Rumores
DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko yo solo los tome prestados para realizar esta historia que si es de mi pertenencia.
Capitulo Siete: "El dilema emocional de la Presidente"
Cuando Kasumi llamó a la puerta solicitándola para solucionar algo importante Akane suspiró con fuerza, agradecida por salir de ese lugar. El ambiente que rodeaba el salón de clases era molesto, hasta la tensión era palpable, todos los presentes lo sabían, pero como siempre Hinako lo dejaba pasar por alto, era claro que Mikado sería su nueva víctima.
—No puedo creer que Sanzenin sea un alumno de este colegio.
Akane asintió dándole la razón, pues Mikado Sanzenin pertenecía a una de las familias más poderosas de la ciudad y como todo niño mimado estudiaba en instituciones privadas y por las propias palabras que siempre profesaba él no se involucraba con las personas que no estaban a su nivel.
—Si llegas a tener algún problema, no dudes en avisarme —mencionó Kasumi cuando llegaron al salón estudiantil.
—Gracias Kasumi, me has salvado nuevamente.
Akiyama le brindó una sonrisa conciliadora antes de abrir la puerta cediéndole el paso para que ingresara. Lo primero que vio Akane fueron tres cajas que reposaban sobre un escritorio y con curiosidad se acercó hasta ellas sin sorprenderse de su contenido.
—Otra vez hay que hacer el trabajo de Toshiro —murmuró con molestia al ver la cantidad de revistas e historietas en cada caja— ¿Desde cuándo las vendrá reuniendo?
—Son todas de este mes.
Akane exhaló un suspiró pesado, seguía sin comprender como los alumnos del instituto continuaban trayendo esa clase de material, cuando el reglamento lo prohibía y por lo que alcanzaba a ver podría haber más de cien diferentes ejemplares de diferentes rubros desde cocina, hasta las de adulto.
—Bien, te dejo para que cumplas con esto.
Akane solo asintió ante la despedida de la castaña. Ya estando sola maldijo por lo bajo, demoraría horas en arrancar las paginas "inadecuadas" para lograr convertirlo en material decente para ser llevado a la primaria para las clases de arte y plástica.
Con una mirada molesta comprobó que faltaban casi quince minutos para que la campana que anunciaba el primer receso sonara. El chirrido de la puerta al ser abierta llamó su atención, esbozó una sonrisa esperanzadora al creer que se trataba de Kasumi quien podía venir a exonerarla de esa tediosa tarea, pero esta se esfumó al ver la melena corta característica de Nabiki.
—Para alguien que no le gusta ser el centro de atención, lamento decirte que haces un pésimo trabajo.
Akane se auto maldecía, a pesar del sarcasmo en las palabras de su socia no podía rebatirle, no tenía ningún argumento lo suficientemente valido para hacerlo. Ella era consciente de sus malas decisiones, pero que te la restregaran en la cara era demasiado molesto para su orgullo.
—Si vienes a darme sermones te avisó que no estoy de humor —gruñó al agarrar una revista y empezar a hojearla.
Una sonrisa divertida se curvó en los labios de Nabiki, el molestar a la peli azul era una tentación a la cual sucumbía con facilidad cada vez que la tenía a su alcance. Ya habiéndose dado por satisfecha se acercó para brindarle la nueva información adquirida.
—No sabía que te gustaba esa clase de lectura —musitó al ubicarse atrás de ella, contemplando con sorpresa una de las páginas que estaba a su alcance— Vaya sí que tienen flexibilidad.
Akane parpadeó confundida, sus mejillas empezaron a sentirse calientes y soltó lo que tenía en sus manos como si esto le quemara, había fingido estar concentrada en la revista en un intento de que su socia entendiera la indirecta y se marchara de una vez.
«Idiota pervertido» pensó avergonzada e indignada, ante la desfachatez del individuo que se atrevió a traer eso, no era solo una de clase lectura de adultos, aunque seguramente lectura era lo mínimo que esas páginas contenían, sino que eran de mujeres con mujeres como dios las trajo al mundo en medio de un acto íntimo.
—Bien… —carraspeó incomoda Nabiki— Descubrí que hay un miembro de la familia de Saotome en la ciudad —cambió de tema.
Akane asintió enérgicamente agradeciendo el cambio de tema, además ella misma le había brindado una copia de la ficha de inscripción del pelinegro para que Nabiki hiciera una investigación más profunda.
—Se trata de una tía de la madre de él —continuó, casi se había dado por vencida al no encontrar nada por la parte paterna—. Es la dueña de un mini súper que está abierto al público todo el día.
Procesar la información fue complicado para la peli azul, ya que esta solo ampliaba más interrogantes, si teniendo un familiar cerca, ¿Por qué Ranma estaba solo? ¿él conocía a ese familiar? ¿ella sabría de su existencia?
«Una tienda»meditó pensativa, tal vez podría sacar ventaja de ese hecho.
—¿Crees que necesiten personal? —preguntó con curiosidad. Nabiki se encogió de hombros— A la salida me tendrás que acompañar a ese lugar.
Nabiki entrecerró sus ojos con sospecha, asintiendo al final, una vez más confiaría en lo que planeaba su socia, rogando que esta vez no terminara mal.
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Apoyado contra un árbol del patio de la institución, Ranma negaba con la cabeza ante la escena que contemplaba, un grupo de más de cincuenta alumnas que formaban un circulo rodeando al chico nuevo. Era gracioso ver como las féminas se deshacían en cumplidos hacia el castaño.
—¡Idiota! —gruñó un molesto Daisuke a su lado con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Supéralo, lo que paso entre él y Sayuri es parte del pasado —habló con fastidio Hiroshi ante el comportamiento inmaduro de su amigo—. Además, solo fue un beso no es como si de verdad salieran como pareja.
—Eso es lo que me molesta —admitió con ira—. Mikado solo colecciona besos para aumentar su lista y su orgullo de niño mimado.
«Hijo de perra»pensó Ranma con molestia, con las palabras de sus compañeros solo confirmaban sus sospechas junto al desagrado que le hacía sentir ese sujeto.
—¿Esa de ahí no es Yuka? —cuestionó Daisuke señalando hacia el tumulto femenino.
Ranma negó al ver como Hiroshi pegaba un sonoro grito a la vez que avanzaba y se llevaba a rastras a su novia.
—Debes cuidar de Tendo —habló de repente Daisuke—, estoy seguro que la transferencia de Mikado es por ella. Y te puedo apostar que no va a descansar hasta lograr su cometido.
Ranma iba a rebatirle para sacarlo de su equivocación, pero decidió contenerse, no era justo que el develara información sobre la vida de los demás. Decirle que estaba convencido de que Sanzenin no era la clase de tipo con la que podría sentirse atraída, era complicado de hacer sin llegar a develar información delicada en el proceso. Así que solo asintió, se encargaría personalmente de impedir algún avance entre ellos.
En el fondo sospechaba que Akane era consciente de la situación, por esa razón seguramente llevaba desaparecida lo que llevaba de la mañana y en el fondo lo agradecía, no se sentía preparado mentalmente para ver cuando Mikado se le acercara, principalmente ahora que conocía sus intenciones. Ahora debía concentrarse en pensar la manera correcta de actuar, sin levantar sospechas y quedaran expuestas sus verdaderas intenciones.
Se anunció que la clase de educación física ese día se iba a suspender por problemas personales del profesor, por esa razón Ranma percibió la sorpresa y la incomodidad de Akane al ingresar al salón de clases y vio que estaban todos, por más que su rostro se mostraba impasible para los demás y esta aumentó cuando paso al lado de Mikado que hizo el intentó de hablar con ella. En un momento las miradas de ambos se cruzaron y Ranma por unos escasos segundos vio que sus pupilas expresaban miedo, hasta un punto creyó que eran como un grito de ayuda.
—¡Tendo! —llamó impulsivamente, el silencio entre esas cuatro paredes reino, convirtiéndolo en el centro de atención. La vio sonreír hasta llegar a su puesto y tomar asiento obteniendo su total atención sobre él— N-necesito saber si me puedes brindar información sobre las competencias intercolegiales —musitó avergonzado y deseó en ese momento poder estrellar su cabeza contra el pupitre. De tantas excusas que podía elegir, terminó recurriendo a la más estúpida y predecible, ya que solo al poder hablar con su profesor obtendría más información que de ella.
Akane movió sus labios en un silencioso "gracias" y eso simplemente esfumó su incomodidad, desde su puesto Daisuke le brindó una sonrisa felicitando su intervención y unos metros más alejado la mirada de Mikado destilaba odio. A pesar de que no le gustaba ser el centro de atención, se sentía alegre de poder haberle sido de ayuda, aunque esto seguramente desataría que los rumores entre ellos nuevamente fuera lo que correría por cada pasillo de la institución al día siguiente.
El sonido de la campana anunció la culminación del día escolar. Ranma con su mochila preparada esperaba a que Akane terminara de hablar con sus amigas, en el aula ya no quedaba casi nadie, de reojo comprobó cómo sus compañeros llegaban y se llevaban consigo a sus novias, y al llegar a la entrada Hiroshi le guiñó un ojo ocasionando que sus mejillas se sonrojaran al entender que apoyaban su plan.
—¿Vamos? —preguntó cuándo Akane agarraba su maletín, esta asintió.
A medida que avanzaban lentamente en un silencio cómodo. Ranma miraba de reojo como su compañera parecía pensativa.
—¿Hoy tienes que trabajar? —cuestionó al llegar a la zona de casilleros.
—No, pero tengo unas cosas que hacer —explicó con nerviosismo, por alguna razón la comodidad ente ellos habían desaparecido—. ¿Vas a ir a casa?
Un cosquilleo recorrió el cuerpo de Ranma, que la peli azul hablará de esa manera involucrándole como si fuera parte de su familia, le brindó una sensación de pertenecer a un lugar, después de mucho tiempo que llevaba viviendo como un nómada que vagaba sin rumbo desde que abandonó la casa de su madre.
—Iré a hacer unas compras de camino —soltó al girarse y empezar a cambiarse el calzado. Esa mañana notó que el refrigerador de Akane estaba comenzando a quedarse vacío y estaba pensando en sacar de sus ahorros para compensar en algo su estadía allí.
—Bien, te veré en la noche —soltó Akane empezando a avanzar hacia la salida. Ranma empuñó sus manos con molestia al ver como esta llegaba hasta Nabiki y después de un breve intercambio verbal se marchaban juntas.
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—Creo que tu héroe no estaba muy feliz de que lo hayas abandonado de esa manera —mencionó divertida Nabiki varias calles lejos del instituto.
—¿Cómo diablos te enteraste? —cuestionó incrédula, un suspiró pesado escapó de sus labios al notar el gesto de malicia que le dedicaba la castaña—. Sabes que, mejor olvídalo.
Era de esperarse que esa noticia llegaría a los oídos de Nakano, pero mentiría al decir que no evitaba sorprenderse con la rapidez que esto sucedería. Menos si no habían transcurrido si un par de horas que se dio el suceso. En el fondo se alegraba que esta fuera su aliada por asi decirlo, ya que si tuviera que tenerla de rival sería alguien que de verdad debería de temer.
—Como quieras —le restó importancia al asunto—. Hay que darnos prisa, esa mujer nos debe estar esperando.
Minutos más tarde ambas estaban frente a una edificación bastante amplia, a leguas se notaba que era la única tienda que se encontraba en esa zona tan alejada, casi llegando a los límites de la ciudad, en la entrada estaba parada una mujer enfundada en un kimono negro.
—Buenas tardes, Tamako-san —saludó Nabiki haciendo una reverencia de respeto, a su lado Akane imitó el gesto—. Estamos aquí por el letrero —señaló la hoja que estaba pegado en la puerta del cristal.
Akane miró donde señalaba la castaña y la frase se necesita personal, resaltaba en el papel, su ceño se arrugó ante la coincidencia, a pesar de que era beneficioso para lo que tenía planeado, el que fuera tan fácil el poder ingresar a trabajar para obtener información le causaba cierta desconfianza.
El interior de la instalación no era la gran cosa, pero estaba lo suficiente abastecida de toda clase de mercadería para el público, bien surtida y variada.
—Debe ser complicado el poder administrar el local sola —habló Nabiki de repente después de la visita que la mujer les brindó a ambas.
—Mi nieto Rinne solía ayudar, pero con la llegada de Sakura todo cambio—admitió con una sonrisa—. Ya saben, cosas de adolescentes.
—Pero usted es muy joven para ser abuela —comentó con sinceridad Akane ya que al ser la tía de la madre de Ranma como mínimo esperaba ver una mujer anciana.
La mirada emocionada acompañada de un rubor en las mejillas de la mujer, la hizo temblar de los nervios sin imaginar que soltar ese simple cumplido era más que suficiente para que lograra conseguir el puesto sin que se lo propusiera.
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Con varias bolsas en mano y después de dejar una buena parte del dinero de sus ahorros, Ranma avanzaba por las calles. El repentino coro de gritos femenino, le hizo fruncir el ceño, con cuidado deposito las compras detrás de un poste de luz y se apoyó contra el a la vez que se cruzaba de brazos, esperando a que la nube de polvo llegara hasta él.
Cuando diviso a una pequeña figura con una bola negra sobre sus hombros saltando por las calles se enderezo y con un movimiento ágil sujetó al individuo junto a su carga y la arrojó hacia el aire. Las hordas de mujeres no demoraron en aparecer y siguieron corriendo sin prestarle atención alguna, hasta perderse del alcance de su vista.
—¿Alguna vez se le quitara esa costumbre? —cuestionó al empezar a levantar sus compras. La risa cantarina y divertida que resonó sobre él lo hizo negar con la cabeza.
—Muchacho, no eres nadie para negarme mi pasatiempo favorito.
Ranma arqueó una ceja, levantó la cabeza para ver como el hombre mayor se mantenía fuertemente sujetado del poste. Ese anciano era el antiguo maestro de su padre y aunque su figura aparentaba ser inofensiva a causa de su edad, esta era solo una fachada. Gracias a él había logrado mejorar y pulir las técnicas que en tiempo su padre se había tomado la molestia de enseñarle. Por esa razón cada vez que podía lo ayudaba a salir librado de una paliza a manos de un grupo de mujeres enfurecidas, sin mencionar que más de una vez terminó sufriendo una que otra golpiza por parte de sus víctimas, pero el anciano no parecía escarmentar a pesar de ello.
«Pierde el pelo, pero no las mañas» pensó al recordar el dicho que solía emplear molesta su madre cada vez que su esposo hacía de las suyas.
—Un gracias, no estaría demás —comentó con ironía, cuando de un salto Happosai se colocó a su lado.
—Sí, si lo que sea —acotó agitando su mano restándole importancia al asunto. Ranma afirmó sus manos en las asas de las bolsas tratando de controlar las ganas de propinarle un golpe, pero sabía que no podía ceder le debía demasiado a ese viejo pervertido.
—Te estuve buscando por un buen tiempo —mencionó Happosai a la vez que empezaba a caminar—. Tienes una pelea en cuatro días, así que te aconsejo que te pongas a entrenar.
—¿No me va ayudar? —cuestionó curioso.
—Hay unos asuntos que necesito atender, así que lo dejo en tus manos. Nos veremos ese día en el lugar de siempre.
Ranma comenzó a maldecir por lo bajo, sin la ayuda del maestro no tenía a donde recurrir para entrenar, ya que no conocía a nadie más en esa ciudad.
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El reloj marcaba casi las cinco de la tarde, cuando el taxi que pagó Nabiki la dejó la entrada en su casa, el aire comenzaba a tornarse helado, ya la calidez del verano estaba abandonando la ciudad para que el otoño hiciera acto de presencia.
Akane se sentía emocionada, por primera vez sus planes parecían ir bien encaminados y ganarse la confianza de Tamako-san iba a ser fácil, empezaba el día siguiente a trabajar con ella y esperaba ansiosa poder obtener algo de información.
Ingresó con pasos acelerados a la cocina y se sorprendió de ver que la nevera estaba bastante abastecida. El haber estado tan ocupada los últimos días, le hizo olvidar que debía hacer las compras correspondientes de la despensa. Su corazón se agitó, era tanto el tiempo que llevaba haciéndola ella misma, que saber que el pelinegro tuvo esa consideración fue agradable, pero seguramente había gastado más dinero que el que ella normalmente solía gastar.
«¿Dónde estará?» pensó al empezar a buscarlo, no estaba dispuesta a que el pelinegro se quedara sin dinero y estaba decida a devolverle la mitad de lo que gasto.
Unos gritos provenientes del patio de la casa captaron su atención, y con sigiló se fue acercando. Ver como Ranma desarrollaba un kata complicada, la obligó a mantenerse en silencio, era un deleite para ella presenciar la precisión con la que cada movimiento era realizado.
—Eres impresionante —comentó emocionada cuando él terminó.
Ranma la miró sorprendido e involuntariamente sus mejillas se colorearon de vergüenza, era tanta su concentración que no había notado la presencia de la peli azul.
—G-gracias, pero no es la gran cosa —musitó desviando su mirada incomoda, su cuerpo empezó a temblar a causa de la baja temperatura.
—Lo digo en serio —aseguró al comenzar acercarse y al verlo temblar por el frio—. Eres muy bueno, pero si lo haces al aire libre te puedes enfermar —mencionó pensativa por varios minutos, chasqueó los dedos y con una sonrisa ingresó a la casa con rapidez.
Ranma parpadeó confundido ante el comportamiento de su Roomie, y antes de poder procesar la vio aparecer con una llave en mano, su brazo fue sujetado y prácticamente se vio arrastrado por una emocionada peli azul.
Al doblar cerca del estanque vacío logró divisar una estructura que tenía una fachada vieja que llevaba mucho tiempo abandonada, su sorpresa fue grande al haber ignorado que ese lugar existía, pero si era sincero no había sentido el impulso de recorrer el exterior de la casa en la cual llevaba poco viviendo.
—¿Qué este lugar? —cuestionó al ver como Akane batallaba con el candado que cerraba la entrada.
—Un Dojo —soltó orgullosa al lograr que la llave abriera, el candado estaba demasiado oxidado y fue difícil que esta girara—. Lo edificó mi abuelo en su juventud, aquí sabía impartir clases.
—¿Por qué me lo enseñas? —preguntó al ver como la puerta era abierta, tuvo que apretar sus dientes antes el chirrido de las bisagras hicieron por la falta de aceite.
Akane ignoró la pregunta mientras caminaba hasta el interruptor y Ranma se maravilló por el interior del lugar, era espacioso y cálido. Nunca había visto un Dojo por dentro, pero se sintió atraído por este.
—Mi padre solía practicar aquí, a mí me gustaba sentarme en ese rincón y contemplarlo en sus rutinas —señaló al final de la habitación.
Las interrogantes empezaron a surgir en Ranma, pero tenía miedo de hacer preguntas que llegaran a incomodarla, pero la voz de Akane atrajo de nuevo su atención.
—Me gustaría que me enseñaras —solicitó esperanzada—. Mi padre nunca quiso hacerlo por ser mujer —mintió.
—Está bien —aceptó después de varios segundos de un tenso silencio, le dio la espalda para que no viera el sonrojo en sus mejillas que le causó con solo ver el brillo en esos orbes castaños—, pero antes habrá que limpiar este lugar.
—¡Genial! me iré a cambiar y de paso buscare los artículos de limpieza que necesitaremos —celebró antes de abandonar el Dojo.
«Contrólate» pensó al llevarse una mano al pecho, presenciar una nueva faceta en el comportamiento de la peli azul, solo hacía que su corazón se agitara al verla tan adorable ante sus ojos.
Para cuando el reloj marcó doce campanadas ambos estaban apoyados contra una de las paredes del Dojo, a pesar de que sus prendas tenían manchas de suciedad y su respiración era agitada, contemplaban satisfechos como el lugar relucía de limpio después de llevar varias horas de arduo trabajo.
—Es tal como lo recordaba —mencionó Akane atrayendo la atención de Ranma, quien solo esperó a que ella siguiera hablando, pero no lo hizo.
—Mañana empezaremos con el entrenamiento a la salida del colegio —soltó al pararse y empezar a estirar sus acalambrados brazos por encerar el piso del lugar, pero al recordar algo, se giró para mirar a Akane— ¿Mañana tienes que trabajar?
Akane solo asintió con una mueca, aunque deseaba faltar no podía rehuir ante la responsabilidad, además eso sería dejar de lado su plan y no estaba en condiciones de hacerlo.
—Salgo a las veintidós —soltó con un bufido—, pero mientras llegó podrías ir practicando solo —ofreció conciliadora al pararse.
—Me parece bien. Me voy a duchar, mañana tenemos que ir al Instituto —mencionó con una sonrisa a modo de despedida.
Akane lo vio marchar y exhaló con pesar, nuevamente había actuado impulsivamente, fue fácil dejarse llevar por la emoción del momento. Terminó rompiendo la promesa que se hizo de no volver a pisar ese lugar.
—Creo que es hora de seguir adelante —mencionó al apagar la luz y cerrar las puertas. Con lentitud levantó el candado y la llave para llevárselas con ella.
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Su cuerpo sufría gracias a la rutina extenuante que llevaba en los últimos días, por más que era joven seguía siendo un ser humano. El instituto, el trabajo y los entrenamientos con el pelinegro eran más de lo que podía aguantar, pero a pesar de ello no se quejaba.
Nabiki le había informado que en unos días Ranma iba a tener una pelea por eso cuando él le ofreció empezar con las Katas, ella prefirió ayudarle con enfrentamientos cuerpo a cuerpo, al comienzo él dudo, pero ella le afirmó que tenía buenos reflejos, hasta la fecha le causaba gracia el recordar la sorpresa en las facciones del pelinegro al ver como ella esquivaba sus ataques, los que al comienzo eran lanzados con cuidado, fueron evolucionando con precisión y fuerza, hasta llegar al grado de tener que esforzarse para esquivarlo, sin contar las ganas que les nacían de responder sus ataques, el pelinegro dejaba varios espacios que ella podría aprovechar con facilidad y tomar ventaja, pero tendría que esperar a que la pelea pasará para poder combatir como se debe, y así medir sus fuerzas.
Con Tamako estaba estancada, la mujer parecía no ser alguien que hablara de temas personales a una persona que llevaba poco de conocer, pero estaba decidida a lograrlo. Cuando conoció a su nieto casi se cae de espaldas, el muchacho tenia aproximadamente su misma edad, pero lo que realmente fue impresionante era su parecido con Ranma, si no fuera por su cabellera corta de un tono pelirrojo al igual que sus ojos, podría decir que ambos eran mellizos.
El instituto era otro tema que estaba empezando a convertirse en un dolor de cabeza para Akane, entre el acoso constante de Mikado y los nuevos rumores de la relación entre ella y Saotome, estaba llegando a su límite de paciencia. Sin mencionar que Hinako anunció a los cuatro vientos que el protagonista de la obra iba a ser el castaño, noticia que cayó negativamente para todos los estudiantes que se anotaron para la audición.
—¡Sanzenin y Saotome están por enfrentarse! —gritó Yuca entrando de improvisto al salón, el cual solo estaban las mujeres, ya que ese día sus compañeros iban a recuperar la clase perdida de educación física.
—Par de idiotas—gruñó al parase de su puesto y salir del aula con rapidez, deseando que Ranma no se metiera en problemas, debía ser cuidado cuando solo le quedaban dos llamados de atención.
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La respiración de todos los alumnos que formaban ambos equipos era agitada. Baloncesto era el deporte que ese día fue elegido, la tensión que flotaba en el ambiente demostraba que ese no se trataba de un partido común y corriente. La rivalidad entre los capitanes era palpable, era el último descanso que podían pedir antes que el partido finalizara.
—Falta menos de un minuto —mencionó uno de los compañeros de equipo de Mikado, quien miró el tablero y con disgusto comprobó que estaban empatados.
—No podemos dejar que ellos ganen—advirtió con molestia.
Cuando los rumores llegaron a oídos del castaño, al principio no quiso prestarles atención, pero el que la peli azul rehuía a cada uno de sus acercamientos, sumado a que estos pasaban más tiempo del que le gustaba juntos, fue el detonante para que su enojo surgiera.
—Va a ser difícil evitar que Saotome anote, es el mejor en deportes —admitió otro.
Mikado apretó sus puños con fuerzas, él también era excelente en deportes, pero debía aceptar que Saotome era un digno oponente.
«No me vencerás»pensó al mirar con molestia al pelinegro.
Ranma desde su lugar le devolvía la mirada sin signos de tener algún temor. Sabía que Mikado estaba furioso por los rumores que circulaban sobre la supuesta relación que tenía con la peli azul, y esta vez ambos tomaron la decisión de mantenerse en silencio y dejar que hablaran, esperando que eso detuviera las intenciones de Sanzenin, pero el castaño era demasiado terco y no quería ceder. Si no fuera porque conocía los gustos de Akane, hubiera hasta intentado robarle un beso.
—¿Algún plan? —cuestionó Daisuke.
—Marquen lo mejor que puedan y yo haré el resto —era más una orden que una solicitud—. Hiroshi deberás hacer hasta lo imposible para saltar alto y ganar el saque.
El castaño tragó duro ante las palabras del pelinegro cuando el silbato sonó. Mikado al ver que el pelinegro no iba a estar en el saque, descubrió sus intenciones y cambió a posición de defensiva.
Tal como lo solicitó Ranma, Hiroshi ganó el saque y la pelota cayó en sus manos, él se encargó de esquivar a cada rival hasta llegar cerca de la zona que le darían dos puntos.
—No te dejaré pasar —soltó Mikado al interferir en su camino—. No eres nadie, Saotome.
A medida que la pelota rebotada, Ranma alcanzó a divisar la figura de Daisuke cerca.
—Caíste en mi trampa —soltó con una sonrisa, al girarse dispuesto a hacer el pase a su compañero.
Mikado al ver que no había nadie cubriendo a Daisuke avanzó dispuesto a interceptar el pase.
—Idiota —susurró Ranma, aprovechando a la distracción para elevarse de un salto hacia el aro.
El silencio inundó en todo el gimnasio. La bocina que anunciaba la finalización del partido sonó al mismo tiempo que la pelota era encestada. Los gritos no demoraron en aparecer.
—¡Bebé! —el gritó opacó los demás. Ranma alcanzó a duras penas a reaccionar cuando un cuerpo curvilíneo lo abrazó— No te imaginas cuanto te extrañe —sollozaba emocionada la muchacha que estaba entre sus brazos.
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Akane dio varios pasos atrás impactada de presenciar tal escena, hasta girar y empezar a correr con todas sus fuerzas hasta llegar a la azotea del instituto. Sus manos ardían a causa que sus uñas habían marcado sus palmas al grado de herirlas. Estaba confundida, de un momento a otro pasó de estar alegre por la victoria del pelinegro a uno donde su estómago se retorció con violencia. El sonido de la puerta al ser abierta la alertó, y suspiró al ver a Nabiki aparecer.
—Quiero estar sola —indicó al ver como esta se acercaba a ella. Necesitaba paz y tratar de entender el caos que había en su cabeza e intentar menguar los deseos de arrancarle la cabeza a cierto pelinegro.
—¿Por qué le das tantas vueltas al asunto? —comentó aburrida— Eres lo suficientemente inteligente para saber lo que te sucede, pero también eres obstinada y terca para admitirlo.
—¿De qué diablos estás hablando Nabiki? —exigió al girarse.
—Fácil, pequeña, lo que sientes se le llaman celos —soltó divertida—, porque Ranma Saotome, tu Roomie, logró lo que nadie hizo hasta el momento.
—No, estas equivocada —negó al dar un paso atrás de forma defensiva. Nabiki la seguía de cerca hasta que su espalda chocó contra una de las rejas.
—Abre los ojos Akane, aunque me imaginó que debe ser algo nuevo para ti, pero estoy segura de que sientes atracción por él, en simples palabras "Te Gusta"
Una patada habría resultado menos dolorosa, de eso Akane daba fe, cerró sus ojos dándose por vencida cuando la cruda verdad le fue dicha en su cara. Sin que se diera cuenta Ranma había entrado a su corazón, y mentiría al decir que hizo algo para evitarlo.
Continuara…
