Hola lectores ¿Cómo han estado tanto tiempo? Espero que bien. He decidido actualizar este fic antes de irme de viaje. Bueno... Algunos saben que me estoy por ir de viaje, una semana no más, pero quería actualizar todo lo que pueda antes de irme.
Quería agradecerles los comentarios a solitario196, a Roronoa666 y a Luffy Ketchum.
¿Acaso habían escuchado bien? ¿Dios? ¿Dios manejaba un pequeño pueblo en Utah? ¿De qué estaba hablando? Los ojos de ambos hombres no podían quitarse del rostro de la rubia, quien tenía la mirada depositada en el suelo.
Por unos instantes la joven temió por su vida, temió que el castigo de Dios se desenvuelva de manera estricta sobre ella. Dios estaba es todos lados, lo sabía todo, lo veía todo, lo escuchaba todo. Pero aguantó las ganas de llorar que tenía por el terror y habló. Contó todo lo que su mente le permitió en ese momento.
Además de Dios, en Upper Yard, había cuatro sacerdotes. Costaba aclarar que ella estaba casada con uno de ellos desde los 12 años. Dios no permitía que las personas de aquel pueblo, abandonaran el lugar. Era una regla que estaba estrictamente asentada en la sociedad. Sin embargo ella salió. La curiosidad la había picado desde que era pequeña en aquel lugar. Todo era extraño, la manera en como se desenvolvían, la manera en como contaban historias sobre el mundo exterior para generar miedo. Pero ella no se dejó vencer, la curiosidad fue mucho más grande, y se abalanzó en la noche.
La anormalidad entre su mundo y el real fue tan pero tan sorprendente, que entró en una crisis nerviosa a los pocos días. Fue como si su vida no tuviera sentido. En la vida real no todos creían en Dios, no todos lo veneraban como único, las niñas no se casaban a los 12 años y no se tenía una vida tan miserable como le solían decir. Tomó la dedición de no volver, no seguir. Partió de Utha por mero temor. Tenía miedo de que Dios la encontrará y solo había una pena para quien desobedecía la ira de Dios: La muerte. Y de una manera horrorosa. Electrocutado.
Había tomado el primer tren al primer lugar. Nuevo México. Y una vez allí, había decidido terminar con su vida para dejar tranquila a su conciencia. Todo lo que había vivido había sido tan perturbador que no quería, no tenía porque seguir en ese mundo.
Al menos, así pensaba hasta que Luffy apareció en aquel techo.
- No puedo creer que existan un lugar así... - Murmuró el peliverde - ¿Dónde queda ese maldito lugar? -
- No lo sé, tendría que pensarlo bien para recordar - Bajó la mirada. La crisis nerviosa la había confundido demasiado
- Oi - Luffy captó la atención de ambos - ¿Cómo es tu nombre? -
- Margareth -
(...)
Nami se levantó de su cama. No había podido dormir bien. El caso le estaba consumiendo toda su vida, toda su rutina, su tiempo. ¡Hasta el libre! No podía parar de pensar en aquellas mujeres. Esas pobres mujeres victimas de un depredador asqueroso. Quizás porque ella también era mujer o quizás simplemente porque odiaba tener que ver como el número de casos aumentaba mientras ellas no podían hacer nada. Necesitaban esperar... Y... tener suerte... Un violador de ese estilo podría estar en cualquier lado, cualquier casa. Y sin una descripción del atacante, se hacía dificil.
Se dirigió a su cocina y se sirvió una taza de café para compensar las pocas horas de sueño. Se sentó en su mesa y contempló un punto fijo. Tenía que demostrar que era una buena detective y una buena policía. Hasta ahora, los casos habían sido... Pequeños problemas de ciudad. Salvo por... Recordó el caso del narcotráfico. Ni siquiera había sido ella... Habían sido... Se ruborizó por un instante pero fue interrumpida por su móvil.
- Hola - Sonó curiosa ¿Quién sería a esa hora?
- Nami, tienes que venir -
- ¿Robin? ¿Qué sucede? - Preguntó, lucía preocupada
- Ha habido otro caso - Los ojos de la pelinaranja se abrieron como platos - Violación y secuestro - ¡¿Secuestro?! - Para peor, los medios se han enterado -
- ¡¿QUÉ?! -
Acordó con su compañera el punto de reunión y salió corriendo luego de vestirse. Se subió a su auto y puso primera para salir volando. Necesitaba llegar. Los medios siempre era un problema. Primero, siempre terminaban desprestigiando a las fuerzas de seguridad, y segundo, siempre filtraban información del caso secreta. Le podían brindar información al mismo violador para él utilice en su favor. ¡Maldición!
Tomó una de las avenidas principales y cuando dobló a la izquierda, supo que había llegado. En plena ciudad. Una mujer yacía rodeada de gente, cámaras, policías. Todo. Bajó del auto y se encontró con su compañera parada en la esquina. La saludo y ambas se mandaron a traspasar aquel muro humano. Pidieron permiso, empujaron, mostraron sus placas y poco a poco, se escabulleron entre aquel maremoto.
- Señora, disculpe, somos la unidad encargada de estos casos - Robin mostró su placa
- Queremos hacerle ciertas preguntas - Comentó Nami - Creemos que su caso tiene relación con otros -
- Adelante - La mujer abrió la puerta del edificio
Las tres ingresaron a paso apresurado. Subieron las escaleras hasta el tercer piso e ingresaron en un departamento. Una vez allí, la mujer las invitó a sentarse en los cómodos sillones de terciopelo marrón. Tomó un poco de zumo y se los sirvió con gusto. Cuando se sentó frente a ellas, rompió a llorar.
- Se la llevó, no pude hacer nada - Soltó
- Espere, espere - Nami agitó sus brazos nerviosa - Podríamos empezar por quien es usted -
- Me llamo Laki - Secó sus lagrimas con un pañuelo pero al momento otras emanaron de sus ojos - Vivo aquí con mi hija adoptiva -
- ¿Tiene una hija? - Robin anotó en una agenda
- Si... Se llama Aisa - Golpeó el dorso del sillón con su puño - Ese maldito se la llevó -
- ¿Puede contarnos que pasó anoche? - Preguntó la pelinaranja
- Veníamos del cine - Soltó un suspiró a causa de no poder respirar - Habíamos ido a ver una película que yo le había prometido que veríamos - Tragó saliva con fuerza - Y cuando volvíamos, antes de entrar... Puso un cuchillo en mi cuello e ingresó. Así como si nada - Dejó escapar un sollozo - Subió conmigo, todo el tiempo me preguntaba cual era mi departamento - Apretó el paño contra su cara - Por supuesto que le dije, tenía miedo por Aisa - Se puso de pie y se acercó a la ventana más próxima. Todo el mundo estaba abajo, esperando - Me ató las mano y me violó. Encerró a la pequeña en el baño y cuando terminó, me dejó atada allí - Sus pulmones se hincharon - Simplemente se fue y se la llevó. Cuando volvió mi pareja me desató y llamó a la policía -
- Entiendo... - A Nami se le había hecho un nudo en la garganta. Una cosa era una violación. Pero otra cosa era que secuestraran a una niña pequeña.
- ¿Recuerda algo sobre su atacante? - La morocha avanzó sobre las preguntas
- No... Estuve toda la noche intentando clarificar lo sucedido pero no puedo verlo - Comentó - No puedo recordar otra cosa que no sea los gritos de mi pequeña -
- Señora, eso es común - Su experiencia en el cuerpo policial se lo había enseñado - Los primeras 24 horas son confusas, pronto aclarará su mente y podrá hacerlo -
- Por el momento necesitamos que se haga un chequeó de ADN - Agregó Nami - Queremos saber si podemos relacionar el caso con otros dos recientes -
- Por supuesto - Volteó y las contempló seria - Prométanme que traerán a mi chiquita a casa -
- Haremos lo posible - Robin se puso de pie - Tenemos que irnos -
Nami se paró tras ella. Era complicado. Decirle a una madre que "harían lo que podían". No mentían. Nada les garantizaba que aquella niña fuese a encontrarse con vida. Podían ser tantas cosas... Que incluso la atormentaban a ella sin conocer a la pequeña. Para una madre, debía ser difícil.
Salieron del departamento y bajaron las escaleras a toda prisa. Ahora venía la peor parte, enfrentar a los medios de comunicación. Todos querían saber, todos querían opinar y ninguno sabía lo perjudicial que era para el caso. El maldito secuestrador podría estar en una pequeña choza, contemplando la televisión, escuchando lo que ellas tenían que decir y elaborando sus próximos planes según eso.
Todo indicaba que era el mismo. Su procedimiento era muy similar al de los casos de Conis y Perona. Cuchillo, ingreso a propiedad y luego, decidía atarlas o no, pero todo terminaba igual. La pregunta era... ¿Por qué se le había dado por secuestrar a una pequeña? Las otras presas eran solteras y sin niños y ahora ella... Todo eso le sonaba muy mal.
Cuando atravesaron la puerta principal del edificio, las olas de personas se abalanzaron hacía ellas. Pusieron sus micrófonos en sus rostros y las abombaron con miles de preguntas.
- ¿Han hablado con la mujer? -
- Pues si - Y algunas preguntas eran tan estúpidas, pensó Nami.
- ¿Es el primer caso de este tipo? -
- No, no es el primer - Esta vez Robin fue más formal - Ha habido otros casos semejantes a este -
- ¿Cómo van a proseguir para encontrar a la pequeña? -
- Eso es confidencial, no podemos dar más información, lo siento -
La morocha tomó a la pelirroja del antebrazo y jaló de ella hacía las personas. Necesitaban salir de allí y seguir con la investigación lo antes posible. Eran conciente que las primeras 24 horas de una desaparición son fundamentales. Y debían trabajar más que nunca.
(...)
"Violación y secuestro en Utah. El extraño irrumpió en su departamento cuando madre e hija volvían del cine y las amordazó. Violó a la mujer y luego secuestró a la niña"
Zoro se puso de pie y apagó la radio. Había estado en el mínimo volumen para que no molestara pero ahora, necesitaban mayor concentración. Margaret se estaba dedicando a mirar planos de Utah con el fin de encontrar el lugar donde se hallaba Upper Yard.
- No puedo recordar... - Se quejó la mujer mientras contemplaba un mapa gigante. Ubicó la parada de tren e intentó pensar como había llegado allí - Esto... -
Los hombres contemplaban serios. No podían ayudar mucho, no solo por su fracaso en la clase de geografía, sino porque no tenían la más mínima idea de donde quedaba Upper Yard. La puerta tras ellos sonó y ambos voltearon. Sabo apareció sonriendo, les hizo señas para que salgan.
- En seguida volvemos - Le dijo el morocho
Ambos compañeros abandonaron la habitación y cerraron la puerta tras ellos. Contemplaron al hermano mayor de Luffy un tanto serios. Él les tendió un folleto donde una foto vieja se hallaba. Luffy y Zoro la examinaron por unos segundos y cuando captaron lo que estaba pasando, abrieron los ojos como platos. Era un Se Busca... y la foto... la foto era...
- Margareth desapareció en Septiembre de 1981 en Montana cuando solo tenía tres años - Les comentó - Su auto tuvo un accidente con otro y cuando sus padres lograron reaccionar, el auto que los chocó había desaparecido junto a su hija -
Bueno, hasta aquí hemos llegado. Espero que no me haya quedado tan corto y que les haya gustado. Estaré esperando sus comentarios ahora que todo da un giro. Pronto estaré actualizando este y mis otros fics.
¡Nos leemos pronto!
