Editado 29/01/18
Advertencia: contenido lime no apto para todo público.
Death Note no me pertenece.
"No… absolutamente nada que se obtenga del asesinato de inocentes puede traer felicidad"
- Soichiro Yagami.
Capítulo 20 (parte 2):
No se dio cuenta de lo que cansada que estaba hasta que cerró la puerta de la entrada de un portazo y se desplomó en el suelo.
La escuela no quedaba muy lejos de su casa, pero al hacer las cuadras corriendo, Misa había terminado agotada.
Ahora física y mentalmente.
Recordó la situación por la que había tenido que pasar hacia pocas horas atrás, y volvieron a entrarle ganas de estallar en lágrimas. Debía verse como una niña tonta, pero la verdad era que ya no le importaba.
No solo tuvo que aguantarse su actitud fría y desinteresada, sino que también había tenido que escuchar… Ahg, no podía ni pensar en ello sin molestarse.
Tendría que haberle dado otro cachetazo. Quizás hasta un coscorrón.
Y pensar que ni siquiera le había dicho la verdadera razón por la cual quería terminar eso que tenían.
Gracias a dios que no se lo dije…
Secándose los ojos con el dorso de la mano, se levantó del suelo y comprobó si la casa se encontraba vacía. Ahora solo quería hacer lo que hacían todas las chicas con el corazón roto que veía en las películas de adolescentes: acostarse en la cama y dormir al menos por unos doscientos años.
Haría lo que fuera para que aquella horrible sensación desapareciera…
Se estaba quitando parte del uniforme cuando unos golpes en la puerta hicieron que se detuviera. Meditó si abrir o no, ya que no estaba de humor para tratar con nadie, pero los golpes se intensificaron a tal punto que Misa pensó en aprovechar esa situación para descargarse con la persona que se encontraba del otro lado de la puerta.
Cuanto a que es uno de esos vendedores…
Sin embargo, como el destino y el mundo amaban reírse de ella, resultó que la persona que golpeaba sin cesar era la Misa que principalmente quería evitar. O golpear. O ambas.
Ryusaki se encontraba respirando agitadamente, por lo que Misa llegó a la conclusión de que la había seguido.
Y corriendo, nada más. Lo que era totalmente fuera de lo común, ya que dudaba haberlo visto alguna vez con el uniforme de educación física. O en el gimnasio (para algo que no tenga que ver con el consejo)
Esta vez, el enojo venció la tristeza, y en vez que de sus ojos se nublaran, estos miraron al futuro detective de arriba abajo para luego cerrarle la puerta en la cara.
No pudo evitar que una sonrisa de satisfacción se le haga presente en el rostro al oír otros golpes en la puerta, esta vez más fuertes.
:- Amane…- dijo el chico, impaciente, y Misa se cruzó de brazos detrás de la puerta de madera.- ¿Puedes por lo menos tener un poco de cortesía y abrirme?
A este punto, Misa usaba el sarcasmo para no gritar de frustración.- ¿Cortesía? Porque mejor no te miras al espejo por primera vez, así podrías aprender muchas nuevas… como buenos modales, bondad, dulzura, higiene, buena alimentación…
:- Misa.
Oírlo decir su nombre la sorprendió tanto que se mantuvo callada por varios segundos. El pelinegro aprovechó la oportunidad para hablar:
:- Sé que seguramente no quieres escucharme, y no te culpo, es la reacción esperada. También debo admitir que no estoy muy seguro de qué estoy haciendo aquí, ya que no soy bueno para esta clase de cosas…- una pausa, la rubia pensó que se había ido.- Sin embargo, lamento lo que dije. No estuvo bien, y lo siento, Amane.
Misa se quedó estática al darse cuenta que esta era, sin duda, la primera vez que el chico se disculpaba con ella. Corrección, se disculpaba en general.
Al escuchar sus pasos alejarse, el impulso logró ganarle al razonamiento, haciendo que la rubia abriera la puerta y se quedara ahí. Sin decir una sola palabra.
Carraspeó.- No puedes entrar, si eso es lo que estás pensando.- comentó, luego de un rato, y el chico se mordió el pulgar mientras se miraba los dedos de sus pies descalzos. Misa lo observó un tanto horrorizada.- ¿Dónde dejaste tus zapatos? Eres asqueroso.
Él la miró un poco tímido y la rubia no pudo evitar notar que se veía como un niño de primaria que recién comenzaba su primer día de escuela. Solo y avergonzado. Tal vez fue así de pequeño…- Corro mejor descalzo. Estoy más acostumbrado a andar así, por lo tanto, gano más velocidad de esta manera.- dijo él, y volvió a morderse el pulgar.
Más minutos de silencio. Misa no sabía que decir, y él tampoco. No era una persona a la que le gustara relacionarse, y ahora que se veía en el lugar del que debía pedir perdón, estaba todavía más incómodo. Tuvo que resistirse de llamar a Watari para que venga a recogerlo y que ambos se vayan de nuevo a Inglaterra.
:- Acepto tus disculpas…- dijo la rubia, y el la miró, ahora sin el pulgar en la boca.- No significa que no esté enojada.- aclaró, mientras se cruzaba de brazos y el chico evitaba que una sonrisa se le hiciera presente en los suyos.- Pero creo que lograr que pidieras perdón fue un acto bastante peculiar, no puedo dejarlo pasar así como así…
Ambos pasaron un rato más sin decir nada. Pero, cuando Misa hizo un amague de cerrar la puerta, el detective la detuvo con su mano. No iba a dejar que se fuera tan fácil. El asunto todavía no había terminado.
:- Te dije que acepté tus…- él la interrumpió.- Te escuché.- dijo, y acercándose, tomó a la rubia por sorpresa.- Pero no es lo único que vine a hacer aquí…
:- Esto tiene que terminar, Ryusaki.- dijo Misa, apartándose para hacer que haya más distancia entre ellos. Tenía que escribir fin sobre ellos de una vez por todas, no iba a poder soportarlo sino.- Por favor, vete.
El chico la miró sin expresión, aunque por dentro se encontraba analizándola. Ahora tenía algo que probar, porque raramente se equivocaba, y este no era uno de esos casos.- Muy bien, hasta luego Amane.
La rubia cerró la puerta, y no pudo evitar la gran decepción que sintió en ese mismo momento. Aunque sabía que era muy poco probable, esperaba que el pelinegro hiciera algo… más.
Pero… ¿a quién tratas de engañar?- se preguntó a sí misma.- Él no te quiere Misa, y nunca lo hará. Ahora déjate de tonterías y sigue adelante. La cama que te está esperando…
Con un suspiro sostuvo la cabeza en alto, y comenzó a subir las escaleras cuando otro golpe en la puerta llamó completamente su atención.
No, no puede ser.
Aunque se sentía avergonzada de admitirlo, más rápido de lo que canta un gallo bajó los escalones y corrió hasta llegar a la puerta a ver si había oído mal.
Lo escuchó de nuevo, y la rubia no esperó para abrirle esta vez. Miró al pelinegro y trató de que su alegría no se demostrara en el exterior. Iba a decir algo, pero este la interrumpió, como de costumbre:
:- Estoy seguro de que olvidé mi abrigo aquí, ¿podrías dejarme echar un vistazo? Te prometo que cuando lo encuentre me voy.
Toda clase de esperanza se desvaneció por completo. Pareciera como si una bola de demolición hubiese roto una pared de entusiasmo que se había formado en esos escasos segundos. Esperando que su cara de decepción no se notara, la rubia asintió y lo dejó pasar.
El chico empezó a revisar los sillones, mientras Misa se apoyaba contra la pared y pensaba qué demonios estaba sucediendo, y por qué era una persona tan ilusa ¿Será por todas las películas de princesas que veía cuando era pequeña? No podía encontrar otra explicación razonable.
Un abrigo. El idiota había vuelto por un maldito abrigo. Misa rodó los ojos al darse cuenta de lo tonto que sonaba todo, y lo tonta que habrá debido parecer al pensar que en realidad había vuelto por ella…
¿Sabes qué? Tú y tu abrigo pueden irse bien al…
ESPERA.
Espera un momento.
El chico no usaba abrigos. Él no tenía un abrigo.
Él no tenía un abrigo.
Oh por amor de…
:- Amane…- Misa miró al chico, que ahora se encontraba a escasos centímetros de ella, con una pequeña sonrisa en el rostro.- ¿Tardaste tanto en darte cuenta? En serio comienzas a preocuparme…
:- ¡Tú!- él no la dejó continuar. La acorraló contra la pared. Una mano sosteniéndose, y otra en su cintura. Su boca le susurró al oído.- Dime la verdad, Amane. Si quieres que me vaya, dilo. Si quieres detenerte, esta es la oportunidad.
Misa tragó con fuerza, los labios del pelinegro cerca de ella no ayudaban para nada. No quería que se fuera, por supuesto que no. Lo quería, lo necesitaba, lo, lo…
Él retrocedió un poco, y al verlo a los ojos, no pudo resistirse más. A la mierda. Ya estaba cansada, y lo único que quería en ese momento estaba en frente de ella. No iba a detenerse. No quería hacerlo.
:- Amane, ya no queda…
Por primera vez en mucho tiempo, fue Misa la que lo cortó a media oración. Fue tan rápido, que hasta el mismo detective fue tomado por sorpresa. La rubia lo besó con furia, con deseo, con todo lo que venía reprimiendo desde que se puso en la cabeza la idea de terminar lo que tenían. Pero en ese momento, ya no le importaba que él no sintiera lo mismo, o que se encontrara en una relación con Light. La verdad, en ese momento no le importaba nada en absoluto.
Y le parecía perfecto.
Él no tardó en reaccionar, y, llevado por el momento, levantó a Misa y la sostuvo contra la pared mientras le devoraba el cuello. La rubia gimió con deseo y apretó las piernas alrededor de la cintura del pelinegro. El chico dejó de besarle el cuello para volver a su boca, mientras ella trataba de acomodarse. La pared no era uno de los mejores lugares para desarrollar ese tipo de…
Al sentirla moverse, el chico rio y rompió el beso. Ella se quejó y luego le dedicó una mirada de odio al darse cuenta que se estaba burlando de ella. Sin embargo, se le ocurrió un plan mejor. Empujó al chico un poco lejos, y cuando este estaba a punto de preguntar que le había sucedido, se le subió al estilo koala y le dijo que subiera las escaleras.
Ryusaki la miró incrédulo, pero Misa solo rio y comenzó a besarle el cuello, diciéndole que sería más cómodo si estuviesen es su habitación. Como era de esperarse, el chico se vio bastante convencido por ese argumento. Por lo tanto, subió las escaleras (la rubia notó que tenía más fuerza de la que había previsto), y luego tiró a Misa en la cama haciendo que esta rebotara y estallara en risas.
Pero antes de que pudiese continuar riéndose de él, Ryusaki la tomó por los hombros y volvió a besarla con todas sus fuerzas. Misa se movió para que el detective se sentara, y luego se acomodó encima de él. Comenzó a morderle el cuello juguetonamente, tratando de dejar alguna que otra marca en esa piel blanca que él tenía.
Él pelinegro se mordió el labio mientras exploraba a Misa con sus manos. Ella se mordió el labio, su cabello dorado esparcido por toda la almohada.
Esta no era como la primera vez; no se encontraban en un salón de clases. Ahora podían hacer lo que sea. Causar todo el ruido que se les diera gana. Y con ese intensivo, el chico subió sus manos hasta encontrar el sujetador de Amane y desabrocharlo.
Misa no pudo evitar temblar al sentir el aire frio mezclado con la más que tibia lengua del pelinegro. Ambos estaban respirando muy entrecortadamente y los pantalones de Ryusaki comenzaban a sentírsele demasiado apretados.
Al darse cuenta de este dilema, la rubia dejó de besarle el cuello, y se deshizo rápidamente de su camiseta blanca. Ahora que recordaba, la primera vez no lo había visto así, y no pudo evitar que el calor se le subiese a sus mejillas de porcelana al comenzar a desabrocharle los pantalones.
Ryusaki sonrió de lado, y con un movimiento rápido, hizo que la camisa de Amane terminara en el suelo. Seguida por su falda y ropa interior.
A los pocos segundos, L se liberó de todo lo que le quedaba de ropa, y se estableció entre medio de las piernas de la joven. Ella lo observó agitada, sudorosa, y con las mejillas teñidas de un rojo carmesí.
Ryusaki la besó lentamente antes de comenzar con aquella hermosa experiencia que habían vivido por primera vez hacia algunos meses.
Solo que esta vez era mucho mejor.
Se sentían más cómodos el uno con el otro, estaban en un lugar donde sabían que no los iban a molestar, y la rubia, sabiendo que lo que vendría después no iba a ser bueno, prefirió disfrutarlo al máximo, y hacer todo lo que no había hecho nunca antes en toda su vida.
Si le hubiesen preguntado a principio de año, jamás se le hubiese pasado por la cabeza que con la persona que iba a terminar haciendo esas cosas iba a ser con el mismísimo Hideki Ryuga. Sin embargo, luego de todos los sucesos en los que se vio metida, la verdad, era que se sentía feliz de compartirlo con él.
Misa Amane estaba enamorada de (o por lo menos, sentía algo por) Ryusaki.
Lo quería.
Aún con sus hábitos raros, su manera de molestarla, su cerebro fuera de ese mundo y su constante comportamiento de robot.
A Misa le gustaba.
Eso podía decirlo con seguridad.
Ambos gritaron cuando llegaron a ese momento perfecto. Sus labios se encontraron nuevamente, y el chico susurró su nombre, por primera vez su nombre, mientras Misa lo besaba con desesperación. Luego de eso, el pelinegro salió de ella, y la besó en la nariz con cariño. Misa se quedó tan sorprendida por aquel gesto que no pudo evitar sentirse mal al saber que ya había terminado.
Ya no quedaba más, el momento había llegado a su fin.
Mientras el chico se levantaba y buscaba su ropa por la habitación, la rubia se tapó con las sabanas y recostó su cabeza en la almohada.
:- Esto no puede volver a suceder, Ryuga…- dijo Misa, y el chico se frenó antes de ponerse la camiseta. Luego, como si hubiesen apretado un botón de "play", volvió a ponérsela como si nada. Al terminar, evitó mirar a la rubia mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia la puerta. Misa lo observó incrédula.- ¿Te vas?
Él suspiró, y miró a Misa aburrido, aunque no se le pasó el brillo diferente en sus ojos negros.- Soy una persona muy práctica, Amane. Y, la verdad, no te comprendo.- Misa parpadeó varias veces.- Podemos usar tu reciente comentario, por ejemplo: dices que tenemos que terminar esto pero luego no quieres que me vaya. Solo puedo sacar una conclusión de esto, ¿sabes cuál es? estás loca.
Misa abrió la boca, pero luego la cerró. No tenía un argumento contra eso. La verdad, ella también pensaba que estaba un tanto loca.- Esto está mal, y lo sabes.
:- ¿Está mal?- preguntó él, con sarcasmo.- Primero, la maldad es relativa.- la rubia rodó los ojos.- Segundo, explícame: ¿Qué es lo que está mal? Porque yo no me siento mal, al contrario, me gusta hacer esto.
:- ¡A mí también!- exclamó la rubia, levantando los brazos. Se sintió un tanto incómoda al verlo todo vestido y darse cuenta que estaba desnuda. El chico rodó los ojos, y busco en un cajón hasta hallar un vestido para ella. Se lo tiró, y mientras se lo ponía, siguió hablando.- Yo estoy haciendo algo que está mal. Estoy en una relación, y no puedo hacerle esto a Light, no se lo merece.
:- Entonces termina con él.- le dijo, como si fuera algo obvio. La rubia lo miró, sorprendida de su reacción.- No es tan difícil, Amane. Si te sientes culpable por estar con Yagami solo termina con él.
Ojala fuera tan fácil…- pensó, con ironía, y negó con la cabeza.- No puedo.-suspiró, era una muy buena actriz.- Yo amo a Light.
No pensó que ese comentario fuese a afectarle, en absoluto. Sin embargo, el detective la miró de una manera que Misa se sintió mal al instante de haberlo dicho. ¿Y lo peor? Solo se trataba de una mentira.
:- Así que lo amas…- dijo Ryusaki, más para sí mismo que para ella, y luego la miró.- Entonces, ¿por qué pierdes el tiempo conmigo, Amane?, ¿o acaso planeas contarle de esto a Light?- caminó hacia la puerta.- Haz algo, ve ahora mismo y dile lo que acabas de hacer, como acabas de gemir el nombre de otro chico que no es tu novio. Eso le encantaría, ¿no crees?
Misa lo miró horrorizada, y antes de que la rubia pudiese defenderse, Ryusaki dio media vuelta y salió de la habitación. Obviamente, las cosas no iban a quedar así. Por lo tanto, Misa salió disparada de la casa, y lo siguió escaleras abajo.
:- ¡¿Cómo te atreves a decir algo así?!- exclamó la rubia, mientras seguía al chico al piso de abajo. Este caminaba hacia la puerta principal.- Eres un maldito que solo quiere molestarme, ni siquiera puedes mirarme a la cara. ¡Cobarde!
:- ¿Cobarde?- preguntó retóricamente, disfrazando su enojo. En su vida se había sentido así, sin poder controlar sus… sentimientos, o lo que fuere. Y no le gustaba en absoluto.- Tú eres la persona más irracional que conocí en toda mi vida, además de loca y tonta. Dices que amas a alguien y ni siquiera lo conoces. Si fueses una niña estaría perdonado, Amane, pero tienes diecisiete años. Madura un poco.
:- ¡¿Perdón?!- para ese punto la rubia estaba gritando, faltaba poco para que golpease al chico en la cara.- ¿Y tú como demonios sabes que no lo conozco? Deja de inventar estupideces, Ryuga.
:- He hablado con Light un par de veces, Amane. Y por lo que sé, que es bastante, te garantizo que lo conozco más yo que tú, y eso que entré este año al instituto…
Misa estaba roja de la ira, y lo peor, es que el chico tenía razón. Estaban discutiendo por algo sin sentido, pero no iba a dejarlo ganar, no otra vez.- Yo puedo garantizarte una cosa Ryusaki, L, o cómo mierda te llames: conozco mucho más a Light que a ti, eso es seguro. ¡Ni siquiera se tu verdadero nombre, por amor de dios!
:- ¿Y cuando vine yo a colación?- preguntó con burla, pero ya estaba harto. Negó con la cabeza mientras se frotaba un pie en el pantalón.- Esto es inútil Amane, una discusión que no tiene sentido, con alguien que tampoco lo tiene. Espero que vivas bien y que disfrutes con la persona que "amas", nos vemos el lunes.- con eso, el chico estaba a punto de irse, pero un grito de la rubia lo detuvo.
:- ¡¿Por qué tienes que ser tan idiota, por qué?!- levantó los brazos en señal de exasperación, y el chico la miró con el ceño fruncido. Iba a decir algo pero ella siguió hablando.- ¡¿Por qué yo tengo que ser tan idiota?! ¿Quién mierda me mandó a enamorarme de una persona como tú? Ni siquiera puedes darte cuenta de…- iba a seguir, pero al darse cuenta de lo que dijo se tapó la boca con las manos y vio que el detective la miraba con los ojos bien abiertos.
:- ¿Qué… qué fue lo que dijiste?- preguntó, y la rubia quiso desaparecer. No había sido su intención soltar eso, nunca, nunca jamás. Su cara ahora estaba hecha un tomate, y le costaba hablar.- Nada, no dije nada, nos…
:- Amane.- dijo él, con tono amenazante, pero a la vez un tanto nervioso.- ¿Estás… estás enamorada de mí?- parecía tan incrédulo que Misa sintió como una reverenda idiota. No se atrevía a mirarlo, no podía. Estaba demasiado avergonzada.
Al ver que no respondía, el chico volvió a preguntarle. Misa estaba completamente mortificada, pero logró asentir con tristeza. Ambos se sumergieron en un silencio terriblemente incómodo, hasta que Misa intentó hablar.- Yo… nunca lo planeé ¿de acuerdo?, solo… solo sucedió. Jamás quise que pasara, pero… bueno…- se golpeó mentalmente. Parecía una estúpida. La rubia levantó la vista y vio al detective mirándose muy concentrado los pies, y mordiéndose el pulgar. Luego de algunos segundos, que parecieron horas para Misa, el chico habló:
:- Así que por eso querías terminar todo…
Ella asintió y suspiró profundamente.- Esa es la verdad. Tampoco planeaba decirlo, pero ahora ya no puedo hacer nada. Tú… ya lo sabes.- el la miró y Misa sintió un gran vacío al darse cuenta que ya estaba. No iba a hacer nada.- Creo que sería tonto preguntarte lo mismo, ¿verdad?
Él negó con la cabeza.- Misa, no, no lo hagas.- ella apretó los puños mientras miraba al suelo. Se sentía como surreal, como si en realidad estuviese viviendo un sueño, o como si ella no fuese la persona que se encontraba ahí en ese momento.- Creí que habíamos dejado en claro que esto iba sin sentimientos.
Ahora la rubia levantó la vista, dolida y enojada.- ¡Nunca quise que esto fuese así! ¿Crees que me gusta? Sentir que amo a alguien que no…- él levantó una mano para que callara y la rubia no pudo evitarlo, lágrimas comenzaron a caer por sus ojos.- No sabes lo que eso significa. No lo uses en vano, Amane. Lo… no puedo.
Ella vio lo incómodo que él estaba y asintió, mientras se limpiaba los ojos.- Voy a darte un consejo, Amane-san.- dijo el chico, mientras caminaba hasta la puerta.- Vives en un mundo de hadas, pero yo no soy tu príncipe azul, Misa. Nunca podré serlo. Esa clasificación es mejor para alguien como Light Yagami.
Y con eso, desapareció de su casa, y próximamente, también de su vida.
Quiso decirle muchas cosas. Quiso decirle que ella no quería a Light, que nunca lo amó. También quiso decirle que no le importara que no fuese un príncipe, que aun siendo un idiota/pervertido, ella lo aceptaba. Pero prefirió callar, por primera vez en su vida, sintió que había hablado lo suficiente.
Desde un principio supo que Ryusaki no iba a enamorarse. Si luego del juego salió lastimada, no fue nada más que culpa de ella misma. Ella había sido la que se clavó el puñal una y otra vez. Y ahora, era momento de sacarlo de una vez por todas.
El chico no la amaba, y nunca lo haría, ya lo había dejado en claro. Y como el juego había terminado, tendría que aprender a dejarlo atrás. Iba a tener que superarlo.
Solo que estaba segura que le iba a doler mucho en el proceso. Una herida tan grande no sana rápidamente.
Se secó las lágrimas que quedaban, y subió a su habitación. Justó en ese momento, el teléfono sonó. No iba a atender, pero el ruido no dejaba de molestarla, así que lo hizo.
:- Hola.- dijo, con la voz un tanto entrecortada, ya había comenzado a dolerle la garganta.
:- ¿Misa?, ¿te encuentras bien?- preguntó una voz familiar, y la rubia se secó los ojos húmedos.
:- Depende de donde lo mires…- contestó con amargura, y Mido rio un poco. Había extrañado escucharlo. Era bueno oír a alguien familiar y compañero en esa clase de momentos horribles.
:- Pues, lamento molestarte, pero en unos días tenemos el primer desfile de la colección de otoño y creo que vamos a necesitarte, ¿te interesa?
La primer respuesta de Misa fue un no. Pero luego de pensarlo un poco, se dio cuenta de que lo mejor sería salir adelante. Y para salir adelante, necesitaba varias distracciones.
La pasarela sería una de ellas.
:- De acuerdo.- Mido le agradeció, le dijo los detalles, y luego se despidieron. La rubia sonrió un poco, y luego vio un mensaje de texto de alguien con quien iba a tener que hablar.
Necesitaba aclarar las cosas, y Light Yagami iba a ser el primero.
O eso pensaba, hasta que alguien la vio sentada en la cama con lágrimas en los ojos.
:- ¿Misa…? ¿Bebe, qué ocurre?- ante las palabras cálidas de Natsuki, la rubia no pudo aguantarse más, y rompió en llanto. La mujer no esperó, y en menos de un segundo se encontraba al lado de la rubia, abrazándola y consolándola. Tratando de hacerla sentir mejor.
Una vez que Misa se calmó un poco, su nana le preguntó qué había pasado, y por qué estaba tan mal. Por lo que Misa soltó todo. Le contó sobre Ryusaki, sobre Light, sobre todo. Trató de dejar ocultos los detalles un poco más… no aptos para todo público, pero hizo lo posible para que entendiese la situación.
:- Déjame preguntarte algo.- dijo la mujer, una vez que Misa había terminado.- Tú y el chico, Ryusaki… ¿llegaron a algo más que a los besos?
Misa se puso colorada al segundo y le golpeó juguetonamente el brazo de su nana.- ¡Natsuki!, ¡esas cosas no se preguntan!
:- Soy un adulto a tu cargo y tu autoridad hasta un año más, niña, por supuesto que puedo preguntarlo.- dijo, con una sonrisa.- Además, solo es una confirmación, se cómo son los adolescentes de hoy en día. Solo recuerda…
:- ¡Nana!- exclamó, avergonzada, mientras se tapaba la cara con las manos. En serio no quería tener esa conversación ahora. Aunque no podía negar que la había hecho reírse.- No hace falta que digas nada sobre eso…
:- Lo sé, lo se.- dijo la mujer, y abrazó a Misa con cariño.- Bueno mira, me parece que aquí tienes dos opciones: o luchas por él, o te rindes. O… puedes probar seguir con este chico… Light, él también puede llegar a gustarte.
:- Es que no siento nada por él, nana.- Natsuki asintió.- Entonces vuelvo a lo que dije antes, Misa. Puedes luchar por Ryusaki o puedes olvidarlo. Solo recuerda nena, tienes que seguir a tu corazón, eso siempre es lo más importante.
:- Pero no hay nada por lo que luchar.- le explicó Misa con tristeza.- Él no me quiere Natsuki, ya lo comprobé, sería inútil.
:- Mira, desde mi punto de vista, no creo que haya estado solo contigo por el sexo.- Misa tembló al escuchar esa palabra salir de la boca de su nana.- Oh querida, ¡que no tengo ochenta años! Se por lo que estás pasando, y lo entiendo. A todas nos duele un amor no correspondido mi niña, pero tienes que pensar, y hacer lo que sea mejor para ti.- Natsuki miró el reloj que tenía en su brazo y se levantó de la cama.- Tengo que ir a hacer unas cosas afuera, pero descansa. Sé que pronto lo resolverás, Misa.- le dio un beso.- Nos vemos, pequeña.
La rubia suspiró y se acostó en la cama. Intentó pensar, pero estaba tan cansada, que al cerrar los ojos se quedó dormida.
Había sido un día demasiado largo, y pronto iba a tener algunos seguramente peores.
Por ahora, dormir era la mejor decisión.
Lo siguiente lo tomé del texto sin actualizar:
Me gustaría darle un agradecimiento, ya que nunca lo hice, a todos los que comentan mi historia a diario. Como dije muchas veces, son parte de mi inspiración. Así que, muchas gracias a: KandraK, Baam25, Yvonne, Kath-2H.D, valeria, ani, Suki, Inouji, y Mei Uzumaki. ¡Galletas y abrazos para todos!
Gracias por leer.
- Vigigraz
