ALL THE WAY
IV
Kagome se sorbe otra vez. Le acaricio lentamente la espalda mientras me abraza con fuerza. Ha llorado a moco tendido desde que confirmamos sus sospechas, apenas minutos atrás. Parece totalmente quebrada y me duele profundamente, pero no sé qué hacer ni qué decir.
Inuyasha hace acto de presencia abriendo la puerta con fuerza inusitada, haciendo que encuentre el tope con un ruido sordo. Kagome levanta el rostro cubierto de lágrimas y vuelve a soltar un sollozo.
—¿Es cierto? —gruñe él. Su rostro parece fuera de sí. Miroku ingresa detrás y lo toma del brazo, mirándome con preocupación. Por suerte, las niñas, Shin y Kenzan no se encuentra presentes, no me gusta cómo se está presentando todo esto—. ¡Suéltame! ¿Es cierto?
—Inuyasha, guarda la calma —le pide Miroku, sin soltar su agarre. Inuyasha parece no escucharle, solo tiene ojos para Kagome, abrazada a mi y sin ánimo para hacer nada más que llorar.
—Kagome —le llama él.
—Sí —responde ella. El rostro de Inuyasha se descompone y se suelta del agarre de Miroku de una sacudida. Mi esposo da un paso atrás, soltando un suspiro y con el ceño fruncido. Ya me dijo que se esperaba algo así, pero es más difícil verlo. Ver a dos personas queridas rotas es siempre más difícil que solo pensarlo.
—¡Mierda! —grita él. Inquieto, se mueve de lado a lado, incapaz de acercarse a su mujer. La abrazo con más fuerza. Kagome no necesita su estado de pánico, necesita contención. Pero no puedo no comprenderlo—. ¡Mierda!
Golpea con fuerza los elementos arriba de la mesa, tirando todo al piso. Luego toma la misma mesa y también la revolea. Kagome se aferra más a mi, sin dejar de llorar.
—¡Cálmate, Inuyasha!
—¡Y UNA MIERDA!
Golpea con sus puños cerrados la pared, rompiéndola con facilidad. Presiona los puños apretados sobre la madera y deja caer su cabeza, escondiendo su rostro entre el cabello plateado. Miroku cierra la puerta detrás de él y se acerca a nosotras, posando una mano cariñosa sobre la espalda de la sacerdotisa.
—Tranquila, Kagome —le dice. Kagome se acomoda mejor contra mi, la acaricio con calma. Alcanzo a ver cómo Inuyasha levanta la vista para vernos. Tiene los ojos brillosos.
—¿Por qué tuvo que pasar algo así? —pregunta. Mira a Miroku buscando una respuesta, como siempre. Mi esposo suspira.
—Muchas veces ocurre, Inuyasha —le responde—. Y no sabemos qué complicaciones puede tener un embarazo de un ser con parte demoníaca en una humana. Kagome sigue siendo una humana.
—Lo sé muy bien —gruñe él. Se acerca hacia nosotros y toma el brazo de Kagome con delicadeza. Ella se deja ser e Inuyasha la abraza contra él; el rostro femenino escondido entre los ropajes rojos, y el de él entre los cabellos de ella —. Lo siento tanto, Kagome.
—No me odies por no poder llevar a nuestro hijo... por favor.
—Nada de eso —su voz es potente, sincera y no deja lugar a réplicas.
Es un día muy triste, no importa cuánta luz solar nos caliente, no importan las risas de los niños ni cuánto deseen refrescarse en algún arroyo. Hoy es todo tristeza, aunque sea para nosotros. Sobre todo, para ellos dos, que ceñidos parecen uno, que en el silencioso abrazo parecen estar totalmente solos.
Miroku se sienta a mi lado, me deja un beso en la mejilla y posa una mano sobre mi gran barriga. No falta mucho para que de a luz, y por primera vez eso me pone incómoda.
—Ya podrán —me asegura mi esposo. Sus ojos azules rebosan seguridad; Inuyasha lo mira con el ceño fruncido y una lágrima silenciosa cayendo por su mejilla—. Lo sé.
Inuyasha asiente. En sus ojos hay dolor y culpa, como en Kagome, pero en sus dientes apretados se ve con claridad la rabia. Lo único que me reconforta es saber que no existe nadie que pueda ser una mejor compañía y aliento para el otro que ellos.
•
Kagome entra en la cabaña llevando consigo una gran canasta, con ella entran en un remolino un puñado de hojas secas, rojas y amarillas. Chasquea la lengua cuando lo nota, pero no le presta mayor atención: sus ojos se dirigen a mi, llenos de preocupación y ese pequeño reproche. Se sienta a mi lado e intento incorporarme un poco, pero no me deja.
—Eres un...
—Idiota. Ya lo sé.
Aprieta la boca y comienza a sacar vendas y varios frascos con váyase a saber qué de la canasta. Tengo una gran herida abierta que va desde el hombro derecho hasta casi el esternón, todavía sangra un poco. Un segundo de distracción fue suficiente para que la bestia que asolaba a la aldea me diera alcance. Por suerte acabamos con él casi de inmediato luego de eso.
Me aplica un poco de un ungüento en la herida y lo único que puedo pensar es que duele como el infierno. Aprieto los ojos y los dientes e intento concentrarme para no gritar. Me siento debilitado por la pérdida de sangre y que me apliquen mierdas no mejora mi estado.
—Lo lamento, pero es necesario —murmura ella ante mis gruñidos de dolor. La miro de reojo aún con los dientes apretados. Sigue preocupada por mi. Ya me estoy acostumbrando a eso.
—Estoy bien, Kagome —le aseguro, tomándole de la mano con la que iba a ponerme gasas sobre la herida. Otra vez el reproche en su mirar, como siempre que estoy en peligro. No puedo evitar sonreír un poco. Se deshace de mi débil agarre y venda la herida con delicadeza, también con una diminuta sonrisa en sus labios.
—No vuelvas a hacer alguna idiotez y termines lastimado de nuevo, ¿de acuerdo?
Asiento con la cabeza y le tomo el brazo de nuevo, esta vez con más fuerza. Me mira con los ojos chocolates abiertos y esa expresión de sorpresa y gracia en su rostro. Tiro un poco de su brazo y ella suelta una risita.
—No es el momento.
—Siempre es el momento.
Ríe todavía más fuerte y me contagia, así que solo sonrío mientras la insto a acercarse a mi. Todavía me duele el hombro, pero no me molesta su cuerpo sobre el mío cuando se sienta a horcajadas sobre mi. Espero que a nadie se le ocurra entrar en la cabaña ahora.
—Estás lastimado, Inuyasha —me recuerda, sin dejar de sonreír y echándole un leve vistazo a mi herida ahora vendada. No duele tanto, menos con su perfume embriagándome.
—Estoy bien —le repito. Le acaricio el rostro, levemente los labios, bajo por su cuello, su brazo, su muslo... Su entrepierna está sobre la mía y creo que ya sintió lo que está pasando conmigo.
—Ya veo que estás bien —ríe de nuevo. Su risa es melodiosa en medio del rugido del viento fuera de la cabaña. Pronto llegará el invierno y la encerraré completamente en mi cabaña durante un período... como nos gusta a nosotros—. Estás loco.
Me acaricia el rostro y limpia los rastros de sangre de mi cuello y mandíbula. Me dedico a observarla sobre mi; el peso de su cuerpo me agrada. Le acaricio los muslos con mis garras, por suerte hoy decidió usar una falda muy parecida a la verde escolar de antaño. Me sonríe y se inclina para besarme en los labios. Me dejo demasiado cuando estoy con ella...
Cuando se separa, no puedo evitar mirarla con intensidad y decir lo que hace tiempo quiero decir.
—Volvamos a intentarlo.
La expresión de ella cambia de inmediato. Sus ojos se oscurecen un poco y aparta la mirada, concentrándose de nuevo en mi herida.
—Ya lo intentamos dos veces, Inuyasha. Tal vez nunca pued-
—Miroku dice que la tercera es la vencida. No tengo idea de dónde sacó esa frase, pero debe tener algo de verdad, ¿no?
Ella vuelve a mirarme. Le acaricio los muslos con suavidad otra vez, sin dejar de mirarle a la cara. Su expresión es pura confusión y eso me lastima. Pero no puedo darme por vencido con ella. De verdad la deseo. Y deseo tener hijos con ella. Deseo la familia que nunca tuve. Y si bien con ella me conformo por el resto de mis días, también deseo hacerla feliz.
—¿Y si mi cuerpo vuelve a rechazar a otro más?
—Ya te dije que no es tu cuerpo el problema.
—Eso no lo sabemos.
Frunzo el ceño. La discusión eterna. Pero ya sé la verdad, el problema siempre será mi sangre demoníaca. Estoy seguro de eso. Pero no puedo rendirme. Tiene que haber una oportunidad para nosotros. Si pudimos estar juntos luego de todo esto... Además, estoy vivo, mi madre era una simple humana. Kagome es aún más fuerte, teníamos que poder.
Toma mi rostro con sus manos, sus ojos castaños tristes, perturbados. Su cuerpo sobre el mío sigue produciéndome un montón de cosas, pero ahora solo me preocupa lo que nos mantuvo ocupados los últimos dos años, desde nuestra primera pérdida.
Levanto la mano para acariciar su mejilla. Tenía que ser diferente esa vez. De verdad tenía. Pediré ayuda a quien sea necesario.
—¿De verdad quieres volverlo a intentar?
—Quiero que seas feliz.
Kagome me sonríe.
—Soy feliz contigo.
—Quieres un hijo, Kagome. Lo sé.
—Me conformo con estar a tu lado.
Le acaricio la mejilla con delicadeza. Kagome acepta mi caricia con una sonrisa.
—Si es necesario, pasaremos una temporada en tu hogar. Haremos lo que sea necesario.
—Pero tenemos obligaciones aquí...
—Bleh, olvídate de eso —insisto. Acaricio con más intensidad sus piernas—. ¿Quieres ir a trabar la puerta?
Suelta una risa.
—¡Inuyasha!
Le tomo de la camisa y tiro de ella para besarle la boca otra vez.
—¿Lo lograremos esta vez? —me susurra contra mis labios.
—Sí.
༄ Prompts: verano & enojo / otoño & dolor.
Yo sé que cada uno tiene sus ideas de cómo son los embarazos entre estos dos y blablabla. Y yo tengo esta idea de que Kagome pierde el primer embarazo (y tal vez algunos otros), y aunque no sea feliz, me gusta. Y puede que no sea accurate, pero realmente no me importa. Porque viva el dramaaa
Deje su review en ventanilla. Gracias~,
Mor.
