Un Club donde solo frecuentaban los magos en Londres, era uno de los más exclusivos de la ciudad y estaba situado en el mismo callejón Knockturn. También disponían de las comodidades de sus huéspedes con habitaciones para aquellos que quisieran pasar la noche, solos o en compañía.
Sr. Abraxas Malfoy, acudió como de costumbre al Club y a los socios y trabajadores del local les sorprendió el buen humor que acompañaba el mago aquella mañana, muy poco característico en él. Se sentó en una mesa bastante apartada, con varios caballeros más y todos se interesaron por su cambio de actitud.
—Abraxas —uno de sus compañeros de mesa llamó la atención—, ¿a qué se debe su gesto de satisfacción?
—¿Acaso ha encontrado una nueva conquista? —preguntó otro, provocando la risa del resto.
Abraxas miró hacia donde estaba situado el líder y comprobó que su gesto estaba contraído y sus puños se habían cerrado fuertemente, intentando disimular su ira.
—Es más que una conquista, mis señores —expuso Abraxas—. Muy pronto se convertirá en la señora Malfoy.
El hombre miro su copa, le dio un sorbo y luego le dirigió una mirada aniquiladora, ¿Recuerdas el plan, que hace meses teníamos en marcha, Malfoy?
—Por su puesto que no me olvidado, mi señor. —respondió Abraxas con una inclinación de cabeza.
—¿Y de quién se trata? ¿La conocemos? —se interesó otro de los hombres de la mesa, mientras bebía un sorbo de su copa de vino.
El líder Rodo los ojos, al ver que sus seguidores se empeñaban con lo mismo.
—Es la hija del nuevo ayudante del ministerio el Sr. Tarner. Anoche tuve el honor de bailar una pieza con ella en la fiesta de máscaras de los Sres. Brow.
—¿Con la hija del Sr. Tarner? Todos dicen que es un mestizo y que el título le viene grande. —Se sorprendieron por la revelación.
—Si, puede, pero tengo otros motivos en mente, además es bastante idiota eso me puede beneficiar, será más fácil manipularlo. Al conocer la gran fortuna de la que dispongo, sin apenas ningún esfuerzo, me aceptará como marido de su primogénita.
—¿Qué tiene esa mujer para que te hayas encaprichado con ella tan rápido? — pregunto el líder.
—Promete ser una mujer muy interesante, mi señor. La señorita Hermione tiene una belleza salvaje. A demás puedo aprovecharme de meterme en el ministerio y hacer lo que usted me pidió. —y mirando a su señor que tenía el rostro serio. Abraxas prosiguió—: y se la ve ardiente, no como mi difunta esposa que era una insulsa.
—Malfoy, he sido paciente, pero espero que no te desvíes de la misión que te comende.
—Por su puesto mi señor, todo está en marcha.
Tres días después del baile, los elfos de la familia Tarner trabajaban a contrarreloj preparando todas las pertenencias que sus señores necesitaban para su marcha a su casa de campo.
Empezaba a anochecer cuando se preparaban para tele transportarse.
Llegaron a la mansión que tenían delante era algo más grande que la propiedad de Londres. Varios elfos salieron a recibirlos a la puerta.
Sara, que fue invitada agarró a Hermione de la mano y con el permiso del Sr. Tarner, fueron a inspeccionarlo todo, impresionándose como dos niñas pequeñas con cada cosa que descubrían. Los jardines exteriores eran preciosos, repletos de flores y árboles frutales y contaba con un pabellón para que se alojaran los asistentes.
El interior de la casa era impresionante. Tenía una gran sala central, un salón de baile y un comedor inmenso. La biblioteca estaba repleta de viejos libros y también contaba con una sala privada para la familia, en la cual había un elegante piano de cola. Los dormitorios eran enormes y a Hermione le encantó el suyo propio, con una cama gigante en el centro, un tocador precioso y un gran armario de madera tallado. La decoración en tonos beige y dorados terminaba de completar la preciosa alcoba.
Las cocineras prepararon para el almuerzo sopa de Vermicelli, elaborada con tomates, cebolla y ajos, además de un rico estofado de conejo con brócoli y zanahorias. De postre tomaron fresas acompañadas de una copa de vino dulce. Al terminar de comer, Hermione informó a los Sres. Tarner de que se retiraba a descansar, pues el viaje le había agotado mucho. Su "madre" se acercó a darle un beso y al posar sus labios sobre la frente de su hija descubrió que la fiebre había vuelto a subir.
—Cariño, descansa. El viaje ha sido agotador para ti y vuelves a tener fiebre.
—Te prohíbo salir de la habitación hasta que estés totalmente recuperada —ordenó el Sr. Tarner enfadado consigo mismo por el empeoramiento de la salud de su hija.
—Estoy bien…, papá, sólo un poco cansada.
—Me da igual Hermione, no vamos a permitir que tengas una recaída en tu enfermedad. Retírate a descansar.
Hermione se sentía demasiado cansada y débil para discutir con los Sr. Tarner por lo que asintió y se dirigió a su habitación para dormir.
Después de una larga siesta, Hermione se encontraba mucho mejor y decidió darse un baño. Tras buscar ropa interior limpia por los cajones, cogió un pantalón blanco de algodón que terminaba justo debajo de sus rodillas y una camisola de manga larga, que estaban perfectamente doblados sobre la silla del tocador.
Cuando se hubo bañado y vestido con el pantalón y la camisola, se miró en el espejo su aspecto. Su estómago le avisó con un rugido de que necesitaba comer algo. Se asomó a la puerta y al no ver a ningún elfo cerca, decidió bajar ella misma a buscar algo a la cocina.
Descendía las escaleras con sumo cuidado cuando escuchó la voz del Sr. Tarner seguida de la risa de varias personas más. Los ruidos procedían de la biblioteca. Hermione se detuvo en mitad de la escalera, dudando si regresar a su dormitorio o seguir su camino hasta la cocina. Se sentía como una adolescente cuando volvía de fiesta en la madrugada.
Recopiló la imagen mental de la casa que un rato antes había aprendido con la ayuda de Sara y recordó un pasillo que llegaba directamente a la cocina sin tener que pasar por el centro de la biblioteca, donde estaba reunido el Sr. Tarner con varios hombres más, hablando de tema del ministerio.
Hermione quería impedir que el Sr. Tarner la viera, lo que menos le apetecía era un sermón por haber salido de su habitación
estando aún enferma. Sin embargo, cuando llegó a los últimos peldaños de la escalera se dio cuenta de que la puerta del salón estaba abierta y probablemente, la verían bajar. Inclinó un poco la cabeza hacia delante para comprobar si sería posible pasar sin ser descubierta. Todos los reunidos estaban de espaldas a la puerta, mirando hacia la chimenea que se encontraba en el extremo más alejado de la habitación. Hermione agradeció su suerte y bajando apresuradamente los últimos escalones, corrió hacia el pasillo lo más rápido que pudo. Cuando llegó a la puerta de la cocina, pudo respirar tranquila. Había conseguido pasar sin ser vista. Pero la suerte no es eterna y a ella, le acababa de abandonar en ese mismo instante.
—¡Joder! —blasfemó —. La puerta está cerrada. ¿Y ahora qué hago?
—Señorita —gritó horrorizada Abril a sus espaldas— ¿qué hace en el pasillo y así vestida?
—Menos mal que has aparecido Abril. —Hermione suspiró relajada—.Tenía hambre y al no encontrar a nadie cerca para que me subiera algo de comer, he decidido bajar yo misma.
—No debería andar con esa ropa por la casa, va demasiado escotada cualquier hombre puede verla. — Dijo Abril—Será mejor que vuelva a su alcoba inmediatamente antes de que la descubran así. Enseguida le llevaré un té y un trozo de pastel de limón.
Hermione agradeció el gesto de Abril y recorrió el largo pasillo, hasta que llegó cerca de la puerta de la biblioteca. Se detuvo y lentamente, se asomó para asegurarse de que nadie la podía ver. Ya no solo le preocupaba la reprimenda del Sr. Tarner por haberle desobedecido saliendo de su dormitorio, además la regañina sería mucho mayor si la veía paseando en lo que ellos consideraban demasiado escotado.
Hermione no entendía porque tenía miedo de el señor Tarner, tenía ya una edad, era una mujer responsable y sabía perfectamente qué era lo mejor para ella. Sin embargo, ahí estaba ella, escondiéndose para evitar el enfado como cuando era adolescente.
Verificó que nadie la podía ver, tomó aire y emprendió una carrera hacia las escaleras, con tan mala suerte que en el momento que pasaba por la puerta, uno de los presentes en la sala se levantó para salir del comedor descubriéndola. Hermione se paró en seco en el primer peldaño sin poder apartar los ojos del hombre, temerosa de las consecuencias que aquello pudiera tener.
El desconocido también se detuvo en mitad de la sala, impresionado de ver a una mujer tan bella, paseando con ropa que poco dejaba a la imaginación. Durante unos segundos que parecieron eternos, ambos se mantuvieron la mirada. Hermione sin saber cómo actuar y él, recorriendo su mirada por el tentador cuerpo de aquella dama.
Ruborizada y con las mejillas encendidas de calor, Hermione le hizo al hombre una señal de súplica con sus manos y se llevó su dedo índice a los labios rogándole silencio. Asimilando lo que estaba viendo con sus propios ojos, el apuesto hombre, muy bien vestido con traje, asintió mostrándole una perfecta sonrisa y Hermione retomó su carrera para llegar a su dormitorio.
Esto no se ve todos los días, voy a tener que visitar más a menudo a Sr. Tarner. Por una vez en mi vida, tengo que darle la razón al miserable de Malfoy. La hija del conde es realmente bella. Pensó el hombre divertido cuando Hermione desapareció de su vista.
Avergonzada, entró a la habitación y respiró aliviada por no haber sido descubierta por sus padres. Si estuviera en el año 2012, le hubiera dado igual que la encontraran con aquella vestimenta que tan poco le gustaba, pero en el siglo al que había viajado y en el que se encontraba en ese momento, aquello seguramente sería una deshonra para la familia y todos la tacharían de algo que ella no era.
—Definitivamente debo ser más cuidadosa. Ya no estoy en mi época y aquí las mujeres no tenían tanta libertad… y tengo que adaptarme a las costumbres que tienen aquí, por lo menos hasta que puede regresar a mi época. Solo ruego que el desconocido que me ha visto en ropa interior no comente nada en esas reuniones a la que suelen asistir los hombres. ¡Qué vergüenza!
Acostada sobre su suave colcha, volvió a pensar en él. Tenía que reconocer que era muy guapo.
En lo primero que se fijó cuando lo vio, y uno de los pocos detalles que le dio tiempo a grabar en su mente, fue su cabello castaño oscuro con unos rizos rebeldes que caían sobre su frente. Tenía unos ojos negro grisáceo, y que te invitaban a perderte en ellos durante horas, sin llegar a cansarte nunca. Ella se perdió en su mirada solo unos segundos, pero fueron más que suficientes para saber que le gustaría abandonarse a ellos de nuevo, todas las veces que fueran necesarias.
Algo que llamó mucho su atención fue sus finos labios. Hermione se tapó la cara ruborizada cuando se imaginó besándolos.
¿Qué me pasa? Yo no soy así, parezco una quinceañera con las hormonas descontroladas.
Realmente aquel hombre, que rondaría su edad, había conseguido llamar su atención como muy pocos hombres habían logrado a lo largo de su vida. Era muy atractivo y eso no lo podría negar nunca. Ni ella ni nadie. ¿Había sido víctima de un flechazo a primera vista? Inmediatamente deshizo de un manotazo ese pensamiento tan absurdo. Por culpa de un único flechazo, el que la unió a su marido, se encontraba atrapada en una época en la que no estaba a gusto y sin saber cómo regresar a su vida.
Aunque Hermione deseaba no volver a encontrárselo para no tener que mirarlo directamente a los ojos después de que la viera con esa ropa, en el fondo de su corazón tenía ganas de volver a enfrentarlo.
Quería conocerlo mejor. Mucho mejor…
