ALL THE WAY
XIX


El revuelo es tal que calculo que todos en la aldea están al tanto de las nuevas visitas. Pero Kagome parece contenta, y yo estoy tan aliviado de que todo esté bien que en realidad casi que no me importa soportarlo a él y a toda la prole.

—Sé muy bien que lo de Kagome te ha afectado —comenta Miroku nomás al pararse a mi lado—, pero esto de no verte pelear con el joven Kōga, no es algo a lo que estemos acostumbrados…

Suelto un bufido.

—Da igual. Kagome está recuperándose aún.

Miroku suelta una sonrisa tranquila y observa al frente. Kagome, Sango y Ayame están meta chismorrear. Logro escuchar vagamente que conversan sobre los niños, y no me extraña. La cercanía a la muerte hace esas cosas… Sacudo la cabeza. Mejor alejar esos pensamientos, porque todo está bien ahora.

De repente, me enderezo un poco más en mi lugar y de reojo logro ver la sonrisa de Miroku. ¿Dónde está Kōga?

—Realmente no puedo creer que dejaste que esto pasara.

Su sola presencia logra crisparme. Habíamos hecho las paces, pero ese tono de voz realmente puede hacerme cambiar de parecer.

—Escucha, lobo rabioso…

—Ya, ya. Me han dicho que Sesshōmaru ha tenido que usar a Colmillo Sagrado —. Asiento con un movimiento de cabeza. ¿Qué más puedo decir? No necesito que venga a restregarme esto en la cara. Mis puños se tensan de inmediato. Kōga hace una mueca, con la mirada fija en el grupo de mujeres—. Sabes, si necesitan ayuda aquí en la aldea, solo basta decirme. Puedo mandar algunos de mis lobos. Enterarnos de esto… No nos hubiera gustado llegar demasiado tarde.

Lo miro en silencio.

—Muchas gracias, Kōga —interviene Miroku. El silencio se ha hecho demasiado largo. Cruzo con más fuerza los brazos, los niños hablan, cerca de nosotros. El tono es jovial y el sol de la tarde pega con fuerza—. Todo esto nos ha tomado por sorpresa. Estoy seguro de que hablo por todos cuando digo que agradecemos tu ayuda y nos pone muy feliz que hayan decidido venir a visitarnos, a Kagome, el día de hoy.

—Bueno, no por todos —ríe Kōga, mirándome con sorna. Le dedico una vaga mirada. La rivalidad no se ha ido con los años, pero no pueden culparme solo a mi—. Queríamos asegurarnos de ver a Kagome a salvo. Y nos alegra ver que Sango también se encuentra bien. Los niños querían venir de todos modos —agrega, haciendo un movimiento de cabeza hacia sus hijos.

Mi atención, que hasta entonces estaba en Kagome, se dirige hacia Kanae y Atsuo, dos de los hijos de Kōga, mi niña, y Seiryō y Yasuo, dos de los niños de Miroku. Todo parece bien, pero de repente presto atención a su conversación y…

—… sin duda, en un futuro, tú y yo seremos novios. Es una obviedad.

La voz de Atsuo llega a mi en la más clara de las formas. Se dirige a Yune con una soltura increíble. Todo parece detenerse.

Mi niña… con… ese energúmeno.

Intercambio una mirada con Kōga, y está tan sorprendido como yo. Quiero intervenir, pero Miroku frena cualquiera de mis acciones antes de que pueda hacer algo. Entonces me doy cuenta que también frenó a Kōga.

—Lo que sea que hayan oído, están siendo solo niños.

—Miroku. Cállate.

—Escuche, monje, es mejor que no empiecen con eso… ni ahora ni nunca, porque… ya sabes… nos harían algo así como familiares con el perrito este, y no tengo ganas, para qué mentirte.

—Kōga. Tú también cállate.

—Ni novios ni nada —escucho decir a Yune, y mi atención vuelve de inmediato a los niños. Eso, dile, hija—. Ya te dije que mejor ya no me molestes.

Atsuo se ríe y cruza un brazo sobre los hombros de mi niña. Creo que tanto Kōga como yo palidecemos, porque Miroku nos agarra con más fuerza.

—Yo sé que eres como… no sé, un cuarto demonio… y yo un demonio completo. Pero… eres fuerte, eres hija de un medio demonio y de una sacerdotisa, y ellos dos son algo así como legendarios… Y piénsalo, yo creo sin duda que vamos a ser una pareja increíble algún día. Estoy seguro de que nuestros padres pensarán igual.

No.

No pensamos igual.

—Dah… otra vez estás dando la lata, ¿no? —Es la voz de Seiryō. Estaba ahora enfrente de mi hija y de Atsuo, mirándolos con hastío. Toma la mano de Yune y tira de ella, liberándole del agarre del niño lobo. Yune se desentiene de los dos rodando los ojos y se aleja en dirección al resto de los niños—. Ya déjala en paz. No molestes con tus ideas de casorio.

Bien. El hijo de Miroku llegará a ser un buen hombre.

—Además, cuando seamos más grandes, le pediré un hijo. Así que ya vete haciendo la idea.

Mis oídos dejan de escuchar. Miroku también parece haber oído, porque nos soltó el agarre a ambos y rió con frescura.

—Estas ocurrencias de los niños, ¿no?

Me pregunto si estará muy mal querer matarlo.



Yune entrena. Aunque varios metros más adelante, la vemos con facilidad. E Inuyasha, bueno, él se ve más orgulloso que nunca. Sonrío casi sin poder evitarlo. Los años pasan y cada vez me sorprende más la inmensidad que nos llena a todos.

Sango está unos pasos más allá conversando acaloradamente con Kagome (vaya a saber uno sobre qué conversa, pero por las miradas de reojo que me dirige mi mujer, estoy seguro que tiene que ver conmigo… le respondo con pícaras sonrisas que la hacen sonrojar y río). Inuyasha me mira un momento, luego dirige la vista a las mujeres y luego a mi de nuevo.

—¿En serio? —masculla, con media sonrisa.

—No puedo contener a la bestia.

—Por favor… dime que Sango ya no es fértil…

Me río con más ganas, porque los chistes de Sango y yo poblando la región solo han aumentado con el paso de los años (y de mis niños). Pero creemos que la fábrica ha cerrado hace tiempo. Hemos tenido noticias de nuevos embarazos, pero el cuerpo de Sango parece rechazarlos una y otra vez. No es algo que no nos entristezca, pero teniendo seis hijos, ya hemos superado nuestras expectativas.

Cuando mis pensamientos dejan de arremolinar mi mente, caigo en la cuenta de que Inuyasha mira al frente muy concentrado. Intento seguirle la vista hasta encontrarnos con nuestros niños charlando tranquilos. Parece que el entrenamiento de Yune se ha pausado momentáneamente.

Observo nuevamente a Inuyasha, su frente perlada con gotitas de sudor. El sol pega fuerte a esta hora de la tarde, y el verano comienza a hacerse notar.

—¿Qué ocurre? Una pequeña pausa en su entrenamiento no es nada, después de todo es muy buena…

Inuyasha mueve las orejas y gira a verme. Su expresión no parece decidirse. Hace un gesto con su cabeza hacia el frente.

—No es eso. Yune.

—¿Yune?

Miro con atención. Yune está sentada sobre el verde pasto, charlando animadamente con uno de mis niños.

—Yune —repite Inuyasha. Sus brazos cruzados se relajan a su lado y se deja caer, sentándose en una pose desgarbada. Lo miro con curiosidad y me siento a su lado, ¿qué estará pensando ahora?—. Yune. Y Seiryō.

Alzo las cejas y vuelvo a enfocar la vista en el cabello de Yune, largo como el de su padre. Sí. Al lado se encuentra Seiryō, hablándole con soltura.

—Comienzo a creer que eso va en serio. Será mejor que hables con tu hijo, Miroku. O lo haré yo.

—¿Va en serio?

Miro hacia los niños y otra vez a mi amigo. Casi parece como si hubiera sido solo unas semanas atrás cuando Seiryō separaba a Yuno del niño de Kōga, siempre con ese tono burlón y galante que aprendió de su padre (aunque eso le moleste mucho a Sanguito y a mis amigos, a mi me enorgullece un poco).

Inuyasha se encoge de hombros.

—Crecen más rápido de lo que esperaba. —Chasquea la lengua y frunce el ceño.— Solo míralos.

Vuelvo la vista. Incluso a esta distancia, son obvias las intenciones de mi hijo. Y la timidez (impensada) de Yune. Se miran un largo rato antes de que sean interrumpidos por otro de mis niños.

Sonrío sin poder evitarlo. Inuyasha parece tranquilo ante este intercambio, y eso me sorprende.

—Pensé que querrías matarme… o matarlo… de acercarse a Yune.

Inuyasha me mira. Sonríe con esa sonrisa burlona que deja uno de sus colmillos al descubierto.

—Kagome no me deja.

Río. El calor parece despejarse entre que compartimos risas.

Y sí, a mi también algo que me dice que eso va a en serio. Que antes de que nos demos cuenta, así, mientras nos pasa la vida a un ritmo acelerado, nuestras familias estarán unidas para siempre.


༄ Nota:
Cosas lindas para el corazón. Siempre me imaginé que un hijo de Miroku/Sango terminaría casándose con uno de Inuyasha/Kagome, y por supuesto voy a hacer eso realidad en este fic. Así que nomás espérenlo, que por ahora nomás les dejo el principio (?)

Llegamos a lo más reciente de este fic. Estoy en HIATUS, no les voy a mentir respecto a eso, pero planeo volver, y con fuerza.
Also, actualmente solo actualizo si el capítulo tiene reviews, así que si siguen la historia y quieren saber cómo continua esto, déjenme sus impresiones. Qué les gusta, qué no, qué los hace shippear, qué quieren que ocurra... Recuerden que quien está de este lado no recibe paga alguna por continuar sus fics, así que sus reviews son todo.
Yo sé que esto huele a chantaje, y tal vez un poco lo sea, qué sé yo. Simplemente no sé si hay alguien de aquel lado leyendo, y me gustaría estar al tanto. No sean tímidos que no muerdo, y soy una persona amorosa (?)

Que estén muy bien, cuídense y den amor,
Mor.


~Update:

Últimamente no encuentro las ganas de seguir escribiendo. La historia me gusta mucho, y tengo muchas ideas para viñetas futuras (no estamos muuuuy lejos de terminar, pero sí quedan varias en el tintero), pero entre la vida real y algunos descontentos con el fandom y la gente en general, me han terminado de drenar las ganas de continuar.

No sé si este es un adiós, pero... solo por si acaso, les mando amor de nuevo y les deseo solo cosas buenas.

Espero que hayan disfrutado la historia a este punto. Nos leeremos alguna otra vez,
Mor.