18

Dolor.

Lo único que podía sentir.

Ya se había acostumbrado al dolor de su hombro, pero seguía latente. Y no era el único lugar que le dolía. Le dolía su hombro, sus pequeños huesos, dolía su estómago, dolía su cabeza. Incluso dolía en lugares donde ni siquiera sabía su nombre.

Su pequeño cuerpo era frágil, muy frágil, no iba a soportar más dolor. Miedo, también podía sentir eso, miedo.

Un ruido lo hizo alertarse. No, ya no quería eso, apenas se lo hicieron ayer, no quería eso de nuevo hoy. Todo menos eso. Por favor, no quería verlo a él, que no fuera él, que no fuera él, que no lo fuera.

No quería hacer el más mínimo movimiento, quería estar como una estatua del parque, como el lago al congelarse en invierno, pero de repente, volvió eso que lo hacía ahogarse, aterrarse y sentirse bajo el agua.

Gritó a todo dar, algo que debería de pasar cuando debería de estar feliz, no cuando estaba muriéndose de miedo.

Y era raro, cuando ocurría, lloraba también.

Sólo tenía 3 años y ya existía amargura en su corazón.

Afortunadamente, ese ruido era una rata que pasó rápido por su lado. Se detuvo en las sobras del plato, el cual ya tenía tres días en el suelo. La rata se fue, claro, no había nada apetecible en ese plato.

Cuando terminó la risa, intentó limpiar el escurrimiento nasal con su nariz, pero pudo sólo con su mano libre. No podía con las dos.

Rugía su estómago de hambre, sin embargo, no podía ir a la cocina. Estaba atado.

Amarrado desde su hombro al radiador, sólo recordaba que estaba así desde hace mucho tiempo, y que lo había hecho ese hombre que besaba a mamá de formas raras, no como en las películas, siempre hacían cosas raras frente a él. Intentaba dormir, pero gritaban y no lo dejaban dormir.

Miró sus pequeños pies, una cucaracha volaba cerca de ellos. Cualquier otro niño le daría miedo ver las cucarachas, para él, se habían vuelto sus mejores amigas.

¿A qué horas llegaba mamá? Quería verla y decirle que tenía mucha hambre.

Pero temía hablar en voz alta, si lo hacía, podía llegar ese extraño hombre, el que la primera vez que lo vio su mamá lo presentó de forma rara, diciéndole "Él es tu nuevo papá".

¿Los papás hacían eso con sus hijos?

Se sentía mareado, quería dormir, pero si se recargaba, su espalda podía quemarse con el radiador.

Volvió a doler su cuerpo. De verdad que ya no podía más con el dolor. Anoche, su "papá" le gritó cosas extrañas a su mamá. Cosas que la hicieron llorar.

Su mamá se acercó a él, lo abrazó y lo desató.

—Mamá, tengo hambre...

Ella ignoró su petición, sólo lo abrazaba y abrazaba.

—Feliz, mi pequeño feliz— Lo tomó de la mano y caminaron lejos del radiador, creyó que iba a poder comer ese día, hasta que escuchó esa frase que solía decir mamá antes de que todo el sufrimiento volviera—Sonríe, y pon una cara feliz...

Cuando recordó la noche, volvió a llorar el pequeño niño. Y volvió a reír.

Llorar y reír, llorar y reír.

¿Por qué sólo podía llorar y reír?

Repetidos golpes escucharon en la puerta principal. Así era cuando llegaban mamá y "papá", que parecían locos, gritaban y tenían botellas ámbar en sus manos.

Otra vez no. Otra vez no. No otra vez.

Abrieron la puerta de golpe, cerró sus ojos verdes. Voces extrañas escuchó. Los abrió y no eran su mamá y ni su "papá".

Eran policías.

Menos mal no era su "papá", podía estar tranquilo. Pero no entendía porque los policías lo miraban asustados. Incluso vio que uno de ellos empezó a llorar. Otro gritó que llamaran a los paramédicos.

—Niño, hola niño— Se acercó uno de ellos mientras lo desataba del radiador —¿Tu nombre es Arthur? ¿Te llamas Arthur?

No respondió, ¿Se llamaba así? ¿No se llamaba "Feliz"?

—... Tengo hambre...

...

Apenas la vida le disparaba a su nuca ese recuerdo en forma de pesadilla, despertaba alterado, trastornado y ahogado en risas que raspaban lo más profundo de su garganta.

Ni siquiera era como cuando estaba despierto, bajo en una situación estresante, en medio de un tiroteo o cuando debía de concentrarse en no fallar, en no perder. Esto era peor, muchísimo peor. Como si alguien lo intentara asesinar cuando estuviera con la guardia baja. Y lo siguiera atacando, mientras que él se encontraba luchando por su vida.

De repente, volvía a ser Arthur Fleck, por esos minutos, volvía a ser el débil de Fleck.

Su maldición tomaba control de su cuerpo. Tosía, la saliva salía de su boca, se carraspeaba, los sollozos salían del dolor de su corazón, su llanto se hizo presente. Se agarraba de los cojines del sofá. La maldición arañaba su cuello.

Rodó y cayó al suelo de rodillas, intentando componer su postura. Pero no. No podía.

Ese ataque duró demasiado tiempo, al menos a los diez minutos notó que no estaba en la mansión abandonada, se había quedado dormido en el sofá de las bodegas de su trabajo.

Un cigarrillo, necesitaba un jodido cigarrillo. Metía sus manos a sus bolsillos, pero la risa no le dejaba tomar lo que necesitaba. Era como si estuviera tirado en el callejón, mientras que cientos de pies lo pateaban y pisoteaban. Lo triste es que no tenía un arma para disparar y matar a tiros a su condición.

Estuvo veinte minutos tirado en el suelo, odiando, y sufriendo. Al menos Penny estaba muerta, se había asegurado de eso muy bien. Recordó el funeral. La calma llegaba cuando recordaba como enterraban a su madre. O no, no lo era, era cierto, sólo era una mujer descompuesta.

Ese recuerdo de verla muerta le traía poco a poco la paz que estaba necesitando.

Se levantó del suelo, recuperándose poco a poco. Se llevó una mano a su cabello, y de ahí a su rostro. Sus yemas estaban teñidas de verde y blanco. Había dormido con su caracterización puesta. Tal vez estaba hecha un desastre. Tenía que verse a un espejo y perfeccionar su aspecto de vuelta.

Qué bueno que estaba solo, hubiera sido embarazoso que alguien ajeno lo observará.

Alguien ajeno. Miró a su alrededor. Hacía falta algo.

¡Oh no! Lo había olvidado. Se había pasado de tiempo, o más bien, se había quedado dormido. Sólo iba a ser un par de horas, no toda la noche. Metió sus manos a sus bolsillos sólo para ver en cual había metido la llave, apresuró su paso entre los pasillos.

Llegó a una puerta de uno de sus almacenes. Metió la llave, giró y abrió.

Entró y lo primero que encontró al buscarla fue su cuerpo en posición fetal, su mano derecha era la única fuera de su cuerpo, con una pistola, y cercana a ella un cúmulo de pastillas deformadas por la humedad.

Un escalofrío. Su aliento se congeló.

Se agachó y se arrodilló a su lado. Empezó a sacudirla con su mano.

—Harley, Harley, es hora de despertar— Giró su rostro, parecía no tener vida ¿Había sido demasiado para ella? Pero descartó eso al verla respirar muy lentamente, tomó su pulso sólo por si las dudas. Miró de nuevo las pastillas, debió haber intentado alguna tontería, siempre ella intentaba hacer tonterías —Harley, vamos, levántate

Sin éxito, y esperando que sus aliados estuvieran lejanos, la tomó entre sus brazos y con todas las fuerzas que pudo sacar, la elevó y la cargó hasta su lugar.

La recostó en el sofá donde había pasado la noche.

A veces le gustaba no quitarle el ojo de encima cuando dormía. Como sí así pudiera leer lo que soñaba. Ella también iba a necesitar un retoque en su maquillaje, parecía que había llorado mucho.

¿Habría tomado drogas?

Tal vez, ella siempre despertaba primero, y siempre despertaba con energía. De no ser porque de vez en cuando movía sus párpados, parecería una muerta.

Encorvó sus cejas cuando se distinguió de algo.

¿Por qué de repente estaba preocupado por ella? Ayer había sido la más inútil de su equipo.

"Esto pasa cuando Arthur Fleck despierta, cuando te vuelves un estúpido enclenque"

—Tal vez... Al final no somos tan diferentes...— Sacó un cigarrillo de su bolsillo. Se preguntaba a qué hora iba a despertar.

"Buen chiste. ¿Por qué la dejas seguir viviendo?"

—Es la única que se ríe de mis chistes

"Ella está envenenada"

—Esta jodida... Como yo...

Un pequeño carcajeo dejó escapar entre dientes.

"Estúpido, ¿Por qué te da miedo que sonría a todos los que la vean? Si tanto te preocupa que se escape de ti, deberías de asegurarla, tenerla siempre a tu lado, que sea la más leal de tu ejército"

—Ya sé...

"¿Entonces que mierda estas esperando?"

—Sí... Es sólo que...— No pudo terminar la frase, prefirió dejar escapar una risa.

...

Sí, a pesar de que esa noche se había dicho que no, que no era alguien débil y no iba a caer en tentaciones absurdas, la ansiedad, la angustia y la intranquilidad fueron los espectros que la abrumaron toda la noche.

Se ponía sus manos sobre su cabeza, respiraba tan rápido para tomar todo el oxígeno a su alrededor, no importaba el desagradable olor.

"Perdieron los millones de dólares por tu culpa, murieron muchos por tu plan absurdo, mataste a un hombre inocente, coqueteaste con otro que seguramente quería usarte, le provocaste uno de sus horribles ataques, de los peores que ha tenido

¿Qué carajos pasa contigo?"

De repente, su cuerpo sucumbió a algo que no esperaba vivir nunca. Aprisionada, dejaba de respirar, y su corazón roto latía con fuerza, como si quería dejar de funcionar, como si la sacudieran hasta quedar consumida. Estaba teniendo principios de un ataque de pánico. Y fue una de las peores sensaciones de su vida.

Harley huyó de todos esos pensamientos negativos como si un gato huyera de una jauría de perros furiosos, o una manada de lobos salvajes. Pero ahora la tenían aprisionada, contra la pared.

Miró al suelo, las píldoras estaban ahí.

Y sólo había una salida.

Si no tomaba esas píldoras, iba a tomar una de las pistolas reales, y no quería hacer sentir culpable a nadie. Estiró su mano y tomó tres de las píldoras que había tirado de su boca, las volvió a meter a esta, buscó en la oscuridad la pistola falsa y volvió a "dispararse a sí misma".

10 minutos después, los malos pensamientos salieron huyendo de su cabeza, lo que ella necesitaba. 20 minutos después, se arrepintió de la dosis que tomó. Su cuerpo se había relajado de más, y su mente le mostraba alucinaciones, a veces divertidas, a veces horrendas. Había caído a un agujero profundo y no podía salir de este.

Pero era mucho mejor que cuando estaba sobria y cuerda. O al menos, lo que le quedaba de cordura.

Soñaba con asesinatos e incendios. Ángeles, demonios, monstruos, todos bailando una canción de alguna cantante muy famosa de los 60's, y ella era la protagonista de ese baile.

Todo era tan bizarro, pero a la vez divertido.

Tal vez se la pasó toda la noche acostada en el suelo, tal vez se levantó y empezó a danzar en la oscuridad, riéndose, como no. Con un poco de luz, luz que salía de ella.

—...So I want to warn you laddie, though I know that you're perfectly swell, that my heart belongs to Daddy... Cause my Daddy, he treats it so...

Tarareaba y cantaba de vez en cuando esa canción en su cabeza, que tal vez lo hacía tan mal, pero no le importaba mucho realmente.

No sabía si era una visión, pero sacó su corazón de su pecho, estaba roto. Cosió su corazón con hilos blancos que estaban atados a sus muñecas, ya no estaba roto, lo volvió a poner en su pecho. Vio los hilos de sus muñecas, también los tenía en sus pies, miró hacia arriba.

No podía ver quién la usaba como marioneta. Pero hizo que volviera a bailar por la sala, ahora feliz.

"Lloro por dentro, rio por fuera"

Y de repente, todo se tornó negro, y se volvió silencio absoluto.

"¿Así se siente morir?"

Sus párpados temblaron, abriéndolos poco a poco, esperaba ver la luz del sol, pero sólo vio rayos naranjas atravesar la ventana.

¿Este es el infierno? ¿O era el paraíso con el color de las llamas del infierno?

Oh, que seguía viva.

Su cabeza dolía, pero había valido la pena. Cerró sus ojos de nuevo. Dejó escapar una pequeña risa.

—Buenas tardes, casi noches, bella durmiente...

Una voz que conocía perfectamente provocó que la sonrisa desapareciera. Lentamente, giró su cabeza hacía el origen. Su nariz percibió el olor a cigarrillo.

Ahí seguía él, sentado, cruzado de piernas, su saco carmesí colgado en el respaldo de la silla. La persona que más amaba y repudiaba en ese momento.

Abrió sus labios, intentando decir algo, sus cuerdas vocales seguían relajadas.

Pero no lo suficiente para decir lo que sentía:

—Jódete

Se giró lo más rápido que pudo, dándole la espalda.

Lo escuchó levantarse de su asiento, dar unos pasos y acercarse a ella. Podía sentir su presencia sobre ella.

—No sabía que eras una chica descortés conmigo— Joker se arrodilló —Las muñecas al apretar su pecho o jalar su cuerda dicen frases dulces, no groserías

Lentamente, elevó su mano y la acercó a la espalda de Harley, ella tembló a su toque. Teniendo ahora la energía para elevarse, se levantó, giró y lo confrontó.

—Tu no escuchas, ¿Verdad?— Era la primera vez que le renegaba —¡Jódete! — Blasfemó.

Joker sólo quedó en silencio.

Harley, no pudiendo más, se alzó del sofá e intentó andar, pero aún su cuerpo estaba débil. Cayó al suelo, tropezando. Sintió la mano de Joker en su brazo, ayudándola a levantarse. Sacó su brazo de él, no quería su socorro.

—¿Qué fue lo que hiciste anoche? Mírate, ni siquiera puedes estar de pie, ¿Estás segura que el jodido soy yo?

—Calla...— Harley estiró su mano todo lo que podía y tomó uno de los brazos del sofá. Respiró profundamente. No podía creer que estaba sudando por hacer ese minúsculo esfuerzo. Se levantó y e intentó estar de pie. En ese tortuoso proceso, volvió a sentir los brazos de Joker aprisionándola, pero ya no le quedaban fuerzas para luchar.

—¿Tomaste de las píldoras mágicas, cierto?

—Que te calles...— No le decía la verdad no por fastidiarlo, sino por temor a que le diera otro de sus "correctivos".

Joker la tomó de la cara, obligándola a que lo mirará.

—¿Por qué hiciste eso? — Su voz demandaba respuestas, pero ella encorvó sus cejas.

—No lo sé, déjame pensarlo, aun sabiendo que la culpa me estaba carcomiendo por dentro me encerraste en un lugar horrendo, empecé a tener pensamientos dañinos, y simplemente tenía ganas de morirme

Sarcásticamente contestó, y ese sarcasmo le dio gracia a Joker.

—¿Ganas de morir? Oh no, debemos de arreglar eso

—Ya lo hice anoche

—Pero eso fue algo temporal, Harley, yo puedo ayudarte a que sea para siempre

—Pero si tú eres el que provoca que tenga ganas de morir...

Joker sintió como balas de plomo atravesaban su pecho cuando Harley le expresó su verdadero sentir. Ella pudo concebir lo suspendido que quedó su cuerpo.

—¿Qué dijiste? — Preguntó incrédulo, esperando que no fuera una alucinación.

Harley quedó como piedra al darse cuenta que no lo pensó. O si lo hizo, pero en voz alta. Y él la escuchó.

—No lo sé...— Su cuerpo estaba abandonado el efecto, pero aun así necesitaba de alguien para poder moverse, y ella quería independencia de su propio cuerpo. Al momento en que Joker dejó de ejercer presión sobre ella, pudo liberarse de él. Se recargó en el sofá y elevó su cabeza al techo —... Déjame morir un rato, ¿Quieres?

Joker murmuró algo, pero ella no lo escuchó.

—...¿Quieres que te acompañe en tu muerte?— Repitió.

—Oh, Artie... Si pudieras... Pero tú allá— Apuntó a la silla donde estaba sentado. Sin decir nada más, fue Joker a sentirse. Rió para sus adentros cuando se sentaba y adoptaba esa postura que lo caracterizaba.

Harley intentaba respirar. Por alguna razón sintió bien en decirle eso a Arthur, pero otra vez la culpa ahí estaba.

Mierda. Al menos él no intentaba hacerle algo.

—¿Cuántas tomaste?

—¿Huh?

—Las píldoras, ¿Cuántas tomaste?

Harley contó mentalmente, no recordaba sí fueron dos o tres, pero siendo sinceros, ¿Realmente era necesaria la cantidad? Sólo quería sobrevivir esa noche.

—Uh... No lo sé, fue más de una, eso es seguro...

—Eso es peligroso muñeca, sabes que te necesito aquí

—¿Oh, enserio?— Sarcásticamente soltó —Es la primera vez que no te creo...

—Parece que esas píldoras te hacen decir la verdad, ¿Eh?

—Sí. Algo así...

—¿Qué debería de hacer contigo, muñeca? ¿Cómo puedo manejarte?

El ruido despareció, los dos quedaron callados, Harley intentando no morir y a la vez deseándolo, Joker al pendiente de ella, definitivamente no iba a dejarla morir.

—Si te suicidaras de una forma, ¿Cómo lo harías?— Harley preguntó.

—¿Qué dices? — Dios, Harley en ese estado definitivamente era más cínica de lo que era, o al menos que siguiera controlándose. Arthur no quería eso, quería que fuera loca al cien por ciento.

—No lo sé Arthur, estoy media drogada y pienso en estupideces, ya sabes, mierda rara, sólo sígueme la maldita corriente

—Bueno, eso ya lo sabes, con una pistola

—Oh, es cierto, lo olvidaba...

—¿Y tú? Me imagino que la sobredosis es lo tuyo

—Tal vez las píldoras no sean tan malas, pero la pistola también es buena, ¿Verdad?— Harley hizo una pistola con sus manos, apuntó a su cabeza y disparó, mientras sacaba la lengua y ponía sus ojos en blancos. A Arthur le hizo un poco de gracia, así que hizo lo mismo, aunque su actuación fue más exagerada y bufona. Ambos se rieron.

Finalmente, alguien se reía de ese chiste.

Luego, la amargura regresó a Harley, y volvió a enojarse con Joker.

—¿Por qué mierda hiciste eso? — Harley reclamó de nuevo.

—¿Qué cosa? — Joker se hacía el tonto. Sabía perfectamente a lo que Harley se refería.

—¿De verdad lo preguntas? — Respiraba pesadamente —Encerrarme toda la noche ahí, en ese horrendo lugar, todavía mi cuerpo me duele de haber dormido en el suelo. Mierda, creo que me volví claustrofóbica por una noche por tu estúpido castigo

Joker se encogió de hombros. Definitivamente se guardaría para él mismo el pequeño error de haberse quedado dormido.

—Debía de asegurarme de que aprendieras la lección

—La lección, ¿Eh? ¿Recuerdas cuando me preguntaste que si te había visto la cara de idiota? — Joker asintió —Bueno, la estoy viendo ahora— Joker frunció el ceño, no le agradaban los insultos a su persona, más porque dolía en su orgullo. —¿Sabes porque la estoy viendo ahora?

—¿Por qué, cariño?— Aguantó las ganas de regresarle el insulto.

—Porque eres un tonto que no se da cuenta que sólo a ti te quiero, ¿Por qué carajos estaría con otro? ¿Por qué crees que quisiera a otro hombre cuando existes tú? Eso no tiene sentido para mí, debería de ser lo mismo contigo

—¿Vamos a discutir eso ahora que no estás sobria del todo?

—Hey, tu dijiste que estas píldoras mágicas me hacían decir la verdad, ¿No?

Joker no pudo evitar reírse y encogerse de hombros de nuevo.

—Deberías de... No lo sé, ¿Qué te parece cerrar la boca por un momento?

—Tengo ganas de pelear cariño, nadie puede detenerme

Y justo al terminar la frase, Harley sintió pereza por seguir hablando.

Sentada desde ese ángulo, Harley podía ver perfectamente el rostro de perfil de Arthur. Observó los detalles de su cara, y como estos resaltaban con el desgastado maquillaje de payaso.

Podía creer en la belleza cuando Arthur sacaba de su bolsillo un cigarrillo y su encendedor, como lo quemaba, como al tomar la nicotina de su cigarrillo se encendía el extremo del tabaco y dejaba escapar un hilo de humo. Y su parte favorita, Arthur alejando el cigarrillo de su cara y echando la bocanada de humo fuera de su boca.

Si eso no era perfección, que Dios bajara y lo viera con sus propios ojos.

—¿Cómo es que al verte te odie y te quiera a la vez?

Arthur parpadeó al escuchar la sinceridad de Harley.

Fumó una última vez, dejó caer el cigarrillo al suelo, lo aplastó con la suela de su zapato y caminó hacía Harley. Se sentó al lado de ella, y aprovechando que estaba molesta y agitada, la apresó con su brazo izquierdo, obligándola a que se recostara en su pecho.

Ella tampoco puso mucha resistencia, se dejó llevar por su aroma, aroma que perduraría en su memoria.

—Lo que sientes, Harley, se le llama amor

—Amor, ¿Eh?... — Por un momento, creyó que estaba necesitada de amor, y sí, estaba necesitada de eso, y de él. Recordó también que Arthur tenía un concepto muy extraño del amor, sobre todo con las siguientes palabras:

—Sí, y parece que a ti te gusta el amor que lastima, y mucho

—¿Amor que lastima? —Fijó su vista en Arthur —¿No existe amor que no lastime?

Una pequeña risa se escuchó de la boca de Joker, muy similar a la de su eterna maldición.

—¿Amor que no lastime? ¡Ja! ¡Ese no existe, muñeca mía! Todos los que aman te hieren Harley, todos, sin excepciones. Les muestras un poco de cariño, de amistad, comprensión o confianza, y ellos te apuñalan por la espalda, te hieren, te traicionan, te dejan desprotegido, prefieren verte en la adversidad. Todos los que admiras y respetan te humillan y se burlan de ti, te mienten, te tiran al suelo, te patean, ¡Te joden! ¡Hasta que no lo soportas más! ¡Te vuelves salvaje como un lobo! ¡Y lo único que piensas es en atacar! ¡Atacar a todos!

Pegó un puñetazo al brazo del sofá. Tembló por dentro y por fuera. Realmente estaba resentido con todos, con su vida. Recordar lo de la mañana lo puso peor. Todos los que quiso, amó y admiró alguna vez fueron una basura con él.

Abrió su puño lentamente, ya no valía la pena desgastarse por eso. Ya no valía la pena.

Harley sólo lo miró. Normalmente se espantaría de sus palabras e intentaría distraerlo de sus pensamientos con algún baile o contándole algún chiste.

Pero escuchar esas palabras rememoraron todos los instantes tristes de su vida, de como todos los que decía que amaba les dieron la espalda y los que admiraba intentaron dañarla.

Arthur tenía razón. Siempre tenía razón.

—¿Puedo arreglar eso?— La voz débil de Harley hizo que sus sentidos revolotearan, más al pronunciar esa pregunta.

Hizo una mueca, intentando hacer una sonrisa, pero no pudo formarla.

—No creo que puedas...— Bajó su cabeza, volvía a sacar otro cigarrillo. Todo momento era buen momento para sacar un cigarrillo y consumirlo. La nicotina raspando su garganta le dañaba menos que cuando tenía un ataque de risa.

—Lo intenté una vez, puedo tener éxito en la segunda vez, ¿No lo crees?

Arthur no dijo palabras, solo sus ojos verdes conectaron con los ojos azules de Harley, se acercó a ella, la tomó por detrás de su cuello y le plantó un beso en sus labios. Ella le correspondió el acto.

—A veces eres invencible, a veces eres vulnerable. Quiero ser vulnerable junto a ti... Espero ser suficiente para ti...— Harley susurró entre besos, Arthur sólo río.

—Por tu bien, espero que estés bromeando...

No, no lo hacía.

Harley podía hacer chistes, bromas y comentarios fuera de lugar y de mal gusto, pero si las cosas se trataban de Arthur, no podía intentar jugar con la broma.

Esperaba que fuera todo como en esa visión con su corazón roto. Esperaba tomar a Arthur, que estaba más roto, coserlo y arreglarlo.

Harley negó con la cabeza, asegurándole a Joker que no estaba bromeando.

—Si no bromeas, entonces descansa, que quiero que estés consiente de lo que haremos

—¿Qué haremos?

—Ya lo verás...

Volviendo el sueño a entrar a través de sus párpados, Harley recostó su cabeza en el hombro de Arthur, y a pesar de todo el tiempo vivido juntos, percibió un temblor al momento de tocarlo.

...

Le tomó un día entero recuperarse, y cuando lo hizo, no había tiempo que perder.

Joker estaba emocionado cuando Harley despertó de nuevo. Ella recordaba vagamente la última conversación entre ellos, pero aún dentro de ella estaba intacta su promesa.

Regresaron a la mansión, Joker le indicó a Harley que usara un vestido especial que había conseguido para ella, rojo y negro, claro. Ella, sintiéndose consentida, lo usó sin chistar, y también volviendo a usar su maquillaje. Arthur retocó el suyo, incluso usó un poco más de pintura para su cabello.

Harley seguía sin comprender lo que estaba pasando. Pero toda esa situación le estaba emocionado.

Joker tomó su mano y la llevó al auto. Manejó por la oscuridad de la noche, ocultándose de la policía, de posibles enemigos y de ese murciélago imprudente.

Llevó a Harley hasta un lugar oscuro y recóndito, y ese lugar era un mirador abandonado de la ciudad.

Tomándola de la mano, caminaron ambos hasta llegar al borde del mirador. Sólo el viento y el fresco los acompañaba.

Harley no comprendía lo que estaba pasando, estar con Joker era estar preparada para cualquier cosa.

—Harley

—¿Sí, pudín? — Respondió casi al instante, mientras con sus dedos jugaba con una de sus coletas.

—He notado que siempre dices que me amas

—¿Y eso no es cierto? — Harley no paraba de verlo, Joker tenía su mirada en la ciudad. El silencio era de vez en cuando interrumpido por el viento chocando con los árboles.

—¿Cómo puedo confiar en tu palabra?

Harley casi se sintió ofendida con esa pregunta. Dejó de jugar con su coleta, aventándola hacía atrás.

—¿Estas dudando de mi amor?

—Sólo quiero asegurarme de que siempre me amarás...

Luego, Harley recordaba la historia de Joker, y recordaba porque siempre ella le recordaba lo mucho que lo amaba.

¿Por qué no hacerlo de nuevo?

—Lo haré siempre, Artie, siempre te amaré...

—Las palabras en este momento no me aseguran nada...

Joker seguía sin dirigirle la mirada, así que Harley se acercó a él, tomando con ambas manos su brazo, y acurrucándose a su cuerpo.

—Te amo Arthur, te amo, la forma en la que te lo demostraré es que siempre estaré a tu lado hasta al final

—¿Al final de qué?

—... De todo, de nuestras vidas, del mundo. Así ocurra el apocalipsis, estaré a tu lado. Sí el destino o la vida o Dios deciden llevarte, yo iré contigo

—¿Por qué?

De verdad que quería cuestionarla, asegurar de que sus palabras fueran ciertas.

—Porque siempre estoy necesitada de ti, siempre. Te necesito como aire para mis pulmones, como sangre para mi corazón. No tengo miedo de decir que moriría sin ti

En ese momento, Joker le dirigió la mirada a Harley, un poco susceptible de esas frases que salieron de la boca de Harley.

—¿Morirías sin mí?

Harley movió su cabeza de arriba abajo. Con esa sonrisa desquiciada.

Arthur le correspondió la misma sonrisa, así que la alejó un poco de él, haciendo que quedará frente a frente. Quería probarla.

Harley ahogó un grito cuando Arthur sacó su pistola y apuntó a su propia cabeza. Harley quedó tan aturdida y espantada que no podía articular palabras

—¿Aún morirías sin mí?

Harley volvió a mover su cabeza de arriba abajo. "Baja el arma, por favor".

—Si me disparo y mi cadáver queda en el cemento del suelo, ¿Tomarías esta arma y te dispararías?

Los labios de Harley temblaron, pero su voz no titubeó.

—Sí...

—Oh, si morirías sin mi... Ahora...

Joker sonrió y esta vez cambió el juego, ahora apuntando a Harley a su cabeza.

—¿Morirías por mí?

Harley no esperaba eso. La tomó por sorpresa. Y el miedo se hizo presente.

Pero sabía que eso era una prueba, una prueba de amor. Y le iba a demostrar que iba a superar esa prueba.

Harley no respondió con palabras o moviendo su cabeza de nuevo.

En cambio, tomó la mano de Joker, y delicadamente, el cañón de la pistola bajaba lenta y suavemente de la frente de Harley hasta llegar a su boca. Abrió sus labios y metió el cañón a su boca.

Arthur no hacía ningún movimiento, sólo esperaba.

Así que Harley lo iba a hacer por él.

Acercó sus dedos al gatillo, los dedos de Arthur reposaban sobre este. Harley miró bien la cara de Arthur, recordándola para siempre. Y empujó los dedos de Arthur, halando del gatillo.

La pistola estaba vacía.

—... Entonces es cierto, morirías por mí...— Arthur expresó su emoción, y dejó escapar un par de risas.

Harley sacó el cañón de su boca, y sonrió para él.

—Sólo para hacerte sentir orgulloso...

La prueba había sido superada. La prueba de amor más extraña que había existido.

—¿Tienes tu navaja? — Preguntó Arthur mientras guardaba su pistola.

—¿Mi fiel navaja? Siempre me acompaña— Harley buscó y sacó su navaja de entre sus ropas.

—Muy bien, muñeca— Arthur tomó la navaja, y a la vez la mano que la sostenía. Abrió la mano de Harley y con la navaja hizo un corte en su palma.

—¡AGH! — El dolor fue inevitable y penetrante —¡¿Qué carajos te pasa?! ¡Hijo de pe...! ¡Me cortaste!

—Lo siento Harley, lo siento... Ten, haz lo mismo conmigo— Estiró la mano con la navaja. Harley la tomó, abrió la palma de Arthur y también lo cortó. Fue menos quejumbroso, pero Arthur no pudo reprimir el dolor.

Ambos heridos, Arthur tomó su mano sangrante con la de Harley, entrelazándola.

—Mírame Harley, no dejes de hacerlo...— Otra vez, ahí estaba, embrujada por sus ojos —¿Siempre serás mía?

Harley se sintió como en un sueño que se convertía en pesadilla, y ella le había tomado un gusto por las pesadillas

—Siempre tuya...

—¿Lo juras?

—Lo juro

—Este es un juramento de sangre, no es algo que debes tomarte a la ligera, nunca debes de jurar en vano

—Nunca he jurado en vano Arthur, no juraré en vano esto que nos unirá para siempre

Ahí estaba lo que buscaba, asegurar que ella siempre estuviera a su lado.

—... Mía... Eres mía... De verdad que eres mía

—¿Cuántas veces no te lo he dicho hasta el cansancio?

Arthur dejó escapar una risa. Con su mano herida, tomó a Harley de su cara y le plantó un beso. Harley correspondió el beso.

Volvieron a entrelazar sus manos, mientras dejaban que sus sangres se unieran, elevaron sus manos, mientras que la mano libre de Arthur tomaba la cintura de Harley, y la mano libre de Harley tomaba el hombro de Arthur.

Bajo las estrellas y la luna, y sobre las luces de la ciudad a la que ambos les encantaba darles pesadillas y noches intranquilas, Arthur y Harley volvieron a bailar una vez más.

Al jurarle que siempre lo amaría, Harley tomó una decisión, y no sabía porque al tomar esa decisión, en vez de sentirse segura y alentada, sentía como si estuviera a punto de cruzar un oscuro camino a mitad de la noche el cual no tenía salida.

Esperaba encontrar todas las respuestas, que sus pies no le fallaran y la ayudaran a llegar al final que había jurado estar al lado de Arthur, esperaba no haber cometido un error.

Lo único que le quedaba era cumplir con lo prometido.

Y por supuesto, sonreír.

...

"You know I can't smile without you

I can't smile without you
I can't laugh and I can't sing
I'm finding it hard to do anything

You see I feel sad when you're sad
I feel glad when you're glad
If you only knew what I'm going through
I just can't smile without you

You came along just like a song
And brighten my day
Who would of believed that
You where part of a dream
Now it all seems light years away

And now you know I can't smile without you
I can't smile without you
I can't laugh and I can't sing
I'm finding it hard to do anything

You see I feel sad when your sad
I feel glad when you're glad
If you only knew what I'm going through
I just can't smile

...

Barry Manilow - "Can't smile without you".