Hola ¿Cómo han estado? Quería informarles que he vuelto con este y con mis otros fics. Así que pronto estaré actualizando todo. He estado ocupada con los parciales y finales y no he tenido tiempo para dedicarme a escribir estas historias.

Quería agradecerles a .165, a nn, a solitario 196, a Luffy Ketchum y a RenKouen.


Las mujeres policías se dirigieron a la dirección que les habían pasado el locutor del 911. La casa a donde habían ocurrido los hechos era una pequeña vivienda de no más de dos ambientes, con un rústico porche y un mínimo jardín.

Bajaron del auto y se aproximaron a la puerta. Dos efectivos de la policía se encontraban en el interior, tomando una taza de café que la dueña de la casa, les había preparado. Cuando Nami y Robin ingresaron, una mujer de cabellos rosas y ojos negros cuyo nombre era Perona, las invitó a pasar. Les sirvió una taza con algo caliente a ambas y, luego que los efectivos se fueran, cerró la puerta de su casa con llave. La aseguró con un pasador con la mano temblorosa, y tomó su lugar en un pequeño sofá.

- ¿Quieres contarnos como fue? – Preguntó la morocha luego de que se presentaran

- Es… complicado… - Murmuró la mujer desviando la mirada

Era algo que no quería recordar, no quería volver al pasado para revivir aquella horrenda experiencia. Posó sus ojos en su tazón y respiró profundamente. No era algo que a una mujer le gustara recordar pero tenía que hacerlo… ¡Maldición! ¡Tenía que dejarlo salir! Se quitó dos lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos y habló:

- Yo… Volvía del trabajo como todos los días… - Murmuró sin mirar a los ojos a ninguna de las dos detectives – En el momento que puse la llave en la cerradura, sentí algo en el cuello ¡Me había puesto un cuchillo! – Dejó su café en la mesa ratona frente al sillón, tenía miedo que sus manos temblorosas tiraran todo – Me amenazó e ingreso a mi casa tal y como si fuese suya. Me encerró en mi cuarto y me violó. Así de simple – Soltó un suspiro

- ¿Recuerdas algo de él? ¿Algo físico? – Preguntó Nami con un block de notas en sus manos

- No… No puedo recordar nada… - Eso la tensaba más. Tranquilamente podía cruzarse a ese hombre en la calle, como a cualquiera – Aun que… - Hizo memoria – Su rostro… se sentía extraño –

- ¿Extraño? – Preguntó Robin sorprendida por la declaración

- No se como explicarlo – No sabía como. Sus recuerdos estaban nublosos por el shock

- ¿Se ha llevado algo de valor? – Insistió la morocha

- Le he ofrecido todo lo que tengo, pero nada, no ha querido nada –

Eso significaba una cosa. El maldito que se encontraba haciendo esas atrocidades, era un degenerado. No le interesaba nada más que violar a mujeres indefensas. Al parecer, y como todo abusador, buscaba presas vulnerables, que estuvieran solas. Y la manera en que las amenazaba, con el cuchillo, era el mismo en ambos casos. Probablemente se tratase del mismo. Robin se puso de pie pensativa.

- ¿Podemos entrar a tu habitación? Quizás haya algo de ADN con el que lo podamos comparar con otros casos –

- Si, adelante –

Perona les señaló una de las dos puertas que poseía la casa y ambas ingresaron sin dudarlo. Era un tanto aterrador, al menor para Nami. La habitación poseía una gran cama cuyas mantas eran rosas y negras. A su alrededor y en las repisas, estaba infestado de peluches que las observaban con recelo. Era algo ridículo pero claramente, esos mismos peluches habían sido testigos de la aberración más grande que se le puede hacer a una mujer. Si tan solo pudieran hablar…

La cama estaba deshecha, algo había ocurrido allí y no había que ser Einstein para darse cuenta. Robin se acercó al velador rosa petróleo y encendió la luz, dándole un aspecto más truculento. Revisaron la cama, el suelo y los muebles, cualquier signo de que allí hubiese habido alguien ajeno a la casa. Pero lo único que encontraron fueron huellas dactilares en las manillas y las superficies principales. No tenían cabello ni nada que pudiese compararse con el encontrado en el auto de Conis. A no ser…

- Disculpe – Añadió la morocha al salir de la habitación – Tendremos que pedirle que vaya a un médico para que le extraigan el ADN de este hombre –

(…)

- ¿Necesitas mi ayuda? – Preguntó Luffy mientras la observaba envuelta en sus brazos

Aquella mujer si que estaba pasando por algo, algo muy grave. La joven de cabellos rubios había querido suicidarse en una iglesia y desde que la habían encontrado, no había querido pronunciar ni una sola palabra. Había dicho Utah, pero… ¿Qué? ¿Qué podía significar el nombre de ese estado? ¿Acaso había nacido allí? ¿Su familia se encontraba allí? ¿O lo que le había sucedido, había sido en Utah? Podía significar tantas cosas. Quizás estaba yendo a Utah cuando algo le sucedió, un shock, un accidente. ¿Qué podía significar? Había revisado todos los se busca del estado y no había podido encontrar a nadie que se pareciera a la joven extraviada. La miró a los ojos preguntándole con la mirada de quien se trataba.

La joven cuyo nombre todavía desconocían asintió con la cabeza y bajó la mirada.

- Debes tranquilizarte ¿Entiendes? – Acarició sus cabellos con sencillez – Tienes que decirme donde debemos buscar, y te prometo que lo haremos –

(…)

Zoro abandonó ese lugar y se dirigió a su oficina. Se sentó en su silla y contempló el gran ventanal que daba al árido paisaje de Nuevo México. Estaba un poco frustrado, todavía no podía creer que no habían avanzado en el caso de la chica misteriosa. Eso lo molestaba. ¡Maldita sea! Le había tenido que gritar para que dijera una maldita palabra, y lo único que había dicho era el nombre de un estado. ¿Qué averiguarían con Utah? Estaba molesto. Bajó la mirada y gruño cuando encontró un viejo diario de hacía un tiempo. Había resuelto uno de los mayores casos en la historia y ahora…. Se encontraban mimando a una niña que no les gustaba hablar, que se volvía loca de repente, y que al parecer, sentía cierta atracción hacía su compañero.

Tomó el periódico y lo contempló fijamente. En portada, su compañero y él arrestando a aquel mafioso que tanto les había jodido el caso. Recordó el tiro que le había dado a aquella mujer. ¿Cómo era que se llamaba? Ah… Nico Robin ¿Verdad? Sí, ese era su nombre. Sus cortos cabellos color azabache y sus ojos claros como el mar aparecieron en su mente. Maldición… Esa mirada si que lo hipnotizaba.

- ¡Zoro! – Exclamó Luffy

El peliverde levantó la mirada y lo encontró colgado de la manija de la puerta. Puso los ojos en blanco y lo maldijo por interrumpir sus pensamientos.

- ¿Qué quieres Luffy? ¿Has calmado a la loca? –

- Va a hablar – Soltó

- ¿Qué? – Exclamó y se puso de pie

- Si, ya viene – El morocho ingresó en la oficina – La he convencido para que nos cuente lo que sucede –

Eso era completamente inesperado. Luffy había podido convencer a la mujer que no hablaba, para que les cuente lo que había pasado. La emoción comenzó a trepar por su espalda. Al fin tenían algo para avanzar. Al fin el rompecabezas comenzaría a tener sentido. Prepararon café y el peliverde sacó de un armario una bandeja de rosquillas, las colocó en posición y encendió su grabadora.

La mujer apareció antes de lo esperado y cuando ella tomó asiento, posó su mirada en el suelo.

- ¿Acaso no vas a hablar? – Bufó el peliverde

- ¡Zoro! ¡Dale su tiempo! – Lo regañó el morocho

- Ya no tengo más paciencia Luffy, si no se digna hablar, dejaré el caso y me buscaré otro. Esto es irritante, todavía hay gente muriendo afuera –

- Oi, pero… - Quiso decir Luffy pero fue interrumpido

- No pueden abandonar el caso – La mirada de la joven se posó en ambos – Por favor, deben ayudarnos –

Zoro quedó estático. ¿A qué se refería con ayudarlos? ¿De quiénes estaba hablando? Se arrimó a su escritorio y la contempló fijamente, con el ceño fruncido. La mujer había captado su atención, por completo.

- ¿Qué significa Utah? – Preguntó el peliverde

- Yo vivo allí – Movió sus dedos con nerviosismo – Verán… En medio del desierto se encuentra Upper Yard –

- ¿Upper Yard? – Preguntó Luffy confundido

- Es lugar no existe – Acotó Zoro al sonarle ridículo el nombre. Jamás había escuchado de un nombre como ese

- No existe legalmente, es un pueblo donde todo esta regido por la religión – Agregó – Es una pequeña ciudad que se considera independiente de Utah, e incluso de los Estados Unidos – Soltó un suspiro – Y el jefe de estado de Upper Yard es el mismísimo Dios –

- ¡¿Dios?! – Exclamaron al unísono


Hasta aquí he llegado con este capitulo. Espero que les haya gustado. Pronto estaré actualizando el resto de mis fics. ¡Nos leemos pronto! Y… ¡Bueno comienzo del año!