Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.

"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse

CAPITULO CUATRO: UNA TRADICIÓN

-Buenos días Preparatoria 201. Aquí les habla Eugene Horowitz, el as de las noticias escolares. Creo que todos estamos maravillados con el anuncio de la nueva pareja de nuestra amada escuela. El Sorprendente Capitán de Baloncesto que nos llevará a la victoria del campeonato nacional de intercolegiales por tercer año consecutivo, Gerald Martin Johanssen y nuestra amada Co capitana del equipo de las animadoras y miembro estelar del club de atletismo, la Grandiosa Geraldine, finalmente se han decidido a proclamarse su amor mutuo, y vaya que ya era hora, en lo personal, soy el mayor fan de la pareja, creo que no sólo se ven bellísimos juntos, sino que son literalmente una pareja poderosa, equiparables a nuestra otra pareja estelar que están por cumplir seis meses de noviazgo: El capitán del equipo de futbol y su jugador estrella… Harold Berman… y la cocapitana de las animadoras y presidenta de nuestro consejo estudiantil, la hermosa señorita Rhonda Wellington Lloyd. Este año sí que tendrán una dura competencia para ser reyes del baile, querida Rhonda, pero descuida, dicen por ahí que el derecho de antigüedad nunca se discute. Otro romance no tan incipiente pero que sí es novedad todavía, es la relación que sostiene nuestro consentido jugador de Baloncesto Josh Roberts y la tierna y talentosa actriz Lila Sawyer, cuidado chicos, esta parejita viene con advertencia porque corren riesgo de sufrir un coma diabético al estar con ellos por mucho tiempo, pero siguen siendo adorables, es un alivio que Harry Osmen se haya graduado ya. No me imagino ser el ex y ver que me han cambiado por un bombón así- Lila enrojeció al escuchar todo lo que su amigo comentaba por las bocinas de la escuela, aquello lo estaban escuchando todos los alumnos y sobre todo Arnold, detrás de ella. Caminaban hacia los casilleros, la hora del almuerzo empezaba en 10 minutos más, y había tenido la suerte de que Arnold tuviera el mismo horario que ella, lo que significaba que Helga aún no se había topado con él.

-Voy a matar a ese pelirrojo- murmuró muy molesta Rhonda mientras cerraba su casillero junto al de Helga quien sacaba su bolso de deportes de él, a juego con el de su interlocutora por obvia insistencia de la unigénita de los Lloyd.

-Déjalo ya Rhonda. No está diciendo nada que la escuela entera no sepa a estas horas gracias a ti precisamente- cuando la oyó bufar, se giró a verla con una ceja alzada, algo burlona - ¿No será que lo que te molesta en realidad es la parte en la que Gerald y yo podemos ser tu competencia para reyes del baile? - cuando la vio girarse a ella indignada supo que había dado en el clavo y estalló en risas.

-No seas ridícula Pataki, voy a buscar a Nadine- refunfuñó dejando a su amiga riendo todavía atrás, aunque a unos metros todavía podía escucharla y terminó por sonreír también ella. Helga muy a su manera le había hecho entender que la rubia consideraba aquello imposible, y que no le interesaba ser reina del baile… y eso la tranquilizaba, Helga podía ser muy insoportable a veces, pero ella misma no era una perita en dulce, y era un hecho que la menor de las Pataki era la mejor amiga que pudieras tener.

-No esperaba verte riendo luego de lo que dijo Eugene durante su transmisión- esa voz provocó que Helga dejara de reír y se girara con el rostro iluminado, Gerald no se cansaba de ver ese brillo en los ojos de su novia que sólo le dedicaba a él, lo hacía sentirse especial, muy especial.

-No me rio de eso. Eugene es un chico listo, sabe aprovechar el momento, estoy segura de que si la bienvenida de la mañana no hubiese tenido lugar él no hubiera comentado nuestra relación en su programa, así que culpo de esto a Rhonda- el moreno rio mientras negaba con la cabeza, su rubia no tenía remedio.

-Por eso me encantas- lanzó el pensamiento en voz alta, resultando en una muy enrojecida chica cuya mirada brillaba con luz propia, hipnotizando al moreno frente a ella.

-Deja de soltar esas cursilerías de forma tan… aleatoria- murmuró sintiéndose vulnerable de pronto, la mirada que le dedicaba Gerald en aquel instante era tan profunda que se sintió desnuda delante de él, aumentando su sonrojo y la sonrisa de lado en el rostro de su novio.

-No puedes pedirme que deje de decirte la verdad- susurró también, acercándose para rodearla con sus brazos de la cintura, Helga subió los propios a sus hombros e inconscientemente comenzó a acariciar su nuca mientras se recargaba un poco en él.

- ¿Siempre has tenido este lunar junto a tu ojo derecho? - preguntó en voz muy suave, tanto que, de no ser por la cercanía, el moreno no la habría escuchado y cuando posó su dedo índice justo en el punto mencionado, lo recorrió un escalofrío…

Por momentos, le daba mucho miedo las emociones que Helga era capaz de despertar en él, con un simple roce o una mirada todo su cuerpo despertaba con un calor y un frío a partes iguales que lo recorrían de pies a cabeza, dejándolo embriagado con el placer que esa sensación dejaba atrás al desaparecer…

Le daba mucho miedo precisamente porque nunca sintió nada similar. Phoebe, y sabía que no debía compararlas, pero con la pequeña oriental su relación había sido más platónica, la admiraba, sentía un profundo respeto por su brillante mente, pero si pensaba detenidamente no tenían muchas cosas en común y las demostraciones de cariño físicas no estaban en la lista del día a día de la unigénita Heyerdahl.

En cambio, Helga, su Helga, era tan natural en todas sus reacciones, parecía necesitar el contacto físico con él, tanto como él mismo, lo buscaba, lo disfrutaba, y aunque se sonrojaba, también lo procuraba… con ella aquello se sentía simplemente correcto: tocarla, besarla, acariciarla, admirarla.

Y podían pasar horas hablando sin parar, porque ella era su mejor amiga, tenían cosas en común… y en las que no, ambos disfrutaban dándoles una oportunidad y descubrían que podían convertirlo en algo más que compartir entre ellos.

¿Cómo no temer de una relación así?... Es decir, ¿Y si terminaba? ¿Y si se acostumbraba y terminaba? ¿Y si no tenía tiempo de acostumbrarse y terminaba?

-Puedo ver los engranes de tu cerebro trabajar a mil por hora- exclamó su chica sacándolo de esa ensoñación involuntaria -no lo fuerces mucho, el pobre no está acostumbrado- cambió a un tono socarrón -si no paras, te saldrá humo- y al ver la expresión de molestia en el rostro de su novio, volvió a estallar en risas, sólo que esta vez no eran de burla, sino de diversión, ganándose un beso profundo del moreno que intentaba silenciarla.

Al separarse, ambos se sonreían. El moreno vio con satisfacción, mientras la rubia cerraba la puerta de su casillero, que tenía pegada en ella dos fotografías, una era la noche antes de iniciar la preparatoria, en la casa de Sid, con toda la pandilla alrededor de la fogata… una foto que él le había regalado. Y en la otra, estaban ellos dos el día de su cumpleaños 16, el día en el que le había regalado la cadena que sustituyó el relicario que siempre había tenido, un dije que engarzaba dos letras… dos G, unidas por un pequeño rubí que brillaba rojo. Gerald pasó su brazo sobre sus hombros, como solía hacer cuando eran amigos, Helga le miró, un brillo cruzando su mirada… Parecía que ése sería un excelente año para ellos.

Rhonda llegó con Nadine, quien platicaba amenamente con Chloe, la saludaron en cuanto la vieron llegar.

-Espero que estén mentalizándose para la práctica, porque tiene que salir perfecta- les dijo al estar junto a ellas.

-De hecho, le decía a Nadine que me pasé el verano intentando que me saliera la rutina completa, ustedes la hacen ver tan sencilla- les miró con admiración, haciendo sonreír a la pelinegra.

-Bueno, qué puedo decir. El talento corre por las venas de los Lloyd- exclamó agitando su cabello.

-Además, seguramente Rhonda y Helga son quienes más practican una rutina antes de enseñárnosla. Así como las ves, las dos son un par de perfeccionistas- le guiñó un ojo a Chloe que se sonrojó tímidamente -¡Cielos! ¿Puedes ser más adorable?- Nadine la tomó de una mejilla y la zarandeó un poco.

-Nunca comprenderé cómo te hiciste mejor amiga de alguien como Miranda- aseguró Rhonda.

-¡Ah! Se me olvidó que debía encontrarla en el pasillo a la cafetería. ¡Las veo en la práctica!- se despidió de ellas agitando una mano en el aire mientras corría.

-Esa chica no pierde la cabeza porque la lleva pegada al cuello- exclamó la pelinegra sorprendida de la energía de la carismática rubia.

-Sí… es parte de su encanto supongo- se encogió de hombros y cerró su casillero, llevando su bolso de deportes nuevo, a juego con el que Rhonda y Helga habían comprado.

-Por cierto, ¿Has visto a Lila? No me la he topado en ninguna clase- pensativa, inclinó la cabeza a su derecha.

-Ahora que lo mencionas, iba a preguntarte lo mismo. Tampoco compartí ninguna clase- se lamentó la rubia.

-Quizás nos alcance en la mesa de siempre, vamos- comentó la pelinegra, enlazando su brazo con el de su amiga -¿Escuchaste lo que dijo Eugene por la radio?- cambió el tema radicalmente mientras caminaban por el pasillo.

-Sí, claro que lo escuché- respondió entre risas, que sólo aumentaron cuando Rhonda refunfuñó que era un descarado ingrato.

Lila quería caer muerta ahí mismo. No podía creer su mala suerte. La última clase la había compartido con Miranda, ¡Miranda!... y se le había pegado como lapa al "chico nuevo", ahora no podía deshacerse de ninguno de los dos… y cada vez que rodaba los ojos, le dolía más que la anterior, la conversación de la morena, extrañamente (nótese aquí su sarcasmo) se había centrado en ella misma.

Por lo menos no había mencionado a Gerald ni a Helga, y hablaba sin parar, evitando que Arnold preguntara nada o que ella tuviera que hablar con él. Caminaban los tres hacia la cafetería. Le había mandado un mensaje a Josh de que lo vería en la mesa de siempre, no quería que fuera por ella a su casillero (que resultó estar a una distancia de dos casilleros del de Arnold)… Sólo de imaginarse la incómoda escena cuando el nuevo mejor amigo de Gerald conociera al antiguo mejor amigo, le daba escalofríos, su novio era muy territorial.

Ahora, sólo tenía que pensar en una forma de decirles a los demás que Arnold había vuelto… no se atrevía a ponerlo por escrito y no se le ocurría otra cosa porque el parloteo de Miranda no la dejaba pensar con claridad.

La pareja del momento entraba a la cafetería cuando ubicó en una mesa a Harold, Sid, Josh, Brian y Jason, sentados en el exterior almorzando. Inmediatamente, se dirigieron hacia ellos.

Como era costumbre la madre de Gerald le había empacado almuerzo para el par, la señora Johanssen veía a Helga a esas alturas como otra hija más, y por ende la alimentaba como a los otros tres.

Al tomar asiento con sus amigos, Jason, un chico castaño oscuro defensa en el equipo de americano, no tardó en repetirles sus felicitaciones por su noviazgo, aquellas palabras las había escuchado tantas veces ya, que Helga no pudo evitar rodar los ojos.

- ¿No tienen otro tema de conversación más interesante, zopencos? -Brian y Gerald rieron, aunque Sid frunció el ceño.

-Vaya Helga, creí que volverte novia de Gerald te quitaría un poco lo amargada- comentó el chico de gorra verde haciendo reír a Harold y Jason.

-Quizás con el tiempo se me quite Sid, pero lo feo a ti, aunque vayas al gimnasio, ahí no ejercitan rostro cariño- añadió sarcástica provocando que la mesa entera riera, y Sid sonriera irónico, definitivamente no podía negar que sin los comentarios ácidos de la rubia, su día a día sería muy aburrido.

El moreno abrió su lonchera encontrando dos porciones de lasaña y brownies, Josh le miró con envidia en cuanto puso la comida en la mesa.

-Cielos Johanssen, ya quisiera yo que mi mamá cocinara así de bien, siempre me manda sándwich o quesadillas de almuerzo- se quejó el rubio.

-Vas a compartir, ¿Verdad Gerald? -A Harold le brillaban los ojos por que el moreno dijera que sí.

-Pues hay suficiente para compartir, pero no sé si sea suficiente para ti Harold- comentó Gerald sin malicia.

-Creí que la Princesa Lloyd te tenía a dieta gordito- sus amigos rieron ante el comentario de Helga, que enrojeció a Harold.

-Sí, pero doña mandona no está por aquí ¿o sí? -A la mesa llegaron en ese momento Nadine y la pelinegra, escuchando lo último.

- ¿Quién es doña mandona, Harold? -Helga no sabía que se podía ir del rojo más intenso al blanco más puro en tan pocos segundos, hasta que vio a su amigo capitán del equipo de futbol y terror de toda la Preparatoria 201, flaquear lamentablemente ante la menuda figura de su amiga, que con ponerse los brazos en la cintura había conseguido que el enorme mastodonte de Harold Berman sudara como cerdo de los nervios.

-Pues…. Eeeeh… -Harold miraba a todos lados, demasiado nervioso para pensar en una respuesta que lo salvara de la ira de su hermosa novia.

-Estábamos hablando de la Señora Clearence, la profesora de Álgebra es demasiado mandona con todos y ya no la soportamos- intervino Josh con una soltura que no dejaba lugar a dudas de que eso era de lo que habían estado hablando. El ceño de Rhonda se relajó y finalmente tomó su lugar junto a su novio, y con Nadine del otro lado.

-En fin, como sea. Vengo a hablar de algo mucho más importante que la tonta algebra- Helga y Gerald compartieron una mirada significativa que les bastó para saber que pensaban lo mismo de aquella afirmación.

- ¿De qué sería eso Rhonda? - preguntó con interés Jason, quien parecía admirar a su capitán por salir con la chica en cuestión, y que secretamente envidiaba la suerte del buen Harold.

-Evidentemente, de la fiesta inaugural del semestre en casa de Sid- el mencionado dio un bote en su sitio, sorprendido de ser mencionado en la conversación, ya que estaba perdido en el largo de las piernas que dejaban ver el corto de los shorts de mezclilla de Nadine.

- ¿Yo qué? -preguntó perdido.

-Ash, ¿Acaso soy la única con las prioridades claras aquí? -Rhonda se giró a su novio quien estaba por decir algo y se podía adivinar por su postura y gesto que no era a favor de la vendetta de la joven Wellington por lo que se apresuró a continuar con su exposición de ideas -Verán, esta es una tradición importante. La hemos hecho 4 veces, los dos últimos semestres me niego a que sean la excepción. Sé que con lo que pasó durante el festival de primavera no tienen el ánimo festivo de siempre, pero precisamente por eso, necesitamos de esta fiesta- terminó de exponer su argumento, muy segura de haber sido convincente.

- ¿Fiesta? Yo me apunto- afirmó Eugene tomando asiento entre Jason y Sid, obligando a todos a recorrerse un poco para hacerle espacio.

-Vaya, al fin alguien con los pies en la tierra- exclamó Rhonda.

-Sabes que el equipo de animadoras asistirá también Rhonda- aportó a la conversación su amiga de la infancia mientras se llevaba otra cucharada de su ensalada a la boca.

-Y mi casa está a tus órdenes siempre Rhonda, eres la novia de mi mejor amigo después de todo- comentó a prisa Sid, lo que menos necesitaba era parecer extraño por no quitarle la mirada a la rubia bronceada que enseñaba su abdomen con el crop top que llevaba.

-Yo iré. Como siempre- dijo Harold encogiéndose de hombros.

- ¿Qué dices Helga linda? -Gerald sujetó el muslo de su novia, que había subido sus piernas enfundadas en ese pantalón blanco tan llamativo sobre el regazo del moreno.

-Creo que la princesita tiene razón, apenas llevo en la escuela unas horas y ya me siento sofocada… y eso que todavía no me toca con la mandona de Clearence, ¡imagínate! -comentó divertida la rubia, de ver tragar en seco a su amigo de la infancia.

-Está decidido entonces, si la parejita de aquí va, Brian y yo iremos también- afirmó Josh.

- ¿A dónde irán Josh? -la delicada voz de su novia lo alcanzó y lo hizo sonreír segundos antes de verla, no recordaba que hubiese estado tan hermosa la última vez que se habían visto, pero entonces a su campo de visión entró la imagen de un chico rubio que traía del brazo a Miranda, la belleza morena insoportable que buscaba ganarse a su amigo Gerald, y por alguna razón cuando el resto de los ocupantes en la mesa los vio, enmudecieron como él, aunque dudaba que fueran de los mismos celos que él estaba experimentando… ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Por qué de pronto la atmósfera se tensaba lo suficiente para poder cortarla con un cuchillo?