Sus ojos se abrieron. Sonrisa.

Despertaba del sueño más extraño pero increíble del que había tenido muchísimo tiempo.

Arthur no podía sentirse mejor, si, fue un sueño raro, pero se sintió tan bien, ¿Debía de decírselo a su doctora? ¿No sería algo raro? ¿Más por el hecho que ella estaba ahí, con él?

Consideraba que era importante decírselo, no importaba el contenido del sueño, pues había dormido tan excelente, no se sentía cansado ni intranquilo.

Reflexionaba sobre si estaba bien contarlo o no que ni siquiera se daba cuenta de la inquilina en su cama. Y cuando lo hizo, se perturbó.

Luego, recordó que su doctora lo había visitado de forma especial la noche anterior.

Y que ese sueño no fue sueño o alucinación, fue real. Y una sonrisa más real se dibujó en su cara.

La miraba fijamente, ¿Si era ella? Sí, sí era. Sólo que ahora se veía tan diferente a cuando la conoció.

¿Qué fue lo que cambió de opinión en ella?

Se alegraba y soltaba carcajadas, trataba de no ser ruidoso, pero fue inevitable no despertarla.

Ella abrió sus ojos, naturalmente confundida, no estaba en su habitación o en aquel horrendo departamento, pero todo se calmó dentro de ella cuando sus ojos se encontraron con los de Arthur.

Lo único que ambos pudieron hacer fue sonreírse mutuamente.

—Hola…

—Hola tú…

Arthur la tomó con sus brazos y la acercó a él. Harleen, emocionada, no resistió y lo besó en su boca.

Los únicos testigos eran las paredes de la celda y el reloj que estaba sobre ellos.

—Doctora. No he dormido bien mis horas— Arthur dijo con sarcasmo.

—No te preocupes, fue mi culpa esta vez— Los dos se rieron, no dejaban de verse, el sentimiento era extraño, pero deleitable.

Los dos estaban calmados, no sentían que algo los estaba persiguiendo o que algo malo estaba por ocurrir. Era como si sólo existieran ellos dos en el mundo.

Y de nuevo la (Poca) cordura que le quedaba a Harleen le hizo rememorar algo malo.

Harleen recordó el otro pecado que hizo la noche anterior. Su expresión cambió y Arthur lo notó.

Necesitaba confesar ese pecado

—… ¿Sabes? Hice algo muy malo anoche— Harleen dijo en voz baja a propósito.

—¿Qué hiciste traviesa? — Arthur empezó a jugar con su cabello, —¿Mataste a alguien?

—…Sí

Arthur dejó de jugar, la vio con pasmo, y a la vez, maravillado.

—Oh, lo decía como broma…— Los dos volvieron a reírse en voz baja. Ni siquiera sabían porque hablaban en voz baja si no lo hacían la noche anterior —¿Cómo lo hiciste? — Preguntó lleno de curiosidad.

—Fue raro, para ser la primera vez que mato a alguien supongo que estuvo bien. Le corté el cuello con una navaja, y lo golpeé con un bate, pero eso de golpearlo fue antes de asesinarlo

—Ya veo. Pero no importa en que orden fue, ya está muerto de todas formas… ¿Si te aseguraste que estuviera muerto?

—Si, me aseguré de eso, que estuviera muy muerto, y lo estaba

Los dos volvieron a reírse. La conexión que Harleen sentía con Arthur se estaba volviendo cada vez más fuerte. Podía sentir que ambos se complementaban.

—¿Sabes quién fue? — Arthur preguntó con imprudencia, quería saberlo todo con lujo de detalles.

—No, pero puedo apostar a que era una basura ¿Sabes por qué? intentó violar a una niñita

La sonrisa de Arthur se hizo más grande cuando escuchó eso.

—Oh… Entonces una heroína…

—No lo creo, si fuera una heroína hubiera llamado a la policía y ya. Sólo la defendí y todo se salió de control. Pero si así quieres considerarme, está bien, no me niego— Se recostó más al lado de Arthur. Él se sentía orgulloso.

—¿Hubo testigos?

—No, sólo la niña, pero ella huyó antes de que hiciera mi masacre. Y no vio mi cara, tenía la mitad de mi cara cubierta con mi bufanda

—Eso es inteligente ¿Eliminaste la evidencia?

Asintió ella con la cabeza —El bate y la ropa manchada de sangre los tiré en contenedores diferentes de la ciudad, y la navaja la tengo conmigo en mi bolsa

Levantó Arthur una ceja, era más inteligente de lo que parecía.

—Bueno, no hay nada de qué preocuparse entonces, estas a salvo

—Sí, eso espero…

Arthur notaba que estaba todavía un poco nerviosa. Así que quiso arreglar eso.

—Espero que hayas matado a un rico, tendríamos una renovación del movimiento de matar a los ricos, ¿Te imaginas? Sería una locura

Harleen soltó una risa, relajándose. Él era muy gracioso. Muy divertido.

No había nada mejor para ella que estar con él.

—¿Me prometes que no se lo dirás a nadie?

—Claro, claro que no le diré a nadie… Pero con una condición

Sus pupilas se hicieron grandes cuando escuchó eso. ¿Qué sería aquello que quiere a cambio de su silencio?

—Uhh, una condición, te recuerdo que no soy rica

—No quiero dinero

—Bueno, ¿Cuál condición?

Arthur la miró fijamente a los ojos. Ella realmente estaba fascinada con sus ojos.

—Vas a contarme todo de ti, sin excepciones. Sin ocultarme nada. Quiero saberlo absolutamente todo— Arthur la tomó de la nuca con fuerza y la acercó a su cara.

Un cosquilleo frío ella sintió dentro de sí misma.

—… Sospechaba que querías saber eso, y creo que te debo una explicación. Lo mereces— La sonrisa triunfal de Arthur se dio a notar en su propia cara —Pero iniciaré con una introducción larga y cursi. Primero, suelta mi cabello, me estas lastimando

—Ok, perdón— Arthur dejó libre el cabello de Harleen, pero siguió acariciando su cara.

—Bueno, a decir verdad, si tengo una historia que contar, pero esa historia sólo la saben mi madre, mi padre y los que estaban involucrados… ¿Y te digo algo gracioso? Sólo existe un involucrado que no sabe esa historia. Ese involucrado eres tú

La sonrisa de Arthur se esfumó y frunció el ceño al escuchar eso.

—¿Yo?

Harleen dijo que sí, moviendo su cabeza arriba y abajo.

Acurrucándose más a Arthur, decidió contarle todo lo que él quería saber.

1981

Una Harleen Quinzel de 15 años se estaba preparando para salir, en la habitación dónde había crecido toda su vida, pero esa vez tenía más color, más música, más vida.

Al ritmo de "Killer Queen", Harleen estaba haciéndose dos coletas, y al terminar de hacerlas decidió pintarse con gis las puntas de cada una de dos colores diferentes: Rosa y Azul.

Se miraba su vestimenta, un pantalón roto de las rodillas, debajo de este unas medias de rejilla. Botas rojas y una blusa con estampados sin sentido. Todo era perfecto para salir esa tarde con sus amigas a bailar.

Pero la cereza del pastel era una chaqueta que sus papás le habían regalado en su cumpleaños, una chaqueta diferente, era azul y roja, y en la parte trasera había un estampado dorado de su banda favorita. La misma que sonaba de fondo.

Harleen bailó por su habitación hasta que la canción terminará.

Si algo podía describir ese momento, era la euforia y la felicidad. Harleen tenía razones de sobra para sentirse así.

Vio la hora de reojo en su reloj. Ya era tarde. Harleen no esperó a que acabará la canción. Fue directo al estéreo a sacar el cassette, lo tomó y lo metió a su walkman.

—¡Mamá! ¡Papá! — Salió Harleen de su habitación —¡Estoy lista para ir a festejar!

—¡Harley! ¡Pero mira cómo vas vestida! ¡Estás muy linda! — Dijo su padre feliz de verla. Su madre la miraba con ternura.

—Es lindo Harley ¿Pero no crees que es demasiado?

—¡Por favor! — El papá protestó por su hija —¡Déjala celebrar! ¡Es una campeona! ¡El orgullo de nuestra pequeña familia!

—¡Claro! Tengo que celebrar que he ganado una beca papá, ¡Una beca para Universidad! ¡Podré ser doctora! ¡Los podré ayudar al fin! — Gritaba ilusionada.

Abrazó a sus papás, los dos le dijeron que tuviera cuidado, porque Gotham no era la ciudad más segura en ese momento. Ella asintió antes de irse.

Harleen salió de su departamento y bajó corriendo las escaleras. Antes de salir de su edificio tomó su walkman, se puso sus audífonos y continuó escuchando la misma melodía.

Caminaba feliz por Gotham, que estaba en sus peores años, lleno de basura y delincuencia, pero a ella no le importaba, pues cuando una adolescente era feliz no le importaba al resto del mundo. Y con música en sus oídos, mucho menos.

Dobló una esquina, y por concentrarse en la melodía chocó con un payaso.

—¡Oh! — Harleen se quitó sus audífonos —¡Lo siento mucho!

—No, no te preocupes— Respondió el payaso tímidamente —Fue mi culpa…

—¡No! Fue la mía por estar escuchando esto, no debería de hacerlo cuando estoy en la calle— Le mostró sus audífonos al payaso. Este ratificó, encogiéndose de hombros —¡Nos vemos pronto! ¡Que pase buen día! — Harleen siguió con su camino, no sin antes voltear hacia atrás y sonreír. El payaso le regresó la sonrisa.

Harleen tomó el subterráneo y después de media hora buscaba a sus amigas en un punto en específico.

—¡Harley! ¡Aquí! — Las encontró. Feliz, fue con ellas. Después de saludar a todas, entraron a una discoteca y pasaron el resto de la tarde bailando.

Harleen era una chica carismática, feliz, extrovertida y llena de vida. Tenía a sus amigas que las consideraba hermanas, a sus padres que amaba con toda su alma y corazón, era una gimnasta tan talentosa que aseguraban muchos que podía ir a las Olimpiadas, y un futuro por delante. Lo tenía absolutamente todo.

Pero todo eso estaba a punto de irse a la basura.

Salieron todas a las 9:40 de la noche. Harleen se despidió rápido de sus amigas, pues ya era demasiado tarde para volver a casa y había prometido volver antes de las 9.

Harleen bajaba las escaleras para tomar el subterráneo, y para su suerte, pasó. Entró a uno de los vagones, el cual tenía pocas personas. Se sentó en un asiento, sacó su walkman y volvió a poner música.

Cuando llegaron a otra estación, la gente salió del vagón, todos, excepto un hombre.

Ella lo miró de reojo, no había nada que sospechar, ¿Cierto? El estaba en sus asuntos.

La canción había acabado, y el cassette también, Harleen se quitó sus audífonos e intentó rebobinar el cassette, cuando escuchó silbidos.

—Hey, hola linda…— Ese hombre la estaba llamando —Oye chica, ven aquí conmigo

Harleen empezó a incomodarse, miró a otro lado, esperando que con eso la dejará en paz.

—¡Oye! ¡Estoy hablándote! ¡Voltea colitas!

Nerviosa, entrelazaba sus dedos y movía sus pies, ahora trataba de ignorarlo. Recordó lo que estaba haciendo antes, tomó de nuevo su walkman y empezó a rebobinarlo.

Una sombra se puso sobre ella, volteó hacía arriba.

—¿Tu mamá no te enseñó modales? Te estoy hablando.

Estaban el hombre frente a ella.

—Por favor, déjame sola…— Harleen agachó su mirada.

—¡¿Por qué tan grosera conmigo?! Sólo quiero hablar, ¿Es malo que una persona tenga una conversación con otra?

Empezó a burlarse. Harleen no sabía a donde ir. Miraba a todos lados. El tren empezaba a pararse, pero cuando iba a levantarse para salir, el tipo la tomó del brazo y la hizo sentarse de nuevo. Nadie entró.

—Dime, ¿Cómo te llamas? — Obviamente no respondió —Vamos, sólo dilo, ¿Cómo te llamas?

—Me dicen Harley…

—¡Harley! ¡Vaya nombre Harley! Muy bonito nombre, Tenía una ex novia que así se llamaba, Harley

Harleen no sabía que era lo que ese tipo intentaba decir.

—…Y ella me engañó, ¡Me engañó la zorra con un pobretón! ¡Un maldito pobretón!

—… Lo siento mucho por ti

—¡No! ¡No quiero tu lástima Harley! Dime Harley, ¿Tienes novio? — Se sentó a un lado de ella y la rodeó con un brazo. Harley intentaba evitarlo con la mirada.

—Sí, si tengo— Harleen mintió, esperando que mínimo respetara lo que no era suyo.

—¿Enserio tienes novio? ¿De verdad? — El tipo empezó a jugar con una de sus coletas —¿Ya han tenido sexo?

Harleen hizo cara de desagrado, se intentó levantar, pero él volvió a tomarla de los hombros.

—¡Sólo es una simple pregunta Harley!
—¿Por qué quieres saber eso? ¡Qué asco! — El tren volvió a pararse. Otra estación vacía. Harleen se sintió desesperada. El tren continuó.

—Entonces no has tenido sexo con él, si hubieras tenido, no dirías "Que asco"

—¡Déjame sola!

—¿Te enseño que es lo que debes de hacer con tu novio cuando tengan sexo, Harley? — El tipo tomó la cara de Harleen y la besó a la fuerza.

—¡¿Qué carajos te pasa?! ¡Déjame en paz!

—¡¿Qué te deje en paz?! ¡Este es el inicio de tu lección, Harley!

El tren se detuvo de nuevo, Harleen peleaba contra ese tipo hasta quedar libre, pero cuando corrió a la salida, las puertas se cerraron en su cara.

Aquellos momentos fueron los peores en la vida de Harleen.

Apenas tuvo la oportunidad, salió huyendo del vagón. Con dolores en todo su cuerpo, corrió hasta encontrarse con un policía.

A las horas, Harleen estaba con sus padres poniendo una denuncia por abuso sexual.

Tenían todas las pruebas que corroboran la culpabilidad de aquel hombre.

Pero nadie esperaba que ese hombre fuera un hombre influyente. Y cuando un hombre influyente tenía el poder y el dinero, la justicia se dejaba de lado.

El hombre sobornó al juez para que cambiará los hechos. Incluso contrató "testigos". Movió todo con un chasquido para dejar las cosas a su favor. Después de los pagos que hizo, pudo demostrar que "en realidad" nunca hubo abuso sexual, todo había sido consensuado entre él y Harleen, y si bien, estaba cometiendo otro delito, su "condena" fue una multa de 1000 dólares, que para esa clase de personas sólo eran como 99 centavos en su cartera.

Esto dejó destrozada a Harleen por completo. Y lo peor es que su familia creyó la versión del juez.

—¡Yo no críe a putas! — Harleen escuchaba desde su habitación otra pelea más entre sus padres —¡Esto es tu culpa!

—¡¿Mi culpa?! ¡Yo te dije que estaba vistiendo demasiado revelador para que saliera así a la calle! ¡Pero tu la dejaste porque era una campeona y no se que otras idioteces más decías!

Había pasado tres semanas desde ese suceso. Lo único que escuchaba después de eso eran peleas y peleas y más peleas. En esas tres semanas, sus padres no le habían dirigido la palabra.

Además, en el transcurso de esos días, Harleen había perdido a sus amigas. Primero empezó obligándolas a que la llamaran "Harleen". Nunca más quería ser llamada Harley de nuevo.

Luego, los cambios de humor por el coraje y la impotencia por lo vivido hicieron que la dejarán sola, alegando que "No era para tanto, pues había sido su decisión", ellas también creyeron en la versión del juez.

Lo único que le quedaba era la beca, pero ni siquiera sabía si iba a seguir teniendo futuro después de eso.

—¡¿Sabes qué?! ¡Me largo! ¡No soporto vivir con una hija puta y una esposa insolente!

—¡No! ¡No nos dejes por favor! ¡No me dejes, te lo pido! ¡No me dejes!

Escuchó un portazo. Luego el llanto de una mujer por al menos una hora. Harleen se sentía culpable de todo lo que estaba pasando en su familia.

Entró la madre de Harleen a su habitación. Harleen volteó hacía ella.

¿Tendría compasión esta vez? ¿Al fin tendría el consuelo que necesitaba?

Sólo recibió una cachetada.

—¡Mira! ¡Mira lo que has provocado! ¡Todo por ser una maldita zorra!

Nunca había escuchado la voz de su madre con tanta furia. Y nunca creyó que la insultaría de esa manera. Salió de la habitación, dejando en llanto a la pobre muchachita.

A partir de ahí, todo fue en declive en la vida de Harleen.

De repente, los cuchillos de la cocina empezaban a llamarle la atención, pero le daba miedo el dolor. Miraba el piso desde la ventana de su habitación, ¿Tan siquiera su cara podía quedar reconocible cuando se estampará contra el pavimento? No estaba tan segura de ese método. Una pistola era difícil de conseguir. El bote lleno de pastillas para dormir de su madre le decía con una voz imaginaria "¡A mí! ¡Elígeme a mí!", pero su madre se daría cuenta y no quería volver a ser golpeada. Podía usar la tostadora y aventarla a la bañera, pero la idea era dejar de sentir dolor.

Y ella ya no quería sentir dolor.

Dudó si algo bueno iba a pasarle alguna vez.

Sorprendentemente para ella, si sucedió algo.

Dos semanas después, caminaba de regreso de la escuela, sin nada que pensar o en que distraerse, cuando escuchaba en todos lados a la gente hablar de "un payaso justiciero". Ella confundida, fue a un puesto de periódicos a saciar la curiosidad.

Sus ojos y su boca se abrieron con sorpresa al ver la foto de los asesinatos de los hombres de Wall Street, y más al reconocer el rostro de uno de ellos.

Era el hombre del subterráneo que le había arruinado la vida.

Después de un mes entero, ella sonrió. De felicidad. Y de satisfacción.

Compró al menos tres periódicos y se fue corriendo a su casa. Leyó las tres notas con emoción. Hizo recortes y los pegó en su diario. Con un labial rojo, dibujaba sobre las caras de los hombres asesinados cosas obscenas y graciosas, y sobre la caricatura del payaso asesino dibujó un corazón, se pintó sus labios y le dio un beso, y por debajo de la foto la frase "Mi héroe".

Algo le decía a ella que tal vez las cosas iban a mejorar. Con saber que ese hombre de Wall Street estaba en el infierno ya era suficiente razón para volver a sonreír.

Un par de semanas después, Harleen estaba acostada en su cama escuchando música, esperando a que ocurriera otra cosa buena en su vida.

La madre de Harleen regresó de trabajar, abrió la puerta y la cerró de golpe, luego, llegó al cuarto de Harleen a dar pelea, pues había encontrado un labial rojo en las pertenencias de la chica.

Pelea que terminó con Harleen echada del departamento.

—¡Ya sabes! ¡Si quieres vivir aquí vas a tener que dar para la renta! ¡Escoge la mejor esquina!

Cerró la puerta en su cara.

Ni siquiera le había dado un suéter para cubrirse del frío. Harleen decidió salir a la calle por un momento para relajarse, eso sí, cuidándose. No quería volver a pasar por lo mismo de hace un mes.

Pero no pasaron ni 20 minutos cuando toda la ciudad se volvió un caos.

Harleen buscaba un refugio, pues sólo veía a payasos por todos lados saqueando tiendas, quemando autos, destruyendo todo a su paso. Horrorizada, corría y sólo corría. Sabía que iba a haber una protesta ese día, pero desconocía que fue lo que provocó que el apocalipsis se desatará.

Pasó cerca de un cine lujoso, pensó que podría ocultarse ahí hasta que escuchó balazos en un callejón. Más aterrorizada, salió huyendo.

Vaya, su madre se estaba ganando el premio a la madre del año.

Unos atracadores estaban destruyendo el aparador de una tienda lujosa, cuando estos se fueron, Harleen tomó una gabardina para cubrirse del frío. Cuando estaba a punto de irse, se encogió de brazos y tomó un lindo bolso. ¿No iban a detenerla por robarse un bolso, cierto?

—¡Hermana! — Unos manifestantes con mascaras de payaso y la cara pintada igual se acercaron a ella —¡Debes de protegerte! — Le dieron una máscara —¡Vamos! ¡Dicen que El Joker está allá!

—¡¿Quién es el Joker?!

—¡El payaso asesino que mató a los tres imbéciles de Wall Street! ¡Lo ha confesado!

Todos se fueron corriendo. Harleen lo dudó, pero a los segundos los empezó a seguir y se puso la máscara de payaso.

Debía de agradecerle en persona lo que el había hecho por ella.

Su corazón latía con mucho fervor. Notó a lo lejos una aglomeración que se hacía cada vez más grande. Personas que gritaban eufóricas. Máscaras de payaso sonrientes por todos lados.

"Debe estar allá" Ella sonrió. Pero cuando estaba a punto de llegar se detuvo.

Sintió miedo.

¿Y si le pasaba algo igual o peor? ¿Y si volvían a hacerle daño? Los recuerdos la atacaron.

Asustada, decidió retirarse, cuidarse en el camino y volver a casa. Cuando llegaba a la puerta del edificio, vio a su madre preparándose para buscarla. Estaba arrepentida de haberla echado justo esa noche.

Las dos pasaron horas encerradas en el departamento, aterradas, escuchando la sinfonía de terror que provenía de las calles, esperando que nadie entrará a asesinarlas.

En la espera, ambas se quedaron dormidas.

El teléfono sonó, despertándolas, ya era de día. La madre de Harleen atendió la llamada. Minutos después, las dos estaban en lágrimas. Horas después, estaban en la morgue, reconociendo el cuerpo del hombre que fue padre y esposo de las dos mujeres. Había sido asaltado mientras estaba en las protestas.

Después del funeral, Harleen se replanteó toda su existencia y su forma de ser cuando su madre se acercó a ella en el cementerio y le dijo las siguientes palabras:

—Todo esto fue tu culpa. Si no hubieras hecho tu tontería, tu padre seguiría vivo…

Ella cerró sus ojos, dejando que las lágrimas salieran, sintiéndose deshecha. A partir de ese momento, decidió enterrar a la Harleen feliz, la Harleen que soñaba con un futuro mejor para su familia, la que le gustaba bailar, cantar y sentirse plena.

Tomó todas las cosas que la hacían feliz. Tomó su diario y lo rompió en mil pedazos, tomó el Walkman, los audífonos, los cassettes, la máscara de payaso, el bolso que había robado, los posters, la mayoría de su maquillaje, la ropa alegre, incluso tomó su chaqueta favorita. Todo lo metió a una caja y lo tiró a un contenedor de basura. Echó una botella entera de alcohol flamable y dejó caer un cerillo encendido.

Era hora de ser reservada, de ocultar su verdadero yo, de ser de perfil bajo, de pasar inadvertida por todos lados. Era lo mejor que podía hacer.

Y sí, había escuchado del Joker los siguientes años de su vida, pero decidió tener la misma reacción que los demás cuando escuchaban una noticia de él: Tenerle miedo.

A pesar de lo que hizo el por ella.

—Wow… Qué historia…

—Lo sé… —Ambos miraban al techo blanco de la habitación, imaginaban que era el cielo estrellado, o algo así—¿Sabes? Me di cuenta de algo Art…— Harleen giró sus ojos hacía Arthur.

—¿De qué cosa? — El hizo lo mismo.

—Arthur, me has salvado… Me has salvado la vida… Dos veces… Gracias…

Una lágrima de felicidad salió de su ojo derecho. El sólo se limitó a sonreírle.

—Por nada… Creo que fue el idiota al que le disparé todas las balas hasta que mi pistola quedó vacía…

—Dios, espero que haya sido ese idiota…

Los dos entrelazaron sus manos y quedaron en un silencio cómodo.

—… ¿Sabes? Creo que al final tenías razón

—¿Acerca de?

—De que lo que me dijiste ayer cuando bailábamos, creo que realmente me estaba reteniendo…

—Oh, sí, sabía que tenía la razón— Arthur no pudo evitar sentirse triunfante. Había ganado, porque el siempre tenía la razón.

—Pero aún no creo que estoy loca

Los ojos de Arthur rodaron y dejó ir un suspiro pesado. Eso le hizo gracia a Harleen.

—Harleen, no soy un experto en psicología, mucho menos en psiquiatría, pero creo que no es muy normal y sensato que te besuquees con tu paciente en consulta, mucho menos acostarte con él… Después de asesinar a alguien

Harleen se limitó a carcajearse. El era gracioso, muy gracioso.

—… Tal vez, pero siempre hay una excepción, agradece que tu seas esa excepción— Dijo mientras le levantaba la ceja de forma coqueta. Se levantó sólo para acostarse en su pecho, Arthur la recibió sin rechazo —¿Sabes? Todo esto me hace sentir feliz, pero también me hace sentir culpable

—¿Culpable? ¿Por qué culpable?

—Porque, cariño mío, me enamoré de mi paciente, y eso es muy poco profesional, a los terapeutas no debería pasarnos por la cabeza ni siquiera imaginar cómo sería tener una relación con nuestros pacientes, y mírame, aquí estoy contigo y sólo nos cubre esta sábana fría que he ensuciado, una completa locura, ¿No crees?

Hubo un silencio ahora incómodo. Al menos así lo sentía Harleen.

—Por supuesto que es una locura. Pero esta bien, mujeres como tú entregadas a su profesión creen que no pueden tener algún tipo de diversión, sumando con las horribles cosas que has arrastrado en tu vida, las cuales son cosas de las que no tienes la culpa. Es perfectamente normal que te sientas atraída por alguien que puede hacerte reír de nuevo, y no tienes que sentirte culpable por eso

Una sonrisa se formó en su rostro.

—¡Sabía que lo entenderías!

—A ti siempre, muñeca— Harleen elevó su cabeza para besar a Arthur. Estar con él era como estar en el edén y en la gloria. Era como volar. Era como si en esa celda no existiera más que el amor.

—Dios, desearía que no estuvieras encerrado, ya hubiéramos desayunado juntos…

—Hablando de…— Arthur apuntó con la mirada al reloj al que le faltaba poco para estar en el techo —… En una hora llegan los enfermeros con el desayuno…

—Oh sí…— Con decepción, Harleen se alejó de Arthur — Debo de irme— Se levantó Harleen de la cama y empezó a vestirse, dejando ver marcas en su torso —Por cierto, para la siguiente, no seas tan rudo. Me gustó, pero todavía me duele

—Lo siento…— Arthur se encogió de hombros, también empezando a vestirse. Cuando Harleen estaba arreglada, sintió como Arthur la regresaba de nuevo a la cama y la abrazaba—¿Y si desayunamos juntos?

—Art, ¿Quieres que nos metan en problemas? — Harleen tomaba las esposas y las manos de Arthur, volviéndolo a esposar.

—Cómo si ya no estuvieras en problemas

Harleen le dio una mirada amenazante.

—Cállate, tú también ya tienes muchos problemas— Golpeó suavemente el hombro de Arthur, ambos sonrieron. Seguido de eso, Harleen tomó su rostro y le deposito un pequeño beso lleno de ternura.

Los dos se separaron, se miraron a los ojos.

—Nos vemos hasta la próxima consulta

—¿Será consulta o "consulta"? — La mirada de Arthur era muy sugestiva.

—Un poco de ambas— Harleen le guiñó el ojo. Se levantó y fue a la puerta, preparada para ir a casa, pero antes de meter las llaves en el cerrojo, volteó hacía Arthur, necesitaba decirle algo —Oye, Art…

—¿Sí?

—Puedes decirme Harley

El rostro de él se iluminó.

—¿De verdad?

—Sí, eres el único con el derecho, el único que puede decirme así, los demás que se jodan

Arthur soltó una risa.

—Adiós Art…

—Adiós Harley…

Harleen salió de la celda, y después de dar un par de pasos, esta dio un pequeño salto de felicidad.

Llegó Harleen aquel mismo día de vuelta a Arkham, pero más tarde, con el cabello suelto, usando su labial rojo, maquillaje más elaborado y ropa mucho mejor. Obviamente llamó la atención de los demás, pues no habían visto a esa mujer antes.

Que bien se sentía que dejarán de verla como fenómeno y la empezarán a ver como humana.

Harleen entró al elevador, pero cuando estaba pensando en ir a su piso, decidió mejor dar una visita rápida.

Fue al cuarto piso, al departamento donde pertenecía anteriormente. Entró a la sala de reuniones donde estaban todas, incluyendo Susanne.

—¡Buenos días! — Dijo Harleen feliz mientras saludaba con energía. Todas la miraban extrañadas, no la reconocían —¿Qué les pasa? ¿No se acuerdan de mí?

—Oh por Dios… ¿Harleen? — Susanne la reconoció, incrédula.

—Hola Susanne— Harleen sacaba su taza de su bolsa y la llenaba de café —Me alegra que me veas así. Había escuchado salir de ti que la belleza y la inteligencia estaban peleadas, ¿No es así? ¡Gran error!

Susanne no sabía a donde meterse cuando escuchó eso.

—Bueno— Harleen sonrió a todas —Yo sólo venía por café, no venía a saludarlas, ¿Por qué habría de saludarlas?— Harleen sonrió de oreja a oreja, pero cuando estuvo a punto de salir volteó de nuevo y empezó a apuntarla —¿Sabes algo Susy? Planeo teñirme el cabello de rubio, del mismo rubio que tú, pero algo me dice que se me va a ver mejor a mí— Soltó una pequeña carcajada y se fue. Dejando desconcertadas a todas, más a Susanne.

—Por Dios, ¿Pero qué carajos se ha hecho?

Horas después, en su oficina, Harleen se sentaba y sacaba un periódico que había comprado, tenía que asegurarse que todo estuviera en orden.

Harleen leyó la noticia del asesinato de un hombre. El mismo que asesinó ella.

Por desgracia, no era un rico, pero era alguien que tenía muchas denuncias por asaltos sexuales, y creían que era una venganza. La policía iba a investigar el caso de cualquier forma, pero por la forma en la que el comisionado daba la nota, parecía que no iban a darle muchas vueltas al asunto.

Harleen sabía que había hecho bien en asesinarlo, en no dejarlo vivo.

Guardó el periódico en su escritorio, tenía que seguir trabajando.

Escribía en una nota médica acerca de los avances de la consulta con el Joker, pero se convirtió esa nota en algo completamente diferente.

"Arthur Fleck, conocido como el Joker, ha sido descrito como un sociópata violento por los diversos crímenes que ha provocado en Ciudad Gotham, sin embargo, el verdadero culpable del origen de sus trastornos ha sido el rechazo, el acoso y la poca empatía del sistema, quién lo ha empujado al abismo de la locura.

Arthur Fleck fue un hombre el cual ha tenido dos grietas en su vida: La primera, el abuso sexual y maltrato vivido en su infancia, permitido por su madre adoptiva. Y la segunda, la sociedad que lo ha abandonado y lo ha tratado como basura. Cómo un fenómeno de circo del cual pueden burlarse cruelmente.

La Risa Patológica, que se ha convertido en su eterna maldición es una risa cuya génesis fue un golpe en la cabeza, producto de la violencia de su niñez.

¿De que forma Arthur Fleck ha podido sobrellevarlo? De la única forma que ha aprendido. A través de la violencia.

Ha realizado conductas hondamente destructivas sólo porque quiere ser notado y respetado (Y tal vez amado). Sólo de esa forma, pudo dejar de ser un hombre burlado a ser uno temido por la sociedad.

El Joker es una persona dañada que quiere que los demás se rían de las travesuras y chistes que crea por medio de sus crímenes.

Es alguien que llora cuando ríe… Llora cuando ríe… Y soy la única que lo ve llorar…"

Harleen dejó de escribir con una sonrisa cuando terminó esa frase.

Definitivamente era eso. Era alguien que sólo lloraba de forma diferente. Alguien que quería ser escuchado.

Y sentía que ella era la única que podía salvarlo.

Después de una semana, Harleen llegaba emocionada a Arkham, pues era día de consulta con Arthur.

Si, en el transcurso de esa semana lo había visto veces anteriores a escondidas, pero eran encuentros fugaces, que no duraban lo que ellos quisieran, pero era así para que no los descubrieran. La primera vez tuvieron suerte de no ser encontrados, pero sabían que la suerte no duraba para siempre.

La hora de la consulta iba a aprovecharla al máximo. Era como tener una cita romántica con el chico que siempre había querido estar.

Entró a Arkham, diciendo su característico saludo en voz alta que había adoptado.

—¡Buenos días!

Sin embargo, todos la miraron de forma extrañada y asustados. E incluso algunos hacían gesto de alivio.

El corazón de Harleen empezó a acelerarse.

¿Habrán descubierto su amorío con Arthur? ¿Descubrieron que ella había asesinado al hombre del callejón?

—¿Qué pasa? ¿Por qué esas caras? — Su voz se escuchó como la Harleen antigua, la asustadiza.

¿Ahora si estaba en problemas?

Joan llegaba en ese momento junto con Susanne, las dos llegaban corriendo.

—¡Harleen! ¡Gracias a Dios que estás viva! — La abrazó con todas sus fuerzas, casi llorando.

Harleen por un momento se sintió a salvo. Eso iba más que hayan descubierto que ella asesinó a alguien, o que ella y Arthur…

Espera un momento, ¿Por qué le agradecían a Dios de que estaba viva? ¿Qué pasó realmente?

—Claro que estoy viva, ¿Por qué no habría de estarlo?

—¿No lo sabes todavía? — Susanne preguntó atónita. Harleen encorvó sus cejas y su corazón volvió a acelerarse.

Algo no iba bien. Nada bien. Y debía de saberlo de una vez por todas.

—Creo que me estoy perdiendo de algo muy importante, ¿Cierto? — Preguntó preocupada y atemorizada. Joan finalmente dijo que pasaba, sin más rodeos.

—Harleen… El Joker ha escapado de Arkham…

Todo cayó sobre Harleen como agua fría.

—… ¡¿QUÉ?!

"When love breaks up

When the dawn light wakes up

A new life is born

Somehow I have to make this final breakthrough…

Now!

I wake up
Feel just fine
Your face
Fills my mind
I get religion quick
'Cos you're looking divine

Honey you're touching something you're touching me
I'm under your thumb under your spell can't you see

If I could only reach you
If I could make you smile
If I could only reach you
That would really be a breakthrough (Oh yeah)

Breakthrough these barriers of pain

Breakthrough to the sunshine from the rain

Make my feelings known towards you

Turn my heart inside and out for you now

Somehow I have to make this final breakthrough

Now!

Queen - "Breakthru"