no aparezcas, por favor no aparezcas.- rezó para sus adentros, al darse cuenta que no estaba para nada preparada para hablar con él. Si lo hacía, todo sería un desastre; lo sabía. Pero tampoco quería verlo. Así que, en los diez minutos que le quedaban libres antes de su primera clase, se dedicó a esconderse del pelinegro en el baño de chicas.
Cuando sonó el timbre, se vio obligada a salir del baño, y suspiro de alivio al no encontrar al chico por ningún lado. Sin embargo, al hacer contacto visual con el castaño por el que ya no sentía nada, unas nauseas la invadieron, y tuvo que aguantar no pedirle al profesor salir de clase.
Intentó no mirar a Light durante toda la hora, y en su mente resonó una risa al darse cuenta de la ironía de la situación. Hace algunos meses ella era la que estaba desesperada en captar la atención del chico. Y ahora, quería evitarlo a él también a toda costa.
A veces la vida está llena de sorpresas…
Apenas el profesor dijo que se podían retirar, Misa salió lo corriendo para volver al baño al menos diez minutos más, pero una cabellera negra le cerró el paso.
:- Vaya, vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí?- preguntó Takada, sarcásticamente con una sonrisa burlona.- ¿Por qué tanta prisa, Amane?
Misa rodó los ojos.- No estoy de humor, Takada. Apártate.- la morocha la miró con odio y no se movió.- ¡Apártate!
:- No voy a seguir órdenes de una ilusa, lo siento mucho.- comentó esta, y Misa comenzó a desesperarse al ver como comenzaba a juntarse gente a su alrededor. Tenía mucho miedo de que Ryuga o Light aparecieran, así que decidió callar a Takada de la única manera que se le ocurrió:
:- Ilusa o no, yo soy la que tiene a Light ahora, ¿lo sabías? Volvimos.- vio como la cara de la pelinegra se transformaba por completo, y sonrió con autosuficiencia. No se sentía ni un poco mal, la odiaba demasiado como para sentir pena por ella.- Ahora, si me disculpas.- y con eso se retiró. Pero al doblar la esquina, corrió lo más rápido que pudo hasta el baño. Iba a quedarse allí todo el tiempo que le fuese posible.
Y así estuvo toda la mañana. Por suerte, no vio al pelinegro en ninguna de sus clases, y trató de evitar a Light cada vez que lo veía dentro de su radar. Por lo tanto, no tuvo que hablar con ninguno de los dos.
Bueno, o eso pensaba hasta que, a mitad del almuerzo, cuando todos se encontraban en la cafetería y Misa caminaba por el pasillo, una mano salió de la nada y la llevó dentro del cuarto del conserje.
La rubia estaba por gritar cuando la misma mano que la había agarrado de la muñeca, se colocó ahora en su boca, evitando que esta gritara a todo pulmón.
Una voz le susurró que se callara mientras prendía la luz, y una vez que lo vio Misa no supo si estar aliviada o más asustada. El pelinegro que tanto había querido evitar se encontraba ahora tapándole la boca con una mano y sosteniendo la puerta con la otra.
Al ver que el chico no sacaba la mano de su boca la rubia empezó a refunfuñar, y este la miró con curiosidad falsa.- Sabes, creo que te prefiero así, Amane. El silencio podría servirte de mucho.- le rubia rodó los ojos y Ryusaki sonrió.- Si prometes no gritar ni armar un escándalo, la aparto. ¿Trato?
La chica asintió con la cabeza de mala gana, y él sacó su mano para acomodar un mechón de pelo detrás del cabello de la rubia. Al sentirlo de nuevo tan cerca, no pudo evitar que el calor subiese a sus mejillas, y morderse el labio con nerviosismo. De verdad no quería estar ahí en ese momento. Debía terminar las cosas con él, no hacer que vuelvan a pasar.
:- ¿Estabas jugando a las escondidas, Amane?- preguntó Ryusaki mientras le susurraba al oído. En parte sabía que tenía razón, pero no iba a admitírselo. Así que se limitó a tragar saliva y pensar cómo demonios podía salir de ahí. Rápido.- Han pasado cinco minutos y no has dicho nada, debe ser un récord.- dijo, con un sonrisa y se inclinó para besarla, al mismo tiempo que la rubia sufría un pequeño ataque de pánico.
Antes de que el chico pudiese besarla, la rubia se apartó, por lo que terminó besando su oreja.- No es exactamente lo que estaba buscando…- comentó y trató de acomodarse pero Misa volvió a evitarlo, y Ryusaki, al darse cuenta, volvió a su estado característico.- ¿Piensas dirigirme la palabra o te volviste muda?
Misa lo miró y sintió como su estómago daba esos giros raros que no podía explicar. Pensó en Light, y esos sentimientos fueron remplazados por culpa y asco.- Yo… no puedo hacer esto más, Ryusaki.
Ella sabía que él iba a reaccionar de una manera seca, después de todo no le importaba, pero aun así le dolió. Bastante más de lo que quería admitir.- Muy bien.- dijo, con la voz tan tranquila, que a la rubia le entraron unas grandes ganas de golpearlo en la nariz.- ¿Puedo preguntar por qué, exactamente?
Suspiró. No iba a decirle que se había enamorado de él, por supuesto que no, eso solo empeoraría las cosas. Así que le dijo lo primero que se le vino a la mente:
:- Yo… bueno… volví con Light, y no está bien hacer esto mientras salgo con él.
El pelinegro la miró, y Misa tuvo que desviar su mirada. Se sentía demasiado avergonzada y dolida como para verlo a los ojos en ese momento.
:- ¿Eso es todo?, ¿Acaso no tienes una mejor excusa, Amane?- preguntó el chico, y Misa pudo distinguir un veneno en sus palabras.- Que yo sepa, estar con Yagami no te ha detenido nunca antes, ¿Por qué tendría que hacerlo ahora?
Misa saltó. No pudo evitarlo.- ¡¿Quién demonios crees que soy?! Yo amo a Light, y jamás, jamás, podría engañarlo. Nunca.
:- Lo amas…- comentó, más para sí mismo que para que ella lo escuchara. Se mordió el pulgar.- Muy bien, Amane… probaste mi punto. Eres igual que todos. Hablando de amor cuando ni siquiera sabes lo que eso significa…
:- ¡¿Y tú qué sabes?!- la rubia trató de apartarse lo más posible, se sentía enferma, quería salir de ahí de una maldita vez.- No tienes la menor idea de lo que es amar. Nunca la tuviste, nunca la tendrás.
:- ¿Y tú sí?- le preguntó, retóricamente, mientras metía las manos en los bolsillos de sus pantalones, también alejándose lo más posible de ella. De un momento a otro, ya no deseaba verla nunca más.- Lo que sí se, Amane, es que lo que sientes por Yagami no es amor. Estoy cien por ciento seguro de ello. Si no, te hubieses reservado tu primera vez para él, ¿verdad?
El ruido que hizo su palma al golpear con la mejilla del pelinegro logró dejarlos a ambos un tanto sorprendidos.
Con lágrimas en los ojos, la rubia lo empujó lo más lejos que pudo y salió de ahí a la velocidad de la luz.
No podía creer lo que había pasado. Solo… solo no podía terminar de procesarlo.
Trató de aclarar su mente, pero el único pensamiento coherente que se hizo presente en su cabeza fue el de llegar a casa.
Y sin más preámbulos, corrió una vez más hasta desaparecer del edificio.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Desde la esquina, detrás de la pared, vio como la rubia abandonaba corriendo el edificio. Estaba a punto de seguirla, pero decidió esperar un poco más, no quería correr riesgos.
Se sentía como una niña pequeña haciendo alguna travesura, pero tenía que admitir que era divertido; muy divertido. Espero un poco más, y vio de reojo a Hideki Ryuga salir del armario del conserje. Este también salió del edificio, y según la teoría de Takada, seguramente seguiría a Amane a donde sea que ella había ido.
Así que volviste con Light…- pensó la morocha, con una sonrisa en los labios.- Hay que ver qué piensa de tu pequeño romance, Amane…
No podía esperar para ir a contárselo al castaño y hacerle ver que Amane no valía la pena, para nada. Sin embargo, en el último segundo, se frenó y recapacito.
Todavía no iba a decírselo. Esa información que tenía era oro, pero tenía que saber usarla, y todavía no era el momento adecuado.
Ya verás Amane, el que ríe al último, ríe mejor.
