19

1949

Árboles chocaban con el viento, una lluvia estaba por llegar a la ciudad.

Un enorme camino de piedra roja recorría el jardín.

Y ese camino lo recorría una mujer pelirroja. Si no iba a la mansión que estaba al final del camino podría ensuciarse ese vestido azul que vestía, pues todo su conjunto, era prestado, su ropa no era para nada presentable.

No pasó mucho tiempo cuando esperaba sentada en un sofá cuya tela era más fina que la ropa de su armario. La mujer intentó no rascarse la cabeza para calmar su nerviosismo, sólo quería que todo saliera bien. Lo que tenía en manos era una oportunidad única, ¿Se notaría que usaba maquillaje barato? Esperaba no verse muy indecorosa.

Un mayordomo alto salió de la puerta del despacho de la casa.

La están esperando

Ella se levantó y caminó dentro de la oficina. Era todo tan refinado, más que esas mansiones que veía de las películas del autocinema al que se solía colar cuando se encontraba aburrida.

Dentro se encontraban dos personas, un hombre alto, con más cabello blanco que oscuro y barba teñida de la misma forma. A su lado se encontraba una mujer cuyo cabello era más oscuro, pero destellos platas se dejaban ver.

Lo que ambos tenían en común era que ambos tenían cara de pocos amigos.

—Tome asiento— La mujer mayor habló en voz alta.

—Gracias— La mujer menor cuidadosamente tomó asiento, esperaba no ensuciar los muebles a pesar de haberse tomado dos duchas aquel día. Quería realmente estar presentable.

—Nosotros no solemos contratar personal fuera de nuestra agencia, pero por la Sra. Miller nos recomendó a usted, ¿Qué experiencia tiene?

—Se lavar, se planchar, cocinar, puedo hacer el aseo también

—Suficiente, ¿Cuál fue su último grado de estudios?

—La secundaria... Bueno, tuve que dejarla a la mitad, empecé a trabajar desde muy joven limpiando casas, lavando y planchando ropa ajena. Olvidé mencionarlo, se un poco de costura y confección

—No nos interesa lo último que ha dicho, pero la Sra. Miller es una mujer confiable, alguien que ha trabajado por décadas en esta mansión ¿Podemos confiar en usted de la misma forma?

—Sí, por supuesto, yo... Necesito este trabajo. De verdad que lo necesito.

—Bien...— La mujer tomó un par de papeles y se los entregó a la nerviosa muchacha —Estos serán tus horarios, el jefe de las mucamas te llevará a donde será tu habitación, tu uniforme será entregado en ese momento. Mañana iniciarás. Hoy tendrás el día para conocer nuestra humilde morada.

Había sido eso muy fácil.

La mujer agradeció de que la vida le diera una oportunidad así, claro, ya no iba a vivir en los barrios pobres de Gotham, iba a vivir en una verdadera cama, y su estómago ya no estaría tan vacío.

Siguió las indicaciones de los jefes del hogar. Empezó a explorar el enorme sitio, claro, con cierta vigilancia cerca de ella, pues no querían que tomara algo lujoso y que lo vendiera.

La mujer caminaba por los pasillos, aún temerosa y ansiosa por su nuevo futuro. Cuando llegó a una sala donde en un bar se encontraba un hombre alto, delgado, de cabello oscuro y profundos ojos verdes, bebiendo un poco de licor a las rocas.

Él la notó, y ella se impresionó cuando lo hizo, pues había quedado ligeramente boquiabierta al verlo. Se avergonzó al haber sido tan osada al mirarlo.

—Hola— El hombre la saludó de forma amable.

—Buenas tardes— La mujer fue un poco más retraída en su saludo.

—Me atrevo a decir que usted es una de las damas más bellas que he tenido el honor de conocer— Dejó el vaso sobre la barra y caminó hacía al frente de la mujer.

—Perdone que lo corrija, yo no soy una dama, no, yo... Seré la nueva mucama de este hogar, no debo ser alguien importante

—¿Por qué no? Todos los que trabajan en Wayne, absolutamente todos son familia, y tu ya eres parte de esa familia

Esa fue la primera bienvenida cálida que había tenido en mucho tiempo. Familia, ahora era parte de esa familia.

—Muchas gracias... Ehh, debo de—

—¿Cuál es su nombre?

—¿Mi nombre? Es... Es Penny, Penny Fleck

—Hermoso nombre. Soy Thomas, Thomas Wayne

...

—¡Una más Penny! ¡Una más!

No había pasado mucho tiempo para que Penny se adaptara al cambio de hogar. Claro, daba lo mejor de ella misma porque eso había sido un milagro en su camino, y debía de ser agradecida con ese milagro.

Lo que no esperaba para nada, es que ese milagro viniera con un regalo extra.

Ese regalo era Thomas. Lo negó hasta el cansancio, pero habían pasado meses para que se diera cuenta que estaba enamorada de ese joven. Claro que amaba su forma de ser, tan atrevido y perspicaz, su físico era otra cosa que adoraba de Thomas, sobre todo sus ojos verdes, había quedado hechizada de sus ojos verdes.

Pero era algo que sólo podía amar de lejos, porque si lo pensaba bien, era de risa. ¿De verdad alguien como Thomas se fijaría en ella?

Lo que no esperaba, lo que de verdad fue un verdadero giro, fue que una noche como cualquier otra, cuando Penny subía las escaleras para irse a dormir, llegaba Thomas con un ramo de flores. En esas escaleras tuvieron su primer beso.

Todas las fantasías que había creado en su mente se volvían realidad.

—¡Otra más Penny! ¡Otra!

Penny daba vueltas con el vestido que Thomas le había obsequiado, sintiéndose como toda una princesa, mientras él le tomaba fotografías con su cámara. Ambos se encontraban en el jardín de la mansión. La primavera estaba en todo su esplendor.

—¡Oh Penny! ¡Me encanta tu resplandor! ¡Penny! ¡Eres increíble!

Penny se sonrojaba a las palabras de Thomas, que hombre más increíble era él.

—¡Aquí Penny! ¡Ven aquí! — Thomas tomó a Penny de la mano y cruzaron el jardín hasta llegar a unas escaleras de piedra —Aquí Penny, posa aquí, sonríe cariño, sonríe para mí

Ella, haciendo caso de lo que su amado le pedía, se recargó en el grueso pasamanos y puso sus manos sobre la superficie.

Y una cara feliz.

—¡Me encanta! ¡Me encanta!

La fotografió, Penny descansó un poco, mientras no dejaba de ver a Thomas. El, aprovechando que en ese espacio nadie los podía ver, se acercó a ella y la besó en sus labios.

—¿Cómo le haces?

—¿Qué como le hago? ¿Qué cosa?

—¿Cómo le haces para hacerme feliz?

Penny permitió que sus mejillas se sonrojaran.

—Oh Thomas, tengo la misma pregunta para ti...

Pasearon ambos por el jardín, Thomas abrazaba a Penny por detrás, platicaban cosas banales, y de vez en cuando imaginaban tener una vida juntos.

Pero eso no hacía sentir emocionada a Penny, al contrario, le daba pavor.

...

Aquella noche, cuando todos los mayordomos y sirvientes se encontraban dormidos, y con los padres de Thomas fuera de la ciudad, aprovecharon ambos para tener una cena romántica.

Terminando la cena, fueron al salón principal, Thomas puso un vinilo en un tocadiscos. "La vie en rose" de Édith Piaf sonó por todo el recinto.

—¿Me concede esta pieza, bella dama? — Thomas hizo una reverencia ante Penny. Tomando las puntas de su vestido, Penny correspondió la reverencia.

Se acercó a Penny, la tomó con sus brazos, Penny recostó su cabeza sobre su pecho y ambos empezaron a bailar.

"...Quand il me prend dans ses bras Il me parle tout bas, Je vois la vie en rose. Il me dit des mots d'amour, des mots de tous les jours, et ca me fait quelque chose.Il est entre dans mon coeur une part de bonheur don't je connais la cause.C'est lui pour moi. Moi pour lui dans la vie, Il me l'a dit, l'a jure pour la vie. Et des que je l'apercois alors je sens en moi mon coeur qui bat..."

Como lo decía esa canción, Penny veía la vida en rosa junto con Thomas.

Deseaba estar con él, quería ser su mujer, quería que sólo fuera él, nadie más.

Pero volvió ese miedo. Y ahora que estaba tan cerca de Thomas, tuvo la valentía de expresar su miedo.

—Thomas, no te mentiré, tú has sido una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida, me siento profundamente feliz a tu lado, pero... Me siento mal

—¿Por qué mal Penny? — Thomas preguntó con asombro, Penny elevó su cabeza, encontrándose con sus pupilas.

—¿Qué dirá la gente cuando se enteré de nosotros? ¿De lo nuestro? ¿Qué dirán tus padres?

Thomas echó una carcajada.

—¿De verdad te preocupa eso? ¡Que digan lo que quieran! ¡¿Qué pueden decir?!

—¿Qué qué pueden decir? Que el heredero de la fortuna de los Wayne tenga por pareja a una criada, ¡Qué horror! ¡Que escandalo podríamos hacer! ¿Qué pensarían los demás de nosotros?

—El único escándalo que provocaremos es que la gente se dé cuenta que la historia de "La Cenicienta" se pueda volver realidad

Por más tensa que podía estar, cuando el encanto de Thomas la embestía, Penny se dejaba llevar.

—¡Oh! ¡Que cruel eres Thomas!

—Sólo digo la verdad Penny, sólo digo la verdad— Con un toque suave, besó los labios de Penny —Incluso podríamos darle una lección a la realeza, ¿No lo crees?

Los dos se rieron en voz alta.

Estaban tan seguros que iban a estar juntos por siempre.

O al menos, Penny así lo sentía. Podrían con cualquier adversidad

—Sí... Sí nos llegáramos a casar algún día... Podríamos...— Penny no estaba segura de su petición, pero Thomas era todo oídos.

—Cualquier cosa amor mío, pídeme cualquier cosa y yo te la daré

—¿Podríamos adoptar un niño?

—¿Adoptar? — Frunció el ceño, eso si que no se lo esperaba —¿Te gustaría adoptar?

—Sí Thomas, es que tu... No tienes idea de lo horrible que es vivir tu vida por tu cuenta, intentando sobrevivir a la desgracia... Se que muchos de esos niños que viven en orfanatos vivirán una vida como la mía, ¡Dios! ¡De verdad que es lo más horrible del mundo!

Las lágrimas aparecieron en el rostro de Penny, Thomas inmediatamente las secó con las yemas de sus dedos.

—Penny, tranquila, escúchame

—Lo hago

—Esa horrible vida de pobreza puede empezar a ser olvidada, si estas a mi lado créeme que nada te faltará, ¡Absolutamente nada! ¡Yo te amo! ¡Te amo, Penny Fleck! ¡Y no dejaría que por nada del mundo volverías a tu antigua vida!

—Oh Thomas... Thomas...— Lo besó con todas sus fuerzas. Lo amaba, lo adoraba. El era su razón de ser, de existir.

—Eso sí— Al separarse, Thomas le susurró al oído —Quiero tener un hijo, o tal vez dos

—¿Qué tal tres? — Penny se rió al escucharlo, este le sonrió.

—¿Incluyendo al adoptado?

—No

—¡Oh! ¡Descarada!

...

Pasaban los meses, tal vez ya había pasado un año.

Los días de Penny se iluminaban con Thomas, pero había algo que no le dejaba tranquila. Lo suyo debía de ser secreto. Nadie podía enterarse.

Penny comprendía perfectamente eso, lo justificaba con su miedo a ser criticada por la sociedad.

Creía que esa era la misma razón de Thomas.

Pero estaba cansándose de siempre pedirle a Thomas cuando decírselo a sus padres. Podía ocultarlo de los demás ajenos a ellos, ¿Pero a sus padres? ¿A su familia? ¿Cuándo iba a ser el momento indicado?

No quería preguntarle, no quería presionarlo. Llegaría su momento, siempre le decía él, así que no le quedaba de otra que esperar ese momento.

—¿Por qué todos tan elegantes? ¿Qué van a celebrar hoy, Thomas?

Penny le acomodaba la corbata a Thomas. Se encontraban en la habitación del joven Wayne, ella le ayudaba a verse más guapo de lo que era.

—No tengo ni idea, sólo sé que es una reunión de algo de mis padres, algo sin sentido

—Oh, ya veo— Tomaba la manga de Thomas y con sus dedos delicadamente le abrochaba sus botones.

—De preferencia no asistas

Elevó Penny su mirada hacía Thomas. Claramente estaba confundida.

—¿Por qué no?

—Me ha contado un poco mi padre, y créeme que será de lo más aburrido, de verdad, quédate en tu habitación leyendo esas historias que leemos juntos, piensa en mí, antes de que te des cuenta voy a estar a tu lado

—Oh Thomas, incluso cuidas de mi diversión

—Tengo que protegerte de todas las adversidades del mundo, el aburrimiento es una de ellas

Penny se paró de puntas y depositó un pequeño beso en los labios de Thomas.

Haciendo caso a sus palabras (Que tomó como ordenes), Penny esperaba en su habitación, leyendo el libro que los leían cuando estaban en el jardín, era un libro muy bello de Jane Austen.

Su corazón se hacía grande y pequeño con tan sólo pensar en Thomas. Si, él era el amor de su vida. Lo era. Incluso fantaseaba con una vida de ellos dos juntos como marido y mujer. Sería la perfecta esposa, le daría de comer todas las mañanas, aunque tuvieran cocineros encargados de ello, siempre le arreglaría su corbata antes de salir de casa a trabajar y le llenaría toda la mansión de claveles.

—¡Penny! ¡¿Qué estás haciendo?!— Abrieron la puerta de golpe, interrumpiéndola en su sueño despierto. Una de sus compañeras la estaba buscando desesperada por toda la mansión.

—¿Qué pasa contigo? Si sólo estoy—

—¡Nos requieren a todas las mucamas de la mansión! ¡Es una enorme fiesta!

—¿Fiesta?— Penny recordó que era una reunión aburrida, pero no iba a arriesgarse a que supieran de su relación con Thomas. Iba a mentir, recordando la indicación de Thomas de no bajar—Estoy un poco resfri—

—¡Vamos! ¡Vístete! ¡Usa el uniforme elegante! ¡Date prisa!

Penny dejó el libro en la cama y corrió al armario.

Unos momentos después, bajó junto con las demás, y vaya que si era una fiesta. Música, champagne y personas influyentes se encontraban en la Mansión Wayne. Penny se sentía como una mujer invisible en ese lugar, pero era su trabajo, por algo le pagaban.

Incluso trabajando llegó a fantasear de nuevo, creyendo que esa reunión era en realidad la reunión del aniversario de su boda. Estaría ahí con Thomas, emocionada por anunciar que esperaban su primer hijo.

—Oh Thomas, por favor, diles ya a tus padres lo que somos— Se susurró a sí misma en voz muy baja.

De repente mandaron a llamar a todos los presentes, pues ahí estaba el patriarca de los Wayne, a punto de hacer un anuncio importante. Todos prestaron atención, incluso Penny, que quería saber qué era lo que estaba ocurriendo.

—Gracias a todos por su asistencia— Él hablaba alegre, jubiloso—Hoy a nuestra familia nos ha llegado una grata bendición, algo tan grande, que decidimos formar esta fiesta en honor a ello. Queremos anunciarles a todos los presentes a una futura miembro de nuestra familia. Me honra anunciarles el compromiso entre la señorita Martha Kane y mi hijo, Thomas Wayne

Apareció Thomas junto con una hermosa chica rubia de ojos claros, en su cuello descansaba un collar de perlas y tenía una sonrisa muy encantadora.

Como si entre todos los invitados de esa casa la tomaran, la tumbaran, la golpearan y dispararan directo a su pecho, fue lo que sintió Penny Fleck en su corazón.

Todos aplaudieron ante el anuncio, todos excepto ella.

Y eso no fue lo que más le dolió a Penny. Lo que verdaderamente partió su alma fue la forma en la que Thomas miraba a Martha.

De la misma forma que él lo hacía con ella.

Thomas tomó delicadamente la mano izquierda de Martha, presumiendo a todos el enorme diamante que descansaba sobre él dedo corazón.

Penny lloraba por dentro, y si no escapaba de ahí, empezaría a llorar por fuera.

—¡Un brindis por los futuros esposos! — Alguien gritó al fondo, todos hicieron caso. Todos, incluso la servidumbre elevó sus copas, porque todos los que trabajaban con los Wayne eran familia.

Familia...

Estaba por iniciar el brindis.

Penny elevó su copa.

—¡Por el novio!

Lo suficiente para sobresalir de todos, lo suficiente para llamar la atención de Thomas.

—¡Por la novia!

Martha se sacudió alegre al escuchar que se referían a ella.

—¡Por su unión!

Thomas quedó paralizado al ver que Penny estaba presente.

—¡Y por su felicidad!

Todo estaba arruinado.

—¡Salud! — Todos gritaron y bebieron de sus copas. Penny lo hizo de golpe, se dio la vuelta y salió de ahí.

No importaba si perdía su trabajo después de eso, de hecho, ya no le interesaba vivir ahí.

¿Por qué se pasaría el resto de su vida ver a su verdadero amor con otra persona?

Caminaba rápido hasta llegar a una puerta, y cuando la encontró, corrió lejos, muy lejos. Se adentró al jardín donde solía dar largos paseos con Thomas.

Se dejó caer en la banca.

Claro, todo tenía sentido ahora. Las cosas tenían sentido. Porque Thomas quería que todo fuera secreto, porque nunca llegaba ese día donde se iba a reunir a solas con su padre y diría "Madre, Padre, me he enamorado de Penny".

Al menos no hacía frío esa noche.

No había nada como una noche de verano. Era cálido.

—¡Penny! ¡Penny! — Escuchó esa voz que conocía bien, ella se hizo la difícil, se levantó de la banca y corrió lejos de él —¡Penny por favor!— Seguía dándole la espalda hasta que Thomas se adelantó el paso y tomó su mano.

—¡¿Por favor que, Thomas?!— Volteó Penny, más que enojada, estaba herida.

—¡Déjame explicártelo!

—¡¿Por qué explicarías algo que es claro?!

—¡No es lo que piensas Penny! ¡De verdad que no!

—¡¿Dime qué es entonces?! Te daré tiempo para que me mientas

—¡Penny esto no es una mentira! ¡Te juro que yo...!

—¡No me jures Thomas! ¡Nunca jures en vano!

—Penny...

—¡Sabías perfectamente de esto! ¡Sabías que iba a ocurrir! Por eso no querías que fuera a esa "reunión" aburrida ¡¿Verdad?! ¡Por eso no querías decirles a tus padres sobre nosotros! ¡Claro! ¡El joven Wayne está comprometido con una dama que si es una verdadera dama! ¡Nunca con una sirvienta!

—¡Penny por favor! ¡Ese compromiso está arreglado! ¡Es algo que mi padre arregló! Tú sabes, cosas de negocios y todas esas patrañas...

No podía creerle. No iba a hacerlo. No quería hacerlo.

—¡¿Entonces por qué lo aceptaste?!

—¡Si no lo hacía, podrían desheredarme Penny!

—¡Eso te importa! ¡El dinero! ¡El dinero es lo único que te importa!

—¡Penny por Dios! ¡No se trata de eso! Martha sólo... Sólo es un compromiso familiar ¡Tú eres especial para mí!

—¡¿Si soy tan especial porque soy un secreto?! ¡¿Por qué carajos me haces esto?!

Era la primera vez que maldecía enfrente de Thomas.

—Penny...

—Parece que te arrepientes de todas las cosas que hemos vivido juntos Thomas, y no quiero decirlo, pero mi corazón me está obligando a arrepentirme también, ¡No quiero arrepentirme!

—¡No Penny! ¡No lo hagas por favor!

—¿Sabes que haré? Dejaré este trabajo, dejaré esta casa, te voy a dejar, por que mi pequeño corazón no va a soportar esto, ¡No lo va a soportar!

Desesperado, Thomas se arrodillo ante Penny y con sus brazos envolvió sus piernas, viéndose tan vulnerable como humillado. Realmente rogaba por Penny.

—¡Penny no! ¡No lo hagas! Si te vas, me volveré el hombre más miserable del mundo

—¡Oh si! ¡Mira que miserable eres! ¡Un Wayne miserable! ¡Ese es un buen chiste! — Grito Penny a la cara de Thomas, su voz se escuchaba desgarradora. Giró dándole la espalda y caminando más rápido. Lloró histéricamente. Thomas se sentía como el peor hombre del mundo. O eso pensaba Penny, Thomas debía de sentirse así.

Sintió una mano sobre su hombro, un suave toque. Una respiración a su oído. Cada vez que la abrazaba por detrás, ella se derretía, y por más que ella intentaba resistirse, cuando la abrazaba así perdía la cabeza.

—Voy a casarme con ella y después me divorciaré, cuando lo haga, me casaré contigo, no me importarán las apariencias ni la opinión de la sociedad, yo te amo a ti Penny, ¡Te amo a ti!

—¿De verdad? ¿Tus palabras serán ciertas? ¿Por qué no puedo creerte?

—¡Por favor Penny! ¡Créeme! ¡Créeme que sólo a ti te amo! ¡Te amo!

La beso fuerte, muy fuerte. Penny se abrazó a él.

Estaba tan enojada que quería creer en sus palabras, era lo único que le quedaba. Creer en su palabra.

Thomas la tomó de la mano, atravesaron el jardín y corrieron a uno de los autos. Salieron y escaparon de la mansión. Manejaron muchos kilómetros de distancia, los suficientes para alejarse de la ciudad. Fue en un viejo mirador de Gotham donde Thomas y Penny consumaron su amor por primera vez.

Todo fue como un cuento de hadas para Penny, hasta el momento en que regresaron a la mansión, ella tuvo que tomar otro camino para que no los vieran llegar juntos. No podían levantar sospechas.

Fue al estar sentada en la cama de su habitación cuando la realidad cayó a su vida, diciéndole que, aunque ella había estado antes, se iba a convertir en la otra mujer.

...

Había pasado cuatro meses, Penny veía como a su alrededor estaban haciendo preparativos para la gran boda. Todos en la mansión se contagiaban de esa alegría. Todos menos ella.

Sus compañeras notaron el cambio de actitud de Penny, pero ella era retraída y discreta. Obviamente no iba a contarles lo que pasó, porque estaba segura que la tomarían por loca.

Aquel día andaba por el jardín, últimamente necesitaba un poco de aire fresco. Se sentó en la banca, mientras miraba al cielo.

No entendía aún el porqué. Ella era mejor, muchísimo mejor que esa tal Martha, ¿Por qué nadie se daba cuenta de eso? Oh, lo olvidaba, era porque Penny es pobre y Martha rica, ¿No eran así las cosas?

Sí, sí eran así.

Pero lo que más le confundía, lo que la hacía pensar demasiado, era la actitud de su amado hombre.

Siempre cada noche, cuando Martha se iba de la mansión, Thomas se escabullía hasta llegar a la habitación de Penny, hacían el amor, las únicas horas de felicidad para Penny, y volvía a irse. Se había vuelto tan rutinario para ella, que esto le estaba empezando a cansar.

El cielo se distorsionó en su mente por un momento. Penny frunció su ceño y se llevó su pulgar e índice al inicio de su nariz.

Otra vez mareos. Es por eso que necesitaba salir a tomar aire.

Se levantó y se fue, no quería recibir una amonestación de sus jefes.

...

Una semana después, Martha había reunido a las sirvientas de la casa. Obviamente Penny estaba presente, y sólo trataba de no mostrar odio al ver a Martha.

No, ¿Por qué a Martha?

Ah, que ella iba a ser la legítima esposa de Thomas. ¿Era su culpa? Tal vez.

Eligió a varias de ellas para que la acompañaran a hacer un par de compras. Penny maldijo cuando la escogieron.

—¡Estos vestidos son muy monos! ¡¿No lo creen?!

Martha, junto con su futura suegra y varias de las criadas que ella había escogido (Entre ellas Penny) se encontraban en una tienda de vestidos de novia. Martha estaba eligiendo los candidatos de vestidos de novia, uno de ellos usaría para la gran boda.

—¡Me encanta este! ¡Estoy enamorada! ¿Puedo probármelo?

—Claro que sí Martha, yo te regalaré tu vestido, puedes usar el que tu desees

La felicidad de Martha era tan contagiosa, todos a su alrededor podían sentir esa chispa de alegría.

Todos excepto Penny. Era la única que no sonreía.

Penny maldecía a Martha. No sabía de la suerte que ella se cargaba. Penny deseaba ser Martha.

Salió Martha del vestidor, mirándose al espejo, dando vueltas, pequeños brincos y chillando de emoción.

—¡Este me encanta! ¿No creen que me parezco a Cenicienta?

Esa expresión puso furiosa a Penny, ¿Cómo osaba decir eso? Ni siquiera sabía el verdadero significado de la historia. Apostaba que Martha ni siquiera había leído la historia, sólo decía tonterías al aire.

Pero sabía controlarse muy bien, eso sí, no iba a sonreír.

De regreso a la mansión, Martha parecía una pequeña niña en Navidad, viendo cada detalle de su boda.

—¡¿Podríamos contratar violinistas?! ¡¿Qué tal narcisos blancos como centros de mesa?! ¡¿Y si nos casamos en un jardín?! ¡O en un salón! ¡¿Qué les parece un salón con jardín?!

—¡Todo lo que tu quieras Martha! Será tu día y el de Thomas. Me alegra que te concentres en los detalles, Thomas sólo tendría que ver que esmoquin usará para la ocasión.

—¡Oh! ¡Tan lindo el! ¿Sabe algo Sra. Wayne? Tal vez esto le parezca un poco incomodo, pero el no me ha hecho ninguna insinuación indecente, ¡Me ha respetado!

—¡Por supuesto que sí! Eso es lo que le hemos enseñado, es un caballero de verdad, el siempre respetando a las damas de verdad

Penny sintió su estómago encogerse, ¿Qué querían decir con eso? ¿Thomas no la veía así?

Había reprimido demasiados sentimientos y emociones que su cuerpo le empezó a cobrar factura. Los mareos de Penny empeoraron, al grado que perdió el control de su cuerpo por unos segundos. Antes de caer al suelo, se tomó de un exhibidor que tenía un florero, este cayendo al suelo.

—¡Oh! ¡Mi florero!— La Sra. Wayne protestó en voz alta —¡Voy a tener que descontarlo de tu salario!

Lo que le faltaba a Penny, no tener suficiente dinero para sobrevivir.

—Espere Sra. Wayne, ella se esta sintiendo mal— Martha caminó al lado de Penny, tomándola de su hombro y brazo —¿Estás bien? Penny, ¿Te llamas Penny? ¿Verdad?

—Sí...— Respondió en voz baja, no esperaba que la Señorita Kane le dirigiera la palabra en un tono amable. Creía que era una mujer arrogante como la Sra. Wayne, ya que veía que siempre se llevaban bien, así que supuso que su actitud era parecida a la de su jefa.

—Déjame ayudarte Penny, que estás pálida, ¿Has desayunado esta mañana?

—N-no

—¡Ahí está! ¡Tienes que comer algo! — Martha se dirigió a su suegra —Sra. Wayne. No se preocupe por el florero, yo me haré cargo de él

—Oh Martha, tu corazón es tan bondadoso... Ve con ella Penny, aprovecha tu oportunidad

Antes de que ella se negará, Martha llevó a Penny al comedor, pidió que le sirvieran algo. Comió un plato de sopa de champiñones, los síntomas se repararon casi al instante.

—¿Estas mejor?

—Un poco

—¡Me alegra que estés mejor! Nunca debes de saltarte tus desayunos, es una de las comidas más importantes del día. No importa lo demás

—Sí, Señorita Kane

Penny intentaba comer cuando sentía la mirada de Martha sobre ella, quería pedirle si podría dejar de mirarla así, sobretodo con esa sonrisa tonta.

—Penny, no tienes que preocuparte por muchas cosas, cuando viva aquí, podrás disponer del tiempo que necesites para alimentarte. Seré amable con ustedes, esos son los valores que mi familia me inculcó, siempre ser amable con el prójimo

Dios, la pobre mujer le estaba ayudando y además le aseguraba un futuro mejor, era alguien sumamente gentil. Se sintió tan culpable por creer que era una mujer hueca, y si la pobre de Martha supiera que estaba acostándose con su prometido, tal vez estaría en la calle.

—Muchas gracias, Señorita Kane

—No es nada Penny, pero volvamos a tí, que aunque te sientas mejor no hay que pasarse en alto, puede que sea un síntoma de alguna enfermedad que tenemos que curar rápidamente. Dime ¿Te has sentido así últimamente? — Martha volvió a preguntarle con nobleza. Penny tuvo que admitirlo: Martha no merecía los insultos que le dedicó en su mente.

—Sí...— No era capaz de mirarle a la cara.

—¡Oh no! Deberíamos llevarte con un doctor, podría ser algo peor

—No es necesari—

—¡Lo es! Dices que son mareos y hoy empeoraron, debería de llevarte al médico ahora mismo. Pero antes, ¿Sólo han sido mareos?

—Eh...— Penny desconfiada, se dio cuenta que no había tenido una buena salud esa última semana —No, he tenido nauseas también, desde hace tres días, y esta mañana he vomitado también, y...

Oh no.

Penny empezó a contar mentalmente su calendario y fechas.

—¿...Y? — Martha volvió a preguntar curiosa. Penny quedó petrificada al darse cuenta de lo más importante:

—...No me ha llegado el periodo...

Martha llevó sus manos a la boca. Como si ella fuera la que iba a recibir la noticia. Y Penny se arrepintió de pensarlo en voz alta.

—¡Con mayor razón debemos de llevarte al doctor! ¡Tal vez podrías tener un retoño!

No.

No.

No.

Todo menos eso ¡Todo menos eso!

Que fueran parásitos en su estómago, que fuera una maldita enfermedad mortal, que tuviera cáncer, todo menos un embarazo

¡No podía ser eso!

—¿Qué haces con ella?

Una tercera voz inundó el comedor.

Thomas estaba ahí.

—¡Thomas! — Martha se levantó emocionada hacía él —Estaba hablando con Penny, tenemos buenas noticias, ¡Podría esperar un hijo! ¡¿Te imaginas?! ¡Sería como una bendición a nuestro hogar!

—¿Qué?

—¡Lo sé! — Martha giró a con Penny y corrió a su lado— Se que mi hijo no es, es tuyo y de tu novio o esposo, pero, ¡No lo sé! ¡No puedo evitar sentirme feliz con esto! Penny, te prometo que a tu hijo no le faltará nada, no le faltará techo, ni comida, le proveeré ropa, incluso juguetes, lo llevaremos al parque, le festejaremos todos sus cumpleaños, y l—

—¡Martha!—Thomas habló en voz alta, casi alterado. Ella lo miró asustada

—¿Cariño? ¿Estás bien? — Martha se acercó a Thomas, tomando su barbilla con su mano.

—Mi cielo, no deberías de adelantarte, primero hay que asegurarnos de que sea verdad esa sospecha, debo de llevar a Penny al doctor

—¡Sí! ¡Me avisan de que fueron los resultados! De verdad, espero que sea un embarazo, ¡No te preocupes por el dinero Penny! ¡No lo hagas!

—Penny, sal un momento de aquí, hablaré con Martha...— Penny hizo caso. Salió, pero esperó fuera del comedor, escuchando la conversación de Thomas y Martha.

Esperaba que le dijera la verdad, que aun había tiempo para detenerlo todo.

No fue así.

—¿Crees que este embarazada?

—No lo sé Martha, por eso la llevaré con un colega para descartar cualquier enfermedad

—¡Que emoción! ¿Te imaginas? Espero que cuando tengamos un hijo se vuelva amigo del hijo de Penny, ¿Te imaginas que ambos jueguen juntos?

—Martha, tienes mucha imaginación. Debemos de partir

—¡Mucha suerte corazón!— Martha se acercó y besó a Thomas. El, más pálido que nada, salió del comedor y al encontrarse con ella, tomó de la muñeca a Penny y salieron de ahí.

Penny sentía que debía de darle una explicación.

—Thomas, yo no quise, ella empezó con eso, yo no estoy segura si estoy embarazada, yo—

—Te lo advertiré Penny: No te vuelvas a acercar a ella. Tienes prohibido acercarte a Martha

Penny quedó de piedra, era la primera vez que Thomas le alzaba la voz de forma amenazante.

—Pero... Thomas...

—Iremos con un amigo, confirmaremos lo del embarazo, de ser real, tomaremos otras acciones

—¿Acciones?

—Será mejor que camines más rápido Penny...

Los dos salieron de la mansión y fueron a donde Thomas le había mencionado.

Thomas habló primero con el doctor, después, tomaron las pruebas que necesitaban de Penny. Como Thomas era alguien con influencias, los resultados iban a estar en muy poco tiempo.

Penny aguardaba con miedo en el auto, haciéndose cada vez más pequeña en el asiento. ¿Qué es lo que podría pasar? ¿Thomas iba a estar a su lado, cierto?

Thomas salió de la clínica con un sobre en mano, entró al auto.

—Aquí están— Le mostró el sobre blanco que decidiría su futuro —Los resultados

—Déjamelo a mí por favor

—No. Lo haré yo

Thomas abrió el sobre, tan rápido como sus dedos se lo permitieron, sacó la hoja de resultados y observó.

—¿Y bien?...

—... Carajo... Estás embarazada...

Cuando se confirmó el embarazo de Penny, ella, a pesar de las dificultades que el camino podría presentársele, se sintió la mujer más feliz del mundo.

Lloró y sonrió.

Era la sensación más extraña, pero a la vez la más tierna que había experimentado en su vida. Tomó su vientre con ambas manos.

Había vida dentro de ella.

—Thomas... —Elevó su cabeza hasta encontrarse con él —Mi amor, vamos a tener un hijo...— Le estiró sus brazos a Thomas, buscando su amor.

Pero sus brazos fueron rechazados.

—No. No lo tendremos

—¿Qué? ¿De qué hablas cariño? ¡Pero sí...!

—No será así. Por las fechas que dijiste, tendrías cuatro meses y medio. En este momento vamos a ir a una clínica especial. Iremos con un doctor que sabe interrumpir embarazos

Todo se le vino de cabeza a Penny al escuchar eso.

¡¿Pero como Thomas se atrevería a hacerle eso a su propio hijo?!

—¡¿Interrumpir?! ¡No! ¡De ninguna forma! ¡Yo quiero a este bebé! ¡Lo quiero! — Penny gritó histérica a Thomas, empezando a golpearlo —¡No me vas a quitar a mi bebé! ¡No lo harás!

—¡Cállate mujer!

—¡No me vas a quitar a mi hijo!

Thomas la tomó de sus muñecas y la aventó para alejarla de él.

—Dime una solución entonces, ¡Dímela!

Finalmente, se atrevió.

—¡Cancela tu compromiso con Martha! ¡Cancélalo! ¡Y casémonos!

—¡¿Qué?! ¡¿Estas loca?!

—¡Sí! ¡Estoy loca! ¡Lo estoy sólo por querer formar una familia contigo!

—Oh, que mierda...

Los dos estuvieron en silencio. Thomas empezó a manejar de vuelta a la mansión.

—No me dejas opción Penny

—¿De qué hablas?

—Voy a tener que hablarlo con mis padres

Esto hizo que Penny tuviera un poco de esperanza. No era la manera, pero al fin, todos sus sueños al lado de Thomas se iban a hacer realidad.

Toda la tarde y gran parte de la noche estuvieron los Wayne a puerta cerrada en el despacho. Penny esperaba asustada en su habitación, tan asustada, que se quedó dormida.

Esperaba que todo saliera bien.

Tocaron su puerta al día siguiente. La estaban buscando.

Su pecho tembló, pero estaba emocionada.

Penny usó ese vestido que le había regalado Thomas tiempo atrás. Al desvestirse, se miró al espejo, ¿Cómo no lo había visto antes? De su pequeño estómago empezaba a brotar su embarazo.

Limpió su lágrima, abrochó los botones de ese vestido. Bajó las escaleras. Esperaba ese mejor futuro para su familia.

Todas esas esperanzas se derrumbaron después de esa reunión.

—Adelante Penny, siéntate

Thomas y sus padres la estaban esperando, y no se veían muy amigables. Penny tomó asiento.

—Penny Fleck... Siempre me diste mala espina...— Empezó la madre de Thomas a hablar, su tono de voz, tan despectivo como siempre —Pero por las recomendaciones, supuse que tal vez estaba exagerando contigo. No lo hacía, y te lo diré, no volveré a desconfiar de mi instinto

—Penny. No tienes idea de cuánto dinero gasté en tu error— El padre empezó a hablar, si la madre se escuchaba despectiva, el de él era peor —Pero moví tantos contactos como pude, y tuve que comprar su silencio— De una carpeta de cuero, sacó una hoja —Será mejor que firmes estos papeles...

Temblando de miedo, Penny miró por encima de aquel papel.

SOLICITUD DE ADOPCIÓN

Fue lo que leyó.

—¿Qué? ¿Qué es esto?

—Dijiste una vez que querías adoptar un niño, ¿No es así? — Elevó su mirada ahora a Thomas, quien ahora tenía la palabra—Bueno, adoptarás a tu propio hijo

¿Cómo...?

¿Cómo...?

¿Cómo era posible que el les iba a hacer eso? A su verdadero amor y a su hijo ¡¿Cómo era capaz?!

—Thomas... ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?

—No lo hagas más difícil, firma el maldito papel

—Thomas, ¿Por qué no dices que lo nuestro es real? ¿Más real que lo de tú y Martha?

Thomas soltó una carcajada tan fuerte, sus padres tenían esa cara de malicia y desprecio a Penny. Thomas se acercó a ella y la miró de frente.

—Penny, lo tuyo fue algo pasajero, algo... ¿Cómo te lo digo? Una aventura, algo para divertirme, y desgraciadamente se me salió de las manos

Su corazón se estaba partiendo en mil pedazos.

No era cierto, ¡Eso no era cierto! ¡Estaba mintiendo!

—Thomas... ¿Por qué dices eso?

—Penny, este bastardo que tienes en tu matriz es un error, error que pude borrar de la forma más fácil, pero no me dejaste hacerlo. Así que tendré que sacarte de mi vida

—¿Cómo te atreves a hacernos esto?

—Penny por favor, ¿De verdad creías que el heredero de la fortuna de los Wayne iba a casarse con una simple sirvienta? Esto no es un cuento de hadas, Penny, ni una de tus películas del autocinema

—¿Qué? ¿De qué...? — Las lágrimas ya estaba corriendo por la cara de Penny, lo miró a sus ojos. Malditos ojos verdes. Ahora los despreciaba —Thomas... Vas a arrepentirte de eso algún día

—Te aseguro que no será así. Adiós para siempre, Penny

...

Después de ese mal día, Penny perdió su cabeza.

Pero no se había dado cuenta de eso aún. Meses después, Penny tuvo a su hijo.

Se dio cuenta que en parte eran ciertas las palabras de Thomas, pudo haber sido mejor interrumpir el embarazo, pues el pequeñín se asemejaba mucho a Thomas. Y su maldición fue cuando abrió sus ojos. Ojos verdes.

—Oh Arthur... Mi pequeño feliz. Mi Feliz...

Un año después, cuando Penny estaba en la calle con su Feliz en brazos, pasaba por una tienda de electrodomésticos. En uno de los exhibidores tenían televisiones funcionando. Se acercó a estas y se dio cuenta por medio de las noticias locales que apenas habían pasado días de la boda entre Thomas y Martha.

Observaba con atención, aunque la imagen estuviera a blanco y negro, Martha estaba vestida igual que Cenicienta, e incluso habían elegido un lugar similar a un palacio como lugar de celebración. Escuchó atentamente la melodía que ambos bailaron como su primer vals de marido y mujer. "So this is love",el vals original de la película de Cenicienta. Oh, que Martha no había cambiado en ese año, de verdad tenía alma de niña, aún creía en los cuentos de hadas.

No fue cuando bailaron un segundo vals. Y esto fue una apuñalada al corazón de Penny.

Bailaron "La vie en Rose".

Penny tembló, abrazó con fuerza a Feliz y salió corriendo de ahí, llorando. Odió con toda su alma a Thomas.

Cayeron las cosas en su vida como fichas de dominós

Pudo haber mejorado la situación, pero no ocurrió eso. Penny empeoró cada día, descuidando a su hijo, dejándose caer en el alcohol y en el tabaco, y metiéndose con todos los hombres que pudiera encontrar, cualquier hombre que le ayudara a olvidar a Thomas.

Pero era obvio, apenas volvía y veía a su hijo, los recuerdos brotaban a flote. Por eso no quería cuidarlo, porque era el recuerdo más vivo de su amor.

Penny, una mujer llena de vida, alegría e ingenua se había convertido en un desastre humano. Una basura humana que sólo le importaba a ella misma. No amaba a nadie más, ni siquiera amaba a su hijo, sólo por tener los mismos ojos verdes que su padre.

Y maldita la hora cuando Penny conoció a aquel demonio disfrazado de humano, maldito el minuto que le dijo que sí quería ser su novia, maldito el segundo cuando ese infeliz conoció a su pequeño feliz.

Porque fue ahí cuando todo ardió en llamas, fue ahí cuando la vida de ambos se convirtió en el mismísimo infierno.

...

Fue un caso tan sonado, que llegó a oídos de la mansión Wayne.

Thomas hizo hasta lo imposible para que Martha no se enterará de eso. Sabía que, si Martha se enteraba, iba a querer adoptar al hijo de Penny.

Thomas caminaba por los pasillos de Arkham. Había pasado tres meses del acontecimiento.

No sabía donde se encontraba el hijo de Penny, y no deseaba saberlo. Pero claro que sabía por todo lo que vivió. Le dolió, pero sólo porque era un pequeño niño que no merecía todos los abusos y maltrato que vivió, no porque fuera su propio hijo el que haya recibido todo ese dolor.

Llegó a la celda que le correspondía, y no podía creerlo. Sus ojos no podían con la imagen de Penny, la cual aún tenía rastros de violencia en su cara. Lucía tan perdida y demencial.

Tardó mucho tiempo en reconocer su rostro. Y ella tardó en reconocerlo.

—Thomas...

—... ¿Cómo pudiste acabar así?

—Thomas... Thomas...— No paraba de repetir su nombre.

—No se si estés cuerda o no... Te lo diré de todas formas. He pagado una buena cantidad de dinero para que el mejor psiquiatra de Gotham te trate. Vas a estar en tratamiento con él, y cuando te den el alta te regresaran a tu hijo bajo mis órdenes, por supuesto que no nos vamos a hacer cargo de él, no voy a cargar con un error de mi pasado

Penny con la mirada perdida, no paraba de verlo.

Podría estar loca, pero aún había resentimiento en su corazón.

—Ni siquiera te da lástima tu bebé... No te da lástima...

—Sólo vine a informarte esto

Thomas se levantó del asiento, no había durado ni cinco minutos la visita, pero no podía estar más ahí.

—Thomas... Es tu bebé...— Con la voz más quebrada, Penny alzó a Thomas.

Él dejó escapar una carcajada.

—Que buen chiste Penny, que buen chiste...

Se fue, dejándola sola en esa habitación de paredes blancas.

...

Thomas siguió con su existencia, como si ese capítulo de su vida nunca hubiera existido.

Tuvieron que pasar años para que tuviera a su primer hijo. A Bruce.

Prometió cuidar a Bruce con su vida, junto con Martha. Lo amaría con todo su corazón y alma, y lo protegería de las desgracias del mundo.

Mientras que Penny, después de haber sido dada de alta de Arkham, tuvo que volver a sobrevivir a la adversidad, a una vida peor de la que tenía antes de trabajar con los Wayne, y esta vez, junto con su pequeño Feliz.

Sí, tal vez Feliz era pequeño para comprender muchas cosas, entre ellas su risa involuntaria. Penny se acercaba a Feliz cada vez que tenía un ataque y le decía que eso era una condición que sólo podía curar de una forma: Trayendo alegría y risas al mundo.

Una noche, cuando Feliz dormía en la cama sucia y vieja, Penny miraba una pequeña caja con cosas que guardaba, encontrando una fotografía de ella en el precioso jardín. Dio la vuelta a la fotografía

"Me encanta tu sonrisa"

T.W.

Y a pesar de todo, no podía evitar sonreír cada vez que veía una noticia acerca de Thomas. Ya sea en la televisión, en la radio o en los periódicos.

Pues al final de cuentas, eran una familia, ¿No había dicho así él?

¿O era que todavía estaba enamorada de él?

Aun con la fotografía en sus manos, sonrió.

Sí, todavía lo amaba. Todavía estaba enamorada de sus ojos verdes. Su corazón le seguía perteneciendo a Thomas Wayne.

...

"The other woman has time to manicure her nails
The other woman is perfect where her rival fails
And she's never seen with pin curls in her hair anywhere

The other woman enchants her clothes with French perfume
The other woman keeps fresh cut flowers in each room
There are never toys that's scattered everywhere

And when her old man comes to call
He finds her waiting like a lonesome queen
Cause to be by her side
It's such a change from old routine

But the other woman will always cry herself to sleep
The other woman will never have his love to keep
And as the years go by, the other woman
Will spend her life alone

Alone
Alone..."

—Lana del Rey - "The Other Woman"