ALL THE WAY
Capítulo XX
Han pasado algunos años desde que estuve en esa aldea. La última vez, el día que Kagome murió. Hay una pequeña parte en mi (que no quiero reconocer, y en la que Jaken ha insistido a lo largo de este tiempo) que teme volver y encontrarse a alguien muerto. Ridículo, lo sé. Los veré morir a todos. Supongo que Rin sí me ha ablandado un poco.
Jaken tironea de Ah-Un, que conservamos aunque ya no haya una niña que lo requiera. Nos recuerda de viejos tiempos. Lo sé. Rin ya no es una niña.
—Señor Sesshōmaru, ¿está seguro de que es una buena idea…? Apenas hemos llegado, y ellos están entrenando, y los demonios pueden venir y…
—Estará bien.
Jaken me mira con un poco de preocupación, pero Kohaku siempre fue un exterminador hábil, y las hijas del monje no lo están haciendo nada mal (diría que lo contrario). Por supuesto, tener al lobo ahí también ayuda, aunque ninguno de ellos (a excepción de Rin) necesita protección. Con todos ellos ahí, mi presencia está de más. Rin está a salvo.
El viaje a la aldea es corto, aunque noto que Jaken llega cansado. No sé si está viejo o solo fuera de estado. Es extraño sentir ese lugar tan cercano aunque nunca haya permanecido allí mucho tiempo. Algunos aldeanos nos saludan con una reverencia, y algunos otros dementes, con demasiado entusiasmo.
Finalmente llego a la casa del monje y la exterminadora, que es donde seguramente encontraré a todo el resto, y así es. Tardan un momento en aceptar la idea de que realmente estoy aquí.
—¡Sesshōmaru! —exclama Kagome, se incorpora y corre hacia mi—. ¡Qué alegría verte! Hace tanto, tanto tiempo… y yo quería decirte…
—No.
—Pero…
—Déjalo ya, Kagome. —Inuyasha me mira desde la distancia, sentado en el suelo frente a Miroku. — ¿Qué pasó? No me acuerdo la última vez que te he visto.
—De hecho, creo que hemos visto a Kōga más veces que a ti en los últimos años.
—Ni me lo recuerdes.
Los observo a todos y me tomo mi tiempo antes de responder. Porque sé que les sorprenderá la respuesta y no tengo ganas de soportar esto.
—El señor Sesshōmaru solo quería pasar a verlos —responde Jaken por mi. Intento matarlo con la mirada pero no lo logro. No sé porqué me sorprendo, lo he intentado por siglos.
—¿De verdad? —masculla Inuyasha, entrecerrando los ojos—. ¿Ya te agarró demencia?
Comentarios de gente que pasa tiempo con humanos.
—Sesshōmaru, siéntate —intercede Sango—. Ya sabes cómo es Inuyasha.
—¿Y qué has estado haciendo en el último tiempo? Por nuestra parte,…
A partir de ahí, Miroku no ha parado de hablar. Creo que ya sabe que no seré yo quien lleve esta conversación. Me cuenta de los avances en la aldea los últimos años. Que la cacería en aldeas cercanas lo hacen mayormente Inuyasha y Miroku, pero que Kōga y sus lobos se pasean frecuentemente por los alrededores. Que Shippō viene aunque sea dos veces al año. Que Jinenji les trae hierbas. Etcétera. La mitad de las cosas me las pierdo, porque no sé de quienes habla. Jaken les cuenta lo que hemos estado haciendo. Viajar y matar demonios. Visitar a Rin a escondidas, y esto visita desencadenó otra ola de preguntas por parte de ellos.
No sé qué estoy haciendo aquí, y por qué lo estoy disfrutando. Solo puedo culpar a una persona por esto.
—Quédate en la aldea estos días. Tendremos un festival en dos días y…
—No soy de festivales.
—Lo sé —responde Inuyasha—. Tampoco eres de humanos, y aquí estás.
Me quedo callado; Jaken se encarga de pelear por mi. No puedo decir que no tiene razón.
Decidimos quedarnos.
•
Miro a Inuyasha y sonrió. Ha estado un poquito más enfurruñado de lo habitual estos días. Eso hace que los encuentros privados sean un poco más fogosos, pero, por otro lado, tenerlo así todo el bendito día...
—¿Tanto te moleste que esté aquí?
Inuyasha se gira a verme y bufa. Se encoge de hombros, vuelve a su labor (porque así de ocupados estamos con los preparativos para mañana). No puedo evitar sentirme exasperada. Con todos los años que estamos juntos y todavía no puede verbalizar. ¡No es tan difícil!
—Inuyasha…
Insisto. Inuyasha deja sus cosas. Mira al frente. Takuma otra vez está entrenando. Lo observo yo también, curiosa. ¡Ha crecido tanto! Me enorgullece, pero, al mismo tiempo, algo en mi interior se encoge. ¿Ya dije alguna vez cuánto odio la sangre demoníaca?
—Pues sí.
No puedo evitarlo, simplemente suelto la risa. Él me mira fastidiado, pero no tarda mucho en sonreírme.
—No te rías tanto —suelta finalmente, mientras retomo la respiración habitual. Sus cejas se juntan nuevamente cuando vuelve a mirar al frente—. ¿Tú también lo ves?
—¿Qué cosa?
Me indica al frente de nuevo. Observo otra vez. Finalmente recaigo en que Sesshōmaru también está presente, observando quedo lo que sucede con mi hijo y los aldeanos. No solo eso, le da indicaciones para mejorar sus técnicas.
—¿Qué…?
—Exacto. Agg, ya sé de qué va esto.
Lo veo levantarse con agilidad y yendo al encuentro de su hermano y Takuma. Mientras intento terminar de hacerme una idea de lo que pasa en la mente de Inuyasha, él se acerca a Takuma y comienza a entrenar con él, mientras Sesshōmaru los observa pacientemente.
Es fácil notar los celos de Inuyasha, y lo entiendo. Pero también,… empezar a pensar en Sesshōmaru como "el tío Sesshōmaru"... Eso es nuevo. Debo contarle esto a Sango. De inmediato.
•
Kagome tardó un poco más de lo que debía en entender lo que Inuyasha comprendió de inmediato. Pero creo que eso tiene algo más que ver con la sangre demoníaca, y el saber cómo funciona el crecimiento de los híbridos. De todos modos, luego de seis meses de tener a Sesshōmaru en los alrededores, de verdad, nada menos que Sesshōmaru,¿cómo puede sorprenderse de este pedido?
—¿Puedes creerlo? —vuelve a decirme, y yo solo asiento y la escucho. Una y otra vez. Y le pregunto que qué cree que es mejor. Y no sabe qué responder.
Porque así hemos estado los últimos dos días.
Que es pequeño. Que realmente no sabe lo que quiere. Que Inuyasha nunca va a permitirlo, pero un poco ya lo aceptó, y ¿qué le corresponde hacer a ella en ese caso? Que qué opina Miroku al respecto, que él la entendería.
Yo le cuento un poco lo que Miroku y yo opinamos al respecto, y aunque lo escucha, a las pocas horas vuelve a la carga. No puedo evitarlo, me causa un poco de risa. Sé que es duro para ella, pero yo dejé ir a mis dos pequeñas lejos y las veo solo unas pocas veces al año… así de buenas son, por supuesto. Y sí, lo digo orgullosa.
—Kagome. Por favor. Basta.
—Pero, Sango…
—No.
Me queda mirando con la boca entreabierta. Pero no tarda en suspirar y dejarse caer. Por detrás, observo que Yune asoma la cabeza por la ventana y me arquea las cejas. Le hago un movimiento con la mano para que se tranquilice. Todos están esperando que Kagome acepte bien esta noticia, porque Takuma de todos modos se irá con Sesshōmaru a entrenar por los caminos, como es la costumbre en los demonios, parece ser.
—Takuma es un niño especial… un híbrido, y ya no es tan pequeño como tú crees.
—Sango… es cruel que se vaya ya. Cumplirá diez en un par de meses, ¿por qué debería aceptar esto?
Suspiro y me acerco a ella.
—Sesshōmaru estará con él en todo momento. Ya has visto qué tan en claro se lo dejó Inuyasha. —Y esto es una historia para otro día, porque casi se arma una batalla campal en medio de la aldea.— Y vendrán a verte todo el tiempo. Yo sé —la interrumpo antes de que pueda abalanzarse nuevamente con todo tipo de quejas y lamentos—, lo sé, sé que es difícil. Pero, Kagome, nuestros niños crecieron. Takuma crecerá en esta época, que creo que es muy diferente a la tuya, debe saber cómo cuidarse, ¿no crees? Es común para los demonios entrenar desde jóvenes. Los hijos de Kōga comenzaron a los cinco años, para pesar de Inuyasha, ¿recuerdas?
—Porque siguen con su ridícula competencia. Sí —suspira—. Lo sé, sé que tienes razón. Todo el mundo me ha dicho lo mismo, pero es… es tan difícil para mi...
—Lo sé, Kagome. Y estaré aquí siempre.
Kagome me mira y toma una gran bocanada de aire.
—Lo sé. Gracias, Sango.
Me da un fuerte abrazo antes de irse para su casa. Es la primera vez que la veo tan calmada. No tengo tiempo para descansar, pues Miroku entra por la misma puerta que acaba de salir mi amiga casi al instante.
—Kagome parecía un poco más convencida.
—Resignada diría yo.
Miroku sonríe, pero poco le llega a los ojos. Yo igual sé que a él tampoco le agrada la idea. Se acerca a mi y me abraza. Lo encierro en mis brazos, y él esconde su cabeza en mi cuello. Siento su respiración, sus manos traviesas que bajan de mi espalda a mi cola… Ay, no puedo evitarlo, me tranquiliza estar tan cerca de él, y un poco también me dan ganas de llevarlo a la habitación.
—¿Tú crees que es momento para disfrutar mis atributos?
—Siempre es momento para eso, pero sobre todo lo es en los momentos tristes.
Me río. Yo sé que a él le agrada tener niños cerca, y que todos nuestros niños han crecido tan rápido, pero al mismo tiempo, no lo noto tan triste, si es que me entienden…
𝑡𝑜 𝑏𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑖𝑛𝑢𝑒
ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇ ᴀᴜᴛᴏʀ:
Holiii~ ¡Lo sé! Hace un muy largo tiempo que no me paso por acá. Pero ¡sorpresa, sorpresa! Aquí estoy, y nada menos que actualizando con tres viñetas. Estas tres viñetas nos muestran un poco el paso el tiempo. No quería concentrarme demasiado en los años en el medio, y de hecho ahora los saltos temporales serán más común de lo habitual, un poco porque desde el principio lo pensé así y luego me arrepentí, y otro poco porque la inspiración es una maldita.
Espero que lo hayas disfrutado, y no hayan dado por perdida esta historia aún XD A ver si alguien sigue de aquel lado...
Antes de irme, muchas, muchas gracias por sus reviews. Espero que hoy se animen a dejar otros en la cajita de abajo. Pueden estar seguros de que estaré agradecida.
Les mando un abrazo virtual muy grande,
Mor.
PD. Miroku y el pequeño Miroku estaban muy contentos de estar tan abrazado a Sango y sus muchos atributos, ya me entienden ustedes, pilluelos.
