Editado 21/03/2018


Death Note no me pertenece.

El baile tiene un estilo yanqui porque me resultaba más sencillo.

Puede contener OoC


"Hay muchos tipos de monstruos que me aterran: los que causan problemas sin darse a conocer, los que secuestran niños, los que devoran sueños, los que beben sangre… y luego, los monstruos que no dicen nada más que mentiras.

Los monstruos mentirosos son lo peor. Son mucho más astutos que los demás.

Se hacen pasar por humanos, aunque en realidad, no tienen la menor idea de cómo deberían serlo. Comen, aunque nunca han sentido hambre. Estudian, aunque jamás hayan tenido alguna clase de interés en lo académico. Buscan la amistad, pese a que no sienten, ni podrán sentir amor.

Si tuviese que enfrentar a tales monstruos, seguramente sería comido por alguno de ellos… porque en verdad...

Yo soy ese monstruo."

-Elle Lawliet.


Capítulo 23:

Ring-ring…

Misa Amane dio vueltas en la cama mientras un extraño sonido invadía su sueño. Aún no quería despertar. Se imaginaba así misma caminando por la pasarela en Nueva York, o París (la ciudad de la moda) mientras todos aplaudían, y las modelos más importantes la felicitaban. Ella…

¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!

La rubia abrió los ojos lista para aventar el despertador a algún lugar de su cuarto, cuando se dio cuenta que lo que estaba sonando en realidad era su celular.

Se fijó en el reloj, eran las ocho de la mañana del sábado. Más vale que fuera importante. Tomó el aparato con cuidado y contestó con voz de dormida.- ¿Hola?

:- ¿Misa? Lamento molestarte, pero tenemos una sesión importante hoy y de verdad te necesitamos… además, Reiji tiene una sorpresa para ti. Si solo pudieses…

La rubia tuvo que recalcular.- ¿Mido? Acabas de despertarme, un poco más despacio por favor.

El castaño rio.- Perdona, estoy un poco acelerado.- Misa asintió y después se sintió una tonta al darse cuenta que él no podía verla.- Bueno, hoy tenemos una sesión de fotos importante, y te necesitamos. Además de que tenemos una sorpresa para ti. Claro, si es que estas interesada…

La rubia sonrió de oreja a oreja. Era la mejor noticia que le habían dado en mucho tiempo.- ¡Por supuesto!- luego lo pensó de nuevo.- Espera… Dijiste que era hoy, ¿verdad? ¿Exactamente de qué horario estamos hablando…?

:- Este… bueno, en media hora.- dijo Mido, y como acto reflejo Misa se levantó de la cama lo más rápido posible y buscó ropa decente mientras insultaba a Mido en su cabeza.- ¡Te veré luego, entonces!- y con eso, el castaño terminó la llamada.

Se puso lo primero que vio y rápido bajó y se despidió de Natsuki. Tomó un taxi, y se dirigió al estudio. Gracias a dios, todavía le quedaban diez minutos para llegar a tiempo.

Mientras viajaba chequeó sus mensajes en el celular y pudo ver algunos de Light y otros del equipo de animadoras. El baile de fin de año estaba muy cerca, y casi todas las de último año se estaban volviendo locas con los preparativos, al igual que su amigo Light, a quien el consejo tenía más o menos trabajando como esclavo.

La rubia rio al ver los mensajes de odio que le había mandado por abandonarlo, pero su cara cambió cuando vio que en uno de ellos mencionaba a Ryuga.

Había pasado algo de tiempo, pero aun así Misa seguía sin poder superar del todo al pelinegro. El odio que había sentido al principio ahora se había evaporado al igual que la depresión, y solo sentía un vacío cada vez que lo nombraban o cuando lo veía en clase.

Aunque ella tampoco estaba haciendo mucho esfuerzo para salir adelante que digamos. Al menos diez chicos la habían invitado al baile y ella se había negado a todos y cada uno de ellos. No sabía cuál era la razón exactamente, pero lo que si sabía que no quería ir con nadie. Para ser sinceros, ni siquiera tenía ganas de ir. Lo que la sorprendía completamente.

Soltó una carcajada al pensar en la ironía de la situación, lo que causó que el taxista la mirara de manera extraña y que Misa cerrara la boca. Por suerte no tuvo que aguantarse mucho más, ya estaba en la puerta del edificio.

Le pagó rápido al hombre y bajó del auto para encontrarse a Mido afuera hablando por celular.

:- …No, no, no. Es impensable. Y otra cosa, no puedes simplemente…- el castaño miró a la rubia y sonrió.- Tengo algo importante que hacer. Te llamo luego.

:- Hola.- dijo Misa, mientras él la acompañaba dentro del edificio.- Ahora dime, ¿Cuál es la "sorpresa" que me tiene preparada Namikawa?

Mido se encogió de hombros mientras tomaban el ascensor.- Mejor que lo descubras tu misma luego. Ahora tenemos una sesión que hacer, así que ¡manos a la obra!

Misa negó con la cabeza de manera divertida mientras entraba al vestuario y se cambiaba con las demás modelos. Charlaron un rato, y luego tomaron las fotos. Viendo todo esto: la ropa, el maquillaje, la ambientación, las cámaras, la rubia no podía sentirse más feliz. Sentía que aquel era su lugar en el mundo.

:- Lo hiciste bien, Misa-san.- le dijo una de las chicas mientras terminaban de ponerse la ropa con la que llegaron al estudio.- Escucha, antes de irte necesitan verte en la oficina de Reiji. Es urgente.

La rubia asintió, y salió disparada hacia donde recordaba quedaba la oficina del pelinegro. Parecía como si hubiese sido ayer el primer día de modelaje…

Sí, se sentía una abuela de noventa años recordando así las cosas, pero la verdad ya no le importa. Siempre había sido una amante de la nostalgia, y no planeaba detenerse. Ni ahora, ni nunca.

:- Así que es ella…- dijo una mujer que Misa no había visto nunca en la revista. Era castaña, con el cabello perfectamente peinado y un traje que humillaría a los mismísimos empresarios más famosos del mundo. Se acomodó los lentes y la rubia no pudo evitar sentirse presionada bajo la mirada de aquella mujer. A su lado se encontraban Namikawa y Mido, quienes la miraban sonrientes.- ¿Misa Amane?

La rubia asintió con la cabeza. Luego carraspeó.- Si, Misa Amane.

La mujer la examinó, y luego de un momento de silencio, dijo.- ¿Sabes por qué estás aquí?

Muchas ideas se hicieron presentes en la cabeza de la rubia, pero como los nervios le jugaban en contra, en vez de nombrar alguna, negó con la cabeza.

:- ¿Sabes quién soy yo?- dijo la mujer, con aire altanero y la rubia tuvo que aguantarse de rodar los ojos. Iba a responder que no, pero la interrumpió.- Soy Edna Takana, directora ejecutiva de esta revista y de otras, además de encargada de organizar la pasarela de Nueva York, Japón y Bélgica el próximo año.- Misa la miró con sorpresa.- Y tú Misa Amane, ahora eres miembro de nuestra revista. Felicitaciones.- terminó con una sonrisa, y la rubia no podía creerlo.

:- ¿Acaso está sorda?- preguntó Reiji, al ver que no había reacción de parte de la chica.- ¿Podemos traer ya el champagne para celebrar…?

Mido rodó los ojos mientras Misa recuperaba la conciencia.- ¿En serio? ¿Estoy dentro? ¡¿Soy una modelo?!

La mujer, Edna, asintió y Misa no pudo evitar que un grito se le escapara.- ¡Esto es increíble! ¡Gracias, gracias, gracias!

Luego de que Reiji bebiera su preciado alcohol, de que firmaran algunos papeles (aún tenían que hablar con Natsuki porque era menor pero eso vendría después) y de que Edna se fuera, la rubia abrazó a ambos hombres con mucha emoción.

:- Gracias, en serio.- dijo, y tuvo que parpadear para que las lágrimas no corrieran su maquillaje. En serio estaba muy emocionada.- Esto es lo mejor que me pasó en la vida…

:- Aja…- dijo que Reiji, mientras terminaba unas cosas en la computadora.- Bienvenida a la familia. Ahora, como buen primo, te voy a pedir que me dejes trabajar. Nos vemos el lunes.

Mido lo golpeó en el brazo pero Misa rio. El comentario no le pareció ofensivo. Estaba demasiado feliz para tomárselo de esa manera.

:- Es increíble…- comentó, mientras salía de la oficina acompañada por Mido.- De verdad… aun no puedo creerlo.

El castaño sonrió al verla. Mientras bajaban por el ascensor siguieron hablando.- Que bueno que te haya gustado, Misa. Ahora tienes un futuro con nosotros… Es bueno tenerte aquí.- Mido lo pensó por un momento, pero al ver a Misa tan así, tan… perfecta, ya no pudo resistirse.- Misa…

La rubia lo miró con curiosidad, ahora parecía estar un poco nervioso.- Escucha yo… de verdad me agradaría salir contigo algún día. Claro, si no tienes nada que hacer y si tampoco tienes pareja de ni nada de eso. Yo… solo, solo salir, ¿de acuerdo?

La joven observó, esta vez bien, a Shingo Mido. Era alto, más alto que ella, castaño, anteojos, parecido bastante a Light. Inteligente, divertido, guapo, y hasta bueno y a veces vergonzoso. Misa intentó, de verdad lo intentó, pero no era su culpa.

A ella lamentablemente no le interesaba nadie más que un idiota apodado Ryusaki.

:- Mido… de verdad lo siento, pero no puedo hacerlo.- él la miro, no tan destrozado, pero aun así un poco triste. De verdad le gustaba la rubia.- Acabo de salir de una etapa un tanto difícil en el tema relaciones, y no planeo estar con nadie por un tiempo… perdona.

Él le tocó el brazo en señal de entendimiento.- Descuida. Estoy más que feliz de trabajar contigo, Misa Amane.

Misa le sonrió, y se despidió de él antes de subir a otro taxi. Su celular vibró en el bolsillo del pantalón y la rubia vio que se trataba de su amigo.- ¿Light?

:- ¡Misa! Por fin, escucha. Te necesito, por favor. El baile es esta noche y nos faltan la mitad de las cosas y la decoración del gimnasio. Además, tus animadoras van a hacer que se me acabe la paciencia. Por favor ven a la escuela en este momento.

:- Light, mira, yo…

:- No, sin peros.- dijo el chico, y luego de suspirar, agregó.- Ryusaki no está aquí. Si es por eso, te prometo que no habrá monos en la costa.

La rubia lo meditó. En realidad, el pelinegro era la mayor razón por la cual había decidido no ayudarlo. Así que…- Está bien, voy en camino.

Y luego de despedirse, Misa le dijo al taxista que cambiara el rumbo. Ahora se dirigiría a la escuela.

.-.-.-.-.-.-.

:- ¡Por fin estas aquí!- exclamó el castaño al verla. - Ya no aguantaba más con este desastre.- al escucharlo, varias chicas lo fulminaron con la mirada pero él las ignoró, mientras Misa entraba al gimnasio. Light no le había mentido, de verdad faltaba mucho por hacer. El baile era en cuatro horas y la mitad del gimnasio seguía sin decorar.

:- A veces me preguntó por qué demonios me uní al consejo en primer lugar…- dijo, más para sí mismo, mientras se sentaba en una caja y Misa a su lado.- De verdad, si fuese por mí tiraría todo esto y me iría a dormir…

:- Es exactamente lo que pensaba hacer mientras todos estaban en el baile… dijo la rubia, y el chico la miró extrañado.

:- ¿No vas a asistir?

:- Bueno… la verdad es que no quiero…

:- Oh, vamos.- dijo Light.- Es nuestro último año, y si tengo que pasarme como diez horas armando todo esto, no puedo no venir. No puedes abandonarme…

La rubia rodó los ojos pero luego asintió con la cabeza.- ¿Tienes una cita?- le preguntó al castaño, y este le dijo que no.- Varias chicas me pidieron pero si mi amiga no viene acompañada, entonces yo tampoco.

Misa se aguantó las ganas de decirle que esa seguramente no era la verdadera razón, pero sonrió con la malicia, causando que Light rodara los ojos. Y que los dos estallaran en carcajadas.

Luego de esa charla, ambos siguieron trabajando. Ordenando la utilería, acomodando los adornos y hablando con las bandas que allí tocarían. Misa tenía que admitirlo, una vez terminado, el gimnasio lucia hermoso.

Light sonrió ante lo que su trabajo duro había logrado, pero luego de ver la hora en su celular, le dijo a Misa que era mejor que se fueran. El baile comenzaría en menos de dos horas y ellos eran los últimos que quedaban en el edificio.

:- ¿Tienes con quien irte?- le preguntó, ya que él se iba en auto y podía alcanzarla hasta su casa.

:- Natsuki pasará por mí.- dijo la rubia, mientras buscaba el teléfono en su bolso.- Solo déjame buscar…- antes de que Misa terminara la oración, un ruido llamó la atención de ambos. Dos chicas de segundo, las cuales ninguno había visto antes, salieron de la oscuridad riéndose y susurrando entre ellas. Light escuchó un poco, y rodó los ojos al darse cuenta que estaban hablando de él y de Misa. Inventando rumores, como siempre.

No podía creer que todos siguieran pensando que ellos estaban juntos. Hasta Ryuga lo…

Espera.

Se había olvidado de contarle a Misa sobre eso.

:- Oye…- comentó el castaño, mientras la chica marcaba el número de su nana.- Dime que no soy el único que ve como las personas piensan que somos novios.

:- Por favor, parece que no tienen nada que hacer con sus vidas.- dijo la rubia, rodando los ojos, dando la conversación por terminada. Sin embargo, Light no había acabado.- ¿Sabes lo que descubrí el otro día? O de verdad parecemos pareja, o la gente es más estúpida de lo que parece.

Misa se quedó pensando.- Un poco de ambas.

:- Pues, entonces le notificaré a Ryusaki que dijiste que era un estúpido. Aunque, no es para variar.- dijo, y no pudo evitar sonreír ante la expresión de sorpresa y confusión de su amiga. Iba a decir algo más pero la bocina de su padre lo distrajo.- Te veré en dos horas.

Misa no pudo evitar quedarse petrificada unos segundos. La repentina confesión de Light la había dejado un tanto… ni siquiera sabía cómo estaba. Solo que ahora el vacío que sentía no era tan grande.

¿Ryuga pensaba que ellos estaban juntos?

Esa pregunta abría muchas puertas en la casa metafórica de la rubia. Ella podría remediarlo. Ella podría hacer que Ryusaki se dé cuenta. Si tan solo ella…

No.

Si tan solo… si tan solo él no fuese un verdadero idiota, poseedor de ningún sentimiento. Si tan solo ella no fuese quien era, y él fuese otra persona…

Sí, parecía que estaba recitando un poema de mal gusto, pero en verdad, estaba diciendo la cruda y triste realidad.

Ya era muy tarde para hacer cualquier cosa.

Mientras viajaba en el auto con su nana, logró recordar todas esas películas que veía cuando era más pequeña. Donde la chica siempre terminaba con el chico. Aunque él se mudara a Malasia, y aunque ella sufriera de una enfermedad mortal, siempre hallaban la manera de encontrar el "felices para siempre".

Su experiencia le había enseñado que, lamentablemente, esas cosas no sucedían en la vida real.

Ryusaki no era su príncipe azul, y Misa no era su princesa. Su "historia" había llegado a su fin. Y la rubia iba a tener que superarlo.

Cueste lo que le cueste.

.-.-.-.-.-.-.-.

:- Sabes que en menos de una hora debes estar en la escuela… ¿acaso irás así?- le preguntó sarcásticamente su nana, al verla acostada en su cama, vestida con un camisón y comiendo helado.- No creo que te dejen entrar de pijama, querida…

:- No voy a ir.- dijo la rubia. Sí, es cierto, se lo había prometido a Light. Pero aun así, la última confesión del castaño no la había dejado de muy buen humor, y la verdad no tenía ganas de ver a Ryusaki en ese momento. Ni nunca.

Natsuki negó con la cabeza y le sacó el tazón de helado a Misa. La rubia comenzó a protestar pero su nana la calló con una señal.- Este es tú último año, así que iras a ese baile. ¿De acuerdo, jovencita?

Misa se levantó a regañadientes de la cama.- ¿Y que se supone que me ponga? No tengo ningún vestido, ni zapatos, ¡ni siquiera tengo tiempo para bañarme y prepararme!

Su nana permaneció callada, pero justo cuando Misa pensó que había ganado la batalla, Natsuki sacó una bolsa de uno de los cajones de su cuarto. Luego sacó unos zapatos que la rubia no había visto nunca, y se fijó en el reloj.- Aun te quedan cuarenta y cinco minutos, y eres Misa Amane. Sé que puedes estar lista en menos que eso.

La rubia no pudo evitar sonreír, y abrazo con fuerza a su nana. De verdad no sabría qué haría sin ella. Y por todo lo que había hecho, se merecía, por lo menos, que Misa fuera al baile.- De acuerdo…

Y con eso, Natsuki se fue y Misa se puso manos a la obra.

Más rápido de lo que canta un gallo, la modelo se duchó, se arregló el pelo, se maquilló y se pintó las uñas. Miró el reloj, en los quince minutos que le quedaban se puso los zapatos y sacó el vestido de la bolsa.

Tenía que admitirlo, su nana tenía buen gusto.

El vestido era de un color verde claro, que resaltaba la piel de la rubia y su maquillaje. Tenía un escote en v perfecto, y unos cuantos adornos que a Misa le encantaron al segundo en que los vio. El color de ese vestido no era su estilo, pero le sentaba a la perfección.

Luego de acomodarse el peinado y tomar su bolso, bajó las escaleras para encontrarse a Natsuki esperándola. La mujer se limpió una lágrima y Misa volvió a abrazarla. Después de ese momento, Natsuki le dio un abrigo, y la acompañó hasta el taxi que la llevaría a la escuela.

Pues, aunque le cueste creerlo, este era su último baile, e iba a disfrutarlo como la mejor.

Al llegar, vio cómo su trabajo y el de Light habían dado frutos. El gimnasio lucia hermoso y la gente estaba encantada. Reconoció a las porristas y a Mikami y Takada de lejos, aunque a estos últimos evitó saludarlos, solo por precaución.

Bebió un poco de ponche y bailó con las chicas y los chicos que allí se encontraban. Buscó a Light con la mirada y en los pasillos, pero no logró encontrarlo por ningún lado.

En un momento, hizo una pequeña pausa y fue a buscar su celular. Se mordió el labio con impaciencia al ver que solo eran las diez, y que todavía faltaban dos horas para que terminara.

Odiaba sentirse una aguafiestas, pero en serio deseaba estar en su casa en ese momento. Solo quería dormir, aunque eso sonara sumamente deprimente. Era lo único que quería hacer.

Ah, y comer helado.

Al cabo de unos minutos los chicos del club de natación vinieron a buscarla y no tuvo más opción que bailar con ellos. Miró a su alrededor, y por lo menos agradeció que todos lo estuviesen pasando bien. Si no fuese así, a Light y al director les agarraría un ataque.

Una sonrisa se hizo presente en sus labios al ver al aludido hablando con la profesora que ella tanto detestaba. Parecía un poco alterado, pero si Misa se había dado cuenta de algo en estos cuatro años, era que ese hombre vivía alterado, ya no había manera de cambiarlo.

Y justo cuando las cosas parecían ir un poco mejor, justo cuando anunciaron que en pocos minutos llamarían al rey y la reina, y justo cuando la joven había comenzado a divertirse, tuvo que verlo a él.

Toda la felicidad que sentía se evaporó por completo, y en lo único que pudo pensar fue en él. En su pelo negro y sus ojos de igual color, en lo desaliñado que se encontraba para estar en un baile, y en cuan estúpido e inteligente era a la vez. En cuánto esos dos meses le habían dolido, y en cómo extrañaba estar con él, hablar con él, pelear con él (inclusive si le ganaba todo el tiempo) y en que lo quería. Por dios, muchas veces había querido decirle que lo amaba.

Ella lo amaba.

Aunque poca gente lo creyera, su mente trabajaba rápido. No tardó más de diez segundos en pensar y recordar todo eso, y tardó todavía menos en darse cuenta que quería, que debía, salir de allí lo más pronto posible.

Escapó del círculo de adolescentes y buscó su abrigo y bolso. Trató de buscar a Light para al menos saludarlo, pero le iba a llevar mucho tiempo, y no podía correr el riesgo de que el pelinegro la viera.

No quería hablar con él. No quería, no quería, no quería.

Solo quería que Natsuki la fuera a buscar y desaparecer de la escuela por el mayor tiempo posible.

Rodeó a los alumnos que bailan sin cesar, y salió lo más sigilosa que pudo por la puerta de atrás. Tenía tacones, pero al ser modelo estaba acostumbrada a caminar y a correr en ellos. Así que recorrió rápidamente el camino hasta llegar a la entrada de la escuela.

Se apoyó contra uno de los pilares, mientras trataba de calmarse y recuperaba la respiración. Tenía que llamar a Natsuki, necesitaba irse a casa.

Cerró los ojos con fuerza, como queriendo despertar de una horrible pesadilla, cuando una voz que no oía hacía mucho solo logró empeorarla.

:- Este lugar me trae recuerdos.- comentó L, mientras Misa sufría de un pequeño paro cardíaco.- Bueno, con la excepción de que aquella vez estabas llorando. ¿Estás llorando ahora, Amane?

Misa respiró hondo, tratando de calmarse. Ya había olvidado cuan exasperante era hablar con él.- Por supuesto que no.- se sentó en los escalones de la entrada mientras recuperaba la compostura.- ¿Cómo demonios llegaste aquí tan rápido?

:- No es relevante.

Misa soltó una risa seca.- Claro.- solo Ryusaki podría dar una respuesta como aquella. Tendría que escribir un libro: "Como hacer sentir como una tonta a Misa Amane con solo una oración".- Vete.- no tenía sentido hablar con él, sinceramente, la rubia no quería tener que lidiar con su súper genio en ese momento.

Ryusaki rodó los ojos mientras se sentaba a su lado.- Te oxidaste, Amane.- Misa no dijo nada.- Esta es la parte donde me insultas sin parar. Te confundiste de línea.- el comentario debía ser… ¿gracioso? (¿Hideki Ryuga siendo gracioso?), pero solo logró que la rubia se sintiera peor; y más enfadada.- ¿Te volviste sorda, o muda? ¿O ambas?

Esto es increíble.- pensó, mientras miraba al chico, incrédula y con odio a la vez. En serio no sabía si se trataba de una broma, o si de verdad pensaba que con tal solo aparecer allí y empezar a pelear todo iba a volver a la normalidad.

:- ¿Qué es lo que quieres? Y esta vez, te lo pido, di la verdad.- dijo Misa en un tono muy parecido a la súplica, por lo que terminó retractándose apenas había soltado esas palabras. Pero ya no podía aguantarlo más. Necesitaba sacarlo todo de una buena vez y saber qué demonios le rondaba al pelinegro en la cabeza- Solo dilo, solo di la maldita verdad.

Hubo un silencio incómodo, mientras el chico se mordía el pulgar, con la mirada fija al frente, pensativo.- Eso que pides, Amane, lamento decírtelo… pero es imposible.- la rubia no dijo nada, aunque sentía como pequeñas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.- Acaso sabias… existen muchos tipos de monstruos en este mundo, Amane.- Misa no pudo evitar mirarlo, ahora confundida, pero el detective continuó.- Monstruos que secuestran niños, monstruos que chupan sangre, y hasta los que aparecen en sueños…- Ryusaki se mordió el pulgar con fuerza.- Sin embargo, los peores que pueden llegar a existir… ¿Cuáles crees que sean?

Misa no respondió, después de todo, era una pregunta retórica.- Los que mienten. Los monstruos que dicen mentiras son el peor tipo que existe en el mundo. Y adivina qué, yo… pues yo formo parte de eso. Yo soy un monstruo, Misa.

:- Y ese no es el único problema.- continuó el detective, mientras la modelo miraba para otro lado.- Lamento decirte que soy una persona que no está acostumbrada a tratar con las demás, por lo tanto soy distante hacia ellos.- el chico respiró hondo, a la par que metía las manos dentro de su pantalón.- Tampoco confió en la gente, y jamás lo hare. Así que lo que pides, Amane, no es tan fácil como parece. En realidad, como dije antes, es simplemente imposible. Tú tienes que…

:- ¡¿Yo tengo que?!- cinco segundos. Solo le había tardado a Misa cinco segundos estallar.- Por dios, ¿acaso escuchas lo que dices?, ¿piensas que acaso me importa? ¡Ya sé que tienes todos esos problemas, idiota! Ya lo sé, y sé que no es fácil pero…

:- ¿Podrías dejarme terminar?- dijo Ryusaki con el mismo tono monótono de siempre, mientras se levantaba de donde estaba.

:- ¡Yo soy la que tiene que terminar!- exclamó Misa, y alzó los brazos al cielo. Ya estaba harta. Había escuchado excusa tras excusa tras excusa.- Ya sé que va a ser difícil, y sé que lo más probable es que falle a que salga victoriosa, pero aun así, no voy a rendirme. Lo que dije es cierto. Y aunque no quieras creerlo y a mí me cueste aceptarlo, me gustas. Así es, ¡ME GUSTAS! No tengo la menor idea de cómo pasó, ni por qué, pero es así, y es lo que…

Antes de que Misa pudiese enredarse más con las palabras, el pelinegro la tomó la de cintura y la besó. La rubia se tensó, y antes de que pudiese relajarse y entregarse al beso, Ryusaki se separó de ella.

:- Necesitas aprender modales. Como por ejemplo, no interrumpir.

:- ¿Y eso me lo dices-?

:- Si me hubieses dejado terminar.- continuó el pelinegro.- Habrías sabido que… aunque no soy tu príncipe azul, y jamás lo seré, estoy dispuesto a intentar ser… un compañero. Estoy dispuesto a estar contigo, y espero que estés dispuesta a intentarlo conmigo también, Misa.- el chico tosió pero la rubia no quería que parara. Luego de la humillación que ella había sufrido, se merecía verlo a él un poco inquieto.- Eh… muy bien, no sé qué más esperas que diga.

Ella sonrió, por lo que él siguió hablando, nervioso.- Esto que me sucede, Amane, es completamente antinatural en mí. Pero hay algo, y ese algo es especial, y… me gusta.- ella asintió, sonriendo de oreja a oreja.- Pero quiero que sepas que no soy Light Yagami, ni el príncipe encantador. No soy afectivo, ni tampoco romántico. Viajo por todo el mundo, y es muy probable que no me veas por meses seguidos. Además yo…

Misa lo calló con un beso.- Necesitas aprender a hablar menos, Hideki Ryuga.- dijo ella, riendo, y L no pudo evitar sonreír tímidamente.- Ya sé que no eres un príncipe, pero ¿sabes algo?, creo que yo no soy una princesa después de todo…

El chico la miró, y no se resistió al abrazo que la rubia le proporcionó. Un tanto incómodo, se lo correspondió.

La verdad, luego de pensarlo y de meditarlo por tanto tiempo, aun no estaba seguro de haber tomado la decisión correcta.

Pero no podía evitar aceptar que al verla así, se sintiera de una manera diferente. Se sentía completo, se sentía… completamente feliz.

(Al fin había entendido a lo que se había referido Wammy)

:- Ah, una cosa más.- le comentó, mientras caminaban por la calle. No sabían a donde se estaban dirigiendo, pero eso no les importaba en absoluto. El pelinegro se agachó y le susurró al oído a la rubia.- Elle Lawliet…

:- ¿Qué?

:- Te estoy demostrando que confío en ti, Amane. Es información completamente confidencial que muy pocos saben, así que espero que la mantengas de esa manera.

:- Misa.- le corrigió la rubia. Pensó en las palabras del pelinegro y no pudo evitar sonreír otra vez. Recordó que cuando le había gritado en su casa, le había dicho que ni siquiera conocía su verdadero nombre.- Gracias, significa mucho La-

:- No lo utilices.- le dijo él, antes de que ella si quiera pudiese pronunciarlo.- En serio Amane, esto no es un juego.

La rubia negó con la cabeza. Algunas cosas nunca cambian…

Aunque… eso significaba que aun podía divertirse a costa suya…

:- Oye…- esta vez ella le susurró al oído.- Fue un lindo detalle… lástima que ya lo sabía.- lo besó en la mejilla y siguió caminando. L se quedó quieto en su lugar, pensando.

Era imposible que ella sola haya…

Todo se volvió claro cuando una cabellera pelirroja se hizo presente en su cabeza.

Matt iba a estar castigado de por vida.

Mientras Ryusaki alcanzaba a Misa y la obligaba a participar de un interrogatorio, la rubia no pudo evitar pensar que tal vez, tal vez, las cosas podrían funcionar. O por lo menos, ambos iban a intentarlo.

Y para ella, eso era suficiente.

.-.-.-.-.-.-.-.

:- ¡Y la reina del baile es…- todo el mundo esperó en silencio, un aire de suspenso y ansiedad contaminaba el aire.-… Misa Amane!

Los alumnos gritaron, las porristas más, mientras esperaban que la rubia subiera al escenario. Light esperaba también, arriba de este, pero no lograba ver a su amiga por ningún lado.

El director volvió a llamarla, esta vez con pánico visible en su voz, y ahí fue cuando el castaño decidió intervenir.- Esta bien, está bien.- dijo por el micrófono.- ¡Vamos que es el último baile! ¿Dónde está la música?- y con esa indirecta, el DJ volvió a ocuparse, y en un santiamén todo volvió a la normalidad.

:- Gracias, hijo.- le dijo el director, ahora más tranquilo.- ¿Dónde demonios estará esa chiquilla…?

Light negó con la cabeza, procurando ocultar la información que él sabía. Vamos, era obvio que el director no reaccionaría de buena manera si él chico le dijera que Misa no estaba allí por estar reconciliándose con Ryusaki.

Sí, no tenían que subestimar a Light Yagami, él no era ningún estúpido.

Bajó del escenario, y tuvo que tener cuidado de no chocarse con un chico que estaba escondido detrás de este.- ¿Estás bien?- le preguntó el castaño y el chico asintió con la cabeza. Light no le dio importancia y siguió su camino, mientras el rubio maldecía por lo bajo.

:- De acuerdo, tu ganas.- dijo Mello, al ver la foto que su amigo acaba de mostrarle. La revisó, después de todo podía tratarse de un truco, pero verlos en la calle no ayudó a probar que Matt le estaba mintiendo.- Están juntos…- aceptó Mello, a regañadientes.

:- Te lo dije amigo, si juegas con el mejor, pierdes.- dijo Matt, mientras miraba la obra maestra que le había hecho ganar un juego nuevo. Luego miró a su mentor abrazando a Misa, y no pudo evitar sonreír.

Iban a decir que era un sensible, pero no estaba feliz solamente por haber ganado el videojuego.

Tal vez… aquel cambio traiga algo mejor.

O por lo menos, eso era lo que el pelirrojo esperaba.

:- Vamos, idiota, antes de que L llegue a casa, o Watari nos castigará.

:- Voy en camino…