Holaaaa!, aquí os dejo otro capítulo más. Espero que lo estéis disfrutando tanto como yo. Cualquier duda o sugerencia las contestare encantada. Saludo mis queridos lectores/a.
La temporada de Quidditch había comenzado y el Sr. Tarner decidió agradecer a sus compañeros el buen recibimiento que le habían dado, invitándolos a una cena. Sería una velada íntima, con sólo una treintena de comensales.
—Háblame de ti, Abril —pidió Hermione mientras recogía su larga melena.
—No hay mucho que contar Hermione. Tengo veintiséis años y pertenezco a una familia humilde. Somos seis hermanos de los cuales yo soy la mayor. Mi madre enfermó gravemente de tuberculosis hace varios años, lo que le causó la muerte cuando no llegaba aún a los cuarenta años de edad. —Por el espejo Hermione vio como Abril apartaba con disimulo una mano del recogido que le estaba haciendo, para retirarse un par de lágrimas que escapaban de sus ojos—. Desde aquella desgracia, mi padre cambió su humor, se pasaba el día en la taberna, refugiándose en la bebida hasta que un día, después de haber estado desaparecido una semana, lo encontraron ahogado en el río. Al quedarnos huérfanos y al ser la hermana mayor, tuve que hacerme cargo de mis cinco hermanos y de nuestra pequeña casa. Durante unos meses subsistimos gracias a los pocos ahorros que heredamos de mi padre, hasta que se agotaron y mi hermano y yo tuvimos que buscarnos un trabajo para sacar a la familia
—¿Y el resto de tus hermanos dónde están?
—La mediana y las gemelas, viven con nuestra abuela desde que nosotros comenzamos a trabajar para los . Mis hermanas son pequeñas aún y necesitan demasiada atención, pero mi abuela está enferma y no sabemos cuánto tiempo más van a poder seguir viviendo allí. Ella necesita tranquilidad y las gemelas son dos pequeños diablillos. —Hermione vio como se le iluminaban los ojos al hablar de sus hermanas.
—¿Las echas de menos? —preguntó al ver el gesto contraído de Abril, intentando hacer un gran esfuerzo por no llorar.
—Mucho mi señora. Hace varios meses que no las veo.
—Pues cuando quieras visitarlas, cuentas con mi permiso para ir.
—Muchas gracias señorita.
—Llámame por mi nombre —corrigió a Abril intentando parecer enfadada.
—Disculpe, aún no me acostumbro.
—Y tutéame —riñó de nuevo divertida.
Tras escuchar toda la historia de la joven, un nudo de emociones apareció en el estómago de Hermione. Ella estaba muy unida a su familia.
—Estás realmente hermosa —dijo Abril cuando terminó de peinarla, Hermione admiraba el resultado en el espejo—. ¿Te ayudo a vestirte?
Hermione asintió con decisión mientras se colocaba la ropa interior
—¿No crees que tengo el corsé muy apretado? Me falta el aire.
—Tiene que ir así de ceñido, pero si te sientes más cómoda puedo aflojarlo un poco.
—Sí por favor, si no lo haces creo que no duraré ni media hora con él.
Abril aflojó un poco las cuerdas de la prenda y Hermione agradeció el detalle mientras la joven le ayudaba a colocarse el vestido. Era de color azul, en un tono tan claro que parecía inmaculado, tenía un escote cuadrado que dejaba ver el principio de sus abultados senos.
—¿Qué joya usarás?
—Utilizaré el colgante de la esmeralda, el que siempre llevo puesto.
Sara llamó a la puerta de la alcoba y entró al recibir permiso de Hermione. Llevaba un vestido muy parecido al de su amiga, pero éste era de color rosa pastel. Hermione miró a su amigo con admiración. Estaba preciosa, aunque eso era de esperar, Sara tenía una belleza singular.
—¿Te falta mucho, Hermione? Los primeros invitados a la cena están llegando y tú padre me ha pedido que bajemos para recibirlos.
Hermione se acercó a su tocador y roció unas gotas de su perfume en los puntos calientes de su cuerpo para potenciar aún más el aroma a rosas.
—Ya estoy preparada. Estás preciosa Sara.
—No más que tú.
Sara besó a Hermione en la mejilla y la agarró del brazo para bajar al recibidor.
Durante un buen rato, Hermione e Sara fueron saludando a personas que ya habían conocido en Londres y presentadas por sus padres a algunos otros que aún no conocían.
La Sra. Smith, una mujer que acababan de presentarles y que era esposa del Sr. Smith, se acercó a Hermione y a Sara para conversar un rato con ellas. Después de quince minutos en los que apenas pudieron descansar unos segundos de escuchar el tono chillón de la mujer, Hermione se excusó con ella y fue directa a sentarse en un canapé francés que había en la sala.
—¡Oh querida, estás preciosa! —La Sra. Brow se acercó al lugar donde estaba sentada Hermione y ésta al verla, se levantó entusiasmada para saludarla.
—¡Qué sorpresa Olivia! Pensaba que seguías en Londres.
—Salimos el día siguiente. Estaba deseando viajar a nuestra casa de campo. El ambiente es mucho más sano que el de Londres, lleno de humo y vapor. Aquí, en cambio, respiras vida.
Hermione rió dándole la razón a su nueva amiga. Vivir en el campo tenía muchas más ventajas que en la ciudad. No entendía por qué teniendo esas enormes mansiones en el campo no se instalaban allí todo el año.
El esposo de Olivia llamó la atención de su esposa para que saludara a varios caballeros y algunas damas. La Sra. Brow mostró su desgana por arrimarse a ellos pero poniendo su mejor cara, como una buena actriz, se disculpó con su amiga y se dirigió hacia su esposo.
Desde el lugar donde estaba sentada, pudo observarlo todo con mayor detenimiento. El Sr. Tarner hablaba animadamente con varias personas de la alta sociedad. La Sra. Tarner, muy elegante con un vestido burdeos, conversaba relajada con dos mujeres muy distinguidas y su amiga, continuaba charlando con la pesada de la Sra. Smith.
Volvió a mirar al Sr. Tarner con admiración, se veía muy ilusionado con su nuevo cargo y lo más importante, era feliz. Se separó del grupo con el que conversaba y caminó hacia la entrada como si hubiera visto a alguien llegar.
Hermione lo siguió con la mirada y cuando su supuesto padre se detuvo, el rubor se apoderó de sus mejillas y algunas mariposas traviesas nacieron en su estómago al ver a la persona que acababa de entrar. Su "padre" había ido a recibir al hombre que un par de días antes la había visto cuando no iba adecuadamente que, con su silencio, le había salvado de una reprimenda de sus progenitores y de un escándalo familiar asegurado.
Aquel hombre de mirada intensa, clavó sus i ojos negros en ella desde la distancia, regalándole un guiño y una leve sonrisa, haciéndola sonrojar nuevamente.
Calor, mucho calor. La temperatura de su cuerpo subió a más del doble de la permitida solo por el simple cruce de miradas. Vestida y peinada diferente, aquel perfecto hombre la había reconocido. Cuando su "padre", acompañado del galán, caminó hacia donde ella estaba sentada, Hermone quiso salir corriendo.
—Hija, da la bienvenida a Sr. Riddle.
Hermione sintió como una descarga, ¿ese apellido donde lo escucho?
—Señorita, es un placer verla por primera vez —recalcó las últimas palabras de la frase irónicamente, inclinando su cabeza hacia delante en señal de saludo.
Hermione reacciono rápidamente.
—Sea bienvenido siempre que desee. —Hermione hizo una reverencia ante el hombre misterioso.
—Después de mi visita del otro día, seguro que volveré a menudo. tiene unas vistas demasiado hermosas.
Sr. Riddle alzó su ceja izquierda en un gesto casi imperceptible mientras su boca volvía a entreabrirse con una leve sonrisa. El "padre" de Hermione no intuyó el doble sentido de las palabras del conde, pero Hermione sabía perfectamente lo que estaba recordando aquel hombre: a ella en esa ropa paseando por el pasillo de la casa.
—Sr. Riddle, le pido que disculpe a mi hija. Necesita descansar y es mejor que vuelva a sentarse.
—No se preocupe , seguro que habrá más ocasiones para conversar tranquilamente con su preciosa hija, ¿verdad señorita?
Hermione asintió torpemente mientras se sentaba en el canapé, volviendo a recordar el primer encuentro con el conde. Todavía no se había acostumbrado a la mentalidad tan antigua de la época. DE que le sonaba ese apellido… Pensó mientras negaba con la cabeza incrédula.
Respiró hondo, continuó observando la estancia, esforzándose por no pensar de nuevo con ese hombre que acababa de conocer de manera formal y que se le hacía tan familiar…
Varios elfos paseaban con bandejas repletas de copas de vino y otras de agua, para que los señores refrescaran sus gargantas. Entre todos ellos localizó a Abril que hablaba con un joven en un rincón de la sala. Exageraba mucho sus movimientos y parecía alterada. El joven dio un pequeño empujón a la doncella que la hizo retroceder varios pasos y desapareció hacia el pasillo de la cocina. La muchacha se llevó una de sus mangas a los ojos y los frotó repetidamente. ¿Estaba llorando? Hermione preocupada, se levantó de su silla y caminó hacia ella. Sin embargo, no pudo alcanzarla, él Sr. Tarner lo impidió llamando su atención para que se acercara a él. Quería que su hija saludara a otro de los invitados que acababa de llegar.
—Hermione, ¿recuerdas al Sr. Malfoy? Bailaste una pieza con él en la fiesta de los Sres. Brow.
Cuando Hermione tuvo enfrente al recién mencionado y pudo ponerle rostro, sus sentidos se congelaron, su corazón dio un vuelco y la debilidad se apoderó de su cuerpo. Su madre, que estaba cerca, notó el cambio en su hija y la sujetó del brazo para que no cayera al suelo.
—¿Te encuentras bien Herm?
—Es… estoy bien, ma… mamá —tartamudeó Hermione.
A pocos centímetros de ella, había tenido a la última persona con la que menos esperaba encontrarse allí.
El Sr. Traner, volvió al recibidor para preocuparse por el bienestar de su hija.
—Mamá, busca a Abril para que se quede conmigo mientras me repongo y vuelve con papá al salón. Debes atender a los invitados.
—No me importa. Sólo necesito que tú estés bien, cariño. —La Sra. Tarner abrazó a su hija con fuerza, le aterrorizaba la idea de que Hermione volviera a enfermar.
—Estoy mejor, créeme. Vuelve al salón, Abril me cuidará bien.
Tras mandar a buscar a Abril, darle varias indicaciones a la joven criada y besar a su hija repetidas veces, La Sra. Tarner se unió a la cena que acababa de comenzar.
—¿No cree que será mejor que vaya a descansar a su habitación? —preguntó preocupada Abril.
—Necesito tomar un poco de aire, acompáñame al jardín.
"—Mi señora, no puede salir al exterior, su padre lo ha prohibido.
Pero Hermione, cansada de tener que obedecer a su padre en todo, se levantó de la silla decidida a salir al exterior, sola o acompañada. Tenía una edad ya no era una niña pequeña para que le estuvieran diciendo lo que tenía que hacer. Hermione se giró y su cabeza chocó directamente contra el pecho de un hombre. Elevó su mirada levemente hasta que la cruzó con la de aquel y retrocedió rápidamente un par de pasos para alejarse del hombre.
—¿Qué… qué quiere? —preguntó nerviosa.
—Me he quedado muy preocupado por usted señorita y he venido a ver como se encuentra.
Cuando Hermione escuchó el verdadero timbre de voz del Sr. Malfoy, sin susurros ni ruidos que distorsionaran el matiz de su voz, sus piernas comenzaron a debilitarse nuevamente, su vista se nubló y cayó al suelo desmayada.
Entre sueños sintió como alguien la elevaba entre sus brazos y la trasportaba hacia otra habitación, seguramente a la suya propia. No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente pero cuando se despertó, se hallaba tumbada sobre su cama y a su lado, en una silla, estaba la última persona a la que esperaba encontrar.
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó Hermione nerviosa tapándose con sus sábanas.
—Se ha desmayado en mitad del recibidor señorita y he tenido que subirla a su alcoba. Aquí estará mejor.
Ante ella y para su sorpresa, volvía a estar con el Sr. Riddle. Lo último que recordaba era la imagen del Sr. Malfoy, y ahora, al que tenía delante, era a que hombre qué la había visto en ropa de estar por casa días antes.
—¿Dónde está Abrile? Ella es la que debería estar conmigo y no usted.
—Su doncella ha bajado a por paños limpios y una jarra de agua. Yo me he ofrecido a cuidarla mientras regresa.
—No necesito que nadie me cuide. Si mi padre lo ve en mi habitación y a solas conmigo, tenga por seguro que le retirará su amistad —amenazó.
Hermione estaba nerviosa. No sabía por qué, pero la cercanía de aquel hombre la inquietaba demasiado. Intuía qué si en esos años estaba mal visto por algunas personas de mentalidad antigua, que un hombre y una mujer estuvieran a solas en una habitación, más aún si eran desconocidos, en el siglo en el que se encontraban, sería algo parecido a una falta imperdonable.
—Solo estoy velando por su seguridad. Señorita Tarner no puede molestarse por ello. —Al ver que Hermione permanecía en silencio con el rubor instalado en sus mejillas, quiso sonrojarla aún más—. Señorita, ¿es consciente de que la he salvado dos veces? Está en deuda conmigo.
—Se equivoca, no le debo ningún favor. ¡No diga gilipolleces!
—¿Cómo dice? —preguntó atónito Sr. Riddle.
—Nada, nada —corrigió nerviosa —. Es una tontería lo que acaba de decir.
—¿Qué cree que pensaría el Sr. Tarner si supiera que su preciosa hija se pasea en ropa inadecuada por los pasillos de su mansión, provocando a todos los que se cruzan en su camino?
—¡Yo no hago tal cosa! —gritó furiosa Hermione ante la divertida mirada del Sr. Riddle.
Le gustaban las mujeres con carácter y ella era una de las pocas que había conocido con ese genio.
—A mí sí me provocó. —El Sr. Riddle se levantó de la silla y se sentó en el filo de la cama. Hermione se revolvió nerviosa debajo de las sábanas—. No solo me permitió mirarla como muy pocas personas habrán tenido la suerte de verla a lo largo de su vida, además se llevó sus dedos a los labios en un gesto demasiado tentador. —Riddle rozó las manos de Hermione con las yemas de sus dedos, haciendo que el vello de la mujer se erizara en menos de un segundo—. ¿Cuál era su mensaje con esa seña? ¿Me invitaba a probar sus labios?
—No, cla…claro que no —respondió desconcertada y muy inquieta. —Para mí es un completo desconocido, ¡no me falte el respeto!
—Dios me libre de tal descortesía. Yo admiro mucho a las damas. ¡No sabe cuánto!
El silencio inundó la estancia y el conde agachó la cabeza poco a poco, acercándose aún más a los tentadores labios de ella, sin apartar sus ojos de ellos. Deseaba besarla y disfrutar de su sabor que prometía ser exquisito. Hermione tampoco dejó de mirar la boca del . No sabía la fuerza que ejercía sobre ella, pero inexplicablemente, tenía ganas de besarlo.
Cuando estaba a punto de atrapar los labios de la mujer, ésta cerró los ojos y entreabrió un poco la boca para recibirlo. Estaba segura de que el beso llegaría en milésimas de segundo y le apetecía disfrutar de él, sin pensar en nada más. Esperó, esperó y esperó. Sin embargó los labios del él no llegaron a adueñarse de su boca. Abrió los ojos y lo que vio, le molestó muchísimo.
El hombre se había levantado de la cama sin que ella se diera cuenta y estaba apoyado en una de las maderas del dosel, observando a Hermione detenidamente.
—¿Esperaba el beso, Señorita Tarner? —Rió echando la cabeza hacia atrás, ensalzando aún más su perfecto cuello—. Soy todo un caballero y acabo de demostrárselo. Podía haberla besado y usted lo hubiera permitido porque estaba totalmente dispuesta para ello. Pero soy un desconocido y usted toda una dama, por lo tanto, no sería prudente que nos besáramos en nuestro primer encuentro, ¿no es así? ¡Sería una falta de respeto hacia usted! —dijo con ironía, logrando alterarla como nunca nadie había conseguido antes.
—Es usted un capullo y un sinvergüenza. ¡Desaparezca de mi habitación!
Hermione, hecha una furia, agarró la varita que había sobre su mesita de noche y sin pensárselo, le lanzo uno de los jarrones al Sr. Riddle a la cabeza, con tan mala puntería que éste pasó a dos metros de la cabeza de Riddle y se estampó contra la puerta de la habitación.
Abril interrumpió el duelo de aquellos dos, entrando con una bandeja sobre la que llevaba unos paños limpios y un poco de agua, asustándose al ver los cristales rotos en el suelo. El Sr, Riddle sonrió a la joven criada para tranquilizarla, mostrando sus perfectos dientes. Dirigiéndose a Hermione, pronunció: —¡Debe mejorar su puntería querida! —Rió a carcajadas enfadándola aún a más—. Y otra cosa más, se ha equivocado, no soy un… ¿capu… qué? —preguntó divertido.
—¡Capullo! —repitió furiosa provocando carcajadas en Riddle.
—Pues eso, aunque no sé qué significa, estoy seguro que no soy nada de eso. Soy el Sr. Riddle y mi nombre es Tom, ¡no lo olvide! —Y saliendo por la puerta expuso—. Me voy más tranquilo porque sé que la dejo en buena compañía. ¡Volveremos a vernos querida! No lo dude. Aunque la próxima vez, traeré un yelmo para no salir lastimado.
El Sr. Riddle le regaló un guiño y cerró la puerta al salir. Hermione golpeó repetidas veces el colchón de su cama enfurecida, aquel hombre había conseguido derrumbar sus defensas la primera vez que estaban a solas y eso no era bueno para ella. Al contrario, era muy peligroso.
—Abril, ¿cuándo me desmayé no estaba el Sr. Malfoy conmigo? —La joven criada asintió mientras llenaba una copa de agua para Hermione—. ¿Entonces por qué cuando me he despertado estaba en mi alcoba el Sr. Riddle?
—No sé cómo lo ha hecho pero el Sr. Riddle ha aparecido inesperadamente en la sala, te ha agarrado de la cintura y ha impedido que te golpearas contra el suelo al perder el conocimiento. Te ha levantado entre sus brazos, ha intercambiado una mirada desafiante con el y éste ha desaparecido de la estancia furioso. Me ha preguntado por tus aposentos y contigo en brazos, el Sr. Riddle ha subido a la habitación y te ha tumbado sobre la cama. —Hermione notó como el gesto de Abril se contraía mientras jugaba nerviosa con sus manos—. Yo he tenido que bajar a por unos paños porque tu fiebre está volviendo a subir y como el resto de criados están en la fiesta, yo he pensado que sería buena idea que el Sr. Riddle se quedara contigo mientras yo regresaba, por si necesitabas algo. Lo siento mucho, ha sido una imprudencia por mi parte —se disculpó Abril arrepentida, apartando la mirada de Hermione.
—No te preocupes, el Sr. Riddle no ha hecho nada de lo que tengamos que arrepentirnos. "Bueno sí, no besarme. Pero eso no lo voy a reconocer en voz alta." —Abril, ¿conoces al Sr. Malfoy? —preguntó intrigada, mientras la joven la ayudaba a quitarse el vestido.
—Solía visitar muy a menudo a mi antiguo señor antes de morir, tenían varios negocios y aficiones en común. La familia Malfoy son los más populares de la región, los llamados, sagrado ventiocho. y según dicen, cuenta con la mayor fortuna.
¿Lo que? — pregunto Hermione.
Los sagrado Ventiocho, mi señora, fueron, según el autor del Directorio de Sangre Pura se cree que pudo haber sido Cantankerus Nott, las veintiocho familias británicas que eran verdaderamente de sangre pura.
Entiendo… ¿Está casado? —se interesó Hermione.
—Ha estado casado tres veces, pero los matrimonios no le duran mucho porque sus esposas acaban muriendo por culpa de la maldición.
—¿Cómo dices? —Hermione abrió mucho los ojos, la conversación se estaba volviendo muy interesante.
—Se dice que existe una maldición en torno a los Malfoy que afecta a todas las mujeres que contraen matrimonio con él. Sus esposas han ido muriendo al poco tiempo de su enlace. Estuvo casado durante dos años con una tal Margate, hasta que ésta se quitó la vida envenenándose. Después, el conde se encaprichon con una tal Sofi… pero el día de su primer aniversario de boda, apareció ahogada en el río. Todos dicen que ella misma se lanzó para quitarse la vida. Su última esposa ha sido la señorita Lucy, que murió hace varios meses clavándose un puñal en el centro de su corazón.
—¿Por qué se suicidan todas? Algún motivo habrá, ¿no es así?
—Se comenta que ninguna ha podido soportar las constantes infidelidades de su marido. El Sr. Malfoy tiene fama de mujeriego y no guarda fidelidad a ninguna mujer.
—¿Y por qué se han ido casando con él entonces?
—Su primer matrimonio fue un acuerdo entre su padre. Ambos eran muy jóvenes y tuvieron que aceptar el compromiso por obligación. Su segunda esposa, era una mujer avariciosa y al conocer la gran fortuna, supo que tenía que convertirse en su esposa. Cuando el tiempo de luto pasó por la muerte de su segunda esposa, El Sr. Malfoy parecía realmente enamorado, una preciosa mujer que no pasaba desapercibida para nadie, y tras meses de cortejo, consiguió que lo aceptara como marido. Su muerte fue muy lamentada por todos los que la conocían. Era una mujer excepcional.
Hermione asintió asimilando todo lo que Abril le había contado. El Sr. Malfoy se relacionaba perfectamente con Draco, el también el colegio hacia los mismo con las chicas, debe ser hereditario. Algo más para añadir al odio que comenzaba a sentir por él.
—Abril, ¿y no crees que es muy sospechosa la historia de este tal Malfoy? Yo no creo en maldiciones y estoy segura de que hay algo más.
—Yo sí lo creo. Todas sus esposas, tarde o temprano, acaban muriendo.
Hermione se quedó muy intrigada y a la vez confundida por la historia tan peliaguda que le había contado Abril. Demasiadas muertes en torno a un mismo nombre. No sabía qué pensar, pero sin duda, investigaría más sobre todo aquello.
—Disculpa mi impertinencia Abril —Hermione decidió cambiar de tema, pensar en el Sr. Malfoy le ponía muy nerviosa—, hace un rato te he visto discutir alterada con un joven y después ha desaparecido de la sala dándote un empujón. ¿Quién era?
—Es mi hermano. Siento la indiscreción.
—No tienes que disculparte. ¿Ocurre algo en lo que pueda ayudarte? ¿Algo relacionado con tus hermanas, tal vez?
El gesto de Abril cambió por completo y la tensión se acumuló en su rostro. Sin embargo, prefirió quitar importancia al grave asunto que le llevaba preocupando todo el día.
—No te preocupes por mí. Muchas gracias por interesarte.
—Adele. —Ruth agarró las manos de la joven criada para trasmitirle apoyo—. Quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que necesites y quiero ayudarte en todo lo que pueda. No me veas sólo como tu señora, quiero que sientas que soy una amiga para ti, un apoyo. ¿De acuerdo? —Abril asintió con los ojos irritados, luchando contras las lágrimas que amenazaban por salir en cualquier momento—. Pídeme lo que necesites con total confianza y haré todo lo que esté en mis manos para auxiliarte.
Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación entre Hermione y Abril. Sara entró preocupada, interesándose por el bienestar de su amiga. La criada se marchó rápidamente con la cabeza agachada. No quería que nadie la viera llorar.
—Cariño, ¿te encuentras mejor? Cuando he vuelto del jardín y he preguntado por ti, tú madre me ha contado lo que te ha ocurrido y me he preocupado mucho.
—No te inquietes, me encuentro mucho mejor, aunque prefiero no volver a la fiesta. Sin embargo, tú sí deberías regresar.
—No Hermione, yo me quedaré aquí contigo. La Sra. Brow te manda sus mejores deseos y promete visitarte en los próximos días.
—De verdad Sara, estoy bien. Solo necesito descansar y contigo aquí no lo lograré. Agradécele a Olivia sus buenas intenciones.
—De acuerdo, pediré a tu doncella que nos avise de cualquier cosa y cuando finalice el baile, volveré a verte. —Hermione asintió con una sonrisa en el rostro para tranquilizar a su hermana.
—Disfruta mucho de la cena.
—Lo haré, no lo dudes. —Sara le regaló una pícara sonrisa—. Hay varios solteros muy atractivos en la fiesta, es una pena que no puedas disfrutar de su presencia. Espero que me inviten a bailar después de la cena.
—Seguro que todos los caballeros se pelearán por ti. Estás preciosa.
Sara besó a su amiga en la mejilla y salió del dormitorio. Hermione se tumbó en la cama y apagó el candil. Durante un buen rato volvió a analizar la historia que Abril le había contado sobre el Abraxas Malfoy y su maldición. Todo era demasiado extraño.
Aunque la última imagen que tuvo esa noche antes de dormir fue el rostro de Tom Riddle, el hombre que la había alterado e impactado a partes iguales.
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