¡Lectores! ¿Cómo han estado tanto tiempo? Ahora que ya he terminado con la cursada del cuatrimestre, estoy con finales que rendir pero tengo un poco más de tiempo libre hasta que vuelva a empezar la cursada de la universidad. Espero que me perdonen por el tiempo que estoy tardando pero como bien dije en otras instancias, no pienso abandonar ninguno de los fics. Tengan la certeza de que voy a actualizar todos hasta el último capítulo.

Quería agradecerle los comentarios a Cigarbox, a Solitario196, a Luffy Ketchum, a Roronoalau y a AraRavenclaw.


Luffy levantó su arma en silencio y apunto en medio de la frente de Enel. El extraño hombre soltó una sonrisa cómplice, cosa que lo sorprendió. Apretó a Nami más contra su cuerpo, forzando más el cuchillo en su cuerpo y obligandola a soltar un grito. El morocho soltó aire por su nariz. Necesitaba sacarla de esa situación. Si algo llegaba a pasarle, no se le perdonaría nunca.

- Jala el gatillo y su garganta se abre en dos - Comentó el rubio mientras comenzaba a dar pequeños pasos hacía la ventanilla.

Notó como su corazón comenzaba a acelerarse y como su mano comenzó a sudar. Su pulso comenzó a temblar y por un segundo tuvo miedo de disparar. Si llegaba a errar... La bala podría... Prefirió no imaginarlo.

- Déjala en paz, ella no tiene nada que ver con esto - Murmuró intentando lucir despreocupado. Su enemigo no podía notar que tenía miedo.

- ¿Crees que soy idiota? -

El hombre estaba a centímetros de la ventana. Si llegaba a saltar... No. Si llegaba a saltar sujetado de Nami, la arrastraría a una caída de un piso. No era mortal, siempre y cuando cayeras en la posición correcta. La desesperación comenzó a treparse por su espalda, generándole un gran peso en los hombros. Casi podía sentir los cimientos de cemento cayendole en la espalda.

- Ni se te ocurra acercarte -

El extraño se subió al borde de la ventanilla y luego de apretar con más fuerza el cuello de la pelinaranja, la soltó y la empujó hacía delante. La mujer cayó de rodillas, amortiguando su golpe con sus ojos se abrieron como platos y quedó sumida en un profundo silencio mientras veía como el morocho se acercaba a las corridas. Luffy la tomó los hombros y la enderezó con cuidado, contempló la marca que le había quedado en el cuello y lo primero que hizo fue preguntarle si estaba bien.

- ¡Se va a escapar! - Exclamó preocupada mientras que con su mano derecha se tocaba el rayón rojo.

El morocho corrió hacía la ventana y lo vio como el hombre salía disparado una vez que se había recompuesto de la caída. Se subió al marco de la ventana y se limitó a saltar. Oyó la voz lejana de Nami, gritando su nombre de manera angustiada. Pero la caída fue tan lenta que tuvo la sensación de que moriría en el aire. Cayó con las rodillas flexionadas y cuando el envió lo obligó a seguir de largo, dio una pequeña vuelta arrastrándose por el suelo. Y enseguida se puso de pie. Corrió en la misma dirección en la que veía a ese maldito abusador y cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo tomó del hombro y lo volteó hacía él. Apuntándole el arma a la frente.

- ¡Quieto ahí! - Exclamó.

Le costo entender cual era la razón por la que sonreía tan gustosamente, pero cuando sintió una punzada en el pecho, lo primero que hizo fue bajar la mirada. El cuchillo de mango dorado con el que había amenazado el cuello de Nami, estaba clavado en su pecho. Recién cuando lo vio, sintió el dolor. Su respiración se hizo mucho más pausada mientras intentaba procesar que era lo que había pasado. Todo había pasado en tan poco tiempo que no había tenido tiempo de asimilarlo. Posó sus ojos serios en él, no iba a mostrar debilidad.

- No volverás a creerte Dios - Le comentó con una sonrisa diabólica.

Con la culata del arma, generándole una gran herida en la frente. El hombre cayó de espaldas y cuando el morocho levantó la vista, divisó que Zoro corría en su dirección. Confiado de que el peliverde se encargaría del arrestamiento de Enel, se dejó caer al suelo. Quedó sentado contemplando como el cuchillo yacía incrustado en el lado derecho de su cuerpo.

- ¡Oi! ¡¿Estás bien?! - Zoro colocaba las esposas en las muñecas del hombre mientras lo contemplaba preocupado.

- Es solo un rasguño - Sonrió aunque podía sentir como sus energías se desvanecían.

- ¡Luffy! - Las vocez de Nami y Robin llegaron a sus oídos.

Volteó el rostro unos centímetros para divisar como la pelinaranja dejaba caer su cuerpo junto a él. La mujer quedó pasmada al ver el cuchillo, acarició alrededor de la herida pero al sentir un espasmo por parte del hombre, decidió sacar la mano.

- Hay que sacarlo... - Luffy estuvo a punto de tomar el mango pero la mujer lo golpeó.

- ¡Si sacas el cuchillo puedes desangrarte! - Exclamó.

- Los helicópteros ya vienen - Dijo Robin - Iré a hacerle señas para que vengan -

- Aguanta solo un poco - Murmuró la pelinaranja algo angustiada.

El morocho soltó un suspiro y se dejó recostar en el suelo. Si iba a tener que esperar, esperaría cómodo. Contempló el cielo despejado y comenzó a dibujar formas con las pocas y pequeñas nubes que había en el ambiente. El dolor crecía en su pecho. Maldición... Si no lo atendían pronto, iba a desangrarse por dentro. Prefirió no pensar en ello y cuando cerró los ojos lo único que tenía en la cabeza era la voz de Nami diciéndole que aguantara.

Notó que dos pares de manos musculosas lo tomaban por los hombros y las piernas. Al abrir los ojos se encontró con dos camilleros que lo habían acostado a la camilla y comenzaban a subirlo a la ambulancia. Una vez arriba, levantó el cuello para poder admirar una vez más el paisaje que dejaba atrás. Quedó sorprendido cuando notó que la pelinaranja, aun vestida con aquel vestido de novia, se subía junto a los médicos. Se situó a su lago y lo contempló con los ojos rebosados de lágrimas.

- Vamos a sacar el objeto cortante - Comentó uno de los profesionales - ¿Puedes tapar el orificio? -

- Eh.. Si... - Respondió la mujer algo nerviosa.

- Solo haz presión con fuerza - Ella asintió.

El el momento que el filo se deslizó hacía afuera de su cuerpo, el morocho soltó un grito de dolor. Esa era la peor parte de todo. El dolor del pecho comenzaba a tomarle el cuello y el vientre. ¡Maldición! ¡¿Por qué tenía que expandirse de esa manera?! Posó sus oscuros ojos en la mujer quien no hacía más que sostener su herida concentrada.

- No te mueras - Le pidió en un susurró - No te mueras, por favor - Continuó - Yo necesito que me salves - Aguantó con todas sus fuerzas las lágrimas pero al final, hubo un par de pequeñas que escaparon - Siempre terminó en problemas y tu, sin importar que, vienes a rescatarme. Por eso.. Por favor, no mueras... -

- No voy a morir - Soltó la mejor sonrisa que pudo.

- Necesitamos ponerle la máscara - Se oyó por parte de un doctor.

Lo que vino después lo dejó pasmado, antes de que pudieran colocarle la mascarilla de oxígeno, la mujer le dio un sonoro beso en los labios. Y cuando sintió la anestesia, no puso evitar revivir ese beso, una y otra vez.

(...)

Zoro llevó a Enel hasta la camioneta del FBI con orgullo. Pero los fulminó varias veces hasta que se alejó de ellos. No podía creer que todavía tuvieran el orgullo de decir que el FBI había estado investigando ese caso pero que no los había llevado a nada. ¡Malditos mentirosos! El gobierno siempre actuaba igual. Se alejó de ellos, esquivando a los periodistas que se abalanzaban para hacerle preguntas y suposiciones estúpidas y exageradas. Se dejó caer al pie de las escaleras de la puerta de la iglesia y contempló su mano.

Algunos pedazos de vidrio todavía seguían incrustados en su mano. ¡Maldición! No podía creer que se cortara de una manera tan idiota. Se sacó un pedazo de vidrio con la mano y contempló como comenzaba a emanar sangre. Soltó un bufido. ¿Cómo sacaría los pedazos más pequeños?

- Déjame ayudarte - La mujer de cabellos oscuros se acercó a él.

- Yo puedo solo - Murmuró frustrado.

Robin sacó una pequeña pinza que utilizaban los médicos y luego de tomar su mano, comenzó a quitar los vidrios.

- ¿También eres médica? - Preguntó irritado mientras desviaba la mirada. Su piel era demasiado suave.

- Digamos que me gusta tener conocimientos generales - Sonrió.

Saco vidrio por vidrio y al terminar, le humedeció la mano con un producto antiséptico para destruir los gérmenes. De su bolsillo sacó un trozo de gaza limpio y le envolvió la mano, cerrándola en un pequeño lazo.

- Listo - Sonrió.

El peliverde contempló la mano por unos segundos y luego soltó un suspiro.

- Espero que aquel idiota no se muera -

- Solo nos queda rezar -

- ¡Oi! - La voz de una niña los sacó de sus pensamientos.

Cuando Robin volteó supo enceguida de quien se trataba.

- ¡Aisa! - Se agachó y dejó que la niña se abalanzara sobre sus brazos.

- ¿Dónde esta Nami? - Preguntó curiosa - Tu eres su amiga ¿Verdad? -

- Ella esta bien, tuvo una urgencia - La mujer se puso de pie y la tomó de la mano - Te llevaremos a tu casa -

La niña soltó una pequeña sonrisa y luego se hecho a llorar.


Bien... Hasta aquí llegamos hoy. Espero que les haya gustado el capítulo. Estaré ansiosa por leer sus comentario.

¡Nos leemos pronto!