ALL THE WAY
II


Ha sido un día exageradamente largo. Aún lo es. En realidad, hoy parece que nunca terminará.

Miroku me abraza desde la espalda, su mano descansando finalmente cerca de mi pecho, su cara enterrada en mis cabellos marrones y su respiración acompasada produciéndome cosquillas en la nuca. Shippō duerme más allá, solo; esta vez, Kagome está acompañaba de Inuyasha, con la cabeza apoyada en su pecho y los brazos de él rodeándola. Las niñas cuidan de Shin en nuestra cabaña, Kenzan dormita en una pequeña cuna.

Mi grupo y yo necesitamos esta noche para nosotros. Rememorando aquellos lejanos tiempos donde descansábamos en este mismo piso, cortesía de la anciana Kaede. Haciendo esto por ella. Por todas las veces que nos contuvo, nos dio consejos, nos ayudó...

No puedo evitar que se me forme un nudo en la boca del estómago. Kaede ha sido como nuestra madre y perderla de esta forma era algo que no esperábamos, jamás.

Hace horas que permanecemos en silencio, con la respiración finalmente normalizada. Creo que todos estamos conscientes de que nadie está descansando. Solo estamos juntos. A pesar de todos los años que pasaron, aún podemos saber cuándo alguien duerme y cuándo no.

Escucho las respiraciones de todos mis amigos, y el viento fuera, que sopla con fuerza. Casi puedo sentir el frío helado calándome hondo, pero el cuerpo de Miroku pegado al mío me protege. En medio del silencio, se escucha la suave voz de Kagome.

—Inuyasha —susurra. Su voz denota que ha estado llorando en silencio. Tengo los ojos abiertos, pero la oscuridad es casi absoluta. Ni siquiera la nieve que reposa sobre la ventana y la luz de la luna brillando sobre ella me permite ver con claridad a mi amiga. Espero que el idiota de Inuyasha la esté acariciando.

—Hmmh.

—¿Qué pasará cuando... cuando sea muy vieja?

Me estremezco y la presión del brazo de Miroku se siente más fuerte. Me deja un beso fugaz sobre mi cabellera.

—¿De qué hablas?

Sus voces son susurros. De reojo puedo ver a Shippō moverse inquieto en su lugar.

—¿Qué pasará entonces? Serás joven aún y yo... moriré.

El silencio se instala entre nosotros de nuevo. Quiero intervenir, pero no lo hago. Miroku me abraza con más fuerza. Yo también temo que él se escape de mi.

—Nada de eso pasará, Kagome —determina Inuyasha aún en un susurro—. Ya déjalo, ¿quieres?

Siento que mi amiga se quiebra y comienza a sollozar.

—Estaremos separados entonces. Kaede murió, y morirán nuestros amigos y nosotros... yo...

—No. Guarda silencio, Kagome.

Pero ella no guarda silencio. Su voz sigue igual de rota que antes. Miroku esconde más la cabeza en mi cabellera.

—Solo quisiera volver atrás, cuando todos estábamos...

—Seremos eternos, Kagome —dice él. Esta vez su voz no es un susurro. Su voz nos alcanza y envuelve a todos—. Todos nosotros somos eternos. ¿Me entiendes?

Esta vez puedo ver como Kagome se aferra más a él, tanto como Miroku a mi. Inuyasha le abraza y acaricia sus cabellos, con paciencia.

Sí. Nosotros también extrañamos otros tiempos.

—Somos eternos, Kagome —murmura Inuyasha.

—Somos eternos —me dice Miroku al oído.

—Sí, lo somos.



La vieja nos dejó. Creo que estaba demasiado cansada, su cuerpo no estaba resistiendo bien este crudo invierno. Miroku y Sango han tomado las riendas del pueblo; Sango entrenando a los aldeanos, Miroku como estratega. Hacen un buen trabajo. Yo aún tomo recados en aldeas cercanas y Kagome me acompaña la mayoría de las veces. No le gusta estar aquí, siente demasiado la ausencia de Kaede. Y sin su familia cerca esta estación es peor.

Bah. Es difícil continuar cuando se pierde a quien ha sido guía y algo así como una madre, cosa que jamás pude decirle. No tiene caso pensarlo más.

—Podemos visitarla mañana —dice Kagome de pronto. Está sentada frente a mi con té caliente entre sus manos. Fuera el viento parece aullar—. Hará una semana.

No digo nada, solo asiento con la cabeza. Miro por la ventana a los copos de nieve arremolinarse fuera.

—Podemos llevarle algunas flores a Kikyō también, ¿no crees?

Me giro a mirar a mi compañera y veo que observa su taza con cierto pesar. Extiendo un brazo para sostener con delicadeza su mano, envolviéndola con mi calor.

—Si lo necesitas.

Kagome mueve la cabeza de arriba hacia abajo, sus ojos castaños se clavan en los míos. No dice nada, pero puedo sentir todo lo que ocurre en este lugar. No soy un jodido mitad perro por nada.

—Kagome —comienzo. Ella niega con la cabeza, pero no voy a dejar que siga con esos pensamientos—. Deja de pensar en eso, ¿de acuerdo?

Se suelta de mi agarre y se incorpora, caminando decidida hasta la ventana. Deja la taza atrás, humeante sobre la mesa, entre medio de nosotros. Todo está entre medio de nosotros esta última semana. Se abraza y mira fuera, y otra vez me deja fuera de lo que le está pasando. No puedo menos que culparme por esta nueva estúpida rutina.

—Kagome...

—No puedo dejar de pensar en eso. Porque podemos sentirnos eternos, Inuyasha, pero no lo somos. Yo no lo soy. Moriré. Y solo me puedo preguntar una y otra vez dónde quedarás tú y si voy a extrañarte donde vaya... y yo...

Niega con la cabeza.

En todo lo que ella piensa es en mi.

Sus miedos me vuelven loco. Porque el solo hecho pensar en esa posibilidad, en que puedo volver a perderla en algún punto de mi vida, hace que se me revuelva el estómago. Esta noche más que nunca necesito tocarla, sentirle, olerla y soñar que jamás va a dejarme, jamás va a morir, que sí será eterna. Que puedo envejecer y morir a su lado, como se supone que tiene que ser. Que no tengo la maldición de ser un jodido mitad demonio que la verá morir en sus brazos.

Sé que es egoísta. Pero yo tampoco puedo dejar de pensar en eso.

Me acerco y me paro detrás de ella, sin tocarle. Kagome me quiere lejos esa semana, por alguna razón. Como si pudiera cambiar el curso de la historia si no nos tocamos. Si pudiéramos estar por siempre juntos si solo cumplimos en no tocarnos ni una vez. Tomo un mechón de su cabello ondulado entre mis dedos y juego un rato con él, en completo silencio. Siento que su respiración se tranquiliza.

Se gira entonces y me mira con esos ojos grandes y marrones que siempre me han desequilibrado un poco —desde el momento mismo de nuestro primer encuentro—, y el mechón de cabello se escapa de mis garras. No puedo evitar mirarla con intensidad. Mi cuerpo me pide que esté pegada a ella, lo necesita. Mi corazón comienza a palpitar más fuerte, a golpear contra las costillas. Si Kagome tuviera los sentidos un poquito más desarrollados podría escuchar el ritmo de mi corazón sin problemas.

Levanta sus manos y las apoya sobre mi pecho. Puedo sentir su calor a través de mi haori. Siento también como su corazón se acelera, sobre todo cuando vuelvo a tomar otro mechón de su cabello y mi vista vaga sobre su rostro. No puedo evitar obsesionarme con ella, no con todo lo que esperé para estar a su lado.

—Tengo miedo —me susurra.

—¿De qué?

Se encoge de hombros, baja la vista. Le obligo a volver a mirarme tomando su mentón con delicadeza. Mis garras acarician su suave piel. Acerco mi rostro y, cuando nuestras narices chocan, sus ojos se cierran. Finalmente alcanzo su boca.

—Inuyasha —me dice cuando logro separarme de ella. Me siento embriagado por su aroma, y no puedo pensar con claridad. Todo lo que sé es que necesito besarla de nuevo.

Una de mis manos sigue en su rostro, mis ojos están obnubilados y los de ella brillan de esa manera que tanto me gusta, cuando es dueña de todas las partes de mi.

—Dijiste que somos eternos —sigue. Acerco mi rostro aún más, casi rozando nuestros labios. No quiero que diga algo que me duela, no quiero recordar su mortalidad—... a veces no lo siento así. Quiero sentirlo así.

Siento sensaciones en mi cuerpo que no puedo describir. Sus manos son cálidas sobre mi y su mirada me dice tanto en todo ese silencio. La cabaña está vacía y el pueblo descansa. Parece que solo somos nosotros dos en el mundo, y lo necesito más que nunca.

—¿Qué hago?

Mi voz sale ronca, no puedo evitarlo. Mi cuerpo se estremece de solo pensar en lo que esa noche puede depararnos. Ella sonríe lentamente, hace que se cree un vacío en mi estómago, casi parece separarse de mi cuerpo. Su expresión es suave, entregada.

—Hazme eterna.

Y, por todo lo sagrado, juro que lo haré.


༄ Prompts: invierno & melancolía/ansiedad.
Kaede es uno de los personajes secundarios que más quiero, me encanta. Creo que es muy importante para el grupo, y siento que sería una pérdida muy grande para todos. Y también sería el recuerdo de la mortalidad, sobre todo para una pareja como Inuyasha y Kagome.
Deje su review en ventanilla. Gracias~,
Mor.

Postdata: Sí, hicieron cosas sucias esa noche (?)