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Capítulo 6 - Nunca enfades a una pitón
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Pansy dormía plácidamente en una cama de la enfermería de Hogwarts, tenía un vendaje en la cabeza tapando una fea herida para parar el sangrado, la propia Madam Pomfrey se lo había puesto a la espera de que despertara, lo cual parecía estar haciendo en ese momento.
—¡Merlín, como me duele la maldita cabeza! —fue lo primero que pudo articular Pansy al recobrar la consciencia y reconocer el sitio donde estaba.
—Este tranquila señorita Parkinson, está bien y pronto saldrá de aquí —escucho la voz de la señora Pomfrey cerca suyo.
—¿Qué narices ha pasado, porque estoy en la enfermería? —pregunto la morena —¡si estaba tomando el sol tan tranquila, como he llegado aquí!
La sanadora sabia del mal genio de esta chica, ya había tenido que soportarla otras veces y no tenía intención de escuchar sus gritos, así que como suele decirse, le paso la bola a otro pobre desdichado.
—Yo no sé lo que ha ocurrido exactamente señorita Parkinson, pero aquí está el culpable de su desgraciado accidente, y él, seguro que se lo puede explicar todo. Si me disculpan, les dejo solos, tengo cosas que hacer —dijo la mujer huyendo del lugar a toda prisa como si un Dementor la persiguiera.
—¿El culpable? —Pansy hizo un esfuerzo por levantar su adolorida cabeza para ver alrededor y encontrar al ser asqueroso que la había dejado una brecha en la cabeza —¡Tú!, no me lo creo, ¡yo te mato!
Un Ronald Weasley muy acojonado observaba desde su asiento cerca de la cama como la morena intentaba levantarse sin mucho éxito con ojos furiosos.
—Espera, espera, espera, cálmate un segundo. Fue un accidente como bien a dicho Madam Pomfrey, no fue intencionado, y te aseguro que lo siento mucho —se intentó exculpar el pelirrojo.
—¡Oh, así que no fue intencionado, tranquilo, lo tuyo parecerá un accidente!
—No hay que ponerse agresivos Pansy, nosotros simplemente jugábamos Quiddich y sin querer te lance una bludger cuando caminabas cerca, eso le puede ocurrir a cualquiera, son cosas que pasan —se defendió Ron gesticulando el bateo para explicarlo mejor.
—¡Si, a cualquier cabeza de chorlito con cara de comadreja! —le grito Pansy mientras al fin conseguía sentarse en la cama sin marearse —¡yo cruzaba los terrenos hacia el castillo desde el lago, en línea recta. Eso queda bastante lejos de donde estabais jugando, no me jodas Weasley!
—Es posible que se me fuera un poco la mano con la fuerza y que no calculase hacia donde iba a ir la bola —Ron estaba poniéndose nervioso al ver que la morena empezaba a moverse de su cama. No es que la tuviera miedo, pero esa chica tenía una clase especial de locura que acojonaba a veces. Podía darle por hacer alguna cosa inesperada —pero antes de que te cabrees aún más, debes saber que te he traído hasta aquí yo mismo, ¿eso contara algo no?
Pansy estaba ya bastante recuperada del mareo, pudo ver que aun vestía su biquini verde oscuro y su camiseta blanca, pero al escuchar las alegaciones de inocencia del joven se le vino algo bochornoso a la mente —me has traído hasta aquí, tu solo, ¿en brazos?, ¡Medio desnuda! —dijo mirando hacia el pelirrojo con voz cada vez más grave.
—Bueno estabas inconsciente, ¿qué querías que hiciera?, yo tampoco es que este muy vestido que digamos —se defendió señalando su pecho desnudo el pelirrojo viendo por donde iban los tiros de la Slytherin.
—¡Ah claro lo entiendo!, tu defensa para traerme hasta aquí inconsciente y prácticamente desnuda ¡Es que tú también estabas casi desnudo!- vocifero levantándose de golpe y acercándose a pasos agigantados al Gryffindor —¡ESTA VEZ SI QUE TE MATO WEASLEY!
El joven que veía como se le venía lo que parecía una furia griega encima, solo pudo poner los brazos delante de su cara y pecho en modo de defensa para con suerte parar los golpes que sabía llegarían de un momento a otro. No estaba acostumbrado a tratar con mujeres tan agresivas.
La morena se le tiro encima propinándole golpes con todas sus fuerzas en cualquier sitio donde pudiera impactar, además movía sus piernas para encajar alguna que otra patada en la espinilla del chico. Este ataque duro hasta que Ron se cansó de recibir semejante tunda y se adelantó a sus ataques cogiendo con sus manos las muñecas de la joven e inmovilizándola en el proceso.
—¡Quieres parar, yo no te hice nada maldita loca, antes tocaría a una araña gigante de Haggrid que a una psicópata como tú! —le grito a la cara el pelirrojo a una muy enfadada Pansy.
—¡Y yo me lo creo cerdo pervertido! —salto la morena a la vez que intentaba darle una patada en sus partes al abusador que seguro le había metido mano mientras dormía.
Pero no todo salió como Pansy pretendía, al ir a propinar la patada al pelirrojo, este se percató y giró el cuerpo haciendo que la morena fallara y le diera al aire, perdiendo así el equilibrio y haciendo que cayera hacia atrás arrastrando a Ron que la tenía sujeta aun de los brazos.
—Ya he vuelto señorita Parkinson, traigo la poción que necesita para reponerse y otra para su compañero al que seguramente ya habrá roto algo —anuncio la señora Pomfrey entrando a la habitación y buscando con la mirada alrededor a los mencionados —¡pero que están haciendo!
La sanadora quedo estupefacta al ver como el pelirrojo se hallaba encima de la Slytherin en el suelo. Este posaba una mano encima de uno de sus senos y la otra en el piso intentando apoyarse para no dejar caer todo su peso encima de la morena, la cual tenía las palmas de sus manos tocando el trabajado pecho del chico y una de sus piernas doblada entre las del joven rozando en el proceso su miembro con la suya propia.
La señora Pomfrey, que en sus años de juventud recordaba que también había hecho cosas así de indecorosas, solamente pudo sonreír viendo una dulce pareja afectiva hasta en la enfermedad, Soñadora, la mujer decidió dar media vuelta para salir de la habitación mientras decía con voz cómplice —Bueno creo que lo mejor será volver más tarde, les dejo haciendo sus cosas.
Pansy, aun atónita por las palabras de la enfermera miro los ojos azules del pelirrojo viendo el mismo atisbo de confusión que ella tenía. Pasaron varios segundos hasta que entendió donde tenía puesta la mano el Gryffindor.
—¡QUE CREES QUE HACES MALDITO DEGENERADO! —clamo la Slytherin empujando con todas sus fuerzas al pelirrojo y rozando en el proceso el órgano reproductivo de este con el muslo desnudo de su pierna aun doblada. No fue hasta que sintió el roce en su miembro que el pelirrojo se dio cuenta donde tenía la mano puesta. Rápidamente intento levantarse varias veces sin éxito por culpa de los empujones y golpes que estaba recibiendo, esto dio pie a varios roces mas y a caer con la cara entre los pechos de la chica en un momento que perdió el equilibrio —¡No fue a propósito, lo prometo!, tú me tiraste, yo no quería tocar tus tetas —se defendía Ron como podía observando su mano como si fuera a prenderse en llamas en cualquier momento.
Pansy estaba aún en el suelo con la cara totalmente roja y tapándose con los brazos toda la piel al descubierto que podía. Esta miraba al pelirrojo con aspecto de pocos amigos pensando en cómo iba a matarlo. Si bien era cierto que su muslo había rozado el miembro del pelirrojo hasta hacer que creciera un poco, eso no justificaba el manoseo al que según ella había sido sometida.
—Además, ¿tú también me estabas tocando con la pierna no?, ¡una por otra! —para Ron en su cabeza eso lo arreglaba todo, un intercambio equivalente.
—Corre, Weasley, sal de aquí, porque como que me llamo Pansy Parkinson, que esta me la pagas —manifestó la morena enunciando cada palabra muy lentamente para que le quedara bien claro al simio retardado que tenía delante.
Ron, que se había acercado a la puerta mientras ella hablaba, se quedó estático en el marco mirando confundido a la chica que tenía delante y pensando que decirle ante semejante declaración.
—Me voy Parkinson, pero que sepas, que si te he tocado no ha sido queriendo, y que… —hubo unos segundos de silencio mientras decidía si lo soltaba o no —y que ni a mí, ni a ningún hombre en su sano juicio, le gustaría ese cuerpo de trol que gastas, mal bicho —y habiéndose quedado a gusto consigo mismo por ese último comentario, salió corriendo a toda prisa mientras desde el pasillo escuchaba un grito desmesurado proveniente de la enfermería.
—¡AAAAH, VOY A MATARTE MALDITA COMADREJA PELIRROJA!
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Era sábado, solo faltaban dos días para la prueba, todos en el castillo se divertían en su día libre, pero Hermione no podía, no si quería ser Premio Anual, ella debía esforzarse al máximo, aunque fuera con la ayuda de Draco Malfoy, cada uno tenía sus propias metas para estar trabajando juntos, pero al final solo importaba el resultado. Había ido a la Sala de los Menesteres a primera hora de la mañana para que el rubio la instruyera en lo que fallaba de la poción. Después y como habían acordado dos días antes, le tocaría a ella hacer de profesora.
—¡Te he dicho 100 veces que no lo cortes, que lo aplastes con la hoja y viertas el jugo en la poción! —clamaba el rubio a la Gryffindor bastante hastiado de verla repetir el mismo error tantas veces.
—Pero el libro dice que es cortándolo en tiras, ¿a quién le voy a hacer caso?, ¿a ti, o al erudito en pociones que lo escribió y tiene el reconocimiento de la comunidad mágica por ello? —espetaba la castaña —¿eres tan orgulloso que piensas saber más que un experto?
—Pues claro que se más que un viejo con problemas mentales que no sabe ni encender el fuego del caldero —confirmo el rubio con autosuficiencia —me enseño pociones el mismísimo Severus Snape, no encontraras a nadie más diestro en este arte, ni si quiera el chiflado de Slughorn, aunque nadie recuerde su nombre por ello.
Cuando hablo sobre su antiguo profesor de pociones, Hermione noto como el semblante de Draco cambio a uno más triste y oscuro. Seguramente aun lo echaba de menos, al fin y al cabo ese hombre había salvado la vida del rubio en varias ocasiones y había evitado que se convirtiera en un asesino tomando su puesto, le debía mucho.
—Bien vale, te hare caso, pero si sale mal será culpa tuya —termino la castaña empezando a añadir el jugo al caldero de la forma en que le había indicado su ahora profesor "Hurón Malfoy".
—Bueno pues quizá si me hubieras hecho caso desde el principio en vez de discutir conmigo durante las tres últimas horas cada paso del libro, no habrías jodido cuatro pociones ya —dijo el rubio señalando los calderos fallidos apartados al fondo del aula que había creado La Sala de Menesteres para ellos.
—No es mi culpa que te expliques tan mal, yo estoy acostumbrada a imitar los dictámenes que marcan los libros, no a obedecer los mandatos de un hurón albino que se inventa pasos a seguir.
—Mira Granger, llevamos ya varias horas con esto, está a punto de darme una embolia, y aún no hemos empezado con tu parte del trato, que por si no lo recuerdas es enseñarme a invocar un Patronus corpóreo, así que deja de intentar usar eso que guardas bajo el nido de pájaros que tienes por pelo y empieza a hacerme caso de una maldita vez, a no ser que quieras cargarte la prueba de Pociones claro —termino por decir Draco ya con una vena muy marcada en su frente por el estrés que le producía la castaña.
—Hablando de eso, mencionaste ayer que sabias hacer un Patronus normal ¿verdad? —pregunto la castaña mientras revolvía el contenido del caldero.
—Sí, así es, lo que no consigo es darle forma, ya te lo dije ¿tú sabes hacerlo no? —dijo con un deje de desconfianza, empezaba a pensar que le habían engañado.
—Claro, es fácil, solo tienes que buscar un recuerdo muy valioso para ti que te hiciera feliz —el contenido del caldero empezaba a cambiar al color preciso contra mas revolvía —contra mayor felicidad te diera el momento y más nítido sea el recuerdo, más fácil invocar el ente corpóreo.
—Claro, eso ya lo sabía "fresita", tengo recuerdos muy nítidos y felices, pero no consigo que se materialice el maldito, lo que sea —revelo Draco un poco mosqueado por tener que admitir que no le salía algo que a la castaña sí.
—Te he dicho mil veces que no me llames así —le reprendió Hermione ya cansada de los nuevos motes, de verdad añoraba el sangre sucia de siempre, al menos ya se había acostumbrado y no le afectaba tanto, pero estos nuevos apodos parecían casi hasta cariñosos, y eso solo la provocaba un escalofrió que recorría su espalda cada vez que los escuchaba.
—Oh, venga ya, si te encanta, además, no te llamaría así si no te pusieras como un tomate por cualquier tontería que digo.
—¡Mira, creo que este es el color correcto, la poción debería estar terminada! —cambio rápidamente la castaña de tema, no le gustaba sentirse así de desprotegida contra el rubio, y parece que la estratagema dio resultado.
—A ver, déjame revisar —el rubio observo durante un buen rato la marmita, revolviéndola, echándole hojas y otros objetos, incluso estuvo a punto de ingerir un poco en broma, todo para probar la eficacia de la poción.
La castaña se estaba desesperando, si fracasaba seria la quinta vez ese día y la décimo tercera en dos días, no podía volver a fallar, ya no había tiempo.
—¿Y bien, el color está perfecto, y el olor también, es un diez no? —pregunto ya demasiado nerviosa para seguir esperando.
—Bueno, podría valer, como tutor en un examen le daría un cinco siendo generosos —Draco sabía que estaba perfecta, pero ni de coña pensaba admitírselo a la comelibros.
—¿Un cinco?, ¡eso no puede ser!, hice todo como me dijiste, si está mal es culpa tuya, así que la repetiremos hasta que este perfecta y me salga con los ojos cerrados.
—Ah no, ahora te toca cumplir Granger, quedamos en que en cuanto te saliera bien la poción me ayudarías a mí —respondió Draco clamando justicia para obligar a la castaña a respetar su parte del trato.
—¡Mañana te ayudo, lo prometo, lo juro por Merlin!, pero hoy no por favor, déjame practicar la poción, el conjuro es fácil si sabes lo que haces, estoy segura de que casi lo tienes, debe ser una tontería lo que te detiene.
—Granger no estarás intentando timarme ¿no?, esto no es lo que acordamos.
—Lo sé, pero ahora que por fin me sale necesito perfeccionarla, aprender los trucos que me diste. El hechizo puedo enseñártelo en una hora, sé que no eres un negado con la magia, si fuera otro quizá me lo pensaría, pero siendo tú estoy segura que mañana podrás conseguirlo —intento razonar Hermione. Creía ya saber qué es lo que fallaba en los Patronus de Malfoy, si tenía razón, sería fácil corregirlo.
Lo cierto es que Draco estaba cansado, llevaban dos días enteros con el maldito filtro de los muertos en vida, y las constantes discusiones con la castaña le habían quitado años de vida, no le agradaba la idea de dejar a la Gryffindor salirse con la suya pero sabía que podía confiar en ella, por mucho que se odiasen y por muy loca estuviera, la leoncita era de las que cumplían su palabra.
—Bien, pero yo me voy ya. Te he enseñado todo lo que se sobre la elaboración de la poción, así que quedamos mañana a la misma hora aquí. ¿Entiendo? —manifestó Draco muy autoritario.
—Sí, sí, no hay problema, claro… lo que tú digas… —respondió Hermione sin enterarse de mucho pues ya estaba metida con un nuevo caldero siguiendo las notas que había acumulado del rubio.
—Más te vale, que no tenga que ir a buscarte a la sala común de Gryffindor, porque lo haré, y no será algo bonito, para ninguno de los dos, tomatito sabiondo —dijo Draco en tanto salía por la puerta.
—¡QUE NO ME LLAMES ASI MALDITO HURON! —fue lo último que escucho el rubio justo antes de cerrar la puerta y seguir caminando sonriente hacia su sala común, adoraba hacerla rabiar.
