Hola de nuevo. Enorme disculpa. Tuve un final de 2017 muy complicado y no había podido meterle duro a esto de la fanfickeada. Este 2018 estoy tratando de reivindicarme y, sin duda, actualizar esta historia era uno de los pendientes más importantes.

Espero que la espera haya valido la pena.


Capítulo IX
El momento del adiós

Había escuchado con atención lo que su amigo le había dicho, en general, sus respuestas lo habían dejado conforme, pero había algo que por más que lo pensara no le cuadraba, no sabía qué era. Touya Kinomoto tenía un presentimiento extraño.

Yukito, por su parte, pensaba que había utilizado buenos argumentos para convencer a su amigo.

-Es cierto- le había dicho- Sí estoy enfermo, pero... no es grave.

-Cómo que no, si tu padre...- le decía Touya.

-Su caso era diferente, él estaba muy enfermo- lo interrumpió- Yo he sabido cuidarme bien. Ya te diste cuenta de que uso medicinas. Mi enfermedad no es nada nuevo, la tengo desde hace un tiempo y estoy bien.

- Pero...

-¿Acaso crees que no te digo la verdad?- le cuestionó Yukito, en realidad sólo le decía verdades a medias- No te preocupes por eso.

La explicación de Yukito no había ido más allá, después de eso quiso cambiar de tema y le contó a su amigo que los planes de la boda marchaban perfectamente, a pesar de que no veía frecuentemente a su novia.

Por otro lado, Touya le había contado algo que a Yukito lo había dejado sorprendido, al parecer, había conocido a una chica. Tsukishiro no se molestó porque su amigo regresara a las andadas, en realidad, le llamó la atención la forma en la que su amigo se refería a la joven.

Tal vez se está enamorando y él aún no lo sabe, habrá que darle una pequeña ayuda- pensaba Yukito más tarde cuando Touya ya se había ido - Quizá pueda todavía hacer algo por él, aunque me queda poco tiempo. Yo no quería mentirle, pero es preciso que él aún no se entere de que no estoy bien de salud.

La verdad Touya estoy muy enfermó, no sé cuánto me quede, pueden ser meses, semanas, días... Desde hace mucho estoy enfermo, pero me enteré de que mi situación empeoró, justo cuando planeaba proponerle matrimonio a tu hermana, extraño ¿no?... y ahora ya no sé que hacer.

Eso era lo que le hubiera dicho a su mejor amigo, pero no había tenido el valor de hacerlo.

Lo peor es que me casaré con Sakura sólo para dejarla viuda al poco tiempo, soy un maldito egoísta. Pero no puedo evitarlo, la quiero...la quiero y así será hasta que dé mi ultimo aliento. Si Li no estuviera casado le diría que la cuidará por mí, que la amara como lo haría yo, como lo hubiera hecho él... como lo debió hacer él. Aunque ya es tarde, él regresó, por fin regresó, yo me había prometido a mí mismo que la cuidaría hasta que él volviera, pero nunca lo hizo... y ahora, ya no hay cómo remediar las cosas, sus vidas se separaron y yo ya no quiero dejarla, no quiero, no puedo.

Yukito estaba alterándose por pensar todo eso, tanto que comenzó a sentirse mal.

-o-o-o-o-o-

Syaoran estaba preocupado, por más que hacía sus cuentas no le cuadraban. La verdad, él no era muy bueno con los números, Eriol era el genio, era por eso que lo había llamado. No se había aparecido por ahí desde hacía días.

-Buenas tardes, buenas tardes- dijo con una sonrisa Eriol cuando entró en la oficina- ¿Cómo estás Syaoran?

-Vaya, hasta que te apareces. Pensé que ya habías regresado a Hong Kong- le contestó su amigo.

-No, para nada... de hecho ya no quiero regresar allá - dijo y no paraba de sonreír.

-Pues qué te pasa- le preguntó muy intrigado su amigo

-Es que no quiero dejar sola a mi novia.

-Ah es por eso, que bien... ¡¿Qué?!...- captó Syaoran de repente- ¿Cuál novia?... Tú nunca haz tenido... ¿Acaso no dices que eres para todas?

-Decía, decía amigo... ahora ya no. Ahora tengo novia y soy muy feliz con ella.

-Pues ¿quién es la ingenua y desafortunada?

-Tomoyo Daidouji.

-¡¿Qué?!...-dijo Syaoran y se levantó de su asiento y desde su lado del escritorio se estiró para sujetar a su amigo de su camisa- Estás loco o qué... Con ella no te metas, te lo advierto.

-Tranquilo, tranquilo, mira suéltame y déjame explicarte.

-Explicarme qué, que eres un depredador y que sólo le pediste que fuera tu novia por que no pudiste llevártela a la cama a la primera, y que cuando puedas convencerla pasaras la noche con ella y luego la dejaras como lo haces con todas.

-No, no, no es eso... De verdad la quiero- le decía a su amigo honestamente. Si había descubierto algo los últimos días era que Syaoran defendía a Sakura Kinomoto y a Tomoyo a pesar de todo. Y no lo culpaba por considerarlo una amenaza, Eriol había demostrado ser vil y ruin con las mujeres, sólo las utilizaba y Syaoran velaba por que no ocurriera lo mismo con su amiga, a la que él mismo definió como su casi hermana.

-Si, claro...-decía Syaoran enojado.

-Pues no fuiste tú el que me dijo que tenía que sentar cabeza, pues ya estoy siguiendo tu consejo- se defendía Eriol y gracias a ese argumento Syaoran lo soltó y se tranquilizó.

-Es cierto, pero de qué tiene la culpa Tomoyo de que por fin me pusieras atención- dijo el chino mientras se sentaba- Ella no tiene la culpa de haberle gustado a un patán como tú.

-Gracias amigo por darme tantos ánimos eh- le respondió el inglés mientras también se sentaba- Pero bueno, me encanta, la adoro. Por eso no he venido por aquí. Por cierto, no creas que sólo la quiero para lo que estás pensando, en realidad, no ha sucedido nada de eso entre nosotros, ni siquiera he tocado el tema.

-Y espero que así sea. Y si llegas a engañarla o lastimarla te las veras conmigo; y su madre, por cierto ¿ya sabe que son novios?

-Uff, sí. Créeme que ha sido un momento muy difícil. Casi pegó el grito en el cielo y me veía como si me quisiera matar; si sus ojos hubieran sido pistolas, me hubiera muerto acribillado ahí mismo.

-¿Y tú qué hiciste?

-Abrasé a Tomoyo y le di un beso- dijo sonriendo- Sabía que no me haría nada estando con ella, por eso me atreví a hacerlo.

-Vaya, sólo espero que no te asesine por eso.

-Oye Syaoran, tú la quieres mucho ¿verdad?... a Tomoyo... y también a Kinomoto- preguntó de pronto Eriol y de repente todo fue silencio entre ellos.

Syaoran suspiró y le respondió -Sí, ellas y tú son mis únicos amigos... aunque, con Sakura es diferente.

-¿Te refieres a que ya no son amigos?

-En parte sí, pero...-Syaoran dudó un momento en contarle todo a su amigo, pero sabía que en el fondo él sospechaba algo. Además necesitaba desahogarse- la verdad es que dejamos de ser amigos porque le confesé que estaba enamorado de ella, poco antes de irme a China.

-Wow... ya sospechaba algo así. Es por eso que no querías regresar aquí.

-Sí, es que ella dijo cosas que me lastimaron mucho.

-¿Y qué sientes ahora que la has vuelto a ver?

-Eso no importa, lo que sienta o no por Sakura no viene al caso. Ella pronto se casará y yo ya me casé hace tiempo - finalizó y se quedó callado unos momentos- Bueno, en fin, no te llamé para eso. Necesito que revises unas cuentas que no me cuadran.

-Claro- dijo Eriol que quería seguir con la plática pero sabía que también tenían que atender otros asuntos. El joven inglés comenzó a revisar los reportes financieros que tenían y notó que no entraba el dinero que ellos esperaban. Hizo sus cuentas una y otra vez.

Syaoran estaba aburrido; sin embargo, le sorprendió mucho cuando vio entrar a su madre, su esposa y su hijo en la oficina. Le dijeron que iban a comer ahí con él, pero Syaoran se opuso cuando le surgió la extraña idea de qué tal vez Sakura podría cocinar para ellos. Por lo tanto, sugirió irse a la vieja casa de Tomoeda y una vez ahí, él personalmente cocinaría para ellos, su familia.

Cuando salían, por una casualidad, se toparon de frente con Sakura, que se dirigía a la cocina después de un breve descanso. Ieran Li, la saludó afectuosamente, y Meiling también lo hizo para hacer enojar a su esposo, él, por su parte, cargó a su hijo y se siguió como si no hubiera visto a su vieja amiga.

Ya más tarde, Syaoran les había cocinado. Todo permanecía en relativa calma, pero cuando Meiling anunció que era hora de regresar al hotel en Tokyo, Syaoran se negó.

-No podemos hacerle esa grosería a mi madre- le dijo el joven chino a su esposa- Ella nos ha invitado a quedarnos aquí, con ella.

-Pero yo no quiero, que no ves, este lugar es horrible -le respondió mirando al rededor con aire de superioridad- Déjala que se quede pero yo me largo.

-Meiling...- comenzó a decir Syaoran, pero notó que su hijo los comenzaba a mirar con desconcierto y se dirigió hacia él- Hien, por qué no subes a mi antigua habitación y buscas mis juguetes que tenía cuando vivía aquí- entonces el pequeño asintió y subió las escaleras.

Syaoran no toleraría que su hijo viera discutir a sus padres. Él sabía de sobra que eso era horrible, pues jamás olvidaría cómo sus padres reñían cuando era apenas un niño. Todo aquello le había dejado marcado de por vida, y por nada del mundo permitiría que Hien viviera lo mismo.

Al final pudo convencer a Meiling que se quedaran ahí, pero ella le puso como condición que se regresaran al hotel al día siguiente a primera hora. Syaoran no tenía problema con eso, pero una segunda condición le parecía muy incomoda, Meiling le pidió que esa noche que pasaran en Tomoeda compartieran la habitación, como un matrimonio normal. A menudo lo hacían, pero a Syaoran no le gustaba la idea porque su esposa siempre intentaba, en vano, seducirlo.

Comúnmente él prefería dormir en el estudio de su casa, sabía que Hien aun era muy pequeño para hacerle preguntas sobre la intimidad de él y su madre, pero cuando creciera las haría y a él no le quedaría mas remedio que fingir que eran una pareja normal, por eso de vez en cuando compartía la habitación con su esposa, pero nunca le paso por la cabeza tocarla, ni siquiera besarla o abrazarla.

Esa noche, no había sido la excepción. Meiling había intentado seducirlo, pero cuando se dio cuenta que había fracasado, como siempre, se quedó dormida muy cerca de Syaoran, que, desde luego, no estaba cómodo por eso. Se sentía culpable por vivir en aquella mentira, pero también pensaba que valía la pena lidiar con Meiling, por Hien, todo lo hacía por él. Entonces recordó cómo comenzó su vida en familia.

Cuando salió de Japón, llegó a Hong Kong como un joven muy confundido, por todo lo que había dejado atrás y por lo incierto de su futuro. Su padre había muerto días atrás y él ya no pudo despedirse.

Lo único que recuerda es haber recibido de gente a la que no conocía, o no recordaba bien, palabras de consuelo por la pérdida, todos le decían lo mismo: Lo siento mucho, es una pena que tu padre haya muerto.

La verdad era que todos querían quedar bien con él, pues lo más probable era que ocuparía el lugar de Hien Li como jefe de la cadena de restaurantes.

Para Syaoran esas personas sólo eran voces sin un rostro definido. Aunque no sabía con certeza lo que decían, sí recordaba a una persona en particular, su prima Meiling. A ella la conocía desde que tenía uso de razón. Desde que era muy pequeño se la pasaba pegada a él, eso lo incomodaba mucho. "Sólo se cortés con ella", le decía a Syaoran su padre, pero le resultaba complicado.

Cuando se marchó con su madre a Japón se pudo librar de ella, pero no totalmente, tiempo después le comenzaron a llegar cartas de ella, al principio no las abría y deseaba tirarlas a la basura. "Sólo se cortés con ella", escuchaba de pronto la voz de su padre en su cabeza y por eso las leía y una que otra vez, le respondía de manera breve y poco animada.

Al volver a Hong Kong se la topó de nuevo, ella trataba de acercarse a él, pero siempre la rechazaba. No la quería como a ella le hubiera gustado. Además seguía pensando en Sakura, que a pesar de que le había roto el corazón, era su gran amor.

Para hacer a un lado de su vida a la ojiverde, Syaoran había decidió quedarse al frente del restaurante de su familia, tal y como hubiera querido su padre. El primer año en China había sido difícil, combinaba los estudios del último año en la preparatoria con la administración del restaurante y su práctica como cocinero en ese mismo lugar. Estaba que reventaba de cosas por hacer, todo con tal de no pensar en Sakura.

Un año después, ya sin las obligaciones de la escuela, se metió de lleno en los negocios. Su primer movimiento fue llegar a otros países, Europa era su objetivo. Se dirigió a Inglaterra y ahí se encontró con un ex compañero de la preparatoria Tomoeda, rápidamente los jóvenes se hicieron grandes amigos. Para Syaoran, la amistad de Eriol era muy valiosa, por un lado, ya no se sentía tan solo; por otro lado, en parte representaba su vida pasada en Japón.

El segundo año en China fue aún más complicado. Para ayudar a Eriol a socializar más, ambos se convirtieron en unos conquistadores. Al principio era divertido, el joven chino pensaba que esa era la mejor forma de olvidar a Sakura, pero no podía. Cada mujer que conocía la comparaba con su vieja amiga. Incluso cuando pasaba la noche con algunas de ellas, le costaba un poco de trabajo y lo que hacía, involuntariamente, era pensar que estaba con la chica japonesa.

Al final, se vio envuelto en una serie de relaciones sin sentido. Se dio cuenta de que ese no era su estilo de vida, y lo peor era que se sentía más solo que nunca.

Las cosas cambiaron cuando Meiling le había llamado hecha un mar de lágrimas. Le había explicado que estaba embarazada y que el padre de su hijo la había abandonado y no sabía qué hacer. Syaoran se percató de que discretamente le proponía que él se hiciera responsable por la criatura, pero la idea no lo convencía.

Pasaban los meses y Meiling lo seguía llamando, Syaoran estaba muy desconcertado. "Sólo se cortés con ella", insistía la voz de su padre en su cabeza. Sin saber qué hacer, decidió recurrir al único hombre en el que confiaba, al que había visto siempre como a un padre: Fujitaka Kinomoto.

Con la esperanza de que él lo aconsejara, y a riesgo de ver a Sakura otra vez, compró un boleto de avión para ir a Japón. Ya estaba listo, ese día se encontraba en el aeropuerto, cuando sonó su teléfono móvil, era su madre que le informaba que Meiling estaba en el hospital dando a luz.

Entonces escuchó que los pasajeros que iban al aeropuerto de Narita, Japón, abordaran. Se quedó sin saber qué hacer. "Sólo se cortés con ella", repitió su mente, y entonces decidió ir a ver a su prima.

Una vez en el hospital, entró a verla. Había evitado el contacto en persona desde la primera vez que lo llamó.

-¿Cómo estás?- le preguntó intentando no mirarla a los ojos.

-Agotada...-le respondió fríamente- ¿Sabes?... fue varón. Había pensado ponerle Syaoran, pero me gusto más otro nombre.

-¿Cuál?- preguntó fingiendo interés

-Hien.

Syaoran y dibujo una sonrisa sarcástica- Como mi padre ¿Qué ganas con eso? No creas que por eso voy a aceptar...

-Quizá tú no lo sepas- lo interrumpió- pero el tío Hien era muy bueno con toda la familia, finalmente él nos dio todo lo que queríamos.

-Dinero, sólo eso...-le decía Syaoran, en ese momento una enfermera entró con el recién nacido y se lo entregó a su madre.

-¿Quieres cargarlo?- le preguntó Meiling.

Syaoran estaba molesto, quería marcharse de ahí, pero volvió a escuchar la voz de su padre: "Sólo se cortés con ella". Asintió y con cuidado su prima puso al pequeño en sus brazos. Ese sería el momento que le cambiaría la vida, con sólo cargar a Hien, se dio cuenta de que él no tenía la culpa de no tener padre.

Syoaran sabía que crecer si un padre no era agradable, por lo que tomó una decisión.

-De acuerdo Meiling, me haré responsable de tu hijo... además, me casaré contigo.

La joven china estaba feliz, por fin había logrado lo que tanto quería. Al principio Syaoran se arrepentía de haber aceptado unirse en matrimonio con ella. Aquellos que sabían que no era el padre de Hien, lo criticaban por "pasarse de buena gente" , y los que ignoraban la verdad, lo criticaban porque quedó como el sujeto que embarazó a una pobre chica y se vio obligado a casarse con ella.

Aun así, soportó todas los comentarios, todo por su hijito. Él se convirtió en su mundo, desde que era un bebé se dedicó por completo a él. Dejó su trabajo como cocinero y llamó a Eriol para que le ayudara con los asuntos administrativos. Renunciar a todo eso bien valía la pena, pues nunca olvidaba cuando Hien dijo su primera palabra: papá.

Las cosas marchaban bien durante esos años; sin embargo, había una opinión que sí le importaba a Syaoran. Se trataba de la de su madre, quien desde que se enteró de su decisión de contraer matrimonio con Meiling se opuso rotundamente.

- No debes exagerar- le decía- Apóyala, sí, pero no de ese modo.

A pesar de todo eso Syaoran decidió casarse. Confiaba que con el tiempo su madre lo entendería. Ignoraba si sucedió eso, pero al final Ieran Li se terminó encariñando con el pequeño Hien y lo reconoció como su nieto.

Miró su reloj y se percató de que pronto sería la hora del amanecer. Se levantó con cuidado de no despertar a Meiling. En total silencio salió de la habitación, le dieron ganas de salir a caminar un poco, recorrer su viejo vecindario.

-o-o-o-o-o-

Horas más tarde, ya había amanecido. Eriol había invitado a su novia a desayunar, sentía que se lo debía por que la noche anterior no pudieron salir puesto que el joven inglés estaba trabajando.

-Lo siento- le decía a Tomoyo.

-Descuida, ya sé que los negocios son así... ya me acostumbre, desde que era niña mi madre se ha dedicado a su empresa.

-Tomoyo... ¿qué fue de tu padre?- le preguntó de pronto Eriol- Digo, nunca hablas de él.

- Bueno, nunca lo conocí porque así lo decidió él y mi madre- le respondió sin ponerle atención, pero cuando su novio puso cara de no entender nada, ella agregó luego de un suspiro- Mi madre se dedicaba a su negocios y nada más, pero siempre le tuvo mucho cariño a Touya- Eriol hizo un gesto al escuchar ese nombre- lo veía como a su sobrino. Siempre fue muy apegada con los Kinomoto y cuando se enteró de que Sakura venía en camino, quiso cumplir su deseo de ser madre.

-Fue cuando te tuvo...

-Así es, pero no tenía una pareja, por lo que... digamos que sólo consiguió un hombre que pusiera su parte para que pudiera embarazarse. Cuando encontró a un buen prospecto le pidió ese..."favor"

-Ah ya veo...- dijo Eriol un poco apenado por tocar tan delicado tema- Así que... por eso no conociste a tu padre

-Sí, pero nunca tuve la curiosidad de hacerlo. Mi madre ha hecho un buen papel y a él nunca lo he necesitado y además él nunca me buscó- finalizó la chica.

-Vaya, entonces tu madre no quiere a los hombres ni para que uno sea tu padre. No te ofendas pero nos odia por completo.

-Eriol, no pienses mal de ella. Es así contigo porque no quiere que me lastimen, por eso a veces te trata mal. Siempre ha sido muy sobre protectora conmigo y más desde que terminé con Touya- Eriol volvió a hacer un gesto- Además no creas que es una amargada, en realidad, yo creo que nunca quiso casarse porque estaba enamorada de un hombre.

-¡¿Qué?!- preguntó Eriol sorprendido al descubrir que su suegra tenía sentimientos.

-Bueno, Sakura y yo creemos que mi madre estaba enamorada del señor Kinomoto, pero como su mejor amiga se casó con él, prefirió quedarse callada y permanecer a su lado, teniendo que amarlo en silencio.

-Wow- expresó Hiragizawa.

-Bueno y tú, tampoco me has hablado de tus padres.

-Ah...es que ellos murieron.

-Ay amor, lo siento si...-dijo apenada la joven.

-No, no, no te preocupes, está bien... Bueno mi madre murió cuando yo nací, por eso nunca la conocí. Creo que mi padre me culpó por eso, él era muy duro conmigo. Jamás pude complacerlo en nada. Me traía de arriba a abajo en sus viajes de negocios, pero no me hacía caso. Nunca lo vi como un padre, sólo como un hombre que me dio la vida, nada más.

-Lo siento cariño- dijo Tomoyo y le tomó la mano a su novio.

-No importa. Cuando murió no sentí nada, sólo un poco de pesadez por que yo me encargaría de sus negocios. Por otro lado, me dio gusto que a partir de ese momento conviví más con mi gran amigo Li. Sonará extraño pero a él sí lo veo como una verdadera figura paterna. Me apoya en todo, me aconseja...hasta me regaña...

-Sí, Li es muy buen chico- suspiró- Ojalá él se hubiera quedado con Sakura, era perfecto para ella.

-Sí, cómo lamento que se casara con la loca de Meiling... y todo por Hien.

-¿A qué te refieres?- dijo intrigada la joven japonesa.

-Es que él no la ama... sólo se casó con ella para darle un nombre y un padre a Hien- sabía que no estaba bien revelar los secretos de su amigo pero esa era la verdad- Tomoyo... Hien no es hijo de Syaoran.

-¡¿Qué?!

-Sí, así es, y creo que la señorita Sakura debe saberlo. Mira yo creo que ellos deben estar juntos. Sé que aún se quieren.

-Eriol- interrumpió Tomoyo- Nosotros no debemos meternos en ese asunto. Sea como sea ambos ya hicieron sus vidas.

-De acuerdo, sólo porque tú lo dices- cedió Eriol- Cambiando de tema, hace un momento me dijiste que tu madre se volvió más sobre protectora contigo desde que terminaste con Kinomoto ¿Qué sucedió o qué?

-Pues... mira, todo comenzó desde que besé a Syaoran...- Eriol la miró con desconcierto- Bueno te contaré cómo pasó todo aquello y de paso entenderás otras cosas sobre lo que ocurrió en el pasado. No quiero tener secretos contigo.

Así, le narró que en aquella época había ido a buscar a Sakura a su casa, pues había escuchado que Syaoran se había marchado a su natal Hong Kong. Desafortunadamente no tuvo la oportunidad de despedirse de él, se sentía muy apenada por haberlo besado.

Me hubiera gustado despedirme de él- se decía a si misma, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando entró en la habitación de su entrañable amiga Sakura, que por lo visto no estaba de muy buen humor.

-Hola- dijo Tomoyo alegremente- ¿Qué sucede?- sabía perfectamente que lo más probable era que Sakura estuviera triste por la partida de Syaoran.

-Tomoyo, quiero que me expliques ¿por qué besaste a Syaoran?- la pregunta le llegó de una forma rápida e inesperada.

-Am... pues... -no tenía preparada la respuesta, pero improviso contándole la historia de las cartas románticas que recibía de un admirador secreto. Terminó agregando los argumentos que tenía para creer que se trataba de Syaoran. Sakura la escuchó hasta el final, pero no borraba de su rostro la molestia que sentía- Y bueno, fue por eso que pasó lo que pasó.

-Vaya, parece que no te conformas con uno solo- le respondió la ojiverde con cierto enojo- No sólo te basta querer a mi hermano para ti, también quieres a Syaoran.

-Tranquila, no es lo que piensas...

-No, yo no encuentro una explicación lógica. Primero mi hermano Touya y ahora Syaoran, que es mi mejor amigo... ¿cómo te atreviste a...- Sakura no podía hablar por la furia que le provocaban los celos.

-Qué, acaso me tienes envidia porque hice lo que tú no pudiste hacer...-Tomoyo también empezaba a enojarse, sentía que su amiga estaba insinuando que ella era de lo peor.

-Tomoyo con eso no te metas- decía Sakura. No sabes lo que estas diciendo, pensaba.

-Es la verdad Sakura, no niegues que te hubiera gustado que Syaoran te besara como lo hizo conmigo.

-¡Cállate!- la joven estalló y le pidió a su amiga, de una manera no tan sutil, que se fuera. No quería tener más problemas. Sin embargo, los problemas entre ellas empeoraron después.

Accidentalmente Touya Kinomoto había escuchado aquella conversación y así confirmó sus sospechas de que Tomoyo estaba interesada en él. No quería dejar pasar la oportunidad, comenzó a pretender a la joven a pesar de que él aún tenía novia.

-No debí haber hecho eso Eriol- le decía a su novio, en el presente- Yo sabía perfectamente que tenía novia y aún así me deje llevar por lo que sentía por él.

-Debiste quererlo mucho como para meterte en semejante lío sólo por él- le respondió el joven inglés celoso.

-No, creía amarlo, pero en realidad no era así... Sólo era una atracción que condujo nuestra relación al desastre. Empezó mal y terminó peor.

-¿A qué te refieres?

-Al poco tiempo de estar juntos, Kaho Mizuki nos descubrió. Te juro que es el momento más vergonzoso de mi vida. Me sentí tan mal ese día- Tomoyo estaba al borde de las lágrimas y su novio le tomó la mano con fuerza. Ella le correspondió con una sonrisa- Al final ellos terminaron y a Touya no le quedó mas que recompensarme haciéndome oficialmente su novia. Pero las cosas estaban mal entre nosotros, casi no hablábamos y todo era más bien físico.

Eriol la miró a los ojos. Estaba profundamente enamorado de esa chica, no importaba lo que había hecho antes, ni siquiera le importaba con quién o cómo. Sólo la quería a ella, no podía negarlo, siempre había sido así. Quería decírselo, que él era el verdadero autor de esas cartas.

-Touya comenzó a arruinar su vida en ese momento, dejó a Kaho, entró en una relación sin sentido conmigo y lo peor fue que dejó la universidad- suspiró- Cuando terminamos porque empezó a buscar a otras mujeres, mi madre y Sakura se pusieron furiosas. La primera porque se sintió muy decepcionada de ambos y la segunda... bueno para que te digo, Sakura me reclamó que había echado a peder la vida de su hermano, sólo por mi egoísmo.

Tomoyo ya no pudo más y rompió en llanto. Eriol inmediatamente se acercó a ella para confortarla en sus brazos.

-Debes pensar que soy de lo peor... Eriol no me merezco a alguien tan lindo como tú- le decía entre sollozos.

-No- le respondió con ternura- Tú eres maravillosa, tú no eres responsable de lo que haga Kinomoto. Él es un tonto, siempre lo ha sido.

-Pero...

-Lo sé porque siempre lo odie. Odiaba que no te hiciera caso mientras yo moría de amor por ti...- Tomoyo lo miró con desconcierto- Lo que quiero decir es que...yo soy el verdadero autor de esas cartas, yo soy tu admirador secreto.

-¿Qué?

-Cuando llegué a Japón y entré a la misma escuela que tú, me enamoré a primera vista. Pero tú eras una de las chicas con más pretendientes, sé que no les hacías caso a nadie porque te gustaba Kinomoto... En ese tiempo yo era un perdedor, alguien que no te merecía, por eso me tomé el atrevimiento de decirte lo que sentía en esas cartas.

-Eriol...- Tomoyo estaba sumamente sorprendida.

-Sé que debí decírtelo desde el principio... pero no podía. Y ahora que sé que por mi culpa Syaoran y tú dejaron de ser amigos, me siento mal. Soy un maldito cobarde que no se atrevió a decirte nada. Perdóname- Eriol le retiró la mirada y prefirió voltear hacia el piso para ocultar su vergüenza.

Tomoyo no sabía qué decir. Desde que vio a Eriol aquel día que chocaron en plena calle, algo le atrajo de él. Se sentía bien con su compañía, aunque lo reconoció de sus épocas como estudiante de preparatoria, había algo más en él que la llamaba en silencio. Esa era la respuesta, el inglés era su admirador. Cuando ella leía sus cartas se fue enamorando de ese personaje misterioso, y ahora lo tenía enfrente.

-Es maravilloso...- le dijo y Eriol levantó la vista- Cariño, esas cartas me fascinaban, no tienes idea del tiempo que esperé para conocerte- le dio un beso (le encantaban sus besos).

-¿En serio? No estás molesta porque no te dije nada- le preguntó el joven, después de tomar aire.

-No, pero porqué crees que no te iba a aceptar, no eras un perdedor; yo tenía la curiosidad de conocerte.

-Tomoyo te amo, te amo- le dijo y la abrazó. Nunca había sido tan feliz, tenía a la mujer que siempre había querido y ahora ella sabía que siempre había sido así. No había esperado esa reacción por parte ella.

Pero no puedo decírselo a Syaoran, me mataría.

Trató de no meterse en esas ideas. Todo marchaba bien ¿Qué o quién podría interferir en esa felicidad? La respuesta ya la estaba olvidando el joven inglés.

-o-o-o-o-o-

Nakuru Akizuki sostenía en sus manos aquella rosa, igual que la que había recibido el día anterior. Touya Kinomoto la había abordado nuevamente por la mañana y le entregó otra rosa. Ella no tuvo más remedio que aceptarla. Era de admirarse que él era muy insistente, la perseverancia era una cualidad que Nakuru admiraba de las personas.

Miró la rosa y suspiró involuntariamente. En ese momento se encontraba en la oficina, estaba sentada en el lugar que usualmente ocupaba su querido Eriol o el señor Li. Cuando ellos partieran ella se encargaría de todo en el restaurante. Y les demostraría que ella era la mejor en su trabajo.

Sin embargo, en ese momento no pensaba en eso. Su mente se encontraba pensando en Touya, cuando se percató de eso intentó con todas sus fuerzas borrar su imagen de su mente. Aquello resultaba difícil, no sabía porque pero no lo podía sacar de su cabeza.

Será que... No, no, no Nakuru no puedes, no debes pensar en eso... es un idiota- se decía a sí misma- Es guapo, pero no por eso no deja de ser un hombre que seguramente terminara mintiéndote... Tú misma te diste cuenta de la clase de persona que era, desde el momento en que lo conociste te diste cuenta de que era un casanova. Es por eso que debes hacer caso omiso de él.

Estaba inmersa en esos comentarios, y no se dio cuenta de que era observada por un hombre que acababa de entrar en la habitación.

-Muy bien señorita Akizuki- le dijo- cuando termine de jugar con esa rosa, sería tan amable de cumplir con su trabajo.

-Am...- respondió algo desconcertada, pero reaccionó rápidamente al notar quien era su interlocutor- Señor Zhang, me place informarle que no estoy jugando; estoy pensando cosas del trabajo... algo que usted no ha hecho desde su llegada a Japón.

-Vaya... ya no se puede encontrar personal que respete a sus superiores.

-Usted no es mi superior- dijo la joven mientras se ponía de pie. Cruzó la habitación y se paró en la puerta, la abrió y sólo agregó- Por cierto señor Zhang, no olvido que usted me hizo quedar mal con el señor Li, me dio "accidentalmente" me dio instrucciones erróneas. No lo acusare, no soy rencorosa y no quiero caer en su juego, pero no se meta conmigo - salió azotando la puerta.

Qué tonta niña, será mejor que no me hable así - pensó Ju Zhang mientras se sentaba en la silla del jefe. Respiró profundo con aire de superioridad, pronto todo eso sería suyo, como debió haber sido desde un principio.

Yo debí ser el dueño de todo esto, no el tonto de Syaoran Li. Trabajé muy duro para llegar a ser la mano derecha de Hien Li, esperando que algún día el viejo muriera y yo me pudiera quedar con su negocio... ¡Maldito!... poco antes de su muerte se tenía que acordar que tenía un hijo: el joven y talentoso Syaoran, el que debía heredar todo, un pobre perdedor que salió de la nada; robándome lo que tanto me había costado alcanzar.

Tuve que soportarlo, ayudándole a conocer el negocio para ganarme su confianza. Yo sabía que él no quería estar aquí. Estaba seguro de que al poco tiempo lo convencería de dejarme todo a mí, pero no... tenía que conocer al tonto de Eriol Hiragizawa, ese inglés tan fastidioso que no confía en mí. Él le dijo a Li que dejara los negocios, incluso cuando pude armar el plan perfecto de alejar a Li del restaurante con la llegada de Hien, todo habría salido bien si no hubiera sido por Hiragizawa.

Pero no hay porque desesperarse, siempre hay una solución para todo, tardé mucho en encontrarla pero lo logré. Descubrí que ese par tenía algo en común, ninguno de los dos quería volver a Japón. Había algo que hacía que evitaran venir aquí, no sé qué es, pero sé que es su punto débil. Ahora por fin pude traerlos aquí, ellos perderán todo; ya ha comenzado, no sé que se traen en manos pero están tan ocupados en este país que no se dan cuenta de que mi plan está en marcha...- finalizó su soliloquio silencioso mientras sonreía.

-o-o-o-o-o-

Ya era tarde, había caminado por horas sin darse cuenta. Pensaba, sólo pensaba. En qué, no era muy claro. Millones de ideas y recuerdos iban y venían en su mente. Todos ellos relacionados con su amiga de la infancia: Sakura Kinomoto.

De repente se percató de que estaba muy cerca del mismo lugar en el que la había conocido y donde habían pasado muchos momentos juntos. Miró desde lejos ese árbol de sakura con cierta nostalgia. Justo ahí la había visto por primera vez, y también por última.

Ese día, poco antes de partir a Hong Kong, jamás lo podría olvidar. Syaoran se aproximó más y su mente revivió ese momento. Se vio a sí mismo como el joven de 18, dolido y confundido, triste por su partida a China.

Había pasado esos días empacando sus cosas. Tal vez no volvería a Japón, las circunstancias le obligaban a tomar las riendas del negocio familiar. Ni modo qué remedio. Guardaba las últimas pertenencias en su maleta y pensó en qué otra cosa le faltaba, buscó la foto que tenía con Sakura, esa que tanto le gustaba. La miró deseando con todas sus fuerzas que las cosas entre ellos se arreglaran, pero era un caso perdido. No quería verla, aunque tenía la necesidad de hacerlo.

En ese momento, la puerta de su casa sonó. Era ella, nuevamente lo buscaba. Syaoran le había dicho a su madre que no podía hablar con ella y que si se presentaba le dijera que no podía atenderla. Como comenzaba a hacerse costumbre, llegó y se fue rápidamente.

Ieran Li llamó a la puerta de la habitación de su hijo - Syaoran, era de nuevo Sakura-le dijo.

-Sí madre, gracias por avisarme y decirle que no estaba.

-Hijo, le conté que nos íbamos hoy mismo. Se puso muy triste, tal vez deberías...

-No madre, ya no hay tiempo

A pocas horas de partir al aeropuerto, Syaoran quiso ir por última vez a un lugar muy importante para él. Salió de casa sin decirle nada a su madre. Se dirigió rápidamente a ese árbol que se encontraba en el pequeño parque cercano a su casa. Se paró junto a él...

-Sakura...-dijo, pensando en su amiga.

-Syaoran- le respondió la susodicha. Estaba sentada del otro lado del árbol. Se puso de pie y miró a su amigo- Syaoran yo...

-No digas nada, por favor... No te quiero escuchar, me dijiste cosas terribles...

-Lo siento, yo...

-¡No!...No hables ¿sí?...Tu voz me provoca pesadez, tu sola presencia me hace rabiar.

Sakura miró al suelo, quería llorar, pero tenía que decirle a Syaoran que había descubierto que lo amaba, que se había dado cuenta de ello el día que lo vio besando a Tomoyo; ese día, recordar esa imagen la hizo sentir loca de celos.

-Mi vuelo sale esta noche. Me iré y no quiero regresar nunca - le decía el chino mirando el atardecer y sin prestarle importancia a la ojiverde- Esto se acaba aquí. Te quedaras para admirar todo lo que quieras a Tsukishiro, sin que él te haga caso - dirigió su mirada a ella- Por más que le supliques, nunca que hará caso. Así sentirás el mismo dolor que yo.

-¡Calla!- gritó Sakura- Que tú no eres un santo. Te vi besando a Tomoyo. Cómo te atreves a decirme que me quieres y luego estás besándola.

-Ahora me espías, qué le tienes envidia o qué.

Sakura no respondió, no quería verlo a los ojos. No se percató de que Syaoran ya se iba, entonces levantó la mirada- ¿Porqué tiene que terminar así?- le preguntó.

Syaoran se detuvo. Volteó hacia ella, Sakura pensó que le diría unas palabras de despedida, pero notó que su amigo se acercaba a ella, cada vez más, lo tenía enfrente. Llegó hasta el punto de que casi no había distancia entre ellos.

El joven chino se sentía como un atrevido por lo que iba a hacer. Pero se sentía frustrado, le había dicho cuanto la amaba, y eso no había servido de nada. Quizá actuar en vez de hablar era una buena opción. Sin pensarlo más, inclinó su cabeza hasta tener el desconcertado rostro de su amiga muy próximo. Cerró los ojos y juntó sus labios con los de ella. Esperaba que lo empujara y abofeteara, pero no hubo ninguna reacción.

Sakura, por su parte, decidió corresponder a ese beso. Estaba enamorada de él y ese besó lo comprobaba.

Él se sintió extraño e instintivamente, rodeó a la joven entre sus brazos. Sakura rodeó su cuello con sus brazos. El beso dejó de ser un simple roce de labios, se estaban entregando el uno al otro de una manera inimaginable. No era la primera vez que alguno de ellos besaba, pero sí la primera vez que lo hacía de esa manera. Era tierno, pero lleno de pasión y amor.

¿Por qué? - pensó Syaoran -¿Por qué te beso así Sakura? yo quiero odiarte. ¿Y por qué tú me correspondes?... Acaso me quieres herir más. Sé que un beso es un beso y a veces no te puedes resistir, pero... ¿Acaso soy para ti un premio de consolación...o me tienes lástima?...No me importa, sólo quiero disfrutarlo mientras dure.

Te adoro, te quiero, te amo Syaoran - pensaba a su vez Sakura - No quiero que te vayas, no me dejes sola... sin ti no sé cómo seguir. Por favor, perdóname. He sido una tonta, todo lo que siempre quise lo tenía contigo. Qué tarde me vine a dar cuenta de mi error. Yo quiero estar así contigo siempre.

Permanecieron así unos minutos, no querían separarse. De repente Syaoran sintió que el aire le empezaba a faltar. Quiso tomar aire, pero Sakura lo retuvo. Sin embargo, segundos después a ella también le faltaba el aire. Al mismo tiempo se separaron.

Sakura se sentía como en un sueño, estaba en las nubes. No podía regresar de ese estado, no quería. Syaoran estaba igual, pero pudo mirar su reloj y percatarse de lo tarde que era, quería decirle algo a su amiga, pero temió recibir una respuesta desagradable. Salió corriendo de ahí, sin voltear a atrás. Sin saber los sentimientos de su amiga.

-Sakura- pronunció Syaoran en el presente. Rodeó el árbol como si la volviera a encontrar como aquella vez. Pero ya no estaba, ya la había perdido para siempre.

Se dio cuenta de lo tarde que era, lo mejor era regresar a casa con su madre, su esposa y su hijo.

Aún sigo buscando la respuesta del por qué me besaste...

Continuará...


Suspiro. Para mí, uno de los puntos importantes de esta historia es que las personas tendemos a hacer y decir cosas cuando las situaciones se os salen de las manos. Para bien o mal. Nuestros protagonistas, luego de decirse hasta lo que no, sí tuvieron un momentito para actuar impulsivamente pero atendiendo a los sentimientos que los unían. Ahora la gran duda es si volverá a darse la oportunidad.

Y bueno, sigo con mis locuras y planteamientos raros que a más de uno lo he de mantener desquiciado. Les pido calma. Yo quisiera contarles muchas cosas pero la historia hablará por sí misma así que no le pierdan la pista.

Agradezco mucho su tiempo de lectura y, si es el caso, sus comentarios. Por mi parte, me disculpo si no he podido responder reviews pero realmente he estado muy atareada con el trabajo. Mi compromiso es aplicarme con ustedes y ser más constante con este fic.

Los quiero y espero leerlos pronto.