ALL THE WAY
XI


Tener un hermano menor es una gran responsabilidad, y nosotras lo sabemos bien. Más si se tienen varios hermanos menores, y cada uno es más travieso que el anterior (pero tal vez eso sea un poco culpa nuestra y no tanto de los «genes» de madre y padre). Pero así mismo es muy divertido, y creemos que Yune está comenzando a averiguarlo.

Nos saca muchas risas ver cómo le ruega a la tía Kagome que le deje alzar a Takuma, y por la mirada que les dirige tanto padre como madre se diría que están planeando regalarnos otro hermanito (aunque toda la aldea considera que con Shin, Kenzan, Seiryō y Yasuo ya son suficiente; sobre todo lo considera así el tío Inuyasha, a quién hemos escuchado criticar a nuestro padre más de una vez).

—Se acerca la pareja feliz —le susurra mamá a Kagome. La tía vuelve la cabeza hacia Kohaku y Rin, que se acercan conversando tranquilamente, haciéndose sombra en la cara con una mano en la frente. Miu me observa y suelta una risilla que comprendo muy bien. Es que nosotras, como nos ha explicado tía Kagome muchas veces, los shippeamos. Es un poco más complicado explicarles el origen, ni siquiera Inuyasha (quien ha viajado al cuándo de Kagome) lo comprende del todo aún.

—Inuyasha, ni siquiera pienses en ponerles nerviosos.

—¡Pero si yo no he hecho nada aún!

—¡Pero sé que lo estás pensando!

—Bleh.

Reímos. Siempre reímos antes sus bleh, y con Miu sospechamos que lo hace a propósito. A veces lo hace más fuerte, como un Keh, y eso hace que hasta Yasuo (que, sin entender mucho, a veces solo ríe porque el resto ríe) se carcajee de lo lindo.

—Deja que nuestro perruno amigo se divierta un poco, a ver si se le cambia el humor —sonríe nuestro padre. Kenzan le encontró una cana en su negro cabello hace dos noches y ahora ya no podemos dejar de notarla, siempre la veo brillar ante la luz del sol. Eso ha provocado que mamá se pase horas buscándose canas en su gran cabellera (pero papá le ha quitado todos los miedos diciéndole que ansía mucho verla canosa, que él mismo le diría cuando ocurriera).

—Mi humor está perfectamente, gracias.

—Yo diría que no. —La voz de mamá es poderosa y risueña. Hace que Shin se incorpore para observarle el rostro al hablar. Nosotras consideramos que no hay voz más bella—. No desde la visita de Kōga ayer. Y eso que nos ha ayudado con la amenaza que encontró a un par de kilómetros de aquí.

—Me interesa un cuern-

—¡Inuyasha!

—¡Un rábano! Me interesa un gran rábano qué haya hecho el lobo apestoso.

—Con la cantidad de años que han pasado uno diría que serían amigos ya —suspira Kagome. Nosotras creemos que es una tonta rivalidad que se remonta a años atrás, sobre todo por lo que nuestro padre nos ha contado. Y creemos que un poco tiene que ver el miedo de tío Inuyasha por ser solo medio demonio, pero no podemos decir nada al respecto.

—BLEH.

Volvemos a reír y noto de reojo que Inuyasha sonríe ante nuestra propia risa; luego cuchichean algo con tía Kagome pero no logro escuchar qué, y por la mirada de Miu, ella tampoco.

—¡Hola! —saluda Rin con ánimos. Se agacha para acariciar la cabeza de Takuma, que sigue durmiendo en brazos de tía Kagome y nos envía un beso volador que todos atrapamos y le devolvemos. Kohaku nos saluda con una sonrisa y se limpia el sudor de la frente.

—Debemos agradecer a estos grandes árboles —asegura, a salvo del sol en sus sombras.

—Sí, son una delicia con este calor agobiante. —Papá mira hacia el cielo apenas oculto por unas cuantas ramas y hojas del espeso follaje. El sol aún está en lo alto, quedan largas horas del día. Por suerte, hoy todos se han tomado el día libre.

—¿Han decidido pasar el día con nosotros también? —pregunta tía con una gran sonrisa. Observo que Yasuo pide silenciosamente upa a Inuyasha, quién lo alza rápidamente y lo hace volar apenas un poco en el aire antes de volver a atraparlo (Yasuo ríe feliz, y Yune lo observa con los ojos dorados abiertos de par en par).

—Sí… sí. —Kohaku tartamudea un poco. Intercambio una rápida mirada con Miu: se acerca una revelación, de seguro. Shin me da un ligero golpecito con el pie para que preste atención a los adultos. Inuyasha mira con el ceño ligeramente fruncido a Kohaku, quien se rasca la cabeza. Sabemos qué significan las dos cosas: curiosidad del lado de Inuyasha, nerviosismo por parte de tío Kohaku. Por su lado, mamá sonríe a Rin.

—Sí, sobre todo porque… bueno, tenemos una noticia que darles.

La voz de Rin suena divertida y ansiosa. Se la ha visto aún más sonriente desde que está junto a tío Kohaku.

—¿De qué va la noticia?

—Kohaku partirá pronto para seguir su entrenamiento —comienza Rin. Noto el modo en que se pone en puntitas de pie y vuelve atrás, una y otra vez.

—Así es, la semana entrante —responde mamá con tranquilidad. El tío Kohaku siempre sigue con su entrenamiento, aunque todos opinan que ya es un exterminador hecho y derecho. Él, sin embargo, sigue insistiendo en que tiene mucho por mejorar. Ha extendido su última visita más tiempo de lo previsto y decidió que pronto tendría que volver a marchar, aunque nos visita seguido.

—¡Sí! Y… decidimos que yo… yo me iré con él.

El silencio se hace momentáneamente. Cambio una rápida mirada con Miu, que también parece asombrada.

—¿Te irás lejos, para siempre, tía Rin? —pregunta Kenzan con cierto pesar. Ni Inuyasha ni papá le han sacado la vista de encima a la pareja.

—No, cariño, solo… un tiempo. Volveremos a visitarlos, como hace tío Kohaku.

Kenzan parece meditarlo.

—¿Y qué harás en esos viajes? —pregunta Inuyasha de pronto.

—Pues… Kohaku recorre muchísimas aldeas, extermina demonios, ayuda a las personas. Yo quiero hacer lo mismo, aunque no exterminando. Yo…

—Creo —comienza el tío Kohaku— que así practicará más el uso de hierbas y el cuidado a los enfermos. Juntos…

—Serán un equipo estupendo —concluye Kagome con una sonrisa. Mamá asiente, y las expresiones de padre e Inuyasha se suavizan.

—Deberemos aumentar las provisiones entonces —asegura Miroku—. Deberán llevar el doble de cosas.

Kohaku y Rin sonríen al mismo tiempo. Están visiblemente contentos de que su idea sea bien recibida. Siguen conversando un poco más sobre la preparación para el viaje en equipo, porque las cosas cambian mucho más cuando se trata de más personas.

Miro a Miu con más fuerza y ella niega rápidamente con la cabeza. Sin embargo, yo que es el momento indicado.

—¡Miu quiere ser exterminadora!

—¡Mei también quiere! —me grita ella, mirándome con el ceño fruncido. Todos escucharon y giran la cabeza para vernos. Señalo a mi hermana, idéntica a mí.

—¡Pero ella primero!

—¡Claro que no! ¡Lo quisimos las dos al mismo tiempo!

Mamá alza las cejas, papá hace una mueca de disgusto. Inuyasha suelta una risotada y Kagome nos mira con cariño. Solo Kohaku y Rin parecen un poco nerviosos.

—Te dije que deberías comenzar a entrenarlas —murmura tía Kagome a Sango. Mamá asiente con paciencia.

—Será hora entonces.

—¿DE VERAS? —mi grito sale de inmediato, mi hermana hace eco. Lo sé, suena extraño que ambas hablemos al mismo tiempo, pero ya todos se han acostumbrado.

—Sango, de verdad crees… —comienza Miroku. Comienzo a temer que se retracten, pero madre lo calla de inmediato.

—Sí, de verdad creo. Yo comencé con mi entrenamiento incluso cuando era más joven que ellas, como sabes.

—Lo sé, cariño, pero las niñas…

Sango se gira a verlo con esa poderosa mirada que nosotros tememos (puede ser realmente perturbadora).

—Las niñas se han puesto en peligro en incontables ocasiones por ayudar a las personas de la aldea,… y también por traviesas —remarca, con hielo en la voz—. Si no hubiera sido por la velocidad de Inuyasha o la suerte de tenernos cerca a Kagome o a nosotros, tal vez no estarían aquí. ¿Crees que es una locura enseñarles a defenderse y a defender a otros? ¿O crees que no son capaces de tener la habilidad que nosotros tenemos?

Mientras todos guardamos un silencio terrible (incluso Yasuo observa todo con sus grandes ojos azules —el único con ojos claros—), Inuyasha mirando con severidad y Kagome con calma, padre cambia su expresión.

—No… de hecho estoy completamente de acuerdo contigo —reflexiona—. De seguro son tan buenas como tú.

—Serán incluso mejores —asegura mamá, sonriente. Se gira a vernos con una maliciosa sonrisa—. Porque entrenarán muy duro si de verdad quieren esto.

Intercambiamos una mirada con Miu y asentimos.

—¡Sí, lo haremos!


༄ Nota:
Quería dejar en claro esto: AMO A LAS GEMELAS. Y me imagino grandes cosas para ellas. ¿Qué opinan ustedes? ¿Se las imaginaban como exterminadoras o alguna profesión diferente?
Mor.