"When night is creepin'
And I should be sleepin' in bed
If you were peepin'
When night is creepin'
And I should be sleepin' in bed
If you were peepin'
You'd find that I'm weepin' instead
My lovin' daddy left his baby again
Said he'd come back but he forgot to say when
Night after night, I'm cryin'
Daddy, won't you please come home?
Daddy won't you please come home?
I'm so lonesome
No one can fill that vacant chair
Home isn't home when you're not there
No need to knock, the door is open for you
Please, daddy
Even the clock keeps tickin'
Daddy won't you please come home?
Daddy do you have to roam so very long?
There's lots of other new sheiks who would like to be sheikin'
Haven't slipped yet, but I'm liable to weaken
Daddy, daddy, won't you please come home?"
— Annette Hanshaw – "Daddy won't you please come home?"
...
"¿Dónde estás? ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? ¿Dónde estás?"
Harleen miraba por la ventana de su oficina, desesperada, pensando sólo en una cosa, pensando sólo en alguien.
Había pasado 3 semanas desde que Arthur escapó.
Y cuando el Joker escapa de Arkham, todo Arkham se paraliza.
Y también toda Ciudad Gotham.
En Arkham, nadie podía entrar ni salir. Todos debían de avisarle a sus familiares acerca de la noticia y tener resguardo de la policía. Todos debían de estar alerta ante cualquier cosa inusual.
En Gotham, toda la policía se volvía loca apenas se enteraban, patrullaban por toda la ciudad día y noche. Si en Gotham la policía siempre trabajaba, cuando el Joker volvía a las calles en cada rincón eran sinfonías de sirenas.
Cada vez que el Joker hacía eso, el Dr. Jeremiah se descompensaba de salud y terminaba enfermo, esta vez no fue la excepción. Joan se volvía la directora suplente cada vez que ocurría eso.
Se volvieron días complicados y oscuros para todos, más para a la pobre terapeuta de Arthur Fleck.
Harleen trataba de distraerse con cualquier cosa, la que fuera, cualquiera. Por la ventana veía como unas patrullas avanzaban alrededor del hospital, las sirenas sólo la ponían peor. La policía era incompetente en varios aspectos.
Pero sabía que con Joker era diferente. No eran incompetentes. Sabían que el era cosa seria.
Se alejó de la ventana. Sólo para volver a su encierro.
Odiaba Arkham. Si no estaba Arthur, simplemente lo odiaba. Estar encerrada en Arkham ahora si la estaba volviendo loca.
Y estar encerrada con ella misma en esos momentos era una de las peores cosas que podían pasarle.
Harleen tenía sentimientos encontrados en su interior.
Estaba muy furiosa con él, ¿Por qué no le dijo nada acerca de su escape? ¿Ella no era importante? Debía de ser importante, había hecho muchas cosas importantes por él, le daba cigarrillos a escondidas, le daba su cariño y sus besos, incluso una vez le llevó chocolate porque en una ocasión Arthur mencionó extrañaba el sabor del chocolate.
Y a la vez estaba preocupada, ¿Estaría bien? ¿Estaría a salvo? ¿Estaría sufriendo?
"No, tiene su ejército, me ha dicho eso, gente que siempre lo ha apoyado, todos ellos lo protegen"
Harleen iba de un lado a otro por su oficina. Sus manos empezaban a temblar.
¿Y si lo traicionan? Mierda..."
Se dirigió a su escritorio a sentarse. ¿Por qué no podía calmarse?
No quería volver a perder el poco control que le quedaba. Sentía el ataque de ansiedad llegar de nuevo, había tenido ataques las tres semanas encerrada en Arkham. Al principio usaba fármacos para calmarse, pero Joan se los quitó, temiendo que pudiera crear dependencia de ellos.
"Mierda, mierda, mierda"
Pensar en el hipotético caso de que fuera traicionado la hacía sentirse peor. Sentía que el aire se escapaba de su alrededor, su estomago dolía y a veces sentía ganas de vomitar. Corrió al escritorio.
"¿Estarás bien, Art?"
Abrió uno de los cajones y como si su vida dependiera de ello, sacaba el encendedor y los cigarrillos que había desechado en alguna ocasión. Puso un cigarrillo en su boca, dejó salir la llama del encendedor.
"¿Y si salgo a escondidas para buscarlo? Pero ¿Por dónde salgo? ¿Y en donde empezaría a buscarlo?"
Encendió el cigarrillo. Se hacía tantas interrogantes. Su ansiedad la estaba atacando. Su pecho se hacía grande y no podía volver a hacerse pequeño.
"Dios, esto es absurdo, pero por favor, que él este bien, donde quiera que este"
Fumar era una nueva forma de lidiar con el pánico y la ansiedad, como le había enseñado Arthur, el fumaba para poder sentir el control.
Pero ella no podía tomar el control.
"Por favor Art, vuelve... Vuelve al menos por mi"
Se percató de repente que se había fumado casi toda la cajetilla en un lapso de 3 horas. De hecho, estaba tan entrada en sus pensamientos que no se había dado cuenta que habían pasado 3 horas. Vio su cenicero lleno de colillas de cigarro.
—Mierda...
Sacó humo de su boca. El cigarrillo había acabado. Pero la ansiedad seguía ahí.
Sus tobillos se movían arriba y abajo a un ritmo desacelerado. Dejó la colilla en el cenicero.
Comprendió porque fumaba tanto, porque era lo único que le quedaba de Arthur, era lo que le recordaba a él, esa adicción tan dañina. Era como Arthur. Era como Joker.
Miró el interior de la cajetilla, quedaba un cigarrillo. Lo quería guardar para Arthur, pero estaba perdiendo la batalla contra el ataque, que volvía a ser inminente.
Tocaron la puerta en ese momento, tomó Harleen el cenicero y la cajetilla y los guardó dentro de uno de los cajones. Sacó de este un periódico con la misma noticia de que el Joker seguía en las calles, que ya había leído al menos unas 20 veces.
Al menos la presencia de alguien hizo que sus sentidos se calmaran.
—¡Adelante! — Gritó Harleen con su voz a punto de quebrarse. Tosió para fingir la voz un poco.
"Por favor, que seas tú, que seas tú, que seas tú, que seas tú"
Abrieron la puerta. Harleen no sólo sé decepcionó que no fuera la persona que esperaba, se enojó al ver que era la persona que menos quería ver en esos momentos.
—¿Qué carajos quieres Susanne? ¿Vienes a burlarte de mí otra vez? — Harleen respondió a la defensiva apenas la vio.
—Harleen— Ella la miró sorprendida por la actitud de su colega, no había escuchado a Harleen decir groserías, mucho menos reaccionar así contra una persona —Perdón si vengo en mal momento, es que—
—Sí, de hecho si vienes en mal momento. Vete de mí consultorio
Susanne abrió sus ojos verdes, no podía comprenderlo, ¿Pero que le pasaba a Harleen?
—Harleen, sé que esto es raro, pero tengo que decirte unas cosas acerca de...— Harleen, que no podía más, sacó del cajón el último cigarrillo y lo fumó enfrente de ella —... Y por eso...¿Acaso estas fumando Harleen?
—Sí Susy, fumo
Susanne se daba cuenta que algo no andaba bien.
—... Harleen, esta no eres tú
—¿Tu que vas a saber de mí? Por tus idioteces me hundiste Susanne, tus malditas idioteces
Susanne, preocupada, tuvo que admitir lo que una vez el Dr. Jeremiah le contó.
—Harleen, tuve que hacerlo porque mi futuro estaba en riesgo—
—¿Y mi vida no cuenta? Tu misma dijiste que querías verme muerta. Tarde o temprano va a pasar, con un paciente como el Joker, me pregunto aún porque sigo viva
Ahora se encontraba más asustada por tal afirmación que le daba Harleen.
En cambio, Harleen miró a su bolso, y recordó que la navaja seguía en su bolso. La idea pasó por su mente, y empezó a germinar rápido, como una flor en primavera.
—Te estas confundiendo, yo no le deseo la muerte a nadie Harleen, tengo decencia Harleen, yo n—
—Cállate— Harleen soltó una bocanada de humo —Sólo cállate, cállate la maldita boca
—Harleen, escúchame, te notó muy nerviosa, ¿Es porque el Joke—
—Que te calles— El coraje salió de la voz de Harleen. Si seguía ella hablando, era capaz de sacar la navaja del bolso. Y aunque la odiara, no sería capaz de matarla.
Aún.
Sólo tenía que callarse.
—Es por el, ¿Verd—
—¡Cállate!— Se levantó Harleen sólo para alejarse del bolso.
—Harleen, tran—
—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! — Harleen le gritó en la cara a Susanne.
Maldita sea Susanne, ese cigarrillo era para Arthur, y por culpa de ella no tuvo el control de guardarlo.
Susanne intentaba ser comprensiva con Harleen, después de todo, Harleen tenía razones para comportarse así con ella.
No se dieron cuenta las dos mujeres que muchos trabajadores iban corriendo por los pasillos, hasta que uno divisó a las dos doctoras peleando.
—¡Dra. Quinzel! ¡Dra. Brown! ¡Lo encontraron!
—¿A quién? — La respuesta para Susanne se respondió cuando Harleen salió corriendo de la oficina. Susanne fue detrás de ella.
Las dos corrían por el pasillo, y Susanne vio por la ventana algo que a Harleen le interesaría ver.
—¡Harleen! ¡Mira! — La tomó de la mano para pararla. Irritada, se detuvo y fue a la ventana con Susanne —¿Ese auto negro no es...?
Observaron bien las dos la escena, Harleen no se arrepintió de detenerse, pues había visto antes ese auto, en una fotografía en la portada de un periódico de alguna persona del subterráneo.
—... Es el del caballero oscuro...— Dijo Harleen abriendo sus ojos con sorpresa.
—¿El habrá capturado al Joker...?— Como si la impresión fuera magia, las dos se vieron con asombro, incluso el asombro hacía que las personas dejarán de lado sus diferencias.
"Dios, ¿Qué habrá hecho Joker para que él lo detuviera?"
Harleen por un segundo puso los pies en la tierra, dándose cuenta de la magnitud de los problemas que Joker era capaz de hacer para que ese justiciero enmascarado lo detuviera.
Las luces del auto se encendieron, las chicas notaron que una figura alta y fúnebre corría a este.
—¡¿NO ES...?!— Susanne gritó al verlo. El auto arrancó lejos de Arkham. Mientras Susanne quedaba estupefacta, Harleen no iba a esperarla y se fue corriendo. Susanne fue detrás de ella cuando la dejó atrás.
Su corazón latía tan rápido. Era como estar asustada. Sabía que estaba de vuelta, pero no sabía cómo se encontraba.
Las personas que estaban en recepción tuvieron una suerte de oro. Muchos que trabajaban e Arkham nunca habían visto al Joker en persona, y esta vez, vieron al Joker y al justiciero lóbrego a la vez.
Harleen y Susanne llegaban lo más rápido que sus piernas les dejaban, sobre todo de la primera.
—¡Fuera de mi camino!— Harleen apartaba a todos, estaba desesperada, necesitaba verlo. Saber que estaba bien. Necesitaba confirmarlo. Debía de verlo. Verlo con sus propios ojos.
Y cuando lo vio, su corazón se quebró en mil pedazos.
Su cara repleta de golpes, sudor, sangre y maquillaje de payaso, sentado en el suelo, el Joker estaba riéndose, lo único que le quedaba en un momento así.
Pero no reía porque había perdido, no reía porque estaba en medio de un ataque.
Reía por gusto.
Reía de felicidad, de placer y deleite.
Caracterizado con su traje rojo, su cabello verde, estaba satisfecho con su trabajo, con el terror que había provocado de nuevo en Gotham.
Él nunca perdía, podían capturarlo, golpearlo y encerrarlo, pero sabía que cuando escapaba de Arkham ya había ganado.
Reaccionar contra el sistema que lo abandonó y le arrebató lo poco que tenía, y arrastrarla a la misma demencia en la que él se encontraba hundido era de las escasas cosas que verdaderamente al Joker lo hacían poner una sonrisa en su rostro.
Lo recordaba y volvía a reír, a reír y sólo a reír.
Levantó su cabeza sólo para ver el rostro de los demás, le encantaban ver sus reacciones, ver cómo le temían, como se asustaban por estar cerca de él, incluso cuando él estaba vulnerable.
Les sonreía a todos. Que bello era que todos le tuvieran miedo.
Y vio a Harleen, la única que lo miraba sin miedo.
Era cierto. Harleen Quinzel. Tenía que hablar con ella. Hablar con su doctora.
Se incorporó del suelo a pesar de los golpes y el dolor. La risa empezaba a extinguirse, pero la sonrisa perduraba.
Una vez de pie, caminó a una dirección. Todos se alejaron de él, muy atemorizados, acobardados de su presencia.
Todos excepto Harleen.
Sus miradas se volvieron a conectar.
—Hola Harley— Joker saludó con una sonrisa.
Todos murmuraron asustados, excepto Susanne, que dijo a otro compañero algo como "Espera, ¿Le dijo Harley a Harleen? ¿Ella no odiaba ese apodo?".
—Hola Art— Harleen intentó sonreír a pesar del nudo en su garganta —... No te fue bien hoy, ¿Me equivoco?
—No, no te equivocas, no ha sido un buen día hoy...— Carcajeó un poco —Fueron semanas difíciles— Hizo la voz muy pesada, de verdad que no fue un buen día, pero tampoco fue un mal día.
—Ya veo, lo leía en el periódico, y así te atreves a decir que soy yo la traviesa... ¿Necesitas un doctor?
—Sí, por favor. Me duele todo, creo que me rompieron un brazo, nunca me había roto un brazo
—Para todo hay una primera vez, Art— Los dos se sonrieron. Todos se miraron extrañados, ¿Qué era lo que realmente estaba pasando entre ellos dos?
—Harley, ¿Voy a estar en problemas? — La voz de Joker se escuchaba con preocupación, pero sin arrepentimiento.
—En muchos— Harleen se encogió de hombros —Actúas como si no te hubieras escapado antes
El Joker sonrió y se llevó el brazo sano atrás de su cabeza. Harleen sólo movió su cabeza de un lado a otro con gracia.
—¿Crees que me cambien de terapeuta? Me preocupa eso — El Joker se acercó a Harleen y la tomó de la cara. Todos miraban eso como una escena digna de una película de terror. Creían que iba a asesinarla.
Pero para Harleen, eso era un gesto de amor.
—No lo creo, voy a seguir siéndolo, no seas tontito Art... Igual te avisaré si hay cambios
—Eso es bueno de saber... ¿Sabes Harley? La verdad es que te extrañé mucho allá afuera. Me hiciste mucha falta...
Esas palabras fueron suficientes para que Harleen terminará de enamorarse por completo de Arthur. En sus ojos azules podía verse el sentimiento desbordándose sin control.
Harleen tomó con delicadeza la mano de Joker.
—... Y tú a mí aquí. Este sitio es horrible cuando no estás aquí...
El Joker acercó su rostro al de ella y frente a la expectativa de todos decidieron darse un beso.
Todos quedaron atónitos, no podían creer lo que estaban viendo.
—¡¿Qué carajos?! — Susanne no pudo evitar gritar. Miró a todos lados, siendo la única que salió de la impresión —¡Oigan! ¡¿Dónde están los enfermeros y los guardias?!
Los guardias y enfermeros a cargo, quienes también estaban impactados con la escena en puesta, reaccionaron.
Tomaron al Joker y se lo llevaron. Harleen lo vio irse, de nuevo.
—¡Nos vemos en la siguiente consulta! — Joker gritó muy emocionado.
—Así será...
Llevándose al Joker, Harleen quedó bajo la mirada de impacto de todos los que estaban ahí.
Y a ella ya no le importaba.
Su sonrisa era prueba de ello.
...
Harleen estaba en la oficina del Director.
Estaba sentada frente a Joan, olvidaba que era el reemplazo del Dr. Jeremiah. ¿Dónde estaba Jeremiah? Oh, era cierto, estaba desmayado en una camilla.
Susanne estaba ahí también, preocupada por lo que sus ojos vieron.
—Harleen... — Joan hablaba con mucha incomodidad, pues a este punto, Harleen se encontraba muy aislada de la realidad, y podía verlo —... La semana pasada los encargados de la limpieza mencionaron que había manchas de sangre y labial rojo en sábanas que era de la celda 8181. El Dr. Jeremiah no había prestado atención a eso, hasta que hoy... Bueno, debes de responderme esto con sinceridad... ¿Has tenido alguna clase de... Idilio con el Joker?
Harleen, que miraba a otro lado de la habitación, volteó a con Joan. Sonrisa en su rostro.
—Sí Joan, me enamoré de Joker, ¿Y?
Joan no esperaba que Harleen respondiera así de directa. La cara de Susanne fue de espanto.
—Oh, ya veo Harleen, ¿Desde hace cuán...?
—Desde que tenía 15 años
—¿Disculpa?
Harleen sonreía más apenas recordaba cómo ese algo los unía.
—Es complicado de explicar, y se que eres una mujer ocupada Joan, te lo resumiré de esta forma: Siempre supe que había una conexión entre él y yo. Había algo que nos unía... Y sí, ese algo sí existía... Sí existía...
—¿De qué hablas Harleen?— Susanne interrumpió a Harleen — ¿De verdad te enamoraste de un psicópata?
La sonrisa desapareció. Una mueca de enojo reemplazó la sonrisa.
—Sociópata— Corrigió Harleen muy molesta a Susanne —¡Es un sociópata! Estoy harta de que todos digan que él es un psicópata ¡Para nada! ¡¿Así se hacen llamar psiquiatras?! ¡¿Los que manejan la salud mental?! ¡Ni siquiera saben diferenciar entre psicópata y sociópata! ¡Y si Susanne! ¡Me enamoré de ese sociópata!
—Harleen— Joan la interrumpió —¿De que forma te enamoraste de él? Que eso me parece muy turbio...
—También a mi— Susanne tuvo que decirlo también. Dirigiéndole una mirada nada amigable a su ex compañera, Harleen continuó.
—¿Sabes Joan? Te diré porqué me enamoré del Joker: Él ha vivido una vida muy dura, cruel, y terrible, y esos adjetivos les quedan cortos. Muchas cosas horribles él sufrió, desde el momento en que nació su vida fue marcada por la tragedia y la desgracia. Me contó todo, absolutamente todo, y es... Es un poco parecido a lo que viví...
—¿Lo que viviste? — Joan la miró con desconcierto.
—Obviamente lo mío es una migaja de pan comparado con lo de Art, pero algo que él hizo en el pasado sin querer que nos une, es una conexión especial que por mas que te la explicaría, no lo entenderías...
Joan y Susanne se vieron entre sí. Se dieron cuenta que Harleen estaba ida, desconectada, alejada.
Así que Joan decidió darle las malas noticias, hacerla regresar a la realidad.
—Harleen. Caíste en su juego. Te esta haciendo creer que él te estima de la misma forma que tú a él, pero recuerda que es un demente, él puede llegar a ser manipulador, y—
—¿Qué fue lo que te dije? Ves que no prestas atención Joan. Además, ¿Insinúas que me mintió? Puedo asegurarte que no, él no haría eso. Podía verlo en sus ojos, podía darme cuenta si mentía o no, además de la forma en la que lo relataba, su voz se cortaba mucho, se quebraba y—
—Y reía mucho, ¿Verdad? Sabes que cuando ríe o es porque está teniendo un ataque o es porque está burlándose. Dios mío Harleen, eres alguien inteligente, me asusta que hayas caído en su juego, ¿Te das cuenta en el grave problema en el que estas?
Harleen quedó en silencio. Inmóvil. Estaba estudiando lo que habían dicho. O fingía hacerlo.
Susanne y Joan la miraban, esperando que la joven reaccionará.
Sus ojos azules miraban a la nada.
—... Es que... Ustedes no lo entienden...
—¿Qué cosa no vamos a entender si no nos los explicas?
—... Ustedes no lo entienden... Cuando ustedes ven al Joker riendo, yo lo veo llorando...
Harleen dejó caer una lágrima apenas terminó de decir esas palabras.
Joan cerró sus ojos muy decepcionada. Susanne boquiabierta.
Harleen ya no era la misma chica que había entrado a Arkham.
Harleen ya no estaba en la cordura.
—Harleen...— Joan habló con pesadez —...Estarás suspendida del Asilo de Arkham. No volverás a retomar tu Internado hasta dentro de un año. En cambio, empezarás a ir a terapia... — Joan abrió un cajón y buscó hasta encontrar una hoja rosa —Tendrás que firmar esta carta compromiso, sólo para no perder el derecho a tu licencia de médico.
Le entregó la carta y un bolígrafo.
Harleen vio el contrato sin interés alguno.
—Mierda... — Susurró muy bajo —...Ok...
Tomó el bolígrafo y firmó con sus iniciales. HQ.
—Puedes ir por tus cosas Harleen, la terapia la iniciarás la siguiente semana
Harleen dejó el bolígrafo en la mesa. Pensó en hacer algo, pero la primera vez que lo hizo tuvo éxito, y normalmente el éxito no la acompañaba. Además, le tenía cariño a Joan a pesar de todo.
—¿Puedo preguntar algo?
—¿Qué ocurre?
—... ¿Puedo despedirme de Arthur?
Susanne quedó atónita al escucharla. Joan se desesperó al escuchar la petición de Harleen.
—Harleen, por supuesto que no.
—Es que el no va a saber que ya no seré su terapeu—
—¿Y para qué quieres que él lo sepa?
—Le prometí que si algo cambiaba yo le iba a avisar...
Joan se llevó una mano a la cara.
—... Dios, da gracias a Dios que soy yo la que te está diciendo esto y no el Dr. Jeremiah... El ya te hubiera encerrado en alguna celda...
...
Como un fantasma en pena, Harleen volvía a su departamento. Tenía una caja llena de todas sus cosas.
Al entrar, con poco cuidado dejó caer las cosas al suelo. Miró el reloj. Ya era tarde.
Llegó a la contestadora. Parecía que no iba a tener mensajes, hasta escuchar una voz.
—Harleen. Soy yo, tu madre, ¿Dónde carajos te has metido? Llámame
¿Su madre le estaba llamando? ¿Cómo había conseguido su número?
—Que se joda— Pensó en voz alta mientras iba a la cocina y se servía un vaso con agua. Empezó a beberse el vaso de golpe cuando volvió a sonar el teléfono. Dejó que sonara, mientras se agachaba a la caja a ver sus cosas. Sacaba todo hasta encontrarse con la hoja rosa. Vio la carta compromiso. Dio un último sorbo a su vaso y lo tiraba al suelo mientras leía con curiosidad.
—Harleen, es tu madre, ¿Estás de zorra o algo por el estilo? ¿Dónde carajos estas? Tienes que venir. Me estoy quedando sin dinero. Recortaron las pensiones y no ha llegado la pensión de tu padre. Contesta de una buena vez, deja de estar acostándote con tus amantes o voy a...
Contestó el teléfono.
—¿Disculpe? ¿Quién habla?
—... ¿Harleen? ¿Eres tú?
—Le estoy preguntando señora, ¿Con quién quiere hablar? ¿Quién es usted?
—Ehh...
—¡Oh! ¡Espere! ¡Ya la reconozco! Hola Sra. Quinzel, me temo que se ha equivocado de número
—Harleen... ¿De qué carajos hablas?
—Que se ha equivocado de teléfono. Usted misma lo ha dicho, su hija murió hace 10 años. Una pobre niña que sólo quería compasión de su madre, ¡Comprensión de su madre! ¡Amor! ¡Un abrazo tal vez! ¡Y nunca lo recibió! ¡Porque prefirió creerle a un cretino con dinero que a su propia hija! ¡¿Sabe qué?! ¡Su hija Harleen está muerta! ¡Y usted fue quién la mató!
Colgó el teléfono llena de furia. Tomó el teléfono, lo desconectó y lo tiró contra la pared.
Vio la carta compromiso. La tomó y la rompió en mil pedazos.
Dio un grito lleno de dolor y furia.
Cerró sus ojos y empezó a caminar por el departamento mientras intentaba controlarse y no caer.
—Controlarme...— Harleen murmuró para ella misma —Como si hubiera tenido el control una vez...
Giró su cabeza, vio la mancha de sangre seca, y el balazo en la pared.
Era suficiente.
Caminó fuera del departamento.
Caminó y caminó hasta encontrarse el callejón donde había tirado una de las evidencias del asesinato que cometió. Abrió el contenedor y una sonrisa en su cara se formó. El bate manchado de sangre seguía ahí. Lo sacó y lo miró, como si un caballero viera su más preciada espada.
Regresó al departamento, limpió el bate con mucho cuidado, y empezó a pintarlo con espirales rojos y negros. Una de sus armas estaba lista.
Esperó hasta que los vecinos que siempre discutían se fueran para atracar su departamento.
No. No buscaba dinero ni nada de valor, sólo buscaba su arma.
Encontró droga, una pistola y sus balas, tomó sólo lo que necesitaba. Y tiró la droga al suelo para asustarlos y hacerlos enojar cuando volvieran.
Dejó la pistola y el bate sobre la mesa. Ahora tenía dos armas, pero, algo en ella le provocaba inquietud. Claro, iba a necesitar más cosas, pero tenía que hacer algo, y esa sensación no la dejaba en paz.
Supo cuál era el problema cuando se vio al espejo.
El problema era que seguía siendo Harleen Quinzel. Ella ya no era Harleen Quinzel.
Y sabía perfectamente cómo arreglarlo.
Lo primero que hizo fue quitarse sus lentes y los dejó caer al suelo sin remordimiento.
Al día siguiente, se la pasó todo el día haciendo un macabro plan, plan que a ella le daba risa. Escribía en una libreta y sólo se detenía para reírse. Cuando vio en el reloj que ya pasaba de las 7 de la noche, supo que tenía que ir de compras.
Salió de nuevo a la calle y se topó con una tienda de belleza. Entró.
Después de al menos una hora, salió con una bolsa repleta de maquillaje de fantasía, esmaltes de uñas, y tres tintes para el cabello de tres diferentes colores.
Caminaba, contando mentalmente de que todo estuviera bien, y pasó por la tienda de bromas y disfraces. Su siguiente visita.
Estaba cerrada, y no tenía tiempo para esperar.
Volvió con una palanca, forzó la chapa y entró a la tienda. Tomó pirotecnia, polvos pica-pica, otro juego de cartas, pintura roja y bombas de humo. Rápidamente fue al aparador de disfraces y tomó el único traje que le interesaba: El de Arlequín.
Con todo lo necesario en sus manos, salió de la tienda. Harleen sentía que estaba casi lista. Sólo casi. Luego, vio un auto estacionado. Un auto convertible realmente encantador para ella.
El dueño estaba llegando.
—Hola linda, ¿Quieres dar una vuelta?
No se las pensó 2 veces.
A las dos cuadras, el dueño del auto estaba desmayado con un golpe en la cabeza en una esquina de la calle.
...
En el departamento con música a todo volumen, vestida en su desgastada pijama, con un ridículo gorro de ducha en su cabeza, estaba esperando a que su cabello pasara por la transición, escuchando "Killing me softly with his song" a todo volumen.
Anteriormente había hecho experimentos, en la sala, había combinado las bombas de humo con el polvo pica-pica, la pistola estaba cargada, la pirotecnia estaba lejana al encendedor y el bate lucía lindo.
En la habitación, sentada en la cama, se pintaba las uñas de sus manos mientras intentaba seguirle el ritmo a Nancy Sinatra.
—...I felt all flushed with fever, embarrassed by the crowd, I felt he'd found my letters and read each one out loud, I prayed that he would finish, but he just kept right on... Strumming my pain with his fingers, singing my life with his words, killing me softly with his song, killing me softly with his song, telling my whole life with his words... Killing me softly with his song...
El timbre de la casa se escuchó.
—¿Huh? — Sacudía sus manos para que la pintura se secará más rápido mientras se levantaba.
Abrió la puerta principal y se encontró con una chica, calculaba que tenía 16 o 17 años.
—Disculpe— La chica, que usaba lentes claros, su cabello era un afro abundante y su tono de piel era oscura, no se le veía cortesía en su cara —Estoy intentando estudiar y no puedo porque tiene el volumen alto, mañana tengo un examen importante, y necesito concentrarme
—¿De verdad? Lo siento, ¿Cuál es tu departamento?
—El único con la puerta abierta— Asomó Harleen su cabeza. Luego, volvió a ver a la chica. De verdad que lucía muy molesta.
—¿De qué es tu examen?
La chica se le quedó viendo con desconfianza.
—Es de biología
—Biología. Mi materia favorita cuando iba a la escuela — Sonrío nostálgicamente a la respuesta —¿Qué quieres estudiar en la universidad?
—¿Eh? Ah... ¿Medicina?
—Oh, interesante. Un consejo, no estudies psiquiatría
La muchachita sacudió su cabeza confundida.
—Yo no quiero estudiar eso, quiero ser cardióloga o ginecóloga
—Perfecto, esas son dos buenas opciones, Psiquiatría no, grábatelo. Si lo haces te mandarán a Arkham, y es el peor lugar del mundo. Créeme
—¡¿Gigi?! ¡Gigi! ¡Por Dios, te dije que yo iba a hablar con la vecina! — Salió del departamento una mujer de al menos 30 años, muy parecida a su hija —Disculpe si mi hija dijo algo indebido, yo—
—No, no se preocupe, es una buena niña, bajaré el volumen, ve a estudiar, tienes que patearle el trasero a ese examen
—...Gracias— La chica, confundida, volvió a su departamento.
—De verdad, si mi hija le faltó al respeto...— La mujer volvió a hablar muy preocupada.
—Ya le dije, no me dijo nada
—Oh gracias al cielo — La vecina de repente miró el número en la puerta del departamento, la expresión de su cara fue de inquietud —Este... ¿Este departamento...? ¿Usted vive aquí?
Harleen volteó hacía atrás y luego a la mujer.
—Sí, pero no por mucho tiempo, me mudaré dentro de poco. Le diré a la casera que este departamento es un asco
—Lo es...Me sorprende que viva justo aquí, es que aquí vivió por un tiempo una persona que tenía problemas, demasiados, fue hace como 10 años. Me sorprende aún más que la policía le haya dado permiso a la casera de volver a poner en renta este departamento
—¿Enserio? A mí me dijeron que hubo un asesinato
—... También ocurrió eso... Era de alguien que estaba...— Dio vueltas con su dedo alrededor de su oreja. —Hablamos poco, pero una vez me asustó... Juro que iba a hacernos daño a mí y a mi hija
Harleen levantó una ceja. Recordó algo que había anotado en su libreta cuando era psiquiatra.
¿Será?
—Que miedo, al menos esa persona ya está lejos de ustedes. Aquí dejaron todavía las evidencias del asesinato, ahora entiende porque quiero mudarme... Por cierto, ¿Cuál es su nombre? El suyo, no el del loco
—Oh, es Sophie...
Harleen parpadeó. Después sonrió, aguantándose la risa.
Que pequeño era el mundo.
—Vaya, es un lindo nombre. Me da gracia porque así le quiero poner a mi pequeña, claro, cuando tenga una. Mi nombre es Harleen
—Eso es lindo, y tu nombre también, es lindo
Sophie sonrió a su vecina.
—Bueno Sophie, es una lástima que tengamos poco tiempo conociéndonos como vecinas, es que quiero huir de aquí porque este edificio es una basura ¿No crees?
La cara de Sophie cambió cuando escuchó eso. Volvía a sonreírle, pero de forma nerviosa.
—Sí, sí lo es... Tengo que irme, fue un gusto
—Igualmente
Harleen vio como Sophie se iba a su departamento, cuando entró, Harleen se metió al suyo y cerró la puerta, burlándose de la situación.
—Mierda, esto me cambia mis planes, aquí no... Debo llevármelo a otro lugar... No quiero competencia...
...
Su cabello estaba listo. Se lavó, se miró al espejo, quedó exactamente como quería. Ahora era rubia. Una vez seco, se hizo dos coletas con moños. Quiso darle un toque especial al verse en ese peinado; Al final de cada una de sus coletas tenía su propio color: En la izquierda era negro, en la derecha era rojo.
Se maquilló, usando de referencia el maquillaje del Joker, pero poniendo su propio estilo y más estético. Por supuesto que el labial rojo no podía faltar.
Se quitó su pijama, tomó el traje de Arlequín, el cual le calzó como un guante. Se puso sus botines rojos, de hecho, ya eran botines rojo y negro, pues pintó uno de ellos de ese color.
Cuando quiso intentar ponerse el sombrero de Arlequín se dio cuenta que este le quedaba chico. Sin dejar que eso le desanimará, guardó el sombrero, de cualquier manera, iba a arruinar el peinado perfecto que tenía para la ocasión.
Se miró al espejo, volvió a sonreír.
Tomó la mochila con todo lo necesario, tomó las llaves del auto que se había robado y las llaves de la celda, que aún las tenía con ella. Miró sus guantes, que ambos estuvieran del lado correcto.
Salió del departamento. Usó el elevador.
Tenía un destino: Arkham.
Su objetivo: Sacar al Joker de ahí.
...
A las 12 de la noche, miraba por sus binoculares desde el estacionamiento mientras masticaba un chicle. Tenía encendida su radio y se escuchaba "Call me" de Blondie. Si había que elegir una canción de fondo para ese momento, era esa canción.
Vio que era el cambio de turno de seguridad. Hizo una bomba con su chicle y explotó.
Tenía que aprovechar.
Bajó del auto, corrió hasta llegar a una pared cercana a los guardias de seguridad. Asegurándose de que no se dieran cuenta de su presencia, sacó de su bolsa un poco de pirotecnia y el encendedor.
Encendió la mecha y la aventó cerca de los guardias.
Cuando explotó, los guardias se alteraron. Salieron de sus cabinas para investigar que estaba pasando. Aprovechando, ella corrió y entró por la puerta de servicio.
Una vez dentro de Arkham, se las ingeniaba para pasar desapercibida, pero no fue por mucho tiempo.
—¡Oye tú!... — Un guardia le llamó la atención— ¿Qué carajo—
Con el bate lleno de color, golpeó al guardia. Empezó a correr a su meta.
Cuando más guardias se daban cuenta de la intrusa, ella tiraba al suelo bombas de humo con polvos pica-pica. Corría mientras se cubría la cara y a los demás se les irritaban sus ojos.
—¡Hay una intrusa! ¡Repito! ¡Hay u...!— Pateó a la cara del guardia cuando avisaba su localización. Internamente se puso feliz, aún conservaba la elasticidad de su cuerpo.
Divisó las escaleras a lo lejos.
Tiró dos bombas de humo más, esperando que fueran suficientes, tiró una tercera, sólo por si las dudas.
Bajó por las escaleras. Estaba cantando y bailando muy emocionada.
Arthur estaba despierto todavía, acostado en su cama, recuperándose. Creía escuchar gritos y ruidos, pero no estaba seguro.
—Toc, toc
Esa voz la conocía, pero se escuchaba más aguda, se levantó rápido de la cama y corrió hasta la ventanilla. No veía a nadie, hasta que dos coletas rubias, una carita de payaso y unos ojos azules se asomaron.
Abrieron la puerta y entraron a la celda. Arthur no podía con la impresión.
Era ella, y vestida de Arlqueín.
—¡Dile hola a tu nueva y mejorada Harley Quinn!
Era tanta la emoción que Arthur empezó a reír. Harley se acercó a él, lo tomó de la barbilla y le plantó un pequeño beso en su boca.
—Vamos a casa, pudín
Los dos salieron corriendo de la celda tomados de la mano, Harley tiró las esposas de Arthur como si fuera su ramo de bodas.
Cuando estaban a punto de subir, Harley se detuvo.
—¿Sabes como hacer esto más divertido?
Arthur negó con la cabeza. Harley vio uno de los botones de pánico. Con su puño lo accionó. Los dos empezaron a reírse enfermizamente.
Salieron de Arkham, Harley tiraba bombas de humo para no ser vistos. Le dijo a Arthur cual era su automóvil, rápidamente los dos llegaron, entraron y arrancaron.
Y bajo las balas, las alarmas y los intentos de detenerlos, El Joker y Harley Quinn, ambos bajo un ataque de risa, escaparon de Arkham.
...
"El Joker y Harley Quinn estuvieron aquí"
"HA HA HA"
—Harley Quinn...
Leía el Dr. Jeremiah en una de las paredes de la celda 8181, un grafiti hecho con pintura roja. Debajo de ese grafiti, pegado con chicle rosa, había dos cartas de póker: Un As de Diamantes y un Joker.
Este segundo escape quería verlo con sus propios ojos a pesar de su salud. Miraba con desagrado a la pared.
—Desde que vi a esa Quinzel por primera vez me dio desconfianza. Sabía que no estaba cuerda
La Dra. Joan estaba a su lado, quién estaba más atemorizada y preocupada.
—Disculpe que diga esto, pero la culpa ha sido únicamente de usted, de nadie más. Harleen no hubiera caído en el juego del Joker si usted no le hubiera asignado el caso
—Ella hubiera terminado loca de cualquier forma, era de mente débil
Joan se sentía muy enojada con el Dr. Jeremiah.
—¿Y bien? ¿Qué diremos? ¿Qué Harleen Quinzel se volvió loca, se convirtió en... Harley Quinn y ayudó al Joker a escapar?
—¿Y recibir la peor reputación como Hospital Psiquiátrico del país? ¿Estas loca? Así no serán las cosas. Te diré algo, esta versión sólo la sabrá las personas en Arkham. Para el resto del mundo, diremos que el Joker secuestró a la Dra. Quinzel, la obligó a que escapara, y si vuelve a aparecer vestida de payasa, diremos que desarrolló el síndrome de Estocolmo
Joan miraba con desagrado y desaprobación a Jeremiah.
—¿De verdad va a decir eso a la prensa y a la policía?
—Por supuesto, tenemos que cuidar nuestra reputación si queremos que llegue el apoyo económico, ¿Usted qué espera de esto?
Joan vio el grafiti de nuevo.
—Que ella esté bien...
...
La primera plana de todos los periódicos era para provocar terror:
"EL JOKER HA ESCAPADO DE NUEVO DE ARKHAM, Y TOMÓ UNA VIDA INOCENTE COMO REHÉN"
La Dra. Harleen Frances Quinzel, quién laboraba como Interna en el Hospital Psiquiátrico Asilo de Arkham, fue secuestrada por el criminal más famoso de Ciudad Gotham, el Joker.
Se sabe poca información acerca de la segunda forma en la que esta vez escapó de este psiquiátrico, sin embargo, testigos mencionan que se le vio al criminal fuera de su celda amenazando de muerte a la Dra. Quinzel para que lo ayudara a escapar con una pistola que había logrado robar de seguridad, cuando esta se negó, él la atacó golpeándola en su rostro.
Finalmente, sin alguna razón coherente, el Joker se llevó a la Dra. Quinzel con él bajo la amenaza de accionar la pistola contra ella. El paradero de ambos, así como el estado de salud de la joven doctora, es desconocido.
Cabe destacar que este segundo escape del Joker fue sólo en cuestión de 2 días.
El Comisionado del Departamento de Policía de Ciudad Gotham, James Gordon, hizo una declaración al respecto.
"Esta vez tenemos que actuar rápido. Ya no se trata solamente de atrapar al Joker, ahora se trata de salvar la vida de esta joven que tuvo la desgracia de encontrarse con este terrible delincuente. Sabemos perfectamente de lo que ese hombre es capaz de hacer, nosotros mismos lo hemos visto, por eso temo[...] Temo por la seguridad de esa jovencita que no tiene la culpa de nada[...]".
Cuando se le pregunto acerca de si este caso podría llevarlo el Caballero Oscuro, no quiso dar alguna declaración al respecto.
Ciudad Gotham esta consternada con este caso. Los ciudadanos se preguntan si a estas alturas la Dra. Quinzel sigue con vida.
En alguna zona desconocida de la ciudad, dos personas estaban leyendo el periódico.
Y los dos se burlaban de la nota periodística.
...
Gray skies are gonna clear up
Put on a happy face
Brush off the clouds and cheer up
Put on a happy face
Take off the gloomy mask of tragedy
It's not your style
You'll look so good that you'll be glad
Ya' decide to smile!
Pick out a pleasant outlook
Stick out that noble chin
Wipe off that "full of doubt" look
Slap on a happy grin!
And spread sunshine all over the place
And put on a happy face!"
— Tony Bennett – "Put on a Happy Face"
Fin de la Primera Parte
