Bueno ¿Cómo andan lectores? Ya que para este fic me faltaba un solo capitulo, decidí que en le avión y en tiempo muerto en el aeropuerto, me dedicaría a escribirlo. Pero antes quería agradecerles los comentarios a Solitario196, a Roronoalau y a Luffy Ketchum.
Sin más que decir, aquí se los dejo:
Un día había pasado desde que todo había acabado. Nami había estado toda la noche en la sala de espera del hospital donde Luffy había sido trasladado, y cuando él salió de la operación, fue a visitarlo. Estuvo muy poco tiempo. Primero el morocho estaba casi dormido por la anestesia y además ella también tenía que descansar. Desde su secuestro, las horas habían pasado lentamente y sentía que no había estado en su casa hacía 15 años. Sumado a que al otro día debía declarar frente a todos los abogados, jueces, acusados y jurados. Esta vez no era como las anteriores, esta vez ella no solo era la policía investigadora del caso; ella había sido una víctima directa.
Cuando llegó a los tribunales de Salt Lake City, todos los periodistas invadieron su espacio personal. Cientos de personas se encontraban aplaudiendo, sosteniendo carteles y pidiendo por justicia. Nami no recordaba ver semejante escandalo desde que había tenido el caso de Nefertari Cobra.
Unos hombres musculosos de la policía le abrieron camino entre el mar de gente para que pudiera subir los escalones sin problemas, y luego de atravesar la valla, estudio más tranquila.
Una vez dentro de los tribunales, se dedico a escuchar el testimonio de cada involucrado y cuando fue llamada al banco, contó todo. Desde Cony, hasta Perona; desde Aisa hasta su propio secuestro.
Declaró durante 40 largos minutos y luego de que ella bajara de la banca, el juez ordenó un descanso de 24 horas. Los presos fueron trasladados a sus cárceles de máxima seguridad y los testigos, a salvo en sus hogares y centros de protección.
No fue sorpresa para Nami cuando, al salir, miles de periodistas se amontonaron para poder entrevistarla. Para su seguridad, se mantuvo en los escalones mas altos de la edificación. Contempló como la multitud abucheaba e insultaba a las camionetas con los presos. Todos odian a los asesinos y a los violadores, pero cuando se trata del ataque a menores, el odio solo incrementa.
Nami afiló la mirada cuando unos policías le pidieron a la gente que abrieran el paso para dejar pasar un vehículo de la policía estatal de Utah. El auto se arrimó lo suficiente como para bajar sobre el primer escalón. En el momento que la puerta se abrió, lo vio bajar. Reconoció esos cabellos morochos en el momento que los vio. Salió corriendo y bajando a grandes zancadas. De a dos escalones. Y en l momento que lo tuvo delante, lo contempló de arriba abajo.
Luffy tenia una camisa blanca que dejaba entre ver el enorme vendaje que llevaba a la altura del pecho. Mientras lo trasladaban al hospital, los médicos le habían dicho que si la apuñalada hubiera sido mas profunda, le hubiese perforado el pulmón. Agradeció a los dioses de todas las religiones del mundo por eso. El moro no le soltó una amplia sonrisa, pero ella lo sumió en un abrazo, despertando a los periodistas ansiosos por una romántica escena de cuanto policial.
- ¡Me alegro que estés bien! – Comentó en su oído.
- Lo mismo digo – Sonrió.
- Quería agradecerte todo lo que hiciste por mi – Murmuró cabizbaja.
El joven la contempló fijamente por unos segundo, levanto su brazo con dolor a causa de la operación, y acarició su mejilla con suavidad. Quitó sus cabellos del rostro, y arrimó sus labios con lentitud. Estuvo a punto de besarla cuando...
- Monkey D Luffy –
Se separaron de golpe. Y el morocho levantó la cabeza hacía la cima de las escaleras. Un hombre alto de traje azulado, rallado, lo estaba mirando fijamente. Luffy lo contempló atónito mientras intentaba averiguar de quien se trataba.
- Es Momonga, el jefe central de la policía de Utah – Le comentó Nami discretamente.
El hombre asintió y le tomó la mano con fuerza. Comenzó a subir los escalones lentamente. Su cuerpo apenas podía resistir semejante trayecto. Le había rogado, e incluso amenazado, a su médico para que lo dejara ir hasta los tribunales; y lo había logrado gracias a su perseverancia.
Cuando ambos llegaron al último escalón, saludaron al jefe con un saludo militar, y se dedicaron a contemplarlo en silencio.
- El oficial Roronoa Zoro, la oficial Nico Robín y usted, han sido convocados para un traslado a la ciudad de Chicago - Comentó serio – En cuanto te mejores, tomaras un avión hacia el noreste –
Al morocho se le ilumino la vista. ¡Por fin! ¡Al final seria trasferido a una gran ciudad! Mas casos, mas aventuras, mas acción. Para él,Chicago era la ciudad prometida. De su labios brotó una gran sonrisa y giró su rostro para ver a la pelinaranja. Pero al notar su mirada, triste y decepcionante, esa sonrisa se desdibujó.
- Supongo que vas a irte ¿Verdad? –
Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que Nami iba a quedarse en Utah. A cientos y cientos de kilómetros suyo. Bajó la mirada y la posó nervioso en el suelo. No. No iba a dejarla sola allí. Juntos, y por esas casualidades de la vida, habían resuelto dos de los casos más importantes de todo Estados Unidos. Juntos habían sobrevivido. Todo juntos.
Luffy alzó la mirada con suma seguridad dijo:
- No voy a irme. Solicito un traslado a Utah –
- Utah es un estado pacifico, las grandes y problemáticas ciudades son las que necesitan jóvenes capaces y dispuestos a todo, como tú –
- Y yo necesito hacer mi vida – Aparentó la mano de la mujer con mas fuerza.
- No puedes denegar el translado. Esta en tu deber como oficial –
- No voy a ir a Chiago sin ella – Ajustó su mirada – La única manera que acepte es que ella también sea transladada conmigo –
- No es posible – Afirmó con fuerza.
- Entonces, dejaré de ser policía. No me importa – Al oír tales palabras, la pelinaranja se quedó sin aliento.
- Bien… - Añadió luego de unos segundos de pensar la situación – Me Comunicaré con el departamento del estado de Illinois para anunciar el traslado de la oficial junto a ustedes –
- Gracias teniente – Dijeron al unísono.
En el momento que el hombre los dejó a solas, ambos se abrazaron, entusiasmados. El morocho estuvo a punto de levantarla en sus brazos, pero recordó su reciente operación y decidió no hacerlo.
- Ten cuidado – Le comentó la mujer preocupada.
Pero nada pudo detener su emoción. Luffy tomó su mejillas con ambas manos y, tal y como aquella vez en la ambulancia, le dio un beso en sus suaves labios. Esta vez no fue sonoro y rápido, fue un beso lento, dulce y apasionado, que dejó a todos los presentes sorprendidos. El sonido de las cámaras fotográficas retumbaron y sus flashes los segaron por unos momentos, pero ya nada importaba. Todo había terminado, o mejor dicho… todo estaba comenzando.
(…)
Robin se encontraba de pie junto a una de las ventanas del segundo piso del gran edificio de los tribunales. No le agradaban mucho los periodistas, a ella le gustaba la paz. Soltó una gran sonrisa cuando el morocho bajo del vehículo y se encontró con su amiga. Contempló cada movimiento y, de hecho, se decepcionó cuando el jefe interrumpió el tan esperado beso. Cuando notó que la discusión se tensaba, estuvo a punto de bajar. Ayudaría a convencerlo de que Nami debía ser trasferida junto con ellos.
Pero al ver que la situación se tornaba la de un final feliz, simplemente sonrió.
- Ya era hora – Oyó una voz en el momento que el esperado beso se concretó.
No necesitaba voltear, en el momento que sintió su mano en su hombro, supo que se trataba de Zoro. Afiló su mirada y su sonrisa se volvió mucho más relajada.
- Es el momento más esperado por todos – Contempló a los fotógrafos.
Ya se imaginaba la portada de todos los diarios de Utah del día siguiente: El amor puede salvar al mundo. Algo cursi y atrayente donde se narraba la historia verídica de como dos jóvenes salvaban a un grupo de niñas y mujeres cautivas por un degenerado suelto. Eso atraería muchos lectores.
Pero nadie hablaría de ellos… Soltó un pequeño suspiro. Pensó en ellos. ¿Qué es lo que eran? ¿Acaso podían denominarse algo? No tenían titulo, ni nada. Pero…. Lo suyo tampoco eran encuentros ocasionales.
- ¿Quieres venir a mi casa? Podemos pedir pizza, sushi o lo que tu quieras… - Aquella petición fue música para sus oídos – Podemos pedir helado o puedo prepararte un café –
- Adoro el café – Sonrió sin voltear.
Nadie se acordaría de ellos pero… ¿Qué importaba? Las cosas habían salido bien, muy bien, mejor de lo que esperaban.
(…)
En el momento que se separaron respiraron profundamente, se miraron a los ojos y sonrieron avergonzados. ¿Quién iba a pensar que ellos terminarían de esa manera? Se contemplaron por unos segundos hasta que una pequeña voz, llamó a los gritos el nombre de la pelinaranja.
Ella volteó, sorprendida, y al encontrarse con la pequeña Aisa, se agachó para poder abrazarla.
- ¡Cuánto me alegro que esta bien! – Sonrió Nami.
- Namiii – Exclamó mientras rodeaba su cuello entre sus brazos.
Nuevamente, los periodistas atacaron. Ignoraron los flashes de las grandes cámaras y se dispusieron a disfrutar del momento. Cuando la Nami se puso de pie, alzo la mirada hacia la mujer que yacía detrás de la niña. Era aquella madre que le había rogado por la aparición de su hija.
- Jamás voy a poder agradecerte todo lo que has hecho. Me trajiste a mi pequeña ilesa – Dijo con los ojos llorosos.
- Nunca voy a dejar que un degenerado se salga con la suya -Comentó – Esto es lo que elegí y estoy dispuesta a dar mi vida por el futuro –
La mujer la asumió en un fuerte abrazo que la dejo muda. Por supuesto que lo correspondió, muy pocas veces obtenía aquella muestra de afecto por parte de víctimas. Le dolió en el alma que alguien como ellas tuvieran que pasar por eso, pero gracias a Robín, a Luffy, a Zoro y a ella, habían logrado llevar la paz a Utah.
En el momento que la soltó y se despidió, volteó hacia el morocho. Lo admiró esperando alguna palabra y se preguntó que seria de ellos ahora que todo eso había comenzado.
- ¡Luffy! – Otra voz la interrumpió cuando estuvo a punto de decir algo.
Ambos giraron en su propio eje hacia la derecha. El hombre soltó una sonrisa que llamó la atención de la pelinaranja.
- Margereth ¿Cómo estas? – Le preguntó.
- Mejor – Comentó con alegría – Quiero anotarme en la policía de Nuevo México, quiero trabajar contigo –
- EH… - El morocho volteó hacia ella buscando ayuda – No es una carrera sencilla, tienes que estar dispuesta a todo –
- Lo estoy – Dijo cual niña orgullosa – Para lo que sea –
- Escucha… Tu tienes que encontrar tu rumbo – Posó sus oscuros ojos en la rubia con sinceridad – No trabajarías conmigo, iré a Chicago. Además tu tienes que rearmar tu vida…. Fuiste secuestrada en Montana, ve y busca a tu familia. Seguro estarán felices –
La mujer quedó petrificada por unos segundos, contemplándolo en silencio. Tenía razón. Solía tener un vida, junto a sus padres, sus abuelo y quizás también sus hermanos. ¿Y dónde había quedado todo eso? Era muy chica cuando fue secuestrada y llevada a Utah, y aunque no se acordaba de sus rostros, tenía ganas de poder llamar "Mamá y papá" a alguien.
- Lo haré – Murmuró entre dientes.
La mujer se arrimó al joven y, luego darle un sonoro beso en la mejilla, lo sumió en un profundo abrazo.
- Lo que has hecho por mi, no tiene nombre –
- Lo volvería a hacer, las veces que fuesen necesarias – sonrió con su típica sonrisa, que dejaba helada a cualquiera. Cuando se separaron, se contemplaron por unos segundos – Cualquier cosa que necesites, sabes donde buscarme –
- Si – Sonrió, volteó cundo escuchó que las amigas que se había hecho durante su largo cautiverio la llamaban – Adiós -
- Nos volveremos a ver – Le guiñó un ojo y cuando esta se alejo, volteó hacia Nami – Tenemos que comprar los pasajes ahora –
- Todavía no me han confirmado – Sonrió la pelinaranja.
- Se que lo harán – Le acarició el brazo con dulzura – Y si no, me quedaré a aquí contigo –
- Tengo suficiente espacio para dos - Comentó picaramente.
- Bien… mañana tengo que declarar… Mejor vayamos a comer algo. Tengo hambre y la comida del hospital es asquerosa – La tomó de la no y comenzaron a bajar los grandes escalones – Debemos atravesar a todos estos periodistas – Bufó – Son como una jauría de zombis –
La mujer soltó una carcajada, apretó su mano con fuerza y luego de sentir cierto cosquilleo en el pecho, murmuró:
- Quizás pueda preparar comida casera -
- Eres la mujer ideal –
Bueno... Primero que nada quería preguntarles que tal les ha parecido todo el fic, y si les ha gustado como ha acabado. Además quería comentarles que, como bien alguno saben, este fic es una serie de fics cortos de cinco partes y por ende, no termina aquí. Pronto estaré subiendo la parte de 3 de Asesinatos, que se llamara Asesinatos III. Espero encontrármelos allí pronto.
¡Nos leemos! ¡Y gracias por todo este tiempo de ánimos!
