Más… más desastres de parte de las chicas de Satogahama…
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El Redentor 777. Vaya, no yo llegué a pensar en eso, pero en parte tienes un punto. El hecho de que Nakano hable mucho con Hase, lo hace ver diferente ¿o soy el único que lo ve así? No te preocupes, Nozaki y Asada también tendrán su momento, pero se verá después. ¡Saludos y Bendición de Athena!
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RinMakoto. Nakano vio su oportunidad y la usó. Créeme, sé lo que es que te agarren con la guardia baja. Las otras tres no se la perdonarán fácilmente, de eso si te estoy seguro. ¡Saludos y Bendición de Athena!
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Sin más, comencemos…
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Mientras las cosas entre Tsubasa y sus amadas pasaba, al mismo tiempo, Nozaki había podido escaparse de sus pretendientes. Lo pudo hacer de manera milagrosa, incluso con ayuda de Asada, la cual también tuvo ese momento de escapar y lo lograron juntas, pero se separaron a mitad de camino.
Pero vamos con que nos conviene en este episodio.
Nozaki llegó rápidamente a su casa, la cual solo quedaba a 20 minutos de Satogahama, por lo que ir a pie le favorecía.
Al llegar…
- ¡Volví! – anunció su llegada.
- ¿Yuuki? – dijo una voz masculina desde el interior de la casa.
- ¿Papá? ¿Volviste tan temprano?
- Lo mismo podría preguntarte, pensé que tendrían práctica hoy.
- No, la capitana enfermó y tuvimos que cancelarla.
- Vaya.
- No importa, Tsubasa-san es fuerte y se recuperará.
- Ya veo – en eso apareció el padre de Yuuki. Este era un hombre que se miraba fuerte y fornido, de cabello negro y ojos del mismo color.
- Por cierto, ¿y mamá?
- Salió a hacer las compras, pero me dijo que iba a tardar un poco ya que tenía que ir con una amiga que estaba enferma.
- Y-Ya veo.
- Si quieres ve a ducharte y descansa. Aun son las 3 de la tarde.
- Bien – la rubia se retiró a su habitación y solo se acostó en su cama a pensar un poco en su situación. De hecho, desde esa confesión de parte de Nakano junto a Tsubasa y Aoi su vida a dado un giro de 180 grados.
Ella nunca tuvo un interés grande en el romance ni mucho menos en querer tener pareja, más cuando la mayoría de personas de esta edad ya están en una relación o andan urgidas por querer tener novio.
Ella era diferente, de hecho, ahora en lo que estaba enfocada eran sus estudios y el béisbol.
Quién diría que lo que no encontró en el baloncesto, lo encontró en el béisbol.
Ahora había grandes cosas que había ganado:
Una popularidad enorme.
Muchos admiradores.
Grandes amigas.
Y por supuesto, dos pretendientes.
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Sí, decir que tanto Maiko Kurashiki y Akane Ukita estaban enamoradas de ella, eran algo que todavía no la dejaba en paz.
Antes de pensar en varias cosas, decidió tomar un baño relajante, pero antes de que incluso se dirigiera al baño.
- ¡Yuuki! – llamó el padre de esta desde la planta de abajo.
- ¿S-Sí?
- ¿Puedes venir un momento?
- Voy.
La rubia bajó a la planta inferior donde le había llamado su padre.
- ¿Qué ocurre papá?
- Hija, necesito pedirte un favor que realmente necesito, pero estoy ocupado con los ingredientes de la cena, así que necesito que me ayudes.
- ¿Quieres que te ayude a preparar la cena?
- No, necesito que me vayas a buscar algo.
- ¿Algo? ¿el qué?
- Pues…
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30 minutos después.
Se miraba a Nozaki ya vestida ir para un lugar, pero lo raro es que iba con la cara algo roja por lo que iba a hacer.
- ¿P-Por qué papá me mandaría a hacer algo así?
La pobre rubia iba llegando a su destino y solo quería que todo se terminara de una vez.
Al fin, llegó a su destino.
El gran destino de la joven Yuuki Nozaki estaba frente a ella.
Y se preguntarán… ¿A dónde demonios fue Nozaki?
Sencillo.
A la farmacia.
Y también se preguntarán… ¿Qué demonios hace Yuuki ahí?
Ya lo descubrirán…
Volviendo…
Nozaki estaba parada frente a la farmacia muy nerviosa.
Intentaba hacerse la fuerte, pero los nervios la traicionaban.
Hizo el ademán de entrar, pero rápidamente se arrepintió, pero volvió dándose una cachetada.
- ¡Ya! – se dijo para sí misma – vamos Yuuki, tu puedes. Es solo un condón, no es nada del otro mundo. Entras, pides, pagas, sales… Entras, pides, pagas, sales. Sencillo.
Armándose de valor, la rubia decidió finalmente entrar al lugar, aunque volvió a dudar un poco en la entrada, finalmente decidió entrar.
Al entrar la puerta de la entrada hizo el típico sonido de "Bip" cuando ingresas.
Al ver fijamente al frente, notó una mujer que la miraba fijamente, mientras solo masticaba chicle, cosa que puso algo incomoda a Nozaki.
Mirarla fijamente era algo de temer, ya que la expresión de la mujer le recordaba mucho a alguien.
-Su mirada y expresión me recuerdan a Tsukumo-Senpai.
Cabe decir que fueron unos segundos muy agobiantes que los que pasó Nozaki mirando a esa mujer.
Pero como que Dios existe ya que fue llamada por un joven al final del pasillo, indicándole que pasara.
Nozaki se alejó de la señora y fue donde se encontraba el joven.
-Buenas tardes señorita.
- B-Buenos días – dijo tímidamente la rubia – e-este…
- ¿Qué necesita señorita?
- P-Pues… - antes de que Nozaki hablara, se escuchó una sirena.
- Lo lamento, pero mi turno terminó, pero espere a que venga mi compañera – sin más, el amable joven se retiró.
- ¿Y ahora? – en eso, aparece una mujer de unos 45 años a atenderla.
- Buenas tardes.
- B-Buenas tardes – devolvió Nozaki.
- ¿Y? – la señora le indicaba que se decidiera a que iba a pedir.
- E-Este… - Nozaki estaba muerta de nervios por tratar de pedir los dichosos preservativos – e-este…
- S-Sí... – la señora se puso lentes – que linda muchachita, te pareces bastante a mi hija.
- ¿Eh?
- Se quiere hacer monja.
- ¿Q-Que son esas cosas? – dijo Nozaki señalando a algunas pastillas de los estantes.
- Son pastillas para las hemorroides.
- Deme dos.
- ¿Qué más?
- Deme esas mentes, ese peluche, y… - la chica se puso a pensar en cómo decírselo – también quiero… dones.
- ¿Perdón? – dijo la farmacéutica.
- …ondones – dijo Nozaki en un tono súper bajo.
- ¿Podrías hablar más alto?
- Condones – le dijo al oído.
- ¡Condones! – dijo la farmacéutica en voz alta causando un gran sonrojo en Nozaki y esta le hacía señas de que bajara la voz – pero debiste habérmelo dicho muchacha.
- E-Este…
- Pero dime, ¿Qué talla quieres?
- ¿Talla?
- Vamos, te la creíste, no hay talla mija. Y creo que hasta virgen eres.
- E-Este…
- Cuando estaba en mi pueblo usábamos vejiga de oveja para lubricarlos los miembros de los hombres.
- Y-Yo…
- ¿De cuáles quieres? – la señora sacó varios paquetes y se los enseñó a Nozaki.
- Deme cualquiera.
- ¿Cómo que cualquiera? – le dijo la mujer – tienes que escoger bien. Mira…
- Por favor, deme cualquiera.
- Mira, tengo este de pupitos, que te da una experiencia buena y es como la vejiga de oveja. Este otro de aquí, es el retardante, es bueno para darle duro. Tú y tu novio como primerizos les quedaría perfecto, se los recomiendo.
- P-Pero yo no tengo…
- Y tengo este de aquí que es de sabores – la señora le mostró el último paquete – a mí en lo personal.
- ¿En lo personal?
- Sí – la señora le hizo señas de que se acercara – a mí en lo personal… me gusta el sabor a fresas. Incluso lo uso como chicle.
En eso, Nozaki pudo escuchar como la señora se ponía a inflar un chicle, cosa que le asustó y mantuvo algo de tensión ya que, por lo dicho por la señora, esto le dejaba algo de curiosidad y asco a la vez.
La señora seguía inflando la bomba de chicle en el oído de Nozaki quien solo escuchaba el sonido de este inflándose.
La tensión era cada vez, pero todo se terminó hasta que la bomba finalmente se reventó.
Nozaki se separó de la farmacéutica.
- ¡Deme este! – le señaló uno de los paquetes, ahora lo que más quería la pobre Nozaki era salir de aquí.
- Bien – la señora se puso a escanear los paquetes, cosa que le costaba un poco y Yuuki quería irse ya.
Pasaban los segundos y la señora no se apuraba con escanear los paquetes, de hecho, cada vez que lo hacía, el escáner le indicaba error y tenía que volver a hacerlo.
En eso, un hombre de unos 21 años ingresaba al lugar, pero este iba acompañado de una mujer que parecía ser su novia. Yuuki solo rodó los ojos en señal de angustia.
Pero como si las cosas no se pusieran peor, por la puerta de la farmacia también ingresó un sacerdote de religión católica a esperar su turno detrás de la pareja que estaba detrás de Nozaki.
La rubia solo empezaba a sudar frio ya que pensaba que la situación no podría ponerse peor.
Detrás del sacerdote, entró una monja la cual iba con un rosario en la mano. Las cosas se pusieron más tensas para Nozaki.
También ingresó al mismo tiempo una madre de familia, que iba acompañada de sus dos hijos, no mayores de los 12 años, los cuales iban detrás de los religiosos haciendo fila.
Pero para hacer las cosas más feas, ingresaron dos jovencitas que iban con el traje de la Academia de Satogahama y de inmediato identificaron a Nozaki.
- ¿Nozaki-san? – llamó una de ellas.
- … - la rubia no contestó el saludo ya que de por sí estaba muerta de la pena no digamos en esos momentos.
- ¡Nozaki-san! – llamó una de ellas - ¿P-Por qué no me saludas Nozaki-san? Somos compañeras de aula.
- H-Hola – dijo en un tono casi inaudible.
- ¿Qué dijiste? Vamos, saluda con ganas.
- H-Hola – volvió a decir con el mismo tono solo que esta vez levantando la mano y saludando a sus compañeras de clases.
-No puede ser - dijo la farmacéutica que ya llevaba un buen rato escaneando los preservativos – ya se arruinó esta mierda.
- Carajo.
- Espérame un ratito – le dijo a Nozaki y en eso se dirigió hacia los interiores de la farmacia - ¡Alguien sabe el código de los condones retardantes!
Nozaki solo se cubrió la cara, ahora estaba más que exhibida.
- ¿De cuáles? – en eso llegó un señor con lentes y con una bata, que era un doctor.
- De estos.
- Condones retardantes – dijo el doctor analizando la caja – mira jovencita, yo honestamente no lo sé porque como nadie compra de estos.
- B-Bien.
- Espera un ratito – en eso, el doctor tomó el micrófono de la caja y llamó por los parlantes - ¡Por favor, código de los condones en la caja 4! Repito, ¡código de condones retardantes en la caja 4!
Nozaki quería morirse en ese momento. La pareja estaba hablando entre ellos sobre el asunto, el padre y la monja estaban rezando y las alumnas de Satogahama chismoseaban entre sí.
En eso, llegó la mujer que había visto Nozaki cuando entró a la farmacia.
-Aquí está el código – dijo la mujer dándole un papelito a los farmacéuticos. La chica miró el paquete y luego miró a Nozaki - ¿retardantes? ¿En serio?
- Son 1500 yenes – dijo la farmacéutica - ¿gustas con tu nombre la factura?
- Solo así, muchas gracias.
En eso se escuchó un timbre y varios globos y serpentinas cayeron sobre Nozaki, sorprendiendo a varios.
- ¡Felicitaciones! – gritó un hombre que llegaba con un micrófono y este venía acompañado de otro que traía una cámara – señorita, ¿Qué se siente ser nuestra clienta 1000000 de nuestra farmacia?
- E-Este…
- Y por si fuera poco te has convertido en cliente oficial de nuestra farmacia.
- ¡Somos compañeras! – dijeron las dos chicas para abrazar a Nozaki - ¡Bravo Nozaki-san!
- ¡Cuéntanos Nozaki-san! – habló el entrevistador – dinos en vivo a todo Japón, todos los extranjeros e inmigrantes, ¿Qué producto compraste para ser nuestra cliente 1000000?
- Un peluche – dijo la rubia tratando de salir de ese enrollo, pero el entrevistador le tiró el peluche y la farmacéutica le pasó la caja de los preservativos.
- ¡Condones! – gritó el hombre con el micrófono mostrando la caja de estos.
- Y es para su primera vez – la farmacéutica habló.
- ¡Y es para su primera vez! – el hombre siguió hablando - ¿Quieres mandarle un saludo a alguien ahora que estamos en vivo para todo Japón?
En eso, se veía a Kurashiki y Akane caminando cuando pasaron por un frente a una tienda de televisores y en eso miraron la escena que las dejó heladas.
- ¿E-Esa es…?
- ¿… N-Nozaki-san?
Ambas chicas estaban en shock viendo a su amada en la televisión y más, comprando condones. Sin decir nada, ambas fueron corriendo a buscar a la rubia.
Mientras que de vuelta al lugar…
- ¡Una porra para Nozaki-san! – gritaron varias personas que estaban afuera de la farmacia.
- ¡Nozaki! ¡Nozaki! ¡Nozaki!
La rubia solo se atinó a levantar el puño en alto, indicando victoria, aunque ella no estaba nada orgullosa de su logro.
Cuando iba para su casa, se encontró con dos personas que no se miraban nada felices.
- ¿Kurashiki-Senpai? ¿Ukita-san? – dijo la rubia viendo a sus dos amigas.
- N-Nozaki-san… - la primera en hablar fue la peli roja - ¿Por qué compraste eso?
- ¿Qué?
- ¿Por qué compraste condones? – dijo la castaña.
- ¡E-Este…! – al parecer, Nozaki ya había entendido a lo que sus amigas habían dicho.
- Nozaki-san – dijeron ambas chicas temblando de la cólera para luego levantar sus rostros mostrando sus ojos llorosos y señas de enojo - ¡Tonta!
PAM
PAM
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Un rato después…
- ¡Ya volví! – gritó la rubia llegando a casa.
- Bienveni… - la voz del padre de Yuuki se calló - ¿Y a ti que te pasó?
- Una larga historia – dijo la rubia mientras en su rostro estaban dos marcas de cachetadas, una en cada mejilla.
- ¿Por qué te tardaste tanto?
- Toma – la rubia no estaba de humor por toda la humillación que le dieron.
- ¿Y esto?
- Son tus condones papá.
- ¿Condones? – el señor miró el paquete y efectivamente eran condones – Yuuki, yo no pedí condones.
- ¿No?
- Cordones, te dije cordones – el padre de la joven sacó sus zapatos sin cordones, dado que ha eso se refería.
- Me va a dar, me va a dar… me dio – y acto seguido, la rubia cayó al piso desmayada.
- Hija, ¿Qué voy a hacer contigo? Bueno, al menos hoy los usaré con tu madre.
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Continuará…
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Algo de humor en este fic. Creo que fui algo malo con Nozaki, aunque me dio algo de risa escribirlo.
Si le quieren entender mejor, pueden buscar el vídeo "Compra Condones" de EnchufeTV, que fue de donde me inspiré para hacer este capítulo.
Sin más, este ninja se despide.
Bye.
