ALL THE WAY
XVIII
Inuyasha se sienta a mi lado. Han pasado muchos años desde que lo conozco, pero no ha envejecido casi nada. Su rostro ya es el de un hombre, y a pesar de que el tiempo sí ha pasado para mí, en este momento la diferencia entre nosotros no es tan abismal como de costumbre.
Supongo que el miedo siempre nos hará iguales.
Soy el hombre de las mil palabras, pero ahora mismo no puedo decir nada. Un manto lúgubre y silencioso ha caído sobre la aldea, justo después del caos que produjo la llegada de Sango y Kagome. El frío emana de la tierra misma, se levanta como una neblina que hiela la sangre.
No hay niños jugando por aquí. Mis hijos más grandes cuidan de todo el resto de nuestras familias, de seguro en mi casa. Ahora mismo no podemos dejar la sala que funciona como hospital. Sé que él ansía estar ahí, pero no nos han permitido ingresar. Tenemos suerte de que las aldeanas estén tan bien preparadas para estos casos.
Abro la boca y la cierro. ¿Qué puedo decir? Intento darme algo de calor frotando mis manos entumecidas.
—Siento que esto es mi culpa —dice.
—No, cla-
—No. Debí insistir más. Tenía esa terrible sensación y… no pude resistirme a los pedidos de ambas. Debí insistir. ¡Debí confiar más en mis instintos y obligarlas a quedarse!
Estoy mudo. Puedo contar con los dedos de una mano las veces en que he visto a Inuyasha llorar. No es un gran llanto, pero ver una lágrima cayendo por su mejilla dice más que suficiente. Ni siquiera se preocupa en limpiarse.
—Inuyasha…
—Dime que se pondrá bien. Miénteme si es necesario.
No está fuera de sí. Preferiría ver en él una furia que no conoce límites, pero no es así. Parece perdido. El enojo de antes fue desechado rápidamente por un sentimiento de desaliento, es fácil verlo en sus ojos enrojecidos.
Sango y Kagome salieron de caza hace un par de días. Hoy volvieron a duras penas. Fue obra del destino que Sesshōmaru estuviera por los alrededores. Sintió el olor de la sangre y fue a ver qué ocurría. Ayudó a exterminar a los demonios convirtiéndose en su forma demoníaca. Trajo a Sango y a Kagome sobre Ah-Un, ambas heridas.
Sango tiene heridas que tardarán en sanar, pero se recuperará. Estaba consciente al llegar. Apenas dejó que la observara un segundo antes de encerrarse con Kagome y las aldeanas.
—Estará bien. Kagome estará bien.
¿Estaré mintiendo? El modo en que Inuyasha me mira…
—Es muy joven aún. Es demasiado joven aún, Miroku. No puede dejarme.
El silencio se hace unos segundos. Sé que está atento a los sonidos y olores, atento al bombeo de la sangre, al latir de un corazón.
Empalice y sus manos tiemblan.
La voz de Sango rompe el silencio, impide que formule la pregunta.
—¡SESSHOMARU! —grita.
Sé que Kagome murió esta tarde.
•
Inuyasha no se mueve de su lugar. Ni siquiera parece estar respirando, ni siquiera parece ser capaz de levantar la mirada. He escuchado momento a momento cómo muere, así que no me extraña. No me sorprende tampoco el grito desesperado de la exterminadora, que ni siquiera se ha curado todas las heridas aún.
Me acerco y observo a mi medio hermano. Las manos le tiemblan y las lágrimas caen por sus mejillas. Miroku, a su lado, pasa la vista de Inuyasha hacia mí.
—¡¿Qué estás esperando?! —grita Sango, volutas de vapor salen de su boca en contacto con el aire frío—. ¡Haz algo!
Creo que mi hermano no es capaz de enfrentar mi mirada por temor a que esto no pueda funcionar. No quiere tener esperanzas solo para sufrir la pérdida una vez más. Me pregunto si acaso yo haría lo mismo.
La cabaña apesta a sangre y muerte. Colmillo Sagrado late en mi mano cuando desenfundo, y los seres del otro mundo rodean el cuerpo sin vida de Kagome. No parece demasiado tarde. Las aldeanas observan la escena cuando destruyo esos demonios, pero la respiración no vuelve a su cuerpo.
Miro con atención por si algún otro ser queda cerca.
—Sesshōmaru… —murmura la exterminadora—. Dime, ¿funcionó?
No hace falta que gire para verla. Sigue en el mismo aspecto deplorable en el que la encontré, pero ahora también el dolor y el llanto inundan su voz.
Guardo silencio. Hay magia en esta tierra, y espero verla cuando Kagome vuelva a llenar sus pulmones de aire. De otro modo, creo que hoy también morirá Inuyasha, de esa muerte en vida que sus hijos no querrán ver.
Pasan otros segundos hasta que finalmente puedo escuchar a su corazón latir. La herida que había amenazado su vida fue curada por Colmillo Sagrado. Su pecho se eleva y baja con lentitud. Está inconsciente, pero viva.
—Oh, Kagome. Kagome, despierta, Kagome.
Salgo de la cabaña. Escucho el movimiento de las aldeanas para revisar y curar o atender cualquier herida que puedan ver.
Inuyasha se ha incorporado de su lugar. No se tomó la molestia de limpiarse el rostro. Miroku me mira con expectación.
—No podré hacer esto otra vez, nunca. Cuídala.
Veo el rostro de mi hermano. Hay tantas emociones reflejadas allí, en esa expresión y en esos ojos casi idénticos a los míos, que nadie podría definir qué está sintiendo. No me dice nada, como un sonámbulo camina de prisa hacia la cabaña que dejé atrás.
—Gracias —dice el monje. Tiene la voz quebrada. Me dedica una reverencia antes de seguir los pasos de Inuyasha—. Gracias.
Humanos. Y esos sentimientos tan humanos que mi hermano siente. Cuando veo a Rin y Kohaku felices, cuando veo a mis sobrinos bien, cuando toda esta familia que se han formado está bien, de ese modo… de ese modo parece que todo seguirá y estará bien por siempre.
Pero, ¿qué harán cuando no estén bien? ¿Qué hará Inuyasha con todos esos sentimientos cuando Kagome muera?
Es hora de que me vaya de la aldea. Tengo que encontrar a Kohaku, Rin y las gemelas para que estén al tanto.
Camino y no puedo dejar de pensar, ¿qué haremos con estos sentimientos cuando empiecen a irse?
Era mucho más fácil cuando tan solo los odiaba.
•
No estoy débil ni lastimada. No tengo un solo rasguño. Solo me encuentro helada y desorientada, con una sensación de haberme perdido información. Sé que Colmillo Sagrado se encargó de que esté aquí. Siento como si la magia de la espada aún me rodeara.
Luego de que Inuyasha se quedara solo a mi lado, silencioso y viéndome el rostro, no hablamos más. No hablamos hasta que Miroku y Sango (con los ojos aún enrojecidos del llanto) trajeron a mis niños. Hasta que no los tuve en mis brazos, sintiendo su tranquilidad, no estuve segura de estar allí, no con Inuyasha tan callado.
Sango y Miroku me dejaron a solas con él luego, llevándose a los niños. Pueden saber que necesitamos tiempo a solas. Inuyasha no ha hablado una sola palabra desde que desperté, como si no se creyera todo esto.
Se cierra la puerta y me giro a verlo. Sigue, pálido, observándome fijamente.
—Inuyasha… habla, por favor.
Sus orejas se mueven. Sus cejas se incomodan, no sabe qué expresión adoptar. Me toma una mano y la aprieta. Luego acaricia mi rostro, y el calor de su piel casi me quema. No tarda en acercarse a mí y hundir su cara en mi cabello; no tardo en sentir sus manos recorriendo mi espalda, palpándome, abrazándose más contra mí.
Mi corazón se enloquece —no importa que recién estuviera muerta, lo hace—, e Inuyasha me abraza más, si cabe. Devuelvo el abrazo y aspiro su varonil aroma. Me hace sentir ligeramente mal la desesperación con la que me abraza, como si no nos hubiéramos visto por siglos.
—Inuyasha…
No responde. Me aprieta, y me sorprendo al sentir sus cálidas lágrimas mojándome el cuello. Su cuerpo tiembla un poco. Sé que debe sentirse débil, pero sé que ya no teme mostrarse así ante mí. Mis ojos se nublan, el nudo en mi garganta no me permite decirle que estamos bien, que sigo a su lado.
—No puedo… no puedo imaginarme una vida donde no estés —me dice, su voz ronca.
—Inuyasha…
—Cállate. Solo… quédate un rato más. Quédate más, Kagome.
No hace falta que me diga algo más específico. Entiendo a lo que se refiere, pero sé… sé que volveré a morir inevitablemente. Me siento mal y comienzo a llorar, no quiero dejarlo. No quiero dejarlo otra vez solo, pero, ¿cómo puedo evitarlo? Aprieto mis dedos contra su piel, para que me sienta y dejo besos por su cuello y rostro. No sé si mi ansiedad podrá borrar esa pena que siente, pero lo deseo con ganas.
—Me quedaré contigo —le prometo. Encontraré la forma—. Por siempre.
Inuyasha asiente y su boca me encuentra al fin. La impaciencia en su beso da paso a una extraña calma. Nos llena hasta que nos saciamos y solo nos observamos. Sus ojos dorados se fijan en los míos, y entonces me sonríe.
Por ahora todo está bien.
༄ Nota:
Esta vez fue Kagome quien estuvo cerca del final. Ya no quedan segundas oportunidades para ella, y eso es terrorífico. Como en las viñetas de 'la batalla de Miroku', es lindo ver que tenemos gente a la que marcamos, gente que nos quiere, que nos protege, que nos cuida. No se olviden de esas cosas lindas~
Mor.
