Confieso que tenía planeado llevarmela más tranquila con esta historia. Sin embargo, el interés que está despertando, me ha entusiasmado y no pude resistirme a seguir subiendo capítulos, así que heme aquí. Espero no decepcionarlos.
Capítulo IV
Amistades para recordar
No sabía ni qué pensar, lo que estaba sucediendo era simplemente imposible. Estaba caminando junto a la mujer de sus sueños. ¿Cómo habían sucedido las cosas? Todo paso muy rápido, después de chocar y caer, él le ofreció su ayuda y sorprendentemente ella pareció reconocerlo.
- ¿Estás segura que estás bien?- había preguntado Eriol levemente nervioso.
- Sí, sí, descuida- lo miró fijamente- ¿Te conozco de algún lado?
- Pues... ammm... sí- dijo dudoso- soy Eriol Hiragizawa, estudié contigo en la preparatoria Tomoeda.
- Ah ya veo, creo que...sí. Bueno, de cualquier manera te pido nuevamente una disculpa es que estoy muy preocupada porque mis amigas se me perdieron de vista.
- Pues si quieres te ayudo a buscarlas- Eriol se estaba poniendo muy nervioso, de hecho le parecían muy lejanos los días en que se ponía así, temblaba ligeramente, aunque casi no se notaba y también le estaban sudando las manos.
- No es necesario, estoy buscando un restaurante llamado...- Tomoyo estaba haciendo memoria-... "Delicias de Occidente"... sí creo que se llama así, pero dudo que lo conozcas.
- De hecho soy dueño del ese lugar... Mi socio...-Eriol prefirió no decir el nombre de Syaoran- y yo.
Después de eso ella finalmente accedió a aceptar su ayuda y mientras caminaban Tomoyo le había contado que a la persona a quien buscaba era nada más y nada menos que Sakura Kinomoto.
Menuda sorpresa se va a llevar mi querido amigo - pensaba Eriol, pues tenía la teoría de que esa chica era la razón por la que su amigo no había querido volver a pisar (ni siquiera mencionar) Japón en muchos años.
¿Sólo él está nervioso por este viaje? ... Mírenme a mí, temblando como una gelatina sólo por estar caminando al lado de la mujer que tanto quise.
En ese momento Eriol se preguntó si ese sentimiento era algo lejano. Sin duda estar cerca de Tomoyo estaba despertando cosas en él, y en ese instante se permitió pensar en algo que pudo ser o que quizá con mucha suerte podría ser posible ahora. Sólo era una idea, apenas hacía unos minutos acababan de coincidir y no sabía absolutamente nada de la Tomoyo actual, pero no podía negar que seguía siendo una hermosa chica.
Con sus habilidades de seductor inmediatamente notó que ella no portaba alguna sortija que la comprometiera... No sé quizá esto no sea sólo una casualidad...
-o-o-o-o-o-
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, en Hong Kong, Meiling trataba de controlar a su pequeño hijo. En realidad, Hien la desesperaba y a veces la hacía arrepentirse de haberlo tenido, pero luego reflexionaba y llegaba a la conclusión de que él era la razón por la que Syaoran había aceptado casarse con ella.
En ese momento trataba de controlar las infinitas preguntas del pequeño que una y otra vez le cuestionaban cuándo volvería su padre, porqué se había marchado sin ellos y a dónde había ido. Antes de que la cabeza de Meiling estallara ante la lluvia de preguntas, envió al niño al jardín a jugar con el pretexto de que si no se portaba bien no le permitiría hablar más por teléfono con su padre.
La joven china tuvo muy poco tiempo de disfrutar su tranquilidad pues en ese momento llegó a la enorme casa de los Li una visita que era muy frecuente, se trataba de Ieran Li, la madre de Syaoran.
- Buenas tardes- saludó la mujer con frialdad a Meiling, ella no le simpatizaba y no le hacía mucha de gracia que fuera su nuera- Vengo a ver a mi nieto.
- SU nieto esta jugando en el jardín- respondió, a ella tampoco le caía nada bien. Y es que Ieran Li se había opuesto al matrimonio de su hijo con ella, incluso en un principio no reconocía a Hien como su nieto, pero al conocerlo el pequeño supo ganarse el cariño de la señora Li.
- ¿Y mi hijo donde está?- preguntó la mayor.
- Salió de viaje, se fue a Japón, pero volverá en un par de días.
- ¡A Japón!- exclamó Ieran sorprendida- Qué extraño que no me haya avisado, dudo mucho que regrese tan pronto, finalmente vivimos durante muchos años ahí y posiblemente aprovechará su estancia para visitar a sus viejas amigas: la señorita Daidouji y por su puesto la señorita Kinomoto.
A Meiling no le interesaba en absoluto la charla, pero al escuchar ese último nombre le hirvió la sangre, al parecer, y por lo poco que sabía, esa tal Kinomoto había sido una persona muy importante para Syaoran, alguien muy especial.
-Ella sí era un buen prospecto para mi hijo- continuaba la madre de Syaoran- Estaría encantada si ella hubiera sido la esposa de mí querido hijo- expresó Ieran sin ningún reparo.
Meiling sabía que su suegra decía eso para herirla, siempre buscaba la forma de ofenderla.
-Es más, he tomado una decisión, viajaré a Japón, visitaré a mis viejos conocidos. Ay Syaoran se sorprenderá mucho al vernos ahí.
- ¿Vernos? me sonó a multitud- dijo Meiling molesta, pero sabía lo que su suegra insinuaba.
- Pues sí, vernos a su querido hijo y a mí. Le encantará la idea de que Hien conozca el lugar donde su padre se crió -dijo entusiasmada- Ah, y si quieres venir tú también eres libre de hacerlo. Yo iré por mi nieto a decirle, se pondrá feliz de ir a ver a su papá.
Salió sin decirle más a Meiling, quien se quedó indignada por la actitud de Ieran Li.
-o-o-o-o-o-
La puerta de la entrada sonó y Nakuru, que ya había terminado de explicar los avances a su jefe, se dispuso a abrir. Mientras tanto Syaoran se quedó en lo que sería su oficina, bueno él nunca la usaría porque quería salir lo más rápido de ese país.
Se sentó. Intentaba concentrarse en los pendientes pero no podía, no podía arrancar los recuerdos de su mente. Durante todos esos años había intentado borrarlos de su mente, y aunque con el tiempo dejaron de atormentarlo, con su regreso a Japón se dio cuenta de que no lo había logrado.
- Señor- interrumpió Nakuru- hay tres señoritas que desean entrevistarse con usted para el puesto de cocinera. Aquí están sus referencias, me parecen buenas pero usted decide- le entregó unos papeles y en el que estaba hasta arriba figuraba el nombre de Kinomoto Sakura.
Syaoran iba a leerlos cuando dijo: -¿Sabes? Tengo algo que hacer, encárgate tú. No te preocupes, llamaré a Eriol a su celular y le diré que te ayude- y se apresuró a salir de la oficina sin decir más.
Nakuru, por su parte, una vez más pensó que el señor Li era un hombre bastante extraño.
Syaoran, por su parte, se iba hacia la puerta cuando comenzó a escuchar los murmullos de las aspirantes al puesto y pensó que era una grosería negarse a entrevistarlas personalmente y mejor decidió dirigirse a la cocina, atravesarla y salir por la puerta de atrás sin que aquellas jóvenes notaran su presencia.
Una vez afuera se dirigió al automóvil que le habían alquilado, iría sin rumbo fijo, sólo necesitaba pensar...
Mientras conducía llamó a Eriol y le pidió que regresara al restaurante. Parecía que él quería decirle algo pero Syaoran no lo dejó hablar y para no ser interrumpido apagó su teléfono móvil.
-o-o-o-o-o-
Touya Kinomoto estaba decido, bueno no tanto; pero su amigo Yukito le había insistido tanto esa tarde y por fin lo convenció de que fuera. Mediante algunos contactos que él tenía en el hospital en el que trabajaba había conseguido quién le diera información acerca de ella.
- ¿Cómo lo lograste?- fue la reacción que tuvo cuando su amigo le dio la información.
- Ese es mi secreto- contestó Yukito amablemente, como siempre.
Anda muy extraño, no sólo es por lo de Sakura, es otra cosa... no será que él... No, no puede ser, soy su mejor amigo ya me lo hubiera dicho... ¿no es así?...
Intentó quitar esas desagradables sospechas y mejor decidió concentrarse en lo que estaba por hacer. Se paró en la puerta y miró la dirección que le había indicado Yukito, entonces tocó la puerta. Esperó unos minutos y entonces una mujer le abrió y lo miró sorprendida.
- ¡Touya!- exclamó Kaho Mizuki- ¿Qué haces aquí?
- Necesito hablar contigo, ¿puedo pasar?- dijo Touya con un poco de nerviosismo.
Kaho miró hacia ambos lados de la calle, como si buscara que no la miraran y lo hizo pasar.
- Quiero ser breve- dijo Touya una vez adentro.
- Eso espero- dijo ella con seriedad.
-Vengo a pedirte que me perdones por todo el daño que te hice- dijo después de un silencio- Lo siento mucho, yo quisiera saber si entre tú y yo podría...
- Touya, estoy casada- lo interrumpió.
- Kaho yo...- estaba desconcertado- Lo entiendo- agregó casi con un suspiro- Es lógico, eres una mujer increíble y yo fui un idiota- luego se miraron en silencio unos minutos.
-¿Sabes?, eras el hombre de mi vida, de mi vida anterior, ahora es otra cosa y te agradezco que vengas y me pidas perdón... yo te perdoné hace mucho, no quería guardarte rencor, lo hice por lo mucho que te amé... pero eso ya pasó- dijo y suspiró.
-Tu esposo debe ser un condenado afortunado- dijo Touya con una sonrisa melancólica- Entonces sólo me queda agradecerte lo mucho que me diste y te deseo suerte en todo lo que hagas- sin decir más se acercó a la puerta, la abrió lentamente y entonces volteó y miró a la mujer que tanto había querido.
-Touya, espera...-dijo Kaho- Sé que eres un buen hombre, sólo has errado un poco el camino, no te niegues la posibilidad de enamorarte... sólo así encontrarás la luz en tu camino y serás el hombre que estabas destinado ser.
-Jum... mírame soy un perdedor... nadie podría quererme y nadie se merece que alguien como yo la quiera- respondió amargamente.
-Sé que no lo eres. Tsukishiro siempre me ha contado tus andanzas y por eso lo sé- Touya la miró con extrañeza- Nunca perdí contacto con él porque quería saber qué era de tu vida. Pero en fin, piénsalo Touya... no te niegues al amor.
Se despidieron y después de eso él se alejó mientras pensaba. Ese Yuki ¿qué haría sin él?...
-o-o-o-o-o-
Sakura y sus amigas esperaban a que las entrevistaran y en ese instante su teléfono celular sonó. Era su novio el que la llamaba.
Luego de un saludo incómodo, que resultó algo sobrio para tratarse de una pareja de novios, Yukito comenzó a hablar- Sólo te llamaba porque no sabía nada de ti desde...
- Sí lo sé y lo siento. Mira, necesito decirte algo- se levantó para que sus amigas no escucharan su conversación- Sé que no es el medio más idóneo, pero quiero decirte que he decidido aceptar tu propuesta de matrimonio.
-¡¿En serio?! Ay Sakura, me haces el hombre más feliz del mundo con eso- decía mientras no cabía de la alegría- Tenemos que hablar de esto personalmente...
-Sí, pero por ahora debo colgar, estoy por entrevistarme para un trabajo nuevo. Larga historia...- dijo la joven antes de que su ahora prometido comentara algo más- Adiós.
- Adiós cariño- dijo Yukito antes de colgar.
Entonces la puerta se abrió y Sakura se desconcertó un poco al ver entrar a su amiga Tomoyo riendo y platicando con un apuesto joven. Si bien Tomoyo era una chica muy linda y tendía a caerle bien a las personas, además de que su madre la había criado entre altas esferas sociales en las que era muy importante saber relacionarse con la gente, la ojiazul no era precisamente la clase de chicas que va por la vida conociendo extraños y entablando conversaciones tan amenas de forma fácil. De hecho, lo que más le sorprendía era que por lo poco que sabía de ella, se había vuelto muy reservada con los chicos, es decir, los ignoraba.
Al notar la mirada de Sakura, en las mejillas de Tomoyo se dibujó un tono carmesí, sabía lo que su amiga estaba pensando.
Luego de una pequeña presentación, en la que resultó que ese joven sería el encargado de hacerles las entrevistas para el trabajo y unas pruebas en las que debían demostrar su habilidad en la cocina, Sakura aprovechó que Chiharu entró a entrevistarse y tuvo un momento para acercarse a su amiga.
-¿Se conocen?- le preguntó por lo bajo y le sonrió con una pícara sonrisa. Parecían dos adolescentes, como si el tiempo entre ellas no hubiese pasado.
-Sakura...- dijo entredientes la ojiazul- No me mires así. Además tú y yo lo conocemos.
-¿Qué?
-Estudió con nosotros un breve tiempo en la preparatoria. Acaba de regresar a Japón por negocios, nos encontramos en la calle y él fue muy amable de traerme hasta aquí.
-Vaya, pues de momento no lo recuerdo.
-Eres una despistada. Fue poco tiempo que estuvo aquí, pero ya lo estoy recordando.
-Desde luego, parece que el señor Hiragizawa y tú están haciendo buenas migas...- le dijo Sakura a Tomoyo, y ésta la miró como si la hubiesen descubierto haciendo alguna travesura- No me has comentado nada sobre el tema, pero fue lindo verte contenta conversando con un chico apuesto.
-Bueno yo... - comenzó a decir Tomoyo lentamente; la verdad era que desde el fin de relación con Touya Kinomoto se había alejado totalmente de los hombres (idea que discretamente su madre incentivaba), cuando de pronto aparecía Eriol Hiragizawa, que parecía muy amable y simpático, y de pronto Sakura empezaba a sacar ideas de la nada - Es que... ya lo conocemos, y se mostró muy cortés conmigo- dijo rápidamente y volteó antes de que su amiga notara el leve sonrojo en su cara.
En ese momento Chiharu y Eriol salieron de la oficina para dirigirse a la cocina a una pequeña prueba de habilidad. El joven tuvo oportunidad de cruzar brevemente miradas y le dedicó una sonrisa algo nerviosa pero encantadora. Tomoyo le correspondió y sintió inmediatamente cómo sus mejillas se encendieron ante ese gesto y sin comprender qué le estaba pasando.
-o-o-o-o-o-
Ya estaba ocultándose el sol y Syaoran Li había conducido por varias horas sin rumbo fijo. Sin embargo, como su instinto lo guiara inconscientemente, había llegado a su antiguo hogar en Tomoeda. Bajó del auto y miró la vieja casa, buscó en su bolsillo un grupo de llaves y tomó una vieja llave que nunca (y no sabía por qué) había guardado a pesar de que hacía años que no la usaba. Era la de su antigua casa en Japón, la casa en la que se había criado... abrió la puerta y entró en el oscuro lugar.
Había algunas cajas por ahí y algunos muebles estaban tapados con sábanas y el resto estaba cubierto con una fina capa de polvo. A pesar de eso era como viajar en el tiempo, era justo como la recordaba la primera vez que entró en ella y su mente comenzó a retroceder...era como si tuviera 7 años otra vez.
Él había nacido en Hong Kong, era el primer y único hijo del matrimonio Li, una familia que apenas comenzaba a despuntar en la alta sociedad en China. Desde que tenía uso de razón había estado consiente de que su padre, Hien Li, era dueño de un restaurante que había pertenecido a la familia hacia muchas generaciones. Sin embargo, gracias a éste se había convertido en uno de los más grandes de China.
Aunque todo eso era económicamente benéfico, pues Syaoran vivía en la riqueza, casi nunca veía a su padre pues trabajaba día y noche por darle lo mejor a su familia. Después de algunos años de conflictos y discusiones por esa razón, Ieran Li había decidido prácticamente huir con su hijo pues no soportaba el abandono de su esposo.
En ese entonces Syaoran era un pequeño que estaba muy confundido por todo lo que había sucedido entre sus padres, y así había llegado a Tomoeda, un barrio en Japón, sin comprender los problemas de los adultos.
-De ahora en adelante viviremos aquí- le dijo su madre aquella vez, mientras entraba a la casa que había comprado con algunos ahorros que tenía.
-¿Y mi padre cuándo va a venir?- había preguntado inocentemente.
-No, hijo él nunca vendrá, ahora sólo somos tú y yo.
- Pero yo quiero que él esté aquí con nosotros- decía al borde del llanto.
-Hijo, entiende que no sucederá eso- trataba de calmarlo Ieran Li.
-¡No!- dijo Syaoran y salió corriendo de ahí.
Corrió mucho mientras sus lágrimas brotaban. No se dio cuenta cómo pero llegó a un pequeño parque y se sentó debajo de un hermoso árbol de sakura. A lo lejos vio a una familia: era el padre, la madre, un hijo como de unos 9 años y una niña de unos 6 años. Ellos convivían alegremente, y Syaoran pensaba que le hubiera gustado que su familia fuera así pero nunca lo fue y nunca lo sería. Entonces decidió mirar hacia el piso para no hacerse más daño con aquella escena y permaneció así un buen rato.
-¿Por qué lloras?- escuchó una voz dulce que le decía. Entonces alzó la vista y se encontró con una niña de ojos verdes, era la misma a la que había visto con su familia momentos antes.
- Es que ya nunca voy a vivir con mi padre- decía aún llorando.
- Ah, pues yo creo que si lo quieres él siempre estará contigo, estará en los recuerdos de los momentos bonitos que tuviste con él- dijo la niña y le dedicó una sonrisa.
- Bueno no son muchos, pero creo que tienes razón- dijo y el también sonrió. Como todo niño y muy a pesar de todo, su padre era su héroe y él ansiaba crecer para ser como él.
Se secó las lágrimas. A lo lejos escuchó que el padre de la niña la llamaba y entonces ella se despidió y se fue. Él alcanzó a escuchar su nombre y nunca lo olvidaría: Sakura.
Ahora Syaoran ya no era un niño, tenía 25 años y estaba parado en medio de su vieja casa. Estaba recordando todo eso y no pudo evitar sonreír. Había adorado a Sakura desde que la conoció esa tarde y su sorpresa fue mayor cuando descubrió que ella era su compañera de clase en su nuevo colegio, ella era un año más chica que él pero eran compañeros porque él había perdido un año escolar por la mudanza a un nuevo país.
Se habían vuelto amigos inseparables, eran amigos, compañeros de clase y prácticamente vecinos, pues sus casas estaban a un par de calles de distancia. Aunque él siempre supo que ella tenía otra mejor amiga él apenas la había visto algunas veces, fue hasta la preparatoria que la comenzó a tratar más y finalmente Tomoyo también se hizo una gran amiga.
Sin embargo, la amistad entre Sakura y Syaoran era increíble, no sólo crecieron juntos y eran compañeros de juegos y aventuras infantiles. Su amistad maduro mucho cuando Nadeshiko Kinomoto murió, Sakura tenía apenas 9 años y estaba destrozada por eso. Su inseparable amigo había sido su consuelo en esos dolorosos momentos.
-Llora todo lo que quieras, no te guardes nada- le decía un día cuando estaban debajo del árbol en el que se había conocido y que era su punto de reunión y lugar favorito.
-Gracias Syaoran- decía ella, apenas se le entendía pues lloraba inconsolable. Él quería que se desahogara pero le partía el corazón verla llorar, era algo que odiaba y él hubiera dado lo que fuera por no verla llorar.
-Con el tiempo te darás cuenta que aunque ella ya no esté, tu familia seguirá siendo tan unida como siempre- le dijo Syaoran. Él conocía muy bien a los Kinomoto, pasaba mucho tiempo en su casa y los apreciaba mucho, menos a Touya pues nunca llegaron a caerse bien.- Mírame a mí, junto a mi madre hemos hecho una familia…- hubo un breve silencio y luego agregó- Una vez alguien me dijo, cuando deje de ver a mi padre, que si yo lo quería él siempre estaría conmigo, porque estaba en los buenos recuerdos que tuve de él… yo creo en lo que me dijo esa persona. Creo en lo que me dijiste esa vez y sé que superarás todo esto.
Su apoyo fue fundamental en aquel tiempo y su amistad creció a raíz de eso. Mmm… éramos los mejores amigos, ¿Por qué se arruino todo?…pensaba cuando volvió al presente y la respuesta a su pregunta estaba enfrente de él. Se trataba de una vieja foto, la tomó y le quitó el polvo que tenía Esa foto representaba mucho para él, primero porque sabía Sakura tenía una exactamente igual, segundo porque había sido tomada cuando él cumplió 12 años y finalmente porque ese día se había dado cuenta de lo que realmente sentía por su amiga.
Lo recordaba como si hubiera sido ayer. Ella se había acercado para darle su abrazo de cumpleaños y se disponía a darle un beso en la mejilla, no era nada fuera de lo común o algo que nunca hubiera hecho, pero accidentalmente su beso dio en la comisura de los labios de Syaoran, sabía que ella no lo había hecho apropósito, ignoraba si ella se había dado cuenta, pero para él ese momento cambiaría la forma de verla, desde ese día cada vez que se le acercaba sentía algo en el estómago, una sensación nueva y extraña pero no era desagradable. Después de luchas internas consigo mismo descubrió que eso se debía a que estaba enamorado de ella.
Esa revelación convirtió para él su amistad, la quería con toda su alma, pero no tenía el valor de decírselo pues temía que esa confesión la alejara para siempre de él y eso no podría soportarlo. Siempre procuró ser discreto, además la protegía de otros chicos. Syaoran siempre imponía respeto a los demás muchachos, pues era más grande que ellos, además desde muy chico hacia ejercicio y era un poco fuerte para su edad y por si fuera poco era tan serio que su actitud intimidaba a cualquier pretendiente de Sakura; y si por suerte había un valiente que la intentaba cortejarla, él le advertía que si le hacía daño lo destrozaría, provocando finalmente que ellos huyeran.
Hubiera sido feliz así, pues mantenía la esperanza de que algún día su amiga se diera cuenta de que él era perfecto para ella, pero un día paso algo inesperado para él… Sakura le confesó que le gustaba Yukito Tsukishiro, el mejor amigo de su hermano mayor. Ese día su mundo comenzó a derrumbarse poco a poco, pues sabía que, a diferencia que con otros chicos, él no era competencia para Tsukishiro.
Ese último recuerdo enfureció a Syaoran pues ese fue el comienzo de los problemas entre él y Sakura… Maldición porqué las cosas resultaron de ese modo, porqué ella terminó destruyéndome así y me causó tanto dolor, después de todo lo que hice por ella… ¡¿POR QUÉ, POR QUÉ?! …pensaba con rabia.
Estaba confundido, ella representaba las cosas más hermosas de su vida, pero al mismo tiempo casi lo mató en vida.
-o-o-o-o-o-
El día había sido agotador pero ya había terminado de entrevistar a las chicas. Había intentado concentrarse lo más posible en hacer su trabajo, pero no podía dejar de pensar en Tomoyo, había procurado cruzar palabra lo más posible con ella, cuando las aspirantes habían cocinado le pidió su opinión acerca de lo que prepararon o tomaba cualquier pretexto para decirle algo.
Sin embargo, había algo más que ocupaba su mente: Sakura Kinomoto era perfecta para el empleo, pero si la contrataba tal vez provocaría reacciones negativas en su amigo. Su lado de empresario le decía que sería un tonto si la dejaba ir, su lado de conquistador le decía que si la contrataba quedaría bien con Tomoyo, pero su lado de amigo le decía que alteraría con eso a Syaoran. Así que decidió jugársela.
- Bueno tú y tus amigas tienen el puesto, ellas ya firmaron el contrató, sólo faltas tú- le dijo a Sakura mientras hablaba en privado con ella.
- Me parece muy bien, no lo defraudaré señor Hiragizawa- decía la ojiverde muy entusiasmada.
-Llámame Eriol- le dijo y le entregó el papel, pero antes de que firmara su conciencia le hizo agregar- Espera, primero necesito decirte algo, mi socio y tu futuro jefe pues… es… que tú… ya lo conoces. Por eso quiero que lo pienses antes de firmar.
- No entiendo- dijo Sakura desconcertada.
- Es Syaoran Li- soltó la verdad.
No puedo creerlo debe ser una broma… ¿cómo?... Si yo lo… pensaba Sakura. No, debes ser fuerte, él no debe afectarte, no DEBE, no PUEDE. Él es sólo un fantasma del pasado… no me importa ya. Yukito es mi presente, no hay más.
Continuará...
Hola de nuevo gente bonita. Bien, yo sé que muchos quieren que nuestros protagonistas se vean cara a cara ya, pero las cosas sabrosas de la vida son poco a poquito. No desesperen que eso ya es muuuuy pronto. Mientras tanto los estoy preparando para dicho encuentro y quise que empezaran a ver un poco más de qué fue la situación entre ellos; además me ando divirtiendo planteado otras situaciones con, digamos "las historias secundiarias" dentro del fic, que espero también les interesen (aquí ya estamos viendo más sobre Tomoyo y Eriol, uy!)
Ya estamos despegando con la historia y yo no tengo más que darles infinitas gracias por su interés y tiempo. Las estadísticas del fic y sus comentarios me entuasiasmaron a darle más velocidad a las actualizaciones que, como dije previamente, consisten en revisar y corregir lo que alguna vez publiqué, así que garantizo que tendrán capítulos para rato.
Finalmente les recuerdo que son bien recibimos sus comentarios, quejas, dudas, burlas, tomatazos... Sin más me despido, esperando leerlos muy pronto.
