Capitulo 7
Hermione aprovechó que sus padres habían ido a la modista a encargar sus nuevos vestidos, para llevar a cabo su plan. Hacía dos días que se había enterado del problema de la abuela de Abril, y no quería dejar pasar más tiempo.
—Abril, ¿podrías avisar al doctor para que venga? No me encuentro bien —mintió.
—Enseguida.
Abril obedeció preocupada y envío a su hermano en busca del doctor. De inmediato regresó para atender a su señora. En menos de media hora, el médico estaba entrando en la habitación de Hermione. A ésta no le costó mucho convencer al médico de que visitara a la abuela de Abril. Como era de esperar, con un puñado de monedas de oro, el doctor aceptó encantado. Hermione le pidió que se encargara de la salud de la anciana y le pidió máxima discreción. Ella misma se haría cargo de todos los gastos.
—Le mantendré informada, mi señora. —El doctor hizo una reverencia ante Hermione y ésta se la devolvió como despedida.
La primera parte de su plan había sido llevada a cabo con éxito, ahora solo faltaba esperar un poco para poner en práctica la siguiente.
Hermione se asomó por el balcón de su habitación y al ver la magnífica tarde que hacía, decidió bajar al jardín y continuar con la lectura de su libro.
Estaba sentada en el banco de piedra relajada, escuchando el cantar de los pájaros, cuando una voz masculina a sus espaldas la sobresaltó.
—Mi señora—dijo uno de los elfos—, el Sr. Malfoy pide permiso para visitarla.
—Dígale que no puedo atenderlo —respondió agitada.
—El señor insiste.
Su respiración se entrecortó y con dificultad logró tragar saliva. Le hubiera encantado salir corriendo y perderse para no ser encontrada por aquel hombre cuya presencia tanto le inquietaba, pero era inevitable seguir huyendo de él. Tarde o temprano tendría que enfrentarlo.
—Está bien, hágalo pasar —ordenó con la voz entrecortada.
Se levantó del banco aún de espaldas, esperando la llegada del Sr. Malfoy y llenó de aire sus pulmones, intentando controlar sus nervios y su respiración. Escuchó pasos detrás de ella y supo que él ya había llegado al jardín. Cerró los ojos y cuando los abrió de nuevo, se giró para atender al recién llegado.
—Buenos días, señorita. —El Sr. Malfoy hizo una reverencia y Hermione se la devolvió con seriedad—. He venido a hablar su padre.
—Mi padre no se encuentra en casa. Si es tan amable, regrese en otro momento.
—¿Cómo se encuentra señorita? La noche de la fiesta me dejó muy preocupado. Por un momento pensé que había sido el culpable de su malestar.
Y lo fuiste, por supuesto que sí. Pensó malhumorada.
—Me encuentro mucho mejor. Gracias por su interés. —Hermione estaba deseando que el Sr. Malfoy abandonara la casa, pero este parecía no tener prisa.
—El próximo sábado voy a dar un baile y me gustaría invitarlos.
—Se lo diré a mis padres cuando regresen. Seguro que asistirán encantados.
—¿Me promete que usted también vendrá?
El Sr. Malfoy dio unos pasos hacia Hermione para cortar la distancia entre ambos. El Sr. Malfoy había deseado a Hermione desde el momento en que la vio y supo que ella sería su próximo objetivo. Y ahora que sospechaba que su señor también deseaba a aquella hermosa mujer, el interés por ella había aumentado enormemente.
—Lo siento, pero no creo que pueda asistir el sábado.
—¿Tiene otro compromiso? Porque de ser así, puedo posponer el baile. Quiero que sea mi invitada especial. —Sr. Malfoy dio dos pasos más hacia Hermione con una sonrisa intimidante en el rostro, ésta retrocedió nerviosa.
—No me gustan los bailes, señor —mintió—. Espero que sepa disculpar mi ausencia y deseo que su baile sea todo un éxito.
—No acepto un no como respuesta.
Abraxas le regaló un guiño y Hermione comenzó a agobiarse bastante. Su cercanía le ponía muy nerviosa y como no desapareciera pronto de su vista, volvería a sufrir un ataque de ansiedad en cualquier momento. Se alejó unos metros de Malfoy, se giró y respiró con dificultad. Necesitaba recuperar su aplomo. Estaba a punto de volverse, cuando sintió las yemas de los dedos de Malfoy a través de la fina tela de su vestido, seguido de un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Aquel contacto le revolvió el estómago, haciendo que se sintiera más incómoda de lo que ya estaba.
—Tengo que confesarle que desde el primer momento que la vi, me gustó mucho. Es una mujer diferente a las demás y...
—Usted no me conoce para decirme que soy distinta al resto —interrumpió Hermione volviéndose para mirarlo de frente—. Le agradecería que mantuviera la distancia conmigo. No quiero ser grosera con usted.
—No sabe cuánto he deseado acariciarla, sentir su piel contra la mía. No se imagina cómo me gustaría que fuera mía. Íntimamente mía.
Una arcada se apoderó del cuerpo de Hermione al pensar en lo que el Malfoy le estaba diciendo, su respiración se aceleró y el pánico apareció en su cuerpo. En cambio, respiró hondo y decidió adueñarse de la situación. Aquel hombre no iba a poder con ella.
—¡Apártese de mí! —Hermione retrocedió unos metros—. ¡Es usted un canalla! Alguien debería enseñarle a respetar a las mujeres y a honrar la memoria de sus difuntas esposas —gritó furiosa consiguiendo que el Abraxas se paralizara. Nunca había conocido a una mujer con tanto genio.
—¡No se haga la dura! Sé que usted está deseando que la haga vibrar entre mis brazos. Con esa actitud que está tomando lo único que consigue es que me excite aún más.
—¡Cállese! O me veré obligada a que lo echen de aquí a la fuerza —amenazó Hermione asustada.
—Aunque me echen, volveré a venir. Usted y yo, señorita, estamos destinados a estar juntos.
De una zancada, Malfoy llegó hasta el lugar donde estaba Hermione y con fuerza la abrazó, intentando besar sus labios.
—¿No has oído a la señorita? ¡Apártate de ella Malfoy déjala tranquila!
Hermione pudo respirar algo más aliviada al escuchar aquella voz, sin embargo, las mariposas de su estómago decidieron despertar para ponerla aún más nerviosa. Aunque este nuevo hormigueo que sentía en su interior le gustaba mucho más. Aquella voz y sobre todo aquel hombre, estaba convirtiéndose en su salvador particular. Siempre llegaba en el momento más oportuno para ayudarla, protegerla y cuidarla. Gracias a él, Sr. Malfoy se apartó de ella y dejó de prestarle atención.
Ante ella tenía al Sr. Riddle, guapísimo con un traje negro, su oscuro abrigo. Hermione no podía apartar los ojos del recién llegado, estaba impresionantemente guapo. En cambió éste, no retiró la mirada de Malfoy. Pudo observar como Sr. Riddle tenía la mano derecha metida en el abrigo, Hermione supuso que tenía la varita preparada para cualquier movimiento de Sr. Malfoy.
—Deberías respetar a las damas Sr. Malfoy. Además, ¿No tenías una reunión en el ministerio?
— Un placer verlo, mi señor... solo estábamos hablando, ¿verdad querida? — Dijo Malfoy con una leve sonrisa.
Riddle se acercó a un metro de Malfoy y lo miro fijamente sin pestañear.
Malfoy al lado de Sr. Riddle era insignificante, debido a la gran altura de Tom.
Los dos condes, al escuchar la voz del conde del Sr. Tarner, se volvieron a mirarlo. Eran conscientes de que habían incumplido una de las grandes reglas de protocolo de la sociedad. No discutir ni ocasionar peleas cuando estaban invitados a una casa. Riddle miro por ultima ves a Malfoy y prometieron seguir en otro lugar y en cualquier otro momento. Hermione decidió mantenerse al margen, mientras la Sra. Tarner, que había entrado junto a su esposo, abrazaba a su hija para tranquilizarla.
—Lo siento . Soy consciente de que esta pelea nunca se tenía que haber producido en su hogar —se excusó Tom Riddle.
—El Sr. Riddle saco la cosa de contexto—atacó el Sr. Malfoy ganándose una mirada cargada de rabia por parte de Tom—. Yo estaba tranquilamente conversando con su hija.
—¡Me da igual lo que haya pasado! — Sr. Tarner dijo molesto, no iba a tolerar enfrentamientos en su casa—. Si ustedes tienen problemas personales, arréglenlos en otro lugar, aquí no voy a permitir peleas. —Los dos hombres asintieron—. Y ahora si son tan amables, abandonen mi casa. Por hoy su visita ya ha sido suficiente.
Después de que los dos hombres se disculparan nuevamente con el padre de Hermione y con las damas que estaban presentes, abandonaron la casa.
—Hermione, me vas a tener que explicar muy bien qué ha pasado aquí. Espero que no hayas tenido nada que ver con la discusión.
—Después, papá. Ahora debo hacer algo.
Y sin dejar que sus "padres" dijeran ni una sola palabra más, Hermione se separó de la Sra. Tarner y corrió hacia el exterior de la casa. Riddle le había vuelto a salvar y tenía que agradecérselo, era lo mínimo que podía hacer. Sin embargo, esa era la excusa que daba su razón, porque su corazón pedía a gritos volver a tenerlo cerca y disfrutar de su cercanía, aunque solo fuera por unos minutos.
Tom Riddle estaba a punto de marcharse, cuando Hermione lo detuvo.
—¡Sr. Riddle! —El aludido frenó a el paso y se sorprendió al ver a la hermosa mujer allí parada. El Sr. Malfoy se alejó regalándole a ambos una mirada desafiante.
—¿Qué sucede señorita Tarner? —Pregunto Tom acercándose a ella.
—Quería agradecerle lo que ha hecho por mí, otra vez más.
—Yo no he hecho nada, señorita.
—Se equivoca, si usted no hubiera llegado, no me imagino lo qué hubiera sido capaz de hacer el señor Malfoy. Por un momento he tenido miedo. —Hermione agachó la mirada, aquel hombre la alteraba mucho.
—No se preocupe, no le ha hecho nada y eso es lo importante. Siempre estaré en el momento y lugar adecuados para protegerla de lo que sea necesario. —Riddle agarró la barbilla de la mujer con delicadeza y le levantó el mentón para que lo mirara directamente a los ojos. Quería disfrutar de aquellos ojos color almendra que tanto llamaban su atención—. Aunque pensándolo bien, otro favor más que añadir a la lista.
Hermione rió sinceramente por primera vez ante el conde y éste se quedó prendado de su sonrisa. Deseó besarla, devorarle los labios con verdadera pasión. Aquella mujer se había ganado su interés incluso antes de conocerla, cuando el conde Malfoy habló de ella en el club de caballeros. Físicamente le encantaba, había quedado prendado de su belleza desde el primer momento que la vio semidesnuda paseando por su casa. A pesar de todo eso, en ese momento la estaba viendo reír por primera vez y su risa acababa de robarle una parte muy importante de su alma, una sensación que nunca pensaba sentir por nadie.
Para desilusión de la mujer, que también deseaba besarle, lo único que hizo él fue agarrar su mano y darle un tierno beso sobre sus nudillos. Un gesto que despertó cada centímetro de su cuerpo y que hizo que el rubor se apoderara de sus pálidas mejillas.
—¿Le apetece salir a pasear conmigo mañana? —Las palabras salieron de la boca de Tom Riddle sin poder ser detenidas. Hasta él mismo se sorprendió por ello.
—No sé si sería prudente caminar con un hombre a solas.
Hermione aún ignoraba muchas de las cosas de aquella época y esa misma ignorancia era la que le hacía dudar.
—Solo pasearemos por el lago. No habrá ningún problema, su doncella puede acompañarnos.
—Después del enfrentamiento entre usted y el Sr. Malfoy, no sé si mi padre dará permiso para que salga con usted.
Llevaba poco tiempo, pero estaba comenzando a comprender que su padre era el que mandaba y ella la que obedecía. Aunque ella no estuviera de acuerdo con esta antigua ideología y quisiera desafiar todas aquellas leyes tontas, lo que menos deseaba era un enfrentamiento con su padre, de momento...
—Puede ser nuestro pequeño secreto. —El Sr. Riddle le regaló una sonrisa y con aquel gesto tan encantador, Hermione no pudo negarse.
—Mañana quiero visitar a una anciana. ¿Le apetecería acompañarme?
—Por supuesto, señorita. La recogeré al amanecer.
Hermione asintió convencida y el Sr. Riddle prosiguió su camino regalándole un guiño. Cuando la mujer lo vio desaparecer, regresó al interior de la casa con una sonrisa en el rostro, dibujando en su cara ese mismo gesto que había hecho que el corazón de Tom fuera tocado por segunda vez en su vida. Aquella mujer amenazaba con convertirse en alguien muy importante para él y eso, podía llegar a producirle verdadero pánico.
—¡Hermione! —Sr. Tarner llamó la atención de su hija al pasar por la puerta de la sala central—. Tenemos que hablar.
—Dime papá. —Se acercó a él y le besó en la mejilla.
—Al estar enferma no he tenido la oportunidad de mantener una conversación contigo. —El se levantó de su silla y comenzó a caminar por la sala—. Ya que estás casi totalmente recuperada y tu nivel de conciencia es el adecuado, debes saber que nuestra vida ha cambiado radicalmente.
—Lo sé papá. Mamá ya me lo han repetido hasta la saciedad. —Puso los ojos en blanco.
—Entonces sabrás que a partir de ahora yo decidiré por ti, deberás aceptar mis decisiones y acatar mis órdenes.
—¡Eso no me parece justo! Deberíamos debatirlo.
—¡No hay opciones de debate! —exclamó enfadado.
—Tengo soy mayor de edad y siempre he sido una persona responsable. ¿Por qué ahora debería cambiar eso? —Hermione levantó la voz furiosa.
—Porque ahora tenemos que cumplir unas reglas, desde que estoy trabajando al lado del ministro, las cosas han cambiado. Debemos guardar las apariencias.
—¡Me dan igual las apariencias! Me importa muy poco lo que digan los demás. ¿Todo esto es porque somos mestizos, ¿verdad?
—Pero a mí sí me afectan los comentarios. No quiero envolverme en escándalos que puedan manchar nuestra reputación. Vas a obedecerme, te guste o no. —Golpeó con fuerza sobre la mesa que había al lado suyo—. Y ahora ve a tu habitación, la conversación se ha terminado.
—Si obedezco o no, eso ya lo veremos —replico desafiando Hermione.
Cuando Hermione llegó a su cuarto, golpeó el colchón de la cama con furia. Odiaba que la manipularan y aunque fuese su "padre", no lo permitiría. No se había sentido tan humillada. En la sociedad de la que ella venía era una mujer libre, independiente y con todos sus derechos. En cambio, en esta nueva a la que se había visto obligada a adaptarse, solamente era un jarrón, un adorno doblegado a los deseos y voluntades de su "padre". Tenía que encontrar la forma de acabar con aquella situación, aunque sabía que la única solución era encontrar la manera de regresar a su vida anterior.
