Buenas lectores ¿Cómo están? Espero que bien. Por fin ha llegado el día de este fic, espero no haberme tardado demasiado. Quería agradecerles los comentarios a solitario196, a Luffy Ketchum y a AraRavenclaw. Gracias por todo su apoyo.


No estaba de más decir que el caso de la mujer que había aparecido en Nuevo México llevaba a Utah. Todo indicaba ahí. Le había preguntado a Margareth acerca de su vida. ¿Dónde había nacido? ¿Quiénes eran sus padres? Pero ella no había sabido responderlo, era un pequeña y apenas recordaba toda su estancia en bajo el régimen de aquel gobierno anticonstitucional.

Fue por eso que tanto Luffy como Zoro decidieron ir a dar un vistazo a la tierra las de las respuestas. Arribaron allí en la noche, luego de horas y horas de viaje. Ambos estaban seguros que la solución estaría en Utah. Necesitaban rastrear aquella área donde Margareth les había señalado como pudo, donde podría llegar a estar el pueblo.

Bajaron del tren con sus valijas y en cuanto levantaron sus miradas, se encontraron con aquellas dos mujeres allí. Las habían llamado y les habían pedido cierta ayuda para poder continuar con ese caso, después de todo, la ambas llevaban viviendo en Utah por varios meses.

Luffy salió corriendo y las abrazó a las dos con fuerza. Habían compartido solo un caso y ya actuaba como si fuesen amigos de toda la vida, pero así era su personalidad. Explosivo, intuitivo, extravagante. En cambio, Zoro fue más distante. Las saludo dándoles unas palabras frías y sin emitir sonrisa. Pero claro. Ambos poseían dos personalidades completamente diferentes. El peliverde era más introvertido, gélido y reservado. Lo único que compartían era la voluntad a la hora de resolver algo en sus vidas, incluyendo un caso.

- ¿Qué les parece si vamos a cenar todos juntos? - Sonrió Robin

Todos aceptaron. El viaje había sido largo y los dos hombres tenían hambre. Nami y Robin acompañaron a ambos a dejar el equipaje en el hotel en el que hospedarían hasta que volvieran a Nuevo México y luego, prosiguieron a ir a un restaurante cercano.

Luffy pidió una hamburguesa completa, Zoro pidió algo de pescado y ambas mujeres pidieron una ensalada, algo más digerible. Cenaron todos juntos, exponiendo cada uno de los casos mientras intentaban resolver el caso del otro o aconsejar acerca de lo que debían hacer. Nami y Robin les dieron un mapa de Utah y les explicaron las áreas desiertas y los accesos para poder ir a ver si algo raro sucedía. Y al terminar la cena, todos pidieron un café para seguir la conversación.

- Bueno, me voy - Dijo Zoro mientras se ponía de pie - Estoy algo cansado -

- ¡Zoro! - Sonrió el morocho - No te vayas a perder -

- Cierra el pico - Gruñó

Unos segundos después, Robin se puso de pie.

- Yo lo acompaño - Se ofreció

El peliverde le entregó la plata a Luffy, pegó media vuelta y abandonó el restaurante sin emitir ninguna otra palabra. La morocha hizo exactamente lo mismo y lo siguió detrás. Luffy y Nami quedaron solos y luego de pagar, salieron a caminar por las calles de la capital del estado.

La pelinaranja lo guió hasta una gran plaza donde caminaron bajo el resguardo de varios copos de árboles, disfrutando de aquellas estrellas que no podían ver. Admirando la tranquilidad de la noche.

- Utah es un lugar increíble - Sonrió el morocho

- ¿Verdad? - La mujer bajó la mirada - Aunque siempre he querido ir a Nueva York -

- ¿Nueva York? - Preguntó

- Si, aquella ciudad única -

Ambos se dejaron caer sobre un asiento de madera y contemplaron el cielo desde allí. Para Nami era extraño, era una situación completamente extraña. Se encontraba allí, sentada junto a aquel hombre con el que había compartido un caso hacía varios meses, en un ambiente completamente romántico. Sacado de película. Y el silencio los invadía a ambos, tal y como si temiesen arruinar las emociones que estaba merodeando alrededor de ellos.

La piel de la pelinaranja se erizó cuando sintió que su mano era rozada por la mano de aquel morocho. Fue entonces cuando se puso de pie. Luffy la contempló algo sorprendido.

- ¿Sucede algo? -

- No, es solo que tengo un poco de sueño - Soltó una carcajada falsa y desvió la mirada avergonzada - Todo lo del caso me tiene un poco agotada, mejor vuelvo a casa -

- Como digas - Sonrió y se puso de pie - Déjame acompañarte -

No tuvo objeciones, por alguna razón, amaba la presencia de aquel hombre. Una vez más, se hayaron caminando por las calles de Salt Lake City, bajo la sombra de aquellas estrellas que eran testigos de todo lo que sucedía en el mundo.

La casa donde vivía la mujer, quedaba a varias cuadras del centro, pero Luffy la acompañó a traves de las viviendas ajenas. No importaba donde fuese, él la acompañaría siempre. Arribaron a una pequeña y discreta casa de dos pisos, de techo de tejas y colores claros. Nami subió las escaleras del porche y abrió su puerta. Volteó con una sonrisa tímida, no estaba segura.

Cientas de cosas pasaron por su cabeza. ¿Hacerlo pasar? ¿Estaba loca? Eran amigos pero... Solo eso. Nada más. Entonces... ¿Por qué la idea de que un amigo ingresara en su casa la molestaba tanto? Contempló sus ojos oscuros y sintió como el rubor trepaba por sus mejillas. ¡Maldición! Se estaba comportando como una idiota.

- Entonces, me voy - Comentó

- De acuerdo... - Bajó la mirada. Todavía estaba a tiempo.

El morocho se acercó y le dio un pequeño beso en la frente, dejándola completamente estática. No pudo quitar los ojos de su espalda mientras se alejaba de su casa. Cierto vacío trepó por su cuerpo y cerró la puerta de golpe. ¡Maldición! ¿Qué era lo que le estaba pasando?

Apoyó la espalda contra la puerta y se dejó caer al piso. Estaba muy confundida. Escondió el rostro entre sus piernas y soltó un gran suspiro. ¿Qué era lo que tenía que la llamaba tanto? ¿Era su sonrisa? ¿Su mirada? ¿Su personalidad? ¿Su manera de tomarse la vida? Se mordió el labio inferior. Estaba describiendo todas cosas que había notado de él, todas cosas que le gustaban.

Se puso de pie y subió las escaleras a toda prisa. Una ducha, eso necesitaba. Ingresó al cuarto de baño y comenzó a llenar su bañera con agua caliente. Acto seguido, bajó y se dirigió a la cocina. Abrió uno de los pequeños estantes y sacó una botella de vino. Nada mejor que beber un poco a la hora de ahogar penas y confusiones. Mientras se dedicaba a quitar el corcho, revisó la cámara de seguridad que cubría la puerta de su casa. Nada de movimiento hasta que... Bueno... Ellos llegaron a su casa. Soltó un suspiro al ver a Luffy en el monitor.

Todo eso era absurdo. ¿Ella? ¿Enamorada? ¡No podía! No tenía tiempo para el amor. Estaba en medio de un caso donde, al menos, tres mujeres habían sido violadas y una niña había desaparecido. ¡Había sido raptada! No podía permitirse confundir su mente en ese momento y menos con algo tan poco real como el amor. Se sirvió una copa con el vino tinto y subió a disfrutar de su solitaria noche.

Se quitó las sucias prendas que había llevado ese día y las arrojó en el suelo, luego ingresó en la ducha y se quedó recostada allí. Tomó la copa y dio un largo sorbo. ¡Nada mejor que eso! Estaría lo necesario convenciéndose de que no lo amaba, así se quedara despierta hasta las tres de la mañana. Dio otro sorbo y se relajó.

Inesperadamente, oyó cierto ruido. Abrió los ojos repentinamente. ¡Esa era la puerta! ¡Era el ruido de la maldita puerta de su casa abriéndose! Se puso de pie y recordó todo. No había cerrado la puerta. ¡No la había cerrado! El pánico invadió su mente mientras recordaba las narraciones de todas aquellas mujeres que habían vivido aquel acto de humillación hacía el género.

Salió corriendo, no pudo hacer otra cosa. Corrió mojada por el pasillo. Necesitaba llegar a su cuarto. Necesitaba tomar el arma que poseía, necesitaba llegar a ese maldito cajón. Esos segundos, se volvieron horas. Todo se congeló en su mente. Abrió la puerta de su habitación y encontró la luz de su velador encendida.

Soltó un grito ahogado cuando lo vio allí de pie, sosteniendo su propia arma. Haciéndola girar como si todo fuese un juego.

(...)

Luffy bajó del ascensor del hotel. Habían sido varias cuadras las que había tenido que caminar pero no le importaba. Era algo raro pero por alguna razón sentía cierta debilidad por aquella mujer. No sabía explicarlo. Dobló por el pasillo y cuando encaró su pabellón, distinguió a Robin caminando hacía él. ¿De dónde había salido?

Cuando la mujer lo vio, soltó una sonrisa.

- ¡Robin! - Sonrió y luego la contempló confundido - ¿Qué haces aquí? -

- Nos quedamos hablando de cosas privadas - Le guiñó un ojo y siguió su camino

El morocho la contempló algo pasmado. ¿De qué demonios hablaba? Soltó un suspiro e ingresó en su habitación. Estaba cansado, confundido y no tenía más ganas de seguir abriendo los ojos, simplemente quería dormir. Encontró todas las luces apagadas y al peliverde durmiendo en una de las dos camas. Luffy se dejó caer en la otra y cerró los ojos con fuerza.

A los pocos segundos, ya estaba dormido.

(...)

El poderoso teléfono los despertó a ambos. Se sentaron de golpe tal y como si los hubiesen golpeado en la cabeza. Zoro tomó su teléfono móvil y atendió con cierto malhumor.

- ¿Qué pasa? - Dijo sin saber de quien se trataba

- ¡¿Zoro?! ¡Necesito que vengan rápido! -

- ¿Robin? - Preguntó al reconocer su voz. Sonaba desesperada. - ¿A dónde? - No entender de qué hablaba solo aumentaba su malhumor

- A la casa de Nami, ha desaparecido -

- ¡¿Qué?! - Exclamó

Sin siquiera desayunar nada, se vistieron y tomaron el primer taxi que los llevara a la casa de la pelinaranja. Se encontraron con Robin fuera de la propiedad y al ver la puerta de la casa abierta, la piel les empalideció. En verdad había rastros. Luffy les explicó todo lo que habían hecho antes de abandonarla en su hogar. Se sentía conmocionado. Si no se hubiese ido, Nami quizás...

Ingresaron a la casa con sumo cuidado, intentando de no estropear la evidencia. La puerta no estaba forzada, eso era extraño. Sabía que la manera en que el violador buscado atacaba no era esa. Él esperaba a sus victimas y las agarraba vulnerables. Pero quizás... Nami había dejado la puerta sin llave y eso le había facilitado las cosas al violador. Además, tanto ella como Robin habían salido en la televisión y eso habría llamado la atención de atacante. Tal vez había visitado la propiedad de Nami para vengarse o para hacerle creer a la policía que no podían atraparlo.

Cientas de cosas eran las que pasaban por las cabezas de los tres, tantas que no podrían ni siquiera escribirlas. En el primer piso nada estaba fuera de lugar. Hubiese pasado lo que hubiese pasado, había ocurrido todo en el primer piso. Subieron las escaleras con sumo cuidado e ingresaron en la primera puerta.

El baño estaba todo desordenado. La ropa de la mujer se encontraba tirada en el suelo. La bañera estaba llena de agua helada. Una copa se había caído dentro de ésta y había teñido el agua de un color uva. La toalla estaba caída en un rincón. Ni siquiera había sido capaz de envolverse. No hacía falta ser Einstein para darse cuenta de que ella había estado tomando una ducha cuando algo había pasado. Posiblemente había oído algo o visto a alguien. No había indicios de pelea dentro de aquella habitación, así que el ataque debía haber sido...

Su habitación era un desastre. La cama estaba toda desecha, el cajón revuelto, tal y como si hubiesen buscado algo. Robin dio un paso al frente y contempló aquella escena seria. La idea era no desarrollar sentimientos. Se trataba de su amiga y compañera pero no podía perder los estribos. Con unos guantes cubriéndole las manos, estiró la sábana.

- Esto es... - Frunció el ceño y acercó su rostro hacía aquel fluido que había en el acolchado - Semen -

- No solo eso - Zoro levantó una soga que encontró en el suelo. Allí había restos de sangre.

Los ojos de la morocha se abrieron como platos. Sí, había sido el mismo hombre de los otros casos. Luffy tomó la soga y la contempló con la mirada inyectada en sangre. Sintió como sus músculos se tensaban y su corazón palpitaba con tanta violencia, que estuvo a punto de explotarle. Contener las ganas que tenía de matar a alguien era difícil y más cuando uno era la propia ley.

- Iré a revisar bien abajo, quizás haya algo - Murmuró el peliverde y abandonó la habitación

- Esto también servirá - Robin levantó con sumo cuidado un largo cabello rubio

- Voy a matarlo - Dijo el morocho entre dientes

- Luffy no es tiempo de perder la cordura - Posó sus celestes ojos en él - Entiendo como te sientes pero... -

- Si lo encuentro, lo mataré Robin - Bajó la mirada y respiró profundamente

- Oi, bajen, encontré algo interesante - Oyeron a Zoro

Ambos morochos se encaminaron hacía abajo. Se dirigieron a la cocina donde se encontraba el hombre y allí distinguieron que lo que Zoro había encontrado era un pequeño monitor de video que gravaba en la entrada de la casa. ¡Eso era perfecto!

(...)

Habían tomado el video y todas las otras evidencias, y se había dirigido a la oficina que Robin compatía con Nami. Ingresaron y automáticamente se pusieron a ver la evidencia más concreta: El video.

Allí estaba todo. Durante el día nadie había ido a molestar a la casa de la pelinaranja y luego de la noche, ella y Luffy había ido. Solo ellos dos aparecían en el video, nadie más. Unos momentos más tardes, un extraño hombre de largos cabellos rubios y rostro algo deformado, se acercó a la puerta de la casa y la abrió como si nada.

- ¡Congélela ahí! - Exclamó Robin y Zoro paró el video

La imagen esa era perfecta. Podía verse de lleno el rostro de aquel maldito hombre. Con eso, podían hacerse una idea de quien era el violador de Salt Lake City. Una cosa menos por la que preocuparse, miles de cosas más por las que sí.

La puerta sonó tras ellos y ambos voltearon. Los hombres quedaron sorprendidos al ver a dos miembros de Nuevo México allí, en Utah. Se miraron sorprendidos ¿Qué estaban haciendo Sabo y Koala en ese estado? Abrieron la puerta con delicadeza ¿Acaso había pasado algo?

Repentinamente, Margaret empujó a ambos y abrazó con desesperación a Luffy.

- Perdona Lu, estaba algo... - Comenzó el rubio

- Desesperada - Terminó la mujer soltando un suspiro - No paró de amenazar hasta que le ofrecimos traerla a verte -

- Luffy... - Murmuraba la rubia con cierto sollozo en su voz

Se acurrucó en su pecho tal y como un cachorro indefenso, y cuando estuvo cómoda, giró su cabeza y contempló el gran monitor en el que los tres detectives estaban viendo el video. Soltó un estruendoso grito que dejó pasmados a todos los presentes.

- ¡Absalom! - Exclamó y los ojos se le llenaron de lágrimas


Bueno, hasta aquí hemos llegado hoy. Espero que les haya gustado este capitulo y como ven, cada vez estamos más cerca de todo. Estaré ansiosa por leer sus comentarios con sus opiniones acerca de si les gusto o lo que creen que pasará.

¡Nos leemos pronto!