Hola a todos mis lectores. ¿Cómo han estado tanto tiempo? Espero que bien. Sé que me he tardado mi tiempo en actualizar, a estas alturas ya deben saber que estoy estudiando y lo peor de todo es que me esta demando mucho tiempo, demasiado para mi gusto. Pero, por esto mismo, quiero decirle que no voy a abandonar estas historias. Las continuaré así me tarde 10 años.

Quería agradecerles los comentarios y la paciencia a cigarbox, a Luffy Ketchum, a Roronoalau y a solitario196.


La nada misma. Esa era la única manera de describir aquel lugar. En medio del desierto de Utah pequeñas casas se alzaban rodeando una gran iglesia de piedra amarillenta y marrón. Alzó la vista hasta la cúpula en forma de pino y contempló la gran cruz en forma de rayo que se alzaba de manera majestuosa. El secuestrador la tomó de las manos y la empujó hacía adelante, obligandola a caminar. A su vez, tomó a la niña de los cabellos y la arrastró a su lado. La pequeña Aisa soltó un chillido en el momento que sintió el dolor el su cuero cabelludo.

- Ni se te ocurra lastimarla, idiota - Murmuró.

Pero el hombre no le prestó la más mínima atención. A medida que fueron ingresando el pequeño pueblo, Nami entendió que no era un lugar ordinario. No había ni un solo hombre. Todas las presentes eran mujeres. De diferentes alturas, colores, cabellos, ojos. Diferentes modelos del genero femenino reflejado en un pueblo de no más de 30 personas. Todas las miradas estaban posadas en ella con cierta pena en sus ojos. ¿Por qué sentía aquella tristeza en sus cuerpos? ¿Qué estaba pasando en aquel lugar? El extraño las guió hasta las puertas de la iglesia y cuando llegaron al pie de los escalones, las puertas se abrieron de par en par. Por primera vez distinguió la figura de cuatro hombres.

- Sacerdotes míos - Comentó - Les he traído otro botín -

Empujó a la pequeña hacía delante quien cayó de frente al suelo. Aisa quedó tirada en el polvo del desierto de Utah y ella solo se tuvo que resignar a contemplar, sin poder hacer nada al respecto. Se mordió su labio inferior cuando vio que los hombres se miraban entre ellos y asentían. Una bajó las escaleras con lentitud y la ayudó a ponerse de pie. El hombre era musculoso y de una tez un tanto morena, pero lo que más le llamaba la atención a Nami era las extrañas gafas que llevaba cubriendo sus ojos.

- Ran, encárgate de ella - Dijo con un tono de voz arrogante.

Una mujer de cabellos oscuros y con raya al costado, y aros dorados en cada oreja dio un paso hacía adelante y apoyó sus manos en los hombros de la pequeña. Luego de decirle que todo estaría bien, la llevó hacía la multitud para poder mimetizarla con ellas. Cuando Aisa desapareció de enfrente, los ojos de los extraños se posaron en ella. Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

- ¿Quién es esa? - Preguntó el más gordo de todos. Más que miedo, su tono de voz daba risa.

- Mi parte del botín - Sonrió con una sonrisa retorcida - Quiero convocar a una boda -

- ¿Qué? - Alcanzó a soltar la mujer.

- Y tendrás tu boda - Una extraña voz procedente del interior de la iglesia retumbó en todo el pueblo - Dios permite que se realice una boda ahora -

Nami sintió que la garganta se le cerraba. ¿Dios? ¿Había oído mal? El hombre que sostenía sus mano atadas se hizo aun lado y tres mujeres aparecieron a su lado. La tomaron de las manos y comenzaron a jalarla hacía el interior de una de las cazonas cercanas. La mujer comenzó a soltar gritos e intentó safarse de sus captoras nuevamente. Aquellas mujeres tenían una fuerza muscular bastante poderosas.

- ¿Qué esta pasando aquí? - Preguntó desesperada - ¿Qué es eso de Dios? ¿Van a permitir esto? - Pero nadie respondió.

Estiraron sus manos y las ataron con sogas en forma de estrella. Mientras las mujeres quitaba telas de seda blanca de sus cajones, contempló sus miradas. Sus ojos estaban tristes, casi no había vida en ellas. Vio que una de ella poseía el vientre inflado y lo peor era que no debía ni tener su misma edad... Frunció el ceño al ver como chiquitas trabajaban adornando un ramo de flores secas. Todo en ese lugar irradiaba depresión... No entendía que estaba pasando pero saldría de allí junto con Aisa, había prometido que la llevaría a casa. Y así lo haría.

Las extrañas le quitaron sus prendas y la envolvieron en telas blancas. Formaron un corsé que ataron con otro pedazo de tela y luego armaron una pollera improvisada. Le sorprendió lo expertas que eran para poder hacer un vestido tan elegante a base de tela. ¿Cuántas bodas se habían celebrado en aquellas tierras? Observó que todas las mujeres poseían un anillo en su dedo izquierdo. Algunas tenían un anillo verde, otras amarillo, otras azul y otras rojo. Muy pocas eran las que tenían anillos plateados y ninguna poseía uno dorado. ¿Acaso esos anillos significaban algo?

Una pequeña de no más de 15 años se arrimó y le colocó un delicado velo en su cabello, la pelinaranja no se empeñó en luchar. No tenía sentido. Ellas no tenían la culpa de todo eso y le daba la sensación de que si algo fallaba, ellas serían las castigadas.

(...)

- ¡Maldición! ¡Tenemos que llegar! - Exclamó Luffy.

La manera en que Sabo podía conseguir las cosas era increíble. Habían necesitado una camioneta 4x4 y él se las había conseguido desde Nuevo México. Nueva y sin un rasguño... Bueno... Hasta ese momento. Ahora que Zoro se encontraba conduciéndola a toda velocidad en medio del desierto de Utah las cosas cambiaban. Pobre hombre el dueño de aquel vehículo. El estado pagaría los daños pero... No quería imaginarse el rostro cuando se encontrara con su camioneta sucia y con las ruedas desinfladas.

Junto con él, en el asiento del conductor iba Robin con todos los mapas y GPS necesario para poder localizar el lugar donde se encontraba el pueblo fantasma. ¿Y él? Bueno... Lo habían mandado al asiento trasero, pero no le importaba. De momento solo quería poder encontrar a Nami y darle una buena paliza al maldito que se había atrevido a secuestrarla.

- ¿Estás segura qué es por aquí? - Preguntó el peliverde frustrado al ver que solo había polvo y rocas delante.

- 100% - Respondió la mujer mientras contemplaba el mapa con el ceño fruncido - Al menos si los mapas de Margareth no fallan -

- No lo harán - Agregó Luffy. Estaba seguro que no había fallado. La mujer había dado todo de sí para poder recordar el lugar donde se encontraba aquel lugar.

- Buen... Como sea ¿Has llamado al FBI y la CIA? - Dijo Zoro mientras giraba el volante con el fin de esquivar una gran roca.

- Y a los medios también - Sonrió la mujer - Todo el mundo se enterará de esto -

- Me parece bien - Murmuró el chófer.

(...)

La música comenzó a sonar mientras dio un paso hacía delante. Le habían dicho que si no ingresaba a la iglesia y no seguía lo que el resto le decía, asesinarían a Aisa. Y no iba a dejar que eso pasara. Prefirió no tentar al destino y proseguir con aquella estúpida boda que no tenía el más mínimo sentido. Avanzó por el pequeño pasillo y llegó al altar donde se encontraba su supuesto futuro esposo. Era más perturbador de lo que recordaba, no había podido llegar a verle la cara del todo. Pero ahora que lo tenía al pie de su cuerpo, se dio cuenta de lo mal que estaba todo. Su corazón le latía con fuerza. ¿Cómo iba a safar de esa?

El rostro de Luffy llegó a sus recuerdos. Por favor, pensó, sálvame como aquella vez. Necesitaba un milagro. El casamiento era lo de menos. ¿Habrían notado su ausencia? Seguramente, Robin trabajaba junto a ella ¿Cómo no iba a notarlo? Pero... ¿Cuánto tardarían en encontrar alguna pista? ¡Estaba en el medio de la nada! Bajó su mirada ante el silencio de la música. Y solo volvió a levantarla cuando la volvió a oír, pero esta vez era otra melodía, una más santa, más espiritual, más perturbadora. Sintió una presencia algo extraña a su lado y al girar su cuello, encontró a un hombre alto de tez blanca como la nieve. Quedó boquiabierta por unos segundos.

- Vaya, vaya, vaya... ¿Qué tenemos por aquí? - Preguntó.

- Dios - "Su prometido" hizo una pequeña reverencia, seguida de todos los presentes.

Automáticamente Nami hizo lo mismo. No quería faltarle el respeto a un loco que se cría Dios. Eso podría significar la muerte misma.

- Sueles tener buen gusto, Absalom - Comentó.

El extraño de cabellos rubios tomó sus mejillas con una mano y la hizo girar varias veces para inspeccionarla. Se sintió ofendida pero no dijo nada. Cuando el hombre la soltó, distinguió que el lóbulo de sus orejas estaba estirado a causa de unos pesados aros de oro macizo. Además de que poseía múltiples anillos, colares y hasta un bastón de oro puro. Y en cuanto a oro, ella era una experta.

- Bien - Dios estiró los brazos - Que inicie la boda -

Un monologo extraño azotó la sala. A pesar de que Nami no podía entender nada de lo que se refería con ciertas terminaciones, se dedicó a escuchar. Necesitaba entender que estaba pasando en aquel lugar. El parecer Dios se llamaba Enel y ella estaba segura que de Dios no tenía nada. Solo era un aprovechado que había sabido lavarle la cabeza a todos los presentes, haciéndose pasar por el bueno cuando realmente era el malo. El discurso terminó más rápido de lo que esperaba y luego prosiguió con todas las mismas palabras que una boda debe poseer, salvo por...

- Si en verdad deseas acoger a esta mujer como tu quinta esposa, di que aceptas -

- Acepto - Dijo Absalom fielmente, orgulloso.

- ¿Qué? - Alcanzó a exclamar la pelinaranja ¿Cómo que quinta?

- Con ella, todas sus hijas son para servirte. Toda su vida esta en tus manos - Anunció serio - Y ahora, la ceremonia de purificación -

¿Purificación? Escuchó los aplausos retumbar en toda la sala y por primera vez, sintió miedo. ¿Qué estaba pasando? Ahora si que estaba confundida. No entender nada, la asustaba. El Dios Enel la tomó del brazo y jaló de ella hacía unas pequeñas escaleras de madera. Intentó escapar pero al voltear al público vio como uno de los hombres musculosos tenía a su lado a Aisa. Sus ojos se abrieron como platos y volteó hacía el Dios Enel. No sabía a donde ni porque pero haría lo que sea por Aisa. No opuso resistencia, subió las escaleras detrás del hombre y cuando se encontró un pequeño convertido donde solo había una cama, quedó helada.

- Como futura mujer, debes mostrar tu lealtad demostrando tu pureza en el lecho de Dios -

Abrió los ojos como platos. ¿Qué? ¿Qué rayos estaba pasando? ¿Mostrar su pureza en el lecho de Dios? ¿Acaso estaban todos locos? Dio un paso hacía atrás, terriblemente asustada.

(...)

- ¡Allí, Zoro! - Exclamó Robin mientras apuntaba hacía adelante.

Al fin había visto algo. A lo lejos, comenzaron a distinguirse unas formar cuadradas que para nada eran simples rocas. Poseían ventanas y techo, y además detrás de ellas, una estructura un tanto mayor se alzaba imponente. Luffy se asomó entre los asientos delanteros y contempló aquella imagen pasmado. Todavía no podía creer que la historia de Margerath era real. ¿Cómo el gobierno se había atrevido a mantenerlo en secreto tanto tiempo?

Zoro apretó el acelerador y no frenó hasta encontrarse dentro de la ciudad, junto a la gran iglesia. Se apresuraron a bajar. Contemplaron las casa pero al parecer nadie yacía dentro de estas. Voltearon hacía la iglesia y se asomaron hacía el interior a través de los ventanales que poseía a sus costados. Visaron a un tipo completamente extraño, agitando las manos y diciendo cosas que no alcanzaban a escuchar, también un enjambre de mujeres estaban sentadas en los asientos para espectadores, incluyendo a la pequeña Aisa. Pero lo que más llamó la atención de todos fue que la situación en la que se encontraba Nami. Vestida de blanco, frente el altar junto con... Robin frunció el ceño. El maldito que la había secuestrado. ¿Para eso se la había llevado? ¿Para casarse en una iglesia en medio del desierto?

- Entremos - Dijo el morocho decidido.

- Espera Luffy, tenemos que ser cuidadosos. Podrían salir heridas todas las chicas que están allí - Contempló las miradas inexpresivas en los asientos - Quizás deberíamos esperar al FBI -

- El tipo raro se la esta llevando arriba - Comentó el peliverde - No hay tiempo para esperar al maldito FBI -

- ¡Esperen! - Robin comenzó al desesperarse - No actuen como novatos, hay personas que estan en peligro además de nosotros y son 6. Nosotros somos tres... -

- Eso no importa - Luffy desenfundó el arma que le pertenecía.

- Supongo que no hay opción... - Zoro contempló hacía dentro - Me quedo con el pelado -

- Yo con el gordo - Sonrió el morocho - Robin hiere a uno de los dos que quedan y reduce al otro. Me encargare del maldito Dios -

- Déjame al secuestrador - El peliverde también tomó su arma.

- Me parece bien... - Robin hizo lo mismo. No había muchas opciones.

Se dirigieron a la puerta de entrada de la iglesia y luego de contar hasta tres, la abrieron de un portazo. Al mismo tiempo exclamaron que eran la policía y que se agacharan todas. De esa manera se aseguraron de que ninguna saliera herida. Dispararon a sus objetivos en un hombro, la parte superior de la pierna y en el abdomen. Necesitaban asegurarse de que permanecerían quietecitos, sin problemas, hasta que llegaran las fuentes responsables. Robin corrió hacía su otro objetivo, el sacerdote de bigote extraño. Se arrastró entre las butacas para poder evitar los disparos con los que habían contraatacado, pero dado a que solo quedaba un sacerdote y, además estaba apuntando su arma a Zoro, pudo atacarlo por la espalda.

Golpeó sus brazos con su codo y lo obligó a soltar el arma. Antes de que pudiera reaccionar, lo tomó de uno de esos brazos y lo giró de manera desproporcional hacía su espalda, generándole un profundo dolor que le hizo soltar un chillido.

- Quédate quieto ¿Quieres? - Estiró su mano y jaló de su otro brazo para poder reducirlo completamente.

Por otro lado, el peliverde había asestado estómago de su enemigo. No quería matarlo pero no había habido otra opción. Con el objetivo en movimiento no había podido apuntar bien a un lugar no peligroso, pero en la situación en la que se encontraban era alarmante. Sin dudas era o ellos o los malos. Contempló como el extraño identificado como Absalom estaba corriendo hacía la ventana más cercana. Tomó un pequeño atril y lo golpeó para poder escapar. Lo siguió sin detenerse a pensar y cuando el hombre saltó entre los cristales rotos, él hizo exactamente lo mismo. Sintió unos pequeños vidrios cortandole la carne de la palma de la mano, en el momento que se apoyó en el umbral para poder saltar pero no le importó. ¡Ese maldito se iba a escapar y no podría permitirlo!

Comenzó a correrlo por entre las casas del pueblo hasta que escuchó un disparo. Se detuvo en seco. Había sido muy cerca suyo y posiblemente, lo hubiera rosado en cualquier parte del cuerpo. Se refugió detrás de una casa de piedra y se asomó, solamente para buscar a su enemigo. Abrió los ojos cuando lo encontró de pie alejado de las casa, casi sumido en el desierto. Si, poseía un arma pero no era a él a quien estaba apuntado. Se estaba auto apuntando.

Salió de detrás de la seguridad de la piedra y se arrimó sosteniendo su arma bien alta. Ante cualquier movimiento de ataque, le dispararía, no dudaría. Se acercó lo suficiente como para saber que era lo que estaba murmurando.

- Perdóname Dios por esto - Jaló el gatillo contra su cabeza.

- ¡Espera! -

El sonido le produzco una sordera momentánea pero no hacía falta escuchar para darse cuenta de lo que tenía delante de sus ojos. Un cadáver. Soltó un suspiro y se dejó caer en el polvo seco. Se sostuvo la cabeza y luego de descansar unos segundos en aquel lugar, comenzó a caminar hacía la iglesia. Ese maldito no iba a poder escapar más... Lo mejor sería volver y ayudar al resto.

(...)

En el momento que los tres se separaron, Luffy corrió escaleras arriba. Su objetivo era poder enfrentarse al maldito imbécil que se hacía llamar Dios. Iba a pagar por todo lo que había hecho, a esas niñas, a Margaret, a Nami... Se topó con una gran puerta de madera y la abrió con una patada.

Quedó helado cuando se encontró con que el tipo raro había agarrado a la pelinarnaja de la cintura y ahora la amenazaba con un cuchillo de mando dorado.

- ¡Luffy! - Exclamó al mujer.

- Así que... Llegaste - Murmuró el hombre con una sonrisa egocéntrica.


Hasta aquí hemos llegado con el capitulo. Espero que les haya gustado. Creo que esta vez ha quedado un poquito más largo ¿Puede ser? Estaré ansiosa por leer sus comentarios ahora que la historia esta comenzando a desenlosarse.

¡Nos leemos pronto!