14
Un suspiro muy pesado dejó escapar.
¿Qué más podía hacer?
Joker estaba sentado, en un sofá aterciopelado de color rojo, de los pocos muebles que conservaban su esencia y forma original. Su pierna se movía de arriba abajo, sin control alguno, pues la ansiedad de nuevo estaba ahí sobre sus hombros, como si ambos jugaran al piggyback, sólo que Joker nunca le tocaba estar arriba. Siempre abajo.
Y eso, justamente eso era una de las cosas que odiaba infinitamente con toda su alma, no tener el control de las cosas. Odiaba como la ansiedad llenaba cada uno de sus poros, sus manos no eran capaces de tomarla, amarrarla y dejarla en un rincón. No podía, y de tan sólo pensarlo ardía en cólera.
A veces, ser él mismo era todo un infierno, pero al menos tenía fuego gratis cuando quisiera fumarse un cigarrillo. Luego recordaba que el fuego era parte de su imaginación, y debía de sacar su encendedor.
Pocas cosas funcionaban en esa antigua mansión abandonada, a veces la luz (Que habían logrado conseguir ilegalmente) iba y venía, así que las velas y las lámparas de gas eran sus aliados en la oscuridad, aunque para Joker siempre preferiría la oscuridad o la luz natural del sol o la luna.
Otra de las pocas cosas que funcionaban era un enorme reloj de pared del cual colgaba un péndulo, sólo escuchaba como el pesado péndulo iba de un lado a otro, midiendo el tiempo. Ese reloj de hecho estaba defectuoso, un reloj de péndulo cualquiera sonaba a las 12 en punto.
Este reloj sonaba cuando las manecillas llegaban al 11:11.
De hecho, esa era la hora en la que Joker esperaba a que llegara. Faltaban 30 minutos para que llegara esa hora, la hora acordada.
Se levantó de su asiento, si seguía viendo ese reloj un segundo más iba a volverse loco, más loco de lo que estaba.
Subió las escaleras, las bajó, las volvió a subir, apagó un cigarrillo, bajó las escaleras, volvió a encender otro, subió de nuevo. Decidió quedarse arriba y caminar un poco, recorrió el mismo pasillo al menos 30 veces, era demasiada energía dentro de sí mismo.
Sólo podía liberar toda esa energía de una forma, a través de la violencia.
Pero no era tiempo de dejarse llevar por la belleza de la violencia, tenía que controlarse, tomar las riendas, estaba esperando algo importante.
Un hombre que no les pertenecía a sus filas llegó a donde solía reunirse con su gente. El mensajero llegó explicándole al Joker que su superior tenía un paquete especial para él. A pesar que algunos de sus seguidores se mostraron reacios, Joker aceptó. Sin embargo, el punto de encuentro no iba a ser en su sitio de trabajo, iba a ser en otro lugar muy diferente a ahí.
Joker caminaba de lado a lado por el pasillo, de nuevo, con otro cigarrillo en su boca. El ambiente se estaba llenando del olor de su adicción que siempre lo había acompañado desde muy joven.
Sin querer, recordó sus días antes de convertirse en el Joker. Cuando sólo era Arthur Fleck.
Salió de su boca una risa, involuntaria, pero esa risa pudo tomarla y controlarla. Ahí está, algo que sí pudo controlar. Sonrió.
La ansiedad le tocó uno de sus hombros y le dijo al oído que ahí seguía. La maldijo en silencio. Volvió a caminar, llevándola a cuestas en contra de su voluntad.
Se rascaba la cabeza, miraba sus pies, dejaba salir la bocanada de humo, rodaba sus ojos, a veces danzaba y tarareaba alguna canción, ¿Qué otra cosa podía inventarse?
Bajó las escaleras, se dirigió al reloj cuando la hora le tomó por sorpresa: Sólo habían pasado 6 minutos. 6 malditos minutos. 6 minutos que los sintió como si fuera una eternidad.
Esto iba a ser muy largo.
Podría seguir marchando sin parar, podría ver las pinturas viejas que estaban carcomiéndose como si fueran cadáveres, podría estar frente al reloj de nuevo, pero le molestaba esperar al tiempo.
Llegó una idea, algo con lo que podía distraerse, algo que era otro pendiente en su lista.
Subió las escaleras y caminó hasta llegar a una puerta que debió de ser blanca alguna vez. Abrió la puerta lentamente y miró del otro lado.
Sólo quería estar seguro de algo.
Era una habitación con papel tapiz de rosas dibujadas, papel tapiz él cual ya estaba deteriorado, decorado de muebles que parecían sacados de una casa de muñecas. Esa habitación le debió de pertenecer a alguna niña o a alguna señorita de buena familia, a alguna hija brillante, alguien quien ya estaba prometida a algún amigo del dueño de la casa o familiar lejano, cosas extrañas que solían hacer las familias bendecidas con dinero.
Pero esa habitación ya no le pertenecía más a esa señorita, ahora esa habitación le pertenecía a Harley, la cual aún se encontraba profundamente dormida. La mente de Joker finalmente se distrajo de su preocupación principal, pero no para calmarse, sino para llegar a otra preocupación más, a algo que le parecía extraño de ella.
Desde que ambos escaparon de Arkham, no habían pasado ni una sola noche separados, siempre dormían juntos en la misma cama, siempre por insistencia de ella, no importaba sí sólo dormirían juntos, si la lujuria se apoderara de ellos o si él se iba a encargar de castigarla por algún error que cometió. No importaba si ella estaba cansada y quería dormir, o si quería enseñarle que tan seductora se veía con su nueva lencería, o simplemente estar de melosa a su lado hasta hartarlo. Nunca le decía que no, siempre dormían juntos.
Pero la noche anterior, Harley le dijo a Arthur con un tono de voz susurrante y tembloroso, en voz tan baja que Arthur tuvo que preguntarle dos veces que era lo que quería decir.
"Necesito un respiro"
Fue lo que le quiso decir. Y durmió sola por primera vez en su habitación. Esto en un principio a Arthur no le importaba, y siendo sinceros, él también necesitaba un respiro. Pero algo no lo dejaba estar tranquilo del todo, siempre tenía la sensación de que todos tenían algo que ocultar, algo muy malo, algo que podría usar para atacarlo cuando estuviera distraído, y algo en la parte más oscura de Arthur le insinuó que Harley "se traía algo entre manos, y no era nada bueno para él".
Al final, espió gran parte de la noche a Harley dormir, sentado en una silla desde la puerta. No sabía ni siquiera porque lo había hecho, si sabía que ella le pertenecía, sabía que ella no se alejaría, siempre iba a ser de él.
Pero algo (O alguien) le decía no debía bajar la guardia con ella.
Volvió a repetir lo que hizo esa noche en ese momento, como lo hacía en sus últimos meses en Arkham, siempre se escapaba por poco tiempo para buscarla y espiarla.
La observaba, observaba cómo su respiración era lenta, pudo notar también algo que no lo hizo en la noche por la oscuridad de esta, notó que sus ojos estaban hinchados y había rastros salinos en sus mejillas, pero no recordó verla llorar, o al menos que lo hubiera hecho antes de espiarla.
Pensó en despertarla y hacer que ella calmara su ansiedad, pero no era conveniente, en ese punto, ella era una distracción. Cerró la puerta cuidadosamente para no despertarla. Debía de concentrarse en lo verdaderamente importante, en el trabajo.
Bajó las escaleras, la luz del día entraba por las ventanas.
La ansiedad se empezaba a convertir en estrés. No quería estresarse, porque cuando se estresaba, su maldición se desataba caóticamente, y esta vez quería tenerlo todo controlado.
Se dio cuenta que empezaba a tener una pequeña obsesión con el control.
Miró de nuevo desde la escalera la puerta que alguna vez debió haber sido blanca. Volvió a sus ojos la visión de su rostro dormido, ¿Por qué Harley habría llorado? Ella decía que era feliz a su lado.
"En el trabajo Arthur, concéntrate en el maldito trabajo" le reclamó una voz dentro de él.
Él cigarrillo se terminó antes de lo que él calculaba. Demonios, realmente estaba nervioso, muy mal. Con las cenizas que quedaban, tomó la colilla y empezó a trazar en una de las paredes.
"Ha-ha"
Fue lo que escribió.
Una campana retumbó por toda la morada. 11:11.
Una moto se escuchaba a lo lejos. Joker caminó cerca de la ventana. Era el paquete del que estaban hablando.
El mensajero era el mismo que llegó al territorio del Joker, bajó de la motocicleta, no había nada a su alrededor más que la casa vieja, casa que no le llamó la atención. Se dirigió al otro lado de la carretera, siguiendo las instrucciones que el Joker le dio. Con una maleta negra y oscura en sus manos. Dejó la maleta en un punto estratégico, corrió a la motocicleta y huyó.
Joker sonrió.
Fue a la puerta principal, donde en él perchero viejo se encontraba una máscara de payaso del antiguo movimiento, la tomó y se la puso.
Salió de la casa y corrió a la maleta, era un largo tramo, así que debía de ser rápido. La tomó entre sus manos. Debía de tener algo sumamente importante. Volvió a la casa, se sacó la máscara y la puso de nuevo en el perchero. Corrió hasta otra habitación más oculta de la casa, a una oficina elegante y estropeada a la vez. Todo lo anterior lo hizo mirando atrás, siempre mirando atrás.
Dejó caer la maleta en él escritorio, haciendo que el polvo se elevara por los aires. La abrió.
"Oh"
No esperaba nada, pero tenía una idea diferente de lo que podría ser.
Había tres libros de diferentes autores entre sí y diferentes historias, una camisa elegante que aún estaba dentro de su bolsa, una cajetilla de cigarrillos, un cuaderno de cuero, un bolígrafo, una cámara fotográfica instantánea que era algo vieja y unas postales de Gotham.
Tomó uno de los libros, leyó el título: "Los crímenes del amor".
Abrió el libro apenas unas páginas, y comprendió porque estaban esos objetos en la maleta. En realidad, el libro estaba hueco, dentro del hueco había una pequeña pistola con sus respectivas balas. Debajo de la pistola estaba una nota, una nota de un líder gánster felicitándolo por el incendio que había provocado la noche anterior, pues sin querer asesinó a uno de sus enemigos. También mencionaba que podrían hacer lazos laborales a raíz de ese increíble suceso.
Joker sólo se rió. No sabía qué pensar de eso. Tal vez lo consideraría alguna vez.
Todavía había mucho que hacer ese día.
Joker salió de la casa, pero antes de hacerlo, volvió a subir las escaleras, volvió a abrir la puerta desteñida. Le dirigió una última mirada a Harley. Realmente esperaba que estuviera despierta.
...
En las calles de Gotham, una reportera rubia con maquillaje más natural caminaba erguida, fortalecida y con coraje. Vicki llegaba a su trabajo, a las oficinas de Gotham Gazette. Para ser más específicos, a la oficina de su jefe. Ese día en especial iba muy poco amigable.
Tocó la puerta y sin esperar respuesta la abrió. Encontró a su jefe mirando más periódicos, incluso algunos de la competencia, sólo para reciclar y mejorar notas.
—¿Tiene un poco de tiempo?— Vicki preguntó directo. No quería cordialidades ni nada, quería saber una respuesta.
El director que no la esperaba de verla a esa hora, de hecho, se sorprendió de verla con el nuevo maquillaje, pero no le desgradaba, y le dio la bienvenida de forma cálida.
—Oh Vicki, para ti siempre
—Genial, ¿Podemos hablar de algo?
—Eh, sí, claro, ¿Qué es lo que te gustari—
—De lo que acordamos ayer, ¿Recuerda que quería mandarme a otra sección sosa del periódico sólo por mi "seguridad"
—Fue lo que hablamos, claro que lo recuerdo, y que ibas a tomar una decisión ¿Qué fue lo que decidiste?
La reportera lo miró con despreció, y su jefe pudo sentir el desprecio, lo supo cuando los de él hombros se escondieron un poco. Él estaba esperando una respuesta grosera al momento de ver su cara bañada en seriedad.
—No, no voy a sentarme. Voy a ser rápida. Y espero que no se moleste por decir la verdad
—¿La verdad?
—No me da mis notas como deberían de ser, siempre me las reduce a una columna, si acaso dos, además, la mayoría de mis notas están censuradas
—¿Censura dices?
—Me refiero a mi parte— Dejó caer el periódico en el escritorio lleno de otros periódicos —Me dijo que usara "Cómplice del sexo femenino" en mi noticia sugiriéndome que la "pobre" fue obligada por el Joker a cometer el crimen
—... No entiendo lo que dices, una señorita nunca haría algo así, es el Joker, Vicki
—Testigos afirman que ella fue la que inició el atracó, tomó una escopeta y disparó sin esperar órdenes del Joker, incluso gritó su nombre en voz alta, ¿Y usted me dice que sólo haga una columna porque el caballero oscuro hizo otra hazaña en otra parte de la ciudad?
Lo último lo decía elevando el tono de voz, esto puso los nervios de punta de su jefe.
—Wow Vicki, tranquilízate, sólo te ofrecí cambiar de sección por tu seguridad
—No necesito seguridad, yo puedo cuidarme
—Entonces no entiendo el punto de esta reunión, ¿Qué es lo que quieres?
La reportera sonrió al ver que podía obtener lo que quisiera.
—¿Qué quiero? Seguir con mi historia, déjeme escribirla sin censura, una página entera. Si no me deja escribirla, entonces iré a otro periódico que si le interese. Le recuerdo que es el Joker y una mujer que probablemente sea su amada
—¿Su amada? Que buen chiste, como si ese cabrón pudiera amar
—Al menos la mujer lo haría, ¿No?
El jefe de Vicki empezó a burlarse en voz alta.
—... ¿Crees que la gente le interese este tipo de historias?
—Por supuesto que sí, además, podríamos tener nosotros una nota impactante con material exclusivo
A partir de aquí, el jefe de Vicki dejó de tomarse el asunto como un juego. Si tenían exclusividad, significaba más clientes, más dinero. Era hora de tomarle la palabra a esa reportera.
—¿Material exclusivo? ¿De qué hablas?
—Sólo le diré que acapararemos tanto la atención que dejará de plagiarle las notas a sus colegas— Señaló todos los periódicos desordenados —¿Va a aceptar mi oferta o no?
La decisión por él estaba tomada. Pero temía dar el paso, prefirió esperar.
—...Lo vamos a ver Vicki... Lo vamos a ver...
Insatisfecha, salió de la oficina. A partir del segundo que la puerta detrás de ella se cerró estaba esperando impacientemente ese material exclusivo que le habían prometido.
...
Harley despertaba de su sueño, un mal sueño de hecho.
Giró su cuerpo sin ganas por la cama y miró la lámpara a un lado de ella. Estaba encendida, hoy si tenían luz eléctrica. Quería quedarse todo el día bajo las sábanas, pero si lo hacía podía causar preocupaciones, y no quería eso.
Con su corta pijama roja (La cual estaba confeccionada de nuevo con hilo blanco) salía de su habitación e iba a conseguir algo para su estómago vacío. Fue después de eso que se dio cuenta que la casa estaba en soledad.
—¿Sr. J? — Igual preguntó en voz alta sólo para asegurarse, a cambio, recibió como respuesta el silencio. Después de desayunar algo dulce decidió esperar a Arthur. En la espera, puso el tocadiscos de la casa, buscó entre vinilos viejos algo para pasar el rato. Sólo había música antigua, y no era algo que le desagradaba, le gustaba, pero extrañaba escuchar música actual o de su adolescencia.
Encontrando un vinilo de una cantante de su infancia, decidió usarlo. Mientras escuchaba a Lesley Gore cantar practicaba un poco de gimnasia, sólo para no perder la elasticidad de su cuerpo. Terminando de practicar se dijo a sí misma que debía de aprovechar la electricidad en casa.
Fue su habitación y empezó a inspeccionarla, no se había dado el tiempo de saber que había dentro de esa habitación. No había nada en los cajones ni en el armario, así que podía aprovechar ese espacio para almacenar todo su guardarropa.
En la estantería había una que otra muñeca antigua de porcelana y pocos libros, le llamó la atención uno de ellos y lo bajó, era el libro "Desayuno en Tiffany's", un libro que le recordaba a una de sus películas favoritas. Tarareo "Moon river" por unos segundos y volvió a dejar el libro en la estantería.
En el tocador había pocas cosas, un cepillo, una caja musical, un perfume el cual tenía aroma a durazno. A ese punto su ropa ya estaba almacenada en la habitación y ahora en el tocador lucían su caja de maquillaje, su labial rojo, su pistola favorita y su inseparable navaja.
Aún con la luz eléctrica a su servicio, fue a la cocina, iba a hacer un poco de comida para la cena. Incluso preparó algunos pastelitos y pudín de chocolate. No era fecha especial, pero ¿Por qué no hacerlo? Una pequeña sorpresa para él. Eran ellos dos en esa casa, y hacía tiempo que no había hecho algo así.
Cuando terminó de hacer los alimentos, fue a buscar un lindo vestido, después se maquilló, asegurándose de resaltar su belleza, que bien era maquillarse de forma normal. Amaba su maquillaje de payasa, pero antes de ser payasa era una mujer que le gustaba sentirse bonita.
Vestida, arreglada e incluso con el aroma de aquella botella vieja de perfume, Harley bajó y sólo quedaba esperar.
El día pasó rápido. Muy rápido, pero esto no calmaba a Harley.
Harley empezaba a preocuparse por la ausencia de Arthur, sabía que Arthur no tenía un horario en especial, pero había estado ausente la mayor parte del día. También sabía perfectamente que no le gustaba a Arthur que los demás se entrometieran en sus asuntos, pero Harley quería estar segura de que todo estaba bien.
Sin hacer mucho ruido, Harley entraba al despacho, una de las habitaciones que Arthur marcó como suyas. Al entrar vio una maleta negra sobre el escritorio. Miró atrás un poco antes de adentrarse en un sitio que no debía de estar. Acercándose al escritorio, abrió la maleta, curiosa, como siempre.
No había nada en especial, nada que sospechar, tomó dos de los tres libros de la maleta.
—"La naranja mecánica"— Leyó el título de uno en voz baja —"Lolita"— Leyó el segundo título. Ambos los había leído cuando estudiaba en la facultad de psiquiatría. Mierda. Recordó la universidad, otra época manchada de recuerdos desagradables. Maldita sea, ¿Es que por cada buen recuerdo que atesoraba debía de tener 10 malos recuerdos que quería tirar a la basura lo antes posible?
Dejó caer los dos libros y tomó entre sus manos el restante. Abrió el libro y se encontró con la sorpresa de que era un libro hueco. Descubrió la pistola y la nota. Leyó la nota.
Eso era la razón de su ausencia, tenía un nuevo trabajo. Y esto puso a Harley de mal humor. Sabía que a veces Arthur no la contemplaba en su trabajo, pero cuando tenían que hacer algo peligroso. Pero esto no lo consideraba peligroso.
En ese segundo se percató que en los anteriores crímenes Joker si la estaba desplazando poco a poco. No sabía si fue por lo que ocurrió en el congreso de odontólogos o en el banco por haber gritado primero su nombre y después el de él.
Harley estaba molesta, se molestaba cuando Joker la hacía de lado de sus planes, y luego se sentía mal, rechazada y culpable.
"Puede que a veces parezca tonta, pero puedo ser la mejor criminal, incluso la mejor de tu ejército, si tan sólo me dieras la maldita oportunidad..."
Dejó caer el libro en la maleta y la cerró de forma brusca. Salió del despacho azotando la puerta.
Se hizo hasta altas horas de la noche. Harley estaba sola en la mesa del comedor, aún arreglada de pies a cabeza, con toda la cena preparada. El tocadiscos seguía dando vueltas, pero ya no había canción que tocar.
El reloj marcó las 11:11, la campana retumbaba las paredes, Harley estaba comiéndose ya el pudín. El suyo no iba a llegar a cenar.
Cuando las campanadas dejaron de sonar, ella se levantó de la mesa, dejó escapar el aire acumulado en sus pulmones, tomó el plato con el pudín y en un arrebato de ira lo tiró contra la pared. La palabra "enojada" le quedaba corta. Guardo toda la cena en el frigorífico. Vio la pared manchada de color café. No tenía nada que decir.
El vestido que decidió usar para la cena estaba destruido a los pies de su cama. En el baño, una de las toallas estaba manchada de maquillaje. Y parte de su maquillaje en el suelo del baño.
Durmió Harley de nuevo en su habitación. Era extraño el sentimiento. Molesta y preocupada a la vez. De hecho, la preocupación llegó cuando su mente dejó de estar tan nublada. Tal vez había pasado por algo, tal vez estaba en peligro, Pero ¿Cómo lo sabría?
Empezó a dar vueltas por la cama, sus párpados se cansaron y se cerraron, y era muy peligroso dormir de forma intranquila.
Sus sueños volvieron a estar de nuevo confusos. Tan confusos como horribles. Sólo rememorando las partes espantosas de su vida. Ya no quería eso más. Había sido feliz sólo pocos meses, ¿Es que la felicidad duraba poco realmente?
"No más, por favor, no más, por favor, ¡Ya no!"
Harley despertó de golpe y lo primero que hizo fue tomar el arma que estaba debajo de su almohada, la que tenían por si alguien llegaba a atacarlos.
Apuntó a quien estaba enfrente.
—Tranquila muñeca, soy yo— Arthur estaba enfrente de ella de pie. Siempre con una sonrisa en su cara.
—Oh pudín, me has asustado— Harley bajó la guardia, al igual que su pistola. Todo estaba en orden.
No, no lo estaba, por supuesto que no había olvidado la decepción de anoche, aún estaba descontenta con él.
—Te traje el desayuno, dormilona— Arthur tenía una bandeja en sus manos. Sólo así se había dado cuenta que ya era de día. Pero eso no la dejaba desorientada. Estaba ahí él con el desayuno ¿En qué momento se volvió detallista?
Ahora Harley no sabía cómo sentirse al respecto con Arthur. Él se acercó y puso la bandeja cuidadosamente en dónde Harley se encontraba.
Vio en él plato un collar, unos aretes, un brazalete y un anillo.
—¿Eh?— Confusa, miró Arthur —... ¿Qué es esto?
—Dijiste que una de tus películas favoritas era "Desayuno en Tiffany's"
Al entender el chiste, Harley empezó a reírse.
Quedó un poco liada, ahora no podía estar enojada con él, supuso que podía dejar pasar el enojo de la noche anterior, pues realmente no había razones para estar molesta. No era su cumpleaños o aniversario, o alguna fecha en especial, sólo era una sorpresa.
"Una que hice con el corazón..."
Su corazón se quebró un poco al tener ese pensamiento, pero sonrió.
—Pudin, eres tan... Oh, eres un tontuelo
—No me gusta explicar el chiste, pero tengo que decirte que asalté la joyería para hacer este chiste
—No lo dudaría Artie... No dudaría qué harías algo así
—Bueno, ¿Vas a comer o no?
Harley sonrió a Arthur, tomó las joyas y empezó a ponérselas en cada lugar de su cuerpo que les correspondía. Cuando hizo esto, Arthur tomó la bandeja y la puso en el suelo, y de ahí tomó otra bandeja con comida.
—Te ves más resplandeciente con eso que tienes puesto
—Gracias pudín...— Las mariposas volvieron a revolotear en su estómago, Harley empezó a comerse su desayuno. Los estaban en silencio, cuando Harley notó que Arthur no le quitaba la mirada de encima, aún después de que se sentara cerca de ella—¿Que me ves?
—¿No vas a preguntarme el porqué de mi ausencia?
Era cierto. Bueno, Harley tenía una noción del porqué había desaparecido el día anterior, pero quería escucharlo de él.
—¿Porque ayer te ausentaste tanto, pastelito? Me preocupe mucho por ti
"Y me enojé también".
Arthur tuvo una sonrisa de oreja a oreja.
—Dentro de poco tendremos mucho trabajo, ¿Recuerdas el incendio? Asesiné al enemigo de alguien, y ese alguien quiere contactarme, dice que quiere hacer tratos conmigo. Que locura, ¿No?
—¿De verdad? ¡Wow! Eso es... Fantástico...
—Y quiero que estés ahí. Te va a servir de mucho como lecciones que debes de tomar
Harley tembló. Incluso llegó a pensar que él podía leer su mente.
—¡Gracias, pudín!— Al menos agradecía que finalmente le estaba dando reconocimiento y confianza en los asuntos criminales.
—Por nada, muñeca— Ahora ese apodo la ponía nerviosa. Pero disimuló perfectamente —Ahora quiero que uses tu vestido favorito y te maquilles, me dieron un par de regalos y hay que aprovecharlos
—¿Regalos, enserio? Que agradecidos contigo... Espera, ¿Que regalos son?
Arthur se levantó de la cama y salió del lugar de Harley. Regresó con la misma maleta y le mostró todo. Harley se estaba preguntando si era buena actriz, pues fingía estar sorprendida y curiosa, tocando cada regalo y observando sus detalles.
—Esto también fue un regalo— Arthur abrió el libro hueco y le mostró la pistola. También le mostró la nota, Harley la leyó y no pudo evitar felicitar a Arthur al final. Él le mostró otro regalo más a ella.
—¿Una cámara?
—Sí, por eso quiero que te vistas con lo mejor que tienes, quiero practicar con esta cámara, ¿Qué opinas?
El primer pensamiento de Harley fue "Que bueno que no destruí el maquillaje de fantasía ni mi labial".
Y segundos después, como una bala a toda velocidad, a Harley se le ocurrió algo que era bastante loco. Y divertido.
—Hey pudín, ¿Y si enloquecemos a Gotham, otra vez?
La sonrisa de complicidad se hizo presente en ambos.
—¿Que tienes en mente, muñeca?
Harley le dijo la idea a Arthur. El rió, dando su aprobación. Era hora de poner en marcha esa demente idea.
...
Unos días después, las cosas en Gotham no mejoraban para nadie.
Renée caminaba por Gotham, se dirigía al D.P.G.C. Cada día en ese lugar todo se volvía más difícil.
Antes de cruzar una avenida notó que en un puesto de revistas había una aglomeración vuelta loca, todos comprando el Gazette de Gotham. Ella se acercó un poco, quería saber porque todos compraban ese periódico.
A ver la verdadera razón por la cual todos querían ese periódico se cortó su respiración.
15 minutos después, Renée corrió hasta la oficina.
—¡Burke! ¡Burke!— Fogosamente y llena de sudor, Renée corría hasta al escritorio de Burke, el encargado del caso de Joker. Este quedó consternado al verla así, pues Renée no era de esa forma, al menos que algo bastante serio haya pasado.
Y fue algo que presintió
—Renée, ¡¿Pero qué es lo que pasa?! ¡¿Esta todo bien?!
—Burke, lee esto, lee el maldito periódico, lee esta parte— Casi le tiraba el periódico en la cara, de no ser porque Burke lo tomó antes de que ella lo hiciera. Un poco asustado, Burke empezó a buscar la parte en la que Renée se refería.
Oh no.
Renée tenía razón.
—¿Qué carajos? ¿Qué es...? Oh por Dios...
En el Gazette de Gotham estaba publicada un artículo especial acerca de todo lo que había hecho Joker, y ahora se mencionaba sobre su nueva compañera, con su nombre escrito. Y por si eso fuera poco, el artículo en si no era lo que llamaba la atención, lo que realmente estaba alterando a la gente era una serie de fotografías, todas eran de Joker y Harley Quinn, posando diferente con armas, con sus trajes y burlándose.
"Joker y Harley Quinn: La pareja que reina el crimen en Ciudad Gotham"
Era el título del artículo.
—¡¿Pero qué carajos es esto?! ¡Mierda!— El resto de detectives en la sala, que eran Harvey y Jackson, se acercaron al escuchar el alboroto. La reacción fue igual para ambos detectives, o al menos para Jackson, Harvey se concentró en las fotografías, pues les parecía demasiado familiares.
—Oigan, yo he visto esas fotos antes—
—¿En dónde las has visto y porque carajos no nos has dicho nada?
Recordó de dónde eran. Pero no estaban ni Joker ni Harley en esas fotos.
—Más respeto Burke. Las he visto antes porque no eran ese par de enfermos mentales, eran otras personas. De hecho, era otra pareja que también le trajo migraña a la policía de aquel entonces
—¿Que otra pareja?
Harvey quiso sonreír. A pesar de ser unos desgraciados, los dos tenían una maldita creatividad que podía admirarse en secreto.
—Bonnie y Clyde, esa pareja. El Joker y Harley Quinn recrearon las mismas fotografías que Bonnie y Cylde
A veces creían que ya nada los iba a sorprender. Habían visto tantos crímenes, tanta tragedia, tantas cosas, que nada ni nadie los iba a sorprender.
Y llega el par criminal a demostrarles lo contrario.
—Demonios... No van a negar que no tienen estilo
—Jackson, guárdate tus comentarios— Renée le llamó la atención, que seguía atónita —Burke, debemos de ir a las oficinas de este periódico, tenemos que empezar a investigar de donde demonios sacaron esas fotografías, y porque no nos llamaron a nosotros en un principio
—Soy sólo yo en este caso, pero está bien, necesitaré compañía si las cosas se ponen duras
—Deberían ir de una vez...— Harvey habló mientras dejaba escapar el humo de su boca después de fumase su cigarrillo —...Si es que esta muchacha tiene síndrome de Estocolmo, deberían de atraparlos antes de que su locura escale y se vuelva irreversible
—Harvey, perdón que te lleve la contraria, pero...Mierda... Creo que esto ya es irreversible...
Y todos tenían razón.
A partir de esa publicación, el crimen se elevó por los aires, la mayoría, si no es que todos, eran orquestados por el Joker, y siempre estaba acompañado de su Arlequín.
...
""Bonnie and Clyde were pretty lookin' people
But I can tell you people they were the devil's children,
Bonnie and Clyde began their evil doin'
One lazy afternoon down savannah way
They robbed a store, and high-tailed outa that town
Got clean away in a stolen car,
And waited till the heat died down
Bonnie and Clyde advanced their reputation
And made the graduation
Into the banking business.
"Reach for the sky" sweet-talking clyde would holler
As bonnie loaded dollars in the dewlap bag,
Now one brave man-he tried to take 'em alone
They left him iyin' in a pool of blood,
And laughed about it all the way home.
Bonnie and Clyde got to be public enemy number one
Running and hiding from ev'ry american lawman's gun.
They used to laugh about dyin',
But deep inside 'em they knew
That pretty soon they'd be lyin'
Beneath the ground together
Pushing up daisies to welcome the sun
And the morning dew..."
— Georgie Fame - "Ballad of Bonnie & Clyde".
