¡Volví!. No era justo que la cuarentena siguiera y no actualizara este fic. Pero, como he dicho anteriormente, esta historia la escribí hace tanto que me es bien difícil leer la versión mí misma de hace más de 10 años, porque creo que como escritora y persona he crecido y a veces no entiendo qué pasaba por mi cabeza cuando escribía esto. De todos modos, hay un cariño muy genuino con la historia y también les debo respeto a quienes esperan que continúe; por ello no debo abandonarla y tengan por seguro que las actualizaciones seguirán hasta llegar hasta el final.
Bueno, como siempre, espero que esta kilométrica actualización haya valido la pena la espera.
Capítulo XII
Sentimientos confusos
Escuchó atentamente todo lo que su hermano mayor le había dicho. Él le contó sobre sus descubrimientos, sus sospechas y la charla que había sostenido con Yukito. No podía creerlo, lamentablemente lo que le decía parecía tener mucho sentido.
Y ahora, con todo esto, quizá tenía que esperar para terminar con su novio, pero cuánto… la boda estaba cada vez más cerca y ella ahora sabía que Syaoran la seguía queriendo.
Le hubiera gustado decirle a Touya que la comprendiera. Ella estaba enamorada de Syaoran y quería luchar por él. Pero no podía decírselo, y es que cómo explicarle que había engañado a Yukito, cómo decir que había amanecido con otro y que había sido feliz por ello. Ahora la culpa comenzaba a atormentarla.
Sin embargo, lo peor había sido lo que Touya hizo prometerle.
-Sakura…- le dijo una vez terminada su explicación- es por eso que te pido, que te ruego, que estés con él más que nunca. Sé que no han tenido una relación muy unida, pero ahora quiero que lo cuides. Por favor.
-Cla…claro…- respondió un tanto dudosa.
-Prométeme que lo harás…
-De acuerdo, lo prometo. Cuidaré más que nunca a Yukito- finalizó.
Después de eso se había ido a trabajar. Pensó en Syaoran y en lo que haría cuando se vieran. Sería muy difícil aguantar las ganas de saltar a sus brazos, besarlo y decirle que lo amaba. También pensó en cómo le diría la nueva situación con Yukito. Era algo que los separaría un poco, pero no podía hacer nada. Apreciaba mucho a Yukito, y no podía botarlo así nada más y menos en su estado.
Suspiró y continuó haciendo el platillo que preparaba. Lo hacía en silencio pues tenía tantas cosas que pensar. Se sentía atrapada en un laberinto al que no le veía una salida.
-o-o-o-o-o-
El joven inglés permanecía muy callado; tanto, que su novia se percató de ello. Y es que desde que habían salido de la casa de su madre, Eriol estaba así.
-¿Qué te sucede?- preguntó Tomoyo.
-¿Qué?... Ah, nada, nada… –respondió un poco distraído el joven.
-No me mientas, sé que tú tienes algo…
-Bueno, es sólo que…-comenzó a decir, dudó en continuar. Quiso decirle la verdad pero no sabía cómo lo tomaría. No, mejor era continuar con el plan original y no decirle nada- Es que estoy un poco preocupado por la situación de la empresa de tu madre. La situación no es nada de risa, yo lo veo muy mal. Creo que estoy arriesgándome en invertir en su empresa.
-Estoy segura que contigo, la empresa podrá salir a flote. Tú eres muy bueno para los negocios- dijo y lo besó- De hecho eres muy bueno para otras cosas- agregó con las mejillas rojas.
-¿De verdad?- dijo sonriendo levemente – Bueno si tú lo dices, debe ser- bromeó con un poco de distracción, no tenía el mismo tono de siempre. Era evidente que había algo que le sucedía.
Después de eso, la llevó a su casa y luego se dirigió al hotel, quería llamar a Syaoran, que tal vez ya estaría en China. Probablemente su amigo le daría un consejo. Seguramente él le daría las palabras más adecuadas, aunque no quería que notara que había faltado a su palabra de respetar a Tomoyo, tendría que fingir muy bien.
-o-o-o-o-o-
Touya miraba desde afuera el restaurante. Había acompañado a su hermana y tenía planeado marcharse después, pero pensó en Nakuru y sintió la necesidad de ir a verla. Aquel día no había ido a buscarla para entregarle su acostumbrada rosa.
Era ridículo, pero sólo pensaba en ella; claro el asunto de Yukito le preocupaba, pero pensaba en la joven y se calmaba. Era como si no existiera nada más.
Es por eso que estaba un tanto confundido. Quizá le había llegado el momento, ese que durante muchos años había evitado. Se estaba enamorando. No sabía si era real o no, pero tenía que saberlo ya. Tenía que enfrentar a Nakuru, dejarse de juegos y hablarle de frente.
Se terminó su cigarrillo y se encaminó hacia el lugar. En su cabeza intentaba buscar las palabras más apropiadas para hablar con la joven. Tenía que ser cuidadoso porque sabía que Nakuru tenía un carácter difícil. Eso era lo que más le gustaba de ella, que no cedía tan fácilmente, que no era igual que las demás.
Minutos después, Nakuru se encontraba en la oficina. Sólo pensaba. La charla con su amiga le había movido muchas cosas, pero no por eso podía permitirse dejarse llevar por lo que estaba empezando a sentir por Kinomoto. Tenía miedo de sentir algo real por él y después salir perdiendo, como siempre le ocurría. Quizá lo mejor era dejar las cosas muy claras la próxima vez que se vieran. Pedirle que la deje de buscar porque no podía haber nada entre ellos.
La joven suspiró. De repente fue sacada de golpe de sus pensamientos, un joven mesero tocó estrepitosamente la puerta. Le informó a Nakuru que había un comensal que exigía hablar con la gerente. Akizuki, por su parte, y para evitar un escándalo, fue inmediatamente a ver lo qué sucedía. Su sorpresa fue enorme cuando se dio cuenta que se trataba nada más y nada menos que de Touya Kinomoto.
-¡Cielos!... ¡Tú de nuevo!- le dijo cuando lo vio en medio de la recepción.
-Nakuru quiero platicar un rato contigo- dijo Touya con una seriedad que desconcertó a la joven.
-¿Qué quieres?
-Bueno es algo que lleva tiempo. Si me permites, te invito a comer… Aquí mismo, claro.
-No, no, no tengo tiempo para tus tonterías- contestó con frialdad.
-Vamos, sé que tienes una hora de comida- miró su reloj- y pronto será. Anda –Nakuru lo miró y arqueó la ceja- Por favor… o sino armaré un escándalo. Lo juro.
-No lo harías.
-No me retes, por unos minutos de tu tiempo lo haría. Créeme- respondió con firmeza.
Nakuru dudó por unos segundos, pero al final cedió. Quizás era el momento ideal para dejarle las cosas en claro. Así que lo guió a una mesa de un rincón, donde pudieran platicar a gusto y no fueran molestados. Nakuru deseó que no estuviera por ahí el indeseable de Zhang e hiciera algo para hacerla quedar mal.
Desde el principio ninguno de los dos encontraba las palabras para llegar al tema del que querían hablar. Permanecían callados. Sin embargo, Touya notó que la joven miraba a un lado y a otro como si buscara a alguien, por lo que no pudo evitar preguntar.
-¿Qué te sucede?- dijo mirándola.
-Nada, nada es sólo que no quiero que nos vea un sujeto.
-¿Un sujeto?... ¿Quién?... ¿No quieres que te vea conmigo?
-No es lo que estás pensando- respondió arqueando la ceja- Te recuerdo que no debería estar aquí, se supone que estoy trabajando.
-Creo que deberías relajarte, no todo es trabajo.
-Mira quién me lo dice, una persona que no hace absolutamente nada de su vida- Touya la miró desconcertado, por lo que ella dibujó una sonrisa (que a su interlocutor le pareció encantadora) y continuó- Me lo dijo tu hermana ¿Sabes? Ella fue a pedirme una disculpa porque su hermano tenía la intención de "conocerme". Me contó algunas cosas sobre ti y bueno, me dijo que no haces nada.
-Mmm… ese monstruo ¿Por qué tiene que andar contando mi vida?- dijo Touya entre dientes para sí mismo pero pensaba en voz alta.
Nakuru lo miró en silencio por un momento, no dejó de hacerlo hasta que la comida fue llevada a la mesa.
-Existe una probabilidad de que tu hermana haya preparado esto. Ella se esfuerza tanto, es tan talentosa. Ustedes son tan diferentes, me parece increíble que sean hermanos.
-Ella se parece mucho a mi mamá –dijo con una leve seriedad.
-Entonces tu madre debe ser una mujer encantadora.
-Lo era. Ella ya murió hace mucho.
-Ah, lo siento mucho, pensé que…
-Está bien no te preocupes… Hum, tiene mucho que no recordaba eso. La verdad no es mi tema favorito de conversación. Es algo muy duro para mí por eso… No sé, casi no comparto mucho con mi hermana. Ella y mi padre me recuerdan mucho todo lo que pasó- dijo con una sinceridad que impresionó a Nakuru.
-No deberías alejarte de ellos. Deberías apreciar que tú sí tienes a tu familia a tu lado.
-¿Por qué lo dices?... ¿Acaso tú no tienes familia?
-Claro que la tengo, pero… yo salí de sus vidas- Nakuru también se sinceró y se sorprendió de hablar de todo eso, aun así continuó- Mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña. Mi padre se fue y crecí con mi madre, pero con el tiempo ella conoció a otro hombre, no tardó mucho en irse con él y dejarme sola. Desde entonces mi padre se hizo cargo de mí. Pero él también había hecho su vida, su mudó a Inglaterra y conoció a otra mujer. Se casó con ella, esperaban un hijo, y… bueno, mi papá no quería que su pasado interfiriera en su nueva felicidad. Así que me dijo que me tenía que quedar aquí. Por eso siempre fui muy independiente, desde muy pequeña.
-Ya veo. ¿Y qué paso con ellos?
-La esposa de mi padre tuvo algunos problemas al dar a luz y… lamentablemente murió. A veces pienso que eso fue algo karmático que le pasó a mi padre por dejarme abandonada aquí. Jamás quiso darme su nombre. Incluso me ocultó como su sobrina.
-Vaya. No te ofendas pero no era un gran padre- dijo Touya cruzándose de brazos.
-Por lo menos a mí me dejó en paz. Sola, pero en paz. A mi hermano le fue peor. Mi padre siempre lo culpó de que su "gran amor" muriera. Parece que siempre que podía se lo reprochaba en la cara. Nunca lo trató bien. Por eso cuando vivieron aquí durante una temporada trate de que él estuviera lo mejor posible. Siempre he intentado cuidar de él. Aunque no sepa ciertas cosas…
-¿Qué cosas?- preguntó intrigado el joven.
-Él no sabe que somos hermanos, medios hermanos. Mi padre sostuvo que yo era su sobrina ante todo el mundo, incluso ante su otro hijo. Ahora que nuestro padre no está, a veces me he sentido tentada a decirle la verdad pero… no sé si sirva de algo. No sé si cambiaría algo entre nosotros… Quizás el pobre Eriol sufriría mucho. No lo sé
Eriol, Eriol… ese nombre me suena- pensó Touya y la respuesta le llegó a la memoria – Es el novio inglés de Tomoyo… ¡claro!... qué pequeño es el mundo.- Sí ya sé quién es… Es el dueño de aquí ¿verdad?
-Sí. ¿Cómo lo sabes?
-Es el novio de… de una amiga.
-Seguramente una de tus conquistas…-dijo con una frialdad que congeló repentinamente el ambiente de confianza que estaba surgiendo entre ellos.
-Quiero ser totalmente sincero contigo – respiró profundamente- Era mi novia hace mucho pero, estúpidamente eché a perder todo… Lo admito, no soy el hombre perfecto. No soy el típico galán de las historias románticas. Tienes razón sobre mí, toda la vida he sido un mujeriego…- intentó sacar valor para decir las cosas- Pero ahora hay una gran diferencia. Hace unas semanas conocí a una mujer que me conquistó desde el momento en que la vi. Debo admitir que al principio me pareció una más, pero hubo algo en ella que me hechizó. No puedo dejar de pensar en ella, no sé qué me hizo… Ya dejó de ser un capricho… ¡Todo se me ha salido de control!... ¿Nakuru dime qué me hiciste?
-Yo…- la muchacha estaba impresionada por lo que escuchaba. Y lo peor era que una parte de ella le creía, porque ella también se sentía extraña y también quería preguntarle lo mismo: ¿qué me hiciste?
-Nakuru… estoy sintiendo cosas por ti, cosas que nunca había sentido por nadie. Quiero decírtelo o estallaré. Este nuevo sentimiento me está matando…- se acercó más a ella y la miró a los ojos- Creo que me estoy enamorando de ti.
-o-o-o-o-o-
Fujitaka Kinomoto esperaba sentado en medio de la sala de profesores de la universidad en la que trabajaba. Estaba él solo en el lugar, sólo lo acompañaba una taza de café. Hacía unas horas había recibido la llamada de Sonomi Daidouji, le había parecido que estaba un poco alterada, y no era algo para sorprenderse, seguramente quería platicar sobre Tomoyo. Y es que siempre que Sonomi hablaba en ese tono era algo relacionado con su hija.
Para Fujitaka ya era algo común; él sabía perfectamente que el mundo de Sonomi giraba en torno de su única hija. Desde que ella había nacido, su madre le había dado todo su amor a la pequeña. Quizás el amor que había guardado para un hombre, y él sabía de quién se trataba. Intentó no pensar en ello, era algo que le incomodaba mucho. Le incomodaba, claro, pero también…
Tomó un sorbo a su café y recordó las innumerables veces que Sonomi lo había buscado para que le diera un consejo sobre la crianza de la pequeña. Él quería mucho a Tomoyo, sabía que su padre había hecho un trato con Sonomi, sólo había hecho su parte y sin decir más se había ido con su ganancia, un portafolio lleno de billetes. Era por eso que siempre procuró estar cerca de ellas, él creía que lo más sano era que Tomoyo tuviera una imagen paterna.
Fujitaka esbozó una sonrisa, de pronto recordó una ocasión, cuando Tomoyo tenía unos 5 años o quizá menos. La niña se había acercado a él y tímidamente le preguntó si podía ser su papá, él le respondió con una sonrisa y le dijo: Siempre, siempre que me necesites, no importa cómo, cuándo, dónde o por qué; yo estaré ahí para ti.
Tomoyo le había dado un abrazo y un beso en la mejilla y regresó a jugar con Sakura, entonces Nadeshiko (que en ese tiempo aún vivía) le tomó por el hombro y, mientras miraban a las niñas jugar, le susurró al oído: Eres un gran hombre y un excelente padre, por eso te amo tanto.
Recordar aquello arrancó un suspiro en el señor Kinomoto. Por un lado, siempre que recordaba a Nadeshiko no podía evitar sentir nostalgia y un leve dolor por haberla perdido de una forma tan rápida e inesperada. Por otro lado, no creía que fuera un buen padre; su hijo era prácticamente un hombre sin oficio ni beneficio, se había perdido y él nunca supo cómo ayudarlo; además Sakura durante un tiempo se había sumido en una profunda depresión y ahora sospechaba que no era feliz. A ambos no los pudo ayudar, sintió que fracasó como padre, que le falló a sus hijos y sobre todo a Nadeshiko, quien murió creyendo que podía confiarle a sus hijos.
Nadeshiko, Nadeshiko… ¿porqué te fuiste tan pronto y me dejaste aquí? Tú eras una excelente madre y yo no pude hacerlo solo –pensó.
Fujitaka no creía que era el mejor hombre, pero sabía que gracias a Nadeshiko se había convertido en alguien mejor. Cuando era joven, era un tanto presumido; se había graduado muy joven, con honores y por si fuera poco con una oferta para ser profesor. Todo había cambiado cuando dando un paseo por Tomoeda su mirada se había fijado en una jovencita que llevaba su uniforme de preparatoria. Sin dudarlo ni un segundo se lanzó a la conquista.
Desde el principio era evidente que había una atracción entre él y la joven Nadeshiko. Pero había un pequeño problema, los padres de ella no permitían que él se le acercara. Era obvio, pues era un joven mayor y que, al principio, no tenía las mejores intensiones; aunque esos obstáculos que tuvo que superar le hicieron que se enamorara perdidamente de ella. Había logrado entrar en contacto con la prima y mejor amiga de la joven, se trataba de Sonomi, gracias a ella pudo mandarle cartas e incluso se convirtió en su cómplice para verse a escondidas.
Él le debía mucho a Sonomi, pero nunca sospechó que en ese proceso de complicidad, ella también se enamorara de él. Al principio ella se lo daba a entender con indirectas, pero luego se lo dijo de frente y aclaró que con ello no pretendía separarlos. Al final, comprendió que tenía que dejar ser feliz a su mejor amiga, aunque lo fuera con el hombre al que amara. Les ayudó para que comenzaran su vida de casados y los apoyó cuando nació Touya. Cuando se enteró de que Sakura venía en camino se le metió la idea de ser madre y lo logró.
Fujitaka pensaba en todo aquello, cuando comenzó a escuchar por el pasillo el caminar de una persona que se acercaba. Traía tacones, indudablemente, pues provocaba un eco que se expandía por todo el lugar. Los pasos se detuvieron en la puerta, el hombre volteó hacia ahí y Sonomi asomó su cabeza. Fujitaka la invitó a pasar.
-¿Qué es lo que sucede que te tiene tan alterada?- preguntó después de saludarla- Digo, esta mañana me pareció que era así.
Sonomi sonrió por un momento, le parecía increíble que con el pasar de los años, Fujitaka aprendiera a adivinar lo que pensaba- Bueno, sí es algo así. Es que estoy un poco preocupada.
-Supongo que es por Tomoyo ¿verdad?
-Vaya, ¿qué acaso soy tan evidente?
-Sé que la quieres más que a nada en el mundo y por eso, cualquier cosa que le pasa es un motivo para que tú te preocupes- hubo un breve silencio- Pero bueno, ¿qué es lo que le pasa?
La mujer sabía que él también se preocupaba por lo que le sucedía a Tomoyo. Siempre había sido así, y por un momento se imaginó que él era su verdadero padre, eso le hubiera encantado, habría sido feliz con ello; pero para su mala suerte no había ocurrido así.
Suspiró y comenzó a contarle sobre el novio de la joven, además de la preocupación que le provocaba que él fuera un donjuán. No quería que su hija resultara lastimada y sabía que Fujitaka también quería lo mismo, por lo que quería que le demostrara su apoyo ante la situación y que fuera él el que diera la cara y enfrentara a Eriol. Pero lo que Fujitaka opinaba no era exactamente eso.
El señor Kinomoto suspiró frunció el entrecejo, mientras buscaba las palabras más apropiadas para explicarle a Sonomi su punto de vista - ¿Sabes lo que sentí cuando conocí a Nadeshiko? – comenzó a decir y antes de que Sonomi le preguntara qué tenía que ver eso, él continuó- Mi vida cambió completamente, cambié totalmente por ella. Pero me dio tanta rabia que nos quisieran separar…y creó que ella también sufrió. Tú lo sabes bien… ¿no crees que alguien puede cambiar cuando se enamora? ¿No crees que si los intentas separar van a sufrir más?
-Esa historia es diferente…tú eres diferente a ese chico.
-¿En qué?, hasta donde yo entendí las circunstancias son muy parecidas… Yo era de lo peor y aun así amé siempre a Nadeshiko. Lo que yo te sugiero es que les des oportunidad de que vivan su amor, son dos jóvenes enamorados, qué importa lo que hicieron antes; lo importante es el ahora y ya.
Sonomi escuchó los argumentos de Fujitaka, aun así no cedería en el asunto de Tomoyo, no quería que le pasara nada malo y no le importaba lo que tendría que hacer. Por un momento más permanecieron en silencio. El hombre la miró con una encantadora expresión que la invitaba en silencio a pensar en lo que habían hablado. Sonomi sonrió y se dio cuenta del porqué seguía tan enamorada de ese hombre.
-o-o-o-o-o-
¿Alguien podía ser tan feliz? Lo dudaba mucho. Syaoran caminaba con una sonrisa por el pasillo del elegante hotel. Su mente estaba invadida por Sakura, la amaba tanto y ella le había correspondido ese sentimiento. Aunque había asuntos por resolver, las cosas comenzaban a mejorar en su vida.
En ese momento se disponía a ir a Tomoeda a ver a su hijo y a su madre. Sólo había pasado a cambiarse de ropa; además tenía la esperanza de ir más tarde a ver a Sakura. Estaba tan distraído en sus pensamientos que al doblar la esquina en el pasillo se encontró con Eriol, quien gritó al verlo (pues pensó que ya estaba en China) y esa reacción por parte del inglés asustó a Syaoran quien también gritó. De pronto ambos se callaron.
-¡No vuelvas a meterme un susto así!- dijo Syaoran con el corazón latiéndole muy rápido.
-Lo mismo digo, se supone que deberías estar en China- respondió Eriol, quien en realidad se asustó de sobremanera porque la conversación de esa mañana con su suegra le había provocado una especie de paranoia.
-Am… bueno yo…- había olvidado que supuestamente se tenía que ir a Hong Kong, pero con toda su emoción no pensaba en otra cosa que no fuera Sakura- …es que de último momento decidí quedarme. No quería dejar a Hien y bueno… ya sabes, no puedo estar sin mi hijo.
-Ah ya veo… Bueno, qué bien que te quedaste. Quiero hablar contigo.
-¿Qué sucede? – preguntó intrigado Syaoran.
-Es que la señora Daidouji me pidió que me alejara de Tomoyo.
-¿En serio? ¿Por qué haría eso? La señora Daidouji es buena gente y…- de pronto el chino recordó que hablaba con Eriol Hiragizawa, un verdadero mujeriego y seguramente la madre de Tomoyo ya lo sabía o por lo menos lo sospechaba- De seguro ya descubrió la clase de hombre que eres.
-¡Oye! He cambiado… En fin, sí es algo así y me dijo que me alejara de Tomoyo. Ella aún no lo sabe y prácticamente me amenazó con decírselo. Yo temo que ella lo sepa, se decepcionaría de mí, pero también sé que su madre no le dirá nada para no lastimarla.
Syaoran le dio una palmada en la espalda a su amigo y le dijo: - Eriol, cuántas veces te dije que esa forma de vida te traería problemas. Según veo, yo te sugeriría que le contaras la verdad a Tomoyo cuanto antes, es mejor que se entere de tu propia voz. Tal vez se moleste, pero si no se lo dices tú, podría enterarse por otras personas y las cosas se pondrían muy mal.
-¿Tú crees?... ¿Tú no le dirías nada verdad?- preguntó.
-No. Pero insisto, dile la verdad y demuéstrale lo mucho que la quieres y que has cambiado por ella. Porque esa es la verdad, ahora te miró y veo a un Eriol diferente, que sólo piensa en ella. Haz que ella, y su madre, vean lo mismo que yo, a un sujeto que ama a su novia y que no sólo le interesa para aprovecharse de ella… porque no ha pasado nada entre ustedes ¿verdad?
-Nnnno- titubeó Eriol, pero le hubiera encantado decir la verdad y contarle a su amigo que aquello le había fascinado y había hecho que se enamorara aún más.
-Bueno, yo tengo que ir a Tomoeda. Nos vemos después - finalizó Syaoran.
Eriol, por su parte, se quedó un tanto confundido. Estaba volviéndose loco o su amigo estaba diferente. Lo notó distraído, pues no se percató de que llevaba la misma ropa que el día anterior y menos le cuestionó el porqué dudó un poco cuando le preguntó si él y Tomoyo ya habían estado juntos. Además lo notaba ausente, como si su mente estuviera en otro lugar.
Qué extraño; bueno, ahora no tengo tiempo para preocuparme por él. Yo no sé qué hacer. A Syaoran le es muy fácil decir que le cuente la verdad a Tomoyo, pero no puedo… no puedo decepcionarla así. Prefiero morir antes que verla llorar por mi culpa.
-o-o-o-o-o-
Corre. Corre muy rápido. Corre muy lejos, no te detengas hasta estar lejos de su alcance. No dejes que te encuentre. No mires atrás, puede que cuando veas su cara no resistas y dejes que te alcance. Vete de aquí, lejos… muy lejos, a un lugar donde él nunca pueda encontrarte. Un lugar donde no lo vuelvas a ver, para que no vuelvas a escuchar lo que te acaba de decir…- dijo una voz en la cabeza de Nakuru.
Quería hacer lo que esa voz le decía, pero no podía moverse. No sabía ni qué decir. No esperaba eso, conocía desde hacía muy poco a Touya y no creía que fuera el tipo de personas que decía: "Creo que me estoy enamorando de ti" a todas las chicas. Sí, era un mujeriego, pero no creía que fuera tan cínico. Sabía que no lo era, porque lo había dicho con tanta seriedad que parecía que lo decía de verdad.
Su corazón se aceleró mucho, como tenía mucho que no lo hacía. Se sentía muy confundida porque temía que ella también sintiera algo así. Sí, lo temía porque había sufrido demasiado y ya no quería hacerlo. Temía que Touya la lastimara como los demás lo habían hecho.
-¿Nakuru?...- preguntó el joven. Ella regresó de sus pensamientos y lo miró- ¿Qué piensas? Por favor dime algo. Dime que me darás una oportunidad.
-…Lo siento, no… No puedo- respondió e intentó ponerse de pie y salir corriendo; sin embargo, la mano masculina de Touya la sujetó, no con la fuerza suficiente para detenerla, pero sí con la calidez suficiente para dejarla inmóvil.
-No te vayas, no huyas de mí. Por lo menos dime ¿por qué?... ¿Qué no te gusto, no te atraigo nada?... ¿Es por alguien más? ¿Tienes algún problema? Dime.
Nakuru miró a sus ojos y se pronto se dio cuenta de que eran hermosos. Su mirada era tierna pero a la vez apasionada, aunque ahora parecía suplicante. Eso la conmovió y le surgió la necesidad de contarle el porqué no podían estar juntos.
-Touya… yo no quiero sufrir, ya no quiero.
-Yo no quiero lastimarte. Te juro que lo que te digo es enserio. Dame la oportunidad de demostrarte cuánto me importas.
-N…no- dijo Nakuru, aunque por un momento le iba a responder lo contrario; pero no podía haber dicho eso, su corazón ya estaba demasiado herido para poder volver a amar.
-Es por alguien más ¿verdad?...- dijo con una decepción- Vaya, debe ser un sujeto muy afortunado.
-No es eso. No exactamente…- respondió la joven y Touya la miró con curiosidad- He sufrido mucho. Siempre salgo perdiendo. En mi vida han ido y venido hombres, pero siempre termino con una decepción. Han sido tantas y tan crueles que juré que nunca más volvería a estar con otro. Todos ellos me rompieron el corazón, me destrozaron la vida- finalizó y cerró los ojos en un intento de que no la viera llorar. Pero una lágrima se deslizó por su mejilla, Touyalimpió esa lágrima.
El joven intentó buscar las palabras correctas para reconfortarla, pero no pudo. Se sentía miserable. Sujetos como él, hacían sufrir a chicas como ella. Se preguntó a cuantas chicas él había hecho sentir así. También se sintió furioso, si alguna vez llegaba a encontrar a alguno de los tipos que habían hecho llorar a Nakuru, los mataría a golpes, porque nadie se mete con la mujer a la que más quería.
-Lo siento Touya, pero es por eso que no quiero saber nada de los hombres… Por favor no me vuelvas a buscar- finalizó y se puso de pie. Atravesó el lugar rápidamente y con la cabeza agachada para que nadie notara que lloraba.
Touya dudó por un momento, pero también se puso de pie y la alcanzó. La encontró en un rincón de la recepción. Estaba apoyada en la pared con los ojos cerrados, estaba intentando calmarse. En ese momento entendió tantas cosas sobre ella, el porqué era así y se lamentó, si la hubiera conocido unos años atrás seguramente hubieran sido muy felices. Pero lástima, el "hubiera" no existe.
Permaneció unos minutos viéndola. Pensaba en tantas cosas, pero por fin se decidió y se acercó a ella.
-Has sufrido mucho. Sé que tienes miedo- le dijo y ella lo miró- yo también lo tengo. Jamás me había sentido así y no sé qué hacer.
-Touya, por favor. Ya sabes mis razones. No insistas. Vete, por favor.
-Sé tus razones, y si quieres ya no insistiré. Pero no me pidas que me aleje de ti. Ahora, más que antes, siento la necesidad de estar contigo. Déjame estar contigo, aunque no sea como yo quiero… Yo te necesito, ya no puedo estar sin ti; me conformaría con un poquito de ti… por lo menos déjame ser tu amigo.
Nakuru lo miró y asintió levemente- Sólo no esperes nada de mí- dibujó una leve sonrisa. Touya también sonrió, pues nunca había visto que ella lo hiciera. Y le pereció que se veía aún más linda cuando lo hacía.
Permanecieron así unos momentos, mirándose. De pronto ella desvió la mirada y volteó hacia una de las mesas. Se aproximó un poco más, pero siempre oculta en la recepción. Se ocultó tras una pared y miró hacia una mesa en específico y preguntó en voz alta.
-¿Qué haces aquí?- parecía que hablaba sola, pero Touya se paro tras ella. También oculto.
-¿Qué estamos viendo?- preguntó como si estuvieran jugando al escondite.
-A esa… tipa- respondió Nakuru muy seria y con un poco de molestia.
Touya volteó hacia el lugar que indicaba la joven. Era una mesa donde se encontraba una mujer, evidentemente extrajera, su cabellera rubia y sus rasgos la delataban. Quizás es europea, pensó Touya. Le llamó la atención que era una mujer bella, pero no tanto como Nakuru, ya ninguna era más bella que ella.
Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue que él conocía perfectamente a esa clase de mujer. ¿Cómo definirla sin ser despectivo?, pues son ese tipo de mujeres con las que compartes una noche y a ella no lo molesta que la uses de ese modo, es más pareciera que eso les gustara. No era la clase de mujer con la que alguien cuerdo quisiera tener una relación formal. La palabra para definirla mejor quizá era: ligera.
-¿La conoces?- preguntó Touya con tal de decir algo, lo que fuera.
-¿Te interesó? – dijo Nakuru volviendo a su frialdad, que más bien parecieron celos.
-No, no lo digo por eso. Sólo que, bueno… quería saber porqué el misterio de tu parte. Además sí es bella, pero tú me lo pareces más.
-Shhh… Ya no hables que no me dejas pensar- frunció el entrecejo en seña de concentración. Luego se quitó de su improvisado escondite al igual que Touya. Se quedó pensando por un momento y luego dijo- Esto no me gusta nada.
-Si a usted no le gusta señorita Akizuki, imagínese lo que pienso yo- interrumpió con tono arrogante el Ju Zhang.
La joven lo miró, no le caía nada bien, sabía que la situación le traería problemas y se dirigió a Touya- Creo que será mejor que te vayas, hablaremos luego ¿sí?. Lo prometo- agregó cuando él la miró fijamente.
El joven asintió y le dedicó una sonrisa, pero miró al otro hombre y agregó- ¿Está todo bien? Espero que no te haya metido en problemas.
-No, tranquilo. Gracias por la charla, te veré después.- finalizó y Touya se marchó, aunque no quería hacerlo, ese sujeto no le daba confianza, pero se conformó con la promesa de que volvería a ver a Nakuru pronto.
-Parece que se estaba divirtiendo ¿no?- dijo Ju Zhang.
-Es algo que no le interesa- respondió fríamente Nakuru y comenzó a caminar hacia la oficina.
-Me interesa desde el momento en que usted está perdiendo el tiempo en lugar de trabajar- expresó el hombre mientras la seguía- Además me sorprende que una mujer tan atractiva como usted esté con un muchachito como ese… Creo que usted más bien necesita a un hombre real que…
-¡Cállese! – lo interrumpió y se detuvo a verlo cuando llegó a la puerta de la oficina- Yo dedico todo mi tiempo a estar aquí trabajando, no que usted viene cada vez que se le pega la gana y sólo lo hace para fastidiar. Tengo derecho a platicar durante unos momentos con quien yo quiera. Además no insulte a Touya, ya quisiera usted ser la mitad de hombre que es él- finalizó y entró a la oficina azotando la puerta.
Vaya vaya… sí tiene su carácter. Bueno tengo que deshacerme de ella lo más pronto posible… Lo cual es una lástima, ya no podré ver su bella figura paseándose por aquí. Quizás antes de que se vaya pueda pasar un buen rato con ella- pensó Zhang. Aunque también tenía que ocuparse de otros asuntos. Su plan avanzaba cada vez más y cuando menos se dieran cuenta, él tendría todo. Lo que más deseaba era ver derrotados a Li y Hiragizawa.
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Li Syaoran llegó a su viejo hogar, cosa que debió haber hecho desde la noche anterior, pero sus planes se habían salido de control. Recordó la razón por la que no había llegado a casa. Recordó a Sakura, el encuentro que tuvieron, los abrazos, sus besos, las caricias, su piel… toda ella. Intentó dejar de lado esos pensamientos, no era el momento para pensar en ello. Por un instante se imaginó la cara que pondría su madre si notaba su estado de ánimo o las preguntas que haría su hijo cuando también se diera cuenta.
Había sido infiel, después de 5 años de matrimonio, le había sido infiel a su esposa. Pero era optimista, no tenía porque haber reproches, estaba más que claro que no amaba a Meiling y ella lo sabía muy bien. Aunque sabía que cuando le pidiera el divorcio ella estallaría, se pondría furiosa y lo peor sería cuando se enterara de que todo es por un amorío con Sakura Kinomoto.
Todo aquello le preocupaba, pero lo que realmente le angustiaba era la reacción de Hien, su hijo. Se preguntaba cómo le explicaría que él y su madre se separarían, que ya no serían más una familia, que seguramente tendría que vivir sólo con uno de ellos, que su padre tenía a otra mujer y que no podía perderla. Cómo haría aquello, ¿cómo?
Finalmente Hien era un niño, quería mucho a su madre, a pesar de todo. Además Syaoran sabía muy bien lo que significaba para un niño ver cómo tu familia se desintegra. No quería ver sufrir a su hijo, pero si él le pedía que no dejaran de ser una familia ¿podría negarse?
Entró a la casa, y lo primero que vio fue a Hien con su abuela. Parece que él estaba haciendo unos dibujos mientras Ieran lo observaba. Inmediatamente que vio a su padre, Hien saltó a sus brazos.
-¡Papá!- dijo con alegría.
-¿Cómo esta mi muchacho?- expresó Syaoran.
-Se ha portado muy bien- dijo Ieran- Incluso estos días que ha venido a visitar el señor Kinomoto y… ayer que vino Sakura.
A Syaoran le dio un vuelco el corazón al oír su nombre, pero intentó no mostrar ninguna reacción- Claro, mi pequeño es muy buen chico, siempre se porta excelente ¿verdad Hien?
-Sí papá- respondió el niño y se bajo de los brazos de su padre para guiarlo a la sala- Mira papá, lo que dibujé.
Le mostró todos los dibujos que había hecho mientras Ieran iba a preparar un poco de té para su hijo.
-Mira – le mostró el dibujo de algo que parecía su casa de Hong Kong, luego otro de lo que parecía un perro y uno más que le llamó mucho la atención a Syaoran, era un dibujo de la familia: Hien, Meiling, Ieran, Eriol (quien Hien lo conocía como su tío) y el mismo Syaoran. Todos ellos, hechos con los trazos irregulares de unos colores de cera que eran sujetados por un niño de 5 años.
-Es muy lindo…-Syaoran no sabía qué decir, era evidente que a Hien le gustaba mucho su familia. Ahora sí le remordió la conciencia por querer destruir las ilusiones del pequeño diciéndole que esa familia ya no existiría más.
-Pero está incompleto- dijo Hien.
-¿Qué le falta?
-Le falta… un hermanito- dijo Hien con inocencia- quiero tener un hermanito papá… ¿puedo tener un hermanito?... Anda, dile a mi mamá que me den un hermanito.
Ahora sí, Syaoran se sentía fatal. Cómo le diría a su hijo que no. Que no habría ni hermanito ni más familia. Se sentía miserable por no poder darle a Hien lo que pedía. Nunca le había pedido aquello y por eso nunca había preparado una respuesta-… Pues…- dudó- es que ahora no se puede hijo.
-¿Por qué?- preguntó Hien.
-…pues… tu mamá y yo ahora no podemos tener más hijos.
-¿Por qué?
-No, es algo que se debe hacer cuando los papás se quieren mucho.
-¿No quieres a mi mamá?
-Sí, pero en este momento nos es imposible tener más hijos
-¿Por qué? ¿De dónde los sacan?
Syaoran se estaba enredando más y más en la conversación-… Pues… mira…cuando seas más grande te lo explicaré… Ahora sólo confórmate con saber que no se pude.
-Pero papá…- respondió Hien.
-No le hagas un berrinche a tu padre, él sabe porque dice las cosas- interrumpió Ieran y su hijo agradeció profundamente que lo hiciera. Le sirvió una taza de té y Hien se fue a jugar con los viejos juguetes de su padre, adoraba jugar con ellos.
-Gracias madre- dijo Syaoran después de beber el primer sorbo- Ya no sabía qué responderle.
-No te preocupes hijo. Sé cómo manejar esta situación. Cuando Hien te preguntó, parece que te vi a ti a su edad diciendo lo mismo- suspiró- Una navidad me preguntaste si podías pedir como regalo un hermanito y cuando te dije que eso no se podía me preguntaste de dónde venían los bebés.
-¿De verdad?- Syaoran sonrió al imaginarse la escena.
-Sí, intenté responderte pero no pude. Fue tu padre quien te dijo que cuando crecieras te lo explicaría- agregó Ieran y al mencionar a su difunto esposo, el silencio invadió la habitación- No cabe duda que te pareces mucho a él.
-Mamá… no quiero hablar de eso ¿sí?- sentenció el joven chino- No me gusta hablar de ese hombre. Y menos me gusta que me comparen con él.
Ieran recordó lo que le había contado a Sakura la noche anterior y pensó en que debía saberlo también Syaoran, él mas que nadie tenía derecho a saberlo. Cuando Ieran iba a comenzar a hablar, se detuvo al imaginarse la reacción de su hijo. Le había mentido por 18 años… lo más seguro es que la odiaría y no podía permitirse perder lo único que le quedaba de su amado Hien. Así que cambió de tema.
-Ayer vino la señorita Kinomoto… estuvimos platicando un buen rato.
-¿En serio?- dijo Syaoran fingiendo que no le interesaba, pero todo lo que tenía que ver con la ojiverde le importaba y mucho- ¿y qué te dice?- preguntó distraídamente.
-Bueno está con sus planes de boda, pero en realidad hablamos de ti y de la relación que tenían ustedes… Relación de amigos, claro. Pero no me quiso decir porqué ustedes se pelearon.
-Ya te dije madre, no fue nada- dijo Syaoran- Bueno sí fue algo grave, pero ya todo se arregló, en parte gracias a ti. Y ¿adivina qué?... ahora nos amamos, pensó el joven y suspiró.
-Ay querido. Cómo me hubiera gustado que ella fuera tu esposa. Las cosas serían tan diferentes.
-¿Enserio?...Bueno, no lo sé. Me pregunto qué pasaría si eso pasara ahora- comentó el joven.
-Oh no… Eso es imposible, ustedes están comprometidos. Además eran sólo amigos ¿no?- preguntó Ieran, y con el comentario de su hijo supo que él sentía algo por su amiga.
-Claro. Pero ¿qué pensarías si yo buscara a otra mujer? Si me divorciara y…
-¡No!- saltó Ieran- Desde luego que no. Tú sabes muy bien que no puedes dejar a Meiling, eso implicaría perder a Hien y eso no te lo permito.
-Madre, sabes muy bien que no la amo…
-Sí, pero yo te lo advertí cuando decidiste casarte con ella. El matrimonio no es un juego y te dije que si lo hacías ya no podías retroceder.
-Ay mamá, me lo dices tú que te divorciaste de mi padre…
-¡Nunca nos divorciamos!...-interrumpió Ieran.
-¿Qué?- preguntó Syaoran.
-Sólo nos separamos, pero nunca nos divorciamos- Ieran buscó el valor para decirle lo demás pero en ese momento su hijo la interrumpió.
-¿Sabes qué? Ya no importa. Ni siquiera quiero saberlo –dijo un tanto molesto- Ya veo… con razón sufrías tanto por él. Seguramente te aferrabas a él, cuando ni siquiera le importábamos.
-Hijo…
-Bueno, no importa. No quiero escuchar nada de ese hombre. Por favor.
Ieran asintió. Quería decirle todo a su hijo pero no podía. Además él no quería escuchar.
Por su parte, Syaoran en lugar de pensar en la revelación que había hecho su madre, se preocupó más porqué ella no quería que se divorciara de Meiling. Ay cuando sepas lo mío con Sakura no sé si te alegres o te enfades conmigo…¿Qué debo hacer?...
-o-o-o-o-o-
Estaba sumamente pensativo. ¿Decirle o no decirle?... qué dilema. Amaba a Tomoyo y no quería perderla, pero las circunstancias se complicaban. Sin embargo, Eriol aún no sabía que se pondrían peor. Entró en la oficina y vio a Nakuru. La notó algo pensativa.
-Hey….. ¿Qué te pasa?... Estás como en la luna- le dijo.
-Ah… ¿qué?- respondió la joven- Lo siento es que estaba pensando.
-¿Ah sí?... ¿En qué?
-Crees que alguien cuando se conoce a alguien "especial", pueda cambiar.
-Claro… mírame a mí. Estoy con Tomoyo, la amó y todo lo que fui antes se ha borrado. Pero ¿por qué lo dices?- preguntó Eriol, y Nakuru dibujó una sonrisa nerviosa pero soñadora a la vez- Ah ya sé… es por alguien verdad… Sí, lo sabía un día te ibas a enamorar… y dime ¿quién es?
-No estoy enamorada de nadie. Sólo que un chico es muy insistente, pero él es un mujeriego y sólo me surgió la duda si alguien puede cambiar.
-Sí claro- dijo Eriol en tono sarcástico- pero ¿quién es?... Tal vez yo averigüe bien y cuando menos te des cuenta… ¡Bam!... ya serán novios.
-No…- dijo Nakuru- Pero bueno, tú lo conoces… es Touya Kinomoto.
- ¡¿Qué?!...¡No! Definitivamente no, ese tipo es de lo peor. No, yo no autorizo esa relación.
Nakuru rió para sus adentros. Ahora resultaba que tenía que pedirle permiso para salir con alguien. De pronto recordó lo que había hablado con el propio Touya. Eriol era su hermano, y él no lo sabía. Tenía mucho que no pensaba en eso y contárselo a Touya había revivido el tema. También el hecho que su hermano menor le prohibiera salir con Kinomoto era una situación que le provocaba una ternura, su hermanito la protegía. Era una situación adorable.
Nakuru estaba muy divertida con eso, pero recordó que tenía que decirle algo muy importante a Eriol- Por cierto, hay algo que tienes que saber.
-Con que no sea nada relacionado con Kinomoto…-dijo Eriol cruzándose de brazos.
-No. Es algo muy serio y no tiene nada que ver con él. Lo que sucede es que… ella está aquí.
-¿Ella? ¿Quién?
-Tu "amiguita", la inglesa. Marielle- dijo Nakuru y vio la expresión de Eriol, parecía que le había dicho que había visto un fantasma.
Para Eriol sí era un fantasma, uno terrible, era un fantasma de su pasado- ¿Es una broma ¿verdad?- preguntó pero Nakuru negó con la cabeza- ¿Estuvo aquí? ¿La viste?
-Hace rato la vi en una de las mesas del restaurante. Yo creo que te estaba buscando.
Eriol Hiragizawa estaba apunto de dar un grito al cielo. Era lo que le faltaba. No sólo bastaba con tener la duda de decirle todo a Tomoyo, ahora se presentaba en Tokyo una de sus viejas amigas de ocasión. Marielle no era cualquiera, ella era una mujer que había conocido en Inglaterra desde hacía ya algunos años. De hecho había sido la primer mujer con la que había tenido intimidad. Con el paso de los años él había aprendido a conocerla bien.
Eriol había conocido a muchas mujeres, pero a veces, cuando no tenía una nueva conquista, regresaba con Marielle, era un pésimo hábito que tenía. La pasaba muy bien con ella, pero eso ya había quedado en el pasado. Él le había pedido que se alejara, cuando en una ocasión, después de haber estado con ella; la mujer le había confesado que se estaba enamorando de él, por supuesto Eriol no lo creía. Y nunca lo aceptaría
-Lo siento preciosa, la pasamos bien. Finjamos que no dijiste eso. Y volvamos a lo nuestro- le había dicho, pero Marielle parecía estar muy obsesionada con él.
Para Eriol era obvio, una mujer insistiera con un hombre con quien tiene intimidad cada vez que se presenta la situación y con quien podría tener una relación muy abierta. Pero él no tenía un pelo de tonto, eso era algo totalmente absurdo para él. Por lo que los meses siguientes había huido de ella, se escondió en China y lo encontró (lo peor había sido que no pudo evitar caer en sus brazos nuevamente) y ahora ya estaba en Japón, ella arruinaría todo, pondría las cosas peor de lo que estaban.
-o-o-o-o-o-
Sakura estaba feliz por que su jornada de trabajo había terminado, tenía la ilusión de ver a Syaoran. Todo el día había pasado pensando en él. Cuando estaba saliendo del restaurante sintió que una mano masculina le tapó los ojos amistosamente.
Syaoran- pensó y dijo en voz alta con una sonrisa- Mi amor- se dio la media vuelta y se sorprendió al encontrarse con el rostro de Yukito. Su sonrisa se borró en el momento.
-Hola- dijo el joven pero al ver el rostro de su novia agregó- ¿Qué sucede?
-Nada, sólo que no esperaba encontrarte por aquí.
-Bueno había cubierto muchas horas en el hospital y hoy por fin pude zafarme más temprano; así que aquí me tienes. Vamos, te acompañaré a casa.
Ambos caminaron mientras Yukito le hablaba sobre los planes de boda. Él se estaba encargando de todo, le decía todo lo que ya estaba hecho y lo que faltaba. Pero ella no le prestaba mucha atención, en realidad sólo pensaba en la mejor forma de decirle que ya no quería casarse con él. Durante todo el trayecto permaneció en silencio, y cuando llegaron a la puerta del edificio en el que vivía por fin salió de sus pensamientos.
-…en un par de semanas- sólo pudo oír que decía Yukito.
-¿Ah?... perdón ¿qué dijiste?- preguntó ella.
-Que todo está casi listo, si tú quieres nos podremos casar en un par de semanas.
-Yukito, creo que es muy pronto.
-Bueno si tú prefieres podemos aplazarlo para dentro de uno o dos meses.
-No Yukito…- se sentía nerviosa- es que, bueno… ahora tengo mucho trabajo y ya sabes que acabo de empezar y quiero dedicarme al 100% a eso. Creo que la boda debe esperar aun más- Sakura terminó, pero se sentía mal, no había tenido el valor de terminar con él.
-Ya veo. Bueno, se hará como tú quieras- expresó Yukito con una leve decepción- Supongo que ahora estás muy cansada, así que mejor ya me voy.
Se dio la media vuelta y se marchó, sin intentar darle un beso de despedida ni nada.
Luego llegó a su casa y comenzó a pensar en la situación. Yukito Tsukishiro había aprendido a conocer muy bien a Sakura durante sus años de pareja. Unas semanas antes la había notado estresada por el regreso de Li, pero ahora había notado algo diferente, parecía que esa parte de ella que le había faltado tantos años había regresado y él ya sabía porqué.
Ay Sakura, seguramente tú y Li se han reconciliado. No me lo quisiste decir. Lo más probable es que Touya te haya dicho algo y tú no quieres hacerme daño. No cabe duda que eres muy noble, por eso te amo tanto. Y ahora, aunque me duela sé que Li cuidará de ti cuando yo no esté. Sólo espero que lo haga bien, porque él está casado y si te hace daño yo…- Yukito interrumpió su monólogo interno cuando comenzó a alterarse con la sola idea de pensar en su novia sufriendo. Se apoyó en una pared, pidió con todas sus fuerzas resistir pero no pudo, perdió el conocimiento y quedó tendido en el piso de su departamento.
-o-o-o-o-o-
Meiling estaba furiosa. No sólo por lo que le habían dicho, también se sentía así consigo misma.
Ese día había sido como casi todos lo que llevaba en ese país. Había salido a hacer lo que para ella era su mayor pasatiempo: hacer compras. Desde siempre había sido así, era algo que le gustaba mucho hacer y lo mejor era que su marido no tenía ningún inconveniente de que lo hiciera. Al contrario, parecía que le gustaba que se mantuviera entretenida con algo. Cuando había llegado al hotel, poco antes del anochecer, estaba dispuesta a pasar el resto del día descansando. Pero al entrar en su habitación las cosas cambiaron.
-Vaya, pensé que jamás llegarías- le había dicho la voz masculina de Ju.
Ella había dado un brinco por la sorpresa y dijo- ¿Qué haces aquí?... ¡Fuera!
Él se acercó a ella y la miró con esa expresión que ella conocía muy bien. Después ocurrió lo que la mayoría de las veces pasaba cuando estaban a solas. Sin decir una palabra, la había llevado al lecho y la había hecho suya.
Siempre que ocurría eso, Meiling se sentía culpable. Pensó en los adictos que se juran una y otra vez que no lo volverán a hacerlo, pero al final no pueden con la tentación y ceden. Así se había convertido todo, en una tentación, un placer culposo.
Ella amaba a Syaoran, siempre había sido así. Cuando niños, a ella le gustaba mucho y después de que se había marchado, había hecho hasta lo imposible para seguir en contacto con él o por lo menos sacarle información a su tío Hien Li. Años después, cuando Syaoran había regresado a China, Meiling supo que era su oportunidad. Sin embargo, él siempre la evitaba, parecía que no le interesaba nada en la vida. Ella tenía una vaga idea de porqué. En una ocasión, cuando estaba recién llegado de Japón, había escuchado que su madre le preguntaba por una tal Sakura Kinomoto, quizá esa chica era la razón de tantas cosas.
Cuando ya estaba desistiendo de su idea de que Syaoran fuera para ella, alguien la convenció de ser parte de un plan. Ju Zhang le había propuesto un plan en el que los dos saldrían ganando. El asunto era muy simple, ella sólo tenía que buscar la forma de tener un hijo, le diría a Syaoran que el padre no había querido responsabilizarse y él, conociendo sus debilidades, se haría responsable de la criatura. Así se alejaría del restaurante y Zhang sería el dueño de todo.
El plan era brillante, aunque un tanto siniestro, como el hombre que lo había diseñado. Meiling lo conocía muy bien, desde antes que supiera que Syaoran regresaría a Hong Kong, ellos ya se entendían en muchos aspectos. Aunque en esa época no había tantos remordimientos como ahora.
¿Remordimientos? –pensó- ¿Cómo puede haber remordimientos? Tú sabes muy bien que a Syaoran no le importas. Él no te mira como mujer, no te toca. Ni siquiera cuando sabe perfectamente que lo deseas, y para ti es horrible tener a semejante hombre a tu lado y ni siquiera poder besarlo. ¿Qué más puedes hacer?... tienes que buscar en otro lugar lo que quieres, tienes que desquitar esas ganas en otro lugar. Tú también tienes necesidades.
Eso era muy cierto, pero ¿y lo demás?. Si bien a Syaoran no le importaría descubrir que su esposa lo engaña, ni siquiera si es con uno de sus hombres de confianza; ¿qué pasaría si supiera lo demás?. Si supiera que no sólo lo engañaban con eso, sino que también habían sido cómplices en un plan para que ellos manejaran su vida a su antojo. Si supiera que el pequeño Hien no era producto de un accidente con un tipo irresponsable, sino que era parte de algo más grande, una farsa que lo ataría a una mujer que no amaba.
A la joven china se le erizó la piel al pensar en eso. Algunas veces tenía pesadillas en las que Syaoran descubría la verdad, eran sueños horribles. Y también tenía la preocupación de Hien, ella lo quería, por supuesto, y no era solamente porque gracias a él había desposado a Syaoran; sino que era su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre; pero a veces pensaba en que se parecía un poco a su padre, su verdadero padre. Si bien Hien era físicamente idéntico a ella (lo cual era una suerte), y el pequeño había adoptado muchas conductas de Syaoran, nada le quitaba que fuera tan listo como su padre. Eso a veces le asustaba, pues temía que esa astucia se mal encaminara y terminara siendo tan siniestro como su padre.
Pensó que cuando Hien creciera se podría parecer a él, y eso no le gustaba. Su padre era un traidor, un mentiroso, un manipulador, un ambicioso, en pocas palabras era malvado. Meiling temía que si alguna vez Hien supiera la verdad, le reclamaría por haberle conseguido un padre biológico tan malo. Pero era una suerte que Syaoran fueran tan bueno y que fuera un excelente padre, quizás eso la salvaría.
Meiling reflexionaba todo aquello mientras se recuperaba de su encuentro con Ju Zhang. En realidad, él no le gustaba tanto, no tenía corazón, aunque su corazón no era la parte de su cuerpo que más le interesaba.
Pero, no se recuperaba de lo que habían hecho. Sino de lo que le había dicho después.
-Vaya, como se nota que ese tonto de Li no se atreve a nada contigo- le decía mientras se vestía.
-No lo insultes.
-Como sea. De hecho yo vine a decirte algo sobre él – el comentario despertó el interés de la china.- Creo que deberías vigilarlo más de cerca
-¿Por qué?
-El otro día escuché que estaba diciéndole al tonto inglesito que él había sentido algo por Kinomoto, que como has de saber actualmente está trabajando en la cocina del restaurante. Yo diría que tu maridito está confundido por ella. Será mejor que no le pierdas la pista.
-¿Y desde cuándo tú te interesas por mi matrimonio?
-No me interesa, pero no se te ocurra perderlo si lo haces todo lo que hemos planeado se irá a la basura. A mí me conviene que ande en la luna por una mujer, pero no quiero que esto se salga de nuestro control. Además lo que más me gusta es ver a Li sufriendo y yo sé que contigo no es feliz.
Meiling odiaba que hablara tan mal de Syaoran, pero no podía hacer nada al respecto, ella estaba a merced de Ju, él sabía cosas que podían terminar por hundirla.
-¿Y qué te hace pensar que irá con esa mujer? No tiene categoría, es una mujer común y corriente… yo soy mejor que ella.
-¿Bromeas? Esa mujer es hermosa. Ni siquiera tu tonto esposo podría pasar por alto su belleza. Tú no te puedes comparar con semejante mujer- eso hizo enojar a Meiling- Yo mismo estaría dispuesto a intentar algo con esa Kinomoto para que ella me…- la joven china no le dejó terminar la frase porque lo abofeteó, el hombre se molestó y la sujetó fuertemente de las muñecas- ¡No vuelvas a tocarme de esa manera! ¿Eh?... O te juro que tu esposo y tu hijo la pagaran caro.- dijo y la soltó luego se encaminó a la puerta.
-¡También es tu hijo!, ¡maldito!- le gritó al borde del llanto mientras se frotaba las manos del dolor que sentía.
-Jum… Lo siento, pero yo no tengo hijos- finalizó y se marchó.
Después se había quedado llorando hasta que oscureció. Luego se había puesto a pensar en lo ocurrido, en si era verdad lo de Kinomoto, en Syaoran, en Hien, en tantas cosas.
-o-o-o-o-o-
Fujitaka miró por la ventana de su casa. Estaba preocupado, ya se hacia tarde y su hijo no regresaba. En realidad, ya llevaba varios días con esos hábitos extraños. Se iba todo casi todo el día y si estaba en casa se la pasaba encerrado en su habitación. La actitud de Touya.
Además quería platicar con él sobre algo que llevaba dándole vueltas en la cabeza todo el día. Había sido desde la llamada de Sonomi y había sido más evidente después de que se vieron.
Entonces vio aparecer a su primogénito en la entrada de la casa. Abrió la puerta y entró rápidamente, sin ni siquiera notar que su padre estaba observándolo.
-Buenas noches hijo- dijo el señor Kinomoto.
-Ah, hola papá- respondió Touya de una manera distraída. Luego estaba apunto de irse a su habitación cuando su padre lo detuvo.
-Espera hijo, ¿por qué tanta prisa?
-Lo siento es que estoy un poco cansado.
-¿De qué?... ¿Qué tanto has estado haciendo estos días?. Ven, vamos a platicar un poco- dijo y se sentó un la sala.
-Papá, es que yo…- Touya se interrumpió cuando vio la expresión de su padre. En ese momento no quería conversar pero no podía decirle no a su padre. Se sentó en la sala, dio un suspiro y agregó- ¿ y de qué quieres hablar?
-He notado que tu actitud ha cambiado últimamente y eso me preocupa.
-Momento… ¿De qué se trata todo esto?- preguntó un tanto alterado- ¿Por qué hasta ahora te preocupa lo que yo haga? Digo, hasta donde yo recuerdo jamás te han interesado mis problemas. Ni siquiera me dijiste nada cuando decidí dejar la escuela. ¿Por qué ahora lo preguntas? ¿Acaso tienes un remordimiento o qué?...
-Sabes muy bien que yo no he hecho otra cosa que vivir por y para ti y tu hermana. Además tú fuiste el que jamás permitió que yo me acercara a ti, pusiste una barrera desde que…desde que tu madre murió.
Touya se molestó al oír eso y se puso de pie. No deberías alejarte de ellos. Deberías apreciar que tú sí tienes a tu familia a tu lado dijo la voz de Nakuru en su cabeza y por un momento dudó en irse. Se quedó parado a espaldas de su padre.
-Hijo, no eres el único que sufre por eso… Yo también he sufrido y mucho, pero aunque nos duela la vida debe seguir.
-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó volteándose hacia él.
-Que no podemos detener nuestras vidas. Hijo… lo he estado pensando mucho y…quiero rehacer mi vida, con otra mujer – finalizó Fujitaka.
-¿Qué? …Papá… ¿Cómo te atreves?...- se dio la media vuelta y se fue hecho una furia.
Fujitaka Kinomoto se tumbó en el sofá. Le hubiera gustado hacerle entender a su hijo que él también tenida derecho a querer volver a ser feliz. Ahora que sus hijos ya estaban grandes y comenzaban a tomar su propio camino; y después de mucho tiempo, había decidido intentar tener una relación con una mujer. Él quería el apoyo de sus hijos, creyó que sí lo tendría porque ellos la conocían y la apreciaban mucho, se trataba de la mujer que durante años estuvo a su lado como su incondicional, era Sonomi Daidouji.
-o-o-o-o-o-
Sakura se había sorprendido mucho al ver Yukito cuando salió de trabajar. Pero se sorprendió aun más cuando vio a su amado Syaoran Li sentado en el suelo del pasillo, junto a la puerta de su departamento. Cuando la vio le sonrió, se acercó a ella, la abrazó y la besó.
-Te extrañé todo el día como un loco- le dijo el joven chino.
-Yo también, no hice otra cosa que no fuera pensar en ti- luego miró al suelo y vio varias bolsas- ¿qué es esto?- preguntó.
-Ah esto. Bueno, antes de venir para acá pasé a hacer unas compras porque quería prepararte de cenar- le dijo.
Luego de eso, habían entrado. Sakura se había sorprendido más cuando vio todo el lugar reluciente de limpio. Syaoran le dijo que lo había hecho en la mañana antes de salir. Y le pidió que descansara mientras él le preparaba los alimentos.
Mientras tanto, Sakura permanecía sentada en el sofá. Pensaba cómo le diría a Syaoran sobre la situación de Yukito. Cómo tomaría las cosas.
-Listo- dijo Syaoran y se acercó a Sakura con plato que olía delicioso- Esto es para mi princesa- agregó y le dio a probar lo que le había preparado con tanto cariño.
-Mmmmm… Delicioso…- dijo Sakura una vez que lo probó- No cabe duda que eres el mejor cocinero. Pero amor, no es justo que me consientas tanto, déjame a mí también hacer algo para ti.
- Bueno, es que te la pasas gran parte del día trabajando para el ogro de tu jefe- rió- Y cuando estás aquí estás muy cansada. Además, sólo quiero tratar a mi princesa como se merece y darle todo lo que no le di en tantos años- dijo con una sonrisa mientras veía cómo ella terminaba de comer todo lo que le cocinó- Pero si insistes tanto, si quieres te puedes encargar del postre- agregó con una sonrisa.
-Claro. ¿Qué trajiste para el postre?
-En realidad, nada. Pero ya tenía planeado algo especial para el postre- finalizó Syaoran mientras le tomaba el plato de las manos de Sakura y lo ponía en la mesita del teléfono. Luego la tomó entre sus brazos y la llevó cargando a la habitación.
Cuando Sakura estaba de esa forma con Syaoran no podía pensar en otra cosa que no fuera él. Sólo pensaba en sus caricias, en sus besos, en su cuerpo contra el suyo y el calor que le brindaba. Cuando estaban así, de lo único que era consiente era de lo mucho que lo amaba, lo mucho que nunca lo dejó de amar. En ese momento no existían los problemas, no existía nada más que no fueran ellos.
- Te amo Sakura – expresó Syaoran momentos después.
-Yo también Syaoran- respondió Sakura mientras se acomodaba entre sus brazos para dormir. Sin embargo, ella no lograba conciliar el sueño y pasó largo rato sin poder pegar lo ojos tan sólo por pensar en tod la situación con Yukito.
Y aunque él dormía y por momentos despertaba al sentirla inquieta, se decidió a preguntarle algo somnoliento -¿Qué pasa?.
-Nada, sigue descansando.
-Es difícil hacerlo si siento que no estás a gusto – se incorporó un poco –Anda, dime qué te inquieta.
–Bueno, yo quería decirte algo. Hoy estuve platicando con mi hermano Touya y me dijo que…que Yukito está muy enfermo y me pidió que estuviera pendiente de él. Por lo que ahora no puedo alterarlo diciéndole que terminemos.
-¿Qué?- preguntó Syaoran ya más despierto- Quieres decir que no vas a terminar con él por eso.
-Sólo digo que hay que ver qué pasa.
-Claro- dijo el chino incorporándose más- "Ver qué pasa", y ¿cuánto tiempo pasara?... unos días, semanas, meses, años… ¡Sakura, por todos los dioses, hicimos el amor esta noche y tú me vienes con que no quieres terminar con tu novio! ¿De qué se trata todo esto?
-No. Es sólo que es un momento muy difícil para decírselo. Hay que esperar. Además qué me dices tú, si dijiste que esperarías un poco para divorciarte…- Sakura se sintió terrible al terminar con la atmósfera romántica tan repentinamente e intentó enmendar el error.
-Sí, pero es diferente. Es un matrimonio, las cosas se tienen que hacer así.
-Mira, no hay que adelantarnos a los acontecimientos. El tiempo ordenará todo. Lo importante ahora es que nos amamos y nada más ¿sí?- concluyó con ojos suplicantes.
Syaoran la miró, lo que menos quería era tener una discusión con ella. No podía ser tan egoísta y exigirle que dejara a su novio inmediatamente, mientras él no encontraba el valor de enfrentarse a su esposa- Tienes razón, veremos qué pasa. Mejor durmamos un poco- la besó y la acomodó entre sus brazos, después de un pequeño silencio agregó.-…Sakura.
-Dime- contestó la joven ya casi dormida.
-Prométeme que terminarás con Tsukishiro en cuanto puedas- hubo un breve silencio. Syaoran lo interpretó como si la joven ya estuviera dormida.
-Sí Syaoran- dijo Sakura, en realidad esa promesa le había quitado el sueño.
Lo haré Syaoran. Lo haré porque te amo demasiado. Aunque aún no sepa ni cómo ni cuándo, pero lo haré…
Continuará…
Aquí vamos otra vez. En este punto de la historia debo admitir que mi maldad está mega desatada PERO aún no llega a su máximo límite. Y como dije al principio yo no sé qué pensaba cuando escribí este fic por primera vez y, más aún, cómo le hacía para escribir tanta cosa en tan poco tiempo. ¡Bendita juventud!
Bien, apenas vienen las complicaciones para todos nuestros personajes. Se viene difícil para todos, especialmente para nuestros protagonistas que no dejarán de pagar las consecuencias de ser tan arrebatados en su pasado.
Muchas gracias por seguir esta historia, por sus comentarios y paciencia. Espero no estar causándoles daños psicológicos muy graves. Los quiero y espero leerlos pronto.
