21

1976

—¡Bruce! ¡No te alejes muchacho!

—¡No papá!

Un pequeño Bruce jugaba con una espada de madera en el enorme jardín de su casa.

Aquel día no era un día especial, pero sus padres podían convertirlo en uno. Era un caluroso verano. Debían de aprovecharlo.

Thomas y Martha estaban en una banca, mientras ambos bebían limonadas. Alfred se encontraba cercano a ellos bajo la sombra, esperando recibir órdenes.

A pesar de los años transcurridos, parecía que el amor entre Thomas y Martha no se había extinguido. La gente que los conocía decía que era como si vieran a los jóvenes recién casados todavía.

Thomas abrazaba a Martha por detrás de su cuello, siempre diciéndole cosas lindas y uno que otro chiste pícaro al oído de Martha, ella sólo se reía y le decía que se comportara, más con su hijo cerca de ellos.

—Thomas, calla un momento, que Bruce está aquí

—No nos escucha, míralo, está jugando a ser el zorro

—¡Thomas! ¡Por favor! ¡Cálmate!

Soltaba una carcajada, siempre Thomas la hacía reír.

—No es como si tuviera un oído extraordinario

—¡Thomas! ¡Contrólate!

Los dos se reían. Sí que aún estaban muy enamorados el uno del otro.

Martha miraba a los ojos a Thomas, le sonrió. Le dio un pequeño beso en los labios. Su mirada se desviaba al pequeño Bruce, el fruto del amor de ambos.

¿Qué más le podía pedir a la vida? Oh sí, sólo una cosa: Que esto durara por siempre.

—Oh no— Miraba Martha una pequeña mesa de jardín que habían instalado —Se ha acabado la limonada— Se levantaba del asiento y tomaba la jarra vacía.

—Alfred— Inmediatamente Alfred llegó al llamado de Thomas —¿Podrías traer más limonada?

—¡Oh cariño! Eso yo lo puedo hacer, además, voy a traer también las paletas de hielo que hicimos Bruce y yo, Alfred no podrá con todas las cosas en sus manos, y la bandeja es muy frágil

—Oh cariño...— Thomas miraba con ternura a Martha. Ella, siempre siendo muy afable con todos, incluso con los sirvientes —Está bien Martha, ayuda a Alfred

—¡Bien! Enseguida volvemos— Los dos fueron a la cocina. Thomas no paraba de mirar a Martha, mientras Martha le decía a Alfred de cómo debían de decorar para la siguiente temporada la mansión y que debían de conseguir girasoles y plantarlos para aprovechar el verano, a pesar que Alfred no entendía ni una sola palabra de lo que ella decía.

Thomas dejó de verla cuando entraron a la mansión, pero ahí los problemas iban a empezar.

—¿Bruce?— Se levantó al ver que lo perdió de vista —¿Bruce?— Volteó hacía atrás una vez más. Veía a través de la ventana como Martha no paraba de hablar mientras hacía la limonada en la cocina y Alfred sólo escuchando atentamente.

Aprovechando que estaban ocupados, Thomas se levantó y empezó a buscar a su hijo.

—¿Bruce? ¿Bruce? ¿Dónde estás? — Caminaba rápido en el lugar, mientras un pequeño viento pasaba, refrescando un poco —Oye Bruce, si te estas escondiendo será mejor que salgas, ¡Mamá ya va a traer las paletas que hicieron! ¡Si no apareces, me voy a comer la paleta de moras, tu favorita!

Sin respuesta.

—¡Bruce! ¡No estoy jugando, sal, mamá te está buscando!

Nada.

En ese momento, Thomas empezó a preocuparse.

—¿Bruce? — Su voz ya no se escuchaba exigente, se escuchaba alarmante —Bruce, ¡¿Dónde estas Bruce?! — Empezó a correr ahora por el jardín, buscando entre los árboles y los arbustos, fue a la pequeña casa de madera, pero se encontraba vacía. Incluso revisó de que la reja principal no estuviera abierta. No, no lo estaba, pero Bruce seguía sin aparecer.

Empezó a imaginar lo peor.

No, Bruce debía de estar ahí cerca.

No quería caer en pánico, pero estuvo al borde de hacerlo.

—¡¿Bruce?!

Gritó una última vez, esperando una respuesta.

Y la obtuvo, pero no de la forma que él esperaba.

Escuchó de repente un sonido extraño, después un golpe y finalmente un grito de una pequeña voz.

Momentos antes, Bruce jugaba a ser El Zorro, corría por el jardín, siempre fingiendo tener increíbles peleas contra espadachines, y siempre los podía derribar.

Bruce miró a sus padres, ellos estaban hablando y riéndose, vio a su mamá sonrojarse, no sabía porque, quizá eran cosas que sólo podían hablar los adultos.

Volvió a su pelea imaginaria, derribando a cada enemigo que creía que podía vencerlo, por supuesto que no. Nadie podría derrotar al Zorro.

Después de haber "Ganado" la batalla, iba a comenzar otra, y una mariposa voló cerca de él. Le encantaban las mariposas, así que fue detrás de ella, siguiendo su vuelo. La mariposa lo llevó a una parte del jardín que se encontraba detrás de la mansión, y muy lejana, por cierto.

Bruce no sabía si eso era bueno o no, no importaba, estaba aún dentro de su casa, y no estaba cerca de la reja. Recordaba esa regla de sus papás, no acercase a la reja.

Decidió explorar esa parte del jardín, como lo leía en los libros de fantasía y aventuras, podría tener incluso una aventura. ¡Sí! ¡Era lo mejor del mundo! Tenía con el su espada, ¿Qué podría salir mal?

Caminó y vio una parte del suelo "hundida". Esto le hizo gracia, ¿Por qué estaba hundido? Parecía como en las caricaturas.

Bruce se metió ahí, empezó a saltar y a correr, pues parecía divertido, un lugar donde jugar, sin temerle a nada.

Y de repente, el suelo se abrió, y cayó. Era realmente un pozo.

Bruce gritó al caer y golpearse, hasta dar con el suelo. Le dolía su muñeca, no podía mover su mano, y su espada se partió en dos.

—¡PAPÁ! ¡MAMÁ!— Empezó a gritar por ayuda, por las únicas dos personas que podían salvarlo en ese momento —¡PAPÁ! ¡MAMÁ!

No se dio cuenta, pero sus gritos daban a ecos, ecos que se escuchaban cerca y lejanos a la vez.

Bruce temió lo peor. ¿Y si nadie se daba cuenta que se había caído a ese pozo? ¿Y sí se quedaba solo para siempre? ¡No quería quedarse ahí! La idea de quedarse atrapado en ese pozo y estar solo por siempre le aterró demasiado que empezó a llorar.

Gritaba y lloraba. Estaba tan espantando, y le dolía mucho su mano.

—¡¿Bruce?! ¡¿Bruce?!

—¡PAPÁ! ¡PAPÁ!— Gritó cuando logró escuchar a su papá. Vio como asomaba la cabeza por aquel pozo —¡Sálvame papá!

—¡Por el amor de Dios! ¡Espera Bruce!

Sin pensarlo. Thomas se adentró al pozo, con muchísimo cuidado de no resbalarse. Bruce veía a su papá como un héroe.

Cayó a un lado de Bruce, e inmediatamente lo sostuvo entre sus brazos.

—¡¿Estas bien Bruce?! ¡¿Te lastimaste?! — Por un momento, creyó que iba a perder a su hijo.

—¡Papá! ¡Papá!— Sólo Bruce se abrazaba de Thomas. Lo abrazó, de verdad tenía miedo de quedarse solo.

Con mucho esfuerzo y dificultad, Thomas sacó a Bruce del pozo. Cuando ambos salían, vieron a Martha y a Alfred correr hacía ellos.

—¡BRUCE!— Ayudó a Thomas a sacarlo del pozo, abrazaba a Bruce con mucho cuidado, pero a la vez con todas sus fuerzas. Estaba tan asustada como Thomas, incluso más —¡¿Pero que ha pasado?! ¡Oh no! ¡Su mano esta doblada! ¡Hay que llevarlo al hospital!

Aquel día de verano se canceló, los Wayne llevaron a su pequeño hijo al Hospital. Nada serio, afortunadamente, sólo tuvo un esguince en su mano, y tenía que guardar reposo.

Sin querer, ese accidente hizo que descubrieran qué, cercano a la mansión y por debajo de esta había unas antiguas cuevas. Temieron un poco, pero después de hacer la revisión, no había riesgo de derrumbe. Podían continuar con su vida normal.

Bruce en cambio, aún tenía mucho miedo.

Aún estaba muy asustado de haberse caído y de saber que estuvo a punto de quedarse sólo para siempre.

Aquella noche del accidente, les pidió a sus padres si podían dormir con él. Martha y Thomas aceptaron sin pensarlo. Los tres se acomodaron en la cama, ambos besaron la frente de Bruce, y durmieron junto con su pequeño.

...

1992

Bruce, por más que repasaba la situación, no le hallaba sentido. No supo cómo ocurrió. Pero sucedió.

Sobrevivió a la explosión.

Pero no todo fue miel sobre hojuelas.

El primer traje que había diseñado y confeccionado ahora se guardaba para siempre. Fue su protección por mucho tiempo, pero era hora de retirarlo. A causa de la explosión, ya no servía de nada.

No tenía quemaduras graves, de verdad que había sido un milagro haber sobrevivido. Eso sí, tenía golpes en su cabeza, en su cuerpo, una enorme herida en su pecho, cerca de su brazo, su mano tuvo (Otro) esguince, y la herida de su cara iba a dejarle una cicatriz. Tenía que curar esa cicatriz antes de que empeorara, tenía una imagen que cuidar como el único Wayne vivo de Ciudad Gotham.

Alfred por su parte, odiaba tener que sermonear a Bruce, más cuando él mismo tenía la razón.

—Le dije que creara un nuevo traje, ahora tiene una nueva herida en su pecho y cara— Terminaba de coserle la herida del pecho. Bruce aguantaba mucho el dolor a pesar que fuera insoportable.

—Lo siento mucho Alfred, pero todo este embrollo me ha absorbido la vida. Sabes que tengo que resolverlo

Alfred, después de desinfectar la herida, ponía una venda sobre la lesión.

—Y sabes lo que pienso al respecto— Bruce, al ver que las heridas estaban curadas y comprimidas, tomó una bata para dormir, cubriendo su cuerpo. Alfred, aún con desaprobación, dio sus argumentos — Bruce... Ese payaso es un enfermo mental inestable

—Alfred...

—Entiendo que quieras ayudar a todos Bruce, entiendo que has hecho una promesa, que tienes un deber, y yo respeto que quieras cumplir con ese deber, ¡Pero por el amor de Dios, Bruce! ¡Es el Joker! ¡No sé por qué le ofreciste tú ayuda! Si tan solo te hubieras enterado poco a poco como fue que hundió esta ciudad ni siquiera pensarías en tenderle la mano. No merece ayuda, merece que lo encierren para siempre en Arkham

Bruce movió su cabeza a los lados y llevó una mano por detrás de su nuca. Alfred podría tener razón, pero había cosas que él no entendería.

—No lo sé Alfred, entiendo tu punto, pero, es como si se la debiera...

Alfred no quiso seguir haciendo comentarios al respecto. Sólo hizo una mueca de reprobación. Pero inmediatamente hubo una sonrisa de nostalgia.

Cuando Bruce tomaba actitudes así, donde quería ayudar sin mirar a quien ayudaría, le recordaba mucho a su madre, a Martha.

La recordaba con cariño, y eso pasaba con cualquiera que haya trabajado en la mansión Wayne en los años cuando ella vivió ahí, pues Martha era una mujer extremadamente benevolente, generosa, bondadosa. Si, todos seguían las ordenes de los Wayne sin pensar ni renegar, pero en el momento en que Martha se había convertido en la esposa de Thomas le dio un giro a la mansión Wayne.

Pedía las cosas de favor a los sirvientes, siempre se encargaba de que cuando alguien cumpliera años recibiera regalos y un bono extra. Los días como El Día de Acción de Gracias o Navidad se encargaba ella de que sólo trabajaran medio día y que todos fueran a festejar con sus familias, y los que no tenían familia en la ciudad o simplemente estaban solos en la vida ella los invitaba a que comieran con ellos en el gran comedor. Cuando alguien tenía una emergencia o enfermaba gravemente, Martha corría con la cuenta del hospital y de su medicación, así fuera a largo plazo.

Si tan solo Martha hubiera tenido la oportunidad, ella tal vez hubiera hecho mucho más por las personas desafortunadas en Ciudad Gotham, pero Thomas la convenció de que eso era algo lo podía hacer él. Martha no renegaba de las decisiones de Thomas, era tanto el amor que le tenía que ella siempre estaba de acuerdo con lo que él dijera.

Alfred tuvo un recuerdo triste al instante. Semanas antes de aquella noche fatal, Martha le había llamado la atención a Thomas respecto a los comentarios que había hecho de los ciudadanos de Gotham.

"Thomas, entiendo que aquel acto contra esos jóvenes fue horrible, pero cariño, no todos tuvieron la misma suerte que nosotros, no puedes desahogarte así de las personas desafortunadas de Gotham"

Thomas no entendía la sabiduría de Martha, así que prefirió ignorarla. Alfred cerró sus ojos. Que lo perdonara Thomas, pero Martha era mucho más inteligente que él. Y estaba agradecido que toda esa sabiduría y esos valores con los que Martha había crecido se los haya inculcado a Bruce.

Y agradeció internamente a Bruce por no haber olvidado esos valores heredados de su madre.

Bruce en cambio, su atención fue puesta en un periódico. Tomó el periódico, leyendo el encabezado. Más crímenes. Más delitos. Ciudad Gotham estaba en un pozo profundo sin fondo.

—¿Sabes algo Alfred? No quería que esto del Joker se convirtiera en algo más

—¿En qué cosa, Bruce?

—En una cacería... Jugar a que él es la presa y yo soy el que debe de cazarlo. Bueno, él lo ve como un juego, yo no... Las cosas se complicarán. Se complicarán y tengo que estar preparado para ello...

Alfred no hizo ningún comentario al respecto. Quería distraer a Bruce de ese tema, y recordó algo del periódico, algo que tal vez lo pondría de buen humor.

—¿Ya leyó los periódicos recientes, Amo Bruce?

—No, desgraciadamente. Bueno, acabo de leer sólo el titular de ese periódico. ¿Es reciente?

—No, ese es hace dos días, espere un momento— Alfred se levantó de la silla y salió de la habitación. Bruce esperó pacientemente hasta que volvió con el periódico en mano —Pues esto le sorprenderá, e incluso creo que lo alegrará

—Espero que sea así, que si es otra broma del Joker...

—No, al contrario, es acerca del Caballero Oscuro— Bruce levantó una ceja y tomó el periódico, empezó a leerlo, y comprendió porque Alfred decía que eso lo iba a alegrar — Como usted puede ver, usted tiene un nuevo apodo, y ese apodo ha ganado popularidad

Bruce sonreía al leer la noticia.

—¿Qué opina?

Elevando una ceja, y llevándose una mano a su barbilla, Bruce leyó en voz alta —"The Batman" —Alfred quedó un poco animado al ver la expresión de aprobación en Bruce

—No es tan malo, es corto, preciso y le queda— Esperaba reanimarlo, o al menos distraerlo.

—Me agrada mucho de hecho... Pero sólo le dejaría "Batman". Me agrada, me gusta mucho. Lo adoptaré, lo haré mío... ¡Me gusta Alfred!— Bruce iba a elevar sus brazos en forma de triunfo, pero la herida en su pecho le hizo recordar que no debía de hacer esos movimientos bruscos.

—Así que... Batman... Ahora eres Batman. Tengo que admitir que me agradaba más "El Caballero Oscuro" o "El Murciélago"

—Vamos Alfred, al final de cuentas soy un murciélago... Fue lo que le prometí a mi padre... Ser un murciélago...

Bruce miró de nuevo el periódico, saltando hojas, hasta encontrar de vuelta del anuncio de "Se busca" de Joker y Harley Quinn.

Alfred tembló un poco cuando Bruce se encontró con esa página del periódico.

La genuina alegría en la cara de Bruce se borró al ver las fotografías de Joker y Arthur. Miraba sobre todo la de Arthur.

Leía el nombre: Arthur, Arthur Fleck.

Le recordaba a alguien. Pero su cabeza había bloqueado muchísimos de sus recuerdos de su infancia. Eran pocos los que estaban, y la mayoría eran buenos recuerdos, recuerdos del tiempo que pasó con sus padres.

Oh, cada vez que se tocaba ese tema, algo dentro de él se rompía. Pero se contuvo, no quería desmoronarse frente a Alfred, más que nada, para no preocuparlo.

Pero otra vez vio esa fotografía. No podía dejar de tener esa sensación de nuevo.

—¿Bruce?— Alfred preguntó, temeroso.

—... No sé porque tengo un presentimiento acerca del Joker

—¿Presentimiento?

—Es como si ya lo conociera. Pero sé que no es así...— Bruce entrecerró sus ojos, intentó buscar en sus recuerdos, Alfred esperaba que no lo reconociera —No lo sé... Es demasiado confuso... Hay algo del Joker que me da mala espina

—A todos Bruce, es demasiado evidente

—Lo sé Alfred, pero es una sensación más extraña... Es como si fuera... Como un lazo...

Esas palabras dejaron completamente nervioso a Alfred, pero no lo iba a demostrar. Aquel secreto era un secreto de familia que el mismo Thomas le había pedido que nunca se lo dijera a Bruce, pasara lo que pasara. Buscaba en su cabeza cualquier otro tema para distraer a Bruce de la verdad, que dejara de sospechar sobre Joker.

Pero sabía que no iba a dejar ese tema de lado.

—Bruce... Tal vez lo relacionas con lo que ocurrió hace 10 años... Sólo piénsalo...

Lo cierto es que Bruce no estaba conforme con eso. Bruce tenía la sacudida dentro de sí mismo que no lo dejaba tranquilo, la sensación de que conocía a Joker desde muchísimo antes de volverse vigilante nocturno.

Incluso más allá de esa fecha fatídica en su vida.

—... Creo que...

—¿Sí?

—Debería de terminar el nuevo traje

—Por favor Bruce, pero no ahora. Tendrás que volver al reposo hasta que esas heridas y la mano sanen

—Lo sé Alfred... Alfred, sé que te preocupas mucho por mí, te agradezco por eso... Te agradezco por ayudarme cuando nadie más estaba

Alfred sólo le tomó una de sus manos y le dio un apretón. Quería abrazarlo, pero no quería lastimarlo.

Bruce se retiró a su habitación. Se acostó con mucho cuidado. De repente, miró a los dos lados de su cama. Su mano sana tocó su mano envuelta en vendas.

La soledad lo atacó.

Sin nada más que pensar, suspiró y cerró sus ojos.

...

Una de las cosas que odiaba Bruce cuando quedaba malherido era guardar reposo. Claro eso bajo las órdenes de Alfred, pero, si por el fuera, hubiera salido inmediatamente a las calles al día siguiente.

Pero el corte había sido profundo, las quemaduras tenían que sanar, su mano aún era inútil y no podía salir con una costra en su rostro.

Estuvo algunas semanas encerrado en su casa, al menos tenía entretenimiento de sobra. Pero al leer los periódicos le quitaba la tranquilidad que debía de tener, y sólo provocaba ansiedad de que sus heridas estuvieran curadas.

Casi era el mes estando en reposo, Bruce ya no podía soportarlo más.

"Falta un mes de que se cumplan 11 años de la tragedia de Gotham, la ciudad no se ha podido recuperar de la ola de crímenes que han acontecido, de hecho, bajo la ausencia de "El Caballero Oscuro" o también conocido como "The Batman", han aumentado los delitos en la ciudad..."

Bruce sólo escuchaba la televisión, las noticias, pero no miraba la pantalla. Estaba demasiado concentrado como para mirar.

11 años.

No podía creer que estaban por transcurrir 11 años.

—Bruce...— La voz de Alfred hizo que se distrajera —Tiene una llamada

—¿Quién es?

—Es el Comisionado Gordon

—¿Qué?

Se levantó inmediatamente y atendió la llamada. Ocurrió algo inesperado. Algo que removió sus entrañas.

No le dijo exactamente que era, pero era algo que tenía que ver con él.

Al día siguiente, Bruce fue a presentarse a la comisaria. No, no era un asunto del Joker o Harley, de haber sido así, hubiera ido como el Murciélago.

Pero debía de ir como Bruce, porque eso era algo más personal. Algo que sólo Gordon podía decírselo en persona.

Era obvio que todos en la comisaría iban a alterarse y emocionarse de ver al millonario y filántropo Wayne. Bruce, siendo un poco reservado, saludó a todos. Era por eso que se emocionaban de verlo, él era amable, cordial y cuando entraba en confianza, incluso podía llegar a ser simpático, alguien que, a pesar de haber tenido todos los privilegios que otros soñaban con tenerlos, era realmente amigable. Nada que ver a su padre, Thomas Wayne.

Pero no iban a hablar de ese tema con él.

—Usted es un hombre muy jovial, Sr. Wayne— Jackson le decía cuando le tomaba la mano a Bruce en forma de saludo —Muchos de su clase no son así

—Bueno, es que mi madre me enseñó a ser siempre amable con los demás— Decía sonriendo y bajando la mirada un poco. Tímido, claro, siempre mencionar a su madre le hacía sentir mal.

Pero lo encubría muy bien cuando hablaban de ella en público.

—Sr. Wayne— Escuchó la voz de Gordon —Pase por aquí, por favor

Despidiéndose del resto de los demás en la comandancia, Bruce pasó a la oficina de Gordon.

—Bien Jim, me estas poniendo nervioso— Soltó Bruce al sentarse en la silla —Me pediste que viniera y no como el Murciélago, ¿Qué es lo que está pasando?

Gordon lo miró fijamente, y tragó un poco de saliva. No estaba tan seguro de darle esa noticia, de hecho, Bruce podía seguir con su vida como si nada, pero su deber era decírselo. Bruce tenía derecho de saberlo.

—Hace un par de días encontraron en un departamento en una de los barrios bajos el cuerpo de un hombre. Fue un suicidio. Se disparó en la cabeza. Una vecina lo encontró, después de escuchar el balazo

—Que horrible— A pesar de la tragedia, Bruce no comprendía, ¿Qué tenía que ver el suicidio de ese hombre con él?

—Lo es... El nombre de ese hombre es Joe Chill

—¿Joe Chill?

—Un hombre con una vida mediamente decadente. Se dedicaba al robo. Era un criminal menor. No tenía familia, ni esposa e hijos. Los únicos conocidos de él probablemente sean compañeros de crimen. Nadie reclamó su cuerpo

—Eso no desmerita su trágica muerte, posiblemente tenía tantos problemas económicos que lo obligaron a dedicarse al robo, probablemente robar no fue suficiente, su desesperación debió de desbordarse y recurrió a esa única salida en sus manos

Gordon estaba por quedar boquiabierto. Bruce si era muy empático, de verdad que no parecía ser hijo de Thomas Wayne.

—Algo así pensamos Bruce... Hasta que encontramos su carta de suicidio. En esa carta mencionaba que no podía con la culpa por un crimen mayor que había cometido hace una década

Bruce frunció el ceño.

Un crimen que cometió hace una década.

Pero aún desconocía qué era lo que tenía que ver con él.

—¿Qué crimen cometió?

Gordon lo miró una vez más a sus ojos. Inspiró profundamente. Esto iba a afectarlo, muy abismalmente.

—Bruce... Joe Chill fue el hombre que mató a tus padres

La respiración de Bruce se detuvo.

Dejó de parpadear incluso.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Y ahí estaba esa sensación de nuevo, esa sensación de miedo, de vacío, de caer en un abismo profundo.

Volvió a transportarse a ese horrible callejón. Volvió a tener 12 años.

Paralizado de nuevo. Era de la única forma que podía reaccionar su cuerpo. Y él mismo.

Por supuesto que Gordon se percató de eso. Pensó que tal vez no era la mejor manera de haberle dado esa noticia a Bruce.

¿Pero había otra forma?

Bruce se las arregló para no derrumbarse frente a Gordon. Tomando sus miedos de la mano y sujetándolos fuertemente, inhaló profundamente.

—... ¿Cómo están seguros de eso?— La voz de Bruce no sonó igual, parecía que algo dentro de él se había roto, dejó escapar el aire que atrapó por sus dientes. Gordon se sintió muy culpable de hacerle pasar todo eso a Bruce, pero debía de proseguir, sólo por Bruce.

—Lo confesó en la carta, mencionó que por años no podía con la culpa, y que todo empeoró cuando regresaste a Gotham. No lo soportó por mucho tiempo e hizo... Pues eso que hizo... Y tenemos otra prueba más...— Gordon se agachó por un momento, buscando en un cajón algo que esperaba que no perturbara más al joven Wayne.

Dejándolo sobre el escritorio, dentro de una bolsa plástica transparente, una pistola.

—Es la misma que usó para acabar con su vida

Y estaba por decir que era la misma que usó para aquel atentado, pero no tenía las palabras para corroborárselo.

Bruce reconoció el arma al instante. Esas cosas no se olvidan. Nunca se olvidan.

—¿Lo es?

—Me asegure de todo antes de citarte Bruce. Revisamos de nuevo el caso, las pruebas, todo. Las balas coinciden con el cañón. El caso, finalmente después de una década, fue cerrado

Bruce no mencionó nada al respecto. Agachó su cabeza.

Tantas cosas que procesar, tanta información.

Gordon esperó pacientemente.

Bruce se sintió un poco mal y creyó que le faltaba al respeto todo lo que su madre le había enseñado, pero saber que el tipo que mató a sus padres estaba muerto lo deleitó un poco.

No, no debía de pensar así, no era lo que le inculcaron.

"Lo siento mamá"

—No me alegra su muerte... Pero tampoco me siento mal por ello

Ese era el Bruce Wayne que conocía. Gordon sólo se encogió de hombros.

Pero lo siguiente que dijo Bruce lo dejó intranquilo.

—Jim... Esa arma... ¿Qué hacen con las pruebas?

—¿Eh? Las... Archivamos... Algunas pruebas las tenemos que archivar para futuros casos. Cuando tenemos el caso cerrado, algunas pruebas se desechan, otras, en caso de que funcionen, se rehúsan para uso de la comandancia

—Mmhh... Ya veo...— Guardó silencio por unos momentos, hasta soltar lo que tenía en mente— ¿Cuánto quieres por esta arma?

Gordon pestañeó y abrió sus ojos, dejándolo totalmente desconcertado.

—Bruce, ¿Qué estás insinuando?

—Nada, sólo estoy preguntando qué cuánto quieres por esta arma—

—Bruce, lo que sea que estés pensando hacer no lo hagas, entiendo que es un tema que te duele profundamente, lo entiendo Bruce, pero—

—Jim. No voy a quitarme la vida si es lo que piensas. He hecho demasiadas cosas en esta vida que pensar en el suicidio no es una opción para mí. Ni siquiera una salida. Encontré mi propósito en esta vida Jim, ¿Crees que justo después de encontrarlo voy a quitarme la vida?

Tenía razón. Bruce no era débil. Tenía mucha inteligencia emocional, soportó muchas cosas horribles en su vida, ese episodio de su vida no era nada comparado con el resto.

—Oh Bruce. Lo lamento mucho... Pero, ¿Por qué demonios quieres esa arma?

—¿Por qué? Oh... Puede... Puede servirle al Murciélago...

—Oh...— Dejó esto más confuso a Gordon —...Bien... En el archivo anotaré que la prueba ha sido reutilizada— Bruce se levantó del asiento y buscó su cartera —No, no Bruce, no quiero nada por el arma. No es correcto, gracias de cualquier forma

Bruce intentó hacer una sonrisa. No pudo.

—Gracias a ti, James...— Tomó la bolsa y la guardó dentro de su abrigo —Espero que nos podamos reunir pronto

—Espero lo mismo, que han sido las peores semanas en cuanto a crímenes. Espero que el Murciélago aparezca de nuevo

—Espero lo mismo... No falta mucho para que vuelva a aparecer. Buenos días, James

—Buenos días, Sr. Wayne

Ambos se despidieron tomándose de la mano. Bruce también se despidió de todos en la comandancia.

Al retirarse de ahí, Gordon llamó inmediatamente a Alfred, pidiéndole de favor que vigilara más de cerca a Bruce.

No quería que ocurriera otra tragedia en la familia Wayne.

...

En su mansión, sentado en un sofá, miraba el arma y las balas encima de una mesa frente a él.

No podía quitarle la vista de encima.

Un ataque de pánico estaba por ocurrirle, pero pudo reprimirlo antes de que lo asaltara. Suspiraba pesadamente. Cerraba sus ojos. Después se arrepintió de cerrarlos.

Recordar esa noche le provocaba el terror, le helaba la sangre.

Fuego en todas partes. Destrucción y caos. Gritos de las personas, buscando un lugar donde esconderse. Sangre y perlas teñidas de rojo en el pavimento. Rostros de payasos. Una risa enfermiza.

Abrió sus ojos. No podía soportarlo más.

Tomó el arma, la miró, la acarició. Era enfermizo, pero todo tenía una razón.

Esa pistola nunca la accionaron contra él, pero fue parte de todas las pesadillas de su vida. Fue ese pedazo de metal que le quitó su vida, a los dos seres que más amaba en el mundo entero. Ese insignificante pedazo de metal fue el que provocó el mayor de sus traumas. Ese pedazo de metal lo dejó en eterna soledad.

La tomó entre sus manos, y volvía a manipularla. Metió las balas dentro del cañón.

Un ente maligno en forma de pensamiento sedujo su mente. Sabía que le había dicho algo diferente a Gordon esa mañana, pero ahora era diferente.

¿Haría lo mismo que hizo Joe con esa pistola?

No, no iba a hacer lo mismo que hizo Joe. Tenía que cumplir su promesa, la promesa que hizo en honor a sus padres. Tenía que cumplir con su propósito.

Sin embargo, esto no podía quedarse así.

Decidió hacer algo más.

Se levantó del sofá y fue a un lugar escondido de la mansión. Un lugar del que nadie sabía. Nadie más que él y Alfred.

Fue hacía donde estaba un enorme reloj de pared. Uno que no funcionaba. Tenía una hora marcada: 10:48.

Abrió el mecanismo del reloj, que en realidad daba a unas escaleras secretas.

Alfred, quién lo vigilaba de lejos, se acercaba rápida y sigilosamente. Temía por la integridad de Bruce, sabiendo que él podría provocar cualquier cosa, podría atentar contra su propia vida.

Sin embargo, al bajar las escaleras, lo que vio fue totalmente diferente.

Bruce sacaba las balas del cañón y las dejaba a un lado. Con herramientas especiales, cortó el arma a la mitad, cuidadosamente. Las balas fueron cortadas también, teniendo más cuidado con estas, asegurándose de que no explotaran en su cara. Como un rompecabezas, unía las balas con la pistola, dándoles una forma excepcional. Las fusionó, convirtiéndose en algo más que un símbolo.

Bruce miró hacia atrás. En un maniquí se encontraba el nuevo traje que aún estaba en procedimiento. Tomó el traje y lo puso sobre la mesa.

Con seguridad, agregó el emblema en ese traje.

"No volverás a matar, te convertirás en algo más que eso. Tú, el arma que arruino mi vida, ahora servirás más que eso... Ahora serás el escudo que protegerá mi vida".

Dejó de sentirse paralizado. El miedo se extinguió por ahora.

Ahora, el símbolo de Murciélago tenía un significado más profundo. Un símbolo incorruptible, fuerte. Un símbolo que representa la noche, la venganza.

Pero por sobre todas las cosas

Representaba a la justicia.

...

"The days grow shorter and the nights are getting long
Feels like we're running out of time
Every day it seems much harder tellin' right from wrong
You got to read between the lines

Don't get discouraged, don't be afraid, we can
Make it through another day
Make it worth the price we pay

The Good Book says it's better to give than to receive
I do my best to do my part
Nothin' in my pockets I got nothin' up my sleeve
I keep my magic in my heart

Keep up your spirit, keep up your faith, baby
I am counting on you
You know what you've got to do

Fight the good fight every moment
Every minute every day
Fight the good fight every moment
It's your only way..."

Triumph - "Fight the Good Fight"