Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.
"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse
CAPITULO TRES: LOS SUSPIROS DE LILA
Estando en su primera clase Lila suspiraba, el horario que tenía ese año no le había gustado, los lunes y martes no compartía una sola clase con sus amigos… ninguna… los miércoles estaba en las clases de química y física con Helga, Nadine y Sid; y compartía Ciencias Sociales con Gerald, Josh y Harold. Los jueves estaba en todas sus clases con la pandilla, y los viernes sólo tenía Biología por aparte con Eugene.
Suspiró de nuevo… era su último año en la preparatoria, antes de que todos tomaran sus propios caminos hacia sus correspondientes futuros, y no pasaría suficiente tiempo con la pandilla.
Su profesor comenzó a hablar, hizo la presentación de la asignatura y establecía las reglas de convivencia del aula, Lila se permitió un suspiro más.
Todos pertenecían a clubes y actividades extraescolares, Rhonda era Co capitana del equipo de animadoras y presidenta del consejo estudiantil, Nadine era animadora y miembro del club de protección ambiental de la escuela, Eugene era el locutor estelar de la radio escolar, Harold era capitán del equipo de fútbol americano y novio de Rhonda, Sid tenía una banda y estaba en el club de teatro, Brian estaba en el equipo de baloncesto y era miembro del consejo estudiantil, Gerald era capitán del equipo de baloncesto, escribía para el periódico escolar, y con un naciente noviazgo con Helga… Lila suspiró otra vez… Helga se había convertido en su mejor amiga, Rhonda, Nadine y ella siempre fueron y serían el trío dorado… pero Rhonda y Nadine eran mejores amigas y Lila nunca tuvo una conexión especial con alguna de ellas por separado, con Helga era diferente… Helga era Helga, y muy a su manera había sido la amiga más leal y protectora que la pelirroja había tenido en su corta vida, y tenía que admitir, aunque sólo fuera para sí misma, que tenía un poco de miedo de que el tiempo libre que le quedaba a la Pataki después de sus días como miembro del club de literatura, voluntaria del albergue de animales de la 7ma, Co capitana de las animadoras y miembro del club de atletismo ya no fuera suficiente para compartir con ella después de estar con Gerald.
Lila soltó un suspiro de nuevo y fijó su mirada distraída en la ventana, la verdad era que ni siquiera sabía en qué clase estaba ni le importaba. Esos días la melancolía parecía abarcar todos los rincones de su vida, no dejaba espacio para otro pensamiento que no fuera el de añoranza por el pasado.
Se puso a recordar ese verano en París, Rhonda había sido muy generosa en pagar el vuelo de todos para que pudiera ir la pandilla con ella a su château.
Aunque lo correcto era decir que su padre había sido en extremo generoso.
Pasar esos días cálidos en el barrio Montmartre con Josh, Gerald, Brian, Harold, Sid, Eugene, Helga, Rhonda y Nadine había sido como un sueño. No podía pensar un solo día que no le hubiese dolido la barriga de tanto reír con ellos, había sido divino, y no sólo porque era la ciudad del amor, o porque finalmente vio la torre Eiffel, sino porque todos sus amigos habían estado ahí y en aquel momento en que cenaron en el río Sena abordo del Batobus Parisino, se había sentido plena. Nada le faltaba, ni le sobraba, era feliz, y sus amigos también y ni una sola mota percudía ese instante, ni siquiera la mala suerte de Eugene había figurado, si le preguntaran a ella si la perfección existía respondería que sí y la ejemplificaría con ese exacto recuerdo… soltó un suspiro más.
-¡Señorita Sawyer!- al escuchar la voz del profesor hablándole se puso de pie tan rápido que volcó su silla estrepitosamente desatando la risa de sus compañeros y provocando un sonrojo de vergüenza en la pelirroja y otro de enojo en el profesor que tan seriamente la miraba -¡Por lo menos comprobamos que no ha perdido sus facultades auditivas, Señorita Sawyer!- las risas se escucharon de nuevo en el salón, aunque mucho más disimuladas.
-Lo siento mucho profesor- Lila se puso a jugar nerviosa con un mechón de cabello entre sus dedos, justo como hacía de pequeña, por la expresión del adulto frente a ella podía perfectamente adivinar que la había estado llamando por un tiempo antes de su reacción.
-Como sea. Detrás de la señorita Sawyer se puede sentar joven Shortman- habló, sin ocultar su molestia, el señor canoso que se encontraba frente a grupo. La joven pelirroja al escuchar el apellido alzó el rostro sorprendida encontrando a lado del profesor a un rubio que le sonreía amablemente, con los ojos azules brillando en reconocimiento y con una gorra azul inconfundible en su cabeza. Lila podría jurar que, si no hubiese estado tan convencida de que la visión no podía ser real, se habría desmayado de la impresión.
El rubio asintió a lo dicho por su profesor y se encaminó al asiento desocupado detrás de su amiga de la infancia, que permanecía con sus ojos fijos en él como si fuese alguna especie de animal salvaje que fuera a atacarla si parpadeaba.
Tomando asiento esperó a que ella hiciera lo mismo, pero seguía congelada en el mismo lugar.
-Señorita Sawyer, siéntese. La clase no puede seguir esperándola- la rudeza del adulto pareció traer de nuevo a la realidad a la joven que levantó su silla y se sentó inmediatamente. Tomó su libreta y pluma fingiendo prestar atención mientras su cerebro iba a mil por hora. No podía tratarse de Arnold Shortman, aunque en realidad no podía tratarse de nadie más.
Sentía la mirada del chico en su nuca, fija, dolorosa, incansable.
El regreso del chico no pudo ser en un peor momento que aquel ¿Qué iba a suceder con la pandilla? ¿Cómo lo tomaría Gerald? ¿Cómo se lo tomaría Helga?... y lo supo, sin dedicarle un segundo pensamiento lo supo… Helga iba a derrumbarse, tenía que impedir que se lo encontrase por ahí, tenía que poder darle tiempo, tenía que encontrar la manera de darle tiempo a su amiga… alguna manera.
-Lila- escuchó el susurro tras ella y fingió no haberlo oído. Arnold no podía pensar en serio que luego de cinco años sin saber nada de él podía simplemente aparecer y todo empezaría justo en donde lo dejó -Lila- volvió a escuchar. Soltó un suspiro, por más que odiara la idea de lo que ver a Arnold podría hacerle a su mejor amiga, tampoco podía ser grosera con él e ignorarlo sin explicaciones, así que esa vez se giró a verlo, dándole a entender que le había escuchado -Me da gusto verte de nuevo- la calidez característica de la mirada del chico seguía en esos ojos azules como el cielo y lo odió por eso, porque mientras él aparentaba el mismo aire inocente que había tenido a los 11 años, la pandilla había aguantado tanto dolor que había perdido la inocencia.
Sin embargo, no era culpa de ese joven rubio, así que compuso la mejor sonrisa que pudo y asintió.
-Puedo decir, que es una sorpresa verte de nuevo Arnold- y ese nombre se le antojó tan ajeno en los labios que sólo pudo resistir estoica la punzada en su pecho, la ausencia de ese mismo chico al que ahora sonreía no sólo había afectado a Helga al punto de aislarse de todos a su alrededor herméticamente, sino que había provocado que Eugene huyera de casa, que Harold se sintiera tan culpable que buscara que lo golpearan y terminara en el hospital, que Sid la odiara a ella, que Josh no pudiera sentirse parte del grupo, que Gerald se endureciera, que Rhonda se volviera más despótica y que Nadine se hiciese recelosa. Todos habían sufrido cuando el rubio se fue de Hillwood, y probablemente su regreso los haría sufrir nuevamente.
-Ya había olvidado la forma tan peculiar en la que dices mi nombre- el rubio no pareció darse cuenta de que su comentario ensombrecía el semblante de su compañera.
-Bueno... Te fuiste por algunos años. Es entendible que se te olvidaran algunas cosas- y la pelirroja se giró de nuevo para intentar poner atención en lo que quedara de clases dejando a Arnold confundido, sin entender el significado de ese último comentario.
