Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen. Son de Craig Barttlet. Yo sólo soy dueña de la trama de esta historia.

En fin, intentando escribir los capítulos Bonus de mi historia Chronicles of Friendship, Love & Poetry... ha salido algo diferente. Que no haré parte de ese fanfic por lo que decidí publicarlo como una historia independiente...

Espero que disfruten la lectura.

CAPITULO UNO: SORPRESA

Rhonda se encontraba muy alterada, hasta Harold se había dado cuenta de eso. Caminaba de un lado a otro en el estacionamiento y cada cierta cantidad de pasos consultaba la hora en su celular. El chico rapado no paraba de mirarla interrogante, la pelinegra siempre había sido un enigma para él desde que eran niños, parecía complicarse demasiado la vida… y para alguien como Harold Berman que buscaba exactamente lo contrario se le antojaba imposible descifrarla.

De hecho, cuando le propuso tener una primera cita a la unigénita Lloyd, el chico casi estaba seguro de que, en el remoto caso de que aceptara, no habría una segunda. Pero lo hubo. Y una tercera. Y una cuarta. Y ahora, contando los dos meses de vacaciones de verano, llevaban casi seis meses saliendo juntos, y Harold vivía cada día creyendo que sería el último junto a ella. Sólo que el chico se había equivocado cada uno de esos días…

Despertaba creyendo que en cualquier momento Rhonda lo miraría con asco y le dedicaría palabras tan crueles como en su infancia y se iría a buscar a alguien como Lorenzo, refinado y "cool", con el cual salir… y cada noche se acostaba sorprendido de que las cosas no hubiesen sido así.

Harold volvió a mirarla fijamente, la chica consultaba de nuevo la hora en su celular.

Era fácil olvidar que Rhonda no era la chica superficial e insustancial que su manera de hablar te hacía creer, el comportamiento de su novia era errático y Harold se encontraba encandilado por eso. Jamás se imaginó que el domingo antes de iniciar su último año escolar, la pelinegra tocaría a su puerta para contarle un encuentro, casi del tercer tipo, con cierta chica que le había hecho saber sus intenciones de interponerse entre Gerald y Helga, y que entonces se la pasaría orquestando un plan para proteger la naciente relación de sus mejores amigos…

Claro, junto al resto de la pandilla… y menos que esa conspiración iba a ser fomentada, dirigida y patrocinada por la flamante unigénita de los Wellington Lloyd.

Así era Rhonda. Egoísta, vanidosa y cruel, pero celosa de las personas que amaba, las cuidaba y protegía detrás de una máscara de desinterés y de aparente favor propio. El ex gordito de la pandilla no pudo evitar sonreír y, por un impulso, abrazar por la espalda a la pelinegra que se relajó visiblemente en sus brazos.

-Procura no arrugarme la blusa Harold, es de seda- murmuró más serena, dejando que su espalda se apoyara completamente en el pecho de su atlético novio.

-Lo que me pidas Rhonda- besó la sien de la joven en sus brazos y se permitió rodearse por ese olor característico de la pelinegra. Quizás no estaban destinados a durar, pero el actual capitán del equipo de futbol americano estaba dispuesto a disfrutar cada momento que durara esa relación.

Fue justamente en ese segundo que la camioneta roja de Gerald arribó al estacionamiento de la preparatoria, Rhonda soltó un suspiro como si lo que había estado esperando que pasara por fin sucedía, y se relajó aún más cuando vio bajar a la pareja discutiendo porque Helga defendía que Inner Beast (la banda que había formado Sid) tenían el potencial de ser los ACDC de la época… y el moreno insistía en que, no negaba que fueran buenos, pero su novia exageraba en la comparación.

Se comportaban como siempre, sólo que había un sutil cambio esta vez. Rhonda pudo apreciar complacida la sonrisa coqueta y el aleteo intermitente de las pestañas de la rubia, que habían sido maquilladas con máscara volviéndolas visiblemente más largas, y Gerald tenía un ligero sonrojo que no se iba, al igual que la sonrisa relajada en su rostro.

La pareja no había notado a Rhonda. Ni a Harold.

Ellos tenían su propio mundo y casi le dolió a la pelinegra sacarlos de esa burbuja, claro que la palabra clave era "casi".

- ¡Par de tórtolos! Si siguen tirando tanta miel se quedarán pegados al piso- la Wellington Lloyd en su interior le propinó un golpe por haber usado una frase tan poco elegante, pero por lo menos tenía lo que quería, la atención de los dos.

-Pero mira quién habla princesita…- empezó a replicar la rubia llevando ambos brazos a la cadera en una pose nada femenina que le hizo fruncir el ceño a Rhonda, todo el orgullo que sintió al verla tan exquisitamente arreglada yéndose por el caño con esa actitud de bravucona –…La chica entre los brazos de nuestro capitán de futbol- Rhonda tardó unos segundos en entender de qué estaba hablando su amiga, cuando la situación la golpeó se apresuró a retirarse de entre los brazos de su novio y arreglarse la blusa blanca y la falda plisada roja con negro que llevaba puesta, una vez estuvo segura de que su atuendo y su cabello se encontraban impolutos, le regresó la mirada a la rubia, que ya se encontraba riendo como enajenada.

En un acto instintivo la empujó intentando silenciarla, Helga estaba sobre un desnivel, y no era hábil con tacones, así que no pudo… aunque quiso… evitar que su tobillo derecho se doblara. Cerró los ojos esperando la caída, pero Harold se había movido rápido y la haló del brazo para que recuperara el equilibrio, recordaba haber pensado en cuanto se dio cuenta de que su amigo la había ayudado que ojalá hubiese sido Gerald al estilo príncipe azul quien evitara su caída.

- ¿Geraldine estás bien? – escuchar su segundo nombre en labios del dueño de su fantasía le provocó un escalofrío que la trajo de vuelta a la realidad.

-Por supuesto que estoy bien, Helga G. Pataki puede sobrevivir a una simple torcedura- y como si quisiera demostrar su punto dio un par de pasos hacia la entrada de la preparatoria, apretando sus labios en una fina línea que no pasó desapercibida para Gerald ni para Rhonda.

-Oh, discúlpame Helga, no quise lastimarte- la pelinegra se acercó a ella.

- ¿De qué hablas princesa Lloyd? Me encuentro perfectamente… bien- al dar otro paso una punzada la detuvo en su lugar, posiblemente había sido la peor idea en su vida llevar tacones ese día a la escuela. Gerald no pudo soportarlo más y la tomó en sus brazos cargándola estilo recién casados, haciendo enrojecer a la rubia - ¿Qué haces pelos de espagueti? ¡Bájame, te ordeno que me bajes! ¡Deja de hacerte el macho y bájame o te juro que te reencontrarás con los cinco vengadores!- amenazaba con voz en grito la menor de las Pataki.

-…Y no va a ser bonito. Sí, sí, lo sé. Me has dicho eso muchas veces Helga, intento que no te lastimes más el pie o no podrás ser animadora ni miembro del equipo de atletismo- con esas palabras el moreno consiguió que su novia dejara de moverse como gusano en agua de sal y permaneciera tranquila, aunque roja hasta las orejas.

-Esto no me lo pierdo por nada- le susurró Harold a su novia en tono divertido mientras compartían una mirada cómplice, aquello iba a quedar grabado en los anales de las crónicas de la pandilla.

Al entrar a la escuela…

¡Un estallido de globos, serpentina y confeti los bañó de pies a cabeza!

Mientras escuchaban los gritos de alegría y felicitaciones que les dedicaban, lo que parecía ser, la escuela al por mayor reunida a la entrada para recibirlos, con pancartas, carteles y letreros que decían "Felicidades Gerald & Geraldine".

Esa no era ni por asomo la manera en la que la recién formada pareja se había imaginado su primer día de clases de su último año en la preparatoria 201.