Hola, hola. Ya casi termina este caótico 2020 y no quería terminar el año sin una actualización. Ésta ya tenía rato que la debía y para mí, como siempre es un gusto compartirles este fic que ya tiene sus añitos y nomás se resiste a que lo siga publicando.

Pero bueno, espero que les agrade este capítulo cargado de emociones.


Capítulo XIII
Decepciones

En su cabeza retumbaban las palabras que le había dicho a Syaoran. Había hecho una promesa y tenía que cumplir. Le tenía que cumplir esa promesa a su... ¿novio?, ¿amigo?. En realidad no importaba la relación que llevaban sino lo que sentía por él.

Esa mañana parecía que él ya había olvidado la conversación de la noche anterior, o quizá sólo no quería decir nada porque sabía que él no estaba en condiciones de reclamar o exigir algo.

Además, ya en ese momento estaban concentrados en otros asuntos. Sakura le había dado a Syaoran una llave extra del departamento para que él entrara y saliera como quisiera. Él por su parte sugirió que podría llevar ropa y otros objetos para que no tuviera problemas.

-Así no se darán cuenta que no paso la noche ni en el hotel ni en casa de mi madre- dijo- Si un día se dan cuenta que estoy con la misma ropa del día anterior sospecharían.

-Pero, ¿no se darán cuenta de que estás aquí? Digo, desapareces y nadie dice nada.

-Meiling sabe perfectamente que yo estaré donde esté Hien y él está en casa de mi madre. Y ella, bueno le diré que no quiero estar en esa casa porque me es complicado ir allá todos los días y además me trae "malos recuerdos". No creo que me descubra. Jamás se enteró de que me salía de casa por las noches para vernos en el árbol y eso que éramos niños.

-Pero si ellas hablaran y se dieran cuenta de que no cuadra tu historia.

-No lo harán, ellas no se soportan y entre menos se dirijan la palabra mejor.

Esas palabras tranquilizaron de momento a la ojiverde, pero nada le quitaba la idea, más bien el presentimiento de que las cosas no estaban bien. Quizá tenía algo que ver con un conflicto interno entre la forma en la que había sido educada contra la forma en que se estaba dando la relación con Syaoran. Ella no había sido educada para salir con un hombre casado, por mucho que lo quisiera o aunque tuvieron algo en el pasado, esa relación era prohibida.

De pronto recordó la conversación con Ieran Li. Según lo que le había contado, ella misma había tenido una relación a escondidas con el padre de Syaoran y que nunca habían querido decir nada hasta que las cosas se salieron de control, es decir, hasta que el propio Syaoran venía en camino.

¿Qué pasaría si la historia se repitiera y...? - Sakura se sonrojó de sólo pensarlo, aunque todo era una posibilidad. Todo. ¿Qué más podría pasar si sus vidas ya habían dado demasiados giros? Pero ahora no era momento de pensar en eso, primero tenía que solucionar su dilema.

-o-o-o-o-o-

Pasaron algunos días más y Tomoyo parecía inquieta. No paraba de pensar en Eriol, y es que de un momento a otro cambió, parecía siempre pensativo, callado, ausente.

Le preocupaba verlo así, bueno cuando lo veía, porque ellos ya casi no se veían. Él siempre estaba ocupado. Pero quizá lo que más le preocupaba era que su novio había cambiado de actitud desde ese día, ese en el que se habían reconciliado de una forma muy especial.

Especial sobre todo para ella (y quería creer que para él también). Aquella noche había tenido un poco de miedo, pero se había sentido tan feliz de recuperar a Eriol que no le importó perder la razón. Además confiaba en él, quizá muchos pensarían que era una tonta por dejarse llevar de esa manera, pero lo amaba, realmente lo amaba, como nunca pensó que podría hacerlo.

Ahora, era un día particularmente lindo para ella. Después de unos días de no ver a su novio, estarían juntos. Él la había llamado muy temprano por teléfono y le había prometido que pasarían todo el día juntos. Ella se sentía ilusionada por ello.

Eriol pasó por ella temprano. Desayunaron en casa de la señora Daidouji en medio de un incómodo silencio y de extrañas miradas que cruzaban Eriol y Sonomi. Miradas que por más que lo intentó, Tomoyo no pudo interpretar.

Después de eso, habían ido a pasear. Sólo caminaban de la mano, Eriol intentaba parecer de lo más normal pero no lograba convencer a su novia. Miraban los escaparates de las tiendas y se detuvieron en una en particular, ambos miraron con cierta ilusión a través de la vitrina de una tienda donde había vestidos de novia. Permanecieron en silencio, sólo observando.

Eriol notó que la vista de su novia se centró en un vestido hermoso. Por un breve segundo se imaginó a Tomoyo en él y no pudo evitar rodarla entre sus brazos y decirle:

-¿Te gusta ese vestido?- susurró cariñosamente en su oído- Creo que te verías preciosa en él.

-¿Lo crees? -respondió ella con un leve sonrojo. Se sintió feliz con sólo pensar en que con su comentario él daba nuevamente la intención de casarse con ella. Aunque no lo hubieran platicado de manera formal era evidente que era algo que los dos querían.

-Claro. Aunque tú te ves preciosa con cualquier ropa... Y también sin ella- agregó en voz aún más baja, mientras la estrechaba más fuerte entre sus brazos. No quería decírselo, pues creía que era algo muy atrevido, pero no pudo detener a sus pensamientos que salían por su boca - Eso no tiene nada de malo- agregó intentando reparar algún error si es que la había ofendido.

Ese comentario hizo estremecer a Tomoyo quien se puso aún más sonrojada. Creyó que era el momento más oportuno para cuestionarle sobre lo que estaba pasando entre ellos después de aquella noche. Tomó el valor suficiente y volteó a verlo a los ojos. Estaba decidida a cuestionarle su actitud.

-Eriol.

-¿Qué sucede?- preguntó mirándola.

-Bueno, yo quería decirte algo...

-¿De qué se trata?

-Últimamente te he notado un poco...- comenzó a decir pero se interrumpió cuando el teléfono móvil de Eriol comenzó a sonar. Él miró el número que apareció en la pantalla, frunció el entrecejo.

-Espera un momento- dijo a Tomoyo y ella asintió, mientras el joven se alejaba un poco de ella. Tuvo una conversación breve y en voz muy baja. Una vez que terminó regresó con ella y le dijo muy serio- Me ha surgido un problema que tengo que solucionar de manera urgente. Lo siento pero tengo que...

-No te preocupes cariño. Entiendo que eres un hombre de negocios y te pueden surgir imprevistos así- expresó ella con una sonrisa, Eriol intentó dibujar una sonrisa pero le salió muy forzada.

-Si quieres te llevo a tu departamento o a casa de tu madre.

-No, tranquilo. Yo me quedaré un rato por aquí. Quiero comprar unas cosas- se acercó a él y lo besó- Ropa y accesorios para lucir lo más linda posible para ti.

-¿Es posible que seas más linda? - dijo el joven y se volvieron a besar- Bueno tengo que irme. Te llamaré más tarde y te recompensaré esta cita ¿De acuerdo?- ella asintió.

Después vio cómo se alejaba su novio entre la gente y se dirigía a su automóvil. Ella se quedó con las ganas de preguntarle muchas cosas. Pero no pudo. Realmente ella lo entendía, sabía que él tenía negocios que resolver. Sin embargo, buscaría nuevamente la oportunidad de disolver sus dudas.

Pronto. Pronto...Pronto.

-o-o-o-o-o-

Eres un idiota- se dijo a sí mismo- Cómo fue posible que te atrevieras a...

No pudo terminar la frase dentro de su mente. Se sentía tan furioso consigo mismo. Golpeó la pared con su puño cerrado. Le dolió pero no le importó mucho. Luego miró por la ventana. La vista del atardecer desde el doceavo piso del lujoso hotel lo tranquilizó un poco.

Después de mirar unos minutos el ocaso, Eriol Hiragizawa se sentó en un sofá. Miraba hacia la nada. Sólo se maldecía a sí mismo. Y empezó a pensar en todo lo que había ocurrido ese día.

Por la mañana había estado muy contento por ir a ver a Tomoyo. Habían transcurrido algunos días sin verse. Él ponía de pretexto que tenía mucho trabajo, si bien era cierto que tenía trabajo, la mayor parte del tiempo se la pasaba sentado en el escritorio, pensando, sólo eso, pensando.

Había dos razones, en primer lugar estaba que quería esconderse de esa mujer, Marielle. Se preguntaba cómo es que lo había encontrado. No lo entendía pero en ese momento no era lo más importante. Sólo quería deshacerse de ella. No le convenía que ella hablara de los amoríos que tuvieron, incluso que tuvieron recientemente, para ser precisos poco menos de una semana antes de partir a Japón. Lamentaba todas las tonterías que había hecho con ella. Ahora su presencia podía poner el peligro la relación con Tomoyo.

Tomoyo. Ella era la otra razón. No se sentía con el valor de verla a los ojos. Simplemente no podía verla. Ella era tan linda, incluso inocente. No quería que sufriera. Y temía que se enterara de muchas cosas. Por eso se ocultaba de ella. Pero ya no aguantaba más, necesitaba verla, besarla, abrazarla... Aunque no podía decirle que él era un fraude, que ya no era más el jovencito cursi y romántico que le escribía esas cartas en su adolescencia. No, ese muchacho se había ido, fue desapareciendo poco a poco; desapareció en las camas de las muchas mujeres con las que había estado. Lo peor es que su lugar lo ocupó un sujeto que era un mujeriego, un sinvergüenza que no le importaba nada más que pasarla bien.

Ver a Tomoyo aquella mañana lo había alegrado, aunque tuvo que soportar las acusadoras miradas de Sonomi Daidouji. No le importó. Luego había sido ese momento especial. Habían estado viendo las tiendas y terminaron viendo un vestido de novia. Él ya no podía esperar el momento oportuno para pedirle a Tomoyo que fuera su esposa. Casarse e irse lejos, a donde nadie los encontrara, ni Sonomi, ni Marielle, ni nadie más que tuviera que ver con su pasado.

Pero ahora. Si antes había sentido temor y no se atrevía a ver a Tomoyo, ahora... Ahora sentía vergüenza de sí mismo.

Por razones que desconocía, Marielle había conseguido su número de celular, interrumpió su cita con Tomoyo y le exigió que se vieran o si no lo iría a buscar y no le importaría nada ni nadie. Eriol temió que se apareciera de repente y le dijera a Tomoyo la clase de hombre que era su novio.

Durante todo el trayecto repasó en su mente lo que le quería decir: ¡Aléjate de mí! ¿Qué no entiendes que no me interesas más?. No, eso es muy agresivo, quizá se molesté y haga una locura. Mejor: Escúchame, lo siento pero estoy con alguien y quiero establecerme con ella. Por favor, terminemos esto ¿sí?. No, es muy tonto decirle que hay otra mujer. Será mejor un simple: Lo siento pero lo nuestro debe terminar definitivamente.

Desafortunadamente todo lo ensayado le había salido mal. Al llegar al punto de encuentro, que "casualmente" era en una habitación tan sólo dos pisos abajo de donde él se encontraba; Marielle ya lo esperaba y no era precisamente para charlar. Extrañamente lo esperaba en el pasillo, parada en la puerta de su habitación. Inmediatamente que lo vio no lo dejó ni hablar y besó al joven inglés.

CLICK.

Él se separó, de ella y la miró con molestia.

-¿Qué te pasa? Sólo vengo a hablar contigo.

-Hablar, hablar. Qué aburrido. Mejor recordemos nuestros mejores momentos- dijo la mujer con su acento inglés. Rodeó el cuello de Eriol con sus brazos y lo besó de nuevo. Esta vez Eriol estaba desprevenido. De pronto, la parte del cuerpo que muchas veces lo dominaba y lo hacía cometer locuras, interfirió. Impulsivamente le correspondió el beso. Comenzó a sentir calor, mucho calor.

CLICK.

Sin separarse, Marielle lo guió poco a poco a la habitación. Dejando sólo uno de sus brazos en el cuello de Eriol (no quería dejarlo ir) buscó a tientas el picaporte de la puerta y logró abrirla. Fue llevando a su acompañante hacia dentro.

CLICK. CLICK. CLICK.

Una vez adentro, Eriol comenzó ese ritual que tenía con Marielle. Tenía mucho calor, pero de pronto sintió cómo Marielle le desabrochaba la camisa, ella estaba apunto de desabrocharle más abajo, pero se detuvo cuando se percató de que el joven se había quedado paralizado.

- Tranquilo Eriol- dijo Marielle y comenzó a besarle el cuello- Eso no tiene nada de malo- agregó.

De pronto recordó a Tomoyo, su imagen estaba grabada en la cabeza de Eriol. Recordó que eso él había dicho esa mañana cuando salió en la conversación el tema de su intimidad- ¡Claro es malo! Esto está mal.

Tomó a Marielle por los hombros y la miró a los ojos. Notó que su mirada era muy diferente a la de Tomoyo. Marielle tenía unos ojos azules muy bellos pero vacíos, carente de sueños, ilusiones, amor, incluso de alma. Su novia, en cambio, tenía unos ojos muy dulces, tiernos, inocentes... tanto que no se merecían llorar por él. Tomoyo no se merecía eso.

-No puedo- pronunció Eriol- No puedo hacerle esto- finalizó, se apartó de ella y salió lo más rápido que puedo de la habitación. Al llegar a la puerta aun estaba abrochándose la camisa.

Salió al pasillo y tomó aire. ¿Qué había estado a punto de hacer?

CLICK.

Era el sonido de una cámara que a una distancia prudente pero no muy lejana tomaba fotografías de toda la situación. Ya había captado a la pareja, y ahora captaba a un Eriol con la camisa a medio abrochar, desfajado, un poco despeinado y acalorado.

El inglés había corrido al ascensor sin mirar atrás. Subió dos pisos y se encerró en su habitación. Se dio una ducha (se sentía sucio). Y ahora, al pensar en todo lo ocurrido se maldecía.

Estuve a punto de caer en la tentación. Pero no volverá a ocurrir. Lo juro. Te lo juro Tomoyo. No debes saber de esto. Nunca sabrás de esto. O sino... No no no, no lo sabrás. No quiero herirte...

Y de pronto una frase le llegó repentinamente a la cabeza. Cruel pero se podía aplicar en ese momento: Ojos que no ven, corazón que no siente.

-o-o-o-o-o-

Para Sakura el tiempo siguió pasando rápidamente, pasaron días, semanas, todas sin ningún cambio en la situación. Ella, más que ningún otro momento en su vida, estaba confundida. Había hecho dos promesas a dos personas diferentes. Se encontraba en una situación terriblemente complicada.

Por un lado, le había prometido a su hermano que permanecería a lado de Yukito para cuidar de él debido a su salud. Pero por el otro lado, le había prometido a Syaoran que terminaría con él lo antes posible, ella amaba más que a nadie en el mundo al joven chino y era con él con el que quería quedarse, aunque su relación no era la más apropiada.

El punto era que no podía cumplir una promesa sin romper la otra. A menos que...

Ya había tomado una decisión. Sería firme. Claro que llevar a cabo eso representaba un cambio muy importante en su vida. También había un sacrificio, pero quizá a la larga era lo mejor.

-o-o-o-o-o-

Yukito Tsukishiro se sentía mal, pero se había esforzado mucho para que nadie notara que era así. En las últimas semanas no había tenido mucho ánimo para nada, y más desde aquella charla con Sakura en la que habían aplazado la boda y él había terminado inconsciente en medio de su propio departamento. Solo y decepcionado pues creía saber lo que se avecinaba.

Tenía un presentimiento. De pronto se le ocurrió pensar que era como cuando sientes a la muerte cerca. La verdad, siempre la había sentido cerca de él, pues había terminado con su familia y pronto con él mismo; además, en su trabajo, se había acostumbrado a ver gente morir diariamente. Era algo difícil, pero inevitable.

Sin embargo, lo que realmente lo tenía mal ese día era la súbita llamada de Sakura. Ella había sido breve. Era su día de descanso y quería hablar con él. Le había dicho que iría a visitarlo inmediatamente. Algo en él le dijo que ese día ocurriría algo importante, bueno o malo, pero sería algo que cambiaría las cosas.

Cuando la ojiverde llegó, intentó parecer lo más normal posible. Algo difícil de lograr ya que su enfermedad lo consumía y cada vez era más evidente. Pero aún así ella no comentó nada al respecto. Tenía una expresión muy pensativa.

-¿Te sientes bien?- preguntó de pronto.

-Sí- respondió el joven.

-¿En serio?- insistió.

-Claro...- dudó unos segundos- Vaya, ya sé a qué viene todo esto. Has hablado con Touya ¿verdad? Él te ha dicho algo.

-Bueno... sí. Pero no sé si es verdad o no. ¿Es cierto que estás muy enfermo?

-Lo estoy pero no es nada de qué preocuparse. No creo que mi salud sea un impedimento para que me digas lo que querías decirme- expresó sin voltear a verla. Se levantó del sofá y caminó a la ventana donde se quedó mirando.

Sakura se quedó muy desconcertada. ¿Era posible que él ya supiera algo? Quizá él la quería tanto que conocía muy bien la situación emocional en la que ella se encontraba. Lo miró durante unos segundos. Se sintió muy mal. Lo quería y le dolía mucho tener que decirle la decisión que había tomado.

- Últimamente te he notado diferente- dijo Yukito sin mirarla- Sé que se acerca el final de lo nuestro ¿cierto?- finalizó y la miró, ella agachó la cabeza y asintió- Lo sabía. Es por él ¿verdad?- ella volvió a asentir, sorprendida que de Yukito supiera todo.

-Yukito ¿Cómo sabes que...- comenzó a decir lentamente.

-Con el paso del tiempo, he aprendido a saber algunas cosas que piensas. Y desde esa noche de la inauguración, cuando viste a Li… en ese momento supe que sentías algo por él. Algo que nunca sentiste por mí, aunque me hubiera encantado que lo hicieras.

De pronto el silencio inundó el lugar. Sakura no sabía qué decir. Cómo explicar todo. Estaba a punto de terminar la relación y ella sentía que era su culpa.

-Y... ¿ya están juntos?- preguntó después de unos minutos de silencio, ella asintió- Vaya... ¿Desde cuándo?

-...-Sakura suspiró y se preguntó si era necesario el interrogatorio, pero entendió que si todo iba a terminar él tenía el derecho de saber por qué - Hace poco más de 3 semanas. Nos hemos estado viendo a escondidas, en mi casa. De hecho él prácticamente vive conmigo...- se detuvo en su explicación, sintió que contarle eso a Yukito lo lastimaría- Lo siento, no tienes que saber todos los detalles.

-Quiero saberlo porque te quiero y quiero tu felicidad. Pero, me dices que se ven a escondidas... Quiere decir él sigue con su esposa, ¿acaso soy el primero en saber esto?

-Sí, eres el único que lo sabe. Lo que sucede es que él no quiere decir nada para no tener problemas por ahora; pero me dijo que se divorciaría en cuanto pudiera...

-Espero que lo haga Sakura. Pero tienes que pensar que esa relación está mal... Has pensado lo que dirá tu padre y Touya cuando lo sepan. Seguramente estarían muy decepcionados. Además, por lo que me dices, sobreentiendo que son... amantes y por lo tanto su relación es más física.

-No se trata sólo de eso- saltó ella interrumpiendo- No es como lo piensas. Nosotros nos queremos. Es algo que va más allá de lo físico. Eso lo descubrí desde la primera vez que estuve con él, porque sentí algo más que contigo...- su voz se fue apagando poco a poco.

- No quiero que me tomes esto a mal. Sé que lo quieres. Siempre ha sido así. Desde que él aún vivía aquí, todo el mundo notaba que habría algo entre ustedes. Pero sólo quiero hacerte ver que las cosas están marchando de la manera incorrecta. El tiempo y la distancia los separó demasiado para que quieran volver de golpe... Lo que quiero decir es que se tomen su tiempo antes de tomar decisiones precipitadas y terminar por arruinar todo.

Sakura lo miró y de pronto se dio cuenta de la nobleza de Yukito. Era un buen chico y no quería hacerle daño - Yo le prometí que terminaría contigo. Es por eso que vine, para terminar con lo nuestro definitivamente... Pero tú, tu salud está...

-No te detengas por mí. Yo estoy bien- interrumpió- Sólo quiero hacerte entrar en razón, pero creo que no desistirás de tu decisión tan fácilmente. Así que la respeto...- suspiró- Bueno, creo que desde este momento ya no soy tu novio.

-Yukito, yo no quiero que terminemos mal. Quiero que seamos amigos. Le prometí a Touya que cuidaría de ti. Lo haré aunque ya no seamos pareja. Permíteme ser tu amiga.

-¿Mi amiga?... Será difícil verte como eso, pero lo prefiero a perderte. A mí me gustaría quedarme a tu lado aunque sea como tu amigo. Sólo espero que lo hagas porque nace de tu corazón y no porque se lo prometiste a Touya.

-Claro. Todos estos años he aprendido a quererte mucho, y no te deseo ningún mal- le sonrió y el joven le correspondió.

Se sentía contrariado. Por un lado, estaba feliz de que el amor de su vida hubiera encontrado al hombre que tanto amaba; pero por otro lado, no le gustaba cómo era su relación. Temió que las cosas salieran mal y ella resultara herida. Sintió ese dolor en su corazón de nuevo, pero intentó con todas sus fuerzas controlarlo. Disimuló un poco mientras se sentaba.

-Así que Li te pidió que terminaras conmigo, ¿y sabe que seguiremos viéndonos?

-No, no lo sabe pero no tiene porque reclamarme nada. Por lo menos así será hasta que deje a su esposa.

-Vaya, sólo espero no venga a romperme la nariz otra vez- agregó y rió.

Sakura no rió. No le encontró la gracia al comentario. En realidad ese había sido un episodio muy oscuro en su vida. Y conociendo lo impulsivo que era Syaoran sabía que había una posibilidad de que eso volviera a ocurrir.

Luego miró a Yukito preguntándose si estaba bien tirar a la basura 5 años de noviazgo con un chico tan bueno. A partir de ese momento su vida daría un giro. Tendría que buscar una explicación para argumentar el porqué había terminado con Yukito Tsukishiro siendo que sus planes de boda estaban marchando muy bien.

Sólo espero que esto sea lo correcto. Para mí, para Syaoran y para los dos, para nuestra relación.

-o-o-o-o-o-

Syaoran estaba sentado en su oficina. Miraba hacia el vacío. Su mente estaba ocupada intentando encontrar una solución a sus dilemas.

La noche anterior, Sakura le había dicho que había terminado su relación con Yukito Tsukishiro. Si bien era cierto que esa situación le alegraba, había caído en la cuenta de que ahora le correspondía a él cumplir con su parte, es decir, separarse de Meiling. Aquello le resultaba un tanto complicado pues sabía de antemano que su esposa no lo dejaría ir con tanta facilidad.

Además estaba él, la persona por la que había vivido los últimos años, el único lazo que lo unía a Meiling: su hijo Hien Li.

No quería, no podía dejar a Hien. Lo adoraba al igual que a Sakura pero de una forma diferente. No encontraba la forma de explicarle a su hijo que quería dejar a su madre por otra mujer.

Se apoyó en el respaldo de su asiento cruzando los brazos y frunciendo el entrecejo. En su mente veía la cara de Sakura que le decía: Ahora es tu turno, tienes que dejar a tu esposa. Por otro lado, veía también la de Hien que le decía: No papi, no lo hagas, no nos dejes.

Repentinamente sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Zhang entró en la oficina. Miró a su jefe que permanecía pensativo. Luego de unos segundos, carraspeó para captar su atención.

-¿Ah?...- reaccionó el joven chino- Ah lo siento no te había visto entrar. ¿Qué sucede?

-Señor, quería hablar un momento con usted. Sólo comentarle algo brevemente- respondió.

-Claro, ¿qué pasa?

-Bueno señor, usted sabe que no me gusta meterme en problemas pero... esta empresa ha sido mi vida y por eso sólo quiero lo mejor para ella y para usted, desde luego. Sucede que estoy preocupado porque he notado que la señorita Akizuki no está cumpliendo satisfactoriamente con su trabajo.

-¿Por qué lo dices? - cuestionó Syaoran.

-Hasta donde sé ella cometió errores desde el principio. Además que he visto que cuando ustedes no están, ella se la pasa perdiendo el tiempo. Yo quería comentárselo a usted porque sé que confía en mí y porque sé que el señor Hiragizawa se pondrá de lado de la señorita Akizuki sin escuchar mis razones.

Li se quedó pensando por un momento. Él ignoraba todo ese asunto, y era cierto que él confiaba en Ju Zhang, él era su asistente y nunca le había fallado. Además coincidía con él en que Eriol se pondría de lado de su prima. La familia es la familia- pensó.

-Pero...-continuó su empleado- hay otra cosa que me preocupa aún más.

Syaoran arqueó la ceja y prestó más atención a lo que decía su interlocutor- ¿De qué se trata?

-Es que he revisado los registros de la sucursal, he notado que falta dinero y sospecho que... quizás ella se está llevando una parte de ese dinero.

-¿Qué?... Espera un momento, esa es una acusación muy fuerte.

-Quizá no tengo pruebas contundentes. Pero es extraño que el dinero desaparezca aquí. Donde una mujer desconocida para usted y para mí es la encargada de administrar todo. Jamás se han tenido problemas de ese tipo. ¿Por qué aquí y ahora?

Syaoran suspiró. Zhang tenía su punto y él usualmente creía en lo que su asistente decía. Desde el principio había sido así. Él lo había instruido en el negocio y había permanecido a su lado ayudándolo en todo, aunque no lo conocía muy bien, lo consideraba un amigo. Por lo tanto, Li no encontraba razones para dudar de él.

-Está bien- dijo Syaoran con un suspiro- Veré qué puedo resolver al respecto. Pero por el momento no te metas en problemas y no le comentes nada a Eriol. ¿De acuerdo?

-Sí señor pero...- comenzó a decir Ju en el momento en el que Eriol irrumpió en la oficina.

-¡Syaoran!- exclamó el inglés. Al entrar vio a Ju Zhang.

-Con permiso señor- dijo éste y se marchó. Durante una milésima de segundo, vio a Eriol con una sonrisa siniestra. El joven inglés no lo notó pues su atención se fijó en su amigo.

-¿Y ahora a ti qué te sucede? Te desapareciste en los últimos días. Y luego entras aquí como un desesperado- dijo Syaoran con una sonrisa.

-Amigo, que digo amigo: ¡Hermano!... Necesito de tu sabio consejo.

-¿Qué pasa?- preguntó el joven chino a su amigo- No me preocupes.

-Es que...- comenzó a decir Eriol con un tono dubitativo- lo que pasa es que estuve apunto de cometer la más grande estupidez de mi vida.

Syaoran lo miró y rápidamente se dio un pequeño golpe en la frente- Por todos los dioses, ¿qué hiciste?

- No hice nada, bueno, estuve apunto de hacerlo, pero caí en la cuenta de que estaba haciendo algo malo y tuve que salir huyendo.

-Supongo que hablas de alguna mujer...- dijo Syaoran y vio a su amigo asentir- ¿Acaso engañaste a Tomoyo?- agregó con un leve enojo que su amigo pudo percibir rápidamente.

-Eso de "engañar" suena horrible, pero se podría decir que no lo hice. Creo que lo mejor es que te diga lo que sucedió...

Eriol se sentó en el sofá de la oficina y contó todo lo que había vivido ese día, omitiendo, claro, las partes en las que se hacía alusión al hecho de que ya había tenido intimidad con su novia. Lo que menos quería ahora era que su amigo se enfureciera por eso. Mientras tanto Li se había puesto de pie y lo escuchaba mientras paseaba por todo el lugar.

-Ya veo... - dijo Li, suspiró y se detuvo. Lo miró por un breve segundo, poco a poco se le acercó y cuando menos se los esperaba le propinó un pequeño golpe en la cabeza a su amigo- ¿Qué es lo que te sucede?...

-¡Auch!... Eso duele...- replicó el joven inglés- No sé qué fue lo que me sucedió pero es ella, Marielle era tan... Ah no lo sé... Maldita sea la hora en que la conocí.

-Te dije que esa mujer te traería problemas y nunca me hiciste caso. Ahora las cosas se te han salido de control.

-Lo sé, lo sé; pero el verdadero problema ahora es que no sé cómo me he de comportar con Tomoyo... ¿Cómo la voy a ver a los ojos?- dijo con cierto lamento.

-Simple. Lo único que tienes que hacer es decirle lo que pasó. Cuéntale toda la verdad. Ya no hagas esto más grande de lo que es en realidad.

-Para ti es fácil decirlo. Pero qué tal si me deja por saber todo. Aunque no la culparía, no soporto la idea de perderla...

-Te entiendo pero es mejor así; sino, puede ocurrir algo que no controles y resultará peor.

Eriol lo miró por un momento. Pensó que su amigo no analizaba bien la situación y sobre todo que no se ponía en su lugar. Entonces una idea le surgió por la mente. Era perfecto y así terminaría con el problema- Bueno, creo que tienes razón con eso de que puede ocurrir algo que ya no pueda controlar- dijo finalmente el inglés y miró su reloj- Oye tengo que hacer unas cosas, tengo que irme.

-¿Ya tomaste una decisión? - preguntó Syaoran deteniendo a Eriol en su camino a la salida.

-Sí. Agradezco tus consejos, aunque creo que para ti es fácil sólo decir las cosas. No tienes tantos problemas como yo- expresó- Ya verás que lograré que las cosas salgan bien- agregó y se despidió mientras cerraba la puerta tras él.

Que no tengo tantos problemas... Ay, si tan sólo supieras lo que estoy viviendo- pensó Syaoran una vez que se quedó solo.

Volvió a su silla detrás del escritorio. Pensó en que le gustaría contarle a Eriol acerca del problema en el que se había metido. Finalmente era su mejor amigo y, tal como lo hacía él, deseaba pedir un consejo o simplemente desahogarse un poco. Sin embargo, no podía. En primer lugar porque su amigo ya tenía suficientes problemas como para agobiarlo con los suyos. En segundo lugar, por que él había acordado con Sakura no decir nada acerca de su relación y quería cumplir con su parte (al menos con eso).

Entonces decidió despejarse un poco de todo eso y revisar cómo estaban las finanzas en su restaurante. A Eriol se le facilitaba eso, pero se había ido tan rápido que no pudo comentarle nada al respecto. Quizás era lo mejor, aunque al joven chino no le gustaba eso de lidiar con números, él se encargaría personalmente de todo.

Comenzó a trabajar y no se percató de que las horas transcurrieron rápidamente. Si bien logró olvidarse un poco de sus problemas personales, ahora se daba cuenta que también tenía otros problemas.

-o-o-o-o-o-

La ojiverde miró por la ventana de su oscura y solitaria habitación. Ya era tarde y algo en el fondo de su corazón le decía que él quizá no llegaría. No, esta noche no. Se preocupó un poco por eso. En las semanas que llevaban juntos él no había dejado de ir a su departamento, y si lo hacía (puesto que tenía que ir a ver a su hijo), le informaba que no llegaría.

Sin embargo, aquella mañana no le había comentado nada al respecto. Por un momento le pasó por la cabeza que le hubiera pasado algo, pero ella podía sentir que él estaba bien, así que hizo de lado inmediatamente la idea. Tal vez se había ido a Tomoeda a ver a Hien y a Ieran Li, y quizá olvidó mencionarlo.

Sí, eso era lo más probable, porque él había estado un tanto distraído desde la noche anterior, cuando ella le hizo saber sobre su rompimiento con Yukito Tsukishiro. Lo había notado muy pensativo por la noche y en la mañana. Pero no quiso hacer ningún comentario, no quería comenzar al presionarlo acerca de que era su turno de dejar a Meiling.

Suspiró sólo de pensar en eso. Dejó de ver hacia la ventana. Decidió que ya era hora de dormir. En realidad le costaría mucho trabajo conciliar el sueño. No era tanto por su preocupación, más bien era porque extrañaba a Syaoran. En las semanas que tenían juntos, Sakura se había acostumbrado a su presencia en su departamento.

Por un lado, ya no se sentía tan sola y la presencia de Syaoran venía a darle esa seguridad que le proporcionaban su padre y hermano en Tomoeda, además de la posibilidad de tener siempre a alguien que la esperaba y a quien podía contarle cómo había estado su día. Por otro lado, lo amaba demasiado, y para ella era un deleite tenerlo sólo para ella; no sólo en el aspecto físico (aunque no podía dejar de lado ese aspecto, pues no podía negar que sus noches de pasión con él eran increíbles); también estaban los sentimientos que tenía hacia él. Esos momentos tan especiales que tenían juntos, en los que recordaban sus travesuras infantiles, en las que hablaban de todo lo que tenían en común, de sus planes, de sus sueños. Esos momentos en los que podían reír como dos locos enamorados, hasta llegar a las lágrimas de la felicidad que sentían.

Sakura se acostó en la cama y percibió el olor de él, ya estaba impregnado por todo el lugar. Eso le provocó una sonrisa y por un momento recordó uno de esos momentos especiales que había vivido con Syaoran.

De eso hacía apenas unos días. Ella había ido a visitar a su padre y su hermano a Tomoeda. La sorpresa había sido que Fujikata había invitado a cenar a Ieran Li y a su nieto, con el que por cierto Sakura había convivido más y le había tomado cierto cariño. Al final, Syaoran había ido a buscar a su familia a casa de los Kinomoto. Por una milésima de segundo sus miradas se cruzaron mientras nadie los veía. Ese pequeño instante bastó para que Sakura entendiera perfectamente lo que él le quería decir: "Misma hora, mismo lugar".

Y así había sido. Aquella noche se había salido de casa con la misma discreción que solía tener cuando hacía eso años atrás. Aunque en realidad nunca había perdido la práctica pues a veces se fugaba para ir a ese lugar con la tonta esperanza de encontrarlo ahí, como si nada hubiera pasado, como si nunca se hubiera ido. Nunca lo encontró, sin embargo, esta vez fue diferente. Cuando ella llegó, él estaba ya ahí (como siempre puntual), Syaoran permanecía parado junto al mismo árbol de sakura en el que se habían conocido, en el que habían pasado tantos momentos buenos y malos, donde se habían peleado, se habían despedido y donde finalmente se habían reconciliado. Simplemente era un lugar totalmente sagrado para los dos.

Aquella noche, se la habían pasado mirando las estrellas como lo solían hacer; pero en esta ocasión, en lugar de estar tirados en el pasto, Syaoran estaba sentado con la espalda apoyada en el tronco de árbol, tenía estrechada en sus brazos a Sakura, quien permanecía en el espacio que había entre las piernas del joven y se apoyaba en él.

-Cuánto ha pasado ¿no?- preguntó ella de pronto.

-Sí. Si este lugar hablara, diría tantas cosas de nosotros. Contaría nuestro amor desde el principio...

-Sí, desde aquel día en que te vi por primera vez, aquí mismo, llorando por tu padre, cuando ambos éramos apenas unos niños d años... Hasta el día de hoy... Incluso cómo fue que nos peleamos.

-Odio pensar en eso- dijo Syaoran- A veces pienso que si todo eso no hubiera ocurrido las cosas serían tan diferentes. Aunque me hubiera comprometido a encabezar la empresa de mi padre, inmediatamente hubiera regresado por ti y te hubiera hecho mi esposa... Ahora las cosas serían tan diferentes, ese idiota de Tsukishiro jamás te hubiera puesto una mano encima y yo no estaría casado con alguien a quien no amo.

-Quizá, pero yo soy de la idea que todo lo malo que nos pasó nos ha unido mucho...-respondió Sakura- Te parecerá una locura pero, el tiempo y la distancia me enseñó que jamás te pude olvidar porque te amo mucho. Además, si tú no hubieras enfrentado a Yukito hace años, jamás te hubieras atrevido a confesarme tus sentimientos... Y si yo no te hubiera visto besándote con Tomoyo, jamás me hubiera dado cuenta de esto que siento por ti.

-Ah no me recuerdes lo de ese beso, me pareció tan extraño que, no sé... bueno, he de confesar que me gustan más tus besos que los de tu amiga- dijo y ambos rieron- Además pensar que con eso tú te diste cuenta de lo que yo representaba para ti, no sé, me hace caer en la cuenta de que le debo algo al tonto que mandó esas dichosas cartas... ¡Ja! Ahora resulta...

Sakura rió de nuevo- ¿Qué tendría de malo? Yo creo que el que envió esas cartas fue mi hermano, ya vez que en ese tiempo tuvo algo con Tomoyo.

-Sakura, tú sabes que tu hermano no es así- agregó el joven chino y ambos volvieron a reír.

-Quién sabe. Bueno en este loco mundo de posibilidades puede resultar hasta que fue el mismo Eriol.

-¿Eriol?... qué va, no no es esa clase de persona. Además si fuera así me lo hubiera dicho él mismo... No, él no es el tipo de chicos que hace esas cosas.

-Como mi hermano. Creo que tienen un cierto parecido. Bueno, al final tuvieron los mismos gustos...- ambos rieron de nuevo y con más energía.

Al final habían pasado charlando por varias horas y él la había llevado a su casa (poco antes de que el primer rayo de sol matutino se asomara). Como en los viejos tiempos- pensó Sakura- Los viejos y buenos tiempos. Sólo que ahora había una gran diferencia. Ahora se amaban profundamente y no tenían ninguna pena de demostrarlo. Aunque también había otra diferencia (gran diferencia) que existían muchas cosas que los separaban.

La joven se recostó en la cama y no pudo evitar pensar en esas cosas que los separaban. Ella lo amaba, cierto, y de eso estaba muy segura... Pero ¿y él? Syaoran le decía que la amaba a cada oportunidad que tenía, y tenía ciertos detalles y momentos especiales en los que lo demostraba. Sin embargo, la gran muestra de su amor no la había hecho. Todavía no dejaba a Meiling, su esposa.

Por un momento a Sakura eso le produjo una desconfianza. Ella ya había dejado a Yukito con la esperanza de que las cosas entre ella y Syaoran comenzaran a cambiar, pero no había sido así. Si bien apenas el rompimiento con Yukito había sido el día anterior, la reacción de Syaoran no demostró que él ya hiciera su parte. Así que ¿cuánto tiempo más tendría que pasar?

Todo resultaba confuso y con un futuro incierto. Ella ya no soportaría por mucho tiempo la situación. Amaba a Syaoran y quería decírselo a todo el mundo. Quería contárselo a su padre y su hermano, quería compartir esa felicidad con los suyos. Además deseaba (quizá sólo por presumir) a sus amigas que su novio era el mejor de todos. Y es que cada vez se distanciaba más de sus amigas; sus compañeras de trabajo no paraban de hablar de sus parejas (y más recientemente pues resultó que Chiharu y Yamazaki acababan de iniciar una relación); incluso con Tomoyo ya casi no hablaba, pues ella terminaba diciendo algo acerca de lo maravilloso que era Eriol. Ya sólo le quedaba su nueva amistad con Nakuru Akizuki, con quien comenzaba a hacer migas que se derivaban de su relación laboral; aunque las cosas también comenzaban a hacerse tediosas con ella porque, sin saber cómo, terminaban hablando de Touya.

¿Era mucho pedir poder decirle al mundo que amaba a Syaoran Li?... Ella pensaba que no, por lo que esperaba que pronto Syaoran actuara. Confiaba en él y en que le cumpliría. Así que desechó todos los malos pensamientos y se dispuso a dormir.

Después de algún rato, Sakura pudo finalmente conciliar el sueño. Sueño que, desde luego, estuvo relacionado con Syaoran, su gran amor.

-o-o-o-o-o-

Había pasado horas trabajando. Quebrándose la cabeza por encontrarle un sentido a todo. Efectivamente, tal parecía que estaba desapareciendo dinero de su restaurante. Tal como lo había dicho Ju Zhang esa tarde.

Syaoran hablaría de eso con la señorita Akizuki sobre eso. Aunque temía que eso provocara problemas con Eriol. Era una situación complicada, y él llegaría al fondo de todo. Principalmente porque eso lo despejaba de sus problemas personales.

Cuando por fin se decidió a irse a descansar, todos ya se habían ido del restaurante. Ya era muy tarde y pensó que no debería molestar a Sakura a esas horas. Supongo que ella ya está dormida y no quiero despertarla. Se la pasa aquí trabajando tan duro que merece descansar.

Y eso era cierto. Era obvio que Sakura se había convertido en la mejor cocinera del restaurante. Tanto compañeros como comensales lo admitían. Y él no podía dejar de sentirse orgulloso. Por un lado, porque él le había enseñado gran parte de los trucos y habilidades que ella sabía; por el otro lado, porque la mejor cocinera de "Delicias de Occidente" era nada más y nada menos que su chica.

Le gustaría poder decirles a todos: Sí, me siento tan orgulloso de mi mujer; porque han de saber todos que ella es mía y yo, bueno, totalmente suyo.

Esa idea le había surgido un par de días antes. Él había ido a inspeccionar los platillos que estaban preparando sus empleados. Y por más que lo intentó no pudo evitar elogiar el platillo de Sakura. Todos los presentes se dieron cuenta de la atención que le prestó a ella, y tomó todas sus fuerzas para no decirles que ella era su mujer. También deseó que la gente haya interpretado su sonrisa de tonto y su mirada como si sólo fueran amigos.

Ahora se disponía ir a el hotel donde se supone que se estaba quedando, eso le decía a su madre. Cuando llegó se recordó que la habitación que ocupaba junto con su hijo (que ahora estaba en Tomoeda) le había cancelado la reservación, pues consideraba un desperdicio de dinero. Por lo que se vio obligado a quedarse con Meiling. No quería, pero con suerte ella ya estaría dormida y no se percataría de su presencia.

Sin embargo, tal parecía que no era el día de suerte de Syaoran pues casi inmediatamente después que entró en la habitación, su esposa se despertó.

-Qué sorpresa tenerte por aquí- dijo.

-Salí de la oficina apenas y me siento muy cansado como para ir a Tomoeda. Así que decidí quedarme aquí- respondió sin mucho entusiasmo.

-Oye hablando de Tomoeda. ¿Mañana podremos ir a recoger a Hien?... Quisiera pasar tiempo con nuestro hijo.

-Sí- contestó Syaoran mientras se recostaba. La verdad hubiera preferido dormirse en el sofá que estaba en la habitación pero realmente se sentía agotado.

-Oye Syaoran he pensado en estos días - comenzó a decir la joven mientras se acercaba a él- Creo que deberíamos intentarlo.

-¿De qué hablas?

-Ya sabes... intentar ser un matrimonio normal. No sé, pasar más tiempo juntos, salir... Con Hien, pero también hacer algo por nosotros dos. Ser una pareja y no sé, quizá hacer la familia crecer.

-Meiling, ya conoces las condiciones en las que nos casamos y...

-Sí lo sé. Pero no podemos vivir así para siempre. No es bueno ni para nosotros ni para nuestro hijo.

-Mira, ahora estoy muy cansado y no quiero discutir esto. Mejor durmamos ¿quieres?- ella asintió en silencio y Syaoran se dispuso a dormir con cierta inquietud. Las cosas cada vez empeoraban más.

Una vez que pudo conciliar el sueño, no pudo evitar pronunciar dormido el nombre de su amada. Fue tan claro que incluso su esposa lo escuchó y entendió muchas cosas.

-o-o-o-o-o-

Sakura. Lo dijo, yo lo acabo de escuchar. Lo dijo seguido de una sonrisa que nunca le había visto. Ay... Zhang tenía razón. Syaoran siente algo por esa chica. Pero quizá no tengan nada. Aún...

Tengo que encontrar la forma de que permanezca a mi lado antes de que decida irse con ella, pero primero debo saber la verdad, debo saber sí él me está engañando o no.

Esa última idea le hizo pensar a Meiling otra cosa, como si otra parte de ella (una más consiente) hablara en su cabeza- ¿Y le vas a reclamar por ello?...Lo harás cuando sabes perfectamente que tú lo engañas desde hace mucho tiempo.

Bueno, él no tiene porque saber esa parte. Sería muy tonta si se lo digo.

Quizá no se lo digas, pero el simple hecho de que lo hagas provoca que no tengas la calidad moral de reclamarle nada. Es más bien algo que está en tu conciencia.

Meiling interrumpió esa pequeña discusión interna y prefirió dormir. Creo que yo también estoy muy cansada. Lo mejor será que descanse y piense después esto con mayor claridad.

Durmió inquieta pues nuevamente tuvo la pesadilla en la que Syaoran descubría toda la verdad.

Al día siguiente, Syaoran se despertó muy temprano y la llevó a Tomoeda. Recogieron a Hien, volvieron a Tokyo y los dejó pues iba al trabajo.

Ella y su hijo pasaron un día agradable. Meiling quería mucho a su hijo, pero a veces la desesperaba. Como había pasado algunos días sin verlo, se sentía con mucho humor para estar con él. Lo había llevado de compras con ella y se habían divertido en el centro comercial comprando ropa para Hien, uno que otro juguete y un helado. Sin embargo, al llegar la tarde, la joven china perdió la paciencia cuando su hijo le armó un berrinche pues quería ir a comer al restaurante de su padre. Ella no tenía ánimo, pero al final se hartó de lidiar con el niño y accedió.

Con sólo llegar al lugar recordó que ahí estaba la tal Sakura Kinomoto. En su mente se dibujó una imagen en la que veía a ella y a su marido besándose y riéndose de ella. Fue entonces cuando una furia la invadió. Una furia que sólo causaría desastre.

-o-o-o-o-o-

Desastre. Esa era la palabra que mejor resumía todo. Las cosas habían resultado muy desastrosas para ella, para él, y probablemente para muchos.

Se había levantado un poco tarde. Syaoran había aparecido poco antes de que ella se fuera al trabajo.

-Ah amor qué bueno que te encuentro todavía- dijo Syaoran agitadamente.

-Me tenías preocupada. No supe nada de ti en toda la noche.

-Lo siento. Es que salí muy tarde de la oficina ayer y no quise molestarte. Me fui al hotel y esta mañana muy temprano fui a Tomoeda por Hien- hablaba atropelladamente y muy rápido- Anoche, cuando estábamos en la cama, poco antes de dormir, Meilling me pidió que fuéramos por él y...

-¡¿Qué?!- interrumpió Sakura bruscamente con un poco de enojo- ¡¿Dormiste con ella?!

-No es lo que piensas, princesa...

-¡¿No?!...Syaoran. ¡Por todos los cielos!... ¡Qué quieres que piense cuando me la paso toda la noche con la angustia de no saber nada de ti y resulta que el joven estaba de lo más cómodo en la cama con la mujer que se supone que va a dejar!...

-Sakura, princesa yo...

-¡Syaoran, ya déjate de juegos por favor!... ¡¿Acaso no la quieres dejar?!...Me tienes a mí como la tonta que cree que algún día la dejaras y mientras tanto yo ya tuve que terminar mi relación con Yukito... ¡¿De qué se trata?!

El joven chino comenzaba a perder los estribos, no le gustaba que no dejara que se defendiera- ¡Escucha!... No pasó nada. ¡¿Sí?!... ¡Además ya te dije que la dejaré pronto, esto lleva tiempo!

Sakura se quería ir, tenía ganas de llorar- ¡Tiempo, tiempo!... ¡Qué bonita excusa!...- de pronto las palabras subieron por su garganta y salieron de su boca sin que ella pudiera controlarlas- ... ¡Deberías aprender a tu padre! A él no le importó lo que la gente dijera acerca de su relación con tu madre; cuando tú ibas a nacer se puso los pantalones y luchó por ella. Luchó por ella siempre, incluso hasta el final de sus días… ¡Si tan sólo fueras tan hombre como tu padre!...

-¡¿Qué dijiste?!- saltó el joven y sujeto a la ojiverde fuertemente por los brazos y la sacudió en un arranque.

Sakura captó que había hablado de más y que había dicho algo que no le correspondía decir. Todo por el arranque que había tenido- No, no he dicho nada- argumentó casi al borde de las lágrimas.

-¡¿Qué dijiste sobre mi padre?!... ¡¿Cómo está eso de que no le importó lo que dijera la gente sobre su relación con mi madre?!... ¡¿Por qué dices que luchó por ella hasta el final de sus días, tú qué sabes?!... ¡DÍMELO!...- estaba al borde de un ataque, estaba histérico.

-Tu madre me contó cosas...

-¡¿QUÉ COSAS?!...¡HABLA!

-N...no...no puedo.

Syaoran también quería llorar. De pronto entendió que no le sacaría más información a Sakura y se dio cuenta de que la estaba lastimando. Sabía que ella había hablado sin querer y que quizá él tenía la culpa de hacerla enojar y hablar de más. La soltó (dejándola llorando durante unos minutos) y salió rápidamente del departamento sin decir una palabra más. Iba a buscar a la única mujer que le daría todas las respuestas...

Sakura pensaba en aquello mientras preparaba distraídamente un platillo. Ya estaba trabajando, y en el transcurso del día no había visto a Syaoran. Estaba preocupada. Había hablado de más y seguramente había metido en problemas a Ieran Li, y sobre todo había lastimado a Syaoran.

De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos por un joven mesero que le dijo que la comensal para la que había preparado un platillo quería hablar con ella. Lo peor era que no era cualquiera, se trataba de Li Meiling.

Desastre, más desastre.

-o-o-o-o-o-

Mientras se daba una discusión en el restaurante, una batalla protagonizada por Sakura y Meiling; Nakuru Akizuki debió estar ahí, pero no estuvo ahí. En realidad saliéndose totalmente de su rutina decidió tomarse un respiro e irse a tomar un café con Touya Kiinomoto.

Desde aquella larga charla que habían entablado semanas atrás, en la que habían quedado como amigos, no había dejado de perder contacto con él. De hecho, esa misma noche llamó a su casa y ante la sorpresa de ella, él sólo dijo:

-Guía telefónica. No sé por qué no se me había ocurrido.

Durante la charla, Touya expresó su preocupación por la presencia de Ju Zhang:- No sé, ese tipo no me dio confianza. Creo que te metí en líos con él.

Ella no quiso dar detalles, pero sí admitió que a ella tampoco le agradaba. Sin embargo, eso no era lo importante; lo verdaderamente importante era el simple hecho de hablar con él. Desde ese día se había convertido en casi una costumbre. A veces él hacía sus comentarios de típico conquistador, a los que ya se había acostumbrado, pero seguía ignorándolos.

Le gustaba esa situación. Antes de esas largas charlas telefónicas que se llegaban a prolongar por horas, ella no tenía nada que hacer. Sólo llegaba agotada del trabajo a su pequeño y barato departamento, tomaba una cena y se iba a dormir. Sola, sin que nadie le hiciera el menor caso. Ahora sabía que a alguien le importaba, y a ella también le importaba él, porque ya no tenía dudas de que le gustaba Touya, pero todavía tenía miedo de intentar algo. Lo mejor era que siguieran como amigos.

Aquella tarde llegó al café donde él ya la esperaba.

-Hola preciosa, pensé que me dejarías aquí plantado- dijo con una encantadora sonrisa.

-Hola. Yo cumplo los compromisos que hago y ayer te dije por teléfono que vendría.

-Sí, pero aceptaste después de mucho. ¡Por fin quisiste salir conmigo! Me encanta esta "tregua romántica"- respondió Touya con alegría.

Nakuru sonrió- No es una cita romántica, sólo somos dos amigos que salen a platicar.

-Bueno, si tú lo dices.

-En fin, ¿Qué lo que querías platicarme?

-¡Ah cierto!... Bueno ahora estás viendo al nuevo empleado de una pequeña librería de Tomoeda.

-¿En serio?... ¿Por fin te decidiste a buscar un empleo?

-Así es... Quiero ser alguien más productivo. No sé quizá para que le logre gustar a la chica de mis sueños, que por cierto me sugirió que hiciera algo productivo.- ambos rieron sin saber porque.

Después de unos instantes pararon de reír y se miraron a los ojos. Ambos, sin decir ni una palabra, sintieron el mismo golpe en el estómago en ese momento, un momento que quedaría grabado para siempre en sus mentes y corazones como muy especial.

Nakuru sintió que se estaba poniendo roja, por lo que prefirió terminar con ese silencio:

-Y... ¿Cómo te va en tu nuevo trabajo?

-Ah bien- dijo Touya despertando un poco de su distracción al verla- Es muy sencillo, sólo ordenar un poco, limpiar, a veces facilitar los libros a los clientes. Incluso a veces tengo un poco de tiempo para dar un vistazo a algunos ejemplares.

-Ah qué bueno que también puedas leer un poco.

-Sí... ¿Y a ti cómo te va en tu empleo?

-Bien- respondió Nakuru con un suspiro, que pareció de pesimismo.

-Parece que no muy bien. Supongo que ha de ser horrible tener como jefe al idiota de Li.

-¿Lo conoces?

-Por desgracia sí. Era el mejor amigo de mi hermana antes de que se marchara a Hong Kong y volverse rico- dijo cruzando los brazos.

-Ah ya veo... Con razón...

-¿Qué?

-Nada... Bueno es que...no nada

-¿Qué?... Anda dime

-Bueno es que al principio se ignoraban totalmente pero... ahora, bueno, se siguen ignorando pero no de la misma manera. Parece que con la mirada se dijeran algo- dudó por unos segundos y agregó antes de que su acompañante dijera algo al respecto- No, mejor olvida lo que dije.

-De acuerdo- comentó no muy convencido.

Pero no, no es él...

-¿Segura?... ¿O es el otro tipo?... ¿O...te sientes incómoda por trabajar con tu hermano que no sabe que lo es?- inquirió.

-Ah ya ni me menciones eso... Hacía mucho que no pensaba en eso y desde que te lo conté, no lo sé es como si el tema se hubiese revivido.

-Bueno pues díselo de una vez...

-Como si fuera tan fácil.

-Vamos... No sé a qué le temes. Hasta donde me has contado ustedes se llevan casi como hermanos ¿Cuál sería la diferencia?- preguntó y la joven permaneció en silencio, analizando aquello. Después de unos minutos ella cambió de tema.

-Oye y ¿cómo está tu amigo, del que me contaste el otro día por teléfono?- Nakuru ya lo había conocido pero no le había contado ese episodio.

- Ah Yuki... Bien, supongo, la verdad en estos últimos días no he sabido nada de él. La verdad es que últimamente está muy raro porque...

-¿Por qué?

-Es que creo que está muy enfermo, pero él lo niega... Lo peor es que temo perderlo… Perderlo como perdí a mi madre - dijo seriamente.

-No te preocupes- expresó Nakuru e instintivamente tomó la mano de Touya.

-Es que no puedo evitarlo, no lo soportaría. Si todavía me pesa la muerte de mi madre, no creo poder con la de mi mejor amigo...- respondió y también tomó la mano de Nakuru y le sonrió amargamente- ¿Sabes? Creo que al único que le pesa la muerte de mi madre es a mí. Mi hermana apenas y la menciona y mi padre… bueno, el ya cayó en el cinismo; el otro día me dijo que quería empezar una relación con otra mujer.

-Touya tienes que entenderlo, tu hermana no quiere flagelarse a cada momento con su recuerdo; piensa que al igual que tú, ella perdió a su madre... Y tu padre, él sufrió mucho también. Él perdió a su compañera, a su mujer y tuvo que soportar todo ese dolor por ustedes. Creo que es justo que intente rehacer su vida ya que ustedes empiezan a tomar sus propios caminos. Compréndelo. Imagínate lo que es perder al amor de tu vida y tener que tragarte todo eso para salir adelante por tus hijos.

Touya la miró y le sonrió- En eso tienes razón... Yo me volvería loco si te pasara algo.

-Ay no digas tonterías

-Nakuru, ya te dije que no son tonterías. Todo lo que te digo es serio. Te quiero, y quiero estar contigo. Yo estaría dispuesto a establecerme contigo... no sé, yo haría lo que tú quisieras... sólo dame la oportunidad.

-Touya...yo...- comenzó a decir la joven, pero haciendo uso de sus habilidades para evitar esos temas agregó- Ya es un poco tarde, tengo que volver a trabajar.

-Te acompaño - más que una pregunta era una afirmación.

Caminaron hacia el restaurante en silencio. Una vez ahí Nakuru se despidió.

-Bueno, gracias por todo. Nos veremos después- dijo y se dio la media vuelta.

-Espera- dijo Touya y la sujetó del brazo, la atrajó hacia él - Quiero que pienses en lo que te dije. De verdad estoy dispuesto a todo por ti- finalizó y sin decir una palabra más se acercaron poco a poco en un momento que Touya había ansiado desde el día en que la vio por primera vez. Al sentirla tan cerca, cerró sus ojos y en un segundo sintió como sus labios se juntaban de una manera muy suave.

No puedo creer que esto esté pasando, es maravillosa, es tan perfecta... - pensó y cuando estaba a punto de tomarla entre sus brazos para besarla mejor, sintió cómo ella se apartaba bruscamente.

-No. No Touya lo siento esto fue un error. Yo no quise... -decía atropelladamente- Tengo que... tengo que irme- finalizó y entró al restaurante apresuradamente.

Touya, por su parte, en esa ocasión no quiso seguirla. Él también necesitaba tiempo para pensar. Quería decidir qué es lo que haría. Qué haría a partir de ese beso.

-o-o-o-o-o-

Entró en su vieja casa en Tomoeda. Su madre salió a ver quién había azotado la puerta de tal manera. Su sorpresa fue que vio a Syaoran con una expresión que nunca le había visto.

-Hijo ¿Qué...- comenzó a decir.

-Madre, dime si alguna vez me has dicho una mentira acerca de mi padre- interrumpió Syaoran bruscamente.

Quiso ir directo al punto, sin rodeos, sin excusas. Sólo quería saber una presunta verdad que había sido callada por tanto tiempo, aunque la verdad lo hiriera para siempre.

Continuará…


Hola de nuevo. Gracias por leer este kilométrico capítulo que escribí hace ya como 10 años y, como pueden ver, esto se está complicando mucho y cada vez se pondrá peor.

Como siempre, agradezco su paciencia y tiempo para seguir esta historia. Un abrazo y feliz año 2021.