16

El clima era un poco frío aquel día, pero no lo suficiente para no disfrutarlo.

Su padre estaba fuera, siempre en una reunión de trabajo, en una rueda de prensa o en un acto de beneficencia al cual no podía ir. Trataba de entenderlo, siempre le pedía perdón cuando no podía jugar con él, pero tenía una buena razón que cada vez que podía se lo decía "Hago esto por el bien de Ciudad Gotham, la ciudad ha perdido su camino, y debo de ayudarlo a retomarlo". Podía comprenderlo, podía entender a su padre.

Su madre, la mujer más amorosa y cariñosa del mundo estaba en casa, pero ese día tenía migraña y se sentía muy indispuesta para acompañarlo.

Pero cuando sus padres no podían, siempre estaba el mayordomo fiel de la casa, que se convirtió en uno de sus mejores amigos a su corta edad.

Alfred estaba cerca de la zona de juegos hecha especialmente para Bruce, este estaba jugando. A veces su papá le decía "Tienes 12 años, disfruta el tiempo que te queda, algún día te volverás un hombre", así que hacía eso, disfrutar el tiempo que le quedaba.

—¡Bruce!— Escuchó la voz de Alfred, asomó su cabeza por una de las ventanas de la casita de madera —Tu madre me llamó, enseguida vuelvo, ¡No te acerques a la reja!— Antes de que pudiera dar su respuesta, Alfred corrió lejos de la vista de Bruce.

Sin nada más que decir, siguió a lo suyo, siguiendo lo que sus padres le dijeron, disfrutar antes de que se convirtiera en un hombre.

Seguía jugando, le gustaba jugar a ser El Zorro, el forajido enmascarado. Peleaba contra enemigos imaginarios, y siempre que los "vencía", marcaba la Z en el pecho de ellos. Lo admiraba y quería llegar a ser como él, ser intrépido, valiente y admirable.

Pronto iban a estrenar una nueva película de este héroe que admiraba, sus padres no dudaron en prometerle que irían a ver esa película juntos.

Dejó de jugar eso, se había cansado, así que sólo empezó a jugar otras cosas en la casa de madera iluminada por pequeños focos ámbar.

De repente, algo dentro de él le dijo que pararan de jugar, que no estaba solo. Y era cierto, no estaba solo.

Del otro lado del muro de su casa estaba acercándose un extraño hombre, alguien que lucía muy cansado. Su atención se fijó en él. El hombre de repente desapareció, agachándose bajo el muro, para volver a aparecer con una nariz roja de payaso en su cara. Y una sonrisa, por supuesto.

Bruce siempre había escuchado de sus padres "No hables con desconocidos, no todos son buenas personas", pero, ¿Qué podría salir mal en esta ocasión?

Empezó a seguirlo, realmente sentía una curiosidad inexplicable y quería saber quién era. Se dio cuenta que se estaba acercando a la reja, y recordó las palabras de Alfred. Pero era un payaso, ¿Se podía confiar en un payaso?

Usando el tubo, bajó de la casita y llegó a la reja, vio al payaso de nuevo, ahora con una varita mágica. Se sintió ligeramente ofendido, sabía que él era un niño, pero no era tan pequeño para creer en esas cosas, sin embargo, por respeto, decidió dejar que el payaso siguiera con su número.

Su varita mágica no funcionaba, el payaso estaba preocupado, se la dio a Bruce, el la tomó y se flaqueó volviéndose de goma. Escuchó una ligera risa, pero a Bruce no le hizo gracia el truco, a pesar que era un payaso, seguía siendo un desconocido. Se la entregó de vuelta, el payaso la "compuso", hizo un pequeño baile y finalizó volviendo a agitar la varita, saliendo flores de esta. Eso si le sorprendió, e incluso le gusto, pero no sonrió.

Tomó las flores, y mientras las admiraba, el payaso se arrodilló para estar a su altura.

—Hola— Se retiró la nariz de payaso —¿Cuál es tu nombre?

Sabía que no debía dar su nombre a desconocidos, pero a estas alturas, ¿Quién no sabía que el era Bruce Wayne? Así que era algo que le daba igual.

—Soy Bruce

—Bruce... Soy Arthur

Bruce no dijo nada al respecto. Sólo veía la cara de Arthur, lucía triste.

Las manos de ese tal Arthur fueron a su rostro lentamente, a las comisuras de su boca, y empezó a hacer una sonrisa.

Bruce no entendía lo que estaba pasando, sólo vio la sonrisa apenada de Arthur, y no sabía cómo decirle que le estaba lastimando ni preguntarle si no le daba asco tocar saliva que no era suya.

—Así está mejor...

—¡Bruce! ¡Bruce! — Oh no, Alfred le había dicho que no se acercara a la reja, no quería recibir un regaño —¡Aléjate de ese hombre! — Alfred tomó a Bruce y lo alejó de Arthur.

A partir de ese momento, ese recuerdo empezaba a tornarse borroso. A pesar que prestaba atención a la plática de los dos adultos, no podía saber de qué estaban hablando, no los podía escuchar.

—...Es mi padre— Fue lo único que alcanzó a percibir, antes de que Alfred se burlara y ese extraño hombre lo atacara —¡Me abandonó! — Y cuando Bruce vio a Arthur ahorcándolo, este sintió la necesidad de demostrar que podía ser un buen Zorro. Estaba a punto de gritar que lo dejará en paz, pero Arthur lo miró, y se paralizó de miedo. No podía moverse. Como si esa mirada lo hubiera embrujado a no mover ni un solo dedo.

Dándose cuenta del problema en el que iba a meterse, liberó a Alfred. Arthur huyó lejos.

Bruce miró a Alfred asustado, sintió que eso había sido su culpa, por acercarse a la reja y por hablar con desconocidos. Alfred sólo lo tomó del hombro y fueron a la mansión.

Cuando regresó su padre, Alfred le dijo todo. Bruce estaba listo para un sermón de su padre. Pero sólo vio preocupación en su cara.

—Bruce, hijo, ¿Puedes venir por favor?

Ahí iba el sermón, a veces podía ser demasiado duro con eso. Bruce se acercó temeroso a su padre, pero lejos de ser regañado, este lo tomó de sus hombros, y con ese tono de voz tan calmado y afectivo que conocía de él, le hizo una pregunta.

—Bruce, ¿Qué te dijo ese hombre? ¿Te dijo algo acerca de quién es su papá?

—No papá, estaba haciendo un truco de magia, y me dijo su nombre, me dijo que se llamaba Arthur

—¿Alcanzaste a escuchar algo de lo que hablaron ese tal Arthur y Alfred?

—No... Sólo escuché que alguien era su padre y que lo abandonó. Creo que vino a pedirnos ayuda papá, ¿Crees que podemos dársela?

El semblante de su padre, que estaba perdiendo color, volvió a adoptar su color de piel original. Dejó escapar el aire de su nariz y sonrió.

—No, lo lamento Bruce, es un hombre que está loco. No podemos ayudarlo

—Oh, ¿Cuándo seas alcalde podrás ayudarlo?

—Ayudaremos a muchas personas cuando sea alcalde, no te preocupes

—¿Crees que entre esas personas este Arthur?

La desesperación de su padre se hacía más grande cada vez que Bruce tenía que mencionar ese hombre.

—... Tal vez hijo, ya no hablemos de ese tema, mejor cuéntame, ¿Qué es lo que quieres para Navidad?

Bruce, aún con la preocupación de Arthur en su pecho, empezó a contarle los juguetes que quería de Navidad.

Esa noche, cuando se encontraba más tranquilo, Bruce se acercó a Alfred, quién se miraba a un espejo su cuello por debajo de su camisa.

—¿Alfred?

—¿Si, Joven Bruce?

—Quería pedirte perdón

—¿Por qué Bruce? — Alfred se volteó hacía él un poco preocupado.

—Me dijiste que no me acercara a la reja, y eso hice, también perdón por hablar con extraños, si no lo hubiera hecho, Arthur no te hubiera lastimado

—Hey Bruce— Alfred se agachó, tomando a Bruce de los hombros —Esto no fue tu culpa, lo que pasó no fue tu culpa, ¿Me escuchaste? Ahora, quiero que olvides lo que pasó hoy, y quiero que olvides también a ese loco

—Pero, ¿Por qué te burlaste de él cuando te dijo que su padre lo abandonó?

—... Es porque fue una tontería lo que dijo, ¿Ok? No te preocupes más por eso, quiero que pienses que este mes será cuando se estrene la nueva película del Zorro, ¿O acaso ya lo olvidaste?

—No, per—

—¡No! No lo olvides, y te diré un secreto: Esta vez, tu papá va a ir contigo y con tu mamá

Los ojos de Bruce se iluminaron al escuchar eso.

—¡¿De verdad?! ¡¿Papá va a ir al cine conmigo?!

—Sí, dijo que tenía un evento importante ese día, pero que preferiría pasar el tiempo con su familia

La sonrisa de Bruce fue de felicidad.

—¡Sí! ¡Será el mejor día del mundo!

...

Bruce abrió sus ojos, siempre los abría antes de que llegara el recuerdo de esa ida al cine con sus padres. No quería darse el lujo de volver a revivirlo.

La herida en su torso aún seguía fresca, trataba de no moverse mucho. Eso sí, se levantó y fue al espejo de su habitación, mirando la herida.

Alfred llegaba con el desayuno,

Recibía el sermón de Alfred de no levantarse y andar como si nada con una herida así.

—He recibido heridas peores cuando era más joven Alfred, esto es como una raspadita para mi

Bruce estaba de nuevo en su cama, desayunando los panqueque que Alfred le había preparado. Estaba tranquilo, bastante tranquilo.

—Le dije que ese traje era demasiado frágil, si una navaja sencilla pudo atravesarlo, podría cualquier cosa

—Sólo usó mucha fuerza, es todo

—¡Es eso! Una mujer usó toda su fuerza y pudo atravesar tu traje, ¿Qué será cuando sea una bala que va a toda velocidad?

Bruce reflexionó un poco las palabras de Alfred. Si bien en ocasiones podía llegar a ser muy aprensivo con sus sermones y llamadas de atención (Que le recordaban a su padre), era muy rara la vez que no tenía la razón. Y esta vez no era la excepción.

—Necesito entonces volver a hacer otro traje, tengo que ser rápido antes de que anochezca, ¿Qué horas tienes Alfred?

—¿De que hablas? Estas herido. De ninguna manera, tienes que tomar reposo. Por el traje puedes preocuparte después, puedo encargarme de eso si crees que—

—Alfred... Tú sabes porque razón debo de volver esta noche a Gotham...

—Oh... Bruce...— Alfred se sentó al lado de Bruce —¿Es por todo ese embrollo de Joker y la Dra. Quinzel?

El silencio ensordecedor fue la respuesta, silencio más pesado que toneladas. Pero Bruce volvió a confirmárselo a Alfred.

—Joker sigue fuera de Arkham. Sabes todo lo que ocurre en Gotham cuando él está libre

—Bruce... Entiendo que quieras detener a ese... payaso psicótico, pero eso es obligación del Departamento de Policía, no tuyo

—No. No lo es, pero mi deber detenerlo

—Tu deber, ¿Eh?

—Sí... Mi deber...— Apenas dijo esas palabras, Bruce cerró sus ojos. Recordó cómo inicio todo.

...

Habían pasado semanas del funeral, Bruce se levantaba gritando por las noches, gritado a sus padres que, por favor, no sé fueran.

Sus pesadillas eran lo mismo. El, temeroso, saliendo del cine, viendo a lo lejos la limusina de su familia en llamas, bajo el cobijo de sus padres. No entendía que estaba pasando, y no sabía porque muchas personas tenían máscaras de payaso.

—¡Por allá! — La voz de su padre se escuchaba tan distante, corrieron al callejón.

Ahí dentro iban a estar bien, iban a estar a salvo. Estaba con su papá, con su mamá, si ellos estaban con él, todo iba a estar bien.

—¡Hey Wayne! — Recordó como todos voltearon hacía atrás, la imagen que lo perseguiría por años en sus peores pesadillas: Un manifestante con mascara de payaso los estaba apuntando con una pistola —¡Tendrás lo que putas mereces!

Un disparo. El grito de su madre lleno de dolor. El cuerpo sin vida de su padre cayendo al suelo.

Paralizado, volvió a estar paralizado.

Otro disparo. Su cara esta vez se manchó de la sangre de su propia madre. Perlas cayendo al suelo. El cuerpo de su madre sin vida caía al suelo junto con las perlas.

El manifestante quedó de pie frente a Bruce, con un collar de perlas en su mano izquierda y un arma en su mano derecha. Sin tener más valor, se dio la vuelta y desapareció entre el caos y la destrucción.

Paralizado de pies a cabeza. Como si el tiempo se detuviera a su alrededor. No supo cuánto tiempo había pasado, hasta que la realidad cayó a sus hombros.

Mamá y Papá están muertos, están muertos, y los asesinaron. Mataron a mamá y a papá.

Cayó de rodillas al sentir el dolor en su corazón atravesándolo como una espada, y un grito desgarrador inundó el callejón.

Ese mismo grito traspasaba las paredes de su habitación. Alfred corría apenas lo escuchaba, y por más consuelo que intentaba darle, no había nada que pudiera sanar su corazón.

Siempre había guardias de seguridad en la mansión, era evidente, desde el evento de la muerte de los Wayne hubo un antes y después en Ciudad Gotham. Muchos sabían que el pequeño hijo del matrimonio Wayne quedó huérfano, y muchos con sed de venganza, muchos que hubieran querido accionar ese gatillo y no pudieron, querían hacerlo con el pequeño Bruce.

Pero en vez de balas, mandaban paquetes y cartas extrañas. Alfred intentó destruir toda evidencia, pero fue inevitable que Bruce se enterará sobre como era realmente visto su padre ante la sociedad, un millonario egocéntrico que sólo buscaba la alcaldía de Gotham para tener más poder sobre la pobre gente de la ciudad.

Ver como era su padre le partió el corazón. Creía saber que el de verdad quería ayudar a las personas, eran los valores que sus padres les habían enseñado por años.

Todo destruido en mil pedazos.

Y ver la ciudad donde había crecido también destruida en millones de pedazos, fue demasiado para el joven Bruce.

Fue en una noche, mientras Bruce merodeaba por el enorme patio de su casa, pisando la nieve debajo de sus pies. Alfred lo miraba de lejos, preocupado por el estado de salud mental del pequeño.

¿Qué podía hacer ahora que no tenía razones para continuar? Todo lo que creía de sus padres era mentira, todas las enseñanzas no significaban nada. Gotham estaba siendo consumida por el crimen y el caos.

Se sentó, tomando una rama de árbol, pensar que hace meses jugaba a ser el Zorro, y ahora ya había dejado de ser un niño.

Recordaba eso, "Tienes 12 años, disfruta el tiempo que te queda, algún día te volverás un hombre". Nunca esperó que fuera de golpe, y que el golpe fuera tan duro, que doliera hasta el alma.

Se sentó en una banca y dibujaba en la nieve garabatos sin sentido.

Las lágrimas se volvían cristales cuando salían de sus ojos. ¿Qué podía hacer para calmar esa enfermedad horrible llamada sufrimiento?

Un chillido lo alertó, cubriendo su cabeza con sus manos. Elevó su cabeza cuando creyó que el peligro había pasado. En realidad, en la nieve había un murciélago que sólo paraba para descansar.

Esto le llamó la atención a Bruce, que lo único que provocó en él fue levantarse, veía como el pequeño animal caminaba en la nieve, o al menos lo intentaba. Se volvió a elevar hasta llegar al fondo del jardín.

Bruce lo siguió, a pesar de los copos de nieve que caían sobre el y como el frío empezaba a empeorar.

Escuchó a Alfred gritarle que regresara, pero no prestó atención. Hipnotizado por ese animal, entró entre los árboles hasta volverse uno con la oscuridad.

Caminaba como si supiera a donde ir, como si una voz le dijera que dirección seguir. Estaba muerto en vida, ¿Cómo es posible que un niño de 12 años pueda estar muerto en vida?

Cerró sus ojos.

"Venganza"

Repentino, fue lo que tal vez quería en ese momento. Venganza, quería vengar a sus padres. A pesar de que no fueron las mejores personas de Ciudad Gotham, eso le daría sentido a su vida, deseaba vengarse de quién les hizo daño.

¿Quién les hizo daño?

"Noche"

El manto oscuro de la noche lo acobijaba en ese momento. La noche siempre fue su favorita, podría ahora ser su aliada.

Recordaba porque su padre quería postularse para ser alcalde, siempre se lo decía, ciudad Gotham perdió su rumbo y se sentía con el deber de salvar a la ciudad.

Podría hacer lo mismo, podría salvar a su ciudad, pero no de la misma forma que su padre planeaba hacerlo.

Alaridos obligaron a que sus ojos se abrieran, cientos de murciélagos salieron de los arboles y empezaron a volar hacía al cielo, Bruce los observó elevarse, remontarse, como sus siluetas se marcaban al pasar por la luna.

Era como si en la oscuridad siempre existiría un rayo de luz.

Y fue justo en ese instante supo lo que debía de hacer. Supo cómo salvar a Ciudad Gotham.

Supo cómo vengar a sus padres.

—Sí padre...Seré un murciélago

...

Alfred no estuvo del todo de acuerdo con la idea, pero sabía que Bruce necesitaba curar su luto, y si eso era la catarsis que necesitaba su alma, que así fuera.

Bruce viajó al extranjero por años, esperando que todos en Gotham lo olvidarán. Sabía que no iba a ser fácil, pero si quería convertirse en el murciélago, debía de superar todas las pruebas que iban a presentarse.

Fueron 7 años fatídicos, apáticos, llenos de dolor.

Pero también llenos de aprendizaje, paz y sabiduría.

Su regreso fue todo un escándalo, todo el mundo quería saber donde se había ocultado el heredero de la jugosa fortuna de los Wayne, incluso algunos querían saber si también heredaría la arrogancia e ineptitud del Wayne mayor.

Afortunadamente, Bruce Wayne no era como su padre, Thomas Wayne.

Bruce era consciente de la opinión pública de su padre, él en cambio, intentó hacer lo mejor, limpiar su apellido. No iba a ser fácil ganarse la simpatía de los ciudadanos, de hecho, creía que eso nunca iba a pasar. No importaba, iba a ayudarlos de diversas formas. No de la manera que ellos esperarían, pero lo iba a hacer.

Sin embargo, a pesar de todo lo vivido, no se sentía preparado para ser el murciélago. Aún.

—¿Quieres decir que has pasado todos estos años fuera sólo para decir que no quieres ser el murciélago? — Alfred se encontraba con la boca abierta, incrédulo de las palabras de Bruce.

—No es que no quiera serlo, pero aún no soy merecedor de serlo— Bruce miraba a Alfred, inseguro de sus palabras.

—¿Qué? ¡Pero Bruce! — Iba otro sermón disfrazado de ser estricto pero lleno de cariño y comprensión de parte de Alfred. Bruce cerró sus ojos y sonrió.

—Alfred... Primero tengo que reconocer esta ciudad, pasaron cosas en mi ausencia, y debo de informarme de todo lo que está pasando

Bruce caminó al balcón, viendo a lo lejos la ciudad.

—Bruce... ¿Qué harás entonces?

Aun con el conflicto dentro de él, debía de seguir firme en su decisión.

—No te preocupes Alfred, me verás como un crío todavía, pero ya no soy ese niño de 12 años que viste partir, y aunque no lo creas, tengo un plan para eso

—¿Un plan? Me estoy poniendo nervioso

Bruce dejó escapar una pequeña carcajada, aún le daba ternura la preocupación de Alfred.

—No te preocupes, será algo sencillo. Primero, tendré una semana exacta para ponerme al corriente con todo, como se ha escrito la historia de Gotham en estos años. Cuando sepa eso, me volveré una especie de... Vigilante

—¿Vigilante?

—Sí, si voy a volverme el murciélago debo de tener mínimo experiencia, ¿No es así?

—Creo, creo que sí Bruce... Creo que sí... Pero—

—Alfred, yo se que soy joven, pero no soy un niño, ya no soy un niño...— Esas palabras quedaron incrustadas en lo más profundo de su cabeza —Lo siento por haberme ausentado tanto Alfred. Te prometí que sólo serían 3 años y se extendió más de lo planeado

—Mi muchacho, es lo menos que te debes de preocupar. Te extrañé muchísimo, como no tienes idea, pero tenías tus prioridades claras y yo comprendí eso. Tomaste el tiempo necesario para sanar tu corazón Bruce, pude esperar toda mi vida de haber sido necesario

Bruce, con una sonrisa más grande en su rostro, y sus ojos volviéndose acuosos, abrazó a Alfred con todo el cariño del mundo.

Así fue, la primera semana, Bruce estudió todos los casos criminales que habían ocurrido en esos 7 largos años en Gotham. Y vaya historial que tenía Gotham.

Sin embargo, algo inesperado ocurrió al día siguiente de su llegada.

INSÓLITO: EL JOKER ESCAPA DE ARKHAM

EL PÁNICO SE APODERA DE CIUDAD GOTHAM

Fue el título de la primera plana del Gotham Gazette.

Bruce leía detenidamente la nota.

—Vaya bienvenida a Gotham, ¿No, Joven Bruce?

—Yo... Tengo un vago recuerdo de él... Lo recuerdo... Pero, sólo a través de las máscaras

—Es alguien peligroso Bruce, muy peligroso. Sabes que la policía de Ciudad Gotham se encargará de él

—Sí... Quizá lo hagan... Pero, tal vez necesiten ayuda

—Bruce...

—Sólo digo, tal vez cuando sea el murciélago...

...

Vestido de negro de pies a cabeza, acompañado de una gabardina oscura, una bufanda que cubría la mitad de su cara, un antifaz, un sombrero, y un cinturón que contenía un par de pequeñas bolsas, Bruce estaba listo para proteger a Gotham del crimen.

Al principio, Bruce se encontraba nervioso, pero después de detener a unos ladrones que allanaban un departamento con dueños ausentes, pudo calmarse, y saber de que sí podía ayudar a Gotham.

Fueron días donde el Departamento de Policía de Ciudad Gotham se volvió loco. Creían que quién estaba detrás de esto era otro loco con disfraz. Al menos este loco estaba de su lado. Siempre había criminales amarrados a postes, encintados de sus tobillos, muñecas y boca.

Algunos dentro del departamento incluso empezaron a preguntarse sí ese héroe que necesitaban, si él podría ayudarlos con la ola de crímenes.

El Comisionado Gordon era el que estaba más reacio a eso. No quería formar lazos con ese héroe, de hecho, en sus palabras "No es un héroe, es sólo un justiciero".

No fue una noche en su departamento cuando ese justiciero apareció en la puerta de su departamento.

Gordon le apuntaba con una pistola apenas abrió la puerta y miró al vigilante del que estaba en boca de todos.

—¿Vienes a amenazarme a mi o a mi familia?

Gordon estaba preparado por si aquel extraño demente estaba por atacarlo. Pero recibió algo más que un ataque.

—Gracias Comisionado Gordon. Muchas gracias por lo que hizo por mi

—¿Qué?

—Por un momento no sabía porque, pero años después pude entender la tardanza, aquella noche era peor que un huracán, además, todo fue en un callejón, no a la vista de los demás

—¿De qué estás hablando?

—Hace mucho nos conocimos, no de la manera en que me hubiera gustado, pero usted, usted pudo reconformarme en la peor noche de mi vida. Hombres como usted deberían ser considerados héroes

Estiró su brazo hacía Gordon. Este, siendo renuente al vigilante, estiró su brazo y le correspondió. El vigilante se fue de ahí, Gordon cerró la puerta y pensaba que quién podría ser esa persona.

Su corazón casi se paraba cuando se percató que hace años había atendido el caso del asesinato de los Wayne. Y que ahora ese pequeño niño el cual protegió de todos los locos que intentaron atacarlo y mantuvo bajo su cuidado hasta que cesara el peligro era el nuevo vigilante de Ciudad Gotham.

No pudo terminar de convencerle, aún sus acciones no le parecían correctas, pero ahora podía empatizar con esas acciones. Bruce Wayne sólo quería hacer lo correcto.

...

Habían pasado meses desde que Bruce seguía siendo ese vigilante, curiosamente, después de ese primer encuentro, El Departamento de Policía dejó de seguirlo tanto. Por cierto, ese no había sido el último encuentro entre Bruce y Gordon.

Sin embargo, las noches en Gotham no volvían a ser pacíficas.

Joker seguía fuera de Arkham. Y cuando ocurría algo relacionado con el Joker, hacía que todos los residentes en Gotham tuvieran pesadillas por meses.

Bruce no podía seguir permitiendo esto. Hizo una investigación profunda, analizando cada caso, cada crimen, cada atentado que cometía. Tenía que haber un patrón, un seguimiento, algo que le dijera "Esta por hacer esto, tienes que ir un paso más adelante que él".

Nada. No había nada.

Sólo eran el y sus payasos asesinos.

Frustrado de que no pudiera encontrar algo, fue esa noche a vigilar.

...

Las luces de la feria brillaban a todo dar. Las personas intentaban ser felices, o al menos, distraerse.

Cercan al espectáculo, Bruce vigilaba la estabilidad de ese evento. Todo parecía normal.

No recordaba cuando había sido la última vez que había ido una feria. Gritar al subirse a una montaña rusa, deslumbrarse al estar en la cima de la rueda de la fortuna, saborear el dulce sabor de un algodón de azúcar.

Oh, lo recordó, cuando era niño, y sus padres estaban con él.

La melancolía lo atrapó, bajó la mirada.

Extraña el amor de sus padres. Tal vez no eran unas buenas personas del todo, pero siempre fueron buenos padres para él.

Una explosión hizo que dejara de distraerse de sus pensamientos. Algo había salido mal en la montaña rusa, y era evidente que hubo víctimas.

Quitándose el antifaz y la bufanda, corrió hacía el incidente. Era un error costoso y tal vez podía ayudar a que hubiera menos víctimas.

Y entonces, ocurrió lo inesperado, lo que la gente en ese lugar temía que les pasara.

Llegaron al sitio payasos, pero no payasos alegres y felices, payasos aterradores y letales. Todos usaban ropa de maleante y lo que los caracterizaba del resto eran sus mascaras o su maquillaje.

Empezaron a disparar contra los civiles.

Todos corrían a refugiarse a alguna parte, nadie quería morir a manos de ellos, pero si lo hacían, al menos se librarían del payaso mayor. La policía que vigilaba del lugar empezó a disparar contra ellos. Una sinfonía de terror se apoderó de un lugar que se suponía que sería feliz.

Bruce, poniéndose su pasamontañas y su antifaz, tenía en mente sólo una cosa: Detenerlos.

Miró a los puestos, el puesto de dispararle a los caballos de madera. Tomó una de las escopetas, y empezó a disparar a los payasos, apuntaba a puntos de su cuerpo que los dejarán fuera de combate, pero no lo suficiente para matarlos.

No, matar no. No se atrevería nunca a ello.

Los policías se percataron de su presencia. Bruce les gritó que pidieran refuerzos, podría llegar a ser algo peor.

De repente, las personas que corrían a una dirección para ocultarse, regresaban de esa dirección.

—¡Allá esta! ¡Allá!

Uno de los payasos malheridos en el suelo empezó a reírse.

—¡Ha llegado nuestro jefe, el rey de Gotham!

Un mal presentimiento le dio a Bruce, así que corrió al origen de la nueva persecución.

El pecho de Bruce se hacía grande y pequeño, sin saber que podría encontrarse. Podía ser cualquier cosa inesperada. Cualquier cosa inesperada.

Y entonces, en el enorme y alegre carrusel de la feria observó a alguien bailando, riendo y disparando aleatoriamente.

Bruce corrió hacía donde estaba esa persona. Tenía su navaja en mano, listo para pelear.

Subió al carrusel en movimiento, era más difícil correr dentro de este, pero tenía que llegar a detener a ese criminal.

Al dar la vuelta, lo encontró de espaldas, mirándose a uno de los espejos del carrusel. Él vio a Bruce a través del espejo, con una sonrisa en su cara.

—Oh, hola pequeño niño, ¿Quieres subirte a uno de estos caballos?

Giró hacía Bruce.

Y Bruce no supo que hacer.

Cuando observó la cara del payaso reírse, su cuerpo se paralizó, y eso no le pasaba desde que era niño. Paralizado de la misma manera cuando ese hombre extraño atacó a Alfred, paralizado cuando vio a sus padres morir.

Y fue la cara del payaso lo que provocó que todo se paralizará.

Esa cara de payaso que lo perseguía en pesadillas. La cara de payaso que asesinó a sus padres.

Tenía enfrente suyo a él Joker.

Él fue el que provocó el caos en Gotham.

—Tú...— La voz de Bruce se estaba quebrando, volviéndose en rabia y llanto— Tú provocaste—

"...La muerte de mis padres"

No, debía de ser cuidadoso con sus palabras.

—¿De qué cosa, pequeño niño?

Bruce atacó al Joker, tirándolo contra el espejo del carrusel. Fue tanta la brusquedad que terminó estampándose, el Joker sólo dio otra risa mucho más fuerte.

El Joker apuntó a Bruce, y de no ser porque este se movió a tiempo, pudo haber terminado con una bala en su cuerpo.

Debía de ser más rápido que él. Actuar rápido. Estar siempre un paso adelante que él.

Joker se levantó para correr, saltando del carrusel, Bruce empezó a perseguirlo. Joker sólo gritaba más eufórico, nunca antes se había preocupado por detenerlo cuando hacía sus fechorías, solamente todos huían.

Sin embargo, el quería detenerlo, sabotear sus planes, y aunque fuera un poco frustrante, lo encontraba muy agradable, incluso placentero.

—¡Esto es un Carnaval! ¡¿Por qué no lo disfrutas?!

Bruce, en un intento desesperado por atraparlo, aventó su navaja justo contra él. Logró darle al Joker en un brazo. El gritó, y no sabía si de dolor o satisfacción.

Al afligirse su huida, Bruce pudo ir contra él, tomarlo por la espalda y tumbarlo al suelo.

Sus manos se volvieron puños y empezó a magullar contra la cara de Joker. No sabía si lo hacía para detenerlo o para borrar el maquillaje de su rostro.

Joker no paraba de burlarse, de reírse. Esa risa sólo ponía peor a Bruce, sus golpes estaban debilitándose y empezó a temblar.

De igual manera, Joker estaba atrapado, unos policías pudieron acercarse a la escena, apuntando contra ambos.

Cuando el sentimiento de la frustración y soledad profundizó en el alma de Bruce, fue cuando no pudo más y se detuvo. Intentó no llorar, reprimiendo todo, pero las lágrimas salían de su rostro.

Joker tomó la bufanda y la tiró lejos de ambos. Bruce dejó de respirar en ese momento, temió que lo reconociera.

—¿Por qué la cara larga? — Joker no paraba de curvear su boca. Bruce respiraba pesadamente —Sólo sonríe, y pon una cara feliz— Llevó uno de sus dedos índices a su brazo sangrante, y dibujó una sonrisa en los labios de Bruce.

Bruce quedó petrificado.

—¿Quieres escuchar un chiste?

Joker rió y rió más fuerte.

Esa risa sólo lo estresaba, era psicótica, ruidosa y fastidiosa.

Bruce empezó a golpear más fuerte el rostro de Joker, con más ira, con más enojo.

—¡Suficiente! — Escuchó el grito de alguien conocido. Bruce volteó hacía Gordon, quien estaba perturbado por lo que veía. Joker sólo miraba la escena, dándole gusto lo que pasaba.

Se levantó con dificultad, tomó la bufanda del suelo y corrió de ahí. Era obvio lo que pasaría con Joker. Mandado una vez más a Arkham.

...

Bruce estaba esa noche, mirando la luz de la luna desde su ventana.

Reflexionaba, reflexionaba y sólo reflexionaba.

Tenía que tomar una decisión.

Alfred estaba cercano a él. Siempre estaba preocupado por él.

—Alfred...— Él fue corriendo a su llamado.

—¿Bruce?

—¿Recuerdas cuando regresé y dije que no era merecedor de ser el murciélago?

Alfred palpitó ante las palabras de Bruce.

—Lo recuerdo, Joven Bruce

—... Es hora de hacer un par de cambios. Tal vez no sea merecedor, pero debo de usar ese traje, es mi deber, debo de volverme el murciélago...

...

Un pinchazo de dolor en su costado hizo que regresara a la actualidad. Había pasado dos años después de esos acontecimientos.

Siendo había vuelto a tener otros encuentros con Joker, pero todos, absolutamente todos lo dejaban con la misma incógnita.

¿Por qué siempre, por más mínimo que fuera el combate, y a pesar de que usualmente el ganaba, siempre una parte de él quedaba paralizada al verlo?

Cada vez que pensaba eso no podía. Sentía una enorme presión. No podía más.

En cambio, Alfred esperaba que Joker muriera lo más pronto posible, pero que, por favor, que Bruce no lo hiciera. No, que no lo hiciera él. Si el lo hacía, algún día iba a arrepentirse profundamente y se odiaría a sí mismo por toda la eternidad.

Y tal vez el cariño hacia sus padres, sobre todo hacía su padre, podría convertirse en odio eterno.

...

Pressure, pushing down on me
Pressing down on you
No man ask for

Under pressure
That burns a building down
Splits a family in two
Puts people on streets

It's the terror of knowing
What this world is about
Watching some good friends
Screaming: Let me out!
Pray tomorrow gets me higher
Pressure on people, people on streets

Queen & David Bowie – "Under Pressure"