!Hola! Se que saque el capítulo anterior ayer mismo, pero anoche me entraron muchas ganas de escribir y apenas he dormido por terminarlo :P

Se que los capítulos de ahora están un poco mas serios pero pronto vendrá alguno con mas situaciones cómicas, al fin y al cabo es lo que me gusta leer, y espero que a vosotras también.

Quiero agradecer a todas/os por el apoyo tanto en Facebook como aquí en FanFiction, sobre todo mención especial a Vic Black y artemisvan89, que llevan animándome a seguir desde que empece y adoro mucho sus comentarios. Los reviews y likes ayudan mucho a mejorar mi estado de animo, así que si queréis que me vuelva a quedar sin dormir para sacar capitulo mas os vale que me dejéis muchos! XD


Capítulo 11 — Secretos en el Bosque


oOo

—Cálmate Minerva, sé que no te gusta esta situación pero no podemos hacer nada ahora mismo.

—¡Horace los dos sabemos que ese chico hizo trampas! ¡no pasas de aprobar de milagro las asignaturas a elaborar las mejores pociones de tu promoción en tres meses de verano!

—Lo entendemos Minerva pero ninguno sabemos cómo lo hizo, como bien dice Horace no podemos hacer nada de momento, la mejor solución es esperar y ver qué ocurre —la nueva jefa de casa Septima Vector intentaba hacer entrar en razón a la animaga sin éxito.

—Además el Ministerio no cambiara de opinión, odian la idea de un ex-mortifago como Premio Anual —afirmo la profesora de Herbologia.

—Me da igual Pomona, estoy segura de que este asunto no ha llegado a oídos del ministro Shacklebolt, últimamente algunos funcionarios del Ministerio toman demasiadas decisiones sin él.

—Aun así no nos conviene pelear contra el Ministerio en esto, ya costo bastante que el consejo de padres del colegio permitiera el regreso del chico. Lo mejor sería dejar todo tal y como está por ahora.

—Bien Filius, lo dejaremos por ahora, pero si alguno de vosotros encuentra alguna prueba de que el señor Burke hizo trampas, me da igual si tengo que enfrentarme al Ministerio o al consejo, Draco Malfoy será Premio Anual como merece. No me hice directora de Hogwarts para que ningún organismo externo me dé órdenes.

Los profesores allí reunidos se miraron entre si preocupados, sabían que su compañera y amiga Minerva tenía razón, pero no querían que acabara como Dumbledore hace unos años, cuando el Ministerio prácticamente controlo Howgarts a golpe de decreto.

—Ahora por favor marchaos, necesito un momento a solas para pensar —despidió a su plantilla de profesores sentándose en el sillón tras su mesa.

Una vez hubieron salido del despacho, a la antigua jefa de Gryffindor las gafas ahora mismo le estorbaban. Quitándoselas las dejó en la mesa con cuidado, y cerrando los ojos profundamente se agarró el puente de la nariz dando un largo suspiro.

—Veo que estas en apuros Minerva —escucho la directora al cuadro de su antiguo colega.

—No sé qué hacer Albus, mi mente dice que lo deje estar, que el colegio acaba de reabrir sus puertas y no podemos tener estos problemas — la directora hablaba sin salir de su pose pensativa—pero mi corazón me dice que el chico Malfoy se merece el cargo, al fin y al cabo logro sus puntuaciones con su ingenio y talento.

—Yo no soy el director ahora Minerva, pero ya sabes lo que yo hubiera hecho. Hogwarts es un colegio, no un organismo del estado, este castillo existe para educar a las próximas generaciones, y no solo en magia, sino en valores.

—Entonces que consejo me das.

—Creo que no tengo que darte ningún consejo mi vieja amiga, tu misma se lo has dicho a tus profesores, espera y se paciente, si encontráis algo que delate al señor Burke, tienes todo mi apoyo para hacer lo que creas conveniente.

—Echo de menos nuestras conversaciones y riñas, de cuando aún estabas vivo.

—No tienes porque Minerva sigo aquí, aunque solo en parte, y te ayudare con mis consejos siempre que pueda, al igual que los demás directores que ya pasaron por problemas como los que tú tienes ahora.

—Lo haré lo mejor que pueda para mantener el colegio como debe ser Albus, lo prometo —se repitió una y otra vez una directora McGonagal envalentonada por las palabras de su querido mentor.


oOo

—Se puede saber dónde va el maldito hurón votador —se decía Hermione mientras seguía a una distancia segura a su antiguo enemigo Draco Malfoy.

La castaña no entendía a donde se dirigía el rubio, había entrado en el bosque prohibido y no hacía más que adentrarse por la espesura sin rumbo fijo.

—Como no pare ya le tiro una maldición a las piernas, yo no estoy hecha para estas caminatas.

Como si el Slytherin la hubiera escuchado, diviso escondida tras un arbusto como el rubio se detenía delante de un árbol enorme. Acto seguido Draco lanzo un encantamiento escudo que rodeo el tronco entero protegiéndolo de cualquier daño. Después se alejó unos metros y aunque llevaba un rato observando no pudo evitar asustarse de lo que paso a continuación.

—¡Pero que narices! —susurro la castaña a modo de sorpresa.

Hermione contemplaba atonita como Malfoy atacaba al árbol con todo tipo de hechizos destructivos, desde Bombardas e Incendios, hasta algunas maldiciones que nunca había visto. El objetivo resistía perfectamente sin ningún tipo de daño gracias al encantamiento protector pero el sonido de las explosiones se escuchaba como un auténtico estruendo.

—¡Maldito Burke!

—¡Maldito Ministerio!

—¡Maldito Hogwarts!

—¡Malditos todos!

Los improperios salían de la boca del chico con cada nuevo hechizo que expedía su varita. El rubio se estaba desahogando en un lugar apartado de todos para que nadie lo viera. Se podían ver lágrimas en sus ojos que caían por su rostro más y más con cada hechizo que pronunciaba.

—Lo cierto es que no puedo culparle — pensó Hermione, ella podía entender el enojo del hurón después de lo acontecido en el Gran Salon hace unas horas.

Sin quererlo, la castaña perdió el equilibrio, cayendo de culo al ser impulsada hacia atrás por el aire creado por una Bombarda extremadamente potente.

—¡Auch, mi culo! —se quejó por el dolor al darse de espaldas contra el suelo.

El rubio se asustó al escuchar un ruido tras él y sin pensar mucho lo que hacía descargo un hechizo Flipendo contra el arbusto donde estaba Hermione escondida.

—!Protego! —alcanzo a invocar la castaña justo para defenderse y salir de su escondite encontrándose con un sorprendido Draco.

—¿Granger? ¿¡Pero que mierda haces aquí!?

—¡Eso podría preguntarte yo maldito hurón! ¡Casi me matas!

—¡Un Flipendo no te mata estúpida! ¡pero aun no me respondiste!, ¿qué coño haces aquí espiándome?

— Me perdí buscando el baño. ¿Y tú que haces intentando quemar el bosque a base de Bombardas?

—¿Me estabas siguiendo? ¿Ya no hay privacidad en este maldito colegio?

Pillada… pensó Hermione.

—No te estaba siguiendo, ¿acaso crees que todo va sobre ti? Tu ego es del tamaño de un hipogrifo.

—Mi ego es del tamaño necesario para saber que me has seguido hasta aquí, estamos a una milla de distancia de los terrenos del colegio, creo que el baño te queda lejos ratón de biblioteca.

Hermione no sabía por dónde salir esta vez, nunca pensó en la posibilidad de que la pillaran cuando empezó a seguir al rubio.

—Vale puede ser que te haya seguido, ¿pero qué esperabas que hiciera? ¡te vi entrar en el bosque a toda velocidad con tu varita, era demasiado raro!

—Y claro como no soy de fiar la chica de oro debía cerciorarse de que no volvía a meter mortifagos en Hogwarts ¿no?

—¡Eso no es así! —¿pero qué clase de mente analítica tenía el Sherlock este?, la estaba cazando en todo.

—Bien pues tranquila Granger, solo venía a desahogarme un poco sin hacer daño a nadie, pero eh, puedes seguirme al baño la próxima vez si quieres, seguro que allí intento asesinar a los retretes con un par de Avadas.

—¡Eres un jodido capullo! te estoy diciendo que no es así — la castaña solo podía pensar en que era una mentirosa patológica, incluso cuando sabía que la habían pillado, no podía admitirlo. Debía trabajar en eso.

—Lo que tú digas Granger, si ni McGonagal ni el Ministerio pueden fiarse de mí porque ibas a empezar tú ahora. ¡Lárgate de una maldita vez!

La castaña se sentía realmente mal por esas palabras. Lo que dijo era cierto, Malfoy llevaba meses siendo lo que vendría a llamarse un ciudadano modelo según el Profeta, había evitado sus viejos hábitos al tratar con las demás personas, ya no se juntaba con la gente que aun conservaba prejuicios de sangre, y no había ninguna prueba que indicase que hubiera hecho nada ilegal. ¿Entonces porque lo había seguido hasta aquí? Decidió que lo mejor era confesar.

—Mira "Draco", es cierto te seguí, aunque no estoy segura de porqué. Quizá pensé que después de la faena que te hicieron los del ministerio estarías cabreado e intentarías algo. Lo siento vale, no se me da tan bien confiar en la gente desde la guerra.

Draco la miraba con desconfianza, no le cabreaba tanto que le hubiera seguido, lo cierto es que entrar así en el bosque prohibido era raro, lo que le enfadaba era que le hubiera visto en un estado tan débil, desatado contra un árbol y llorando a mares como un crio pequeño haciendo un berrinche.

—¿Que viste? —el rubio necesitaba saber que su momento en horas bajas seguía siendo solo suyo.

—A ti cabreado lanzando hechizos y llorando —le dijo la castaña, ya no tenía nada que guardar o esconder.

—Bien pues no viste nada, ¿entendido? ¡Nada! —el rubio no procesaba que le hubieran pillado llorando, si quiera su padre le había visto nunca llorar, no podía permitirse aparentar debilidad en Malfoy Manior.

—Malfoy lo siento en serio, pero podemos ayudarte, estoy segura que McGonagal sabe que Burke hizo trampas solo hay que probarlo de alguna forma —intentaba razonar la castaña con él.

—No necesito vuestra ayuda Granger, ¿es que no lo entiendes? ¿Acaso eres tan inteligente y tan estúpida a la vez?

El insulto ofendió mucho a Hermione pero al ver las lágrimas de nuevo a punto de salir en los ojos del rubio prefirió dejarlo pasar.

—!Bien pues explícamelo! —Le reto la castaña —¡si tan estúpida soy dime que pasa!

—¿En serio piensas que el Ministerio le dará un empleo a alguien de mi familia? ¡Incluso los Slytherin y las demás casas nobles nos odian! —Draco hizo una pausa en la que pareció que estaba a punto de derrumbarse —Nunca dejaran que mi familia vuelva a tener nada… aun con mi padre muerto.

Hermione no comprendía estas últimas palabras, los Malfoy lo tenían todo, eran ricos. Ni si quiera entendía por qué Draco necesitaba tan desesperadamente ser Premio Anual, a parte del prestigio un acceso al ministerio era innecesario para él, no tenía por qué trabajar si no quería, podía mantenerse de su cámara en Gringotts perfectamente el resto de su vida.

—No lo entiendo, ¿es por vuestro orgullo como familia? ¿Queréis volver a estar en la cima de la nobleza inglesa?

Draco no pudo evitar soltar una risa apagada, la castaña no entendía nada, no sabía nada.

—Me da igual el orgullo de los Malfoy, y mucho menos estar en la cima, lo único que me interesa es la supervivencia de mi familia.

—No te entiendo —en serio cada vez estaba más confusa.

—¿Sabes cómo nos dejaron libres? ¿Por qué no fuimos a Azkaban?

—Tu madre y tu salisteis por el testimonio de Harry, el me lo contó. De tu padre no tengo idea, siempre fue algo que no pude explicar, como podía seguir libre un asesino, con perdón claro.

—No te disculpes, a cada quien lo que es. Hace años que deje de tenerle aprecio a mi padre —el rubio se estaba sincerando más que nunca, era liberador hablar de estas cosas con alguien.

—¿Cómo salió Lucius? —la curiosidad la estaba matando.

—Con oro, así de simple. Vacío todas las cuentas en Gringotts, vendió todas las empresas, los terrenos, todo.

—¿En serio el Ministerio se dejó comprar así, sin más?

—No seas ilusa Granger, ¿Cómo crees que se libró después de la primera guerra? exactamente igual, el oro puede dar más conexiones que cualquier acto o palabra. Simplemente esta vez le costó mucho más de lo que pensaba.

—¿Entonces a tu madre y a ti no os queda nada?

—Nos queda la mansión en Malfoy Manior. Ahora soy el jefe de mi familia, pero esa propiedad no podría venderla ni aunque quisiera, el contrato está vinculado a la sangre de los Malfoy —explico Draco a una muy perpleja castaña —Pero eso no es lo más divertido, ahora ni si quiera podemos usarla para vivir por temor a que nos maten en ella… Aunque debo admitir que tampoco quería quedarme allí, demasiados malos recuerdos.

Hermione no sabía exactamente qué decir, la familia más rica de Inglaterra y probablemente una de las más ricas del mundo estaba en la ruina. ¿Qué palabras podían salir de su boca que consolasen a Malfoy?, no existían tales palabras.

—Pensé… solo por un segundo, que si conseguía ser Premio Anual y el Ministerio se veía obligado a contratarme, podría empezar de cero, darle a mi madre una nueva vida

El rubio se movió lentamente para sentarse en una roca cercana.

—Pero no, nunca nos van a dejar volver a la comunidad mágica. Los pecados de mi familia no se olvidan tan fácil, solo nos queda desaparecer de los libros, después de 1000 años de historia la caída de los Malfoy será culpa mía…

El Slytherin se veía perdido con la mirada fija en el suelo. Parecía totalmente indefenso, ya no lloraba, pero su rostro era el de alguien que no sabía que más hacer para avanzar.

—Draco, no es tu culpa… tu padre provoco todo esto…

—Quizá deberíamos haber muerto junto a mi padre… al menos no tendríamos que luchar contra toda la comunidad mágica por el mero hecho de existir…

Hermione no sabe exactamente cuándo o cómo fue que paso, pero unos instantes después se encontraba con el rostro hundido en el cuello del rubio abrazándolo con todas sus fuerzas.

No sabría decir si fueron las palabras de Malfoy que la habían llegado a afectar tanto o simplemente que no podía ver a nadie así de roto sin que se moviera algo en su interior. Su primer impulso fue el de confortar al Slytherin olvidando quien era él y quien era ella.

—Pero que… ¿Granger? ¿Qué estás haciendo? —el rubio intento soltarse de la chica sorprendido.

Hermione dejo de abrazarle y sosteniéndole por los hombros obligándole a mirarla directamente a los ojos para captar su atención.

—Escúchame Malfoy, ni se te ocurra rendirte ¿entendido? Eres inteligente, astuto, decidido, quizá algo vanidoso y orgulloso, pero increíblemente capaz a tu manera. Te aseguro que eres todo eso porque te conozco, llevamos años discutiendo, se mas de ti que muchos de los que se hacían pasar por tus amigos antes de que te creyeran un traidor. Eres el príncipe de los Slytherin por derecho, siempre lo has sido, y no por tu apellido, sino por ti mismo, y si alguien puede salir de esta y hacer ver a todos que habéis cambiado, ese eres tú.

Draco no sabía que decir, estaba tan sorprendido que no le salían las palabras de la boca.

Nunca pudo si quiera llegar a imaginar que la chica a la que había despreciado de todas las maneras posibles, que había visto como torturaban delante suyo sin atreverse a hacer nada por evitarlo, que había odiado siempre por ser mejor que el en todas las asignaturas, admitiría conocerle lo suficiente como para decirle a la cara todo lo que necesitaba oír para seguir adelante.

Hermione no advirtió cuándo se había acercado tanto el rostro del rubio al suyo, pero ahora mismo podía sentir la respiración de Draco en sus mejillas. Fijándose en los rasgos del rubio sus ojos la tenían hipnotizada, nunca los había visto tan de cerca, apreciándolos bien su color gris claro era casi antinatural, aunque pudo distinguir un brillo azulado en ellos que los hacia aún más preciosos a la luz del atardecer. Embelesada como estaba apenas noto como sus labios se habían ido acercando hasta casi rozarse, el aliento del rubio entraba por en su boca entreabierta dándole una calidez que jamás había sentido antes.

—Granger... —Draco observo detenidamente las facciones en el rostro de la castaña que estaba a centímetros del suyo, la conocía hace años pero nunca se había parado a verla de verdad. Sus ojos eran de un color café oscuro fascinante. Su piel alrededor era fina y bien cuidada, a pesar de sus notables ojeras por estudiar demasiado. Tenía una nariz respingona que perfilaba como una obra de arte las demás facciones de su rostro, el cual ya no tenía nada de infantil, era el de una verdadera mujer, notablemente preciosa a su parecer. Sus labios, eran finos pero carnosos, de un rojo apagado pero natural, sin necesidad de lápiz labial, simplemente perfectos. Y lo estaban llamando tentadoramente para que los probara, casi podía rozarles y no podía ni quería controlarse…

Sin pensárselo demasiado junto sus labios a los suyos dándole un casto beso que fue yendo a mas con cada segundo que pasaron tocándose, sus labios se movían lentamente contra los de la chica saboreándolos como si se trataran de una delicia que acababa de probar. Sus manos fueron a su baja espalda abrazándola posesivamente para atraerla más hacia el temiendo que la castaña se separara de él.

—Draco espera… —musito su nombre de pila la Gryffindor intentando hacerle entrar en razón.

El rubio no escucho el llamado o simplemente lo ignoro, quería seguir con ese beso que se negaba a terminar. Aprovechando sus palabras vio el momento perfecto para profundizar sus deseos e introducir un poco su lengua explorando la boca de la castaña. Buscaba encontrar el sabor a chocolate que llevaba sintiendo desde que comenzó el contacto con sus labios.

La Gryffindor no pudo más y en vez de escapar, paso sus brazos por detrás de la cabeza del rubio colgándose de su cuello y acercándole aún más a ella. Gimió delicadamente con la invasión en su boca abriendo más sus labios para permitirle entrar completamente y estudiar el tacto y el sabor del rubio, su lengua tenía gusto con un toque a manzana y menta que la hacía soñar despierta.

Hermione no estaba segura de cuánto tiempo pasaron allí besándose ella y Draco entre los arboles del bosque prohibido, pero cuando los sentidos nublados por el deseo volvieron a sus mentes, el atardecer se había ido y la luz de la luna iluminaba el camino de vuelta al castillo.

Sin mirarse ni una sola vez, los dos volvieron caminando al colegio en silencio durante todo el trayecto. Entraron por las enormes puertas y fueron directos hacia el final del corredor donde se separarían sus caminos. Solo hubo un pequeño contacto entre sus ojos y unas palabras sin sentimiento ni tono definidos antes de alejarse cada uno hacia su sala común.

—Buenas noches, Granger…

—Lo mismo digo, Malfoy…

Hermione subió las escaleras hacia su dormitorio y poniéndose el pijama se metió en la cama segura de que hoy no iba a poder dormir, no al menos mientras ese sabor a manzana verde siguiera en sus labios.