ALL THE WAY
V
—Me preocupa que estés tan quieto —le digo finalmente. Inuyasha está sentado con las piernas extendidas y expresión vacía, mirando hacia la cabaña—. Preferiría que camines de aquí para allá e intentes derribar la puerta.
Inuyasha sigue en silencio, pero me dirige una singular mirada ámbar. Suspiro y me incorporo de mi lugar para pasar a caminar de lado a lado. Si él no entra en pánico, yo lo haré. Las gemelas están dentro junto a Sango y Rin y no nos han dicho nada las veces que han salido a buscar las cosas que necesitaba; los niños se encuentran con Kohaku, que vino a entretenerlos.
—¿No estás nervioso?
—Que pregunta más estúpida —gruñe. Es cierto que sus ojos están turbados y llenos de preocupación—. Por supuesto que estoy nervioso —continúa. No deja de mirar la puerta un segundo, como si tuviera la capacidad de ver a través de la madera—. Perdimos dos antes de él, no han pasado ni siete meses, y están tardando mucho. No puedo escuchar más que quejidos, quiero estar ahí y debo estar aquí y...
—De acuerdo —le interrumpo. Me equivoqué: íbamos a entrar en pánico los dos—. No sabemos cómo es el desarrollo de un bebé con sangre demoníaca, tal vez el tiempo es...
—Me interesa una mierda.
—De acuerdo.
Vuelvo a caminar de lado al lado hasta que Inuyasha suelta un gruñido y me ordena detenerme.
—¡Quédate quieto! ¡Intento escuchar qué ocurre!
—¡De acuerdo!
Me dejo caer en el mismo lugar en el que estaba e Inuyasha me observa con el ceño fruncido, de reojo. Luego, vuelve la vista al frente. Pasa un largo tiempo hasta que algo finalmente cambia, su posición para empezar. Pone la espalda recta, cruza las piernas y se restriega las manos con nerviosismo, moviendo sus orejas caninas.
—¿Qué oyes? —le pregunto. Sus ojos me observan con sorpresa y algo así como miedo—. ¿Qué?
—«Un poco más, Kagome».
De repente un llanto realmente inhumano llena nuestros tímpanos e Inuyasha se incorpora de un solo salto. La sorpresa me toma desprevenido e intento levantarme rápidamente, pero estoy tan nervioso que estoy a punto de volver a caer. Inuyasha me toma sin prestarme atención de la manga de mi hábito y, sin inmutarse, me levanta de un solo tirón.
—Nació —murmura. El llanto se sigue escuchando con fuerza: ese niño tiene unos grandes pulmones. Un calor me llena por dentro mientras sonrío. Inuyasha me sigue sosteniendo de mis ropas con su garra. Está paralizado—. Soy...
Le tomo así mismo del brazo y le aprieto cariñosamente. No puedo evitar mi sonrisa de oreja a oreja. Rin sale de la cabaña justo en ese momento con toallas ensangrentadas y con el rostro colorado y sudoroso. Nos mira y nos dedica un gesto amistoso.
—Todo está bien, pero no pueden entrar todavía —asegura. Se pone nerviosa al notar la mirada que Inuyasha le dirige a lo que lleva entre manos—. ¡Kagome está bien! ¡Y la niña es preciosa!
Temo que Inuyasha se caiga redondo en su lugar cuando su mano cae inerte a un lado, así que le tomo ambos brazos intentando sostenerle. Sin embargo, no cae. Rin sigue su camino con ligereza y Miu se apura a asomar la cabeza por la puerta, mirarnos ceñuda y volver a cerrarla con fuerza luego de decir «¡Esperen ahí!».
—Soy padre —vuelve a murmurar, mientras escuchamos el llanto ahora más sosegado de su niña. Me mira con los ojos dorados húmedos y una suave sonrisa en el rostro—. Soy...
Sango abre la puerta con una sonrisa de autosuficiencia y rápidamente pone sus manos en la cadera. Tiene el rostro colorado, los cabellos hechos un desastre y está hermosa. Inuyasha se impacienta en su lugar. Sango se acerca a nosotros y mira a nuestro amigo con intensidad.
—Felicidades —le dice, poniendo una mano en su hombro—. Ya puedes pasar.
Inuyasha desaparece en menos de lo que uno tarda en decir «¡Siéntate!». Mi mujer se acerca a mi y la encierro entre mis brazos, ella corresponde y la siento suspirar profundamente.
—Kagome lo ha hecho muy bien, y la niña está sana. Todo está bien al fin.
Sonrío entre los cabellos despeinados y puedo sentir que su corazón late tan tranquilo. Algunos pétalos de cerezo revolotean a lo lejos en la aldea, puedo verlos de reojo (como una tonalidad rosada decorando el paisaje) mientras observo salir a las gemelas de la cabaña, mirándose y riéndose por lo bajo.
—Nunca creí que vería a Inuyasha llorar de la felicidad —nos dice Mei con una sonrisa cansada—. Casi logra que lloremos nosotras también.
—Tuvimos que irnos de ahí —agrega su hermana—. Era demasiado íntimo. Pero feliz, ¿no?
Mei asiente, mirando hacia la cabaña ahora en silencio.
—Muy feliz.
•
—Vamos, nena, tú puedes. ¿Quién es la más grande guerrera Sengoku? TÚ lo eres, ¡inténtalo con más ganas!
No puedo evitar intercambiar una mirada con mi esposo. Él sonríe con ganas bajo el cálido sol, despeinados sus cabellos por una brisa que se hará más fresca a medida que transcurra el otoño. Mis niñas se protegen los ojos de la luz con las manos como visera, intentando ver qué ocurre. Shin está parado junto a su padre en la misma pose, y Seiryo se sostiene del vestido de Mei, con un dedo en la boca (aún no podemos sacarle la manía…).
—Inuyasha —murmura Kagome cuando finalmente llega y se acomoda a mi lado. Los gritos del medio demonio se escuchan en toda la aldea, así que está muy enterada de lo que ocurre. Le acaricia la mejilla a Yasuo, que está a upa mío, y me dedica una sonrisa antes de volver la vista a su marido y a su niña—. Yune tiene seis meses, no…
—¡ESO, NENA, ESO! ¡Ven hacia a mi!
Los niños empiezan una serie de vítores mientras las gemelas se abrazan, derritiéndose de la ternura. Miroku se queda boquiabierto, pero empieza a reír luego. Yune camina a pasos atolondrados hacia los brazos extendidos de Inuyasha, con el pelo plateado ondeando alrededor de su cara regordeta.
Kagome permanece extrañamente callada a mi lado, hasta que lanza un grito cuando Inuyasha alza a la niña en brazos, sonriendo de oreja a oreja.
—¡Dio sus primeros pasos! —exclama mi amiga, corriendo hacia su hija. Se la arrebata a Inuyasha, que solo logra dedicarle una mueca burlona, y la llena de besos, mientras la pequeña ríe.
—Es mi niña, ¿qué crees? Es la MEJOR NIÑA del puto mundo, JODER.
—¡Cuida la boca! —le grito, pero parece no oírme. En cuanto a su vocabulario, nunca me oye. Kagome tampoco hace mucho caso en ese momento, pues huye con la niña en brazos exclamando un montón de cosas.
—¡Debemos avisarle a mi familia! ¡Oh, y tomar fotos! ¡Prepara la mochila!
Inuyasha la sigue rápidamente, mientras Mei y Miu murmuran entre ellas. Seguro planean qué pedirle a sus tíos. Estoy a punto de hacerles una advertencia al respecto, pero Miroku me interrumpe. Las observo irse con Shin y Seiryo detrás, quienes seguramente tienen la misma idea en mente.
—Después de cinco niños, aún me emociona mucho los primeros pasos, ¿a ti igual, cariño?
Vuelvo la vista a él y le sonrío. Lo cierto es que sí. Hasta derramé lágrimas con Seiryo, y seguramente lo vuelva a hacer con Yasuo (aunque creo que eso tiene que ver con mis días del mes), a quién no le falta mucho para comenzar a caminar.
—El que sea algo yōkai ha ayudado al crecimiento de Yune, ¿no crees?
—Sí —le digo—. Kagome no tuvo mucho tiempo para disfrutar de la etapa 'bebé' de Yune.
Miroku se encoge de hombros.
—Pero parecen más felices que nunca.
—Sí, es verdad. E Inuyasha se está comportando muy bien —le sonrío. Miroku me dedica una mirada peculiar, sonriendo de lado. Toma a Yasuo en brazos ante la insistencia del niño. Mis hijos lo adoran. Aunque, ¿quién no?
—Imagino que has tenido menos deseos de darle un Hiraikotsazo a nuestro compañero, ¿cierto?
—Sabes que eso es así. Oh, mira, ya hicieron el bolso. Supongo que irán por un par de días.
—¡Nos iremos por un par de días! —grita Inuyasha al pasar a nuestro lado, dejando una palmada en la espalda de Miroku. Yo giro los ojos, mi esposo le sonríe con paciencia. El medio demonio acaricia los cabellos negros de Yasuo y acomoda mejor la mochila amarilla de Kagome en su espalda—. Volveremos pronto.
—¿Presumirás tu niña?
Inuyasha le dedica una sonrisa que deja ver todos sus blancos dientes. Como sus amigos, no podemos menos que sonreír en respuesta. Kagome llega con Yune en brazos y apura a su marido, agregando que volverían enseguida y traerían todo lo pedido (por mis niños, asumo).
—¡No la presumas demasiado! —agrega Miroku, saludándolo con la mano libre. Ya se han alejado bastante, pero el oído de nuestro amigo es lo suficientemente sensible como para escucharnos.
—¡Sí lo haré, joder!
Estoy a nada de gritarle —nuevamente— que cuide su maldito vocabulario, pero la primera palabra de Yasuo me interrumpe. Miroku lo tiene en brazos y lo observa con media sonrisa en el rostro.
—Jo… der —murmura mi niño nuevamente.
Otro hijo cuya primera palabra es una maldición aprendida por su querido tío Inuyasha. Van tres.
—¡INUYASHA!
༄ Prompts: primavera & felicidad / otoño & ternura.
Simplemente, los amo. Espero que lo hayan disfrutado,
Mor.
